Naturaleza — 1 de febrero de 2022 at 00:00

Naturaleza constructora: palacios de cera

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Después de asombrarnos con corales y arañas, pues tal era la intención del anterior artículo, continuaremos con otros seres mucho más modestos.

Cepillos andantes

Otros animales también fabrican una especie de seda, mucho más sencilla que la telaraña, y le dan otros usos que, por vistos, no nos detenemos a analizar. Cualquiera que se haya dado un paseo por un pinar habrá visto esas feas bolas informes que culminan el extremo de la rama de algún árbol. Casi todo el mundo sabe que están formados por las procesionarias, la oruga de una mariposa que se convierte en una auténtica plaga. Lo que no se sabe es que esos capullos son un modelo de microambiente completamente autorregulado. La procesionaria, desde que es una larva de apenas 2 mm, elabora esas envolturas donde pasa las frías noches de la montaña. Pero se ha comprobado, termómetro en mano, que la disposición que estos animalitos adoptan en el interior, así como el entramado de hilos que lo forman, no es sólo una forma ideal de defenderse de los depredadores.

Además, y fundamentalmente (ya que estos gusanos van provistos de una buena ración de cerdas urticantes), generan automáticamente un incremento de temperatura con respecto al ambiente exterior que se ha llegado a cifrar en hasta de 5º C. En plena helada, para la pequeña oruga, ese intervalo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Al parecer, el conocimiento de las técnicas necesarias para su construcción también es un asunto de instinto.

Palacios de cera

Como lo es la distribución del espacio en un panal fabricado por la abeja (Apis melífera). Por instinto, la forma de las celdas de un panal son geométricamente la perfecta tabicación de una superficie en donde se aprovecha mejor el espacio de esta, dotando al posible inquilino del habitáculo a su vez de la mayor extensión útil.

Esto viene a decir que si la abeja fabricase las celdas con otra forma (circulares, cuadradas, etc.) que no fuese la hexagonal, la relación entre el número de celdas posibles en cada hoja de panal y la ausencia de rincones inútiles aumentaría.

El Enjambre y la Colmena

La génesis de una colmena es muy interesante. Durante la primavera, la población de la colmena aumenta regularmente, hasta alcanzar cierta superpoblación. En el mes de mayo se fabrican las celdas destinadas a albergar las futuras reinas. Las obreras se impregnan de miel, y luego, una hermosa mañana, la reina sale con la mitad de la población. No se sabe todavía cómo se determina qué parte de la colmena sale, y cuál se queda.

A una prudente distancia la reina se coloca sobre una rama y el conjunto de las obreras se suspende de ella, formando el enjambre, racimo hormigueante  en el que los insectos pierden por un tiempo su instinto de picar (por ello es que sean tan fáciles de recoger). Al cabo de unos días, el curso natural de las cosas hace que el enjambre se instale en algún lugar seguro, descubierto por abejas obreras enviadas como exploradoras.

Cuando el enjambre se instala en una nueva morada, empieza en seguida a construir panales verticales con la cera que la propia abeja segrega. Aunque cada abeja cerera toma con las pinzas de sus patas las laminillas de cera que produce y las amasa con sus propias mandíbulas, la construcción de estos alvéolos hexagonales de una regularidad milimétrica es un acto eminentemente social. Las obreras, enganchadas entre ellas y en la completa oscuridad del interior de la colmena, forman intrincadas redes que unen entre sí varios niveles de construcción de panales a la vez. Las obreras deambulan, aparentemente de forma caótica, por encima de esta red de insectos vivientes, hasta completar los tabiques de panales requeridos.

En ocasiones, la cera de la abeja se mezcla con una sustancia parecida a la goma, recolectada en árboles como los álamos y los castaños, fabricando el hámago, que permite aislar las colmenas, tapar las rendijas y sepultar el cadáver de depredadores imposibles de expulsar al exterior.

El Vals de las Flores

De todos es sabido que las abejas hablan entre sí. Al igual que otros insectos sociales, deben comunicarse una serie de órdenes. En el caso de la abeja, además de mensajes olfativos y hormonales, este animalito se comunica danzando. Cuando una obrera encuentra un surtido apetecible en cantidad y calidad de flores, al volver a la colmena ejecuta una danza en donde, mediante el número de vueltas, el eje de las mismas, y la vibración de su abdomen, señala con precisión de artillero dónde abatirse para cobrar el suculento regalo de la naturaleza.

