
Una de las escenas más impactantes de la Odisea, bien al leerla o al verla representada en el cine, es la del disparo de una flecha a través de las doce hachas, momento exacto que marca el reconocimiento de Ulises y después del cual se produce la matanza de los pretendientes de Penélope y usurpadores en el palacio del rey de Ítaca.
Por ejemplo, en la traducción de Carlos García Gual:
De un salto se levantó, se quitó [Telémaco] el manto de púrpura, se descolgó de los hombros la espada aguda, y dispuso las hachas: cavó una zanja única y larga para las doce, las alineó con la cuerda y asentó la tierra en torno.
Luego, más adelante, dispara a través de las mismas:
Apuntó derecho y soltó la flecha. Y no marró ninguna de las hachas desde el primer anillo: la flecha cargada de bronce voló recta a través de todas hasta salir al exterior.
Un detalle importante: tensa la cuerda y dispara sentado. Los pretendientes, que probaron antes, no consiguieron ni tensarla.
Pero hay un gran debate en qué sucede exactamente. ¿Las hachas son o no de dos filos (labrys)? ¿Están puestas cabeza abajo o con la cabeza del hacha en lo alto, en su posición normal, o clavadas en la tierra? ¿Por qué los pretendientes no las usan para defenderse, pues todas las otras armas habían sido retiradas antes? Lo que indicaría que estaban solo las cabezas. Los agujeros o aros, ¿estaban en el mango; encima de la cabeza del hacha, como vemos en algunas representaciones en vasijas de la época, o eran el propio orificio por el que pasa el mango del hacha? De hecho, en el cine, o en la pintura, o en los cómics, encontramos todo tipo de versiones y los expertos en griego homérico dudan también.
La palabra que se usa para hacha o segur no es labrys, pero los expertos señalan que es equivalente. Pues pelekys, la palabra que la designa, se opone a hemipelekys (que aparece en la Ilíada) en que efectivamente es la mitad de la misma, o sea, de un solo filo.
Otro debate es la palabra del agujero, que en griego es, literalmente ‘el del mango’ (steileiee), o sea, por donde pasa el mango. En ese caso, las hachas debían de estar sujetas de algún modo y alineadas para ofrecer a la vista el ojo por el que debía pasar la flecha, lo que se opone a la zanja preparada por Telémaco.
Otro detalle importante es que Penélope, al ser descubierta cuando destejía por la noche la mortaja de Laertes que tejía durante el día, determina que sea esta la prueba definitiva. Quien la supere, se casará con ella.
Ahora bien, resulta que es casi imposible hacer esto, y menos aún en los estrechos pero largos orificios de las cabezas de hacha. Tal es la prudencia de Penélope. Esta es la llamada paradoja del arquero. La flecha ondula en su vuelo, aunque sale y llega recta (como fotones y electrones en los experimentos de física cuántica). Ondula como una serpiente, según bien vemos en cámaras de alta velocidad. Actualmente solo se consigue repetir la hazaña de Ulises con arcos especiales compuestos con soportes mecánicos, en un laboratorio, o flechas lanzadas por mecanismos diferentes al de la cuerda tensa que libera su energía potencial. Ciertamente, la flecha fue guiada por la diosa Atenea. Y simbólicamente, además quizás de modo real, lo fue, según veremos después.
Homero insiste en que hizo tal proeza sentado, lo que requeriría mucha más fuerza y, detalle importante, que no usaría la fuerza de las piernas y de la tierra sobre la que se alza, solo los músculos del torso y de los brazos. O sea, para este acto heroico renuncia a su vínculo con la tierra, se convierte en el hombre cruz independientemente de ella, hecho simbólico semejante a extraer la piedra de la roca en la tradición artúrica.
La rectitud del impulso, la separación de la materia-tierra o el paso a través de los orificios de las hachas llevan fácilmente a la comparación con la energía espiritual, kundalínica, a través de los orificios de las vértebras, o sea, la Iniciación de Ulises. Kundalini es el espíritu prisionero en la materia, mientras que Ida y Pingala, ondulantes en su paso a través de los chakras, representan lo solar y lo lunar, las polaridades de la naturaleza en su círculo de necesidad.
Las doce hachas son los doce poderes del Karma y de la construcción de todo lo que vive, asociados a los signos del Zodiaco. Alinearlos y pasar su voluntad divina a través de ellos es encontrar su eje, vencerlos, poder usarlos y no ser víctima de los mismos.
Las flechas, en simbología son actos de voluntad, pensamientos lanzados por la misma. El que resuelvan la paradoja del arquero evoca que son divinos, más que humanos. Son flechas de la Mente Divina, guiadas por ella; entonces, por Atenea. Aquí Ulises, símbolo del alma humana en su peregrinaje y trabajos, se convierte en una extensión misma de la Mente Divina, en una fuerza del Logos (Zeus), en servidor del Plan Divino, liberado de las ataduras de lo material.
Odiseo, cuyo nombre significa ‘aquel que sufre y hace sufrir’, ya no lo hará más. El remo para bogar, batiendo las aguas de Poseidón, la vida manifestada, se ha convertido en un aventador de trigo (bieldo), separando lo real de lo irreal y seleccionando para la nueva estación las semillas divinas.




















