Culturas — 19 de enero de 2026 at 00:00

Leyendas de gigantes y de rocas que bailan

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Leyendas de gogantes

Esculturas antiguas gigantescas, el templo de Pachacamac, Tiahuanaco, la isla de Pascua, Stonehenge, West Hoadley o el Carnac francés, este planeta está cubierto de construcciones megalíticas con características que conjugan en amalgama paradójica la tosquedad con el dominio de la técnica. Alrededor del mundo, el asombro que produce su presencia suele acallar la mente. Cuando esto no ocurre, surgen las inevitables preguntas: ¿cómo?, y ¿quién?

El mundo escandinavo, en su poema de la creación tiene una historia para ilustrar estos orígenes. Las Eddas nos cuentan que, cuando los dioses quisieron construir la muralla de protección para Asgard, un gigante se presentó al contrato. Odín apostó con él que no sería capaz de construirla en seis meses; de lo contrario, la paga sería Freya, su hermana-esposa. El único requisito que solicitó el gigante fue la ayuda de su caballo, y así fue acordado.

La construcción avanzaba a una velocidad asombrosa. Con ayuda de su bestia, el gigante cargaba piedras enormes sin esfuerzo. Temiendo el destino de Freya, Loki se transforma en yegua y, antes de que llegue el verano, distrae de su tarea al caballo. El gigante no termina el castillo, Freya no es intercambiada y Odín recibe como regalo de su hermano un hermoso potrillo de ocho patas. La consulta de los Eddas no solo nos regala un final feliz, sino que introduce una respuesta: gigantes.

En su obra maestra, la Doctrina Secreta, Helena Blavastky recoge el conocimiento de distintas tradiciones, algunas muy antiguas —mucho más que los Eddas— y todas ellas también hablan de gigantes. En su siglo (XIX) se les llamaba lemures. El nombre proviene de los hallazgos del científio Philip L. Sclater. En 1850 este zoólogo propuso que bajo el oceáno Índico habría un continente perdido al que llamó Lemuria, pues fue basándose en fósiles del gracioso animalillo al que llamamos lemur como encontró la relación entre las islas de Micronesia, Polinesia, Australia y Ceilán. La teoría de un continente allí ubicado era el puente biológico necesario para explicar la distribución de esa especie de marsupiales.

Es interesante observar que el escudo de armas de las antiguas colonias británicas del océano Índico está sostenido por dos tortugas que reposan sobre una isla cubierta por fondo marino, donde se puede leer la leyenda In tutela nostra: Limuria. Las tradiciones tamiles —sur de India y Sri Lanka— también mencionan este continente, al que llamaron Kumari kadam. En las leyendas griegas y romanas se refieren a ellos como gigantes y como cíclopes. La Biblia llama Nefilim a esos hombres gigantescos antiguos, y también tenemos otras referencias más asombrosas cuando se menciona al campeón filisteo Goliat. Mitológicamente, un gólem es un gigante formado por una mezcla de piedra y barro.

Además de las construcciones propiamente dichas de los lemures, Blavatsky también menciona las piedras oscilantes. Usadas para fines adivinatorios (como nuestras «abalandoiras» galegas o la Piedra de Santa María de la Cabeza en Sierra Morena), eran piedras que hablan y piedras que caminan o «dispersadoras», como su nombre indica, diseñadas para poner a la gente en desbandada. Sin duda, todo suena asombroso.

El boletín de la Real Academia de Historia reivindica en el año 2023 la existencia de las Peñas Sacras de Andalucía, descritas como monumentos de origen prehistórico, de los que en este país tendremos una riqueza de 1300. Reproducimos una cita en que Manuel de Salcedo, en el sigo XVII, describió la piedra oscilante del santuario de la Virgen de la Cabeza (destruida hoy, tal vez hacia 1936) como «un desproporcionado peñasco, el cual está cerca de la puerta de la sacristía, sentado sobre otro con tan imperceptible asiento y tanta igualdad de peso que (es de extraordinaria grandeza) tocándose con un dedo solo, tiembla y se mueve dando golpes y vaivenes, aunque en él estén subidos muchos hombres, y en aplicándose más fuerza se para y se resiste inmóvil, y lo tiene la gente por cosa rara, que no se contenta con verlo y menearlo, sino que con puñales y piedras cortan pedazos para llevar por testigo de haber visto un prodigio tan grande de naturaleza.

También hoy, en pleno 2025, la búsqueda en Google sobre piedras móviles o deslizantes (sailing stones) produce resultados abrumadores por la naturalidad con que parece tratarse el hecho de que en diferentes partes del mundo piedras pesadas, sobre terrenos prácticamente llanos, rocas sin ninguna particularidad de forma, característica magnética y sin ningún mecanismo animal o fuerza física, se muevan. Sí, se mueven.

Mucha gente se dedica a investigarlas. En el desértico parque nacional del Valle de la Muerte en California, el geólogo Richard Norris ha dedicado casi diez años de su vida. Visitando el desierto regularmente y acampando, haciendo mediciones, colocando cámaras y GPS, rastreó con satélite sus movimientos y pudo realizar grabaciones. Alegremente, nos explica que, por fin, ha resuelto el misterio. Norris asegura que se deslizan a causa del hielo las capas que se forman en noches particularmente frías. Él mismo las ha filmado avanzando.

