
Si hay algún tema que a nadie deja indiferente es el de qué ocurrirá cuando lleguemos a la muerte, una etapa obligatoria para todos, pero cuya incertidumbre nos hace valorar especialmente los aportes que la ciencia actual ofrece a través de las experiencias cercanas a la muerte de miles de pacientes.
El 21 de diciembre del pasado año miles, tal vez cientos de miles de personas, esperaban un gran cambio motivado por alguna oscura profecía maya. Yo no sé si el mundo cambió, porque últimamente ando un tanto despistado y hace mucho tiempo que dejé de creer en profetas y profecías. Me preocupa más saber por qué razón, cada diez o quince años, nos castigan con algo parecido. Pero reflexionaremos sobre ello en otra ocasión. Lo que sí puedo asegurar es que ese día algo sí se movió en mi interior. Ese día terminé la lectura del tercero de los libros más apasionantes que haya podido leer en los últimos meses. Sus referencias las tenéis al margen.
Cuando sucede que tres libros sobre un mismo asunto, excelentemente editados, escritos por tres médicos, desde enfoques diferentes pero complementarios, con un ánimo de enfrentar uno de los fenómenos más difícilmente explicables con que la ciencia hoy se pueda topar, aparecen en el plazo de un año… uno se pregunta si es casualidad, existe una conspiración editora o es que algo se mueve en la sociedad que despierta el interés de autores, editoriales y lectores. Sincronicidad, tal vez.
Todos recordamos al Dr. Raymond Moody cuando, allá por finales de los setenta, publicó un libro que causó un gran revuelo; se trataba del célebre Vida después de la vida. Desde entonces nuestro imaginario comenzó a enriquecerse con expresiones como “experiencias cercanas a la muerte”, “la luz al final del túnel”, “ver pasar en un instante la película de nuestra vida”… Apariciones en televisión, documentales y alguna que otra película nos familiarizaron con un fenómeno inquietante. Si te asomas a Internet y a youtube, los resultados de cualquier búsqueda sobre este asunto son impresionantes. Hasta qué punto ha calado algo que hace tan solo treinta años era algo perfectamente marginal.
Pero el libro de Moody era pionero y sólo describía a grandes rasgos la naturaleza del fenómeno, sólo descubría la estructura de la experiencia de aquellas personas que habían tenido esa vivencia. Pero le faltaba el espesor científico y la contundencia de cientos de pruebas acumuladas desde entonces: las reseñas de diversas investigaciones paralelas, la correlación con los datos que aportan los modernos avances en neurociencia, la perplejidad de los investigadores a la hora de interpretar. Desde entonces los relatos de los pacientes que pasaron por esa vivencia poco han cambiado en la forma, pero sí en el contenido y en las implicaciones filosóficas, éticas y científicas. Y todo eso que le faltaba al libro de Moody, lo aportan los tres libros que acabo de mencionar.
ECM o casi morir
¿Qué es una experiencia cercana a la muerte o ECM? Para Pin Van Lommel “se trata de la reminiscencia (documentada) de todas las impresiones experimentadas durante un estado especial de la conciencia, que incluye elementos específicos, como vislumbrar un túnel, una luz, una retrospección panorámica de la propia vida, personas fallecidas con anterioridad o la propia reanimación cardiopulmonar… Esta experiencia casi siempre trae consigo cambios fundamentales y duraderos en la actitud de la persona ante la vida, así como la desaparición del miedo a morir”. Jeffrey Long nos enumera los doce elementos fundamentales de una ECM: una experiencia extracorporal, agudización de los sentidos, sentimientos positivos intensos, entrar en un túnel, encuentro con una luz mística o brillante, encuentro con otros seres difuntos parientes o amigos, sensación de alteración del tiempo y del espacio, revisión panorámica de la propia vida, encuentro con planos ultraterrenos (interpretados como celestiales), aprendizaje de conocimientos especiales, encuentro con un límite o barrera y regreso voluntario o involuntario al cuerpo.
Esta es la esencia de lo que hablan, con una extensión variable, los libros de Gaona, Van Lommel y Long. Los dos primeros profundizan en cada uno de estos aspectos, analizando literatura científica, opiniones de muchos investigadores, similitudes con experiencias de otras épocas, posibles interpretaciones desde una óptica material, similitudes con lo que se nos dice desde cierta literatura ocultista, semejanzas con lo que nos cuentan otras tradiciones (egipcia, tibetana, griega…). Especial mención merece el mito de Er, que ya nos narra Platón en su décimo libro de La República, y que en algunos aspectos es de una semejanza asombrosa… O sea, las ECM, se puede decir que son experiencias universales, más allá de la condición de quien las padece.
