Naturaleza — 21 de enero de 2026 at 00:00

Simbolismo de la fuente: manantiales de Castellón

por ,

Fuente

Montserrat Reboll y Ana Belén Rodríguez

Desde el fondo de la historia, surge, espléndida y majestuosa, nuestra protagonista, la fuente. Ella guarda los más ocultos misterios, donde viven fantásticos seres, custodios de maravillosos tesoros anhelados por los efímeros mortales. Las aguas de fuentes y manantiales son puras y virginales, son aguas en continuo movimiento, son aguas de vida, de los proféticos oráculos donde se acercan los hombres en busca de lo divino. Intentaremos, pues, bucear por sus cristalinas aguas y dejarnos llevar por el suave murmullo de ecos pasados en pos de su secreto.

Por las sendas del pasado

Desde las primeras manifestaciones históricas, la fuente alcanzó un alto protagonismo simbólico y ritual. El hombre del pasado le concedió un lugar importante, algo incomprensible para nuestro siglo científico y materialista, para el cual no pasa de ser un mero instrumento práctico y ornamental. Pero quizá nuestros predecesores vieron en tan bello elemento algo más allá de lo puramente físico y estético, observaron que el continuo brotar de la fuente reflejaba, de algún modo, el incesante ritmo de la propia vida. Gracias a la ciencia arqueológica contamos con testimonios gráficos que son huellas inestimables de su gran importancia.

Las ofrendas encontradas en las aguas de fuentes, pozos y manantiales eran, por lo general, monedas, estatuillas e incluso algunas fíbulas. Sobre las tablillas votivas se escribían los nombres de los dioses y de los oferentes, siendo finalmente arrojadas a las aguas en espera de ser atendidas por la deidad. Manantiales y pozos fueron igualmente sagrados y venerados, conservando similar significado; casualmente las más antiguas ofrendas de exvotos encontradas en la península ibérica —s. V a, C.— se hallan en los lugares donde se adoraba un manantial salutífero.

Haciendo un breve recorrido por las distintas cosmogonías, hemos hallado su rastro en muy diversos lugares y épocas.

En China encontramos la leyenda de un monje budista llamado Huiyuan, que vivió desde el año 334 al 416 d. C. y fundó la secta del loto blanco. En una ocasión, saliendo del santuario, vio una roca lisa y la golpeó con su bastón de estaño. Inmediatamente brotó allí una fuente, que todavía hoy da agua al monasterio, llamada «fuente del bastón de estaño» (leyenda similar a la del Moisés cristiano).

La mitología fenicia nos habla de una divinidad de nombre Aleyin cuya misión era hacer surgir agua suficiente de los manantiales y fuentes. Por ello se constituía en espíritu de fuentes, manantiales, arroyos y ríos. El termino Aleyin significa ‘el que cabalga sobre las nubes’, pues también producía la lluvia y, como consecuencia, gracias a él había suficiente vegetación en la tierra.

En el epílogo del código de Hammurabi se invoca al dios Adad para que prive a los enemigos de la lluvia del cielo y de las aguas de las fuentes.

Los asirios rendían culto a Ishtar, diosa del amor, purificadora de las aguas y patrona de los manantiales «que traen la vida».

En Egipto se divinizaba al Nilo en el dios Hapi, abastecedor de fuentes y manantiales. También la diosa Isis representaba el espíritu de las aguas, de los ríos y fuentes.

En la India, aparte de los dioses acuáticos de los Vedas, están las Apsaras, ninfas que habitan las aguas de fuentes, lagos y ríos, especialmente el Ganges.

Entre los t´u-je eran veneradas las fuentes del Tamir. En Carrawburgh, en el muro de Adriano, están las ruinas de un lugar romano-celta consagrado a Coventina, la diosa del manantial que alimenta el pozo. Coventina tiene aspecto de ninfa y, en una escultura hallada, se la representa vertiendo agua de un cántaro. Entre los objetos encontrados en este lugar cabe mencionar las ofrendas votivas para la diosa, en las que había monedas, alfileres, tallas e incluso una calavera humana, que posiblemente fuera depositada para ayudar al espíritu de su dueño a adentrarse felizmente en el más allá.

También la diosa celta Epona aparece en ocasiones bajo figura de ninfa o nereida; estaba vinculada a las aguas termales y poseía un carácter sanador.

Los romanos nos hablan de Fons o Fonto, hijo de Jano y dios de las fuentes. Tenía un templo en Roma, seguramente ubicado cerca de la «Porta Fontinalis» y de la supuesta tumba de Numa. El 13 de octubre se celebraba la fiesta de Fons, que llevaba el nombre de Fontinalia; en este día se arrojaban flores a las fuentes y se coronaban con guirnaldas los brocales de los pozos. Esta Fontinalia tiene su continuidad en la festividad del Corpus cristiano; es célebre en el claustro de la catedral de Barcelona engalanar un surtidor con adornos florales durante esta festividad. Curiosamente, en la actualidad Roma sigue siendo conocida como «la ciudad de las fuentes».