Seguramente, cualquier persona que haya intentado patinar en hielo por primera vez podrá recordar su propio espectáculo. Pero el trazado de las rocas navegantes recuerda más bien coreografías de patinadores entrenados y para nada el lamentable destino de un aficionado. Sea el hielo o no el medio que facilita su movimiento, no es realmente la causa. Está claro que la roca sabe lo que quiere hacer y adónde quiere ir. Las observaciones de los trazos grupales no dejan lugar a duda de que, además, patinan juntas. No podemos dejar de notar que —sin ningún interés particular de conectar ambos hechos—, puesto que las rocas deslizantes de Norteamérica se describieron oficialmente en el siglo XX, cien años antes, Blavastky mencionaba que «una larga tira» de lo que hoy es California perteneció una vez a la Lemuria.

Está claro que hoy sabemos más, pero, curiosamente, hemos abierto una puerta y encontramos que también conocemos menos. Sabemos el medio por el cual se deslizan, pero no verdaderamente cómo; sabemos que no se deslizan siempre, ¿tienen días especiales para viajar?, ¿qué los determina? Algunas viajan juntas, es indudable… ¿Cómo se ponen de acuerdo? Pero los científicos más serios tienen poco tiempo hoy de documentar el movimiento de una roca. Hoy la tecnología tiene ansia por descubrir otros mundos, entender la materia en lo más pequeño. Ya no hablaríamos de rocas, que son una agrupación de minerales. A niveles mínimos ya no pueden estar agrupados, en soledad vemos a cada uno tal cual es, en su dimensión de mineral elemental.

Se conocen como nanomateriales las partículas de menos de 0.1 μM (una micra es un centímetro elevado a la -4 potencia). Es en ese punto en el que un sólido común y corriente empieza a tener características diferentes en su camino a la categoría atómica. Tienen colores diferentes, puntos de fusión nuevos, conductividad y magnetismo nunca antes vistos en el sólido másico. Incluso se perciben cambios en su toxicidad. La copa de Licurgo es un ejemplo de bella artesanía romana que utiliza nanopartículas de oro y plata que le otorgan efectos especiales dependiendo de la luz.

Los nanomateriales son minerales que empiezan a cruzar esa puerta en que la materia se convierte en energía y, a medida que el tamaño se reduce, afloran sus comportamientos cuánticos. Sus aplicaciones son importantísimas en tecnología, medicina, catalizando sustancias en los procesos industriales y eliminando tóxicos en el medio ambiente y dentro del cuerpo humano. Tal parece que son igualmente asombrosos los minerales en su dimensión gigante y en grupo que en su mínima expresión y de forma individual.

De la Antigüedad hemos encontrado las piedras oscilantes; muchas de ellas, por los cambios que hacemos en el entorno o por su destrucción directa, ya no funcionan. Hemos encontrado las piedras que caminan, que, sin duda, han motivado una desbanda de seres humanos para caminar hacia adelante en busca de respuestas, aunque solamente sea en la web.

Nos faltaba encontrar las piedras que hablan, aquellas que confirmen las respuestas, las que nos expliquen y nos enseñen todo lo que saben… Pero ¿y si ya nos estuvieran hablando? ¿Y si nos han estado hablando desde siempre? El mundo mineral es, como todos los mundos, un misterio, una evidencia más de que el asombro (apeiron) puede ser la causa y movimiento del universo. El mineral es orden, fuerza, resistencia, es belleza y también estructura. Sabíamos que puede reflejar la luz, pero los nanomateriales confirman que, como todo lo que existe, la materia es luz. Blavatsky llamó a los minerales «luz solar solidificada».

Los minerales nos hablan de su relación con los gigantes, aquellos que pudieron mover rocas colosales y construir grandeza. Al parecer, una roca se mantiene, avanza, baila, corre, predice, una roca se convierte en energía y da al mundo nuevas características. ¿Y nosotros, los seres humanos? Si no existen hoy gigantes, convirtámonos nosotros en gigantes. Seguro que también encontramos potenciales y respuestas asombrosas dentro de nosotros. Al menos es lo que nos dicen los textos, los mitos, los sabios y las tradiciones antiguas… Y ellos podían escuchar a las piedras.

Bibliografía

Doctrina Secreta, H. P. Blavatsky.

Boletín de la Real Academia de la Historia (enero-abril 2023).

Tesis Síntesis de nanopartículas metálicas y zeolitas para catálisis y separación de gases. Sonia Domínguez Domínguez.

https://artenordico.blogspot.com/2011/06/sleipnir-y-la-construccion-del-asgard.html

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-95022014000200023

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/copa-licurgo-nanotecnologia-cambia-de-color_19118

https://www.youtube.com/watch?v=89-AFHieDpM

https://www.google.com/search?sca_esv=7e1bbdf5a909f35f&rlz=1C1EJFA_enES662ES663&sxsrf=AHTn8zoHl603EbZL4lKywhiOwYVonTdULQ:1738768359790&q=sailing+stones&udm=2&fbs=ABzOT_BnMAgCWdhr5zilP5f1cnRvL69nV-ns4EEhuHi7aGOP-3vvyrhQpwNuPmWYea_clDmI_2RHewrlBZaZGvP4ZMQOV-rTFpSEHGunAyl_1DmPWJL3hcGLvsZQI8OLGVhapI_CKGRgHH_ppbIknIkkhUZjTk6zIHBYAgu4CeGf4o5MLpMNGVYTPr-I-oSxzyLV9lGBHlGF&sa=X&ved=2ahUKEwiTgrrz6KyLAxUkU6QEHSWWCXIQtKgLegQIDxAB&biw=1482&bih=663&dpr=1.08#vhid=AU1nsjsMYgo–M&vssid=mosaic

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