Arte — 9 de octubre de 2026 at 00:00

Gloria Fuertes, los versos que nos hablan

por
Gloria Fuertes
Fuente: Cultura Inquieta

Introducción

Este artículo dedicado a Gloria Fuertes es un homenaje a todas las mujeres que han tenido el don de ser poseídas por la Musa, esa voz misteriosa que, cuando ella quiere, te apresa, te obliga a parar todo y a coger un lápiz, un bolígrafo, una pluma y a escribir esas voces en forma de versos dictados por ella, en un pedazo de papel, en una servilleta, en la mano… Cuando ella quiere y en el momento que ella quiere porque, si no, vuelan y no vuelven más.

Hay muchas mujeres poetas, pero conocemos los nombres y los versos de unas pocas. Algunas porque no sabían escribir; y no hablemos solo del pasado, pues aún hoy, en nuestro siglo XXI, hay mujeres que no saben escribir porque no tienen acceso a la educación. Otras porque han estado tan atareadas en cuidar a otros, en tantas tareas, que no han podido parar a coger un bolígrafo y un papel y esos versos han permanecido a la espera de otra ocasión en el mundo de la Idea. Los guardaron en silencio dentro de su corazón para sí mismas.

Algunas dejaron escritos sus versos en cuadernos que nunca enseñaron a nadie por vergüenza, por timidez, porque les habían hecho creer que no eran dignas de ello… Otras los mostraron, pero sus versos fueron firmados por otros que aprovecharon su talento atribuyéndose el mérito. Muchas firmaron sus versos con seudónimos porque, por el hecho de ser mujeres, no hubieran podido publicarlos.

Hay, pues, muchas poetas de las cuales no sabemos nada; a todas ellas va también este homenaje por poseer ese don silencioso que guarda celosamente el silencio de la historia.

La poeta chilena Gabriela Mistral, en una ponencia que brindó en un encuentro en Montevideo durante el verano de 1938, junto a la argentina Alfonsina Storni y la uruguaya Juana de Ibarbourou, dijo:

Los poetas, cuando nacen, traen en el ojo una pajita atravesada que deforma todo lo que miran y les hace ser «antirrealistas». Porque no existe el poeta realista (…) Esta pajita en el ojo hace ver amarillo lo que es negro, ver redondo lo que es cuadrado y hace que el poeta camine entre una serie de disparates maravillosos (…) Esta pajita en el ojo hace caer una lágrima que cae con mucha lentitud (…) Es la lágrima que va derramando en versos el poeta, y que le acompaña hasta el momento de la muerte.

Por esa pajita que tiene clavada en el ojo, el poeta ve lo que hay más allá de su forma, ve en el mundo invisible el alma de las formas, ve la idea que las mueve, puede descifrar su lenguaje oculto, escuchar el canto de la vida, la música que suena en el mundo de lo invisible…

Y cuando escribe, lo hace para que nosotros podamos también ver esa belleza y que, atrapados por la música de los versos, podamos conectar con ese otro mundo sutil, aunque solo sea por unos instantes, oler ese perfume, escuchar esa música.

En representación de todas las mujeres poetas hablaremos de una mujer, nacida a principios del siglo XX: Gloria Fuertes. Por su generosidad y su amor a los niños y a la educación, porque dedicó gran esfuerzo a la poesía infantil y porque su poesía de adultos es poco conocida, esta es una buena ocasión para conocerla de cerca y darle el reconocimiento que se merece.

Gloria Fuertes, poeta de guardia

Empecemos por lo que nos cuenta ella misma en su autobiografía…

Gloria Fuertes nació en Madrid

a los dos días de edad,

pues fue muy laborioso el parto de mi madre

que, si se descuida, muere por vivirme.

A los tres años ya sabía leer

y a los seis ya sabía mis labores.

Yo era buena y delgada,

alta y algo enferma.

A los nueve años me pilló un carro

y a los catorce me pilló la guerra;

A los quince se murió mi madre,

se fue cuando más falta me hacía.

