Ciencia — 1 de diciembre de 2021 at 00:00

¿Está usted leyendo esto o sueña que lo hace?

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Sueño

Es realmente abrumador darse cuenta de que la realidad es indemostrable. Al poner esta idea encima de la mesa primero nos puede dar algo de risa pero, solo un instante después, hay un momento de vértigo. El suelo que sustenta la existencia desaparece por un momento, como cuando bajamos las escaleras y, de pronto, «desaparece el último escalón». Durante un brevísimo instante de tiempo nos creemos cayendo al vacío. Esta metafórica suspensión es universalmente experimentada en apenas el medio parpadeo que se extiende en una legañosa duda: «¿Sigo soñando?», no tan sustancial como para recordarlo como un hecho extraordinario cuando va inmediatamente seguido de un: «Ah, no, ya despierto», al contemplarnos enredados entre almohadas, sábanas y edredones.

En el Teeteto, uno de los diálogos de Platón, podemos sorprendernos al encontrar un fragmento que aborda directamente un problema que solemos relacionar con ideas modernas muy posteriores a las griegas, y que versa sobre el asunto del sueño y de la vigilia:

«Sócrates.— ¿Conoces una controversia que suele darse en relación con estas cosas, especialmente en el caso del sueño y la vigilia?

Teetteto.— ¿A cuál te refieres?

Sócrates.— Muchas veces, creo yo, habrás oído formular esta cuestión: ¿qué prueba podría uno esgrimir ante alguien que nos preguntara si estamos dormidos en este mismo instante y soñamos todo lo que pensamos, o estamos en vela y dialogamos despiertos unos con otros?».

Cada diálogo se caracteriza por presentar algún tema y, en esta ocasión, la cuestión que guía la conversación entre los personajes, Teodoro, Teeteto y Sócrates, es sobre la percepción y el conocimiento. Como se diría en nuestros académicos tiempos, es de carácter epistemológico.

En este punto de la conversación se introduce un viejo argumento escéptico, el del sueño y la vigilia, como dice Sócrates, a fin de rebatir el axioma según el cual la sensación es ciencia, que aparece justo en la intervención anterior al momento citado. Axioma planteado por Teeteto, que, sin saberlo, ha recurrido a la misma definición que da Protágoras de «ciencia». El argumento se esgrime con la formulación que plantea Sócrates: se trata de pedir pruebas fehacientes para saber si ahora, en este mismo momento, estamos realmente despiertos o, por el contrario, soñamos que lo estamos. Es una cuestión tan antigua como el sueño mismo. Un sueño realmente vívido es una experiencia prácticamente universal, que a buena parte de la población, en el pasado, en el presente o en el futuro, le habrá hecho desvelarse confusa en su cama cuando, hacía un instante, creía estar despierta. Aunque, no se puede negar, darse cuenta de que estábamos soñando forma parte de esta experiencia, cuando la lógica onírica pierde su sentido y nos integramos de nuevo en las leyes de la realidad. Pero otra cantidad de gente podrá asegurar que han sido víctimas de otro fenómeno del sueño: el de tener un sueño dentro de un sueño, de manera que uno puede soñar que sueña, despertar de uno de los sueños y no de otro, y estar convencido de que está definitivamente desvelado, insomne y de vuelta en el mundo.

Efectivamente, en última instancia, ¿cómo saber si, ahora mismo, estoy yo escribiendo y está usted leyendo, o yo sueño que escribo y usted sueña que lee? Esta es la pregunta que nos plantea Platón a través de su maestro. Pero Platón no ha sido el primero ni será el último en hacerlo. En el Libro de Zhuangzi, un antiguo texto de la tradición china, encontramos la historia de El sueño de la mariposa, en la que un hombre sueña que es una mariposa que sueña ser hombre. En la cultura occidental, nuestra principal referencia sobre esta cuestión es Descartes en el Discurso del método, culminando la práctica de la duda metódica en las Meditaciones metafísicas. Es aquí cuando el filósofo francés se da cuenta de que lo único que puede saber es que, despierto o soñando, mientras duda, es. El mismo experimento mental es rescatado y reescrito por Hilary Putman en el famoso ejemplo de los cerebros en cubetas. En él, Putman nos hace plantearnos, en una nueva versión de ciencia ficción del genio maligno cartesiano, cómo podemos saber que no somos un cerebro en una cubeta al que un malvado científico le hace alucinar, por medio de impulsos eléctricos, con toda una realidad que realmente no existe. Es una idea tan extendida que, incluso, se ha convertido en un género de la cultura popular. Los ejemplos más evidentes serían las películas Matrix y Origen, pero no debemos olvidar El show de Truman o Niebla. Para cada una de estas historias podríamos reformular la pregunta de Sócrates:

– ¿Qué prueba podría uno esgrimir ante alguien que nos preguntara si vivimos en una simulación virtual y nuestro cuerpo realmente reposa en un líquido, conectado a unas baterías para servir de combustible en la era de las máquinas? (Matrix).

– ¿Qué prueba podría uno esgrimir ante alguien que nos preguntara si estamos despiertos o dormidos? (Origen) En este caso, la pregunta es prácticamente idéntica a la de Sócrates.

– ¿Qué prueba podríamos esgrimir ante alguien que nos preguntara si nuestra vida es un montaje para un show del que somos el protagonista? (El show de Truman).

– ¿Qué prueba podríamos esgrimir ante alguien que nos preguntara si somos el personaje de algún escritor y que nuestra existencia se debe a su voluntad mientras no decida matarnos? (Niebla).

Sócrates lanza su pregunta en el contexto de un debate epistemológico, es decir, una discusión sobre el conocimiento de la realidad, lo que podemos conocer y cómo podemos conocer aquello que podemos conocer. En este caso, ante la tesis de que la sensación es ciencia, Platón quiere hacer ver que implica, consecuentemente, cierto subjetivismo y relativismo incompatibles con una ciencia que verse sobre el saber universal. Mi percepción sensible no es igual a la de otro, igual que nuestros sueños nos pertenecen solo a cada uno de nosotros y, al tratar de explicarlos estando despiertos, pierden todo el sentido que tenían en nuestra interioridad. Es de sobra conocida la teoría de las ideas platónica, que dice que nuestros sentidos nos engañan estando completamente lúcidos, señalando cierto relativismo en las percepciones sensibles de cada cual, por lo que no constituyen un medio fiable para conocer lo real. Esta realidad se encuentra en lo inmutable, en lo que se presenta igual para todo el mundo, en todo tiempo y lugar. Hablamos de los arquetipos platónicos.

sueños

Platón riza más el rizo cuando planta la semilla de la duda: mis sensaciones, que son personales, podrían estar erradas porque, de hecho, podría estar soñando y no lo distinguiría de mi estado de vigilia. Para acceder al conocimiento, por tanto, nuestras meras percepciones no son del todo fiables, al menos no lo suficiente como para definir la ciencia o la forma de conocer la realidad en base a ellas.

Pero, mientras que para Platón sí que había un conocimiento verdadero en la contemplación de los arquetipos, Descartes toma el relevo y desquicia el argumento, al punto de dudar de todo mediante el proceso de la duda metódica, con el fin de encontrar una verdad indubitable. La pregunta sobre el sueño y la vigilia es la misma, pero Descartes parte de la respuesta que le da Teeteto a Sócrates: esta cuestión es realmente legítima y no hay prueba que quepa esgrimir ante alguien que nos exigiera demostrar que realmente escribimos o leemos o que, por el contrario, soñamos que lo hacemos.

Por tanto, para Descartes no solo es legítimo poner en duda la veracidad de cada tesis o axioma, sino que lo es cuestionar la percepción de la realidad misma. Completado este paso, y conscientes de que no podemos saber si dormimos o no, Descartes examina los enunciados analíticos que son, en principio, presumiblemente seguros. Y he aquí la bifurcación que tomará el francés respecto del griego. Descartes asegura que las matemáticas, o al menos las reglas de la lógica, permanecen en la realidad y en el mundo onírico, pero este hecho no las libra de ponerlas en cuestión. De este modo, Descartes lleva su duda al extremo e introduce la hipótesis del genio maligno. Esta poderosa criatura sería capaz de engañarnos de modo tal que daríamos por ciertas y lógicas aseveraciones que podrían no serlo en la realidad. Una realidad a la que, dicho sea de paso, no tendríamos acceso a conocer, de ser esta una hipótesis correcta.

