Noviembre 2019

Inteligencia estética: un factor de equilibrio

Escrito por  Sebastián Pérez
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Cuando hablamos de equilibrio o de armonía, ¿de qué estamos hablando? Cuando hablamos de estética, ¿a qué nos referimos? Estética, belleza, armonía, equilibrio, arte. Son todas palabras que de alguna forma están concatenadas, enlazadas, guardadas una dentro de otra como en una muñeca rusa (matrioshka) que guarda dentro de sí otra más pequeña, y así hasta llegar a la de menor tamaño, pero la más importante, pues crea el modelo o molde para todas las demás.

«Nunca en la ya larga historia cultural de Occidente se ha escrito tanto sobre arte como en nuestros días, ni existieron jamás tal cantidad de artistas; paradójicamente, nunca el entorno físico diseñado por el hombre había sido tan antiestético. El arte occidental, como otros aspectos de nuestra cultura, ha caído en el mecanicismo del sistema económico materialista, donde la eficacia y el funcionamiento prevalecen sobre la belleza y la calidad. El arte de hoy no puede desempeñar la función social que siempre ha tenido: hacer consciente el subconsciente, abrir las puertas de la percepción y dar forma expresiva a los grandes temas que preocupan a cada generación en cada momento».

Sirvan estas palabras de Luis Racionero como inicio reflexivo acerca del tema que ocupa este artículo.

Cuando expresamos nuestra admiración por algo bello, sea una persona, un gesto, un poema, un atardecer, una música, una rosa, etc., solemos señalar que nos llena de un cierto hálito de complacencia, de satisfacción o placer; algo agradable que nos produce cierta atracción e incluso necesidad de posesión.

Este es un buen punto de partida: la armonía, la belleza nos atrae, en general nos gusta, produce ensoñación, arrobamiento. De alguna manera estamos señalados a estar influidos por la belleza. Y este es un factor muy importante porque no hay ningún ser vivo en la tierra que necesite de forma imperiosa tener contacto con la belleza.

Si, ya sé que para cada cual la belleza resulta subjetiva, es decir, que a mí me atraen cosas que a ti no te atraen y viceversa. Pero lo cierto es que, más allá de ese subjetivismo parcial, a todos nos atraen algunas cosas bellas, ya sea la música, la pintura japonesa, un paisaje árido o de mil verdes, el gesto inocente de un niño, la delicadeza de una flor, el estallido de las olas contra las rocas, dos versos maravillosos, etc. Y también lo es que a cada uno nos permite contemplar algo que no está en la vida cotidiana, que no se da normalmente en el día a día y que, además, nos conmueve, nos sacude, nos vuelve visible algo que normalmente nos resulta invisible.

Ahora bien, como hemos dicho antes, este es un punto de partida: la subjetividad; el placer, el gusto, que para cada cual es diferente.

Pero ¿es suficiente, es definitivo, se puede desarrollar?

He de reconocer que este tema me interesa especialmente. Soy músico y pedagogo y siempre me ha fascinado la capacidad que tiene la música de transformar al ser humano, de socializarle, de llevarle a estados de interiorización, de calmar sus tensiones y angustias. Incluso en algunos momentos especiales, tiene la capacidad de llevar a percibir algo inexplicable que solo es posible compartir a través de miradas de complicidad con quienes lo han vivido.

Y naturalmente he buscado lo mismo en las demás artes, en la escultura, en la pintura, en la fotografía, en las extraordinarias construcciones de la Antigüedad (amo el antiguo Egipto y la antigua Grecia), en la poesía y en la literatura, en la danza e incluso en el folclore, con sus canciones y bailes tradicionales, que guardan la esencia del alma de cada pueblo.

Belleza en todas las artes

Reconozco también que conocía poco de alguna de ellas. La poesía la descubrí durante una larga enfermedad. Ahí me di cuenta de cuánta paz pueden proporcionar esas imágenes maravillosas expresadas con tan pocas y precisas palabras.

Articulo Inteligencia estética 2

He ido descubriendo el arte en sus distintas facetas poco a poco, paulatinamente.