Aprendí a regatear en las tiendas

y a ir a los pueblos por zanahorias.

Por entonces empecé con los amores,

—no digo nombres—;

gracias a eso, pude sobrellevar

mi juventud de barrio.

Quise ir a la guerra, para pararla,

pero me detuvieron a mitad del camino.

Luego me salió una oficina,

donde trabajo como si fuera tonta,

—pero Dios y el botones saben que no lo soy—.

Escribo por las noches

y voy al campo mucho.

Todos los míos han muerto hace años

y estoy más sola que yo misma.

He publicado versos en todos los calendarios,

escribo en un periódico de niños,

y quiero comprarme a plazos una flor natural

como las que le dan a Pemán algunas veces.

Como ella misma nos dice en su poema, nació en Madrid en el barrio de Lavapiés, un 28 de julio de 1917, en el seno de una familia muy pobre que daba poca importancia a la educación.

Su padre, de profesión bedel, y su madre, costurera y sirvienta, tuvieron nueve hijos, de los cuales cinco habían fallecido al nacer Gloria, y a duras penas podían sacar adelante a la familia. En casa no había juegos, ni juguetes, ni muñecas; esa muñeca que echó tanto de menos y que inspiró versos como estos:

Cuando se me rompe la muñeca de firmar

los libros a los niños,

me acuerdo de aquella muñeca que nunca tuve

—por mor de mis padres pobres—

(y no sé qué muñeca me duele más).

Aprendió a leer muy pronto, pero en su casa no le dejaban leer. Tenía que hacerlo a escondidas porque, si su madre la veía con un libro, se lo quitaba para ponerle una escoba o un estropajo.

Cuando mi madre me veía con un libro, me pegaba. Nadie de mi familia me dijo nunca «escribe, hija, escribe, que lo haces bien…». Nadie. No tengo nada que agradecer a mi familia. Pero cuando se quiere una cosa, aunque tu familia no te ayude, se consigue. Si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, sales adelante seguro.

Su primer encuentro con la muerte fue a los nueve años, cuando un coche (ella dice un carro en su poema) atropelló a su hermano pequeño Angelín, que iba con ella llevando una caja con gusanos de seda que habían cuidado entre los dos. Su madre, en cierta forma, la culpaba de su muerte, y ese sentimiento de culpabilidad arraigó en la conciencia de una niña que, como ella cuenta, llegó a desear ser huérfana.

Mi infancia fue muy mala. Yo no me hice niña delincuente porque Dios es un sabio y me hizo poeta. Ahora soy alegre, me gustan los chistes, ahora «filosofeo», «filosoguapo», pero de pequeña quería ser huérfana porque mis padres no me querían. Ahora que he estudiado psicología infantil digo: ¡pero qué bien me he salido y qué bien me conservo! ¡Es horrible no querer a un niño! Yo ahora de mayor quiero a mis padres, pero de pequeña quería ser huérfana para tener otros padres que me adoptaran.

Su adolescencia: los primeros versos

A pesar de las penurias que pasó de niña, Gloria era una joven alegre y optimista, se paseaba en bicicleta, jugaba al hockey, vestía con falda pantalón a cuadros que le cosía su hermana con retales, camisa de chico y corbata. Como explica su amigo Francisco Nieva, que la conoció años más tarde, «con ella yo he pasado horas extraordinarias […] Iba pelada como un chico, con calcetines, con unos zapatones, un aire graciosísimo de chica chicarrón. ¡Era de una simpatía tremenda!».

Yo soy así de «nativitati» —decía Gloria—, como no era una belleza y desde siempre soy algo inteligente, pues me dije a los quince años: Gloria, tienes que seguir así, simpática, que tu crema de belleza sea la sonrisa, que ese es otro tipo de belleza, el ser simpático con todo el mundo, hasta con los agrios, hasta con los aguiluchos. Una sonrisa destruye al enemigo.

