Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

Humor estoico para mejorar tu carácter

Una sonrisa es la distancia más corta entre dos personas. ¿No hemos esbozado alguna vez, una mínima sonrisa al leer a Epicteto o a algún otro filósofo estoico? Por eso los sentimos tan cerca, tan actuales.

A veces una imagen vale más que mil palabras. Cuando vemos alguna imagen de Séneca (Córdoba, 4 a. C., Roma, 65 d. C.), es muy probable que pensemos que el filósofo cordobés era una persona atormentada, triste, amargada, con escaso sentido del humor; y esa es precisamente la imagen que tenemos de los filósofos estoicos. Pero ¿realmente podemos resumir la filosofía estoica en la resignación por todo lo que nos acontece? ¿Podemos afirmar que los filósofos estoicos eran unos hombres, siempre con caras largas y carentes de un mínimo sentido del humor?

Muchas veces confundimos la seriedad en el estudio de las enseñanzas de los grandes filósofos clásicos, con mostrar un rostro serio. Nos parece que usar palabras incomprensibles para los demás y mostrar un carácter serio y distante, sin una mínima sonrisa, da más prestigio a lo que decimos. Quizás por eso nos resulte difícil descubrir un fino sentido del humor en las enseñanzas que nos dejaron los filósofos estoicos, y nos conformamos con una lectura superficial que nos los presentan como unas personas resignadas o amargadas. Filósofos más o menos modernos, han contribuido en cierta medida a esta visión de la filosofía estoica. Por ejemplo, Nietzsche decía de ellos: «Los estoicos comen vidrio picado, sapos y culebras, para acostumbrar el estómago frente a cualquier comida que les pueda venir en la vida». Creo que, pensando así, Nietzsche no se iría de cañas con Epicteto para hablar, por ejemplo, de cómo no ser una persona atormentada.

El sentido del humor es una actitud que nos permite afrontar con entusiasmo las diversas situaciones de la vida, sobre todo las más difíciles, sin dejarnos atrapar por un espíritu derrotista. Nos puede ayudar a relativizar lo que nosotros creemos que son barreras infranqueables, dándonos valor para superar todos los obstáculos, superar nuestros miedos y, sobre todo, ayudar a mejorar la convivencia.

Las personas con sentido del humor suelen tener un alto nivel de autoestima; son auténticos especialistas en encontrar siempre la parte positiva de todo lo que les ocurre y reinterpretar los hechos de una forma positiva. Es una actitud vital interna, que la mayor parte de las veces transforma lo que ocurre a nuestro alrededor, es una actitud vibrante frente a lo cotidiano.

En todas las lenguas nos encontramos con refranes o frases de uso coloquial que reflejan muy bien esta actitud. Sirva a modo de ejemplo una frase muy común en Galicia. Es el famoso ¡malo será!, expresión optimista, casi un grito de guerra; aunque haya miles de adversidades en un momento de tu vida, siempre se puede salir adelante. Siempre. Malo será que no apruebes el examen, malo será que no mejore tu enfermedad, malo será que no encontremos aparcamiento…; esta frase fue usada hace unos años por una cadena de supermercados en Galicia, en una campaña publicitaria que tuvo mucho éxito; recomiendo ver los vídeos de esta campaña en internet. Estas dos palabras, unidas aparentemente de forma absurda, reflejan muy bien el humor estoico del que estamos hablando. No te preocupes por lo que pueda acontecerte si no depende de ti, ¡malo será!

Resulta sorprendente la capacidad que tenemos para etiquetarlo todo, personas, animales, coches, escuelas de filosofía…, y casi siempre con un desconocimiento total. Así ha ocurrido con los estoicos; nos los presentan con la etiqueta de personas tristes y resignadas con su cruel destino. Después de leer y reflexionar sobre los escritos que han llegado hasta nuestros días de los filósofos estoicos, creo que podemos encontrar en ellos el sosiego necesario para no ver oscuros nubarrones en un futuro que no depende de nosotros.