Esto me ha llevado a luchar y empeñarme por lograr que más y más personas puedan descubrir lo que el arte guarda como un tesoro. Porque al igual que yo estaba centrado en mi música y poco más, y he necesitado un tiempo para descubrir otras artes, se puede enseñar a otros a descubrir otras artes. Pero para ello se necesita un tiempo y una formación que permita ir descubriendo esas expresiones artísticas y lo que albergan.

Todo esto me lleva a destacar que, aun partiendo de un gusto inicial, este se puede desarrollar. Como todas las cosas de esta vida, necesita ampliarse, ensancharse desde el punto inicial, hasta otras percepciones que incluyan no solo lo que nos deleita, sino también las ideas, las imágenes e incluso lo inexplicable…

Y eso se logra no solo conociendo y experimentando otras artes, visitando lugares, viendo vídeos o asistiendo a charlas, sino siendo guiado y acompañado; dejándose educar.

Es curioso, existe la idea de que, en cuestión de música, danza, teatro, poesía, fotografía, cine, etc., lo que vale ante todo es la opinión del espectador (yo diría más bien consumidor) aunque este no haya tenido jamás contacto con esa expresión artística. Es una idea por la cual toda opinión, en ese sentido, es válida, hay que tenerla en cuenta; es más que válida, es indiscutible, es ciencia.

Es curioso porque, sobre otras cuestiones vitales, como por ejemplo un dolor físico, jamás nos atreveríamos a dar nuestra opinión o un diagnóstico categórico sin antes estar preparados, y dejaríamos al médico hacer su trabajo. No opinaríamos salvo que la experiencia nos diera algunas pistas de qué enfermedad es y cómo tratarla.

Sin embargo, en el ámbito artístico, esto no solo es posible, sino incluso plausible; es un rasgo de modernidad el tener una opinión y además argumentarla.

¿Es esto malo?

Opinión y conocimiento

Tener una opinión no es malo, pero es solo una opinión. Salvo que tengas conocimiento, formación, el gusto, la opinión es tan solo un punto de salida. Hay que estar dispuestos a aprender, a ensanchar, ya que el gusto es solo una apreciación subjetiva que muchas veces no tiene más soporte que el placer que nos produce.

Recuerdo una anécdota en que el director de orquesta Leonard Bernstein acompañaba al pianista Glenn Gould. Antes del concierto, salió al escenario para explicar que no estaba de acuerdo con el tempo que Gould daba a la interpretación, pero que como era la orquesta la que acompañaba, se ceñiría a la versión del pianista. Interesante. Estaba dispuesto a aprender, tenía criterio para elegir y aun así, dejando su gusto al lado, se amoldó a la versión para aprender.

En síntesis, el gusto existe, pero si no lo desarrollamos, nos limita, nos coacciona. Es necesario ampliar ese ámbito a través de la formación, y la educación es siempre acompañada.

Recapitulemos.

Hemos dicho que poseemos la capacidad de percibir la belleza y que somos vulnerables ante ella, que nos conmueve.

Que además vamos generando un gusto estético inicial, que es un punto de partida que surge de la propia experiencia e inclinación personal, algo absolutamente subjetivo.

Y hemos convenido en que es necesario desarrollarlo y ampliarlo.

Y ¿cómo?

En realidad, es sencillo… En contacto con la belleza.

Articulo Inteligencia estética 3

¿Y qué es bello?

Si hemos dicho que cada cual tiene una percepción subjetiva de la belleza, tenemos que preguntarnos si existen puntos de contacto entre tu percepción y la mía. Si lo que tú consideras bello tiene algo en común con lo que yo considero bello.

¿Y si buscamos estos factores? ¿Y si buscamos cualidades de la belleza comunes a diversos ámbitos, características que se repitan?

Por ejemplo, hemos dicho que todos los seres humanos tenemos la capacidad de percibirla en distintos niveles y sensibilidades. Ta vez diréis: ¿todos? Sí, todos. Es lo que se conoce como rango estético. Quienes poseen una gama estética más amplia, pueden experimentar la belleza en más situaciones.