Su primer poema era de risa para hacer reír a los chicos del barrio. «Empecé a escribir cuando descubrí que se podía querer a alguien que no era de tu familia, entonces empecé a escribir versos a Manolo».

Una noche, acompañando a su madre en sus tareas de limpieza, a escondidas y sin poner su nombre, dejó un poema llamado «Niñez, juventud, vejez» en la mesa del director. El director lo leyó y decidió publicarlo sin saber que era de una niña de catorce años.

Sin embargo, su madre tenía otros proyectos que no tenían nada que ver con la poesía; quería que Gloria fuera niñera, modista u oficinista, así que la matriculó en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer, donde obtuvo diplomas en Higiene y Puericultura, así como en Taquigrafía y Mecanografía.

De hecho, su primer «juguete» fue una máquina de escribir con la que hacía pequeñitos trabajos para ganarse unas pesetas para ayudar a la familia.

Cuando murió su madre, Gloria tenía diecisiete años; como ella cuenta en su autobiografía, «se fue cuando más falta me hacía», dejándola huérfana y sola. Fue su máquina de escribir la que la salvó de morir de hambre, pues le permitió conseguir un empleo como oficinista en Talleres Metalúrgicos Iglesias, donde trabajó muchos años combinando sus tareas de contabilidad con la escritura de poemas.

En 1935, se publicaron sus primeros versos en una revista infantil y dio sus primeros recitales de poesía en Radio Madrid. Tenía apenas diecisiete años cuando escribió su primer libro de poemas, Isla ignorada, que no fue publicado hasta 1950.

Un año después, sucedió lo más terrible. Gloria tenía diecinueve años cuando le pilló la guerra «incivil», que era como ella la llamaba.

La guerra civil

La guerra la hizo soltera porque se llevó con ella a todos sus novios. Y también poeta porque paralizó la vida de todos. Era todo muerte, destrucción, tristeza, bombardeos en los colegios donde los niños caían como pajaritos.

La guerra fue un motivo para escribir y, como dijo ella misma,

me hizo pacifista. Un día recibí un telegrama celestial para que yo mandara a los lugares conflictivos:

No disparar donde haya niños. Stop.

En la gloria no necesitamos más ángeles.

Gloria Fuertes.

La vivencia de la guerra civil dejó en ella una huella de dolor tan profunda que desde ese momento utilizará el arma de la palabra contra todas las guerras. La paz fue uno de los temas que inspiraron gran parte de su obra poética, como queda reflejado en su poema Manos a la obra.

Basta con una mano para matar.

Necesitamos dos para acariciar,

dos para aplaudir,

todas las manos del mundo

para la paz.

De 1939 a 1944 se pasó mucha hambre en Madrid. Con lo que sacaba de la oficina y como redactora de la revista infantil Maravillas, un tebeo semanal donde Gloria contaba la historia de Coletas la traviesa, llegaba a ganar unos cinco duros, con los que tenía para comer ocho días. En aquel momento a Gloria no la conocía nadie.

Los años 50: el descubrimiento de Gloria Fuertes como poeta «post-ista»

Cuando su primer libro de poemas, Isla ignorada, fue publicado, ya en los 50, vendió todos los ejemplares. Publicó sus primeros libros de poemas y cuentos infantiles Pirulí y Canciones. A partir de entonces dejó de vivir de las cuentas para empezar a vivir del «cuento».

Era una época la posguerra de mucha inquietud y desconcierto; los intelectuales del momento se reunían para buscar los medios que paliaran el dolor y la confusión de una sociedad reprimida y empobrecida que tenía que rehacerse de una guerra entre hermanos. Fue un momento de gestación de movimientos artísticos y también de rebeldía para la mujer, obligada a callar y obedecer.

Gloria no estaba acostumbrada a callar y otorgar. Sabía que era mujer y que iba a tener que luchar por tener un lugar en una sociedad de hombres sin abandonar nunca su visión de mujer. Gloria Fuertes creó un nuevo tipo de voz femenina, un nuevo registro literario.

