Ciencia — 7 de abril de 2026 at 00:00

La materia, la forma y la vida cruzando umbrales (primera parte)

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La forma y la materia

La famosa ecuación de Einstein E=mc2 explicó al mundo que la materia y la energía no tienen una naturaleza tan distinta. Hablamos de una diferencia de velocidad, de movimiento, de una aceleración de la consciencia que termina realizando un cambio cualitativo. Cuando la materia persigue a la luz, hay un punto determinado en que da un salto y se transforma ella misma en aquello que perseguía. Tal vez por eso nos dijo Plotino que nos convertimos en aquello que contemplamos, podemos llegar a ser ese modelo que seguimos.

El misterio de la forma

La palabra en griego antiguo askhema (traducida por ‘feo’) alude a algo que no tiene forma, está hecho sin un esquema. Que la materia es pobreza de muchas cosas —como decía Plotino— lo sabemos también cuando somos conscientes de que la belleza de una escultura no proviene de que sea de mármol sino de la forma que este tiene.

Aunque la ciencia no tiene una explicación para la fuerza que rompe el equilibrio y enciende el botón del big bang, para Plotino, filósofo romano del siglo III d. C., todo se origina por una alegre sobreabundancia. El Uno (to ev), la semilla de todo lo que existe, es tan lleno y tan completo que no puede más y de manera inevitable se desborda… Originalmente la naturaleza del Uno es simple por sí misma (en griego haploos, de a-, ‘sin’ y pleko, ‘tenzar, enrollar o doblar’); el sentido es el de pureza y no el de básico como sinónimo de fácil.

Para Plotino la materia carece de toda cualidad y por eso puede recibir la impronta de cualquiera de ellas. Ciertamente, las subpartículas cuánticas no son frías ni amarillas, ni orgánicas, ni mojadas, ni gaseosas. La materia es un «receptáculo» virgen de cualidad (la Madre o matriz); bajo fuerzas o influencias, se organiza y toma forma. Dado que originalmente carecía de ella, Plotino dirá que la forma es una sugerencia para la materia. El genial biólogo y matemático D´Arcy Thompson nos deja evidencia de la matemática detrás de esa sugerencia en su monumento científico Sobre el crecimiento y la forma, publicado en 1917.

Está claro que la materia —como una plastilina que se va moldeando— llega a un punto en que sus características la definen finalmente como roca, como planta, como ballena, como nube… Las fuerzas que aglutinan los átomos han llenado un listado de requisitos y de características para que veamos las formas y estas sean diferentes. Es válido argumentar en este momento que a las cosas no solo las vemos, sino que las tocamos, nos las comemos, chocamos con ellas. Y sin duda es así, pero las formas materiales existen por un tiempo limitado. El plástico que conocemos como PVC puede tardar mil años en desaparecer del planeta por completo; sin embargo, la forma de los conductos existía antes en la naturaleza (también tenemos cañerías romanas que tienen ya dos mil años y le van ganando al PVC en duración, con la diferencia de que su material sí es biodegradable). A la forma hoy la vemos, pero mañana no.

Mientras que la forma manifestada tiene un límite temporal y espacial, la forma como idea parece eterna. El I Ching explica ese poder de lo invisible cuando nos dice que lo no manifestado tiene todas las posibilidades, posee todas las direcciones; mientras que lo manifestado se ve limitado a elegir una de ellas. Es decir, la materia está restringida con respecto a la idea, el destino de lo receptivo (la materia) es obedecer, está supeditado al poder de lo creativo (la idea). Para los chinos antiguos lo receptivo designa una realidad espacial frente a la posibilidad espiritual.

La forma que determina los saltos

Los materiales y los seres que cruzan un umbral revelan un misterio de la naturaleza. A nivel humano se nos ha hablado de la Iniciación como el paso de puertas: un ser humano que las cruza ya no puede volver a ser como antes. Ha cambiado de estado: eso es alquimia.

Antes de ponernos atómicos o poéticos, hay un ejemplo físico precioso, las arenas movedizas. La arena deja de comportarse como arena cuando la cantidad de agua, de aire y de granos llegan a una determinada relación y se ponen de acuerdo para no sostenernos. Además de formar una disolución (en estado coloidal), se comporta de manera extraña según el movimiento, parece sólida cuando le aplicamos fuerza y movimientos bruscos. Pero también se comporta como líquida ante la presión leve. Es como si la arena «a veces» no fuera sólida. Parece no obedecer a las leyes de la lógica y, a estos casos, se les conoce como fluido no newtoniano (lo esperado es que un fluido se comporte siempre de la misma manera y no que modifique su comportamiento a conveniencia). En la ciudad de Arévalo, el Museo del Trigo cuenta en sus infografías cómo en su momento las torres usadas como silos se comportaron como piscinas de grano movedizo, mortales para algunos trabajadores por el efecto de succión que se producía cuando se descargaba el trigo.

