Historia — 13 de abril de 2026 at 00:00

Los misterios del agua y su reflejo en Córdoba

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Misterios del agua

Los misterios del agua 

El agua, ese eterno misterio femenino del cual formamos parte. ¡Cuántas veces añoramos mirar el mar o nos quedamos mirando nuestra imagen en un arroyo, porque es nuestro propio espejo interior!

Contemplando el agua o escuchando su sonido en la naturaleza, percibimos un conocimiento intuitivo, gracias al cual se abren las puertas a otras realidades, quizás esperando que uno a uno, caigan los velos del misterio, para poder entender el lenguaje de los dioses, la sabiduría de la vida.

Agua-vida-sabiduría

Las aguas primordiales, veneradas en todos los pueblos bajo la representación de la Virgen-Madre o Virgen Celeste, reciben distintos nombres en las diversas culturas; en la tradición caldea es la diosa Isthar; para los fenicios, Dido; para griegos y romanos, Artemisa y Diana; los cristianos la llamaron María.

En todas las religiones están representadas estas aguas de la sabiduría, cuyo fin es la purificación o la transformación del hombre interior. Pilas bautismales, fuentes, estanques, lagos, etc., nos demuestran el papel esencial que realizaban en los ritos de purificación e iniciación.

«Te advierto que quien quiera que fueses, ¡oh tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza!, que si no hallas dentro de ti aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera». Esta es la advertencia que un alquimista hace a un aspirante a los conocimientos. Luego, añade: «En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. ¡Oh hombre, conócete a ti mismo!».

Esta máxima requiere bucear hasta lo más recóndito de nuestro propio ser, como profundos son los abismos del mar y del propio misterio.

El poder de las aguas no es únicamente visible en las olas que ganan espacio a la tierra en su sed de vida; es visible en la fuerza del agua tranquila, con su constancia, en sus saltos entre las rocas que cada vez, con cada golpe, se va convirtiendo en agua más pura y cristalina, a similitud de nuestra propia vida.

El agua, como elemento simbólico, fue utilizada en muchas enseñanzas de grandes maestros de religiones.

Los ritos del bautismo tienen un doble sentido de muerte y resurrección, depuración y sanación. Por ejemplo, son utilizados en la teúrgia caldeo-acadia y también eran practicados en las ceremonias nocturnas de las pirámides, en donde vemos la pila bautismal en forma de sarcófago. Nuevamente, en los misterios eleusinos. También el agua era utilizada por los egipcios en ceremonias donde «el sacerdote egipcio rociaba con agua bendita las imágenes de los dioses, a la par que a los fieles». De ellos pasó a la Roma pagana y, más tarde, al cristianismo.

La ciencia, en el siglo XX, ha vuelto a ratificar las enseñanzas. Se afirma que la sangre tiene características similares a las del agua del mar. Nuestro organismo tiene un 70 % de agua, como nuestro planeta. Los últimos descubrimientos científicos nos hablan de que el agua tiene una especie de «memoria» donde almacena la información que le reportan los campos magnéticos generados por las sustancias —plantas, flores, etc.— con las que entra en contacto. Y nos dicen que la voz, los pensamientos y las emociones humanas pueden alterar su estructura molecular. Toda la información que alberga la estructura del agua se hace visible cuando se fotografía una gota en estado de congelación. Las moléculas de agua expuestas a música clásica y a palabras de gratitud, amor, etc., adoptan formas delicadas y simétricas, mientras que sometidas a música heavy, palabras groseras, etc., crean estructuras caóticas y fragmentadas.

Quizás estos conocimientos, y muchos más, los tuvieran otras civilizaciones anteriores a la nuestra, ya que le dieron gran importancia al agua, no solo en sus religiones y construcciones, sino en su forma de vida, en sus propias ciudades, llenándolas de jardines, estanques y fuentes alrededor de los cuales se oye el murmullo de la vida.

«Lo que una generación considera como la cumbre del saber, es a menudo considerado como absurdo por la generación siguiente, y lo que en un siglo pasa por superstición, puede formar la base de la ciencia en el siglo venidero» (Teofrasto Paracelso).

Mitos y tradiciones antiguas

«Guardaos de atravesar las aguas de los ríos de eterno curso antes de haberles dirigido una plegaria, con los ojos fijos en sus espléndidas corrientes, antes de haber mojado vuestras manos en su onda agradable y límpida» (Hesíodo).

El culto a las fuentes, cuevas, árboles y montes, como espacios sagrados en los cuales se le rendía culto a la Divinidad, es muy antiguo. Las cuevas eran para los antiguos como el útero materno, es decir, el mundo interior de la Diosa Madre, de la que procedía la vida y a la que tendrían que ser devueltos los muertos para esperar su reencarnación. Los montes también han sido lugares propicios para ponerse en contacto con lo divino. Han sido famosos los montes sagrados desde siempre. Para los romanos la «fons» es la personificación de la divinidad de las fuentes y de las «aguas vivas» en donde habitan las ninfas.

Desde muy antiguo, en Roma, tuvo mucha importancia el culto a las fuentes. El día 13 de octubre se celebran las fiestas relacionadas con ellas. Uno de sus ritos consistía en arrojar flores a las fuentes y coronas con guirnaldas en los brocales de los pozos. El cristianismo lo que hizo fue consagrarlas a los santos de mayor devoción en la comarca.

Un mito típicamente femenino es el de Deméter (hija de Cronos y Rea), que tiene una hija llamada Perséfone, la cual es raptada por Hades, el dios de los submundos. Deméter se niega a bendecir la tierra mientras no esté al lado de su hija y entonces se transforma en una anciana, baja al mundo y llega a Eleusis, donde reinaba Céleo. En el camino se sienta a descansar en el «pozo de las doncellas», fuente de aguas cristalinas a la sombra de un espeso olivo que la cubre con sus ramas…

Otra diosa de complejo simbolismo es la diosa Tanit (Astarté o Isthar). La podemos ver representada como a Cibeles, entronizada o rodeada de leones. Pero de forma individual es «virgen y madre», la gran «donadora de lluvia y rocío». No olvidemos que, en épocas antiguas, en las sequías eran las mujeres las que, después de haber ayunado, llevaban en procesiones las estatuas de los dioses, marchando con los pies desnudos y sueltos los cabellos, y con este ritual empezaba a llover.

Es interesante el papel que en la historia de Roma tuvo la ninfa Egeria, a quien los romanos tributaban culto religioso. Numa Pompilio dictaba leyes para su pueblo inspirado en ella y se afirmaba que la unión entre ambos duró tanto como la vida del rey. Al morir Numa, se quedó tan desolada que no cesaba de llorar. Su tristeza era tanta que sus gemidos interrumpieron en más de una vez los sacrificios de Diana. Y esta diosa, movida a compasión por su infortunio, la metamorfoseó en una fuente que recibió el nombre de Egeria, cuyas aguas no cesan nunca de gemir.

Las «aguas vivas» eran consideradas como aguas lustrales, se utilizaban en ritos y ceremonias. Los romanos las tenían en las pilas justo antes de la entrada de los templos.

La tierra de Córdoba

Hay ciudades que nacen para ser vistas, como Venecia; hay ciudades que nacen para engendrar otras ciudades, como Roma; hay ciudades que nacen para aportarse y ser al mismo tiempo aportadas en un enriquecimiento de la Humanidad, como es el caso de Córdoba.

Los hombres que en esta tierra lucharon, padecieron y gozaron fuimos nosotros mismos y seremos nosotros los que, dentro de cientos de años, gocemos, padezcamos y luchemos en una misma tierra. ¿Qué importan los nombres? La tierra nos sostiene y reclama el puñado de tierra que somos. Esforcémonos para que se nos recuerde con la gratitud con que nosotros recordamos a los anteriores habitantes de estas tierras, de este río, de estas fuentes, de su olor a azahar, que impregna nuestra alma y es añorada por los que de estas tierras tienen que marchar.

En toda nuestra región existe un culto muy marcado al agua, debido a influencias de otras civilizaciones que han confluido en nuestra tierra, como son la árabe y la romana. Hoy en día estos cultos tienen nombres diferentes, como diferente es la religión que actualmente se practica, pero su raíz y su sentir es un legado de otros tiempos.