Junto a María Dolores de Pablo y Adelaida las Santas acudía a las tertulias masculinas, pero, viendo que se las tenía relegadas, decidieron fundar sus propias tertulias, a las que acudían medio a escondidas haciéndolas llamar Versos con faldas, donde buscaban la manera de hacerse oír en la sociedad española junto a otras mujeres poetas y literatas.

Gloria se hizo oír hasta tal punto que Antonio Gala y otros poetas andaluces la buscaron para crear la revista Arquero, que iniciaron con mucha ilusión pero con muy poco dinero.

El objetivo de Arquero era publicar los versos que surgían de este nuevo movimiento literario que se creó en los años 50, que era el «post-ismo», el último de los «ismos»; estaban en ese grupo Carlos Edmundo de Ory, Blas de Otero, José Hierro, Chicharro, Celaya, Dámaso Alonso o Paco Nieva. Eran poetas transgresores, rebeldes, que querían «embestir» el lenguaje, desmoronar el discurso de la poesía más trágica y clásica, y hacer una poesía social que, con humor, ironía y mucha imaginación, «devuelva la alegría a la gente que la ha perdido». Querían desdramatizar el dolor, el desánimo y la desazón de la posguerra y azuzar a los poderosos.

Gloria Fuertes: poeta del humor, del amor y la ternura

Aunque se la incluye dentro de la segunda generación de los «post-istas», Gloria Fuertes es única, inimitable e irrepetible. No se la puede encajar en ningún estilo más que en el suyo propio.

Cuenta el poeta y buen amigo de Gloria José Hierro que, cuando él y otros poetas «post-istas» o postmodernos escucharon por primera vez los versos de Gloria, la aceptaron enseguida en su grupo.

Era un pájaro loco. Dejó a todos deslumbrados, porque su poesía no se parecía a nadie ni a nada de lo que se hacía. No sabíamos si tomarla en serio o en broma. Gerardo Diego decía de Gloria que hacía la poesía de la «tonta», pero hace falta mucha inteligencia para hacer la poesía de la «tonta». (…) Gloria aparece siendo un ser como angélico que llega de lo más triste de la vida, que está deslumbrada, una mujer que parece que no se toma a sí misma en serio y, sin embargo, no hay poesía más seria (…). Gloria es inimitable. Es una poesía que me recuerda a Chaplin, que se cae no porque sea torpe ni tonto sino para hacer reír, y una vez que está en el suelo, todos nos compadecemos de ese ser que acaba de caer. (…) Hay siempre tal emoción, tal calidad de ternura, que creo que es lo que hace de ella un ejemplar único, un pájaro loco al margen de las tradiciones de la poesía.

Entre sus mejores amigos estaban Gila y Forges; los tres usaban el mismo lenguaje, el lenguaje del humor y la risa. «El buen humor es tener buena uva», decía Gloria. «El humor nos salva porque un poeta triste es un triste poeta».

Gloria no tenía estudios universitarios, pero sabía mucho de literatura. A los jóvenes poetas que se iniciaban en la poesía, les recomendaba estudiar mucho; el poeta debe ser una persona muy culta pero que no se le note y no hay que parecerse a nadie. Hay que ser uno mismo y, sobre todo, ser sincero.

«El poeta aprende cuando escribe todo lo que no le han enseñado».

Gloria fue siempre como una niña, una niña asombrada que se cuestiona las cosas desde la inteligencia inocente del niño que con su lógica deja en evidencia las contradicciones de los adultos.

Su poesía es aparentemente sencilla, espontánea, ingeniosa, astuta, repleta de juegos de palabras, impregnada de ternura y sentido del humor, pero detrás del humor y la ternura, en realidad habla de lo más triste de la vida, del rincón más lleno de melancolía del ser humano.