En este artículo y en su segunda parte vamos a analizar algunos ejemplos de la materia y la vida cuando cruza los umbrales.

Agua

El agua es tan común que hemos perdido la capacidad de asombro ante ella. Es como si despertáramos y, si la aurora boreal nos acompañara de la mañana a la noche, tal vez dejaríamos de ver los colores. Con el agua no existe concretamente ese problema porque es transparente. También es líquida, y es menos común de lo que imaginamos que un compuesto formado por dos gases tan livianos tenga como producto un líquido incoloro sin tener que meter mano a condiciones especiales de laboratorio, es decir, a nuestra temperatura y presión normales (y que además sea estable). En este caso, el agua es única. El agua tiene puentes internos (los puentes de hidrógeno son más informales que los rígidos enlaces), fuertes y a la vez dinámicos, clave en características como la peculiarmente fuerte tensión superficial y la capilaridad (la tendencia del agua a subir por finos tubos sin necesidad de un motor externo). Es el único líquido en combinar una polaridad extrema (paradójicamente acompañada de la neutralidad del conjunto) y, aunque es una sustancia homogénea, contiene en su composición una mínima cantidad libre de sus propios iones (el H3O+ y el OH, respectivamente el ácido y el álcali más fuertes que existen en el planeta), responsables además de muchas de las enigmáticas propiedades del agua, incluidas las atribuidas al agua estructurada (hoy sobre el ojo de la polémica).

El químico británico Martin Chaplin, autor del sitio web Water Structure and Science, se ha entretenido enumerando hasta 67 propiedades anómalas del agua. En el caso de la llamada agua estructurada y por qué se considera una «cuarta fase», hacemos referencia a un comportamiento inusual en un líquido, pero similar al que ocurre en los llamados cristales líquidos. Estos materiales conjugan el orden (tienen una estructura definida), pero permiten la movilidad de la energía, tal como podemos aprovechar una fila de personas para transmitir un mensaje o enviar un paquete de un lado hasta el otro. Es decir, que, aunque se trata de un líquido, fluido por definición, y en este caso en constante movimiento interno, las moléculas pueden encontrar un orden sin llegar a solidificarse. De hecho, esta máxima estructura (y densidad) la alcanza el agua a los 4 grados centígrados. Si continuamos enfriándola, las moléculas se separan, y por eso la versión sólida del agua es menos densa que su homóloga líquida; gracias a eso el hielo flota sobre el agua y permite preservar la vida durante la congelación del invierno. Es curioso constatar que hasta las anomalías tienen un objetivo.

Virus

El virus cruza la puerta entre lo vivo y lo no vivo. Aunque parezca extraño, un virus no es un organismo: es una instrucción, un trozo de ADN o de ARN que cuando entra en la célula la tiraniza. Sin embargo, esa instrucción, fuera de un ambiente celular, no significa nada, por eso depende siempre de organismos hospederos (no estoy segura si la palabra es correcta cuando solemos ser nosotros los que pagamos, incluso a veces, un precio muy alto). Como no está vivo, esa es la razón por la que tampoco muere. No puede morir, pero sí se puede desactivar.

¿Cómo los controla el cuerpo? El símil de comparar el virus con un rumor es interesante, porque su forma de contagio sigue los mismos patrones. Si el virus fuera ese rumor, los mecanismos de control incluyen cortarlo en trozos (como cuando se analiza cada parte el rumor y ya no se sostiene por sí mismo). Otro mecanismo es el olvido; cuando queda guardado dentro de una célula y se hace costumbre, ya no impresiona, ya nadie lo habla, no se replica y ya no enferma. Alguna vez, dentro de alguna célula puede aparecer el recuerdo y esta vuelve otra vez sobre el mismo viejo chisme. Habrá que controlarlo de nuevo. Al contacto con los virus, el sistema inmune aprende y el organismo se enriquece; también recicla los materiales que sobran al trocearlos. Siempre es bueno saber aprovechar la mejor parte de cualquier historia…

Biblografía

  • Plotino. Enéadas. Ed. Aguilar.
  • I-Ching. Libro de las mutaciones. Ed. Sudamericana Buenos Aires S. A., 1977. 
  • bbc.com/mundo/noticias2026/03/160324_agua_excepcional_razones_finde_dv
  • vitroid.github.io/wáter-science/wáter/index.html
  • ingeoexpert.com/2019/01/04/que-es-un-estuario-y-como-se-forman/?srsltid=AfmBOoo4t7tEeXr4NejWDPKulLEKatmYZe2EovkGI4ZVOCGCUpBbUprR

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