Culturas — 1 de noviembre de 2021 at 00:00

La Virgen negra de Guadalupe

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La Virgen negra de Guadalupe

Nigra sum sed formosa

Fechado su origen en el siglo XII, Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres, es una de las Vírgenes negras españolas, así como una de las más importantes en cuanto a culto y antigüedad del país. Como en el resto de Vírgenes negras, su origen se atribuye a san Lucas aunque, en este caso particular, se cree que esta fue la imagen que acompañó al apóstol en el momento de su muerte y que, tras diversas vicisitudes, llegó hasta las orillas del río Guadalupe, donde fue hallada por un pastor en el siglo XIV.

La etimología de su nombre, de origen árabe, se debe al río en cuyo margen se encontró, y las traducciones más aceptadas son ‘río de lobos’ o ‘río oculto’. Su culto creció rápidamente en España, hasta convertirse en el segundo lugar de peregrinaje después de Santiago de Compostela, con una red de caminos del que aún hoy quedan vestigios. Esta devoción por la Señora extremeña fue también el origen de la devoción mariana más importante del Nuevo Mundo, la de la Virgen de Guadalupe, en México.

La zona donde se encontró la imagen pertenece al antiguo pueblo lusitano, cuya diosa principal era Ataecina, Ataegina o Atégina. Posteriormente, en época romana, su culto se traspasó a Proserpina y, después, a templos como el de Santa Lucía del Trampal, antiguo santuario de Ataecina reconvertido en basílica cristiana en el siglo VI d. C. por los visigodos, cuyas aguas termominerales se dice que abastecían el pantano de Proserpina, en Mérida.

La importancia del territorio queda, asimismo, constatada por la existencia de importantes pinturas rupestres, como las de la cueva de Maltravieso, la cueva de los Cabritos, la cueva de Chiquita, Abrigo del Risquillo de Paulino o Abrigo de la Madrastra, incluidas entre las más antiguas de Europa gracias a los últimos estudios de datación.

En este entorno, que pasamos a detallar a continuación, es donde encontramos ahora el culto a la Virgen de Guadalupe como patrona de Extremadura y Reina de las Españas.

La leyenda de la Virgen de Guadalupe

La leyenda de la Virgen de Guadalupe sigue un patrón muy similar al del resto de Vírgenes negras. Se trata habitualmente de estatuas pequeñas atribuidas a san Lucas, policromadas en colores vivos (aunque actualmente algunas de ellas ya no los conservan), rostro y manos oscuros, así como las del niño, que se sitúa sobre sus rodillas a modo de trono.

En el caso de las Vírgenes españolas, se cuenta que fueron ocultadas a causa de la invasión musulmana en cuevas o en algún otro escondrijo, siendo halladas tiempo después por un pastor o labriego, bien casualmente, bien por una aparición milagrosa que indicaba su ubicación. El lugar se convierte en zona de culto, construyéndose en el sitio, primero, una sencilla ermita y, posteriormente, una iglesia o basílica de más o menos importancia local, pero que siempre fue un lugar de atracción para los fieles.

Los valles de Villuercas están regados por cinco ríos: Almonte, Ibor, Vieja, Cañamero y Guadalupe. Este último es un topónimo de origen andalusí que ya atestigua Elio Antonio de Nebrija en su Vocabulario español-latino, escrito en 1495, donde afirma que Guadalupe (wád al-lúp) se traduce por ‘río de lobos’. Otros autores se refieren a él como ‘río de oso’, ‘río escondido’ o ‘río de guijarros negros’, entre otras, aunque la más aceptada es la de Nebrija.

La fecha exacta en la que tuvo lugar la aparición es desconocida, pero se asume que fue durante el último cuarto del siglo XIII, en fechas posteriores a 1268. Es un momento significativo, ya que Cáceres había sido conquistada a los musulmanes por los cristianos en 1227 y, poco después, Badajoz, en 1230.