El ser humano es el eje de su poesía. Ella escribe para la gente y de la gente. Su poesía es social. «Yo soy muy poco paisajista», decía ella; «en mi literatura, en mis poemas siempre hay un hombre, o un niño, o un sentimiento. Mira que me gusta mucho el mar, pero no he hecho nunca un poema al mar».

«Yo no escribo versos para mí misma, para tenerlos guardados en un diario».

Telegramas de urgencia, escribo

Yo más que escribir, cuento cosas…

Destino: la humanidad.

Ingredientes: mucha pena, mucha rabia, algo de sal…

Forma: ya nace con ella.

Fondo: que consiga emocionar.

Música: la que el verso toca —según lo que va a bailar—.

Técnica: (¡qué aburrimiento!).

Color: calor natural.

Hay que echarle corazón, la verdad de la verdad,

la magia de la mentira —no es necesario inventar—.

Y así contar lo que pasa —¡nunca sílabas contar!—.

Y nace solo el poema;

luego, la habilidad de poner aquello en claro

si nace sin claridad.

Sus poemas parecen a primera vista que los hubiera podido escribir cualquiera. Incluso podemos llegar a decir: «¡Yo de estos hago unos cuantos en diez minutos!». Sin embargo, Gloria engaña con la aparente sencillez de su poesía, escondiendo detrás una estrategia literaria muy difícil de hacer, como comenta su amigo y también poeta y erudito Luis Antonio de Villena en un homenaje a los cien años del nacimiento de Gloria.

Cuando le preguntaban cómo escribía, decía:

¡Uf!, los versos salen de pronto, pero seguramente han sido elaborados por mí interiormente con lo que vivo, pienso, veo, siento… Como si fuera un embarazo, el poema se va elaborando dentro de mí y nace como el hipo, como un estornudo, como una tos, ¡sin poderlo remediar!.

Como explica en una entrevista que le hizo RTVE en 1997,

Poesía no es escribir versos. Es decir algo interesante en pocas palabras y muy bien dicho. (…) La poesía tiene que pellizcar, tiene que llegar al corazón, doler, o acariciar, abrazar. Poesía no es escribir versos, hay quien escribe versos pero no es poeta. El poeta, aunque no los escriba, lo es. Y el que no lo entiende, que lo adivine, ¡adivina adivinanza! (…) La poesía une. Así como la política desune lo que debería unir, la poesía une. ¡Si los ministros fueran poetas, a lo mejor se arreglaba el asunto! (…) Un niño con un libro en la mano no tiene nunca una pistola en la mano.

Ella se sentía poeta de guardia. Sola en espera de alguien a quien socorrer. «Yo estoy con los que nadie está, con los que tienen vómitos de lágrimas y nadie los va a visitar. Yo estoy con los que nadie está».

Era como un Chaplin a la madrileña. Uno de sus mejores amigos era Gila. Tenían una gran afinidad porque hablaban el mismo lenguaje.

Gloria Fuertes vivía sola. Estaba sola. Habló mucho de la soledad en sus poemas, pero, en parte, su soledad era escogida por ella. En la soledad ella encontraba «calorcito», encontraba la inspiración. En la soledad escribía y se sentía ella misma. «Yo estoy sola de una manera relativa, porque tengo amigos. Yo no tengo dinero en los bancos, pero soy millonaria: ¡en los bancos tengo muchos amigos sentados!».

Su estancia en EE. UU. y su reconocimiento como poeta a nivel internacional

En 1953 decidió estudiar biblioteconomía e inglés en el Instituto Internacional de Madrid, y allí conoció a Phyllis, la directora, que desde entonces se convirtió en su pareja y compañera de vida. Phyllis era americana y logró que le dieran a Gloria la beca Fulbright para impartir literatura española en la Universidad de Bucknell, en el Mary Baldwin College.

