Sociedad — 1 de octubre de 2023 at 00:00

Hoy vi un ojo infinito

por

Hoy vi Delia Steinberg Guzman

«Buscaré ojos jóvenes, inquietos y tiernos, ojos de soledad inevitable, ojos con ansiedad de cielo y de preguntas eternas que solo se satisfacen en el fondo del alma humana, aquella que hoy duerme en espera de tiempos mejores» (Hoy vi… un niño II).

«Allí es donde se produce la comunión: brilla la estrella del destino, brillan los ojos que la ven, y surge un mágico compromiso. Mientras dure la estrella durará el juramento; mientras haya luz, habrá fuerza; mientras ella palpite en el cielo, habrá vida en el corazón; mientras ella recorra los senderos siderales, nosotros trazaremos surcos en la tierra» (Hoy vi… una estrella).

«¿Quieres tú también ver la esperanza? Asómate a mi gran ojo, al ojo que corona estas páginas, y también la verás detrás del momento actual que hoy nubla nuestro entendimiento. La verás envuelta en velos de ilusión, tenue como los sueños, pero tan real como el entusiasmo que, estoy segura, vive en tu corazón» (Hoy vi… la esperanza).

«… pero tú, lector, puedes coger el pájaro de fuego que es el ojo que encabeza estas páginas, y vuela con él, mira el mundo desde arriba» (Hoy vi… el mundo desde arriba).

 

Hoy vi…

Hoy vi… es el nombre de toda una serie de artículos escritos por la profesora Delia Steinberg Guzmán (1943-2023) en la revista Nueva Acrópolis desde 1975 y durante siete años. Varios años después fueron editados en forma de libro con ese mismo título. En los artículos de la revista aparecían siempre a continuación de un dibujo de un ojo de Horus, que es al que se refiere como símbolo cuando decía antes «asómate a mi gran ojo», o «puedes coger el pájaro de fuego que es el ojo que encabeza estas páginas».

La escritora de esta obra siempre insistió en la diferencia entre ver, un acto fisiológico, y mirar, la acción de la conciencia. Mirar es siempre desde el infinito que vive en el interior hacia el infinito que vive en aquello que queremos entender, y su forma, belleza y significado es solo una ventana o una puerta que nos permite adentrarnos en su alma desconocida.

En ese sentido, el ojo humano (o en definitiva, cualquiera de los sentidos, o su acción conjunta), gobernado por la conciencia que penetra en lo sutil, es la forma en que la naturaleza se ve a sí misma, pues el ser humano, y sus sentidos, y su mente, y el sujeto que hay detrás, son siempre, y también, naturaleza. El ser humano es el círculo-conciencia en acción, como una cruz llameante giratoria con la que la naturaleza se conoce a sí misma y expresa su misterio más elevado; al menos, aquí, en este planeta Tierra.

Después de mirar con ese ojo, que es la gran conciencia —de una luz irradiante de belleza y amor— de la profesora Guzmán, ella va desgranando en las líneas de una prosa que más parecen versos sus vivencias filosóficas en esa mirada sobre diversos elementos. Miradas en la intimidad de su morada, o en un museo (toda la serie de las musas, que deben de ser del Museo del Prado), en la calle, en su memoria, o en un hecho estético (en su pasión por la música y la danza), o ante la naturaleza (el caer de una hoja, la llegada de la primavera, el temblor de la tierra, etc.).

Hoy vi delia steinberg guzman
Delia Steinberg, Madrid, 1981.

Es de particular interés cómo proyecta la mirada de su alma para entender qué es un ideal como Nueva Acrópolis (organización y movimiento filosófico al que durante la vida del fundador de la misma, y después durante otros treinta y dos años, o sea, prácticamente su vida entera hasta los ochenta años, se entregó totalmente), o cómo será el hombre nuevo, el arquetipo de humanidad que nos espera desde el futuro próximo.

El hombre nuevo, que «practica el conócete a ti mismo, y esta llave le ha permitido abrir las puertas de la naturaleza a través de la ley de analogía». En él, dice que «maravilla su exquisita sensibilidad», «ha unido el ethos y el esthetos de los griegos: cuanto más bueno, más bello; hace culto a la belleza y hace culto a la moral; el brillo de la virtud es brillo en su mirada, es fulgor en sus gestos, es soberanía en su actitud toda. Reconoce el ámbito que abarca su corazón, y ama sin límites, desinteresadamente (…). El egoísmo es planta erradicada de su jardín interior».