Según la leyenda, Gil Cordero de Santa María, un vaquero de los valles de las Villuercas, descubrió un día que faltaba una de sus vacas. Pasaron tres días hasta que la encontró, muerta, junto al río Guadalupe. Curiosamente no había sido desgarrada por los animales salvajes, así es que, al verla intacta, hizo la señal de la cruz sobre la vaca antes de quitarle el cuero para aprovecharla. En ese mismo instante la vaca recobró la vida, y Gil Cordero escuchó una voz que le decía:

«No hayas miedo; ca, yo soy la Madre de Dios, por la cual alcanzó la humanal generación redención. Toma tu vaca y ve, ponla con las otras; ca, de aquesta vaca habrás otras muchas en memoria de aqueste aparecimiento que aquí te apareció. Y desque la pusieres con las otras vacas, irás a tu tierra y dirás a los clérigos y a las otras gentes que vengan aquí a este lugar donde te aparecí, y que caven aquí y hallarán una imagen mía».

No deja de llamar la atención que la aparición esté precedida de la muerte y resurrección de una vaca, asociada desde tiempos remotos en numerosas culturas a la Gran Madre, también como vaca celeste, siendo así la señora del cielo. Los historiadores sostienen que, en la antigua India, los pueblos anteriores a la llegada de los arios adoraban fundamentalmente a la Gran Madre, y no se tomaba ninguna decisión sin contar con el consejo de las mujeres. Se cree que fue ahí donde surgió la adoración a la vaca como animal sagrado.

Cuando Gil Cordero va a su casa de camino a la ciudad para contar lo sucedido, se encuentra a su mujer llorando por su hijo, que acaba de fallecer. En ese momento, el pastor le dice a su mujer:

«No hayas cuidado ni llores; ca yo lo prometo a Santa María de Guadalupe, que Ella me lo dará vivo e sano y yo (se) lo prometo para servidor de su Casa».

Y en esa hora se levantó el moço vivo e sano y dixo a su padre:

—Señor padre, aguisad y vamos para Santa María de Guadalupe».

La leyenda no se detiene en una aparición mariana y en el descubrimiento de una talla milagrosa, sino que remonta sus orígenes hasta el mismo san Lucas, quien, según se cuenta, talló varias copias del rostro de la Virgen María antes de su fallecimiento, siendo esta una de esas copias. A la muerte del evangelista se dice que fue enterrado en Acaya (Asia Menor) con esta talla.

Posteriormente, en el siglo IV, fueron hallados los restos de san Lucas junto a la estatua, y trasladados a Bizancio, donde permaneció hasta el siglo VI. En esa fecha, el emperador Mauricio, debido a su amistad con san Gregorio, le regala la imagen, que se convierte en objeto personal de culto del futuro papa. La tradición atribuye a la estatua la intercesión milagrosa en terremotos y epidemias. San Gregorio, gran amigo de san Leandro, arzobispo de Sevilla, regala a este la imagen, que permanecerá en la iglesia de San Juan Bautista hasta la invasión musulmana. Ante la inminente conquista de la ciudad, los clérigos huyeron hacia el norte con distintos objetos y reliquias, entre ellos la imagen de la Virgen. La historia quiere que, para proteger la estatua de los infieles, los religiosos la enterraran en las Villuercas, junto al río Guadalupe, donde permaneció oculta y a salvo hasta el hallazgo de Gil Cordero.

Características específicas de las Vírgenes negras en comparación con la Virgen de Guadalupe

1- Se trata siempre de majestades, imágenes en las que la Virgen aparece sentada en un trono, en postura erguida. Como decíamos antes, las piernas están ligeramente separadas, de manera que el niño, que se muestra sentado sobre ellas, simboliza claramente «el fruto de sus entrañas». En ocasiones, el trono es un asiento con respaldo y, en otras, se trata de simples cubos sin respaldo. Es difícil actualmente reconocer esto en algunas tallas, ya que algunas imágenes fueron mutiladas (se cortaron, quitaron o modificaron fragmentos de la talla) para poder vestirlas con ropajes lujosos, como ocurre con la Virgen de Guadalupe. La mirada de ambas figuras es siempre hacia delante.