Lo que resulta más curioso y desconocido es el aire climatizado que la colmena instala en su interior. No sólo son maestras en el arte de tabicar, sino en el de surtir a toda la colonia de una temperatura estable para optimizar el crecimiento de larvas y el trabajo conjunto. En verano, la temperatura de la colmena se mantiene entre los 33 y los 36º C, excepción hecha de algunas subidas demasiado bruscas y mantenidas del tiempo reinante (como el caso del último verano), aunque en el exterior la oscilación sea entre los 4º C y los 37º C. En cierto sentido, se considera que la abeja en su estado gregario es un animal homeotermo (similar a los “sangre caliente”). Como por encima de los 50º C la cera se reblandece y empieza a provocar el desmoronamiento de la colonia, es imprescindible para el enjambre disponer de un sistema de refrigeración autónomo en la colmena. Este consiste en una serie de obreras que se instalan a la entrada y agitan constantemente sus alas para renovar el aire interior. Si aún así la temperatura no desciende, un nutrido grupo de abejas sale al exterior y comienza a zumbar alrededor  del panal, creando una nube viva que lo envuelve, abanica y sombrea, con la esperanza de salvar la carga más preciada de la colonia: las larvas.

En invierno, por el contrario, la temperatura no desciende nunca de los 12º C. Amodorradas en el interior de la colmena, las abejas que han nacido al final del verano entran en un estado de hibernación, sobreviviendo hasta la primavera. Cuando el descenso hace alcanzar los 12º C, las abejas se despiertan y comienzan a batir las alas, hasta que se consiguen los 24º C de temperatura, momento en el que se vuelven a dormir.

Casas de papel

Las avispas, aunque no fabrican panales de cera, inventaron una sustancia miles de años antes de que lo hicieran los chinos: el papel.

palacios de cera

Los nidos de las avispas (Polistes y Vespa) pueden revestir multitud de formas: de taza, de bola, de botella, de embudo o de rascacielos… Pueden estar al socaire de una teja, o enterrados. Pero todos ellos están fabricados en una pasta que la propia avispa sintetiza. Lo hace masticando las fibras de celulosa de las células vegetales, y mezclándola con la saliva. El resultado es una especie de cartón, muy ligero y resistente, que el insecto aplica y extiende en alvéolos. Al igual que la abeja, si la temperatura aumenta mucho, la avispa se encarga de refrigerar el avispero mediante la humidificación de las celdas con el añadido de gotitas de agua. Por capilaridad, este cartón piedra que constituye su nido distribuye por igual la humedad, consiguiendo disminuir la temperatura interior. Si aún así no se consigue, las obreras se encargan de hacer vibrar sus alas encima de las celdas de las larvas, como mencionamos que hacen las abejas a la entrada de la colmena.

Patente Prestada

René Antoine Ferchault Rèaumur ( 1683 – 1757), científico francés popular por inventar la primera escala térmica conocida (los “grados Reaumur”), también destacó en sus observaciones entomológicas. Merced  al atento examen de la técnica de la avispa, consiguió diseñar un procedimiento similar para la fabricación de papel en Francia, en una época en que la materia prima utilizada era el trapo.

Laboriosa multitud

Pariente de la avispa y de la abeja, y también un animal social, como ellas, es otro insecto fundador de colonias. Posee en el saber popular, quizás, el trono de los animales laboriosos, cooperantes y tenaces. A él se dedican fábulas y cuentos. Veremos a lo largo del artículo si consigue retener ese puesto honorífico. Nos referimos a la hormiga.

La multiplicidad de las hormigas es tan alta, que sería necesario un estudio específico para tan siquiera rozar la enorme variedad de caracteres, costumbres, formas de alimentación y curiosidades que alberga su mundo. La denominada taxonómicamente “Superfamilia” de los formícidos agrupa no menos de 6.500 especies, la mayoría de las cuales resultan sorprendentes por uno o varios aspectos de su comportamiento. Revelan una biología asombrosa, cuando no un elevado psiquismo.

Inventando la Guerra

Para otros deberemos dejar la descripción de su faceta combativa y de las hordas de hormigas guerreras presentes en todos los continentes, y no sólo la famosa marabunta sudamericana y africana (Anomma y Eciton, respectivamente), conocidas también como “hormigas legionario”. Mencionemos simplemente, en relación a la temática de este artículo, que en sus correrías son capaces de fabricar pequeñas balsas con las que atravesar los frecuentes cursos de agua de sus dominios. Cuando no son ellas mismas las que forman unas especie de bolas vivientes, uniendo patas y mandíbulas, que, flotando a la deriva, y teniendo cuidado de girar de vez en cuando para no ahogar a las que se encuentran abajo, las dispersa por nuevos hábitats a colonizar. Estas hormigas soldado, que incluyen especies tan conocidas para nosotros como la hormiga roja (Formica rufa), utilizan todas las tácticas conocidas por el hombre para vencer o colonizar a su adversario, entablando verdaderas batallas que pierden su origen en la noche de los tiempos. Provistas de unos métodos que bajo nuestra conciencia pueden antojarse crueles, no hacen sino imponer su dominio sobre las vencidas, como, tristemente, casi siempre hace el hombre cuando de guerrear se trata.

