Ciencia — 1 de abril de 2021 at 09:00

Transhumanismo, el ser humano modificado a la carta

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Transhumanismo

El transhumanismo[1] es un movimiento intelectual (Humanitiy+ o H+) que sostiene la posibilidad y obligatoriedad moral de mejorar las capacidades físicas, intelectuales y psíquicas de la especie humana mediante la aplicación de nuevas tecnologías y la eugenesia, con la finalidad de eliminar todos los aspectos indeseables de la condición humana, como la enfermedad, el sufrimiento, el envejecimiento e incluso la muerte. El transhumanismo[2] milita a favor del uso intensivo de las células madre, la clonación reproductiva, la hibridación hombre/máquina, la ingeniería genética y las manipulaciones germinales que podrían modificar nuestra especie de forma irreversible, la eugenesia embrionaria y prenatal, nanotecnología y biotecnología aplicada al cerebro, fármacos que controlen el bienestar emocional y que eliminen aspectos negativos como la timidez o que aumenten la capacidad creativa y emocional. Hay incluso planteamientos de apoyar la existencia posbiológica, realizando un escaneo de la matriz sináptica del individuo y transmitiéndola después a un ordenador. También la creación de «máquinas superinteligentes», que combinan inteligencia artificial con parte orgánica, los denominados cíborgs. Por último, la crioconservación de pacientes enfermos o fallecidos.

Implicaciones filosóficas del transhumanismo

Algunas de las transformaciones predichas son difícilmente factibles, pero la teoría transhumanista plantea numerosas cuestiones para la discusión filosófica. Antes de enumerarlas, reflexionemos un poco de la mano de Peter Singer[3].

Aunque se creía que la posibilidad de que los sordos pudieran aprender a escuchar las palabras sería acogida con entusiasmo, ha aparecido un número significativo de personas que considera que el implante coclear es el genocidio de la cultura de los sordos, destruye este grupo étnico. Los sordos son un conjunto de individuos que se diferencian por esa herencia y la cultura que generan alrededor de la sordera. Eliminar la sordera a través del implante coclear les separa de la comunidad de los sordos y, con el tiempo, haría desaparecer la cultura de los sordos. Este debate es extrapolable a los que padecen de acondroplasia o síndrome de Down, agravado porque estos son casos que se pueden diagnosticar de forma prenatal y permitir el aborto a los padres. La relación entre cultura y discapacidad es importante si se tiene en cuenta que el constructo discapacidad se define a través de las experiencias de las personas dentro de una cultura. De esta manera, en las culturas diversas que hay en el mundo existen cosmovisiones y significaciones distintas frente a la salud, la enfermedad, la muerte y la discapacidad, y creencias y valores alrededor del cuerpo considerado «imperfecto» o «dañado». Esta percepción cultural trasciende los aspectos médicos y biológicos.

La discapacidad es un fenómeno que afecta al 10% de la población mundial[4] En los países que se encuentran en conflictos bélicos, esta cifra aumenta al 18% del total de la población. También aumenta con la edad. Peter Singer nos plantea dos grandes cuestiones: 1) Si se presupone culturalmente que la vida con una discapacidad no merece la pena, crearemos una sociedad donde la discapacidad estará estigmatizada y las imperfecciones humanas se tolerarán cada vez menos. ¿Dónde trasladaremos el límite? ¿Homosexuales, paralíticos, bajo coeficiente intelectual, enfermedades psíquicas…? 2) Si todos los seres humanos son iguales y valoramos la diversidad, ¿deberíamos admitir que la sordera, el enanismo o el síndrome de Down son rasgos dictados por la naturaleza y no poner remedio a ello?

diversidad transhumanismo

En nuestra sociedad se defienden la igualdad y la diversidad como principios para la justicia. Singer plantea algunos interrogantes difíciles de responder: nuestro concepto de igualdad ¿llega tan lejos como para afirmar que es igual de bueno tener una discapacidad que no tenerla? ¿Pueden retirarse los avisos del tipo «las autoridades sanitarias advierten de que la ingestión de bebidas alcohólicas durante el embarazo puede causar malformaciones en el feto»? ¿Deben dejar de usarse protecciones para los oídos para no quedarse sordos?