2- Siempre están elaboradas en madera, y todas son de la misma época, entre los siglos XI y XII. Ninguna Virgen negra auténtica aparece después de fines del siglo XIII. La talla de Guadalupe está datada en el siglo XII y esculpida en madera de cedro.

3- El rostro de la Virgen, al contrario de lo que se observa en imágenes románicas de la misma época, es hierático, sin expresiones emotivas de ternura o compasión. Su aspecto es «oriental» y algo «bárbaro», en contraste con otras tallas locales, que tratan de imitar los rasgos de las mujeres de la zona. Efectivamente, en el caso de la imagen extremeña, el rostro apenas tiene expresividad, y su mirada permanece fija en el horizonte.

4- Aunque entre una Virgen negra y otra puede haber notorias diferencias artísticas, con tallas más delicadas que otras, siempre nos encontramos con un especial cuidado en los rasgos de la madre frente a los del niño, menos elaborados y más pequeños.

5- A pesar de las numerosas mutilaciones y alteraciones sufridas por estas imágenes, incluso tras los, a veces, torpes intentos de restaurarlas, cada vez que ha sido posible identificar la policromía original, se ha visto que los colores son siempre blanco, rojo y azul, con ocasionales adornos dorados o accesorios en oro. Aunque la imagen guadalupeña hoy día aparece equipada con ricos ropajes que ocultan su figura original, en las antiguas fotografías que se conservan de ella sin vestir, se aprecian justamente estos colores en los ropajes de madre e hijo.

6- Las dimensiones son también similares: 60x30x30 cm. En el caso de la Virgen de Guadalupe, el alto es un centímetro menor, aunque puede deberse a que originariamente disponía de una corona almenada de madera que, posteriormente, se le retiró para poder vestirla.

7- Los lugares en los que fueron «descubiertas» eran, desde la más remota Antigüedad, conocidos y frecuentados. En la mayoría de los casos, en la zona existía un fuerte culto a una diosa pagana e, igualmente, el sitio en sí contaba en las inmediaciones con fuentes, pozos, árboles o piedras que, en la Antigüedad precristiana, tenían un significado sagrado para las gentes del lugar.

Guadalupe, en este caso, está ubicado en el actual geoparque de Villuercas-Ibores-Jara. Hay que tener en cuenta que, en el momento del «hallazgo» de la Virgen el paraje está deshabitado, y es a posteriori cuando, con el levantamiento de la ermita y la popularización del culto, empiezan a trasladarse los fieles a la zona, hasta establecer un asentamiento cada vez más poblado y significativo.

Las Villuercas es un lugar de gran importancia geológica, donde, además, se encuentra la mayor cantidad de pinturas rupestres de Extremadura (en cueva o libres), así como vestigios arqueológicos de los pueblos prehistóricos que las realizaron. Destacan, especialmente, las numerosas pinturas de manos humanas. Existen también zonas de muy antigua extracción minera de hierro, fosforita, oro y plata. En cuanto a los cultos femeninos anteriores, nos encontramos con que las Villuercas forma parte del territorio del antiguo pueblo lusitano.

La Virgen negra de Guadalupe

Uno de los cultos fundamentales era el de Ataecina, Ataegina o Atégina, diosa celta de la naturaleza, la luna, la sanación, la fertilidad, el renacimiento, etc. También se la adoraba como aquella que velaba por la observancia de las leyes, y por ser la que enseñó a los hombres los elementos de la civilización. Su nombre se traduce por ‘la renacida’, y por eso se asocia a los ciclos de las estaciones y al inframundo, a través del ciclo de la vida y la muerte. De ella dependían las cosechas, los animales y el mundo de los difuntos, así como el poder de la curación. Ataecina es, en esencia, la Gran Madre, pero no del pueblo celta, ni siquiera del pueblo lusitano. Las evidencias de la presencia de Ataecina como culto hacen que se ubique, casi exclusivamente, en el centro de Extremadura, en lo que se ha denominado triángulo Norba-Turgalium-Emerita, aunque también se han hallado restos de su culto en Toledo, Cuenca, Beja (Portugal) y Cerdeña (Italia). Su centro más importante estaba donde, en la actualidad, se ubica la basílica visigoda de Santa María del Trampal, en el pueblo de Alcuéscar (Cáceres), donde se han hallado numerosas inscripciones que los fieles le dedicaron. Una de ellas la nombra así: dea domina sancta turibrigense ataecina (Diosa Señora Santa de Turóbriga Ataecina).

