Historia — 11 de septiembre de 2026 at 00:00

¿Las mujeres que escribieron los Vedas

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Vedas

Se ha dicho, con acierto, que los Vedas son la Biblia más antigua de la humanidad, e incluso, que la mayor parte de los credos religiosos beben en sus enseñanzas, alegorías y metáforas, o sea, que es la raíz madre del árbol o bosque de la mayor parte de las religiones del mundo.

Sobre la antigüedad de los Vedas hay muchas incertidumbres y, siendo la tradición de los indoarios primero oral, es difícil saber cuándo realmente fueron compuestos los himnos que forman este libro sagrado: el 2000 a. C. en las versiones más conservadoras, 6500 a. C. las que reconstruyen cómo estaba el cielo en distintos pasajes específicos, haciendo cálculos astronómicos inversos.

Y también creemos que, a diferencia del hinduismo patriarcal1 y «machista», a posteriori, en la mentalidad védica primitiva la mujer, la inseparable compañera del hombre, participa con él (o de forma independiente) en sus estudios, en sus elevaciones místicas, en su acceso a lo sagrado. Así, un buen número de revelaciones divinas de estos himnos se deben a rishis (profetas) mujeres, aunque se cree que algunas de estas eran, no humanas, sino diosas. Conservamos los nombres de estas sabias videntes o rishikas y los himnos que compusieron, aunque realmente no sabemos si es firma de mujer o el nombre lo da el tema-alusión.

Lopamudra es el nombre a quien se atribuye el Himno 1.179, aunque parece narrado por un discípulo de Agastya, el marido de esta rishika. Este personaje parece realmente mítico. Recrimina al asceta y sabio Agastya que, con tanta austeridad, no cumpla sus deberes sexuales como marido, y más ahora que ella no es tan joven. Agastya se empeña «excavando una y otra vez con las herramientas adecuadas» y generando toda una progenie. Evidentemente, se alude a significados místicos, no literales, de este himno, en relación con el Soma, a quien es necesario traer desde su residencia celeste.2

«Soma (Sánsc.) – La luna [Chandra], y también la bebida sagrada confeccionada con el zumo de la planta de dicho nombre, usada en los templos para producir un estado de éxtasis. Soma, la luna, es el símbolo de la Sabiduría secreta. En los Upanishads, dicha palabra se emplea para designar la materia densa (con una asociación de humedad) capaz de producir vida bajo la acción del calor» (Glosario teosófico, H. P. Blavatsky).

Ghosha es otra rishika, a quien se atribuyen los himnos 10.39 y 10.40 dedicados a los dioses curadores, los Ashvins. Reconstruye sus poderes y sus hazañas para rejuvenecer, para salvar de la muerte, para acudir fácilmente a quienes le invocan. El final del 10.39 es de pura delicadeza femenina:

«Este himno para vosotros, oh Ashvins, lo hemos labrado como los Bhrgus un carro. Lo hemos dispuesto y hecho resplandecer, como una joven que se adorna para su amante, como se sostiene siempre a un hijo, un niño querido, en el corazón».

Sukta es otro de los nombres que aparecen, como autora del himno 10.125, y encarna la Voz del Eterno Femenino (Vak) y su poder transformador, declarándose la fuerza cósmica suprema y creadora del universo. Ella se convierte en la Palabra Sagrada, «avanzo como el viento, asiendo todos los mundos; más allá del cielo, más allá de esta tierra, tan grande llego a ser por mi poder»; y «doy a luz al Padre en la cumbre de esta existencia; mi seno está en las aguas, dentro de la hondura del océano; desde allí me alzo y recorro todos los mundos; y con mi cuerpo de inmensidad toco aquel cielo lejano». ¿Y quién podía encarnar esta voz si no es una mujer inspirada, una sabia que se convierte en vehículo de la Gran Madre del Mundo? Y así, ella puede decir:

«Yo soy la reina soberana, la congregadora de tesoros; yo soy la consciente conocedora, la primera entre los dignos del sacrificio. Los dioses me han colocado en muchos lugares, ampliamente establecida, entrando en mucho, en muchas formas y seres».

