Historia — 1 de noviembre de 2021 at 00:00

La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.

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La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.

Imaginen un lugar gris, despiadado, deshumanizado. Un lugar diseñado para sojuzgar y oprimir, para controlar lo que se vive, lo que se siente, lo que se piensa. Hoy, nuestro viajero navega proa al viento con felicidad y consciente compromiso hacia un lugar así, invirtiendo tiempo, dinero y energía para ello. Con él, hasta 1,3 millones de seres humanos se entregan al frío e indeciso bamboleo de un barco para acceder a este lugar, que una vez fue descrito como el infierno en la tierra: Alcatraz.

La Roca alcatraz
Maqueta de Alcatraz en poster del muelle de donde sale el ferry

La prisión más famosa de EUA , «Hellcatraz», se ha convertido en una de las mayores atracciones de la turística área de San Francisco. Al igual que otros lugares que causan fascinación al viajero, la crónica que hay tras Alcatraz es corta pero densa. Como casi siempre que hablamos de historia en EUA, comienza en los años del Imperio español. Pero la atracción que ejerce la penitenciaría de Alcatraz es algo más que la suma de todo ello. Hay que aliñar los hechos con la incomparable visión de negocio que tiene el norteamericano medio. Difícilmente algo que no sea la habilidad para explotar económicamente una historia realmente escasa nos haría esforzarnos tanto en visitar un islote insignificante en medio de una bahía repleta de otros muchos parecidos, recorriendo unas ruinas sin apenas valor arquitectónico, donde nada trascendente sucedió en realidad, y que culminará alegremente en la tienda de souvenirs, adquiriendo una serie de recuerdos más o menos costosos. Que, cómo no vamos a comprarlo, incluirán el pasaporte numerado que acredita que el viajero «estuvo en Alcatraz». «I spent time on Alcatraz», reza la tarjeta. Tiene gracia. Por eso se suele comprar, porque tiene gracia.

El viajero reflexiona sobre estas y otras cosas mientras regresa a la ciudad, después un recorrido emocionante por «la Roca». Porque una cosa es el análisis serio de la realidad, una filosófica cavilación sobre la trascendencia de los actos y las profundas enseñanzas que le ha deparado la visita a las ruinas de una cárcel federal en EUA, y otra lo que te pide el cuerpo. Porque, qué caramba, se ha paseado por la prisión más famosa del cine, y ha descubierto en sus entrañas los secretos que la hacen tan popular. Porque mientras lo hizo, gozó de vistas de San Francisco y de su Golden Gate Bridge verdaderamente hermosas, capturando imágenes del skyline de la bahía totalmente memorables. Porque al hacer coincidir la estancia con el atardecer, la mezcla de dorados, rojos y la omnipresente niebla convertirá el paisaje en un sueño. Si la visita termina por la noche, toda la experiencia se sumergirá, además, en un ambiente de intimismo y leyenda, que de ningún modo podrá disfrutarse durante la visita de día. Porque sí, porque visitar Alcatraz merece la pena.

La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.
San Francisco desde la casa del alcaide en Alcatraz
La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.
vista del Golden Gate Bridge desde Alcatraz

La «isla de los alcatraces»

La isla de Alcatraz entró en la historia de nuestro mundo de la mano de un marino español, sevillano (de Osuna), D. Juan Manuel de Ayala, oficial de la Marina española que participó en la expedición enviada por el virrey de Nueva España. Dicha expedición, a la que hemos hecho referencia en nuestro artículo de Alaska, tenía la misión de comprobar si los rusos habían entrado por la puerta trasera en nuestras vastas posesiones (tan vastas que no tenían ni asentamientos ni habían sido exploradas en profundidad), y montado algún chiringuito clandestino en Alaska, que rumores los había. Caso de ser encontradas, la Marina tenía la orden expresa de desalojar de sus chabolas a cuanto camarada okupa fuera localizado. No hay nada nuevo bajo el sol.

La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.
Placa en S Francisco

En cargo de teniente, se hizo cargo del buque San Carlos, y pasa por ser el primer europeo que entró para explorar la bahía de San Francisco. Cosa nada menor, porque las fortísimas e impredecibles corrientes, lo accidentado de la costa, el dédalo de diferentes bahías más pequeñas presentes, marismas, pantanales y la desembocadura de varios ríos lo hacía empresa harto riesgosa. Solo tienen que echar un vistazo a Google Maps para comprobarlo. En las cartas de navegación que levantó, Ayala menciona «la isla de los alcatraces», un islote rocoso situado justo enfrente del Golden Gate. Conviene aclarar aquí que «Golden Gate», o «Puerta Dorada», es el nombre que se da al estrecho que comunica la bahía de San Francisco con el Pacífico. El nombre del puente, Golden Gate «Bridge» (‘puente’, en inglés), deriva del nombre del estrecho, y no al revés.

Nuestro teniente atravesó las peligrosas aguas el 5 de agosto de 1775, y nuestra isla, pueden comprobarlo, sigue allí, en medio y a corta distancia de la entrada. Si no se fían y no quieren comprobarlo, solo hay que ver la tercera parte de X-Men para creerme.

