Historia, Sin categoría — 1 de julio de 2022 at 00:00

La era vikinga: más allá de la historia y del mito

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Cada momento histórico tiene sus propias características y podemos y debemos aprender del pasado.

La historia: no podemos analizar el pasado con los prejuicios y valores del presente.

era vikinga

La era o época vikinga: no eran tan brutos

La era o época vikinga es el nombre que recibe el período histórico europeo marcado por la influencia de los países escandinavos (Suecia, Dinamarca y Noruega), que va desde finales del siglo IX a mediados del XI, concretamente desde el 7 de junio del 793, con el saqueo de la abadía inglesa de Lindisfarne, al 25 de septiembre de 1066, con la batalla de Stamford Bridge, también en Inglaterra, donde muere el rey danés Harald Haardrade, considerado el último rey vikingo, en su intento de invasión. Abarca un total de 273 años.

El nombre «vikingos» proviene de la expresión rúnica (escritura sagrada) «fara í viking», que originalmente significaba ‘partir de expedición’ en general. Más tarde, cuando se crean las sagas (historias que recogen los mitos, leyendas y hechos de los escandinavos), especialmente las islandesas, cien años después de la desaparición de los vikingos, se utilizará para referirse solo a las incursiones de saqueo. El «fara í viking» dio nacimiento a los «Jomsvikings», hermandades guerreras muy belicosas y normalmente temporales que se reunían para invadir y establecer asentamientos o saquear, pudiendo agrupar a guerreros (hombres y mujeres) no solo de varios clanes, sino incluso de diferentes pueblos: suecos, daneses, noruegos e islandeses; y de diferentes asentamientos: Escandinavia, Francia, Inglaterra, Escocia e Irlanda.

Fueron guerreros y también agricultores, ganaderos y comerciantes. Lo que empezó siendo solo saqueos y una forma «tradicional» de aumentar el patrimonio y asegurar la estabilidad económica, se convirtió en poco tiempo en una búsqueda de asentamientos para el comercio y, también, para instalar a sus familias en granjas que permitieran una mejor calidad de vida. Conforme su fama de ferocidad se extendió, algunos se contrataron como mercenarios.

(Nota: «tradicional» porque entre los pueblos celtas, germanos, lusitanos, etc., se aprovechaba la época de la cosecha para saquear a los pueblos vecinos. En España, los lusitanos —en la zona desde Salamanca a Lisboa— eran una plaga para los habitantes de la cuenca del río Betis —el Guadalquivir—, por lo cual se aliaron rápidamente con Roma. Entre los celtas —Francia y Bélgica— ocurría lo mismo: las tribus más poderosas saqueaban a las demás… y estas pronto se pusieron bajo la protección de Roma).

 

Viajes y asentamientos

En el norte de Europa descubrieron y poblaron las islas Feroe, Islandia y Groenlandia (que terminarían abandonando por la presión de los lapones y la escasez de tierras de cultivo) y llegaron al norte de América, a la que llamarían Vinland, donde no se llegó a crear un asentamiento estable. En el este fundaron la ciudad de Novgorod (hoy en Rusia) y viajaron por el río Volga, alcanzando el mar Báltico en busca del comercio procedente de China, que duró poco tiempo. Abrieron una nueva ruta por el río Dnieper, fundando la Rus de Kiev en el 880, que dio su nombre a la actual Rusia (Kiev es la capital de Ucrania), con una dinastía de reyes que duró hasta la invasión mongola en 1240. Llegaron al mar Caspio, remontaron el río Danubio y también llegaron a Constantinopla, donde fueron contratados como mercenarios (formaron la Guardia Varega, que dio grandes victorias). En el oeste, invadieron y montaron asentamientos en Inglaterra, Escocia e Irlanda, donde fundaron la ciudad de Dublín como centro comercial y se fundieron con la población local. En el sur, asaltaron la ciudad de París y se establecieron en la región francesa conocida como Normandía (Nor-mand: hombres del norte); saquearon las costas de España y Portugal, destacando el saqueo de Sevilla; viajaron por el Mediterráneo y asaltaron Italia, Sicilia y el norte de África, hasta llegar a Constantinopla. También asaltaron las poblaciones costeras del sudoeste de Asia.