La Iglesia cristiana relacionó a la Virgen con el poder salutífero de los manantiales, basándose en el texto bíblico: «Eres fuente que mana a borbotones, fuente de aguas vivas…». Uno de sus más entusiastas defensores fue san Isidoro de Sevilla, quien, a principios del s. VII, en sus Etimologías, llegó a dar por ciertas las propiedades maravillosas de algunos manantiales. Sin embargo, el origen de tal asimilación es pagano, ya que en la Roma antigua se utilizaba una virgen para descubrir los manantiales de agua potable. Por ello, el venero que abastecía las termas de Agripa recibió el nombre de «Acqua Virgo».

No podemos obviar que, desde tiempos ancestrales, existen mitos y leyendas en los que las fuentes y manantiales fueron venerados por devolver la salud de enfermedades incurables e incluso resucitar a seres humanos ya fallecidos.

Entre los galos, los manantiales son divinidades que tienen como propiedades las de curar las heridas y la de reanimar a los guerreros muertos. En el relato irlandés de la batalla de Mag Tured se habla de una fuente de salud donde se sumergía a los heridos de los Tuatha De Danann a fin de que fueran curados y quedaran aptos para el combate a la mañana siguiente. También durante el combate de Moytura, los Tuatha de Danann nos hablan de otro pozo de curación llamado Tiopra Slaine, que poseía estas extraordinarias propiedades curativas. Según el célebre historiador griego Pausanias, la diosa Deméter tenía en Pátras una fuente con asombrosas facultades de curación: «El fiel obtenía allí las respuestas observando las visiones que se producían en un espejo atado a una cuerda y sumergido apenas en el agua».

La fuente como símbolo de fertilidad y purificación

Para todas las antiguas culturas, el simbolismo de las aguas forma parte fundamental de sus ritos y ceremonias como elemento de fecundidad y purificación. Del mismo modo, la fuente está íntimamente relacionada con estas dos características.

De sus propiedades fecundadoras encontramos numerosas leyendas al respecto, que nos señalan ciertas fuentes cuyas aguas curan la esterilidad de las mujeres e incluso otorgan virtudes casamenteras, como por ejemplo, las aguas del santuario de la Virgen de Covadonga. En diversos cuentos irlandeses, el agua de un manantial o de un pozo se desborda y persigue a las mujeres. Las mujeres Kafires, cuando sus hijos les preguntan de dónde vienen los niños, les dicen que se los encuentran junto a las aguas de los manantiales, y «las mujeres los traen con ellas cuando vuelven de ir a buscar el agua del día». En Roma las mujeres embarazadas le daban culto a la ninfa Egeria porque tanto ella como Diana podían concederles un parto fácil. Las aguas de Egeria estaban acreditadas con la virtud de facilitar tanto la concepción como el parto y se han encontrado ofrendas votivas en el lugar dedicado a esta ninfa. Pero esta misma creencia existe en toda Sudamérica, Polinesia y en Asia central. Recientemente, se creía que una fuente de Oxford era tan potente como los pozos de los tupis y que tenía la virtud de hacer que las mujeres estériles dieran a luz.

Pero nos ha quedado constancia de que las aguas de fuentes y manantiales sagrados de todas las épocas siempre se utilizaron en los ritos de regeneración y purificación. Civilizaciones tan antiguas como la hindú, la egipcia o la griega tuvieron muy presentes en sus celebraciones religiosas las purificaciones a través del agua. Precisamente en Egipto, detrás del santuario de Isis en Pompeya, se ha encontrado junto a la «schola» (lugar de reuniones) una sacristía con una fuente para llevar a cabo dichos baños rituales. El cristianismo, que posee una infinita sucesión de elementos paganos, ha conservado esta antiquísima tradición a través del rito del bautismo, iniciado por Juan el Bautista.

También encontramos curiosas prohibiciones ancestrales que nos hablan de fuentes y manantiales tan sagrados y especiales que nadie podía acercarse a ellos sin haberse purificado previamente: «Era una fuente limpia de aguas brillantes y plateadas a la que ni los pastores, ni los rebaños que pastaban por las montañas, ni ningún otro animal se había acercado jamás, que no había sido turbada por ningún pájaro, ninguna alimaña, ni por la caída de un árbol» (Ovidio, Las metamorfosis)

Entre los turcos, mongoles, siberianos y, prácticamente, toda Asia central siguen manteniendo pura el agua de algunos ríos y fuentes donde prohíben su baño. Los descendientes de los mayaquiché (América central) no dejan pescar en los manantiales, ni desramar los árboles que les dan sombra. La fuente de Glanum (pura) en la Galia del sur está bajo el patronato de Valetudo, y continúa siendo igualmente respetada; curiosamente, dicha fuente recuerda con su nombre la irlandesa (Slante, la salud) de los Tuatha de Danann. La gran mayoría de príncipes y guerreros irlandeses iban regularmente a realizar las abluciones matinales a una fuente.