Veamos a Crisipo (281 a. C.), filósofo griego y máxima figura de la escuela estoica antigua. Se cuenta de él que murió partiéndose de risa al ver a un burro comiendo higos en su jardín; quizás venga de ahí la expresión morirse de risa.

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Como observa Séneca, «todas las cosas son causa para la risa o el llanto. Y como ese es el caso, es más apropiado que un hombre se ría de la vida que lamentarse por ella».

Los escritos estoicos están salpicados de un gran ingenio, aquí representado por Epicteto: «Tengo que morir. Si es ahora, bueno, entonces muero ahora; si es más tarde, entonces ahora tomaré mi almuerzo, ya que la hora para el almuerzo ha llegado, y morirme, lo atenderé más tarde». Creo que si cogiéramos la frase anterior y la pusiéramos en boca de maestros del humor como Gila o Forges, diríamos: ¡que chiste más bueno!

También nos regala este divertido consejo, muy útil para los vanidosos que persiguen honores y recompensas: «Si tanto ansías llevar una corona, ¿por qué no llevar una de rosas? Te verás aún más elegante».

Epicteto nos muestra cómo responder a la opinión de los demás sobre nosotros: «Me río de los que piensan que pueden dañarme. No saben quién soy, no saben lo que pienso, ni siquiera pueden tocar las cosas que son realmente mías y con las que vivo. Escucha a los demás, pero sigue tu propio consejo: Si se habla mal de ti y es verdad, corrígete; si es una mentira, ríete».

Séneca nos advierte sobre la vida filosófica: «Si tienes un gran deseo de alcanzar la filosofía, prepárate desde el primer momento para que se rían y burlen de ti. Debes recordar que, si te adhieres a tu propósito, esas mismas personas que al principio te ridiculizaron te admirarán después. Pero si eres conquistado por ellos, incurrirás en un doble ridículo»También nos recuerda que, en primer lugar, debemos reírnos de nosotros mismos: «Nadie es risible si se ríe de sí mismo».

El gran filósofo estoico Marco Aurelio dijo: «La alegría se encuentra en el fondo de todas las cosas, pero a cada uno le corresponde extraerla. Y la vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella».

Pero, dentro de la moderación que nos enseñan los estoicos, Epicteto nos recuerda: «No permitas que tu risa sea mucha, ni en muchas ocasiones, ni profusa. No busques la risa de los demás. Este es un signo de vanidad y se refleja mal en ti. En las partes de conversación, evita una mención frecuente y excesiva de tus propias acciones y peligros. Por muy agradable que sea para ti mencionar los riesgos que has corrido, no es del mismo agrado que otros escuchen tus aventuras. Evita, asimismo, un esfuerzo por provocar la risa. Porque este es un punto resbaladizo, que puede arrojarte a los modales vulgares y, además, puede ser capaz de disminuirte en la estima de tus conocidos». Vamos, no quieras hacerte el gracioso.

Y para concluir con esta colección de reflexiones que podría ser mucho más extensa, otra de Séneca: «Muestra una mente más grande el que no reprime su risa que el que no niega sus lágrimas».

La risa estoica no es la risa de un público que asiste a la representación teatral de una comedia; es una risa que tiene su origen en el interior del ser humano, una risa constante, sincera y vibrante como la vida. Una risa que se refleja en los ojos, y no solamente en la bella arruga que se forma en la comisura de los labios al sonreír. Cuando miramos a los ojos de una persona que refleja en su mirada esa alegría interior, percibimos algo de la condición humana que está a nuestro alcance, pero que no nos atrevemos a coger con las manos porque nos falta valor. Percibimos una profunda integridad y una invitación a ver la vida con otros ojos.

Han pasado siglos, milenios, y parece que Epicteto, Séneca o Marco Aurelio (un esclavo, un senador romano y un emperador) están a nuestro lado charlando con nosotros acerca de lo que es la vida buena; dándonos consejos para ser felices y llevar una vida digna. Con un lenguaje actual, sencillo, pero directo al corazón. Al leer a estos maestros nos damos cuenta de lo poco que ha cambiado el ser humano en miles de años. Seguimos teniendo las mismas preocupaciones.