La diosa fue asimilada posteriormente a Proserpina en época romana por su relación con la naturaleza y con el inframundo, como atestiguan algunas inscripciones que rezan: ataegina turibrigensis proserpina. También existen señales de su relación con otros cultos romanos, como prueba una inscripción hallada en Úbeda que vincula a Ataecina con los dioses manes. Entre los símbolos asociados a Ataecina se encuentran la cabra, como animal sagrado, la espiga de trigo y la rama de ciprés.

En cuanto a la mencionada Turóbriga, actualmente se desconoce la ubicación exacta y las características de este pueblo, adorador de Ataecina. La etimología solo puede hacer aproximaciones sobre los topónimos que han llegado hasta nuestros días, y ninguno es concluyente. Lo único evidente es que pertenecía a la zona donde se hallaron las inscripciones.

8- Siempre existe un elemento oriental asociado a la Virgen negra, bien porque un caballero la trajera de Oriente, o porque se recibió de manos de un soberano árabe. Huynen afirma que no hay Virgen negra sin alusión a Oriente. En el caso de la Virgen de Guadalupe, la imagen viene directamente de Bizancio, de manos del emperador Mauricio.

9- Durante la Edad Media, estas Vírgenes fueron objeto de importantes peregrinaciones. Muchas de ellas, además, estaban ubicadas en la ruta de peregrinaciones mayores, como el Camino de Santiago. Si nos fijamos en el culto a la Virgen de Guadalupe, tras la construcción del monasterio de Santa María de Guadalupe, en 1337 por orden de Alfonso XI, se crea una red de caminos que unían Plasencia, Cáceres, Mérida, Ciudad Real, Toledo y Madrid con Guadalupe. En concreto, el llamado «Camino de los Descubridores», con origen en Cáceres, a 133 km de Guadalupe, tenía conexiones con el Camino de Santiago portugués y con la Vía de la Estrella, que surge a partir del camino de la Vía de la Plata, entroncando al final con el camino portugués.

De aquella red de caminos creada por Alfonso XI de Castilla y León, se han recuperado doce, que hoy pueden conocerse en la Red de Caminos a Guadalupe.

La Virgen negra de Guadalupe
La Virgen negra de Extremadura

10- La estatua suele aparecer vinculada a una abadía benedictina, cisterciense o con edificaciones templarias. Si bien en Extremadura no hay constancia de centros de Cluny o del Císter, sí que hay abundante presencia templaria.

11- Cuando los edificios o ubicaciones originales donde se hallan las imágenes durante la Edad Media perduran, se pueden observar signos y símbolos de carácter esotérico o iniciador. La construcción original que albergó por primera vez la imagen de Guadalupe hace tiempo que no existe, sustituida en el siglo XIV por el monasterio actual.

12- Cuando las edificaciones originales ya no existen, es posible encontrar esos indicios esotéricos en los relatos milagrosos referidos a la Virgen. Suelen hacer referencia a niños, cruzados, navegantes, comerciantes, encarcelados, ciegos… que, de una u otra manera, están sumidos en la oscuridad, librados de ella por intercesión de la Virgen. Hechos milagrosos que tampoco faltan en el historial de la Virgen de Guadalupe, especialmente la liberación de cristianos cautivos por los moros. El monasterio llegó a contar con un lugar en el que los liberados gracias a la Virgen ofrecían sus grilletes; de hecho, la historia cuenta que, en 1580, Miguel de Cervantes acudió a este lugar para ofrecer a la Señora de Guadalupe las cadenas de su cautiverio en Argel.

13- Sus rituales y procesiones contienen elementos no canónicos, que obedecen a rituales de corte esotérico, como ofrendas de ruedas de cera, colocación procesional de la estatua en una piedra fuera de la iglesia, ceremonias en las que se emplea vino o peregrinaciones con los pies desnudos (o desnudez del enfermo al que se quería que la Virgen curara). También, según cuenta Fulcanelli, puede existir una asociación con el color verde en los rituales.

El santuario de Guadalupe tiene su cabecera y eje perpendicular al punto donde nace el sol el 8 de septiembre, el mismo día que se celebra la Natividad de María. El 6 de septiembre comienza el ritual. Tras la ofrenda de flores y la misa ritual, tiene lugar una misteriosa ceremonia que viene repitiéndose desde muy antiguo, que consiste en el descenso de la Virgen desde el camarín hasta el altar mayor.

Acabada la misa, los oficiantes suben en procesión hasta el camarín, donde está la imagen de la Señora velada con un velo de tisú de plata, despojada de los mantos y joyas que luce habitualmente. Con todo el clero en el camarín, el maestro de ceremonias retira al niño Jesús de la imagen y lo coloca en un azafate de plata, y entrega la Virgen al padre guardián; después reparte el resto de los elementos de la imagen (manto, corona, cetro…) al resto de los presentes. La procesión inicia entonces el camino inverso, descendiendo del camarín mientras cantan el Magnificat hasta el presbiterio, donde está preparado un alojamiento especial para la Virgen llamado la «Cama de la Mora». Allí se coloca la Virgen y se vuelve a vestir con sus más ricos ropajes. Después se descorren las rojas cortinas para mostrarla al pueblo, al tiempo que repican las campanas y suena el órgano. Se canta una salve, tras lo cual la imagen vuelve a ser velada, como símbolo y recuerdo de los siglos que estuvo oculta.

Al amanecer del día siguiente, la imagen pasa a ocupar el baldaquino ubicado en el centro del altar mayor, donde permanecerá para presidir la fiesta del día 8. En esa mañana del día 7, tras la misa de los peregrinos, se descorren los velos de la «Cama de al Mora» y la imagen se coloca en el centro del presbiterio. Será el día 9 cuando, siguiendo el mismo rito en sentido inverso, se suba de nuevo la imagen hasta el camarín.

Conclusiones

La Virgen de Guadalupe es una de las imágenes que, desde su aparición a finales del siglo XIII hasta nuestros días, más influencia ha tenido en nuestro país y allende los mares. No hemos hablado de ello en este trabajo, pero cabe destacar la influencia que tuvo en el descubrimiento y cristianización del Nuevo Mundo; no en balde Colón fue recibido en el Real Monasterio de Guadalupe por los Reyes Católicos en dos ocasiones para obtener la financiación de su viaje, y allí vuelve para agradecer a la Virgen el descubrimiento en varias ocasiones más, y allí son bautizados dos indios traídos de su segundo viaje. Igualmente significativo fue que la primera tierra «descubierta» fuera bautizada como Guadalupe, y que fuese otra aparición de la Virgen, esta vez en México, la que hiciera progresar entre los indígenas el proceso de conversión cristiana.

La imagen puede catalogarse, sin lugar a dudas, entre las Vírgenes negras de Europa con antiguas y definidas raíces paganas. Su culto, hoy día realizado bajo la advocación mariana, sigue atrayendo a miles de fieles peregrinos, como antaño hiciera Ataecina en aquellos mismos lugares, atraídos por la promesa de la curación y la liberación.

Ataecina, Proserpina o Guadalupe guardan los misterios de la Gran Madre, la señora de las cavernas, la naturaleza, los animales salvajes y los tesoros que se gestan y esconden en las entrañas de la tierra. Habitaron los antiguos y agrestes montes y valles de Villuercas, donde en tiempos inmemoriales los primeros hombres que se asentaron en aquella zona descubrieron la majestuosidad de sus paisajes y, sobrecogidos, adoraron a la Gran Madre, quizá, dejando la impronta de sus manos ofrendantes en las paredes de piedra de sus grutas.

 

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