Culturas — 1 de diciembre de 2022 at 00:00

A través del lenguaje de los símbolos

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lenguaje de los símbolos

Desde que, en 2022, la UNESCO proclamara el tercer jueves de noviembre como Día Mundial de la Filosofía, con el objetivo de subrayar «el valor duradero de la filosofía para el desarrollo del pensamiento humano, para cada cultura y para cada persona», Nueva Acrópolis, como Escuela de Filosofía, se ha unido a la conmemoración de este día a través de las más de 60 sedes que tiene en todo el mundo. A lo largo de estos años ha dedicado el mes de noviembre a realizar ciclos temáticos enfocados a poner en valor la relación de la filosofía con distintos aspectos de interés para el ser humano, como Filosofía y juventud, Filosofía y arte, La dignidad humana, Filosofía y progreso, La educación platónica… y este año, El lenguaje de los símbolos.

Dentro de las muchas actividades que se han celebrado en toda España, y que pueden verse a través del enlace de su canal https://www.nueva-acropolis.com/foro-el-lenguaje-de-los-simbolos/, hemos transcrito los principales aspectos que, sobre este tema, se debatieron en la mesa redonda El lenguaje de los símbolos, celebrada en Madrid el pasado 16 de noviembre, que estuvo moderada por Fátima Gordillo (redactora, coordinadora de Revista Esfinge y autora del libro Ensayo sobre las palabras,Obelisco, 2022), y que contó con los siguientes invitados:

Ramón Sanchis Ferrándiz: es ingeniero de caminos, canales y puertos, y técnico superior en urbanismo. Se ha formado en filosofía, historia y antropología en el Instituto Internacional Hermes y en Nueva Acrópolis. Máster de narrativa por la Escuela de Escritores, es también articulista, escritor y conferenciante. Ha formado parte de la mesa redonda de redacción de varias revista y dirige los talleres de escritura de Ítaca-El Libro Durmiente.

María Jesús Iglesias Alba: es diplomada universitaria en Trabajo Social por la UCM, experta en terapia familiar sistémica por la UCM, profesora ELE certificada por la Fundación Complutense, articulista y conferenciante. Fundadora y coordinadora de un aula de estudios sobre la vida y obra de Carl G. Jung.

Juan Martín Carpio: es escritor, médico, conferenciante y fundador de la Sociedad para las Relaciones Culturales entre Egipto y el Mundo. Ha escrito sobre el Libro de los Muertos egipcio, la medicina egipcia y novelas históricas ambientadas en el Egipto antiguo. Es también autor del blog www.seraphis.es.

Pregunta: Ramón, ¿podrías presentar brevemente la relación que ves entre los mitos y símbolos en la historia y en la literatura?

Respuesta: Cualquier historia, cualquier cultura y muchos textos literarios están cargados de símbolos y, a veces, no nos damos cuenta.

Habría que diferenciar entre lo que es un signo y un símbolo. Nosotros estamos acostumbrados a ver los semáforos, a ver una placa que pone una P con un fondo azul y sabemos que es un parking… y los llamamos símbolos, pero en realidad son signos convencionales que están hechos de manera que nada más verlos comprendamos qué significan, porque muchos de ellos están hechos para ser muy prácticos, muy directos y sin dar vueltas. Ahora, si nosotros queremos representar conceptos más abstractos y profundos, no existe un signo que pueda decirnos lo que es la fortuna, la muerte, el entusiasmo, el sentido de la vida… Hay signos que no pueden llegar a describir todo esto en su profundidad.

lenguaje de los símbolos

Para ello, a lo largo del tiempo cada cultura ha ido trazando, a su manera, unos aparentes signos con mucho más contenido y que nos hablan de cosas que son mucho más profundas. Así, representamos la justicia como una dama con una venda en los ojos y con una balanza, y llegamos a comprender que cuando el fiel de la balanza está en el centro nos indica que está todo en equilibrio, y la persona que trata de ser justa es una persona que, cuando intenta juzgar trata de no mirar ante quién está, sino juzgar objetivamente, con equilibrio, tratando de ver lo que se ha hecho antes de juzgar.

