Historia — 1 de junio de 2022 at 00:00

Enigmas arqueológicos

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Enigmas arqueológicosCuando me propuse investigar este tema, comencé por hacer una lista de aquellos enigmas arqueológicos de los que tenía noticias recientes. Y mientras buscaba en Internet información sobre ellos me iban apareciendo otros, y luego otros… Era como tirar de un hilo al que estaban enganchados otros muchos más. Con lo cual, la lista final quedó demasiado larga para mi propósito, y he tenido que escoger.

Por otro lado, en mis manos cayeron diferentes tipos de documentos: algunos fantaseaban sin pruebas, otros se cerraban en banda a aceptar las pruebas que no cuadraban en el esquema académicamente admitido sobre la antigüedad humana. He buceado por toda esa información intentando ser objetiva, considerando las pruebas realizadas y las posibles explicaciones a los hechos observados, pero manteniendo mi mente abierta a otras explicaciones y otros modelos diferentes del normalmente aceptado.

 

Arqueología y pseudoarqueología: Gunung Padang

Respecto a las críticas a la «pseudoarqueología» y las explicaciones de culturas milenarias del final de la edad del hielo, me sentí provocada por un artículo referente a uno de los sitios más sorprendentes de los que he descubierto en esta investigación: Gunung Padang. Un artículo firmado por Víctor Lluís Pérez García, doctor de la Universidad Rovira i Virgili, de Tarragona, arremete contra la «pseudoarqueología» porque no sigue el método científico, pero no se priva de hacer afirmaciones, también sin base experimental alguna.

Gunung Padang es una pirámide escalonada, de base rectangular, localizada cerca de la ciudad de Cianjur, en la isla de Java, Indonesia. Se trata de un cono volcánico de unos 100 m de elevación sobre el terreno circundante, aterrazado artificialmente, y sobre el cual se han desarrollado cinco terrazas construidas con bloques prismáticos de andesita.

En 2012 se realizó un estudio geológico de esta pirámide escalonada que combinó diversas metodologías (estudios geomagnéticos, de georradar, de resistividad eléctrica, tomografía sísmica y datación por carbono 14), dirigido por el geólogo Danny Hilman Natawidjaja, del Centro Indonesio de Investigación Geotecnológica. Los resultados determinaron que la pirámide no consistía solo en la parte superior megalítica, sino que gran parte del cono volcánico habría sido modificado para la construcción de la pirámide, sobre el cual se habían construido las terrazas en cuatro capas. La capa 4 (paleosuelo) que consistiría en la modificación y aterrazamiento de la capa de roca natural, tendría una edad anterior al 10000 a. C., sobre la cual, la tercera capa (capa amarilla) se habría construido antes del 7000 a. C.. La segunda (capa verde), constituida ya por bloques megalíticos prismáticos, correspondería a unos 5000 años a. C., y la primera capa, que estaría constituida por las terrazas visibles hoy día, se habría construido entre el 1000 y el 100 a. C. Los arqueólogos dan a la pirámide (que reducen a la capa 1) una edad de en torno al 500 a. C., basándose en la comparación con otras pirámides y restos arqueológicos de la región, que ubican en la Edad del Bronce Tardío-Hierro del área indo-malaya.

El trabajo del geólogo ha sido desautorizado, acusándolo de «poco cuidadoso con la toma de muestras, falta de contrastación de los datos obtenidos con los de la datación relativa arqueológica, errores en los cálculos del carbono 14, inconsistencia de datos, ausencia de un informe serio…».

En todo caso, aunque el monumento recuerda algo a las pirámides más modernas y bien documentadas de la región, la verdad es que ninguna de ellas está construida con prismas megalíticos, ni presentan la complejidad de las terrazas de Gunung Padang. Y, de confirmarse su extrema antigüedad, tendríamos que reconocer la existencia en Indonesia de una cultura muy desarrollada antes de la llegada del Neolítico.

 

Monumentos misteriosos: moáis de la Isla de Pascua y ciudad megalítica Nan Madol

En el Pacífico, a miles de kilómetros de cualquier zona habitada, dos islas personifican el misterio del nacimiento y muerte de las civilizaciones: Rapa Nui, o Isla de Pascua, y la desconocida ciudad fantasma Nan Madol.

Los famosos moáis de la Isla de Pascua constituyen uno de los más famosos misterios, que la arqueología parece haber descifrado.