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«Demonios del norte»

Fueron llamados «demonios» por árabes y cristianos, quienes pedían en sus oraciones «ser librados de los hombres del norte». Su tradición era oral y lo que sabemos de ellos es a través de los árabes y de las sagas, que como ya se ha dicho, se recopilaron entre cien y trescientos años después del fin de la era vikinga.

En algunos aspectos, su sociedad era más avanzada que la cristiana y la musulmana: la mujer tenía una alta consideración por ser la señora de la casa. Transmitía las tradiciones en el seno de la familia y era una mujer libre; cuando los maridos e hijos partían a la guerra —a veces por varios años—, ellas quedaban a cargo de todo, incluso de defender el honor del clan. Podían ejercer cargos de poder, como el de conde.

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Gran sentido social y aventureros inteligentes

Los «hombres del norte» eran una sociedad muy organizada y, lo que es muy importante, formada por hombres y mujeres libres con un gran sentido colectivo: todo jefe tenía que demostrar estar capacitado para atender las necesidades de su gente y asegurarles un futuro. Esto tendrá unos efectos prácticos: siguen al caudillo que más fama tenga, el que consiga mejores resultados con menos pérdidas de fuerzas humanas y materiales, sea noble o no.

Grandes aventureros y navegantes, por las condiciones geográficas de Escandinavia desarrollaron una nueva técnica de construcción de barcos en el siglo VIII, los drakkars, que podían navegar por zonas de bajo calado, como ríos poco profundos, adentrarse en los fiordos y varar en la playa. Se podían desmontar los mástiles y sacar el barco del agua sobre troncos para sortear obstáculos y cataratas, además de tener una gran maniobrabilidad y velocidad, tanto a vela como a remos. Y si a esto se unía su capacidad de realizar mapas muy precisos y el uso eficaz de la brújula solar, su capacidad militar como incursores era inigualable.

Su idea de colectividad y trabajo en equipo será determinante en su expansión. A las técnicas y pericias marineras unían su sentido de la organización y del orden, así como tácticas militares recogidas de la antigua Roma y desaparecidas en el resto de Europa, África y Asia, aunque su táctica favorita era la de «entrar y salir rápidamente», ya fuera con ataques veloces a poblaciones y conventos situados junto al mar o a ríos, gracias a los drakkars, o la «guerra de guerrillas», aunque con finalidad de saqueo.

Un ejemplo de la eficacia de su organización son las diferentes monarquías que establecieron, siendo la danesa la casa real más antigua de Europa en ocupar ininterrumpidamente el trono: su origen se remonta al siglo X, con el rey vikingo Gorm el Viejo, que reinó del 948 al 958, y cuyo linaje ha llegado hasta hoy (en 2022) con la reina Margarita II de Dinamarca: ¡un total de 1074 años!

 

Los mitos

Somos lo que creemos (y no lo que tenemos ni lo que comemos). La visión general del mundo y su finalidad establece nuestro protagonismo, nuestra forma de actuar en la vida.

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Los vikingos son «paganos» que siguen las creencias germánicas: en general, tienen sus mismos dioses y mitos. Con el contacto con los reinos francos y sajones, todos cristianos, el cristianismo se fue imponiendo y desplazando a los antiguos dioses. Islandia fue el último lugar en ser cristianizado, en el siglo XI.

Haré una breve referencia a los dioses y mitos más importantes para agilizar el relato, y señalaré algunos elementos del aspecto simbólico de los mismos y su influencia en el ser de los vikingos.

El universo y la vida se entienden como un enfrentamiento de fuerzas contrarias o antagónicas

  1. Armonía por oposición.

Primeras fuerzas antagónicas: espíritu y materia. El universo surge de la unión de las aguas de dos ríos que nacen de dos fuentes primordiales, una de lava hirviente (fuego o espíritu) y la otra de hielo (frío o materia), cuyas aguas se juntan en un abismo.

Segundas fuerzas antagónicas: Teos y Caos. De la unión de ambos ríos en el fondo del abismo, surge un gigante que devorará todo lo que alcanza (como el Cronos griego; la materia caótica, el universo antes de su formación); y del vaho que se eleva y toca las paredes abismales, nacerá una vaca mágica que da vida a los dioses (como Hathor en el Egipto faraónico).