¿Por qué nos empeñamos en inventar técnicas para mejorar nuestra vida cuanto tenemos a nuestro alcance tanta sabiduría? La filosofía estoica, la filosofía en general, es la llave que nos permite abrir una puerta que nos da acceso al conocimiento de nosotros mismos para mejorarnos, a otra forma de vivir, a la vida buena.

Bibliografía

Hadot, P. (2015). Manual para la vida feliz. Madrid, Ed. Errata Naturae.

Artículo de Arnau, j. (28 de abril de 2018). Más Séneca y menos ansiolíticos. El País.

Artículo Epicteto, el filósofo de la no preocupación. https://www.filco.es/epicteto-estoico-no-preocupacion/

Blog de Filosofía estoica: cómo la aplico (cada día) a mi ética y actitud: http://pau.ninja/estoicismo

 

Publicado en Filosofía
Lunes, 01 Abril 2019 00:00

Tenga usted buen humor

El humor que alguien tiene es un indicativo de su estado de ánimo, o de su grado de armonía psíquica y mental. Dentro del término humor, por otra parte, suelen incluirse bromas, ocurrencias ingeniosas, chistes, gags, caricaturas, relatos humorísticos, expresión mímica, etc.

Existen muchas definiciones de humor. El diccionario francés dice que es una «forma de ingenio que consiste en mostrar o deformar la realidad realzando sus aspectos divertidos o insólitos». El alemán, que es una «capacidad del ser humano para enfrentarse con serenidad a las carencias del mundo y de los hombres, y a las dificultades y adversidades de la vida cotidiana».

Nos hallamos ante una paradoja. Todos creemos saber lo que es el humor; sin embargo, ninguna definición es completa.

Para Miguel Mihura, lo único que pretende el humor es que, por un instante, nos salgamos de nosotros mismos, nos marchemos de puntillas a unos veinte metros y demos una vuelta a nuestro alrededor, contemplándonos por un lado y por el otro, por detrás y por delante, como ante los tres espejos de una sastrería, y descubramos en nosotros nuevos ángulos y perfiles que no conocíamos. Es como una manera más simpática de vivir. Mihura no es partidario de la ironía ni de la sátira. De la primera afirma que es de mala educación, y de lo satírico dice que es antipático.

Hay quien ha dicho que el humor es una manera singular de ver y sentir las cosas para romper el ritmo de lo normal. Dice Gómez de la Serna que la actitud más cierta ante lo efímero de la vida es el humor; se trata de adivinar el final que nos espera a todos, y tratar de recorrer la vida de la mejor manera posible.

En este sentido, el peor enemigo del humor sería creernos importantes. Cuando alguien se cree verdaderamente jefe, mayordomo, portero, banquero o lo que sea, la vida pierde su fluidez maravillosa. Dice la sabiduría oriental que todas las formas de vida son «maya», es decir, ilusión, y el ser humano sufre a causa de su ignorancia, porque se toma demasiado en serio a sí mismo.

El antídoto contra este problema sería aprender a no hacerlo, pues como dijo alguien alguna vez: afortunado aquel que sabe y acostumbra a reírse de sí mismo, porque nunca le faltará motivo de diversión.

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Tener sentido del humor implica ver la vida siempre como algo nuevo, es la capacidad de sorprenderse ante las cosas. Este es uno de los motivos de la risa en la infancia. La risa natural de un niño viene de su entusiasmo natural; para él todo es nuevo, todo es fantástico, fascinante... También para nosotros, cada día puede constituir un inicio desde cero y una oportunidad inexplorada para ese niño jovial que todos llevamos dentro. Siempre hay algo que aprender; quien continúa aprendiendo se mantiene joven, y quien deja de aprender es un anciano, tenga veinte años o noventa.

Tener sentido del humor significa enfocar los problemas desde distintos ángulos, lo que nos permite encontrar nuevas soluciones. El humor es una actitud, una forma de mirar las cosas que ocurren en la vida. Cuando se hace un chiste sobre una situación difícil, se está diciendo en realidad: «Sé que esto es serio, pero tengo el control de esta situación, estoy al mando».

Hay que tener presente siempre que la vida es una especie de tragicomedia, una extraña combinación de alegrías y penas, y como dijo alguien alguna vez: «Este mundo es muy divertido, pero hay que tener mucha suerte para salir vivo de él». El verdadero reto es disfrutarlo todo, y para esto, la risa y el humor aligeran la carga.

En cierta ocasión, Charlot dijo que la vida es una tragedia si se la contempla de cerca, pero una comedia si se la ve desde un plano general de conjunto. Por lo tanto, se trata de tomar altura para tener mejor panorámica.

En cierto modo, el humor es un modo de percibir una cierta distancia entre nosotros mismos y el problema que nos afecta; es una forma de contemplar nuestras dificultades desde una cierta perspectiva. Se convierte así en una forma superación de la adversidad y en un mecanismo de defensa. El humor nos puede permitir ver este mundo amenazador como si en realidad fuera un juego de niños.

Hay quien dice que el humor y la risa son un don divino para hacernos la vida más llevadera. No está en nuestra mano controlar los sucesos ni el mundo exterior, pero sí podemos controlar el modo en que los vemos y nuestra respuesta emocional ante ellos, que a fin de cuentas es lo que más nos interesa. Y el secreto para vencer muchos obstáculos es la alegría, tomarse las cosas con humor. Y este humor viene de un poquito de desapego del mundo material que nos rodea. Por ahí se empieza.

Teofrasto, cuando describe al valiente, dice: Ante los embates de la vida sufre y aguanta hasta el último momento, sin perder su habitual buen humor ni transmitir a otros innecesariamente sus congojas . Ya sabemos que es fácil tener buen humor cuando todo sale bien en la vida; pero más meritorio es mantenerlo cuando hay dificultades.

Viktor Frankl animaba a sus pacientes a no combatir o huir de sus problemas, sino a divertirse con ellos. Su máxima era: «Es mejor una risita que dos pastillas». Se convierte así el humor en una especie de antídoto contra los males. Por eso la gente que sufre o ha sufrido suele tener un mayor talento para reírse de sí misma y de lo que le rodea.

Es significativo que grandes artistas cómicos han tenido una infancia difícil; por ejemplo, Charlot, pues su padre murió alcohólico cuando él tenía cinco años, y su madre se volvió loca poco después. También es cierto el estereotipo del payaso triste, es decir, que a pesar de una vida propia difícil puede hacer reír a los demás.

La interpretación cómica de lo importante y serio desemboca en lo que conocemos como humor negro. Por ejemplo, un asesinato es algo serio, y tampoco es cómico el tratar de deshacerse del cadáver; sin embargo, estamos acostumbrados a que se traten cómicamente estos asuntos.

A un condenado a muerte se le pregunta si quiere fumar el último cigarrillo, y responde: «No, gracias, estoy intentando dejar de fumar». El humor negro se presenta así como una victoria sobre el miedo.

Es importante como seres humanos desarrollar el sentido del humor y manifestar una risa abierta y natural. Cada uno tiene su propio sentido del humor, como la huella dactilar.

El sentido del humor es fundamentalmente una actitud ante la vida, y está estrechamente relacionado con el conocimiento de uno mismo. Cuando uno se pone en contacto con lo mejor de sí mismo, entonces encuentra el entusiasmo, la alegría interior, esa que es duradera, y de ahí surge el buen humor. Ese buen humor implica buscar siempre el lado positivo de las cosas y dar expansión a nuestras emociones.

Debemos volver a aprender a reír y también a llorar. Pero no con risa burlona ni llanto melodramático, sino con expresiones sanas, naturales, descontaminadas. La risa y el llanto son las expresiones más típicamente humanas. Aprendiendo a desdramatizar las situaciones, aprenderemos a ir más allá de las pequeñas y efímeras realidades y podremos entender que lo que nos afecta es debido a nuestras limitaciones, y que cuanto más nos elevemos, brillará más el sentido del humor, la alegría y el entusiasmo.

Publicado en Salud
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