Cuando el viajero entra por primera vez en la mole del bloque de prisiones y se sienta a escuchar la proyección con la historia de Alcatraz, queda totalmente sorprendido al ver que la pieza de museo más importante expuesta en esa sala es una bandera española. Porque tras ser incorporada al territorio español allende los mares, la isla pasó a manos mejicanas poco tiempo después, tras su guerra de independencia, y de ahí a las californianas primero («cambio de administración» es el eufemismo utilizado) y posteriormente a Estados Unidos. Durante la aquí llamada «Guerra Española» (adiós Cuba y Filipinas), la isla también volvió a jugar su papel bélico en el conflicto.

La bandera roja y gualda se muestra, venerable, en un marco y con una pequeña etiqueta aclaratoria. Es un emblema que recuerda una parte importante de la historia del lugar, dentro del rol que tuvo Alcatraz Island (una vez singularizado y convertido su nombre original al inglés) la mayor parte de su propia historia: la de fortín defensivo. Pero lo que más llama la atención del viajero no son los detalles, es el honor con el que es tratada dicha bandera. Por estos lares, las banderas son cosa muy seria, y todas reciben el respeto que se merecen por ser el símbolo de toda una nación.

El fortín

El 24 de enero de 1848, mientras se realizaba el acondicionamiento de un molino en Coloma (Sutter´s Mill, California), James W. Marshall se percató de que en el fondo del arroyo brillaba algo que no eran piedras. Había comenzado la fiebre del oro (1848-1855), que provocó el trasiego de más de trescientas mil personas a la zona, provocando que California se consolidara como un Estado, la población nativa decayera rapidísimamente y la afluencia de oro estimulara a los nuevos colonos y a sus vecinos a considerar las ventajas de incorporarse a la joven EUA. En estos siete años, California pasó de ser una despoblada colonia marginal de Méjico a presentar un candidato para la mismísima presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, John C. Fremont. Poderoso caballero es don Dinero.

En este proceso, la población de San Francisco creció desde los 300 a los 30.000 habitantes. Para proteger las rutas de inmigración y de gestión del oro, el presidente Fillmore consideró necesario reservar ciertos territorios de la bahía de San Francisco para su uso militar en 1850, año en que California se incorporó a USA.

La estratégica situación de la isla permitía el alcance a cualquier barco que intentara alcanzar el puerto, dentro del radio de una milla. Se comenzó, pues, la construcción de un modelo de fortín original, debido a lo escarpado del terreno, dado que los modelos anteriores se solían levantar a ras del agua. Este nuevo puesto se encaramaba a la cima del islote y desde ahí defendía el mar circundante.

Se instalaron en distintos baluartes 111 cañones y numerosos obuses menores encarando el sur, norte y oeste, dentro de un plan más amplio de construcciones inexpugnables, que nunca se llegaron a terminar . También se instaló en 1853 el que se convirtió en el primer faro de toda la costa del Pacífico y que todavía puede verse en la Roca. Pero no se tuvo en cuenta la carencia absoluta de ardor patrio por parte de la ciudadanía, que había emigrado a California no para ser picapedrero, sino para enriquecerse rápidamente con su oro, y a otra cosa mariposa. Las construcciones avanzaron tan lentamente por falta de mano de obra que hasta 1859 no se terminó el fuerte. Solemnemente, el capitán Joseph Stewart y ochenta y seis hombres de la Compañía H, Tercera de Artillería de los Estados Unidos, tomaron el mando de la isla de Alcatraz, justo dos años antes del inicio de la guerra civil. Solemnemente, algunos de sus indisciplinados reclutas ingresaron en los bajos de los barracones como prisioneros, los primeros de la historia de Alcatraz.

La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.
Faro desde la plaza del Águila en Alcatraz

California jugó un papel ambiguo en esta guerra norte/sur, pero para lo que nos ocupa aquí, el coronel Albert Sidney Johnston fue nombrado comandante del puesto, y cumplió fielmente con su labor, a pesar de su formación sureña[1]. Envió 10.000 mosquetes y 150.000 unidades de munición que jamás fueron usadas, y que se retiraron tras la guerra civil por haber quedado obsoletas. Con el tiempo, enviar armamento para retirarlo después sin usar se convirtió en una constante para la Roca.

La guarnición aumentó en la isla hasta los 350 soldados, a la espera de problemas bélicos de cualquier índole, y estos llegaron en marzo de 1863. En ese año, un ciudadano de la ciudad recibió el encargo de armar una goleta y con ella hacerse con un navío de guerra desde dentro de la bahía, tomando el control de las rutas marítimas del Pacífico. Una operación de comandos, donde el agudo servicio de espionaje confederado se lució en la elección de este aprendiz de saboteador. Como indican todos los manuales de guerra de cualquier ejército que en el mundo han sido, lo que hay que hacer antes de una operación de sabotaje encubierta es irse a fardar de la misma a la tasca del muelle que te pille más cerca. Eso hizo nuestro señor californiano, siendo apresado sin mayor dificultad mientas explicaba su osado plan en la barra del bar invitando a chupitos, probablemente en un lenguaje balbuceante y arrastrado. Este señor y sus supuestos oficiales fueron enviados a Alcatraz.

El fortín tuvo otras intervenciones bélicas. Es el caso del H. S. M. Sutlej, solemne y circunspecto navío británico, que en plena guerra se le ocurrió intentar atracar en el muelle de la ciudad sin una bandera a la vista. Sin viento, el navío estaba siendo impulsado a fuerza de remo desde sus propios botes, con las velas recogidas y la bandera colgando en lo alto del palo mayor.