Basándonos en el estudio de los restos de los poblados, enterramientos y restos orgánicos encontrados en los altares («ahi»), podemos decir que la cultura rapa nui tiene su origen en los primeros pobladores polinesios de la isla, cuyos primeros restos se han datado por radiocarbono entre el 600 y el 800 d. C. El período de construcción de los moáis se extendería entre los siglos XII y XVI, en los que la población habría experimentado un considerable aumento hasta alcanzar los 25.000 habitantes. Se considera este período como de esplendor cultural, durante el cual se habrían esculpido la gran mayoría de los moáis, erigiéndolos después en los «ahi», como homenaje y culto a los antepasados.

Pero durante el siglo XVII se produce la hecatombe: de una sociedad bien alimentada y organizada se pasó al caos. Se piensa que hubo una crisis de superpoblación, que provocó la deforestación, el hambre y la guerra. Los moáis fueron destruidos. La gente se refugió en las cavernas.

Los primeros contactos con los europeos fueron a partir de 1722. Estos encontraron en la isla un pueblo primitivo que no recordaba quién ni cómo había construido los moáis. Contaban la leyenda de una vieja bruja que hacía moverse a los moáis por sí mismos, pero que, ofendida por no haber sido invitada a un banquete, dejó de aplicar su magia y los moáis quedaron detenidos en el lugar en el que ahora se encuentran, abandonados. Ya nadie recuerda el significado de las tablillas «parlantes» o tablillas rongo rongo, cuyos jeroglíficos se asemejan a los signos de la ciudad de Harapa, en la India, casi 5000 años más antigua.

Las cabezas enterradas en las laderas del volcán Rano Raraku, la cantera de los moáis, dan la impresión de ser mucho más antiguas. Parece increíble que hayan sufrido un enterramiento tan brutal en tan solo trescientos años, pero así lo atestiguan los análisis de las últimas excavaciones, que han sacado a la luz el cuerpo entero de dos de ellos (moáis 156 y 157), de más de 4 m de altura. Se puede afirmar que fueron abandonados en el año 1675, que es la edad de los sedimentos más antiguos que los cubren.

¿Podrían ser los moáis más antiguos que el pueblo rapa nui, y solo fueron reutilizados por estos? Pues podría ser, pero, al no haber restos de pobladores más antiguos, no hay razón para considerarlo.

La ciudad de Nan Madol, al otro lado del Pacífico, presenta una historia oficial curiosamente muy parecida a la de Isla de Pascua.

Nan Madol se localiza al este de la isla Ponape o Pohnpei (¡qué parecido con Pompeya!), la más grande de los Estados federados de Micronesia, de las islas Carolinas. Se trata de una isla volcánica rodeada de arrecifes de coral.

Sobre el arrecife de coral fue construida Nan Madol, un conjunto de más de noventa islotes artificiales, constituidos por el apilamiento de unos 400.000 bloques de basalto, muy parecidos a los utilizados en Gunung Padang. Estos son el producto de la fragmentación natural de la lava al enfriarse, por lo que su tallado no habría sido un problema, pero su traslado sí, puesto que son aún más pesados que los indonesios: entre cinco y veinticinco toneladas. Se desconoce la ubicación exacta de la cantera, así como los medios utilizados para su traslado y montaje.

Ponape, como Pascua, fue poblada a partir de los pueblos polinesios (cultura lapita, del 1600 al 500 a. C.), pero, al estar más cerca geográficamente del origen, su poblamiento habría sido algo más temprano: sobre el 200 a. C. Sus descendientes serían los nativos que, posteriormente, hacia el 1100 d. C., encontraron los fundadores míticos de Nan Madol y de la dinastía Saudeleur, que los gobernó durante varios siglos. La tradición dice que Nan Madol fue «creada por diecisiete hombres y mujeres» que apilaron rocas en el arrecife de coral. Se habla de ellos como extranjeros, liderados por los hermanos magos Olisihpa y Olosohpa. Las leyendas hablan de magia y de dragones que transportaron los bloques de basalto «por el aire», pero no de esclavos trabajando para algún cacique. Los sucesores de los hermanos magos concentraron a los jefes de los clanes en Nan Madol para controlarlos, ejerciendo un poder muy centralizado. Finalmente, se volvieron tan tiránicos que provocaron la rebelión, liderada por el héroe Isokelekel, otro extranjero, que terminó con el poder centralizado y estableció un sistema tribal, que es el que encontraron los europeos en 1628. La ciudad megalítica, sin agua dulce y dependiente de los suministros alimenticios de Ponape, fue abandonada.

