Naturaleza — 1 de julio de 2022 at 00:00

La increíble expedición de Ernest Shackleton hacia el último continente

por

Ernest Shackleton

Una aventura heroica

La historia de Ernest Shackleton y su expedición transántartica fallida es todo menos una historia de fracaso. A pesar de haber vivido una serie de acontecimientos desafortunados, Shackleton y su tripulación de veintisiete hombres, a bordo del Endurance, pasaron a la historia como héroes, pioneros en la supervivencia y documentación de expediciones al continente más inhóspito de nuestro planeta.

La historia de la expedición Endurance (1914) es un relato lleno de imprevistos, aventuras, juegos, bailes, fotografías, cantos y celebraciones. Es una historia de gran liderazgo, inspiración y fortaleza de carácter. Y, sobre todo, de cómo, contra todo pronóstico, los veintiocho hombres de la expedición sobrevivieron más de un año siendo náufragos en el hielo.

El intrépido explorador irlandés Ernest Shackleton (1874-1922) es reconocido, todavía un siglo y medio más tarde, por sus increíbles hazañas de exploración, sus habilidades de liderazgo y su inquebrantable carácter en las situaciones más difíciles. En palabras de uno de los primeros exploradores de la Antártida, el científico Raymond Priestley: «Cuando ocurre un desastre y toda esperanza se ha ido, arrodíllate y reza por Shackleton».

Esta era la reputación que Shackleton se había ganado durante la edad heroica de la exploración de la Antártida. Antes de su legendaria expedición transántartica fallida, Shackleton ya había conocido el continente blanco un par de veces.

 

Primera expedición al Polo Sur

Durante los años 1901 y 1904, Shackleton participó en la Expedición Antártica Británica como tercer oficial. Esta expedición estaba liderada por el comandante de la Royal Navy Robert Scott y el científico Edward Wilson. Para esta expedición, se construyó el barco Discovery, un velero de madera con motores auxiliares, para intentar llegar al Polo Sur. Sin embargo, debido a la falta de experiencia y destrezas de la tripulación, sobre todo para cuidar de los perros y manejar los trineos, se quedaron a más de 800 kilómetros de distancia del Polo Sur, sin lograr su objetivo. Otro factor importante del fracaso de esta expedición fueron los frecuentes enfrentamientos y disputas entre Shackleton y Scott (Lansing 2014). Las historias de relación entre estos dos exploradores varían dependiendo de qué diario se lea, ya que tanto Scott como Shackleton llevaban cuadernos de bitácora personales en los que escribían los sucesos de los viajes, sus pensamientos y sentimientos.

Los relatos que favorecen a Shackleton, como el libro Endurance: el legendario viaje de Shackleton al Polo Sur, de Alfred Lansing (publicado originalmente en 1959), aseguran que, al ser este un personaje más carismático y de un temple mayor que Scott, todos los integrantes de la expedición acudían a Shackleton y le hacían más caso que al propio comandante Scott, lo cual, obviamente, iba a molestarlo (Lansing 2014). En fin, lo cierto es que, al tener ambos personalidades tan similares, al ser grandes líderes, hambrientos por explorar y cargando con la responsabilidad de la vida de sus tripulantes, los roces y enfrentamientos entre ellos eran inevitables.

 

Segunda expedición al Polo Sur

El segundo intento de Shackleton de llegar al Polo Sur, lo hizo entre los años 1907 y 1909, a bordo del buque Nimrod. En esta ocasión, Shackleton fue por primera vez líder de la expedición. El Nimrod no fue la mejor opción para esta travesía, ya que era mucho más pequeño que los demás barcos diseñados para expediciones como esta. Sin embargo, el presupuesto era muy limitado, y a bordo de este buque zarparon Shackleton y su tripulación hacia Nueva Zelanda el 7 de agosto de 1907.

El buque fue remolcado para ahorrar carbón y, luego, logró anclarse en el borde del hielo a unas 16 millas de Hut Point, isla de Ross. Allí, se hicieron los preparativos para la descarga y el campamento, pero esto se retrasó para permitir que el hielo se descompusiera más allá de Hut Point (Ellis 2007). Cuando el hielo permitió que el barco se liberara y por fin comenzaran los preparativos, la temperatura se mantenía por debajo de los -20 grados Celsius. Además, Shackleton había llevado caballos ponis para el transporte y un coche de motor especialmente adaptado para las condiciones antárticas. Los ponis se encontraban en malas condiciones después de tan duro viaje, ya que uno se había herido y tuvo que ser sacrificado durante el viaje, y otro al llegar. Al observar el panorama y las condiciones en las que se encontraban, el Nimrod se dirigió de vuelta hacia Nueva Zelanda (Ellis 2007). En esta segunda ocasión, Shackleton llegó más cerca del Polo Sur que en su primer intento a bordo del Discovery.