La mención que se hace a las ECM en niños es impresionantes, mejor leerlas, pues lo que suelen narrar no está condicionado por lo que uno haya leído o le hayan contando sobre estas experiencias. Más interesantes todavía son los resultados observados en personas ciegas de nacimiento, pues al no tener elementos de referencia visual, lo que narran coincide con lo expuesto por aquellas personas que sí ven.
Jeffrey Long es más valiente en sus conclusiones. Elaboró un complejo cuestionario que uno puede consultar en su página web, y de los resultados de los relatos de casi mil quinientas personas, deduce que las ECM son auténticas y que demuestran la realidad del fenómeno, que no son meras experiencias subjetivas, que hay algo verosímil y muy coherente en todo lo que se describe. Y aporta nueve maneras para demostrarlo, que no enumero aquí por lo extenso que sería. Pero destaco este dato, porque vemos que este autor está dispuesto a no eludir las posibles implicaciones que tiene todo este complejo fenómeno.
La última frontera
Detrás de todo está la eterna pregunta que ahora tiene una actualidad especial: ¿qué es la conciencia? ¿Se sustenta en algún fenómeno material? Hay algo de escurridiza en ella que hace que cada vez que intentemos fijarla en la bioquímica, la genética, las sinapsis más escondidas de nuestro cerebro hacen que se nos escape entre los intersticios de nuestros complicados aparatos científicos.
Las ECM serán otro escenario más donde el enfrentamiento soterrado entre los enfoques materialistas y no materialistas, y las carencias de unos y otros, tendrán de nuevo lugar. Hay que estar atentos, porque a lo mejor tenemos pruebas más que definitivas de la existencia de un más allá o como quiera que se le llame a eso que experimentaremos cuando nuestra vida se extinga.
En mi humilde opinión, después de reflexionar sobre lo leído, tengo la sensación de que la ciencia moderna, en sus aspectos más de vanguardia, se está topando con fenómenos paradójicos que exigirán dar un paso más allá de los límites del actual paradigma materialista que lo impregna todo. Hemos topado con el mundo de lo sutil, de lo “incorpóreo”, donde las cosas son paradójicas porque aún no se han desarrollado los conceptos filosóficos ni un método claro para interpretarlos. Y la muerte y todo lo que la rodea siempre ha estado ahí. De hecho, las concordancias con los datos aportados desde diferentes tradiciones es algo que debería llamarnos la atención, porque a lo mejor vamos a cruzar un umbral que ya ha sido recorrido muchas veces. Merecería la pena investigar todo este asunto con verdadera amplitud de miras, con enfoques interdisciplinarios.
En su introducción, José Miguel Gaona nos dice: “Estoy seguro de que estamos abriendo una brecha en los conocimientos de la ciencia actual. El mero hecho de hacernos preguntas nos obliga a encontrar respuestas, porque, incluso aunque todo esté en nuestro cerebro y casi todos nosotros sigamos una pauta similar, el motivo u origen de este fenómeno es tan interesante como la experiencia en sí misma… Es la última frontera”. O tal vez sea la misma de siempre, solo que en vez de creencias tendremos convicciones apoyadas en conocimientos comprobados científicamente.
BIBLIOGRAFÍA:
Al otro lado del túnel. Un camino hacia la luz en el umbral de la muerte. Dr. José Miguel Gaona Cartolano, con prólogo de Raymond Moody. Edita Esfera de los Libros. 2012.
Consciencia más allá de la vida. La ciencia de la experiencia cercana a la muerte. Pim Van Lommel. Editorial Atalanta. 2012
Evidencias del más allá. Pruebas de la existencia de otra vida después de la muerte. Jeffrey Long y Paul Perry. Editorial EDAF. 2011.
























«Cuando la esperanza es lo último que queda, ya no hay miedo a esperar o de esperar la amenaza, y se la devuelve al baúl de los recuerdos para cuando se la necesite en primer lugar»
En apariencia, un mito entierra a otro, sin embargo coexisten armoniosamente y conservan una condición existencial que puede ser una cárcel en la relatividad del defecto o bien un ejercicio para la virtud. Es un sedimento, símbolo, contenedor, artefacto y vehículo de consciencia, como lo son las palabras, geometrías, matemáticas y sistemas, ajustados al desarrollo de consciencia.
La intuición habla primero y la razón buenamente traduce, siempre con hambre de vida, de creatividad. Mientras los sueños de ausencia claman por los de presencia y necesitan a los de cómo llegar. Y es en el puente en dónde suele aparecer el intermediario.
Inevitable es en su arribo, que el deseo se desvanezca en la encarnación de su verbo y que el mundo aprendido deba desprenderse del viejo como la estela de un cometa.
Por eso la vida es cuento y la palabra ficción, y nos encantan sean bellos o de horror, pero mucho más vivirlos y compartirlos.
La palabra es recitada sobre una música de fondo y es interpretada en diferentes dimensiones.