¿Quiénes fueron Olisihpa y Olosohpa, capaces de dominar dragones? ¿Tan organizada estuvo la sociedad de Ponape como para extraer tantísimos bloques, transportarlos y construir estos edificios? ¿Es Nan Madol todo lo que vemos sobre el arrecife, o existe alguna verdad en que aún hay más restos sepultados bajo el agua?

Las leyendas actuales dicen que está maldita, y que no se debe dormir en ella bajo el riesgo de morir. En un par de siglos, la ciudad que era el centro de una gran cultura se convirtió en leyenda.

La explicación para la construcción de Nan Madol y su abandono es muy parecida a la de Pascua: poblamiento de unas islas vírgenes por parte de los polinesios, crecimiento poblacional y auge que conducen a la construcción de monumentos fantásticos, superpoblación, crisis política, guerras, abandono de los monumentos y olvido. Un olvido que da paso a la leyenda. Un olvido cultural producido en tan solo cien años.

 

Monumentos y ciudades sumergidas

A lo largo del tiempo el mar se ha tragado ciudades enteras: tsunamis, terremotos y cambios en el nivel del mar han ocultado multitud de monumentos. Y la arqueología submarina cada vez va descubriendo más restos, como los de Yonaguni, en Japón, o Mega, en Cuba.

Descubierto en 1987 por un submarinista japonés (Kihachiro Aratake), el llamado Monumento de Yonaguni se localiza al sur del archipiélago de Ryukyu, entre veinticinco y cinco metros bajo el nivel del mar.

El sismólogo marino de la Universidad de Ryukyu Masaaki Kimura lo ha estudiado desde 1990, llegando a la controvertida conclusión de que es de autoría humana.

Su estructura es irregular, con niveles que no pueden ser «escalones», sino terrazas. No se trata del apilamiento de bloques de piedra, sino que estaría tallado en la roca viva. Si se confirma su autoría humana, su antigüedad sería como mínimo de antes de que subiera el nivel del mar. ¿Se trataría de un centro ceremonial o de una cantera? Su localización, sobre el Trópico de Cáncer de hace 10.000 años, hace pensar en un significado astronómico para este «monumento».

Todo esto podría resultar muy fantástico, pero se han localizado antiguos enterramientos de hasta 27.000 años en Okinawa. También se ha relacionado con las vasijas de barro datadas en hace 16.500 años de la cultura Jômon, pueblo de cazadores-recolectores de las islas Ryukyu, por lo que esta edificación podría corresponder a esta misteriosa cultura nipona.

Al otro lado del mundo, en la plataforma de Cuba, frente a las costas de Guanahacabibes, se encontraron, en el año 2000, unos restos también muy misteriosos. Se trata de un conjunto de estructuras con una disposición geométrica que no parece en absoluto natural. Se encuentra a una enorme profundidad, entre 600 y 750 m bajo el nivel del mar. Fueron localizadas por la expedición cubano-canadiense Exploramar, mientras investigaban la localización de pecios en el área.

El sonar detectó una imagen que aparenta un conjunto de edificios, con plazas o salas, muros, columnas… Las imágenes, tomadas por una cámara que se sumergió (muy poco claras, debido a la oscuridad reinante a esa profundidad), muestran bloques de piedra angulosos, con formas cúbicas y piramidales. Las rocas de este emplazamiento tienen un aspecto distinto al de los escarpes naturales que las rodean, y presentan una misteriosa pátina negra que no tienen el resto de las rocas de alrededor.

Manuel Iturralde, geólogo del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, ha estudiado durante varios años estas estructuras, denominadas «Mega», sin poder decidir si son naturales o artificiales. Las reconstrucciones en 3D representan algo muy parecido a las ruinas mayas de Tikal.

Si Mega es de origen humano, ¿quién la construyó? ¿Fueron los mayas? ¿O un pueblo más antiguo? ¿Cómo pudo hundirse hasta esas profundidades? Y, ¿cuándo pudo haberse producido tal hundimiento? Los mapas batimétricos muestran que los deslizamientos en la zona son muy importantes. ¿Será esta la causa del hundimiento de Mega?

Mientras estos misterios se aclaran, el conjunto es conocido como la «Atlántida cubana».