Cuando la psicología del marketing utiliza música en sus anuncios, es porque sabe que todos estamos indefensos ante las capacidades de la música de fijar imágenes. Cuando las bandas sonoras de las películas son tan relevantes, es que esa banda sonora prefija unas emociones.

John Blacking, en su libro ¿Hay música en el hombre?, señala que el componente estético, la música, la danza, las representaciones, etc., están presentes en todas las culturas, por muy tribales o aisladas que estén. Sabemos que cuando se conforma un grupo humano, naturalmente aparecen trazos de arte, ceremonia, ciertas reglas sociales que favorezcan la convivencia, etc. Es innato al ser humano el contacto con lo estético.

Unidad e integración

La belleza se conoce por un proceso de integración, no de fragmentación. La mente racional no puede abarcarla. Sí puede manejar las partes, los elementos, las porciones, pero la síntesis, eso que surge del conjunto, solo se puede intuir. Porque la gran cualidad de la belleza es que produce una completa integración de elementos. Expresa algo que no está en una u otra parte, sino que emana del conjunto, que surge de la relación armónica de los diferentes elementos. Como la misma vida, lo integra todo y produce un algo que es la unión de todo ello.

apolo

Tal vez por eso, en la antigua Grecia, Apolo era el señor de la armonía, de la belleza y la justa proporción. Él era el sin polos, lo Uno.

Otra cualidad de la belleza es que no puede explicarse. Como todas las cosas importantes de la vida, es indefinible salvo por los efectos que nos produce.

Diréis: ¿cómo puede ser eso? Yo os preguntaría: ¿podéis definir el amor o el dolor? No. Podemos hablar de las características que toma, pero no de su naturaleza. Para ello se necesita de la intuición.

En la cultura hindú, esa facultad de la intuición era llamada Budhi. Una captación que no necesita instrucción externa, que no es conjetura ni corazonada, ni tampoco un persistente deseo. Es, según Sri Ram, «una facultad que solo habla el lenguaje de la verdad. Es decir, esta facultad está despierta a la verdad, no puede percibir más que la verdad».

Todos hemos tenido la experiencia de salir de un evento profundamente emocionados y en la salida notar el silencio, que se rompe poco a poco con comentarios tímidos y adornado con miradas de complicidad que vienen a decir: sí, lo hemos vivido pero no podemos comentarlo; sin embargo, ha sido verdad.

Y aquí tenemos una característica muy filosófica. La belleza es la expresión, la vestidura que toma una verdad. La belleza habla de cosas ciertas y verdaderas, expresa elegantemente una verdad.

Escuchad, por ejemplo, estos versos:

La rosa no tiene porqué, florece porque florece;

sin preocuparse de ella misma, sin desear ser vista.

Y, por último, una característica esencial de la belleza es la armonía, el equilibrio, que tiene mucho que ver con la proporción, el movimiento eurítmico y los estados de equilibrio emocional.

Expresa una relación precisa entre aspectos diferentes e incluso opuestos; eso que denominamos armonía. Y que podemos concretizar en una relación matemática, en una ley, por ejemplo: Phi a+b/a = a/b. O en una relación matemática: 1/2 = octava musical. Pero también en la poesía.

Recapitulando, hemos tomado estas características:

· La belleza nos afecta. Estamos indefensos frente a su poder de pulsar nuestras emociones. Es algo irracional, pero a todos nos produce un mayor o menor efecto en función del rango estético.

· Tiende a la unidad, a la integración proporcionada de diferentes elementos. Tal vez por eso en la antigua Grecia era Apolo el señor de la belleza.

· Entramos en contacto con ella no por lo racional, sino por la intuición. Eso que los grandes artistas llaman inspiración.

· Toda verdad se expresa a través de la belleza.

· La vivimos por la armonía y equilibrio que nos provoca.

· Sus dos grandes campos de expresión son la naturaleza y el arte.

Es por todos estos elementos y muchos otros por los que la belleza es un factor de equilibrio imprescindible para el ser humano.

 

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