Las antiguas enseñanzas y la mística universal han demostrado que el baño o el lavado ritual tienen tal importancia que debe conducir a la vida espiritual como una consecuencia del esfuerzo de purificación interior. El agua es la gran dadora de vida y, a la vez, la gran destructora de las formas desgastadas por el tiempo. La purificación física a través del agua simboliza la transmutación interior que debe sufrir el ser humano para poder elevarse hacia lo divino.

La fuente de la inmortalidad o de la juventud

Una de las propiedades del agua es que posee en ella el poder de regenerarse hasta el infinito, es un elemento dotado de perennidad; de ahí que desde la más remota Antigüedad siempre se haya hablado de la mítica «fuente de la inmortalidad».

En su busca fueron numerosos personajes, desde el capitán español Juan Ponce de León en su viaje por las Américas hasta el mismísimo Alejandro Magno. Según nos cuentan, este último viajó hasta la India, donde se cree que pudo haber nacido el origen de tal leyenda. Otros escritores, por su parte, la ubicaron vagamente en algún lugar de Oriente. Según H. P. Blavatsky, la enseñanza oculta corroboraría la tradición popular que asegura la existencia de una Fuente de la Vida en las entrañas de la Tierra y en el polo norte. Según han recogido los mitos clásicos, quien bebiera de esta fuente se liberaría de los límites de la condición temporal y obtendría una juventud siempre renovada de longevidad. Esta fuente solía ubicarse en emplazamientos angostos o de difícil acceso y se la suponía a menudo custodiada por monstruos; esto exigía pasar grandes pruebas hasta gozar de sus aguas, lo cual supone todo un decurso iniciático, algo que realza el valor simbólico que conserva.

Como es habitual en este tipo de símbolos, no podemos hablar de la fuente de la inmortalidad o de la vida como propio de uno u otro lugar, sino que es uno de esos símbolos universales y atemporales repartidos por todo el mundo. Esto no debe asombrarnos si recordamos que todo símbolo encierra o guarda, a través de una forma física, una verdad de la naturaleza, oculta o velada bajo diferentes claves. Por ello encontramos que, entre los diferentes aspectos y profundidades del simbolismo de la fuente de la inmortalidad, se realza la fuerza de la juventud como la capacidad de seguir renovándose continuamente, como el constante brotar del agua de la fuente.

En el Nuevo Testamento encontramos este simbolismo a través de las palabras que Jesús le dirá a la samaritana: «El agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna» (Juan, 4,14), y el mismo Juan, en el Apocalipsis, haciéndose eco de Ezequiel, describe al Cordero que guía a los salvados «a los manantiales de las aguas de la vida» (Apocalipsis 7,17). En el Génesis encontramos que, en el centro del mítico paraíso terrenal, al pie del árbol de la vida, surge una fuente de la cual emanan cuatro ríos que se dirigen hacia los cuatro puntos cardinales; esta, según los cristianos, sería la fuente de la inmortalidad. Curiosamente, esta tradición tiene cierta semejanza con la escandinava, considerada por el profesor Max Muller como muy anterior a los Vedas. La mitología nórdica nos habla de que el «Invisible» sopló las Aguas (Caos), las llamadas corrientes de Eliwagar, destilándose en gotas vivificantes, que cayeron y crearon la Tierra y al gigante Ymir (hombre celeste), y a la vaca Audumla (la Madre o alma cósmica), de cuya ubre fluyeron cuatro torrentes de leche; los cuatro puntos cardinales, los cuatro manantiales de los cuatro ríos del Edén.

Entre los árabes es muy característica la construcción de casas con patios cuadrados en cuyo centro brota una fuente. Este cuadrado representa el Paraíso, y la fuente, la Fuente de Vida que todo lo regenera. Las cuatro estrellas en las esquinas de las fuentes representan la cuaternidad de los elementos, mientras que la estrella central superior es la quintaesencia, el símbolo de la unidad espiritual. En la isla de Cuba existe una fuente envuelta en leyendas llamada Fuente de Vida, cuya tradición no sabemos si es anterior a la colonización española o bien si se trató de una leyenda traída por los europeos al creer estar en las Indias.