 

Göbekli Tepe, Turquía

La primera vez que vi las fotos de este yacimiento arqueológico de Turquía en Internet no podía creerlo: ¡¿estos restos son de hace 11.000 o 9500 años?! Es muy sorprendente que para este santuario, situado en el sudeste de Turquía, cerca de la frontera con Siria, sí que se hayan aceptado las dataciones sin ponerlas en duda. Quizá se deba a que el conjunto fue enterrado intencionadamente hace unos 8000 años, por lo que quedó sellado y protegido de la erosión, la devastación o la reutilización por otras culturas posteriores. O también a que es en esta zona en concreto, el llamado Creciente Fértil, donde se supone que el Paleolítico hizo su transición al Neolítico, expandiéndose después muy lentamente al resto del mundo.

Fue descubierto por el arqueólogo alemán Klaus Schmidt, del Instituto Arqueológico Alemán, en 1994, y desde entonces se han excavado seis recintos, aunque los georradares informan de la existencia de al menos otros catorce.

El conjunto es un complejo megalítico compuesto por varias construcciones circulares, delimitadas por toscos muros de piedras, con pilares monolíticos en forma de T (en cierto modo, parecidas a las taulas de Menorca). La estructura es muy compleja, con varias cámaras adosadas y relaciones geométricas entre ellas, pero lo más intrigante son los numerosos y detallados relieves, la mayoría de animales, que cubren los monolitos. También existen formas «humanas» muy simplificadas y sin cabeza.

Los monolitos en forma de T centrales suelen tener relieves diferentes a los de los muros. Se interpretan como imágenes «antropomorfas», en las que la parte superior, horizontal, representaría la cabeza. La postura corporal, con las manos en la cintura, sobre lo que parece un cinturón o taparrabos, recuerda otras esculturas más modernas de sección también cuadrangular, como los moáis o los monolitos de Tiahuanaco.

Otro detalle que no podemos olvidar respecto a Göbekli Tepe es que los edificios más antiguos son los más perfectos, y que los más modernos lo son menos, como ocurre también con los dólmenes europeos y con las pirámides egipcias.

La cuestión es que una estructura tan compleja y realizada con tal nivel de detalle no responde en absoluto a lo que creíamos saber sobre los pueblos del final de la Edad del Hielo.

En la misma región de Göbekli Tepe se encuentran otros yacimientos muy interesantes, como Nevali Çori y Cäyönu Tepesi, que se consideran unos siglos más recientes. Mientras que Göbekli Tepe ha sido interpretado por los arqueólogos alemanes y turcos como un centro ceremonial de peregrinación, en los yacimientos de Nevali Çori y Cäyönu Tepesi han aparecido restos de casas de piedra, auténticos asentamientos casi urbanos, con canalizaciones subterráneas cubiertas con losas, que pudieron servir para el drenaje o la aireación de las viviendas. Se han encontrado también restos de la primera domesticación de animales, como la cabra, y de cereales, que indican la práctica de la agricultura. Y lo más curioso es que también se adelantan en estas primeras ciudades a la Edad de los Metales, pues se han encontrado numerosos alfileres de cobre, con una antigüedad de más de 8000 años a. C.

Viviendas, talleres de tejido y costura, de elaboración de aceites y otros productos, se localizan en estos dos yacimientos de los tempranos inicios del Neolítico. Para la arqueología tradicional, estos descubrimientos son fundamentales para entender la transición del Paleolítico, con sus tribus nómadas de cazadores-recolectores, al Neolítico y sus asentamientos en poblados estables. Pero la existencia de Göbekli Tepe, cuya antigüedad es mayor a los restos de la agricultura y la ganadería, ha hecho tambalearse el modelo de dicha transición. Lo que ahora se plantea es que no fue el sistema económico favorecido por la agricultura y la ganadería lo que promovió el sedentarismo, la organización de las sociedades y la aparición de las religiones, sino que primero apareció la religión, y esta fue la que organizó a los seres humanos y les indujo a elegir un lugar fijo para vivir, y de ahí pasaron a asegurarse el alimento criando animales y domesticándolos, y sembrando plantas y seleccionándolas. Las antiguas enseñanzas sobre los «avataras», maestros de gran evolución espiritual que dieron a la humanidad grandes avances y le enseñaron reglas morales, fundando las religiones, parece explicar muy bien esta nueva secuencia de los acontecimientos prehistóricos. Según este modelo, los seres humanos primero construyeron templos, y después pensaron en construir viviendas.

 

¿Una civilización en la Edad del Hielo?

La antigüedad cada vez mayor de ciudades y monumentos en distintas partes del mundo tiene que transformar necesariamente el modelo que tenemos de los seres humanos de la última Edad del Hielo.