Llegados a este punto, para Descartes solo hay una conclusión posible sobre la naturaleza del camino certero de la verdad: solo puedo estar seguro de que existo yo por ejercer el acto de dudar. La primera verdad cartesiana, cogito ergo sum, pienso (o dudo) luego existo, define al hombre como una sustancia cuya esencia es pensar, una res cogitans (una cosa que piensa). En un sentido estricto, Descartes solo puede asegurar esto de Descartes pero, siendo optimistas, lo extendemos al género humano en su conjunto.

Como podemos ver, la pregunta de Platón, que en labios de Sócrates dice: «¿Qué prueba podría uno esgrimir ante alguien que nos preguntara si estamos dormidos en este mismo instante y soñamos todo lo que pensamos, o estamos en vela y dialogamos despiertos unos con otros?», en principio de naturaleza epistemológica, lleva en su seno el germen de la cuestión ontológica. Descartes, partiendo de la pregunta sobre el conocimiento, aterriza de lleno en la cavilación sobre la propia existencia, lo único de lo que puede dar parte como cierto. El conocimiento tendría acceso, por medio de la duda, únicamente a una esfera subjetiva. Entonces, el conocimiento de la realidad se reduce al conocimiento sobre uno mismo y sus estados internos. En definitiva, es por el camino de la duda por donde se llega a la existencia.

De igual modo, partiendo de la pregunta sobre lo que podemos conocer de la realidad, desandando el camino llegaríamos a una cuestión anterior. Dicha cuestión es, nada menos, que aquella que interroga sobre lo que entendemos por realidad como objeto de conocimiento. En la vía platónica aún hay unos arquetipos ideales a los que apelar como verdaderamente reales, entre ellos las matemáticas. En el caso de Descartes, ni siquiera esto pasa la prueba de la duda, debido a la mera posibilidad de que exista un daimon engañador, de modo que la naturaleza de lo real se limita a mi propia existencia, y que se prueba a sí misma mediante la duda.

sueños

Mientras que Platón, con este argumento escéptico, trataba de desacreditar la idea de que la ciencia se constituye basándose en las percepciones sensibles y necesariamente subjetivas, Descartes le da la vuelta entera, y se vale del mismo argumento para refugiarse en la certera interioridad que otorga la seguridad de mi propio ser. Tal es así, que los experimentos mentales cortados con el mismo patrón que la pregunta de Sócrates, traspasan los límites de la ontología para echar raíces en la filosofía de la mente, disciplina ya no interesada en el ser en general, sino en la psique en particular. He aquí la transformación del argumento del sueño y la vigilia en la hipótesis mental de los cerebros en cubetas, empleada por filósofos como Daniel Dennet para explicar algunos fenómenos y teorías de la conciencia; o como Putnam, que trata de demostrar que, de ninguna manera, podemos ser cerebros en cubetas. Hasta cierto punto, la filosofía de la mente se hace cargo del problema del conocimiento, la realidad, el sueño y la vigilia para explicar, desde su posición, la relación de la mente con el mundo, con lo que es real y con lo que no lo es.

El breve fragmento con el que abríamos el artículo encierra en su pregunta toda una línea de transformación de la cuestión del sueño y la vigilia a través de la historia del pensamiento filosófico. Desde la epistemología, la ontología o, incluso, la filosofía de la mente, aún nos llegan desde la antigua Grecia las preguntas de un filósofo que siempre dejaba abierta la cuestión en sus diálogos. Por esto mismo, tenemos hoy la certeza de que nos preguntamos si estamos escribiendo, o leyendo, o si, en cambio, somos cerebros o mariposas que sueñan que filosofan; pero también tenemos la seguridad de que mañana otros se interrogarán a sí mismos si se encuentran o no en la cama soñando.

 

Bibliografía

  1. Descartes, Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas (Alfaguara, Madrid 1977).

Platón, Teeteto, Madrid: Gredos, 1988, 158 b-c.

Putnam, Hilary, Razón, verdad e historia, Madrid, Tecnos, 1988

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