Arte — 9 de septiembre de 2026 at 00:00

Prisas (Bala)

por
Bala
Fuente: https://somosbala.bandcamp.com/

Anxela Baltar y Violeta Mosquera son las componentes del dúo Bala. Es una apuesta original y arriesgada. Ha habido otros dúos; recuerdo especialmente a las geniales Vainica Doble con su folk-pop o pop psicodélico. Pero aquí estamos hablando de otra cosa: con solo una guitarra y una batería, desgarran un punk rock potente. Es innegable su influencia stoner y grunge (algunos momentos recuerdan a lo mejor de Nirvana). Pero también encontramos influencias de Sex Pistols, Queens of Stone Age e incluso de dinosaurios como Black Sabbath y Led Zeppelin. Como curiosidad, en sus actuaciones aparecen con Dino, un peluche con forma de dinosaurio que, según ellas (entre risas), les hace parecer más dulces. Aunque de dulzura hay poco, su sonido es crudo, ideal para las actuaciones en vivo.

Sus letras son tremendamente reivindicativas; como dice Ánxela intentan destacar «la importancia de “levantarnos del sofá y liarla”; siempre es buen momento de luchar por lo que consideramos justo».

Prisas es una crítica a la sociedad occidental moderna, al culto a la inmediatez, es la sensación constante de no poder parar: vivir en un estrés constante. Y surge la pregunta: ¿es necesario ir tan rápido? El ritmo de la canción (batería agresiva y riffs de guitarra muy pesados) ayuda a recordar las sensaciones un tanto asfixiantes de nuestro día a día:

Tengo dentro un volcán

que no me deja ni hablar.

Se me duermen los pies

y mis manos ya no están.

¿Dónde estoy? Sal de aquí,

dime dónde encontrar

un portal que me lleve a otro lugar

y esa voz que frene

esta puerta giratoria estropeada

y diga: ¿qué prisas son esas?

Y sobre todo, ¿qué estamos sacrificando por ello? Producir y consumir a toda velocidad nos hace perder de vista los objetivos, perdemos profundidad, no llegamos a la esencia de las cosas. Y no debemos acostumbrarnos a que eso es algo normal que no tiene solución:

Te dirán que es normal,

que es la vida y nada más,

que espabiles y sepas

que nada va a cambiar,

que la cura no es más

que una droga legal

que te duerme y hace

que sonrías mucho sin pensar.

Son varios los filósofos que ya, en otros momentos de la historia, coincidieron en las consecuencias que trae una vida descontrolada. Los estoicos explican que el estrés surge cuando intentamos controlar lo externo, lo que no depende de nosotros. Si nos centramos en resolver lo que sí depende de nosotros, el estrés no desaparece, pero se puede dominar. Lo que nos perturba no son las cosas, sino la interpretación que hacemos de ellas. Por ello Séneca nos recuerda aceptar el destino, pero no de una manera derrotista. Se trataría de vivir correctamente el presente para transformar el futuro.

En el siglo XVII, Blaise Pascal ya hablaba de situaciones agobiantes en el ser humano. Aún estábamos lejos de las redes sociales y de vivir para el trabajo, pero ya reflejaba que el ser humano huye de sí mismo a través del ruido y la actividad constante. «Todas las desgracias del hombre derivan de no saber reposar tranquilamente en una habitación». Es decir, que tenemos miedo al silencio, sobre todo al silencio interno. Deberíamos aprender a reflexionar, a estar a solas con nosotros mismos.

Por su parte, Epicuro nos habla de lograr la ataraxia; es el máximo placer, que consiste en la tranquilidad del alma. Frecuentemente mal comprendido, se le achaca una búsqueda desenfrenada de excesos y placeres. El exceso de comodidad y de placer sería, según Epicuro, la causa de nuestras desgracias. Hay cosas que no son necesarias para el ser humano, como la fama, el poder y el exceso de riquezas.

Según dicen, era muy querido por sus discípulos, entre otras cosas por su alto grado de moralidad y una virtud hoy en día un tanto ausente en la mayoría de la sociedad, que es honrar las verdades con la práctica.

Aunque se le acusa por parte de sus detractores de ser amante de los placeres, cuentan que llevaba una vida bastante frugal. La finalidad de la filosofía, según su escuela, era proporcionar la felicidad al ser humano, liberándolo de deseos y de opiniones irrazonables.

Para ello, proponía cuatro remedios:

  • No hay que temer a los dioses.

  • No hay que temer a la muerte; cuando nosotros existimos, la muerte no existe, y cuando la muerte existe, no existimos nosotros.

  • Es fácil lograr el placer.

  • El dolor no dura siempre.

El concepto de felicidad es la ataraxia, es el placer estático. Es no sufrir ni vivir agitado. Para Epicuro, destruyendo el dolor llegamos al placer. No se trata de abandonarse a los placeres, sino medirlos con prudencia. Precisamente, alaba la virtud de la prudencia y, en general, cualquier virtud como medio de llegar a la felicidad.

Estas enseñanzas de Epicuro nos deberían hacer reflexionar: hay que saber elegir lo que necesitamos y lo que no necesitamos tanto. Hay algunas necesidades que son básicas para llevar una vida digna y de las cuales no podemos escapar. Sin embargo, hay otras necesidades que son un tanto artificiales. Debemos huir de aquello que nos produce dolor, aunque por momentos nos pueda producir placer. Hay placeres efímeros e innecesarios, y otros más duraderos que nos conducen a la eliminación del dolor.

Por último, dentro del taoísmo encontramos el concepto de Wu Wei. También mal comprendido, porque se entiende como no hacer nada. En realidad, Lao Tsé en el Tao Te King explica que es «acción sin esfuerzo». Para explicarlo, utiliza el agua como metáfora. Debemos fluir como el agua; ante una roca, el agua no se estresa; la rodea y la va desgastando poco a poco sin aparente esfuerzo. Por ello no debemos forzar las situaciones. El estrés surge cuando intentamos forzar situaciones a las que no les ha llegado el momento. No hay que oponerse al fluir natural de la vida, debemos caminar con él. Si vivimos dentro de un orden natural (Tao), conservaremos nuestra energía vital (Chi).

Tanto Epicuro como Lao Tsé coinciden en que la ansiedad deviene por la búsqueda de deseos artificiales y el miedo al futuro, es una resistencia al orden natural de las cosas.

Tenemos estrés porque hay una diferencia entre lo que quieres y lo que realmente necesitas para vivir con dignidad.

Hay que saber elegir y, sobre todo, tener valor para elegir.

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