Septiembre 2018

La crisis simbólica del mundo actual: entrevista a Fernando Schwarz

Escrito por  Fátima Gordillo
La crisis simbólica del mundo actual: entrevista a Fernando Schwarz

Tenemos el placer de entrevistar al antropólogo, filósofo y escritor Fernando Schwarz. Es un gran investigador de las estructuras míticas y simbólicas de las sociedades antiguas y modernas. Experto mundial en el Antiguo Egipto, ha dedicado también parte de su obra al concepto antropológico de «geografía sagrada». Además, es presidente en Francia de la Organización Internacional Nueva Acrópolis, de filosofía, cultura y voluntariado, y su coordinador para Europa Occidental.

Con más de diecisiete libros publicados en francés y nueve en lengua española, nos presenta El ocultamiento de lo sagrado: la crisis simbólica del mundo actual , su recién estrenado libro.

¿Hasta qué punto la pérdida de sentido simbólico tiene que ver con la crisis del mundo actual?

La pérdida del sentido simbólico es la clave para comprender la crisis que estamos viviendo, porque es una crisis de representación del mundo, no simplemente una crisis económica, social o humana. El problema que tenemos es que no sabemos en qué mundo estamos, no encontramos la forma de representarlo, y el símbolo permite la representación de las cosas.

¿A qué se debe el desencanto del mundo actual y la falta de perspectiva de futuro?

El desencanto del mundo actual no viene de ahora, es una consecuencia de siglos de empobrecimiento de la representación de la vida y de la existencia. Primero se empobreció porque se transformó la naturaleza en una cosa inanimada, pensando que se la podía utilizar de cualquier manera.

Luego, se perdió el concepto de arte; como dijo Gustavo Torner, «el arte murió», dejó de dar un ejemplo y una norma de tipo espiritual y simbólico en el centro de nuestras sociedades. El desencanto mayor lo señaló Nietzsche cuando hablo del desencanto de Dios, porque todo lo espiritual dejo de ser el centro de las preocupaciones de las sociedades humanas, y fue lo material, lo industrial, lo funcional, lo cotidiano, lo que se transformó en los intereses básicos. Esto, poco a poco, fue reduciendo la visión de la vida, y se volvió todo muy opaco, muy estrecho, y eso desencantó al mundo.

¿Qué es la imaginación y qué función tiene en el ser humano? Porque actualmente es como si no fuera importante... ¿Lo es?

La imaginación es lo propio del hombre, en realidad. Hay animales que pueden tener lenguaje, que pueden utilizar herramientas, que incluso, pueden razonar un poco. Pero, en cambio, el sistema de representar lo que no está, lo ausente, y hacerlo presente, eso es imaginación. El primer evento fundamental que da origen a la imaginación en la conciencia humana es la muerte. Cuando somos capaces de representar lo ausente, el muerto está entre las conciencias en la vida de la gente, aunque no esté en cuerpo; en ese momento la imaginación comenzó. En realidad, la estamos usando todo el tiempo. Todos los objetos, esta taza, la imaginó alguien; en realidad, lo que estamos viendo es la materialización de la representación que alguien hizo. Verdaderamente, todos los productos que estamos consumiendo son petrificaciones de la imaginación.

¿Qué influencia ha tenido la modernidad en el ocultamiento de lo sagrado?

La modernidad va a instituir una filosofía basada en la razón. Y para la modernidad, todo aquello que la razón no pueda conceptualizar, medir y cuantificar son elementos que no forman parte de la realidad. Por lo tanto, poco a poco, la hipertrofia racional va a ir poniendo al margen todo lo que es mito, todo lo que es símbolo, todo lo que parece fantasioso, todo lo que parece que no corresponde con la realidad. Entonces, lentamente, se fueron ocultando estos esquemas, y se consideró que era algo más irracional, algo para niños o para pueblos primitivos. Por eso, la modernidad ha sido elemento fundamental dentro del ocultamiento de lo sagrado.

Y ahora la pregunta clave: ¿qué es lo sagrado?, ¿es algo religioso?

Lo sagrado no pertenece a ninguna religión. Se puede definir de dos maneras, como lo define Karl-Otto, filósofo alemán del siglo XX, «es aquello que es otro». Lo sagrado es justamente lo que no somos nosotros, el otro, lo que está más allá de lo que veo, lo que es diferente, lo que está en otra dimensión. El tema del otro es muy importante porque sin el otro no existo yo. Para que haya «yo», tiene que haber «tú».

Lo sagrado engendra la identidad. Es algo de lo que nos hemos olvidado. Por otro lado, lo sagrado es lo inviolable, lo que no se puede transgredir, lo que no se puede tocar. Cada sociedad ha elegido elementos en sus comportamientos, en sus usos y costumbres que no se pueden tocar; esos elementos inviolables son lo sagrado.