Al recitar sus versos, brindamos con una copa que endulza o es amarga, que embriaga o da lucidez, o bien fuerza o vulnerabilidad, más es un trago que olvida, esconde o recuerda, tristezas y alegrías. También construye, une y derriba, dudas o certezas, aunque siempre ama, porque las libera.
Pero si el soñador se adentra en uno ajeno, no irá a dónde quiera sino a dónde está predefinido ir. El amo creerá ser amo del tiempo mientras el esclavo, naufragar en alguna parte de la secuencia. Buscará al más fuerte, la seductora muerte, y con ello adorar al intermediario, el que tiene el poder de matar y de su amenaza. Y confundido, creará una quimera, uniendo lo inocente con lo perverso; la verdad con la mentira; la cura con el veneno; la libertad con sus cadenas y así, servir al imperio olvidando el título alodial. Nunca estará en su centro ni en la cima, mientras siga comerciando permisos y verdad para ser. Más una invencible idea tomará su lugar hasta que se rompa la ilusión de su Yo cautivo.
Por eso el amo y el esclavo son extremos de una misma vara o cuerda disonante.
En tal caso, saldrá del hechizo haciéndolo suyo, porque la verdad es de todos y no tiene dueño y aunque el cuento sea tan sólo un sueño, al despertar sentirá que ha amado, luchado, vivido, comprendido.
La carne, la extensión extrema e inicial, es el campo de aprendizaje de toda la gama creativa desde lo defectible, que concilia hasta las posibilidades más aberrantes mediante la fragmentación en el olvido y la reproducción en el recuerdo.
Y como Odín, sabiendo de su fin, nos preparamos igualmente para la batalla final, defendiendo nuestro amado e imperfecto mundo y así, la belleza de una frágil vida.
Olvido y recuerdo, sueño y vigilia, mente y cuerpo, simbólico y literal, onda y partícula, sentir y pensar, mito y realidad. Lo anímico y el orden binario, mecánico y bidimensional, son esas runas cuya confirmación implica el tránsito, desde lo complejo a lo simple, de las ausencias a las presencias, desde el arte al beso, abrazo y sonrisa, destellos de unidad.
Al final, lo que muere es la apariencia, y nos deja a todos desnudos, en donde nadie puede esconderse ni esconder nada más y nada escapa a la mecánica con la que se programan los trucos. Y aún así, desde niños nos gusta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.
Y aunque el soñador siempre jure amor eterno en el matrimonio con la apariencia, en la separación, el amante se quedará con lo amado. Por eso el engañado es el último en enterarse pero el primero en saberlo.
A pesar de todo, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque la mentira, el engaño y la apariencia, tienen sentimientos y cumplen su función, aunque sus días están contados.
Olvidar y recordar, componer y descomponer, dividir y multiplicar, desear y consumar, expandir y comprimir. La paradoja es sólo una en el saber vivir. El sentido común, la ley natural, la íntima consciencia.
«La frustración del iniciado ante la creída inalcanzable perfección es la que se rinde ante el mas fuerte, entregando ilusoriamente su responsabilidad al verdugo, que sacrifica la verdad, el amor, la justicia y la libertad, la vida, que mas temprano que tarde cobra la cuenta, como agente evolutivo o azote divino autorizado.
Nadie luchó, lucha ni luchará por su vida mientras no muera la apariencia.
Cristo es la refrescante consciencia que renace en el mismo cuerpo, que observa y comprende el engaño de la cruz y ficción, con los ojos simples de una inocencia antes secuestrada, perdida y luego adulterada, vendida como la tierra prometida. En ese momento, realmente se elige y se ve al vendedor del imperio de las ficciones y los teatros, del gobierno de las virtudes y los defectos en la carencia. Entonces, lo complejo se vuelve sencillo»
Las experiencias de unidad, ordinarias o extraordinarias, son orgasmos creativos a la medida de las condiciones de cada persona y de acuerdo al desarrollo de consciencia. Son a pesar de las creencias que las justifican y capturan dentro de una doctrina que intenta establecer un estándar, apropiándose de una verdad común y natural.
Cuestión imposible de experimentar intelectualmente ya que la lógica binaria, bidimensional y mecánica es limitada a las estructuras. Un confuso no puede salir de la cárcel utilizando los mismos elementos confusos, relativos y contradictorios, que establecen su estado, más cuando se es resiliente y al mismo tiempo se lucra en el defecto alimentando la ilusión en el saber, la creencia y la obediencia al sistema.
Lo increíble ya es, ya está, ¿hasta dónde se puede imaginar?
El soñador y actor siempre necesitará un cuerpo, un escenario, familia y un mundo, más algo que contar.
«Somos, seremos, fuimos
astro, cometa, estrella fugáz
la veo, la escucho, la amo
verdad, nada menos, ni más
simplemente, vida, creatividad»