Así, sin tener estudios más que el bachillerato y unos cuantos libros escritos bajo el brazo, se marchó a Estados Unidos para pisar una Universidad por primera vez, no como alumna, sino como profesora de Literatura Española. Fue tal su éxito que los alumnos la nombraron profesora del año y la Universidad le renovó excepcionalmente la beca un año más, tras el cual los alumnos decidieron de nuevo que la mejor profesora del año volvía a ser Gloria Fuertes. De hecho, en Estados Unidos, la obra de Gloria Fuertes ha sido más valorada y apreciada que en su propio país natal.

Terminada su experiencia en América, volvió a Madrid con tal entusiasmo que puso en marcha junto a Phyllis uno de sus sueños, crear una biblioteca ambulante.

Sucesivamente, en las librerías fueron apareciendo títulos como Ni tiro, ni veneno ni navaja (1966), Cómo atar los bigotes al tigre (1969) y Poeta de guardia (1968).

Fueron años de felicidad y muchos éxitos a nivel personal y profesional, hasta que de nuevo la muerte tocó a su puerta.

La muerte de Phyllis

Cuando Phyllis, víctima de un cáncer, murió en 1971, Gloria sufrió una fuerte depresión. Como experiencia de ese dolor, escribió su libro Sola en la casa (1973), del que la poeta decía:

Es un libro para meditar. De mis catorce libros es el que es para leer, por más que yo lo ande diciendo por ahí. Es un libro de meditación; los poemas son muy breves, son casi desnudos, son como el zumo, la esencia (…); yo creo que el que lo lea le vale para meditar, para mejorarse, para tener fe, porque aunque está escrito en una situación negra, yo la he hecho blanca. He usado el dolor para, a través de él, conseguir alegría.

Fue el amor a la poesía lo que la ayudó a sobrevivir y también una profunda religiosidad. Gloria tenía su Dios particular y hablaba mucho con él, discutía y se peleaba con Dios. Escribió varios Padrenuestros; para Gloria, Dios está en la tierra, en todas partes, en las cosas, en cada uno. También en los cielos, pero sobre todo en la tierra, presente, cercano… Como dice en este poema titulado Vaya encuentro:

Salgo corriendo atolondrada, loca… ¡uy! y tropiezo con Dios.

«¿Dónde vas Leocadia?». Así suele llamarme…

Después me convence en silencio. Me convierte en paloma.

Me nombra caballera andante. Me arma de paz y ciencia

y me quita la gana de matarme.

Gloria Fuertes, la poeta de los niños

Pasada esta etapa de mucho dolor en su vida, en los años 80 le ofrecen la posibilidad de escribir poesía para niños y hacer programas infantiles por televisión.

Eso fue para ella una ayuda económica vital, porque, como ella decía: «Cuando nací no tenía ni una peseta, ahora que llevo cincuenta años escribiendo, ¡tengo dos!».

Los niños nacidos a finales de los 60 y en los 70 en España recordamos con gran cariño aquella canción: Un globo, dos globos, tres globos, la luna es un globo que se me escapó (…).

Desde entonces, Gloria se dedicó a escribir poesía infantil y a grabar programas de televisión donde ella aparecía contando sus propios poemas y cuentos a los niños. El mundo infantil era muy cercano para ella; los niños no solo le apasionaban, sino que conectaba con ellos con una gran facilidad y naturalidad porque en el fondo, aunque tenía ya bien cumplidos los sesenta, seguía siendo una niña juguetona, traviesa, llena de imaginación. Escribir para niños era para ella muy enriquecedor. Se divertía escribiendo adivinanzas y poemas en los que jugaba con las palabras y los sonidos onomatopéyicos, utilizando refranes populares para crear versos que fueran pedagógicos y que a la vez despertaran las risas en los niños. Creaba nuevos personajes, como las tres reinas magas, o el Gato Garabato, o doña Pito Piturra y tantos otros que han quedado en el recuerdo de muchos de nosotros.

En 1975 le otorgan el Diploma de Honor del Premio Internacional Hans Christian Andersen por su libro Cangura para todo (1968).