Ante numerosas salvas de fusilería y continuos disparos de fogueo de los cañones del fuerte, el buque sin identificar continuó avanzando sospechosamente por la bahía. Los avisos artilleros varios y repetidos seguían el protocolo de aviso establecido en la época para avisar a un barco desconocido en una zona de conflicto. Allí se estaba en guerra, pero al parecer, el buque inglés no tenía ni idea. Ante la ruidosa escenificación de disparos, el lord almirante Kingcome respondía con un petulante silencio. Siguiendo con el protocolo internacional establecido para estos casos, el barco fue alcanzado por una andanada de balas sin explosivos. Era una manera de decir «dime quién eres, o con la próxima harán palillos de dientes con tus maderos». Cuando la batería de cañones de barlovento de la isla acertó con obuses de fogueo en el flemático buque, los ingleses finalmente se percataron de que los fuegos artificiales eran para con ellos, y tuvieron la delicadeza de extender la bandera del parsimonioso Imperio británico. Kigcome comentaría en una carta a su almirantazgo que no le gustó la forma en que fue recibido en San Francisco. A quién se le ocurre solicitar identificación ni historias, si ellos eran hijos de la Gran Bretaña, y era su hora del té.

Esa fue la única vez que se usaron esos cañones, porque en 1864 se consideraron vetustos y se sustituyeron por Rodmans de 15 pulgadas de cañón liso, y que quedarían igualmente anticuados con total rapidez ante la invención de los cañones de tubo estriado. Este hecho quedó manifiestamente patente en la Celebración del Centenario en julio de 1876. Tras maniobras de las tropas de tierra, infantería y caballería, los lugareños aguardaban expectantes la batalla naval fingida que se iba a desarrollar en aguas de la bahía (la Gran Batalla de Sham). En el acto final, todos los navíos de combate y los fuertes de las islas, entre ellos el fuerte de Alcatraz, dispararían a una vieja goleta cargada de explosivos hasta los imbornales. Toda la multitud apiñada en torno a las colinas de la bahía de San Francisco fueron cayendo en la desilusión tras comprobar que los viejos cañones eran incapaces de acertar en el blanco. Andanada tras andanada, ninguna bala impactaba en el objetivo. Como quien no quiere la cosa, un bote de remos fue enviado a la goleta aprovechando la humareda camuflante, con la misión de encender una mecha y que el navío saltara de una bendita vez por los aires. Además de la desilusión de los sanfranciscanos, este bochorno sirvió para descubrir la efectividad de Alcatraz como defensa naval.

 

Etapa de presidio militar: «Zona del Pacífico, Prisión Militar de Alcatraz»

Desde sus comienzos, en los espacios diseñados para ello, o en casamatas y búnkeres pensados para otra cosa, la isla de Alcatraz recibió más y más prisioneros, todos ellos militares, soldados o con relación con el asunto de las armas. La mayoría por mala conducta y desacato, pero otros, enfermos mentales que se buscaba recluir y apartar del mundanal ruido.

Dejando de lado la pormenorizada retahíla de los que aquí estuvieron, merece la pena señalar que la mayoría ingresó con el propósito federal de reeducar sus maneras castrenses. Alcatraz siempre fue una institución que buscó la educación de sus usuarios, fueran estos militares o la mayor canalla recopilada durante el período de la ley seca.

Mientras duró la guerra entre España y EUA (La «Spanish-American War»), los contingentes norteamericanos de las Filipinas pasaron por San Francisco. El alto número de enfermos por heridas y padecimientos tropicales colapsó los hospitales de la bahía, y el hospital de la isla no se libró de ese hecho. Aquellos soldados considerados culpables y reos de prisión ingresaron también en Alcatraz como prisioneros, y así su población carcelaria pasó de 25 a 441 reclusos en poco tiempo (de 1899 a 1900).

Otros guerreros encarcelados fueron soldados de un perfil muy distinto: nativos piel roja. Alcatraz fue albergue para muchos indios americanos que, por un motivo o por otro, pasaron por esta isla. Por ejemplo, Broncho y Sloluck, los más jóvenes de la partida modoc condenada a muerte por «incumplir» el tratado de paz, que finalmente fueron indultados. Kaetena, caudillo guerrero apache chiricagua, estuvo en Alcatraz dos años. Un grupo de diecinueve hopis ingresó en prisión por el execrable crimen de no estar de acuerdo con el reparto que el Gobierno de EUA hizo de sus tierras, algo completamente inconcebible; y también por no aceptar la endoculturación blanca de sus hijos, negándose a cumplir con el programa obligatorio de formación. Cómo es posible que no vieran las ventajas de la Coca Cola, las hamburguesas y las gorras de béisbol que estaban por llegar. Algunos de ellos fueron obligados a visitar escuelas en la ciudad, «para que puedan ver la inocuidad de la tabla de multiplicar», publicaron los periódicos. Qué simpático comentario. Eso ocurrió en 1895. «La Libertad Iluminando al Mundo» llevaba ya once años en Liberty Island. Se ve que su luz no era capaz de iluminar su propio patio trasero.

Cuando en 1906 el terremoto de San Francisco incendió la ciudad, los presos de sus cárceles se trasladaron a la isla, y 176 reclusos se albergaron en la Roca durante nueve días, obligando a replantear el asentamiento, levantando edificios permanentes de hormigón armado (el más grande del mundo a su finalización, por cierto, en 1912 y se sustituyeron los militares por personal específico de prisiones. Durante esta época también se intentaron las fugas, básicamente con los mismos procedimientos que se verían algunos decenios después: intentando abordar el barco de suministros, o a nado, en cuyo caso fueron rescatados o hallados ahogados en la costa. No se refiere ni un solo episodio de tiburones devoradores de hombres, lo que lleva a pensar que el papel de los inocentes escualos como persuasivos guardianes marinos de la isla era más una triquiñuela disuasoria que un hecho real.

Pero el destino de Alcatraz y su prisión estaba ya sellado. El mayor problema que planteó siempre fue el de los suministros. Sin agua natural en la isla, prácticamente sin suelo (solo el que surgía tras el movimiento de tierras de las obras), Alcatraz era sumamente difícil de abastecer, y en todo caso excesivamente costoso. Tanto, que la crisis económica de los años 30 obligó al Gobierno a un planteamiento diferente de la situación. En 1933 el ejército abandonó la isla, y la custodia de la prisión se cedió a la Oficina Federal de Prisiones.

La ley seca

Parecía una excelente solución. Agrupar todas las manzanas podridas en un mismo cesto, bien custodiado y alejado de las manzanas sanas. Y funcionó bien durante un tiempo, aunque siempre bajo la crítica permanente de los sanfranciscanos, que no veían con buenos ojos un lugar repleto de gente tan peligrosa tan cerca de sus hogares).

La Roca , la prisión más famosa de EE.UU.
Presos famosos en alcatraz detalle de foto de pared

A pesar de toda esta historia, Alcatraz adquirió la fama que nos hace conocerla por los veintinueve años que sirvió de penitenciaría «modelo». Pero la magia de Hollywood también acabó deformando la realidad de estos años, y Alcatraz no fue tan despiadada, ni tan injusta, ni tan represora. Sobre todo cuando se superó la violenta época de gansterismo que siguió a la Gran Depresión de los 30, aproximadamente a partir de la década de los 50. Un hecho rotundo lo prueba: hubo muchísimas peticiones de traslado de los mismísimos presos que solicitaban ingresar en Alcatraz, una vez conocidas las condiciones de vida en ella, y en comparación con las que sufrían en sus propias prisiones.

Recordemos que, desde el comienzo, Alcatraz fue pensada para reeducar, no solo como almacén de despojos humanos. Su primer alcalde, James A. Johnston, fue rescatado de su retiro para llevar a cabo este ambicioso proyecto. Ejerció durante catorce años. En Alcatraz se practicó el deporte, el béisbol (y softball), y llegó a haber una liga entre presos y personal de seguridad. Incluso recibieron la visita de los ases de esta disciplina, que encandila a cualquier americano independientemente de su posición a un lado u otro de la línea de la justicia. También se practicó el balonmano, el ajedrez, las damas, el lanzamiento de herraduras y el dominó.

La Roca Alcatraz
Vistas desde las gradas del patio de deportes

El entretenimiento se completaba con una variada carta de opciones. Las alcaldías de la prisión realizaron una labor encomiable con la biblioteca, donde se guardaban 15.000 volúmenes y los otros miles de fascículos de las 75 suscripciones a revistas que se disfrutaban. Un lector medio en Alcatraz llegó a leer hasta cien libros al año.

Alcatraz
Parte de las instalacions de la biblioteca

Se permitió durante un tiempo la tenencia de instrumentos musicales, y los presos organizaban espontáneos recitales y conciertos. Algunos aprendieron música y se convirtieron en estrellas al finalizar la reclusión. La Galería Broadway recibe su nombre por este hecho. Otros beneficios de este centro penitenciario fueron ver películas los fines de semana, poder pintar y usar la radio, mediante auriculares cableados en la propia celda; incluso el estricto código de silencio se volvió más relajado y los prisioneros tenían permitido hablar en voz baja.

En el segundo piso del bloque de celdas había un pequeño hospital. Se le equipó con un quirófano, una silla dental, y en todo momento fue atendido por médicos, dentistas y farmacéuticos del Servicio de Salud Pública estadounidense. Según el testimonio del doctor Beacher, oficial médico a finales de la década de 1930, «Alcatraz era probablemente la institución más limpia de su tipo», que incluía no solo la atención personal al recluso, sino cuidadosos procedimientos sanitarios en la cocina, uso escrupuloso de ropa limpia y duchas regulares con agua caliente (más caliente de lo normal, para no acostumbrar al cuerpo al agua fría que pudiera facilitar la fuga).

Se comía estupendamente. La filosofía de los alcaides era que un estómago agradecido y bien lleno era menos propenso a motines (aunque haberlos, haylos). Sin lugar a dudas, la carta de Alcatraz era la mejor de todas las prisiones en EUA. Un menú de Navidad podía incluir consomé, verduras al vapor, olivas verdes con pepinillos, pavo asado (por supuesto), con salsa de menudillos y arándanos; boniatos dulces asados, guisantes, patatas, pan de aceite y, de postre, manzana asada y helado (Alcatraz tenía su propia heladería). La lista de la compra de la cocina, de la que el Parque Nacional presume, resulta abrumadoramente clara:

— latas de salmón ahumado de la mejor calidad,

— pavo asado (125 kg cada Día de Acción de Gracias),

— 115 l semanales de estofado de ternera,

— 205 kg anuales para elaborar pan propio,

— 2,5 t de espagueti al año,

— 500 postres individuales cada día, que podían incluir tarta y helado,

— 455 kg de salchichas cada semana,

— 250 filetones de ternera servidos cada semana,

— 13.000 chuletas de cerdo al año,

— piña, melón y peras servidas en el desayuno,

— 365 kg de café cada mes,

— ensalada diaria, en cada menú,

— 2,3 t de huevos cada año,

— 170 kg de tomates por semana,

— 45 t de patata por año,

— 21 t de fruta cada año,

—lubinas frescas de temporada solían añadirse al menú en cada estación.

Alcatraz la roca cárcel
Póster con menú típico diario

Trabajar en la cocina era un lujo, y solo unos pocos pudieron acceder a tal. Desde allí, la inventiva carcelaria llegó a proveer de ingeniosas soluciones los inconvenientes del día a día de una prisión. Por ejemplo, se cuenta que a cierto peso que trabajaba en la cocina se le cayó el papel de fumar en el interior de sacarina líquida. Difícil de conseguir, decidió rescatarlo y poner a secar los papelillos para usarlos posteriormente. Al hacerlo descubrió con sorpresa que el papel impregnado del dulce líquido resultaba un sustituto magnífico del azúcar, y que podía ser intercambiado por otros bienes dentro de la cárcel, saboreado como caramelos, añadido al café o simplemente regalado a un buen amigo. Llegó a convertirse en moneda de cambio.

La levadura escamoteada permitió a los presos elaborar su propia cerveza. Como los lugares para fermentarla en secreto no abundaban, la creatividad hizo su aparición y encontraron el recipiente perfecto: un viejo extintor totalmente en desuso, pero colgado de la pared, que periódicamente servía para la elaboración de la bebida. Darwin Coon, un antiguo «huésped» de la Roca, confesó que cuando la isla se cerró en 1962, el extintor todavía estaba lleno de cerveza esperando su degustación.

La Roca cárcel
Cocina: El sistema de siluetear las herramientas contra un fondo se inventó aquí para una revisión rápida de los cuchillos

Además de la buena comida, los presos podían acceder a un oficio, aunque esto se consideraba un privilegio y había que ganárselo. Los puestos disponibles no eran muchos, pero estaban altamente solicitados. El trabajo incluyó trabajo de fábrica, lavandería, mantenimiento general de prisiones y preparación de alimentos. Se mantenía un vivero y un servicio de jardinería. Una sastrería operativa confeccionaba y mantenía los uniformes de los presidiarios. Se llegaron a fabricar y vender guantes y cepillos. Todo trabajador recibía un salario que nunca fue en efectivo (demasiado peligroso en una cárcel), pero que era cambiado por bienes y servicios, enviado a las familias o guardado en depósito hasta la finalización de la condena.

Hellcatraz

Pero a pesar de todos los aspectos positivos que contradicen la idea que de Alcatraz hayamos podido tener, lo cierto es que esta cárcel reflejó siempre lo más duro de la sociedad que la diseñó. En el fondo, el penal de Alcatraz fue siempre un reflejo grotesco de las épocas que la utilizaron. A partir de la Gran Depresión y de la promulgación de la denominada ley seca, se propició el mejor caldo de cultivo para el crimen organizado, y la prisión de Alcatraz nació con la intención de contener al máximo posible de malhechores que no pudieran ser redimidos en otros centros penitenciarios. Albergó a algunos de los criminales más famosos de Estados Unidos, y ninguno de ellos podría describirse como un angelito. En total, 1576 reclusos durante los veintinueve años de funcionamiento, con treinta y seis de estos prisioneros intentando hasta catorce veces la fuga. La más sangrienta de esas intentonas fue la batalla de Alcatraz, y la más legendaria, la fuga de 1962, a cargo de Morris y los hermanos Anglin.

La Roca prisión
Galería de noche

De tal manera, no nos puede extrañar que los controles a los reclusos fueran los más estrictos. Las celdas alojaban un solo prisionero, y la salida de las mismas se ganaba a través del buen comportamiento. Se garantizaba la comida, la atención médica, el refugio, la ropa, representación legal, intercambio postal (censurado) con los miembros de la familia y los servicios religiosos. Cualquier otra cosa se consideraba un privilegio, un premio que debería ser ganado. Si no, una primera medida disciplinaria era quedarte dentro de la celda, lo cual no era anodino. Las celdas de la prisión medían 2,7 m x 1,5 m x 2,1 m. Como equipamiento estándar incluían una cama, una bandeja-escritorio, un lavabo y un inodoro en la parte posterior, y algunas baldas que funcionaban como estanterías. Carecían por completo de privacidad. Las infracciones graves se sancionaban con una temporada en las celdas de castigo, «el agujero», que añadían al menú total aislamiento y oscuridad.