Esta expedición no fue del todo un fracaso. A la llegada a la isla de Ross, los miembros de la expedición ascendieron al volcán Erebus, desde donde lograron determinar la posición del polo sur magnético. Gracias a este logro, cuando Shackleton y su tripulación regresaron a Londres, los recibieron con todos los honores, e incluso fue ascendido a comandante de la Real Orden Victoriana por el rey Eduardo VII.

 

Tercera expedición al Polo Sur

Era el año 1914, Shackleton empieza su odisea de conseguir dinero, un barco y una tripulación para, ahora sí, lograr el objetivo de ir al Polo Sur. Ahora, la expedición era más ambiciosa, Shackleton pretendía cruzar a pie, desde el mar de Weddell hasta el de Ross, pasando por el Polo Sur: una travesía de 3300 km. Shackleton comienza publicando un anuncio en el periódico de Londres (Lansing, A. 2014):

«Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito».

Aunque la oferta no sonaba para nada tentadora, miles de personas respondieron al anuncio. Incluso «tres chicas deportistas» que, deseosas de ser las primeras mujeres en ir a la Antártida, escribieron lo siguiente:

«Estimado Sir Ernest: nosotras, «tres chicas deportistas», hemos decidido escribirle y rogarle que nos lleve con usted en su expedición al Polo Sur. Somos tres chicas fuertes y sanas, además de alegres y brillantes, y estamos dispuestas a pasar por cualquier dificultad que ustedes mismos sufran. Si nuestro atuendo femenino es inconveniente, nos encantaría ponernos un atuendo masculino. Hemos leído todos los libros y artículos que se han escrito sobre las peligrosas expediciones de hombres valientes a las regiones polares, y no vemos por qué los hombres deben tener toda la gloria y las mujeres ninguna, especialmente cuando hay mujeres tan valientes y capaces como los hombres».

A pesar de ser tres chicas muy audaces para esa época, desafortunadamente, no fueron consideradas para esta expedición. Por fin, Shackleton encontró a sus veintisiete hombres. Se le atribuyen a Shackleton habilidades interpersonales muy particulares; sobre todo, se dice que tenía gran intuición para juzgar el carácter de las personas. En el libro de A. Lansing (1959) se cuentan algunas anécdotas de las entrevistas que los tripulantes pasaron para ser seleccionados. Entre estas, Shackleton le dijo a un hombre que cantara una canción y, basándose en ello, lo eligió.

Encontrar los recursos para la expedición no fue nada fácil. En Europa se avecinaban tiempos de guerra. Las tensiones entre naciones aumentaban y esto acabaría con Gran Bretaña entrando en la Primera Guerra Mundial.

En agosto de 1914, justo el día en que estalló la Primera Guerra Mundial, el explorador, con una tripulación de veintisiete hombres y sesenta y ocho perros, zarpó a bordo del Endurance. Partiendo desde el puerto inglés de Plymouth hacia Buenos Aires, lograron llegar a la isla Georgia del Sur, donde el Endurance quedó atrapado entre los hielos del mar de Weddell.

Mientras el barco permanecía atrapado en el hielo, los hombres realizaban actividades necesarias para sobrevivir y abastecerse. Pasaban los días cazando focas y pingüinos para aprovisionarse de carne y grasa para combustible. Algunas focas llegaban a pesar más de 150 kilos, por lo que utilizaban los trineos y los perros para trasladarlas de vuelta al barco. Desafortunadamente, varios perros empezaron a morir y los médicos descubrieron que estaban infectados por unos parásitos de 30 centímetros de largo. Para su mala suerte, no llevaron polvos antilombrices (Lansing 2014). En sus ratos libres, los hombres jugaban partidos de fútbol y hockey en el hielo: seguramente, los primeros encuentros deportivos en la historia de este continente. Por las noches, durante la cena, cantaban y escuchaban música. Shackleton le había dicho a uno de sus hombres, Leonard Hussey, que llevara su banyo, expresando que «la música es una medicina mental vital, y la necesitaremos».

La tripulación del Endurance jugando un partido de fútbol. Foto: Frank Hurley.