Los programas de televisión le proporcionaron además considerables ingresos económicos; sin embargo, Gloria siguió llevando la vida sencilla y austera de siempre. No gastó casi nada de lo que ganó. Todo el dinero que consiguió con los programas de niños se lo devolvió a los niños, lo legó a un hospital infantil, al Circo de los Muchachos y una pequeña parte a la Fundación Gloria Fuertes, que se dedica a promocionar la poesía y la obra de la propia autora.

Gloria Fuertes vuelve a ser poeta de guardia

Sin embargo, así como la poesía para niños le dio fama mediática y la encumbró internacionalmente como escritora de literatura infantil, por otro lado opacó su prestigio como poeta de adultos, pues Gloria Fuertes se convirtió en la poeta de los niños, y la gente se fue olvidando de su faceta como poeta reconocida entre los mejores poetas de los 50 y 60.

A ella no le importaba ser ignorada como persona, pero sí le importaba que su poesía llegara a la gente. Le importaba ser útil a la gente a través de la poesía, que era lo que ella sabía hacer. Creía profundamente en su poder transformador como herramienta de cambio social, de reivindicación de los derechos humanos. No había tiempo que perder, como dice en su poema Poetas, no perdamos el tiempo:

(…) Debemos inquietarnos por curar las simientes,

por vendar corazones y escribir el poema que a todos nos contagie.

Y crear esa frase que abrace todo el mundo;

los poetas debiéramos arrancar las espadas,

inventar más colores y escribir padrenuestros.

Ir dejando las risas en la boca del túnel.

Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,

gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo

debajo de las latas con lo puesto y aullando,

y madres que a sus hijos no peinan a diario,

y padres que madrugan y no van al teatro.

Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,

que al corazón le llega poca sangre.

En los últimos años de su vida, siguió escribiendo poesía infantil, porque los niños siempre le importaron y le apasionaron, pero dejó de salir en los medios y se dedicó a escribir poesía para adultos y a recuperar su papel como poeta de guardia.

«Y ahora a envejecer bien, como el jerez, ser también útil de viejo. Ser oloroso. Ser fino. No ser vinagre. Ser vino».

Así la encontró la muerte, estando «de guardia» un 27 de noviembre de 1998, haciendo hasta el último momento lo que más amaba, que era encender sonrisas y poner paz en los corazones.

Isla ignorada

(…) A esta isla que soy, si alguien llega,

que se encuentre con algo es mi deseo;

—manantiales de versos encendidos

y cascadas de paz es lo que tengo—.

Un nombre que me sube por el alma

y no quiere que llore mis secretos;

y soy tierra feliz —que tengo el arte

de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.

Para mí es un placer ser ignorada,

isla ignorada del océano eterno.

En el centro del mundo sin un libro

sé todo, porque vino un mensajero

y me dejó una cruz para la vida.

—para la muerte me dejó un misterio—.

Fuentes consultadas

https://elasombrario.com/gloria-fuertes-mano-matar/

https://elasombrario.com/la-autobiografia-gloria-fuertes-15-versos/

https://www.youtube.com/watch?v=zUwaPoymZJE&list=PL2LdyJBX8QnekW1mpZXGZow4V9IxXCKaX

Fuertes, G. (2017). Geografía humana y otros poemas. Editorial Nórdica.

Fuertes, G. (2019). Antología. Ediciones Cátedra.

Fuertes, G. (1975). Obras incompletas. Editorial Titivillus (versión electrónica).

Fundación Gloria Fuertes (http://www.gloriafuertes.org/).

https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/fuertes_gloria.htm

http://www.lalibreriadejavier.com/?p=37395

https://www.poemas-del-alma.com/gloria-fuertes-isla-ignorada.htm

https://acompasando.org/obras-incompletas-de-gloria-fuertes-por-rosa-ruiz

https://www.lasexta.com/tribus-ocultas/libros/poesia-gloria-fuertes-esta-mas-viva-que-nunca_20170116587cb0450cf2c12ebc830bba.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Gloria_Fuertes

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