La roca prisión
Celda de castigo

En este ambiente severo y con tan mala fama carcelaria se dieron cita personajes de todos conocidos, y que, despojados del romanticismo cinematográfico, representaban un elenco para Óscar de los peores perfiles humanos. Alcatraz se especializó en encarcelar a «criminales de alto perfil», como respuesta federal visible a la ola criminal que se sucedió en el país en los años 30. «Se pretendía mostrar al público que los principales enemigos públicos podían encarcelarse de forma segura en una prisión sin privilegios y sin escape», se aseguraba.

Allí enfermó de sífilis hasta su casi muerte Al Capone, capo de la mafia de Chicago que, sin embargo, solo pudo ser encarcelado por delitos menores relacionados con Hacienda. Secuestradores y atracadores de bancos como «Metralleta» Kelly, Floyd Hamilton (compinche de Bonnie & Clyde) y «Doc» Barker compartieron su estancia con Roy Gardner (el último atracador de trenes al estilo del viejo oeste), «Bumpy» Johnson (jefe de los bajos fondos de Harlem) y el espía Sobell. Completan el reparto Alvin Karpis (el preso que estuvo más tiempo en Alcatraz y miembro de la banda de Ma Baker, aunque sin relación alguna con «Bonney M»); también se recibió al irlandés aspirante a padrino de la costa oeste con la «mafia judía», Mickey Cohen. Otro famoso recluso, con película propia, fue Stroud, «el hombre-pájaro».

Stroud fue realmente un sociópata homicida múltiple a quien un exoficial de Alcatraz comparó con «Jekyll y Hyde». Inmortalizado por Burt Lancaster como un amable amante de los pájaros, injustamente encarcelado, en la película El hombre de Alcatraz se muestra un perfil completamente benévolo del mismo, además de totalmente falso. Cuando se le trasladó a Alcatraz, fue por una suerte de venganza-castigo de la administración, y allí se le prohibió seguir criando pájaros (y negociando con ellos; los criaba para después venderlos, e ingresó pingües beneficios con sus libros).

Condenado a cadena perpetua, Karpis fue encarcelado muy pronto en Alcatraz, en agosto de 1936, cumpliendo pena hasta abril de 1962 (aunque estuvo seis meses transferido a Leavenworth). Tras la condena más larga de la prisión, veintiséis años, y porque la prisión se cerraba, fue transferido a otra penitenciaría. Se ve que cogió cariño al sistema carcelario, a la vez que demostraba poco tino, porque en la nueva prisión, McNeil Island (Washington) se hizo amigo del joven Charles Manson.

La batalla de Alcatraz (2 de mayo de 1946)

Aprovechando que la mayoría de los prisioneros estaban fuera en el patio, los reclusos Bernard Coy y Marvin Hubbard asaltaron al oficial William Miller y se apoderaron de sus llaves, que pensaban que abrirían las celdas y las puertas exteriores. La idea era implicar a todo el personal convicto en el motín. Fue un plan realmente bien urdido. Coy utilizó un instrumento casero similar a un gato para separar las barras en la parte superior de la galería sur . Sorprendiendo al guardia, se hizo con el control de las armas de la prisión, lo que le dio a él y a su pequeña tropilla de secuaces el control del edificio de las celdas.

La siguiente parte del plan requería la llave 107, que abría la puerta al patio donde estaban la casi totalidad de los reclusos, pero no se encontró entre las llaves robadas. Sospechando que los guardias capturados habían escondido esta llave crucial, Coy miró por todas partes, localizándola finalmente en el baño de la celda donde los oficiales permanecían maniatados como rehenes. A toda prisa, la llave 107 se introdujo en la cerradura de la puerta del patio, pero sin ningún resultado. No conseguía abrir. Lo que los presos desconocían por completo es que las cerraduras estaban diseñadas con tal sensibilidad que se bloqueaban automáticamente si se utilizaban de manera violenta o inadecuada. Aquí terminó el plan de fuga original, y Coy, Hubbard y cuatro cómplices quedaron atrapados en la celda con otros reclusos y los guardias cautivos.

Los presos se enseñorearon del bloque de celdas durante dos días terribles, mientras la población residente de la propia isla (muchas familias de los guardias que trabajaban en Alcatraz, mujeres y niños) era evacuada de urgencia por miedo a las consecuencias. Oficiales de otras prisiones federales y estatales, la Marina de los Estados Unidos, la Guardia Costera y los Marines fueron llamados para ayudar a reprimir el levantamiento. Tras un ataque con granadas que se lanzaron a través de un agujero en el techo, los marines pudieron entrar en el edificio y hacerse con el control. Como balance final, dos oficiales de prisiones (asesinados por los amotinados a sangre fría) y tres reclusos murieron, y varios otros resultaron heridos (hasta diecisiete guardias). Mientras el penal era tomado al asalto, en las costas de la bahía miles de curiosos se agolpaban para ver en directo y de primera mano qué iba sucediendo. Cine gratis, pensarían.

La Roca cárcel
Poster explicativo de la fuga con responsables y asesinados

Fuga de Alcatraz (11 de junio de 1962)

Ha sido la fuga más famosa y la más intrigante. Utilizando los restos que pudieron conseguir en su día a día como presos, Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin) se las ingeniaron para llevar a cabo la evasión más creativa y exitosa de toda la historia de Alcatraz.

Durante años excavaron un túnel tras las rejillas de ventilación de las celdas, durante la noche. Los golpes, cuyo ruido podía alertar a los guardias, se realizaron durante los ensayos de la banda de música. El salitre y las malas condiciones que habían alcanzado los muros permitieron que, cuchara tras cuchara, hicieran un hueco suficientemente grande como para que, una vez en el interior del corredor de servicio, treparan en absoluta oscuridad los tres pisos del edificio, se desplazarán por los tejados y se descolgaran hasta el suelo. En principio, iban a ser cuatro los fugados, pero uno de ellos se arrepintió a última hora, y por eso conocemos todos los detalles de esta huida.

Para no ser descubiertos durante el conteo nocturno, colocaron cabezas de papel maché, jabón y barro pintados debajo de las sábanas . Cuando alcanzaron la costa de la isla, ya habían previsto la fabricación de una balsa inflable hecha con cientos de trozos de impermeables usados. Resultaba totalmente evidente que el frío nocturno podía acabar con ellos, porque en Alcatraz los presos se duchaban con agua bastante caliente, evitando así que los cuerpos se acostumbraron al agua fría de la bahía. Solo a la mañana siguiente, al comprobar que no se despertaban, se dieron cuenta de la maniobra y el penal entró en pánico al entender que las horas de la noche les daban una ventaja fundamental para conseguir evadirse.

La Roca prisión
Celda de los anglin

Oficialmente el caso no se ha cerrado, aunque tampoco se ha aceptado que los presos murieran ahogados o de frío atravesando la bahía de San Francisco. Detalles románticos han venido a sumarse a esta historia, que Clint Eastwood inmortalizó en su Fuga de Alcatraz. Se sabe que muy cerca de donde fueron encontrados los restos de la balsa fue robado un automóvil por parte de tres individuos. Se rumoreó que acabaron refugiados en algún punto de Sudamérica.

Lo que es cierto es que la Sra. Anglin, madre de los hermanos, recibió puntualmente hasta el final de sus días un ingreso en cuenta. De la paga de sus hijos mientras estos cumplían condena, y después de fugarse… saquen ustedes mismos sus conclusiones. Cuando Mrs Anglin falleció, en su entierro pudieron verse dos mujeres muy extrañas, fornidas y bastante poco femeninas, que se pensó podrían haber sido los hermanos disfrazados. Vaya usted a saber…

La prueba más extraña de este caso fue una carta enviada a la comisaría de policía de Richmond (California). En 2013 se recibió una misiva firmada por John Anglin, cuyo detallado análisis pericial obligó a reabrir el caso porque parecía verdadera. En ella, el supuesto autor proclamaba el éxito de la fuga, se describía como enfermo de cáncer y ofrecía un trato: tratamiento a cambio de su entrega. La oferta nunca fue respondida, y tampoco se volvió a recibir una nota parecida.

El final de Alcatraz

A pesar de los esfuerzos, Alcatraz no contó nunca con la aprobación de la opinión pública… Ni de la opinión política ni de la privada. No dejó de percibirse como un lugar infernal que a la postre no ofrecía resultados.

Se ha calculado que, en total, veintiocho presos murieron en Alcatraz como resultado de enfermedad, intentos de evasión, suicidios o enfrentamientos con otros presos. El resto de los prisioneros, 1518, fueron transferidos desde la Roca para terminar sus sentencias en otros lugares. Muchos así lo hicieron, y vivieron el resto de sus vidas como ciudadanos libres que habían «pagado» su deuda con la sociedad. Otros, por el contrario, regresaron a la vida delictiva y fueron encarcelados de nuevo, a menudo muchas veces. La reincidencia rondaba el 50%. Los condenados a cadena perpetua, obviamente, terminaron sus penas en otras penitenciarías cuando se cerró la Roca.

Durante los 50, San Francisco continuó pujando por eliminar ese peligro tan cercano, y que la batalla de Alcatraz había revelado como tan posible. La fuga de 1962 acabó por confirmar que las posibilidades podían convertirse en certeza: la posibilidad de peligrosos presos sueltos comprometía severamente la tranquila vida de la bahía. A pesar de las mejoras introducidas, numerosas voces clamaron por reemplazar Alcatraz en el mapa penitenciario de EUA.

Sin embargo, el motivo por el que Alcatraz fue clausurada volvió a ser el mismo por el que cambió de función: costaba demasiado dinero. No solo se trataba ahora de los suministros y de la intendencia, sino que el microclima de la bahía estaba deteriorando seriamente las instalaciones, y todo el conjunto necesitaba de una remodelación que se presupuestó en cinco millones de dólares de la época. En 1959 un informe de prisiones evaluó a Alcatraz como más de tres veces más cara de mantener que cualquier prisión promedio en Estados Unidos (10$ día/preso, frente a 3$ día/preso). Todo ello llevó al a la sazón fiscal general del Estado, Robert F. Kennedy, a su clausura definitiva.

La Roca prisión
Últimos presos abandonando la prisión

El cierre de Alcatraz se produjo el 21 de marzo de 1963. El preso AZ 1576, Frank Weatherman, fue el último en abandonar Alcatraz. Sus palabras al hacerlo fueron: «Alcatraz nunca fue buena para nadie».