 

La increíble historia de supervivencia en la Antártida

Sin poder avanzar, atrapados en el hielo, el Endurance empezó a hundirse lentamente en el mar de Weddell. Los hombres hicieron lo imposible por rescatar todo lo que podían del barco. Entre los elementos importantes rescatados del barco estuvieron las fotografías de Frank Hurley, el fotógrafo australiano a bordo, en placas de cristal. De las 500 fotografías tuvieron que seleccionar unas cien y romper el resto para evitar sobrecargarse de peso.

El Endurance hundiéndose en el hielo y algunos de los perros que quedaban. Foto: Frank Hurley.

El 21 de noviembre de 1915, once meses después de haber permanecido atrapado, el barco quedó totalmente hundido, y permanecería allí, a 3000 metros de profundidad, para no ser visto hasta 107 años después. En marzo de 2022, una expedición al mar de Weddell encontró los restos del Endurance usando vehículos submarinos autónomos para transmitir las imágenes.

Shackleton y su tripulación contaban con tres botes salvavidas. La idea de Shackleton era ir a la isla Decepción, donde había una gran estación ballenera y seguramente encontrarían provisiones y un buen equipo de comunicaciones que les permitiría pedir un equipo de rescate (Lansing 2014). Desde el campamento improvisado, la isla Decepción estaba realmente lejos, en dirección oeste, hacia el final de la cadena que formaban las islas Shetland del Sur. Sin embargo, el plan era llegar a este destino saltando de isla en isla en los botes salvavidas, los cuales habían sido bautizados con los nombres de los patrocinadores financieros de la expedición: James Caird, Dudley Docker y Stancomb Wills.

La navegación en los precarios botes salvavidas no era nada fácil. Los barcos encallaban en los bloques de hielo o se arrastraban sobre ellos, corriendo peligro de sufrir roturas. En muchas ocasiones, mientras los botes quedaban atrapados en bloques de hielo «como almendras en una barra de chocolate», los hombres acampaban y esperaban a que las condiciones mejoraran antes de seguir navegando. Al notar que tanto el estado físico como el psicológico de sus hombres estaba quebrándose, Shackleton decidió que la isla Elefante era ahora la única opción práctica, al ser el refugio más cercano. A pesar de que era la primera vez que los hombres pisaban tierra firme en más de quince meses, la isla Elefante está caracterizada por costas rocosas en punta y acantilados perpendiculares, lo cual no la hacía una opción tentadora. Desembarcar fue casi imposible; sin embargo, en la costa del norte, encontraron una estrecha playa para acampar y montar un campamente usando los botes salvavidas volteados como refugio.

La siguiente fase del plan era armar un pequeño grupo bajo el liderazgo de Shackleton y, a bordo del bote salvavidas James Caird —de menos de siete metros de largo—, navegar en busca de las islas Georgias del Sur. A bordo del pequeño barco, navegaron contra tormentas, olas inmensas y vientos huracanados antes de llegar a su destino. Después de la que es considerada una de las travesías más increíbles del mar austral, Shackleton y sus seis hombres llegaron a las islas, donde se encontraron una barrera de enormes montañas y glaciares; sin embargo, al otro lado de esas montañas se encontraba Stromness, la estación ballenera.

Cruzando entre montañas y haciendo caminatas de más de treinta horas sin descanso, llegaron por fin a Stromness, donde escucharon por primera vez, en casi dos años, un silbato anunciando la hora. Dejando de lado la emoción de ver gente después de la extraordinaria odisea, Shackleton inició inmediatamente el plan para rescatar a los veintidós hombres que permanecían en la isla Elefante.

Debido a la Primera Guerra Mundial y a su ubicación, el rescate no fue nada fácil. Los Gobiernos de Nueva Zelanda, Australia y Gran Bretaña unieron esfuerzos para lograrlo. También los Gobiernos de Uruguay y Chile participaron en las hazañas del rescate de los veintiocho hombres. A pesar de que muchos llamaron a Shackleton «responsable del fracaso de la Expedición Imperial Transantártica’, esta expedición fallida terminó convirtiéndose en la que sería, sin ninguna duda, la mayor acción exitosa de supervivencia hasta ese entonces.

Frank Hurley se volvió famoso por sus fotografías de la expedición. Logró documentar desde el hundimiento y el naufragio hasta el rescate. Actualmente es considerado el pionero de la fotografía de aventura.

 

Bibliografía

Alexander, C., & Hurley, F. (1998). The endurance: Shackleton’s legendary antarctic expedition (p. 0). New York: Knopf.

Ellis, J. (2007). Shackleton’s Leadership skills as seen on the Nimrod expedition, and the achievements of the Nimrod expedition 1907-09.

Lansing, A. (2014). Endurance: Shackleton’s Incredible Voyage. Basic Books a Member of Perseus Books Group.

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