Arte — 5 de julio de 2026 at 00:00

Close to the edge (Yes)

por
yes
Fuente: www.rock-progresivo.com

Durante los primeros años de la década de los 70 el rock progresivo vio nacer grandes bandas que elevaron el género a lo más alto. Grupos como Genesis en Selling England by the pound y Foxtrot; y Yes en Tales From Topographic Oceans y Close Tot he Edge nos legaron algunas obras maestras juntando estilos como el rock, jazz, blues y música clásica. Podríamos añadir la suite de Atom Heart Mother de Pink Floyd y otras obras de King Crimson, ELP, Camel o Jethro Tull.

Chris Squire, Bill Bruford, Rick Wakeman, Steve Howe y Jon Anderson (la histórica formación de Yes) lograron lo que para algunos críticos fue algo más que una canción. A lo largo de dieciocho minutos crearon una experiencia artístico-espiritual, cumbre del rock progresivo.

Fue grabada en 1972, y, además de la suite protagonista de hoy, hay otros temas del disco grandiosos como And you and I y Siberian Khatru.

Algunos definen a Close to the Edge como una experiencia mística, una sinfonía progresiva dividida en cuatro movimientos que acompañan perfectamente las diferentes fases del libro en el que se inspiró Jon Anderson: Siddhartha, de Herman Hesse.

Sonido dulce de agua y pájaros que da comienzo a un aparente caos instrumental con la batería de Bill Bruford y la guitarra de Howe como protagonistas en una cascada de solos con tintes jazzísticos hasta que la voz de Anderson obra la magia. Todo se reconduce y, en el segundo movimiento, el rock progresivo aparece en toda su majestuosidad. Los diferentes motivos se van repitiendo y desarrollando. Es el preludio al momento más mágico de la composición.

El tercer movimiento es sencillamente magistral, la voz angelical de Anderson, atmósferas espirituales y el órgano de Wakeman llegando a cotas de belleza sublimes. Es el apogeo del rock sinfónico.

El último movimiento retoma la melodía inicial preparando el terreno para el final, a modo de orquesta sinfónica, donde volvemos a escuchar sonidos de agua y pájaros con el bajo de Squire perdiéndose poco a poco.

En 1922, cuando Hesse contaba con cuarenta y cinco años y ya era un autor famoso, escribió Siddhartha. Su interés por la filosofía de la India y la mística en general son patentes en su obra. Él se definía como un buscador, como un auténtico filósofo que se pregunta acerca del sentido de la vida. En sus libros ahonda en lo más profundo del alma humana y las vicisitudes del destino del ser humano.

Nuestro protagonista es Siddhartha, un brahmán un tanto rebelde que abandona su hogar buscando satisfacción para sus inquietudes filosóficas. Cabe destacar que algunos episodios de la novela son casi idénticos a la vida del Buda.

Llega al bosque de los samanas, ascetas que dedicaban su vida a largas meditaciones y austeros sacrificios corporales como medio de lograr la liberación. Sin embargo, aunque aprende a meditar, ayunar y esperar, abandona a los ascetas y, junto a su amigo Govinda, emprenden un camino de búsqueda. Al igual que el Buda, no queda satisfecho con una vida dedicada exclusivamente a las mortificaciones corporales como medio de lograr el Nirvana.

Su siguiente misión es encontrar al Buda para aprender el camino del medio, que, según el Tathâgata (uno de los nombres del Buda), conduce a la liberación a través del Noble Óctuple Sendero.

Su amigo Govinda encuentra las respuestas que buscaba en las enseñanzas budistas, pero Siddhartha, aunque admirado por el magnetismo que desprende el Buda, decide seguir su camino de búsqueda individual.

Se dirige a la ciudad y aparecen dos personajes clave: Kamala, una cortesana con la que aprende la vía del amor. Simbólicamente, Kamala tiene relación con el kama o deseo. Es la doctrina de la búsqueda del placer a través de satisfacer los deseos. Es caer en un bucle engañoso en el que el protagonista queda atrapado, olvidándose de su búsqueda inicial.

Kamaswani, experto en asuntos financieros es su maestro de lo material. Aprende el poder del dinero y la ambición, y la terrible consecuencia del miedo de perder lo conseguido. Es el camino que conduce al egoísmo.

Después de veinte años atrapado en austeridades y excesos, llegó a la conclusión de que ninguno de estos extremos conduce a la liberación del alma.

Un buen día se dio cuenta de que había olvidado las virtudes que poseía al llegar a la ciudad: había olvidado meditar, ayunar y esperar. El siguiente destino, tras abandonar la ciudad, le lleva a un río donde hay un barquero llamado Vasudeva. Es el barquero del río de la vida y, aunque él todavía no lo sabe, se convertirá en su maestro y finalmente logrará el conocimiento de sí mismo y la felicidad a través de sus simples pero profundas enseñanzas.

Siddhartha somos cada uno de nosotros, los que una vez decidimos emprender el camino en búsqueda de la verdad. Poco a poco nos dimos cuenta de que la verdad es una palabra que encierra un concepto difícil de conseguir. Por eso nos hicimos filósofos, el que busca. Es aquel que, como el Buda, elije un camino intermedio entre la sabiduría y la ignorancia.

Posiblemente, a lo largo de nuestra vida nos hayamos encontrado con vicisitudes similares al protagonista de la novela de Hesse. Y si no hemos quedado atrapados en el reino de Kama (deseo, ambición material) y hemos tendido el valor de seguir buscando, es posible que hayamos encontrado un maestro similar a Vasudeva que nos ayude a despertar el filósofo que llevamos dentro.

En resumen, nos encontramos ante una novela hermosa y fácil de leer. En ella nos enfrentamos ante la eterna búsqueda del ser humano: el sentido de la existencia, ¿por qué llegamos al mundo y por qué nos encontramos con la muerte?

En esa búsqueda a menudo encontraremos fracasos, pero son fracasos aparentes Si a través de ellos extraemos experiencias positivas, estos fracasos se convierten en triunfos. La vida está llena de dificultades, pero, según escuché a un sabio, estas no tienen demasiada importancia. Lo esencial es el esfuerzo que hacemos por superar las pruebas de la vida. Por ello, este sabio, que fue mi primer maestro, a menudo me decía: Espero que en esta vida encuentres muchas dificultades que superar.

Y, por suerte, así está siendo mi vida, puesto que no hay más placer que el que se consigue superando dificultades, y a través de la experiencia adquirida, formar parte de esa maravillosa cadena que une al maestro y al discípulo.

Mientras tanto, en este apasionante viaje, podemos ir acompañados de la belleza. Busquemos un momento para deleitarnos con la música de Yes y la literatura de Herman Hesse.

 

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