 

Ocupación india (1969-1971)

Seis años después del cierre de la penitenciaría, un grupo de nativos reclamó Alcatraz para los «indios de todas las naciones»: «En el nombre de todos los indios (…), nosotros reclamamos esta isla para nuestras Naciones Indias», reza la Proclamación de Alcatraz, de 1969. Como símbolo de la vida tradicional nativo-americana, los ocupantes levantaron un tipi que fuera visible desde la ciudad. El despacho del alcalde fue ocupado por el Consejo para celebrar sus reuniones, presidido desde la chimenea por un retrato de Jerónimo que habían transportado hasta la isla para tal fin.

La ocupación, que se prolongó durante diecinueve meses, llamó la atención de la opinión pública e inclinó a esta hacia la lucha de los nativos por sus derechos fundamentales y por su identidad cultural. Además de la pugna simbólica que encarnó, los ocupantes querían establecer en Alcatraz un Centro para el Estudio de los Indios Americanos, así como diversas instituciones que incluían un taller de formación profesional, un centro religioso y espiritual, un centro ecológico (que hubiera sido pionero en el mundo) y también un museo.

La Roca EEUU
Grafitis

Sin embargo, otra de las constantes en la historia de la Roca, volvió la dificultad de avituallamiento. Sin agua natural, sin suelo para cultivar alimentos, con un comercio escaso y peligroso desde la costa, el Gobierno federal solo tuvo que esperar a que la energía y el entusiasmo inicial se disipara, contemplando poco después el exilio masivo de parte de una generación que se sintió a la vez frustrada y orgullosa de este intento. Por una vez, no hubo que disparar un solo tiro para expulsar al indio.

A la vista de todos está que estos sueños no consiguieron plasmarse, pero nadie puede dudar que la ocupación de la isla significó un punto de inflexión en la lucha secular de los nativos americanos por su reconocimiento. La simpatía despertada por este acto volvió visible la tragedia de muchas tribus nativas con más derechos que los colonos recién arribados, abriendo la puerta al cambio de política del Gobierno de los Estados Unidos para con los indios, otorgando una mayor autonomía y autogobierno según sus propias costumbres y recolocando naciones enteras que habían sido desplazadas.

Epílogo

La prisión de Alcatraz y la isla donde se erige es hoy un Parque Nacional donde, además de exponer para la ciudadanía los restos de un pasado más o menos curioso, se honran como venerables por una sociedad americana, la cual considera un objeto histórico todo lo que posee más de setenta y cinco años. El americano medio podría darnos lecciones sobre el respeto a la historia, aunque solo sea porque este joven país prácticamente carece de la misma. Resulta admirable el cuidado con el que todo esto se trata allí, en la cuna del modernismo y la vanguardia.

Recuerden, Estados Unidos es un país de contrastes.

Por su parte, los pájaros han regresado a establecer asentamientos de cría en «la isla de los alcatraces» (que probablemente nunca tuvo alcatraces, y que fueron confundidos con los pelícanos o cormoranes, mucho más comunes en la bahía), contándose entre las especies nidificantes los frailecillos, la paloma de Guillemot, la garza nocturna de corona negra, las gaviotas occidentales o de California, la garceta nevada y las estridentes y olorosas colonias del cormorán de Brandt (fotos 14).

Es curioso esto de la historia. Lo que empezó siendo un reducto defensivo frente a ataques de diversa índole, acabó convirtiéndose en la mejor herramienta de protección para las Naciones Indias, sus tierras, sus lenguas, sus diversas culturas, y el reconocimiento de su propia identidad.

¿A que merece la pena visitar Alcatraz?

 

[1] Quería evitar notas aclaratorias en este artículo, pero no puedo por menos que glosar la figura de este militar curtido y honorable. De él son las palabras, y cito textualmente: «I have heard foolish talk about an attempt to seize the strongholds of government under my charge. Knowing this, I have prepared for emergencies, and will defend the property of the United States with every resource at my command, and with the last drop of blood in my body. Tell that to our Southern friends! – Colonel Albert Sidney Johnston, Commander of the Department of the Pacific, U.S. Army, 1861» (He oído hablar tontamente sobre un intento de apoderarse de las fortalezas del gobierno bajo mi cargo. Sabiendo esto, me he preparado para emergencias, y defenderé la propiedad de los Estados Unidos con cada recurso a mis órdenes, y con la última gota de sangre en mi cuerpo. ¡Díselo a nuestros amigos del sur!)

Toda la información que he consultado sobre este militar profesional coincide en lo enormemente alabado que fue por ambos bandos durante la guerra civil. Permítanme repetir para insistir en ello: «por ambos bandos». Cumplió fielmente y a rajatabla con su misión en el ejército de Tejas primero y en el de la Unión después (las palabras anteriores, mientras comandaba Alcatraz como cabeza de puente de toda la Región Militar del Pacífico). Una vez liberado de su palabra de honor en cuanto al servicio con la Unión, se reunió con el ejército confederado y sirvió bajo su uniforme. Jamás traicionó a ninguna de las dos partes en contienda, por parte de ambas fue condecorado y asumió cargos de elevada responsabilidad. Después de morir en Shiloh, fue honrado por su honestidad por el sur y el norte. Soldados de este tipo de madera tampoco fueron escasos en las filas del ejército americano, y ya tendremos ocasión de hablar de algunos a lo largo de próximos artículos relativos a las Guerras Indias.

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