La escritora Mary Settegast, en su libro Plato Prehistorian: Myth, Religion and Archaeology, sugiere que quizás el Imperio atlante no fuera otra cosa que lo que conocemos como cultura magdaleniense, que se extendió por Europa entre el 17000 y el 10000 a. C., dejando instrumentos líticos y óseos, pinturas rupestres y algún que otro enterramiento en las cuevas de la Europa glacial.

De la cultura magdaleniense destacan instrumentos de gran finura tallados en madera y hueso, como agujas y arpones. Elaboraban arpones para cazar ballenas, lo que demuestra que eran un pueblo marítimo, como describe Platón a los atlantes. Y destaca también su capacidad artística en las pinturas rupestres, de las cuales las de Altamira son un digno representante.

Según la hipótesis de Settegast, la guerra que cuenta Platón entre los griegos y sus aliados (los pobladores de los Balcanes y del Creciente Fértil) y los atlantes (los europeos occidentales, es decir, los magdalenienses) habría ocurrido durante varios siglos, a lo largo del noveno milenio antes de Cristo, hasta que se produjo el deshielo de los glaciares y la súbita subida del nivel del mar, hace 11.700 años. Y esto lo fundamenta en los frecuentes enterramientos masivos del final del Magdaleniense en la zona donde ambos pueblos se encontraron, en cuyos cadáveres se han encontrado incrustadas puntas de flecha y de lanzas. Según este modelo, los pueblos del final de la Edad del Hielo, cuya economía se basaba en la caza y la recolección, habrían organizado sociedades mucho más complejas de lo que se suponía, llegando a constituir Estados e Imperios. Y su nivel tecnológico, que conocíamos sobre todo por los restos líticos, podría haber sido tan complejo como para construir estructuras como Göbekli Tepe.

 

Conclusiones

Tenemos más preguntas que respuestas. A veces las respuestas las tenemos en las tradiciones, leyendas y mitos, transmitidos a lo largo de los siglos y los milenios. Pero tenemos que entender que las narraciones míticas, guardando una clave histórica, no pueden interpretarse linealmente como en las narraciones históricas.

Lo que sí está claro es que la cultura es mucho más antigua de lo que se creía, y que los humanos antiguos no tenían por qué ser unos brutos ignorantes, aislados en pequeñas tribus. Y tampoco parece que fueran los pacíficos inocentes que siempre habíamos imaginado.

 

Bibliografía

Escrito en las rocas: grandes catástrofes y antiguas civilizaciones, Robert M. Schoch, Oberon, Madrid, 2002.

Gunung Padang y el megalitismo indo-malayo: arqueología y pseudoarqueología, Víctor Lluís Pérez Garcia, ArqueoWeb, 18, 2017: 62-104.

A model-based approach to the tempo of «collapse»: The case of Rapa Nui (Easter Island), Robert J. Dinapoli, et al, Journal of Archaeological Science, Volume 116, April 2020, 105094 https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0305440320300182?via%3Dihub

Pohnpei, la isla del Secreto, César Esteban, Instituto de Astrofísica de CanariasDepartamento de Astrofísica, Universidad de La Laguna, https://www.academia.edu/6076745/Pohnpei_la_isla_del_secreto

A new archaeological field survey of the site of Nan Madol, Pohnpei, Mark D. McCoy, Helen A. Alderson, and Adam Thompson, https://nach.gov.fm/wp-content/uploads/2019/01/mccoy-alderson-and-tohmpson-2015-a-new-archaeological-field-survey-of-the-site-of-nan-madol-pohnpei.pdf )

Jōmon: una cultura prehistórica de gran complejidad, Yamada Yasuhiro, 2019 https://www.nippon.com/es/japan-topics/g00766/

Estructuras líticas submarinas al SW de Cuba, Manuel A. Iturralde Vinent, http://www.redciencia.cu/geobiblio/paper/2004_iturralde_Estructuras%20l%EDticas%20submarinas%20al%20SW%20de%20Cuba.pdf

Göbekli Tepe, la cuna de los dioses, Fernando Schwarz, https://www.hermesinstitut.org/gobekli-tepe-la-cuna-de-los-dioses/

Göbekli Tepe, el primer templo de la historia, Vincent J. Musi, https://historia.nationalgeographic.com.es/a/gobekli-tepe-primer-templo-historia_6363

Early Places Without Metals: Nevali Çori, https://www.tf.uni-kiel.de/matwis/amat/iss/kap_a/advanced/ta_1_2g.html

Early Places With Metals: Cayönü Tepesi, https://www.tf.uni-kiel.de/matwis/amat/iss/kap_a/advanced/ta_1_2c.html

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