  1. El orden y el trabajo en equipo vence al caos o desorden.

Terceras fuerzas antagónicas: el espíritu ordena la materia caótica y da forma al universo o cosmos. El dios Odín, padre de los dioses y de los hombres, junto con sus dos primeros hermanos, da muerte al gigante, y con las partes de su cuerpo, construye la Tierra, con las montañas, ríos… y la bóveda celeste.

  1. Todo está conectado.

Cuartas fuerzas antagónicas: la vida y la muerte. Seguidamente, Odín creará el Árbol del Universo, la vida que va de la tierra —donde habitan los hombres, los enanos, los elfos y los gigantes— al cielo, donde moran los dioses. Es el Yggdrasil, el fresno sagrado que garantiza la vida del universo. Tiene tres fuentes: de la Sabiduría, de la Maldad y de la Vida. Como hay fuerzas que tratan de destruirlo —una serpiente o dragón que roe sus raíces y unos ciervos que devoran los retoños de sus ramas—, el Yggdrasil debe ser regado diariamente con agua de la Fuente de la Vida. Esta función la hacen tres mujeres llamadas nornas que, como las parcas griegas, se llaman Pasado, Presente y Futuro.

  1. La vida no es un regalo, es un combate.

Quintas fuerzas antagónicas: bien y mal, orden y caos. Los gigantes son los grandes enemigos de los dioses y de los hombres, que tratan de conquistar el reino de los dioses y someter a los hombres. El gran dios enemigo de los gigantes es Thor, primogénito de Odín, en permanente lucha con ellos y con la serpiente-dragón que roe las raíces del Yggdrasil. Él es el prototipo del guerrero. Igual pasa con los hombres: la vida es incierta y solo podemos esforzarnos en cumplir nuestro destino y, cuando llegue el momento de morir, morir luchando y con el nombre de Odín (Dios) en los labios. Así se alcanza el Walhalla o paraíso de Odín, donde los guerreros que allí residen se preparan para el combate final.

  1. Nuestro tiempo tiene caducidad, nada dura eternamente.

Sextas fuerzas antagónicas: todo es cíclico. Un día llegará el fin del tiempo de Odín, que será sustituido por el de su hijo Balder (la pureza y el bien). Este momento es el Ragnarok, cuando los gigantes destruirán el puente del arco iris que une el cielo y tierra y asaltarán el Asgard, el mundo de los dioses, pereciendo en la batalla gigantes, hombres y dioses, excepto aquellos dioses y hombres que se han mantenido dignos y han velado por el Ygdrassil. Ellos darán inicio a un tiempo nuevo y mejor.

  1. El estado de alerta y vigilancia lleva a Dios (Odín).

Séptimas fuerzas antagónicas: voluntad y atención frente a instintos. Hay un dios muy especial, Loki, que representa la fuerza de las pasiones y la astucia (que no la inteligencia) para alcanzar lo que desea. Es egoísta y el rey del engaño, la falsedad y la mentira… y con sus actos provocará el Ragnarok. Es enemigo mortal del dios Heimdal, guardián del puente del arco iris y símbolo de la atención despierta y de la vigilancia constante, pues no puede ocultarle sus engaños y maldades. A veces, los dioses recurren a Loki para que les ayude con sus problemas, pero al final… Lo mismo sucede con nuestra vida y en la sociedad: no se puede conseguir algo importante a cualquier precio sin sufrir unas terribles consecuencias, ya sea a corto o a largo plazo.

  1. La vida es saber aprovechar el momento.

Octavas fuerzas antagónicas: alegría y generosidad frente a rencor y egoísmo. Si ya hemos visto las consecuencias del dios Loki, en la mitología germano-escandinava hay una deidad que representa la alegría, la belleza, la abundancia y todas las cosas que hacen hermosa y agradable la vida. Es la diosa Freya, quien, en su generosidad, creará un paraíso adonde van las mujeres que no mueren en combate, y también todos los que perecen ahogados en el mar. Sus antagonistas son los gigantes: todos quieren casarse con Freya y llevarla al país del hielo donde viven, y para ello no dudarán en hacer uso del engaño: uno se ofrecerá a construir una muralla en torno al Asgard valiéndose de un caballo mágico, otro robará el martillo de Thor… ¡siempre a cambio de la mano de Freya! Y es que la alegría de vivir es un bien preciado, que es más valorado cuando percibimos lo incierto de nuestra vida.