A través de registros históricos y de numerosos hallazgos arqueológicos, sabemos de la importancia de ciertas energías, ligadas a determinados puntos de la Tierra que han sido decisivos para la ubicación de santuarios, templos, rutas de peregrinación, etc., y que han hecho que en un mismo punto telúrico se superpongan diferentes cultos.

Entre otras tradiciones ha quedado la de los bailes alrededor de pozos y fuentes en el solsticio de verano, coincidiendo con la noche de San Juan, recuerdo de ritos paganos, buena parte de los cuales asumió el cristianismo, como saltar por encima de las llamas de la hoguera y bañarse en el agua esa madrugada. Eran símbolos de purificación, renovación y fecundidad. De la misma manera que bailar alrededor de una fuente o pozo es una llamada a la Madre Tierra para que sean propicias las cosechas, es vínculo de unión entre la tierra y el agua.

Tradiciones sobre la Virgen de la Fuensanta

En los inicios de la segunda década del siglo XV, la ciudad de Córdoba se diferenciaba mucho de la actual. En la de entonces, la actividad artesanal se ubicaba esencialmente en la Axerquía, en donde los trabajos sobre el cuero, metal y tejidos suponían la principal actividad, necesitándose para ello gran cantidad de mano de obra, dado que la incorporación de la maquinaria se produjo mucho después. Los tejedores, tintoreros, cardadores, torcedores e hiladores eran oficios ordinarios realizados por gran número de los habitantes de estos barrios, a los cuales les era casi imposible vivir y mantener una familia con el mísero salario percibido.

En estas circunstancias se encontraba un cardador vecino del barrio de San Lorenzo, Gonzalo García. Con un pequeño sueldo, tenía que cuidar de una esposa tullida y una hija tenida por loca. Las perspectivas de presente y futuro de este abnegado trabajador no eran nada halagüeñas; su única esperanza era la divina Providencia.

Cuenta la tradición que, un día del año 1420, el infeliz cardador, totalmente abatido por su desgracia, salió de su casa dirigiéndose al campo por la Puerta del Sol y el callejón de las Moras, a fin de desahogar sus penas. Mientras estaba hundido en sus propios pensamientos se encontró con dos hermosas doncellas precedidas de un muchacho. Una se dirigió al humilde cardador diciéndole que, para aliviar sus desgracias, cogiese un jarro de agua de una fuente que manaba junto a un cabrahígo (higuera silvestre), que se encontraba allí cerca y que se la diese a beber a su mujer y a su hija. Se sintió perturbado por lo escuchado, pero el muchacho acompañante le confirmó estas palabras, dándole a entender que eran los mártires cordobeses Acisclo y Victoria, junto con la madre de Dios, que era quien le había dirigido la palabra. Con gran emoción se dirigió a la puerta de Baeza, compró un jarro a un alfarero, lo llenó de la fuente y, tomando el camino de su casa, lo dio a beber a las dos mujeres, obrándose el milagro de la curación de forma inmediata. Divulgado el prodigio por toda la ciudad, fueron incontables las personas que acudieron a aquella fuente para tomar el prodigioso líquido, creciendo su fama día a día.

Posteriormente, allá por el año 1422, uno de los ermitaños que hacía vida solitaria en el desierto de la Albaida, llevando tiempo enfermo de hidropesía y habiendo llegado a sus oídos la fama del agua de dicha fuente, se encaminó hacia ella y, tomando el precioso líquido, quedó curado al instante. Al volver a su ermita, suplicó al Señor que le revelara por qué circunstancias ocurrían dichas curaciones en aquel manantial, cuando en otros cercanos no ocurría lo mismo. Encontrándose el 8 de septiembre en oraciones de maitines, oyó una voz comunicándole que en el tronco viejo de aquel cabrahígo, se encontraba escondida la imagen de la Virgen María. Comunicó esto al prelado don Sancho de Rojas, y enviando personas de confianza encontraron allí la imagen de la conocida y venerada hoy por todos los cordobeses Virgen de la Fuensanta, copatrona de Córdoba, cuya festividad se celebra el 8 de septiembre, fiesta local, con una «velá» que tiene lugar en las cercanías del santuario donde se encuentra la imagen desde la Edad Media.