Si defendemos la diversidad ¿deberíamos prohibir las medidas que puedan reducir el número de personas diversas, con sordera, acondroplasia, síndrome de Down? Es más, debido a que para la investigación y las terapias se usan fondos públicos, ¿se debería también frenar esas inversiones? ¿También los programas de vacunación de la rubeola? Para la mayoría de los progenitores es importante dar a sus hijos el mejor comienzo posible de la vida, y por ellos la madre deja de fumar, se compran libros para ser buenos padres, se cambia de barrio para acceder a mejores colegios, incluso para disponer de los medios económicos que les permitan darles oportunidades y facilidades. Si los padres consideran que la discapacidad no le va a dar esas opciones, ¿pueden interrumpir el embarazo?, ¿la sociedad va a obligarles legalmente a tener el hijo?

En el caso de las mejoras genéticas[5], ser guapo, atlético, inteligente, tener habilidades sociales, disfrutar de una larga vida, que pueden desearse tanto a nivel personal como de los padres hacia sus hijos, ¿cuál debería ser el criterio? Podemos sumarnos al principio de Mill, según el cual el Estado puede interferir en la esfera privada de sus ciudadanos solo para prevenir el daño a terceros. Como estas decisiones no afectan a terceros, esto es, no se producen daños porque ni los niños ni los padres sufren por tener un hijo saludable, guapo e inteligente, el Estado no se ve obligado a interferir. Desde una perspectiva individualista, se puede argumentar que es mejor obtener mejoras biológicas por «encargo». Pero desde una perspectiva social sí hay aspectos negativos. En la carrera por ser superior a la media, la prosecución de mejores rasgos con respecto a los demás hará incrementar las medias, lo que conllevará problemas sobrevenidos. Por ejemplo, si cada vez los seres humanos desean ser más altos, se generará un mayor costo medioambiental y problemas de salud. Otro aspecto negativo —el que considera más pernicioso— es que se destruye la igualdad de oportunidades. Es posible que en un libre mercado solo los ricos accedan a las mejoras genéticas, y así las desigualdades económicas se volverían desigualdades genéticas, y los que no puedan acceder a ellas tendrán los peores trabajos, sueldos y condiciones de vida. De esta manera aumentarán las diferencias de clase. En tercer lugar, está la pérdida de diversidad.

Visto desde esta perspectiva social, el Estado puede intervenir porque se viola el principio de Mill y, por otro lado, la alternativa de dejar las decisiones al «mercado» o las «masas» es una alternativa sin inteligencia, sin empatía y sin justicia social, como se ha demostrado en multitud de ocasiones, véanse las crisis bancarias del siglo XXI.

Posibles soluciones

Una de las posibles soluciones a la toma de estas decisiones radica en los comités de ética, que están siendo el camino para tantos problemas planteados por las empresas, la tecnología y la sociedad. ¿Deberemos crear un comité que decida cuáles son las discapacidades, cuáles de las mejoras se legalizan? En lo que sí están de acuerdo la mayoría de interlocutores es en que sería deseable el desarrollo de una legislación de ámbito internacional que frene o evite los paraísos genéticos, tal y como hacen hoy en día las grandes corporaciones para saltarse la legislación ambiental más proteccionista de los países europeos, o para librarse del pago de impuestos. Que los Estados intervengan ofrecería más garantías que dejar la mejora genética a criterio del mercado, igual que ocurre con los temas ambientales y con la protección al débil.

La serie Black Mirror, galardonada merecidamente con varios premios Emmy, plantea las consecuencias de la tecnología en un futuro cercano de forma espectacular y original en cada capítulo, dibujando de forma no tan idílica las promesas de transhumanismo, como dice su creador: son los efectos secundarios de una droga que es la adicción a la tecnología. Sin desvelar ninguna trama, os pongo varios ejemplos: The Entire History of You es un capítulo que plantea un futuro cercano donde todo el mundo tendrá acceso a un implante de memoria que grabe todo lo que los humanos hagan, vean y oigan. Rachel, Jack and Ashley Too: una adolescente solitaria se obsesiona con una muñeca robótica que contiene la conciencia de una cantante en coma. Playtest: consecuencias de un implante cerebral y la diagnosis ignorante del fallecimiento por parte de la empresa tecnológica. Black Museum: consecuencias y uso del trasplante de conciencia de una persona a otras o a objetos.