Cuando estamos ante un símbolo, vemos que ya es algo más que un signo convencional, es algo que, a lo largo de los milenios, todos los seres han tratado de representar con grafismos más o menos complejos, pero enfocados en dar una idea de lo que es en profundidad aquello que se quería representar. Todo eso ha quedado en las distintas culturas; por eso, cuando nos colocamos delante de un símbolo, nos damos cuenta de que no es un mero signo abstracto, y que necesitamos una clave para entender de qué se trata en realidad.

Así, podemos encontrar símbolos como el de la cruz, que no es sólo un símbolo cristiano, sino que lo entontramos en muchas otras culturas, de manera que la cruz llega a representar la capacidad de elevarnos por encima de lo horizontal, de lo material, para llegar a lo espiritual, para elevarnos y encontrar nuestra propia dimensión espiritual. Por eso no son solo dos líneas cruzadas, eso sería un signo; como símbolo representa mucho más.

P: María Jesús, ¿podrías hablar de la simbología del arquetipo y de cómo esos arquetipos aportan claves para comprender el pensamiento universal?

R: Si nos preguntamos de dónde vienen los símbolos o qué es un arquetipo, es interesante analizar primero cómo se comporta el ser humano. Cuando queremos hacer algo, cualquier cosa, nosotros previamente pensamos un modelo, pensamos cómo va a ser eso que queremos a hacer y cómo sería la mejor forma de realizarlo. Es decir, hay un modelo previo a nuestro acto y a la realización. Nosotros somos seres del universo, no podemos decir que el universo es una cosa y nosotros somos otra cosa aparte. Es decir, que somos emanaciones de ese universo.

Y si nosotros pensamos, quiere decir que somos seres mentales, es decir, tenemos pensamiento, pensamos para luego actuar, pero partimos del pensamiento. Entonces, si somos emanaciones de ese universo cuyas dimensiones nos son imposibles de comprender, y como emanaciones somos capaces de pensar, entonces provenimos de un universo que piensa.

Basándome en Jung, si parto de la idea de que los arquetipos son los pensamientos del universo y llegan a nosotros, lógicamente, nosotros podemos solamente captar del arquetipo en la medida de nuestra humanidad.

De ahí que, a veces, haya que decir: «Cuidado con el arquetipo», porque de alguna manera te puede quemar. ¿Cuál es el lenguaje a través del cual se manifiesta el arquetipo, el lenguaje a través del cual esa narrativa tiene que trascender el espacio-tiempo para llegar a todos los seres humanos? Tal vez sea el símbolo. Entonces podríamos llegar a ver que el universo piensa, que sus pensamientos son los arquetipos, y que llegan a los seres humanos y los seres humanos lo reciben a través de los símbolos. Hay una serie de elementos que vemos comunes a todos los seres humanos en todas las etapas de la historia sobre el planeta Tierra.

lenguaje de los símbolos

Es algo que se refleja en toda la humanidad, de manera que aunque cada ser humano es diferente, resulta que, además, es uno. La humanidad es una y a la vez múltiple. Ese lenguaje simbólico, ese mensaje del universo se adapta a cada uno de nosotros en nuestra propia individualidad, pero tiene muchos niveles.

P: Juan, Egipto está asociado automáticamente al misterio, parece que todo lo que le rodea es misterioso. ¿Qué puedes comentar sobre esto y de cómo acercarnos a ese misterio a través de los símbolos?

R: Ciertamente hay misterio en Egipto, como lo hay aquí y lo hay en donde se quiera, en cualquier civilización, en cualquier pueblo, en todas partes siempre hay algo de misterio pero, generalmente hablando, la idea de misterio que tenemos de Egipto es sencillamente porque no lo conocemos, es sencillamente porque, por una serie de cuestiones históricas, no tenemos un conocimiento profundo de ello. Solemos entender a los dioses egipcios como aparecen en los papiros o en los templos, en posiciones hieráticas con frases rotundas y versos sagrados. Sin embargo, la realidad es que el mundo egipcio era muy dinámico. Los dioses son cosas que están en constante lucha y con desafíos, es decir, una auténtica saga. Entonces, ¿por qué esa idea de misterio? Fundamentalmente por el desconocimiento, porque también pueden ser misteriosos los caldeos, o los mayas, o la civilización china… es decir, a todo lo que no conocemos le colocamos ese título. Hay una versión muy funeraria de Egipto y muy misteriosa, pero es el misterio de las cosas que no se conocen y porque no conocemos nada de la realidad de la vida diaria.