 

Hijos de Odín

Odín es el padre de los dioses y de los hombres. Una vez finalizada la organización del mundo y la creación del Yggdrasil, buscó la sabiduría, y para ello, se dirigió a la Fuente de la Verdad y pidió a su guardián que le diera un trago de sus aguas, pero el guardián se negó. Entonces decidió disfrazarse y se ofreció de siervo a la mujer del guardián, y, cuando se ganó su confianza y su amor, le pidió tres tragos del agua de la verdad, accediendo la mujer a cambio de que le entregara un ojo, cosa que Odín aceptó, y por eso se le representa tuerto. Los dos ojos representan la visón solar y la visión lunar, la visión objetiva y la subjetiva. Odín sacrifica su visión subjetiva, la regida por los deseos e intereses egoístas; es el precio para adquirir la sabiduría.

Más adelante, Odín busca adquirir el conocimiento profundo de las runas, o escritura sagrada, que guardan el secreto de la verdadera naturaleza de cada cosa, y para ello se dirige al Yggdrasil y se crucifica con su propia lanza (símbolo de la verdad, que siempre llega más lejos) en medio del árbol, a imagen del Cristo crucificado. En ese momento empieza a conocer el secreto de las runas y se renueva internamente. Y para seguir aprendiendo, se disfraza de peregrino y viaja por aldeas y ciudades.

Es el señor de las batallas. Él decide quién gana y su decisión es inapelable.

Para el vikingo, el valor ha de estar acompañado de prudencia, sabiduría e inteligencia despierta. Hay que llamar la atención de Odín para que sea favorable en la batalla y, para ello, lo mejor es ponérselo fácil y mostrarle que puedes vencer con pocas pérdidas de guerreros y de forma rápida. Y lo mismo en las empresas comerciales y búsquedas de asentamientos para el clan. Hacer lo correcto a los ojos de Odín permite alcanzar fama y nombre, y ser cantado por los escaldos o trovadores como ejemplo de generaciones futuras; y en el cielo, entrar en el Walhalla.

Si Odín es el padre de todo, el vikingo lucha no solo para sí, sino por su clan.

 

Reflexión final

En el cantar de los nibelungos, Sigurd, descendiente de Odín, le dice al dragón Fafner tras herirlo de muerte:

«Mi padre fue Sigmund, y yo me llamo Sigurd; yo, que te he dado muerte… Mi valor guió a mi brazo, y mi tajante espada hizo lo demás. No suelen hallarse hombres valientes entre los que empiezan por tener miedo y son pusilánimes en su niñez».

Muchas de las cosas que hemos tocado en este artículo nos podrían servir para estos tiempos de cambios bruscos, donde todo va tan rápido que no sabemos dónde aferrarnos para que no nos lleve la corriente. Aquí expongo algunas de ellas:

— La vida es un combate y no un regalo. Tener la actitud de enfrentarnos a las dificultades para alcanzar lo que buscamos en vez de esperar a que nos lo den, ser conquistadores en vez de mendigos. Lo primero nos hace fuertes, seguros, y podemos ayudar a otros; lo segundo nos hace débiles, dependientes y una carga para los demás.

— No perder el espíritu de aventura y pensar en la victoria antes que en el fracaso.

— Trabajemos en equipo: unidos y organizados. La unión inteligente hace la fuerza que construye. Hoy cada uno va por su lado.

— Que nuestro objetivo tenga siempre presente el bien común, sin menoscabo de nuestra libertad individual.

— No olvidar que este mundo es cíclico y que todo tiene su fin… y que tras un fin viene un nuevo comienzo que ha de ser no solo nuevo sino también mejor.

— Tener la capacidad de renovarnos, como Odín, para aprender nuevas cosas continuamente.

— Y cuando nos llegue la muerte, haber podido dar lo mejor de nosotros y tener el nombre de Dios en los labios sin avergonzarnos de ello ni de nuestra vida.

 

Bibliografía

Los Eddas. Traducción de D. A. de los Ríos. Imprenta de la Esperanza. Madrid, 1856.

El Yggdrasil como imagen del universo. Saura Vílchez, F. J. Revista Esfinge. Abril de 2022.