Finalizo con una enumeración de las reflexiones que deberíamos hacer todos ante el avance de las tecnociencias1:

1 Legales y bioéticas: prácticamente no están reguladas, el progreso de las tecnociencias es de una amplitud y una rapidez inimaginables, es silencioso, no llama la atención ni de los políticos y apenas la de los medios de comunicación[6], de modo que se produce a espaldas de la mayor parte de la población: a) selección embrionaria y eliminación eugenésica de embriones y fetos con defectos; b) problemas derivados de la nanotecnología aplicada al cerebro y neuroética; c) problemas de la crioconservación; d) uso de fármacos que cambien la personalidad; e) problemas de distribución de los recursos de los Estados y evitar que no se produzcan daños a terceros.

1 Validez de sus postulados: la tesis transhumanista parte de que el hombre es un ser que se reduce solo y exclusivamente a sus conexiones neuronales.

2 Teoría de la felicidad: ¿Quién asegura que cuanto más perfecto sea física y psíquicamente, que cuántas más capacidades tenga voy a ser más feliz?

3 ¿Qué significa ser mejor o más perfecto, quién lo determina?

4 En teoría, el transhumanismo puede tener un fin bueno, hacer de la vida del hombre algo mejor, fin hacia el que ha tendido siempre la medicina, la ciencia y en general el progreso, pero ¿el fin justifica los medios?

5 Pretende ser un proyecto de salvación laica que no obliga a ninguna renuncia inmediata, ni a cambiar formas de vida y pensamiento, no hay que comprometerse a ninguna acción de servicio ni proselitismo. Es la oferta de un cielo sin coste alguno[7].

¿Hasta qué punto debemos utilizar la tecnología para perfeccionar a los seres humanos o debemos permitir que sea la evolución quien lo logre?

Y sin que sea un cierre de las cuestiones, finalizo con el tema de la identidad humana[8] y la libertad de ser quienes somos, y que no sea la manipulación la que nos convierta en otros, algo así como actualmente son los Amish en relación con la tecnología, quizás aparecen los Humanish, con relación al transhumanismo.

En mi opinión, todavía nos falta tener capacidad de control y transmutación sobre los instintos emocionales y deseos mentales para que las herramientas biotecnológicas no sean «el nuevo bisturí que se compra al servicio del tráfico de órganos».

Bibliografía

[1] Julian Savulescu, Nick Bostrom; Human Enhancement; OUP Oxford Edition, 2009.

[2] Antonio Diéguez; Transhumanismo: la búsqueda tecnológica del mejoramiento humano; Herder Editorial; Barcelona, 2017.

[3] Peter Singer; De compras por el supermercado genético. Universidad de Princeton. Isegoría, 27, pp. 19-40, 2002.

[4] Fabiola Castellanos y Lucero López; Cultura y discapacidad : un desafío emergente; Revista de la Universidad Colombiana; Avances en Enfermería, Volumen 27, Número 1, pp. 110-123, 2009. ISSN electrónico 2346-0261. ISSN impreso 0121-4500.

[5] Mejora genética es una modificación que no implica curar una diversidad funcional, sino realzar lo que en principio es normal.

[6] Lo que describen los medios de comunicación suelen ser las inmensas posibilidades vitales que las nuevas tecnologías nos abrirán: exploración y colonización de lugares lejanos, experiencias sensoriales insólitas (película Avatar).

[7] Antonio Diéguez; Transhumanismo: la búsqueda tecnológica del mejoramiento humano; Herder Editorial; Barcelona, 2017.

[8] Hector Velázquez Hernández; Transhumanismo, libertad e identidad humanas; Themata, Revista de filosofía, número 41, 2009.

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