El egipcio no ha cambiado tanto. Cuando yo era pequeño, se nos enseñaba que la agricultura fue traída por los árabes, que eran un pueblo del desierto; pero la agricultura fue traída a España precisamente por los pueblos que venían en sus caminos de conquista, y traían agricultores egipcios. Nuestra idea del Egipto antiguo está muy estereotipada, no se corresponde con la realidad si solo nos fijamos en las tumbas, los palacios y en algunos elementos de ese tipo. Pero la vida egipcia en la Antigüedad era como la del egipcio de hoy en día. Se calcula que, genéticamente, en torno al 75% u 80% de la población egipcia hoy no es árabe, sino que se trata de los mismos egipcios de antaño e, igual que entonces, están los egipcios sudaneses, los nubios, los del norte, los del delta, etc., y los mismos que se ven en los murales de los templos son los que están ahora en la calle. Ese egipcio no ha dejado de existir, le siguen gustando las bromas, reírse y vivir en general.

Como médico he indagado en la medicina egipcia, y he visto que allí también utilizan símbolos y formas, no es solo una medicina mecánica como podamos imaginar, y en algunos conceptos simbólicos se parece bastante a la medicina china. ¿De dónde parte esto? El ser humano y, más específicamente, el Homo sapiens es un ser fundamentalmente simbolizador. Algunos de los investigadores de Atapuerca comentaban una vez que el hombre de neandertal era un hombre terriblemente fuerte, poderoso, rápido, capaz de saltar, de correr, de atrapar a las fieras con las que tenía que enfrentarse. Sin embargo, el Homo sapiens, el nuevo hombre que llegó, era un hombre grácil, más débil, que no tenía la misma fuerza, no podía correr igual y no tenía la misma resistencia. ¿Cómo fue posible que el neandertal desapareciese y, sin embargo, predominase el Homo sapiens?

Decían los investigadores que la característica del Homo sapiens era que simbolizaba todo. Se colocaba tatuajes, se coloreaba, ponía símbolos en las rocas, en las piedras, en los árboles… es decir, que eran fuertes en la creación de elementos de identidad, de símbolos de identificación de un pueblo; ahí aparece el concepto de nación, de pueblo, de identidad en oposición a los otros, y también de colaboración y, por tanto, fueron capaces de derrotar de alguna manera al hombre de neandertal, porque simbolizar significa unir cosas.

P: Parece que cada pueblo, cada cultura y cada lugar tiene sus propios mitos y sus propios símbolos. Ramón, ¿crees que a pesar de esa evidente diversidad hay puntos de conexión?

R: Si hablamos de que los símbolos permiten comprender al ser humano, como decía María Jesús, así como captar esas ideas que son más universales, es obvio que esos símbolos disfrazados y dibujados de manera diferente están en diversas culturas que trasvasan sus conocimientos. Por ejemplo, cuando el mundo clásico desaparecía, hubo un momento en que se prohibieron las escuelas de filosofía. Entonces, muchos de los filósofos se fueron a la Capadocia o Antioquía, se mezclaron con los sirios de Palestina, con los esenios, con los gnósticos, llegaron a Alejandría, se cruzaron con los terapeutas, con los gimnosofistas de la túnica de azafrán que venían de la India… Queremos ver el mundo más separado de lo que está realmente, pero si analizamos la historia, todos estos pueblos han trasvasado los conocimientos, y en unos y en otros han aparecido las mismas preocupaciones.

P: ¿En qué consiste la idea jungiana del imaginario común de la humanidad?