¿Por qué somos capaces de hacer esto? Porque tenemos una dimensión de la conciencia que nos permite comprender lo que está más allá de las apariencias. Como decía El Principito de Exupéry: «Lo esencial es invisible a los ojos». Esa dimensión esencial es lo sagrado.

¿Cómo puede recuperar el hombre de hoy lo sagrado de una forma consciente?

Para recuperar lo sagrado de forma consciente hay que redescubrir nuestro espacio interior. Lo sagrado no está fuera. Podemos entender lo sagrado porque hay una dimensión interior que da profundidad y capacidad de visión más allá de lo inmediato, más allá de lo funcional, más allá de lo material. Entonces, lo sagrado es parte de nuestro espacio, donde podemos colocar elementos como símbolos, como mitos y, sobre todo, una conciencia profunda. Sin esa conciencia profunda que permite imaginar y representar el mundo de otra manera, no podemos revalorizar lo sagrado.

¿Por qué necesitamos los mitos o los símbolos?

De la misma forma que podríamos preguntar por qué dormimos... No solo dormimos para que el cuerpo se pueda regenerar y descanse; dormimos para regenerar nuestra psique, y ¿qué es lo que nos permite regenerar nuestra psique?... Los sueños. Cuando soñamos utilizamos un lenguaje simbólico, como lo han demostrado Freud y Jung. Nosotros nos reacondicionamos para enfrentar un nuevo día sacralizándonos.

Los sueños son comprensibles si los entendemos con la dimensión simbólica. Es otra manera de vivir. De alguna manera, los mitos en una sociedad permiten expandir la conciencia, poder ver más allá de lo inmediato.

La saga de un país no es su historia cronológica, son sus grandes personajes. El Cid es un mito. La historia del Cid en España puede ser controvertida, uno puede pensar una cosa u otra, pero esta historia se volvió un mito, que va más allá de los hechos, porque está incorporando una idea de la vida, una aspiración del ser humano...

Esto dilata la conciencia y se puede ver el futuro, se puede comprender el pasado y uno siente el destino.

¿Está permitiendo, de alguna forma, la caída de la modernidad dar el paso a lo sagrado?

Sí, porque, de alguna manera, el mito del progreso por el progreso en sí, por el consumo, está cayendo. Hoy sabemos que el día entrante no será mejor que el pasado. Las generaciones dudan sobre su futuro. La racionalidad hoy se entiende como una parte de la realidad y se ha comprendido que la imaginación puede influir sobre la racionalidad y cambiar su modo de ver las cosas. No hay una separación entre concepto y racionalidad o imaginación.

Para poder crear, hay que salir de donde uno está, crear un punto de fuga, descentrarse. ¿Qué es lo que nos permite descentrarnos?... La imaginación. ¿Qué es lo que nos permite luego explicar, comprender? La razón. Entonces no son opuestos. Necesitamos comprender la complementariedad entre los funcionamientos de nuestra mente, que representa las cosas con imágenes. Y, por lo tanto, que con una imagen podemos tener muchas significaciones al mismo tiempo que coexisten. Como el fuego, que puede ser la pasión, pero puede ser la sabiduría o la luz.

En cambio, un concepto es excluyente: A no es B; B no es A. No se entiende que una cosa pueda significar otras cosas. Esto nos ha tabicado el mundo, nos ha hecho un lenguaje binario, nuestra tecnología está basada en esto. No es malo en sí, pero le falta algo: le falta creatividad, le falta superación y le falta libertad.

Denos un ejemplo de algo sagrado que haya perdurado en nuestro tiempo. ¿Cómo se ha mantenido; cómo podemos reconocerlo?

Los filmes, las grandes sagas como Stars Wars, han durado cuatro décadas. Es impresionante porque en un mundo de alto consumo donde todo se gasta rápido, hay que hacer algo nuevo. Es una especie de odisea de Homero del siglo XXI. Se ha transformado en la mitología de varias generaciones. Es asombroso cómo mucha gente se identifica con ello. En Francia, el primer ministro actual es fan de la saga de Stars Wars . Es increíble cómo ha fecundado la imaginación de tantas generaciones. Esto es lo propio de la dimensión mítica. Por lo tanto, la perduración de lo sagrado en nuestra vida cotidiana.

¿Qué quiere aportarnos como conclusión?

Yo pienso que el desencantamiento del mundo nos llevó a esa opacidad. Tenemos que ver la posibilidad de re-encantar el mundo. Hoy en día, hay cada vez más corrientes de pensamiento y grupos de trabajo tratando de dar una nueva dimensión a lo que uno hace, como una magia donde se internacionalizan las diferentes dimensiones de la vida. Podemos re-encantar el mundo. Poder comprender que la naturaleza es algo viviente. Que el arte nos puede emocionar e inspirar. Que, de alguna manera, esta dimensión fabulosa de la imaginación puede darnos una posibilidad de ver un futuro nuevo y mejor.

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