Tradiciones sobre la Virgen de Aguas Santas

En el relato que sigue a continuación, avalado por bastantes documentos que se encuentran en los archivos de la parroquia y municipio de Villaverde del Río (Sevilla), y en diversos archivos y bibliotecas de Sevilla (catedral, arzobispado, biblioteca capitular, Biblioteca Colombina, Biblioteca de la Universidad, Archivo Histórico Provincial, Ayuntamiento y hemeroteca municipal) se asocia el arquetipo femenino con la sabiduría, representada en el libro que sostiene su hijo. El de la dadora de vida está representado por el propio hijo y por un racimo de frutos o flores, que originalmente llevaba en su mano derecha y que fue sustituido posteriormente por un cetro.

Su relación con la vida queda patente también en el poder curador que manifestaba la imagen, por lo que fue llevada innumerables veces en procesión a distintos lugares (fenómeno que está también suficientemente documentado). Además, según la leyenda de su aparición, cuando el pastor Juan Bueno, tratando de averiguar de qué material estaba hecha, le clavó tres veces un cuchillo en la espalda, cayeron tres gotas de sangre. La sangre es también uno de los símbolos de la vida, así como el tres lo es de lo superior, de lo divino.

Leyenda de la aparición de la Virgen de Aguas Santas

La imagen de la Virgen de Aguas Santas, según la leyenda recogida en 1611 por el poeta Alonso Díaz, era propiedad de san Leandro, quien se la regaló a su hermano san Isidoro. Desde entonces fue venerada en la iglesia mayor de Sevilla, hasta que, con motivo de la invasión musulmana, la ocultaron unos devotos en las faldas de Sierra Morena ante el temor de que fuese profanada y destruida. Así permaneció desde el siglo VIII hasta que, reconquistado el reino de Sevilla por los cristianos, se manifestó milagrosamente en el lugar de su ocultación, término de Villaverde del Río, apareciéndosele a un pastor del lugar, llamado Juan Bueno.

Una segunda versión de la leyenda la recoge en 1680 fray Juan Álvarez de Sepúlveda, historiador de la imagen: un devoto sevillano muy mayor contó a los frailes haber oído desde niño que la imagen se le apareció al pastor en tiempos del arzobispo san Isidoro, mandando este construir la ermita, siendo después la Virgen tabicada en el mismo lugar a la llegada de los mahometanos, para aparecerse de nuevo en época cristiana; esta vez por revelación a un clérigo que la restituyó al culto y la sirvió durante toda su vida en la ermita.

El relato nos lo cuentan ambos autores de forma parecida: pastoreaba Juan Bueno un hato de cabras en estas estribaciones de Sierra Morena con ocasión de una gran sequía en que desaparecieron fuentes y arroyos. Estando durmiendo la siesta, sueña con manantiales y ríos caudalosos cuando le despierta el ruido del agua. No acaba de creérselo. Una caudalosa fuente ha brotado bajo una peña y su sediento ganado bebe en ella. Se acerca él también a satisfacer la sed y, al cabo del tiempo, descubre una pequeña imagen que ha aparecido con la fuente. Creyéndola una muñeca, la guarda en su zurrón.

Cuando llega al pueblo al atardecer, entra en la taberna y allí la empeña a cambio de un vaso de vino. La tabernera la guarda bajo llave en el arca para que no la cojan sus hijas, y al venir Juan Bueno a la mañana siguiente con dos maravedíes a desempeñarla, la muñeca ha desaparecido del interior del arca. Piensa el pastor que la tabernera quiere quedarse con ella y se va muy enfadado con su rebaño. Al llegar al lugar de la aparición se alegró al ver la fuente, pero más aun cuando descubrió que sobre la peña estaba su muñeca. Se preguntaba cómo habría llegado hasta allí y, tomándola en sus manos, para comprobar de qué materia estaba hecha, la golpeó por tres veces con su cuchillo en la espalda, brotando al instante tres gotas de sangre. Se le abrieron entonces los ojos y, comprendiendo que no era muñeca, sino imagen de la Virgen María, corrió al pueblo y, contando el milagro, acudió toda la gente al sitio de la aparición, admirándose de la fuente y de la imagen. El cura y las autoridades dispusieron llevarla en procesión a la iglesia parroquial.