R: El imaginario común parece que está en todas las culturas de la historia con el nombre de inconsciente colectivo, que es el que utilizamos desde que, en 1916, Carg G. Jung lo usara. Él habla de que de la misma manera que existe un modelo físico para los seres humanos, también existirá un modelo psíquico del que participan todos los seres humanos con su individualidad, de la misma manera que en el físico. Todos los seres humanos somos semejantes en el modelo, pero sin embargo todos somos diferentes, somos obras de arte únicas e irrepetibles. Pues igual ocurriría con la psique-mente humana, que es lo que él denomina inconsciente colectivo. Pero ¿dónde están los pensamientos? De alguna manera, como decíamos antes, se conectan con el pensamiento del universo, y las posibilidades del pensamiento humano son infinitas. En nuestro momento histórico, la búsqueda de explicaciones, incluso de lo inexplicable, ha ido especializándose tanto que han fraccionado también al ser humano, y al fraccionar al ser humano le han dejado solo la posibilidad de utilizar uno de los elementos de su capacidad de pensar, que es la razón. Por eso, al estar limitados y de alguna manera fraccionados, muchas veces nos metemos en esa contradicción que es sentirnos confusos ante la muerte, como dirían los freudianos, y vivir a cualquier precio.

P: Juan, a raíz de lo que has mencionado antes sobre la identidad de grupo que creó el uso de los símbolos en el Homo sapiens, ¿cómo se crea esa identidad en el egipcio?

R: Es una pregunta que tiene una respuesta de tipo histórico. Hay una leyenda que dice que había unas tribus que venían de Libia y que, cuando llegaron al delta del Nilo se negaron a pagar impuestos porque no eran egipcios. Entonces hubo una diatriba sobre lo que era o no era ser egipcio, pero para solucionarlo tuvieron que consultar al oráculo de Amón, y este dijo que los egipcios son los que beben de las aguas del Nilo. Es una respuesta muy simple, porque beber de las aguas del Nilo significa agricultura, organización, parcelación de tierras… es decir, que hay toda una civilización que se crea a partir de las aguas del Nilo. Por eso, el que bebe de las aguas del Nilo es todo aquel que se beneficia de todo lo que da el Nilo.

P: Le pregunto a Ramón; si tuvieras que elegir un relato por excelencia, uno que aporte claves esenciales para el ser humano con las que nos podamos identificar verdaderamente a través de ese relato, ¿cuál sería?

R: Hay muchos relatos que tienen un contenido simbólico, incluso mágico. Ahí está la Odisea, que todos entendemos que no es un viaje exterior, sino que es un viaje también interior, para reconocernos. Es un libro fundamental que ha marcado la cultura occidental, pero como español diría que me quedo con el Quijote, porque es un libro donde se habla de alguien que es un idealista, que tiene razón y piensa, pero está un poco loco. A fuerza de leer muchos libros de caballerías, Alonso Quijano ha quedado un poco tocado, pero don Quijote lo que hace con ese argumento es mostrarnos todo lo que decían los libros de caballerias, que ya estaban en desuso desde hacía casi cincuenta u ochenta años. Entonces él los vuelve a poner en la palestra. Y nos vuelve a hablar del idealista que, si no es cuerdo, si es loco y no tiene los pies en el suelo… la historia tiene un punto de algo que nos hace enamorar, cuando ve los molinos y él cree que son gigantes y arremete contra ellos. Sancho le dice que no son gigantes, sino molinos, pero es que hay muchas cosas que parecen monstruos que nos van a devorar y en el fondo son tan simples como molinos, o sea, que los podemos vencer. Aporta muchas enseñanzas sobre lo que puede ser el idealismo llevado a la práctica.

P: María Jesús, en el mundo de Jung, ¿hay algún arquetipo que pueda servirnos especialmente para entender mejor nuestro papel como humanos en el mundo?

R: Realmente todos, pero el principal es el del camino del héroe. En una clave muy sencilla representa lo que es la vida humana con todos sus avatares, todas sus conquistas, etc. Es un camino a lo largo del cual el ser humano debe enfrentar monstruos, pero, sobre todo, tiene que lograr unificar la dualidad en sí mismo, que Jung define como el animus y el anima. Eso es el yin yang en el ser humano, es decir, lo masculino o lo femenino, es decir, esa dualidad. Todos tenemos animus y anima, y la clave está en armonizarlos. Eso conformaría la conquista o el descubrimiento de la propia identidad del ser humano, viéndonos como seres totales y completos tanto en lo manifestado como en lo inmanifestado, en lo material y en lo espiritual.

Según las antiguas culturas, no bastaría una vida para lograr recorrer este sendero en su totalidad, y ese proceso de individuación se dará en cada vida. Lo que habrá que conquistar y reconocer en cada vida será que con nosotros va la sombra. En el mundo manifestado todo tiene sombra, es inseparable de cada uno de nosotros, y esa sombra debe ser iluminada para poder ser integrada, para llegar a esa unidad absoluta del sí mismo, que es, como decíamos antes, la conquista del dios olvidado que decía Platón.

P: Y tú, Juan, si tuvieras que elegir uno de entre todos los muchos símbolos que hay en Egipto, uno que fuese especialmente interesante para profundizar en nuestro camino como seres humanos, ¿cuál sería?

R: Elegiría el más humano de todos, aunque parezca que no lo es. Hay una manifestación en Egipto en la que el ser humano es lo central: el Sol, Ra, o Atum Ra. Para los egipcios, el Sol no era meramente un astro, el Sol es la unidad fundamental del universo. En los papiros puedes encontrar varias escenas, en el Libro de los muertos, con una barca donde aparece, en una de ellas, el Sol personificado llegando hacia un costado del río donde le espera el candidato. En la siguiente imagen, esa persona está dentro de la barca con el Sol, con un gran círculo encima. En la tercera imagen desaparece el individuo, y está solo el Sol, un gran sol dentro de la barca. Y si contamos los soles que aparecen, tenemos el Sol de la unidad espiritual, porque si logras esa individualidad fundamental, ese despertar en el interior, eso es tu sol. Si además de eso eres capaz de sobrevivir a la muerte, eso es otro sol, el Sol que llega más allá. Pero, además, nosotros tenemos nuestro sistema solar, y, según los egipcios, había un espíritu rector de ese sistema solar. Ese espíritu rector era Ra, que seguramente muchos hayan visto con ese famoso ojo egipcio que hay en muchos amuletos: el ojo de Ra, de aquel que consigue transformarse; es el que consigue que el ojo de Ra sea la visión solar espiritual. Ese ojo tiene una gran «lágrima» cayéndole, y se dice que esa es la lágrima que produjo a los hombres. Del propio Sol vinieron, a través del dolor, los hombres. Y nosotros nos reintegramos de nuevo a esa unidad solar. ¿Y cuál es ese otro sol grandísimo que aparece en las imágenes del Libro de los muertos? Para los egipcios también había un sol central. Un sol que estaba más allá de nuestro sistema solar.

Era el sol central del universo. Por eso aparece un sol, otro sol, otro sol… Es decir, el sol es la idea fundamental. Ese sol, cuando hablamos del héroe humano, ese sol que soy yo, navega por el cielo y luego se hunde en el inframundo. Algunos han traducido el inframundo como si fuera el infierno, pero este mundo en el que vivimos es realmente el inframundo, donde estamos ahora mismo. Y es aquí donde, como representaban los egipcios, hay serpientes grandísimas que amenazan al sol que va en el barco. Pero nosotros, de la misma manera que el sol nace cada día después de recorrer el cielo, tenemos la capacidad de sobrevivir como almas inmortales y retornar de nuevo al centro del mundo del aduat, al mundo oscuro en el que vivimos.

En el Libro de los muertos hay frases donde dice que Ra, el sol, y Osiris, que es aquel ser que consiguió asimilarse al sol, son los hermanos polluelos,y les llaman así, los hermanos gemelos polluelos, porque son uno. Osiris es un hombre que ha conseguido transformarse en algo más. Su jeroglífico es una especie de asiento o trono, encima del cual hay un ojo. Por eso Osiris es el trono del hombre, es la visión íntima, la capacidad de solarizarse. Por eso hablo del sol como símbolo fundamental, porque integra toda la teoría egipcia y todos los misterios egipcios y todos los símbolos. Integra al Quijote, a Krishna, a los grandes héroes, porque es el ser humano inmerso en la duat, en la lucha con las grandes serpientes, las que representan el mal, porque luego está la cobra erguida, que representa la atención consciente y es la que se pone en la frente. La transformación del ser humano es pasar de ser una vulgar serpiente que se arrastra a una serpiente que se levanta.

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