Y el ideal llamado Nueva Acrópolis, cuyas dos herramientas «indispensables para lograr un equilibrio, son mística y acción». Y «entenderemos por mística algo que bien definieron los griegos cuando hablaban de entusiasmo: Dios en el hombre. Mística es la capacidad de sentir profundamente la raíz divina que late en el hombre. Mística es la capacidad de responder antes bien a esa raíz que al llamado simplemente animal de la materia. Mística es la capacidad de volar, soñar, crear, idear, amar y sufrir en aras del espíritu».

 

Claridad de pensamiento

Es fácil ver cómo, a lo largo de su vida, en los escritos de esta filósofa y música, el pensamiento se va desnudando hasta quedar las líneas esenciales, el trazo simple y seguro con el que diseñar en imágenes mentales lo que exactamente quería decir. Como sus escritos iban dirigidos por veces a miles de sus discípulos en más de quince lenguas, en la medida que profundizaba en sus ideas más y más, en el transcurrir de los años, el lenguaje se hacía cada vez más simple, para que todos pudieran entenderlo y no se perdiera en la traducción ningún concepto importante. Un proceso de desnudar el alma de la idea semejante al que vemos en los cuadros del Greco, por ejemplo, en la pintura de Turner o en los últimos cuartetos de Beethoven. La exuberancia cede ante la faz desnuda y la mirada ardiente. Sin embargo, los escritos de Hoy vi…, cuyas ideas brotan a borbotones de un corazón joven, no se cuidan en esto. Usa la palabra necesaria, bella, precisa, de un registro idiomático amplísimo, pinta las imágenes mentales con la profusión de color y dinamismo de un Tiziano o un Tintoretto, las palabras y las ideas se suceden en música de arpegios, de alma a alma, pero con todo el entusiasmo y aun el frenesí de una danza y un vuelo que quieren llegar al corazón de lo Real, sin concesiones al lector perezoso. ¡Vayamos juntos hacia el alma de la belleza, pero has de esforzarte! Pitágoras lo dijo: hay un misterioso vínculo entre lo difícil y lo verdadero.

Hoy vi delia steinberg guzman
Clase de cosmogénesis, Madrid, 2016.

Y esta mirada penetrante desnuda también las lacras que enferman a la humanidad y le impiden abrir, como un loto, su verdadera naturaleza. Describe al que se entrega a elevar castillos de naipes que caerán sobre las esperanzas de todos, describe las fantasías del alucinado con sus propias ilusiones falsas, al esclavo de la adicción por carencia de sueños y vida interior, al ambicioso que quema sus años en lo que el tiempo y la verdad devorará, a la mujer que busca una seguridad histriónica en lo que no es propio de ella, «al hombre viejo que camina por su mundo de cadáveres sin descubrir que su época ha terminado, y que para volver a nacer tendrá que abrir nuevamente sus ojos, no ya los del cuerpo, sino los de su dormido ser interior», o el absurdo de una mentira que no cesa, de una vida que a nadie ni a nada sirven, o de unas opiniones tan plomizas que nos asfixian, etc.

Aunque también su alma se exalta en el vuelo de los ideales y las huellas de su paso en la historia, y nos habla de «castillos que lloran la ausencia de sus viejos amos», de espadas que son encarnaciones de la voluntad del caballero que las porta y que no luchan solo contra criaturas de este mundo, sino también contra «fantasmas, genios nocturnos y malignos, sombras e ideas nefastas».

Nos habla de caminos que son tan verticales como las propias almas, y que al conjugarse con los horizontales, forman las espirales en que todo avanza evolutivamente. De un río, tan, tan bello que quiere guardarlo en su corazón para con él navegar y llegar a las costas que sueña. De una estrella, la del destino, la del juramento, que cuando le llegue su hora, «cuando su luz se esconda tras el manto del silencio, nuestros ojos, acostumbrados a seguirla, se cerrarán simultáneamente para buscarla por mundos insondables, y para regresar en pos de nuevos ideales con su inalterable guía».

Hoy vi delia steinberg guzman
Homenaje recibido en Rusia en 2002 con motivo de una lección magistral de filosofía.

Las fotografías que hace su alma en el Hoy vi…, además viven, discursan, se estremecen, se abren como flores al universo, en un bello jardín encantado que nos convida a adentrarnos en él, más y más.

Sí, hoy vi… un ojo infinito y es el alma de esta autora, quien ha sido además mi guía en las sendas de la filosofía por más de cuarenta años. Y no me parece solo hoy un ojo infinito al leer sus páginas del Hoy vi…, libro que, como un diamante, ha convertido en cristal la luz de las estrellas, sus sagradas intuiciones; pues este libro es solo una página del libro de su vida, en el que brilla el ojo infinito de lo que fue enseñanza y ejemplo, un libro de miles y miles de páginas, que el tiempo y la historia irán poco a poco leyendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish