Ciencia — 1 de marzo de 2022 at 00:00

Yo, Isaac Asimov

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Isaac Asimov

Isaac Asimov, de nombre real Исаáк Ю́дович Ози́мов, Isaak Yúdovich Ozímov, nació el 2 de enero de 1920 en Petróvitxi, Rusia. Aunque se le conoce principalmente por su producción literaria de ciencia ficción, también escribió mucho sobre historia y ensayos con el objetivo de hacer divulgación científica. Fue también profesor de bioquímica en la Facultad de Medicina de Boston.

El 11 de enero de 1923, con tan solo tres años, se trasladó junto a su familia a Estados Unidos. Se instalaron en Brooklyn, Nueva York, donde la familia, de origen judeo-ruso, abrió varios negocios de prensa y golosinas, donde Isaac tuvo su primer contacto con la ciencia ficción en las revistas que vendían.

Habiendo sido muy precoz a la hora de aprender a leer (se dice en su biografía que lo hizo por sí mismo a la edad de cuatro años), no es de extrañar que empezase a escribir de bien joven y sobre su recién descubierta pasión: la ciencia ficción. Con menos de veinte años ya publicaba relatos en revistas temáticas.

Se graduó en la Universidad de Columbia en 1939 como bioquímico, y también obtuvo en la misma Universidad un posgrado en Química en 1941. Un año después se trasladó a Filadelfia como investigador químico de la Marina de Guerra. El doctorado en Química lo consiguió en 1948, lo que le permitió ser profesor asociado en la Universidad de Boston. Estuvo varios años haciendo de profesor asociado sin cobrar por ello (aunque su labor de escritor le permitía vivir cómodamente) y, finalmente, en 1979 se le otorgó el puesto de profesor titular.

Falleció el 6 de abril de 1992 en Brooklyn, aparentemente por una insuficiencia cardíaca y renal, pero posteriormente su familia reveló que fue a causa del sida que contrajo en 1983, cuando, en una cirugía de baipás coronario, se le tuvo que hacer una transfusión de sangre que resultó estar infectada.

Su obra es muy extensa tanto en novela de ciencia ficción como en ensayos científicos o sus análisis de las épocas más importantes de la historia de la humanidad. Sus libros de historia son una verdadera delicia, pues su método para plasmar acontecimientos e investigar es totalmente científico y organiza los tiempos, culturas, avances, etc., de forma metódica, pero dejando ver su pasión por la evolución humana a través de la historia de las civilizaciones. Y, por otro lado, como buen científico, su pasión por transmitir o divulgar conocimientos también queda plasmada en sus obras divulgativas.

La producción de ciencia ficción fue, sin duda, la que más fama le dio, y nunca dejó de escribirla. Precisamente, de toda esa producción se le puede reconocer el mérito de haber introducido en la lengua inglesa algunas palabras que hoy en día son de uso habitual en ficción y en la ciencia (positrónico, psicohistoria y robótica). Y es precisamente en el campo de la robótica donde, a través de sus obras, introdujo uno de sus más memorables legados, las tres leyes de la robótica:

Primera ley

Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.

Isaac Asimov

Segunda ley

Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.

Tercera ley

Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Estas tres leyes las usó sistemáticamente Asimov en sus obras de ciencia ficción y robótica. No solo eran unas normas programadas en seres de metal. Era un código ético y de seguridad en su imaginario personal, donde la ciencia avanza y no es inverosímil que se creen robots o androides que convivan y trabajen con los humanos. El propio Asimov introdujo posteriormente una cuarta ley para completar el código de conducta de la robótica:

Ley Cero

Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daños.

Estas cuatro leyes se han usado de forma muy extensa en la obra de muchos otros autores desde que Asimov las publicó. Pero no solo para la creación literaria, sino que también han impregnado el propio estudio y rumbo de la robótica y la inteligencia artificial con propósitos científicos y comerciales.

Isaac Asimov

El origen de estas leyes en las obras ficticias de Asimov era la protección de la especie humana frente a posibles levantamientos o control por parte de las máquinas (cómo por ejemplo el caso de Terminator o Matrix, donde las máquinas dominan a los humanos o pretenden su exterminio, usando un ejemplo de ficción). De este modo las «máquinas» se convierten en servidumbre sin riesgos de ser una amenaza; al contrario, son protectores de sus «amos» humanos, dando incluso la «vida» para protegerles. Eso sí, en muchas de sus novelas, al principio puede parecer que algún robot ha incumplido las leyes, para darle finalmente una vuelta a las apariencias y demostrar que estas leyes son, en teoría, inquebrantables.

Es curioso cómo estas leyes, que surgen como unas normas ficticias de la mente de un escritor, se están usando como principio moral para la futura ciencia de la robótica real, y cómo este código ético y moral se intenta implementar en la actualidad en maquinaria industrial donde distintos robots trabajan. En muchas ocasiones, son brazos mecánicos o estructuras complejas de construcción. Pero los ingenieros y programadores robóticos investigan la forma de introducir este código de seguridad o al menos adaptarlo hasta donde sea posible. Programación en los cerebros positrónicos, como explicaría el propio Isaac Asimov.

Pero después de leer, analizar y comprender las leyes por las que los seres no humanos se deben regir, nos encontramos con una reflexión del propio Asimov:

«Tengo mi respuesta lista cada vez que alguien me pregunta si creo que mis tres leyes de la robótica se usarán realmente para gobernar el comportamiento de los robots, una vez que se vuelvan lo suficientemente versátiles y flexibles como para poder elegir entre diferentes cursos de comportamiento.

Mi respuesta es: «Sí, las tres leyes son la única forma en que los seres humanos racionales pueden lidiar con los robots, o con cualquier otra cosa».

Pero cuando digo eso, siempre recuerdo (tristemente) que los seres humanos no siempre son racionales».

Y aquí es donde más sorprende la capacidad de Asimov de comprender la esencia de los robots según su visión de la robótica, y a la vez su visión o duda sobre la capacidad del ser humano de ser él mismo un ser ético y moral y poder seguir las leyes que se pretende aplicar a los robots (no olvidemos que son máquinas sin vida orgánica o biológica y, en definitiva, con una supuesta ausencia de alma, aunque al seguir estas leyes parecen tener unos principios y valores profundos). Precisamente esta es la premisa de muchas de sus obras: cómo el comportamiento de los humanos puede complicarles a los robots su programación primaria para con los humanos.

Así se entiende por qué las leyes de la robótica, que no son algo real en sí mismo y son fruto de la mente de un escritor de ciencia ficción, provocaron y aún provocan debates de ética y moralidad entre gente de ciencia y filósofos, tanto por su posible utilidad como por su posible falta de utilidad o moralidad real.

Sea como fuere, la obra de Asimov, de ficción, ciencia ficción, histórica o divulgativa, merece nuestra atención.

One Comment

  1. «Pero cuando digo eso, siempre recuerdo (tristemente) que los seres humanos no siempre son racionales»
    y cuando actuamos sin racionalidad, vamos encuentra de nuestra naturaleza, que es racional, lógica, e inteligente.
    Es el Ser que se olvida quien es, un niño que aún no reconoce la autoridad del padre.

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