Capturan esclavas, dan golpes de estado, tiranizan colonias, saquean nidos, preparan emboscadas, rodean y cercan a sus enemigos, envían exploradoras, utilizan parapetos, trincheras y fortalezas para resistir, recurren a la guerra química, organizan batallones de zapadores e ingenieros, mantienen tropas de abastecimiento, cultivan, recolectan, arrasan o se convierten en ganaderas… el arsenal y la estrategia dentro del mundo de las hormigas es inacabable. Digamos que mediante señales olfativas, olorosas, táctiles y salivales, la cohesión de una colonia de hormigas, un hormiguero, es capaz de imitar cualquiera de nuestros comportamientos –o al contrario…

Hogares subterráneos

Por ahora, vamos a fijarnos solamente en las peculiaridades de algunas de sus mansiones, los hormigueros.

Sin la elegancia geométrica ni la disposición armónica de los hogares de sus parientes, abejas y avispas, un hormiguero se extiende de manera aparentemente caótica en túneles y cámaras de distinto uso, tanto a flor de suelo como en profundas galerías. A veces, la protección que brinda una simple piedra basta. Otras, a más de dos metros bajo tierra, extienden su mundo ciego de galerías y estancias. En cualquier caso, las habitaciones funcionan como almacenes y cámaras de cría, y las galerías suelen estar compactadas con saliva, para impermeabilizar el habitáculo. Por ejemplo, las hormigas rojas levantan un montículo con pequeñas ramas y tallos de hojas para el sistema de la estructura del techo del nido, que en su mayor parte está situado bajo el suelo. Así, logran protegerse de la lluvia y mantienen uniforme la temperatura del interior, sin importar si es cálida o fría. El diseño permite que las hormigas se refugien del invierno en estos laberintos y que en verano los mantengan abiertos para esparcirse por todo el nido.

Del nido salen caminos que pueden alcanzar hasta 40 metros o más, los cuales tienen una red de mantenimiento y limpieza permanente. Como si se tratara de urbes, los nidos de las hormigas están conectados entre si, guardándose la proporción de los grandes y de los nidos satélites. Generalmente los trabajos se llevan a cabo en invierno, cuando las arcillas se ablandan por las lluvias.

palacios de cera

Del nido salen caminos que pueden alcanzar hasta 40 metros o más, los cuales tienen una red de mantenimiento y limpieza permanente. Como si se tratara de urbes, los nidos de las hormigas están conectados entre si, guardándose la proporción de los grandes y de los nidos satélites. Generalmente los trabajos se llevan a cabo en invierno, cuando las arcillas se ablandan por las lluvias.

Tomemos ahora el caso de Camponotus femoratus, una hormiga brasileña que construye sus nidos en las copas de los árboles. Grano a grano, estas hormigas transportan la tierra necesaria para sus hogares hasta lo más alto de la selva, que compactan luego con su propia saliva. El sol tropical endurece rápidamente estas construcciones que, a los pocos días, tiene la consistencia de la misma piedra.

Los insectos llevan luego a su morada todo tipo de semillas, para abastecer a la colonia. El caso es que entre estas semillas también hay, inevitablemente, semillas de flores vistosas que germinan gracias a los chubascos tropicales, dando hojas y después maravillosos ramos multicolores. El resultado es que la bola de barro que constituye el hormiguero se convierte en un jardín elegante y colorista.

 

Bricolaje Vegetal

Otra hormiga que gusta de las mansiones verdes es Oecophylla. Este animalito, de color anaranjado, fabrica sus nidos uniendo hojas del árbol que ha elegido para cobijarse. Al comienzo, algunas hormigas fuerzan la hoja, tersa y cerosa, con la que piensan fabricar su hogar. Inmediatamente es ayudada por otras obreras, que cooperan para enrollar la hoja sobre sí misma. Cuando los bordes del limbo foliar se acercan, es cuando usan el “pegamento”. Entonces veremos a las obreras paseándose por las rendijas entreabiertas de las hojas enrolladas, portando en sus mandíbulas las larvas blancuzcas y traslúcidas, a las que estimulan para que excreten una secreción que hace de cemento. Este aglutinante fórmico se encarga, al cabo de unos instantes, de pegar definitivamente  la hoja plegada. Cuando se han fabricado suficientes cámaras, las obreras vuelven a cobijar sus botes de “superglue” vivientes en las estancias de cría.

Sin embargo, no está todo dicho en cuanto a los hogares de las hormigas. Si quieren descubrir cómo ciertas plantas buscan la alianza con estos insectos, o cómo las hormigas son capaces de ejercer de perfectos jardineros, les animo a que esperen al siguiente número.

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