Apala es otro de los nombres asociados a las rishikas y el de un extraño himno védico, el 8.91. Difícil saber qué es alegórico, aunque su leyenda en el Mahabharata como amante del dios Indra aclara el texto paradójico, o más bien lo reconvierte. Apala, hija de Atra, la Noche, sería una doncella, ¿rechazada por su marido por ser aún núbil? Pide que crezcan las tres superficies: las plantas en la hacienda, el cabello en la cabeza del padre y su vello púbico (sea, que se convierta en una mujer, de niña que es). Habría encantado al dios Indra al bajar al río a por agua, habría encontrado la planta de soma y exprimido con su propia boca, mordiéndola y ofreciéndosela al dios. Pasando ritualmente después por el hueco centro de una rueda de carro, por el de una carreta y por el del yugo, deja, como una serpiente, sus tres pieles (¿las tres vestiduras del alma: física, psíquica y mental?) y queda con piel de Sol. En rituales posteriores se ha usado este himno para la curación de las enfermedades de la piel, pero evidentemente es mucho más. Nos quedamos con la belleza fonética y semántica del:

Kuvíc chakat kuvít kárat

Kuvín no vásayasas kárat

¿Acaso podrá, acaso lo hará?

¿Acaso nos hará más felices?

Referido al dios Indra, el de los cien poderes.

El atribuido a Visvavara es el himno 5.28. Ella actúa como sacerdotisa (rishika) ejerciendo en un ritual de sacrificio y pidiendo armonía familiar y protección. El himno está dedicado a Agni, a quien ella ofrenda. El nombre de esta rishika significa, «que contiene o garantiza todos los bienes o tesoros» o «querida por todos».

«Agni, cuando, encendido, extiende su fulgor en el firmamento y resplandece ampliamente en presencia del amanecer, Viśvavārā, mirando hacia el este, glorificando a los dioses con alabanzas y portando el cucharón con la ofrenda, avanza (hacia el fuego sagrado)».

El comentador de los Vedas, Sayana, dice que ella significa el «nueve femenino» (¿como Neftis en Egipto?), la que repele a todos los enemigos cuya naturaleza es el pecado. En el himno se le pide a Agni que preserve la concordia entre el marido y la mujer y que permita sobreponerse a todas las energías de lo hostil.

En el caso de Sūryā Sāvitrī, la hija del dios Sol, el himno es el 1.85 y el 1.145. Un himno famoso, pues se recita en los matrimonios. El rito hace del matrimonio el sello o eco de un acto cósmico fundamentado en la verdad (satya) y en el orden (ṛta). Desde luego, el primer himno no parece fácil interpretarlo. Por un lado, ella es la «hija del Sol» y a Él vuelve, desde la oscuridad de la tierra y las ataduras. Este retorno se hace alegórico del viaje de la novia al esposo, convertida en su mujer.

«La mente fue su carro; el cielo fue su cubierta. Dos toros resplandecientes quedaron uncidos cuando Sūryā avanzó hacia la casa». (…) «Puras son tus ruedas en marcha, el eje está bien guiado y puesto en movimiento. Sobre el carro tejido por la mente, Sūryā asciende, yendo hacia el Señor». Aquí parece el rayo de Dios (el Sol) que vive en cada uno, que retorna a su morada usando la mente como vehículo.

Y aquí el buen augurio de un buen matrimonio: «Que no los hallen los acechadores del camino: a esos dos que se sientan juntos como un solo señorío de casa. Por buenos pasos crucen lo de difícil tránsito; sean expulsadas las fuerzas hostiles, retrocedan los adversarios». Podemos decir hasta en una traducción libre: «Primero la Luna te sonrió; luego, la música de las palabras hizo su encantamiento; y luego, el fuego de la pasión te devoró» (Soma te halló primero; el Gandharva te halló después; el tercero es Agni, él es tu esposo, los cuartos son los hijos de los hombres).

Y así, otros nombres de rishikas aparecen, pero siempre nos queda la duda de si son las mujeres-sacerdotisas que recitaron por vez primera, inspiradas, los himnos, o si son fuerzas celestes que se tejen en la tierra, y es en torno de ellas, femeninas, que giran los significados de la oración.

Anexo

En relación con el himno de Lopamudra (el 1.179) es muy interesante la traducción de Dayananda Saraswati, que le da un buen giro a los significados (pág 199 y ss.):

https://ia803209.us.archive.org/26/items/wg868/WG868-2013-RigVeda.pdf

1 El Libro de las Leyes de Manú, código legislativo de la India antigua ya prohíbe, en general, a las mujeres oficiar en rituales y recitar mantras. Dado que esto es incompatible con la existencia de las rishikas, habría que saber en qué momento fue adulterado el texto original.

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