Camino a la victoria. Steinberg Guzmán, D. Editorial N.A. Madrid.

Mitología nórdica. Bernárdez, E. Alianza Editorial. Madrid, 2017.

El ser de los vikingos. Cruañes García, S. Revista Nueva Acrópolis. Octubre de 1988.

 

 

Estos anexos se pueden incluir o no, normalmente en letra más pequeña, según las necesidades de espacio

Cuadro anexo 1

Un caso concreto de asentamiento: Normandía (Francia)

Nor: ‘Norte’; Mand: ‘hombre’; y la terminación –ia: ‘región, zona o tierra ocupada’. Normandía: ‘la tierra o región donde viven los hombres del norte o normandos’.

En el 790 comienzan las primeras incursiones vikingas en la costa oeste de Francia, causando graves daños. A partir del 851 se establecieron en la desembocadura del Sena para invernar, y llegaron dos veces a París para saquear y, posteriormente, cobrar tributos a cambio de cesar los saqueos, táctica esta que era muy valorada por los reyes, nobles y jefes vikingos, ya que les permitía disponer de recursos económicos sin arriesgarse.

En el 911, dada la debilidad del rey de Francia, Carlos el Simple, el jefe vikingo Hrolf Ganger le obligó a firmar un tratado por el cual se le cedía la ciudad de Ruan y una amplia zona de terreno. A cambio, le dio la palabra de que sería su vasallo, serían bautizados él y todos los normandos, dejaría de cobrarle tributos y pagaría unas rentas anuales al rey, además de rechazar cualquier ataque de otros vikingos, recibiendo el título de duque de Normandía para él y sus descendientes. Este acuerdo fue muy provechoso para la región, pues las acciones de Ganger y sus sucesores trajeron estabilidad y permitieron una rápida recuperación económica y de rehabilitación de ciudades y monasterios.

Este asentamiento vikingo estaba formado fundamentalmente por daneses, con algunos noruegos y suecos. Una vez establecido el ducado de Normandía, los normandos se mezclaron con la población nativa, y varias generaciones después, se sentían francos y crearon uno de los señoríos feudales más poderosos de Europa occidental. En 1066 invadieron Inglaterra y derrotaron a la monarquía local, instalando su propia monarquía, con reyes como Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra; también conquistaron el sur de Italia y tuvieron un papel destacado en las cruzadas.

 

Cuadro anexo 2

Consejos morales

Los poemas de Odín

El canto solemne antiguo

  1. Mira cuidadosamente todos los rincones antes de entrar, porque no sabes en qué sitio de la sala está oculto tu enemigo.
  2. La prudencia es necesaria al que hace largos viajes: para el que se queda en casa no es necesaria.

Quedarse en casa es quedarnos en nuestra zona de confort.

  1. El amigo más seguro es tener mucha prudencia.
  2. El huésped prudente apenas habla al llegar al albergue: con sus oídos escucha, con sus ojos observa; así se conduce el sabio.
  3. La mejor provisión que puedes llevar en el camino es mucha prudencia. Es más valiosa que el oro… Y la peor carga, la embriaguez.
  4. La garza del olvido se posa sobre la embriaguez, y quita al hombre el uso de su inteligencia…

Hay dos tipos de embriaguez, la del alcohol: olvido; y la de la soberbia: la falta de buen juicio.

  1. Solo aquel que ha viajado mucho y sigue viajando conoce los diferentes caracteres de los hombres, si está dotado de prudencia.
  2. El tonto bosteza cuando está de visita, habla con ignorancia o se duerme; todo le parece bien con tal de que coma.
  3. El hombre ruin y el hombre malvado se ríen de todo; ignoran lo que sobre ellos mismos deberían saber, esto es, que ellos mismos no están libres de defectos.
  4. Una lengua charlatana que no se contiene, se perjudica a sí misma.
  5. Cada cual debe tener un buen discernimiento, pero no demasiado saber; la vida tiene más encantos para los hombres que saben algunas cosas, pero las saben bien.

El peligro del intelectualismo: no vivir nada.

  1. El hijo de rey debe ser aplicado, discreto y audaz en la batalla; sea todo hombre alegre y generoso hasta la muerte.
  2. El ignorante cree vivir eternamente evitando los combates, pero la vejez no le dejará en paz.

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