Pero al igual que la imagen había desaparecido del arca de la taberna, también se vuelve aquella noche de la parroquia al lugar de la aparición. La toman entonces y la llevan a Sevilla, narrando el pastor al arzobispo lo sucedido. El prelado envía notarios al lugar de Villaverde y manda guardar la imagen y el cuchillo de Juan Bueno en un arca de plata, dentro del sagrario. Vueltos los notarios y confirmando ser todo cierto, determinó el arzobispo dedicarle a la imagen una capilla en la iglesia mayor; pero al ir a buscarla al sagrario para trasladarla en procesión, no encuentra en él más que el cuchillo. Manda entonces prender a Juan Bueno y este asegura no haberla cogido, pero sí saber dónde se encuentra, ya que antes había ocurrido lo mismo otras dos veces. Envía de nuevo el prelado a los notarios al lugar de la aparición, ordenándoles que si hallan la imagen allí no la traigan, pues sería voluntad de la Virgen permanecer en aquel lugar. Comprobado ser cierto el testimonio del pastor, el arzobispo ordena edificar en el sitio de la aparición una ermita donde sea venerada esta imagen de la Virgen, que desde entonces es llamada de Aguas Santas.

El hecho de que la imagen volviera tres veces a su sitio de aparición vuelve sobre el simbolismo del número tres y refuerza el hecho de que existen lugares especiales en la Tierra cuya energía nos hace entrar en un estado de conciencia elevado y donde podemos percibir la ayuda de los dioses, independientemente del nombre que tengan.

Sobre la fuente se construyó un conducto abovedado con salida al exterior para el agua, y sobre la bóveda el cuerpo de iglesia, quedando el altar de la Virgen justo encima del nacimiento del manantial. Originalmente la ermita estuvo orientada de este a oeste y sus medidas eran de 16 varas de largo por 4 varas de ancho (14,4 m por 3,2 m).

El relato de los milagros atribuidos a la imagen sería excesivamente largo. Todos ellos refuerzan la idea de protección a la vida, contra inundaciones, sequías, enfermedades, muerte en batalla, etc. Y, en todos ellos, la imagen o el manantial asociado a ella, sirve de puente para que se pueda recibir la ayuda necesaria del mundo divino.

En otros lugares de nuestra región se encuentran santuarios unidos a fuentes, a nacimientos de ríos (Cabra); incluso imágenes asociadas a fuentes y a pastores como en la leyenda anterior (Priego de Córdoba), lo que indica que son formas externas de realidades internas que se van plasmando en los diferentes lugares y tiempos cronológicos.

Epílogo

El agua es energía y es vida; es purificación y es renovación. Es fecundidad y es sanación. La vida no solo pertenece al plano físico. La vida en el plano mental se llama amor-sabiduría.

Estos aspectos están unidos al arquetipo femenino.

Así, hay mitos y tradiciones donde estos cuatro aspectos (amor, sabiduría, energía y vida) encarnan en símbolos femeninos. Los símbolos son las vestiduras del arquetipo, en el interior está la mujer superior brillando con luz propia. Ella es, en uno de sus aspectos, la guardiana y transmisora de la tradición.

La labor de la investigación permite estudiar el origen de estas tradiciones e ir quitando los velos del fanatismo de los diferentes cultos y religiones, para vislumbrar lo que unió y movió a todos a utilizar esos mismos enclaves físicos, esos elementos simbólicos y esos motores psicológicos que unieron al hombre con la Divinidad.

«Quienes quieran lo mejor para su patria conózcanla antes a fondo, porque es el conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila el conocimiento». 

Bibliografía

La devoción popular cordobesa con sus ermitas y santuarios. Rafael Vázquez Lesmes.

La Virgen de Aguas Santas: historia, tradición y devoción. Manuel Morales Morales y Felipe García Torres.

Las edades del agua. Ed. Espasa. Joaquín Araujo.

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