Esta famosa fuente de la juventud, anhelada y buscada por los mortales más audaces, estaría ubicada en lo más profundo e íntimo de cada ser humano. El continuo brotar de la fuente representa las aspiraciones, deseos, anhelos y sueños internos que deben surgir y plasmarse en el exterior. Por ello la fuente se ha convertido en una representación del alma que corre sin cesar en busca de su destino.

La fuente de la sabiduría

Existen gran cantidad de reinos misteriosos situados por encima y por debajo del agua. El elemento agua es un símbolo perfecto de la verdad que yace en el fondo de las cosas, siendo una especie de barrera transparente y opaca al mismo tiempo, un velo traslúcido entre el mundo de los hombres y el más allá. Gracias al poder mágico del agua podemos conocer la sabiduría del otro mundo a través de los oráculos, pozos o fuentes del saber.

Cerca de Antioquía había una fuente mántica que sirvió para predecir la proclamación del emperador romano Adriano. Otro rey romano, Latinus, acudía a la fuente Albunea a consultar el oráculo de Fauno. El folclore celta nos habla del héroe irlandés Cormac y de cómo, casualmente, encuentra el «pozo de la sabiduría», cuya agua estaba imbuida de poderes proféticos. El pozo, a cuyo lado se sentó Moisés en su huida del faraón, simboliza el «pozo del conocimiento».

Los grandes santuarios de Delfos o Anfiaraion estaban situados en las cercanías de manantiales sagrados. En el templo de Apolo, en Delfos, desde la roca Nimpea, manaba la fuente Castalia. Todos estos santuarios son de difícil acceso y, como todos los lugares míticos que contenían poder y saber, eran guardados por criaturas todopoderosas, dragones, serpientes, hidras, que en su origen no eran otra cosa que la fuente misma bajo su aspecto animal. Para beber de sus aguas milagrosas era necesario vencer primero al dragón o monstruo guardián, y en la mayor parte de las mitologías se encuentra el tema del combate de un dios (Apolo, Marduck, Thor, Indra…) o de un héroe (Gilgamesh, Heracles, Perseo, san Jorge…) contra un monstruo reptil o saurio, guardián de las fuentes. Entre los germanos y escandinavos, la fuente Mimir contenía el agua del saber y otorgaba la sabiduría oculta: «Su agua es tan preciosa que, para ser admitido allí a beber, el dios Odín acepta abandonar un ojo. Por este precio ha bebido del agua del conocimiento, de la profecía y de la poesía». La victoria de Apolo sobre la serpiente Pitón es la que llevan a cabo todos los dioses y héroes que quieren acceder al conocimiento o a la posesión del agua de la inmortalidad. En el caso de Apolo, su combate contra Pitón le permite asentar definitivamente su poder sobre su lugar sagrado, establecer su oráculo, liberar fuerzas purificadoras, inspiradoras, de oráculos encerrados en la fuente.

La fuente en los ciclos de la vida

La fuente tiene un vastísimo poder de simbolización, ya que refleja todo el espectro de significados que van desde la vida hasta la muerte. Pero ¿qué sería la fuente sin el agua? Las aguas son la imagen misma del movimiento. El ciclo del agua, inmutable y perpetuo, ilustra perfectamente el continuo renacimiento del hombre en la Tierra. Es fácil establecer una analogía entre la lluvia y la fecundación, siendo el cielo una representación del padre o el gran principio masculino, y la tierra, de la madre o gran principio femenino. La lluvia sería la semilla del cielo que fecunda la tierra fértil y, en sus entrañas, es decir, en las capas freáticas, se forma la fuente que está en gestación. Entonces es como si la madre tierra estuviera embarazada de una fuente hasta que finalmente brota. Al igual que un niño, el pequeño ser crece: la fuente representa un bebé; el arroyuelo o riachuelo, un niño pequeño; el afluente, un adolescente y el río un hombre. La fuente tendría un carácter divino, mágico, puro y virginal, al igual que el alma de un bebé.

El mar es como la sangre del planeta, vital, salado, pleno de energía en sí y dador de fuerza a la vez. Es al mar donde van a parar todas las fuentes convertidas en ríos. La dulce gota, que es hija de la Tierra, necesita convertirse finalmente en la gota salada que es hija del cielo. Por eso los ríos, las fuentes y los pequeños hilos de agua van siempre a buscar su destino: el mar. De tal forma, el alma única y encarnada, representada por la fuente que brota aisladamente, se reúne tarde o temprano con las almas que, juntas, constituyen el océano de la vida. Así es como, desde antaño, nuestros antepasados hicieron de la fuente un símbolo del nacimiento del hombre y de la búsqueda incansable de hallar su propio origen y destino.

Castellón: la Castalia ibérica

Decir Castellón es humedecer nuestros pensamientos por las múltiples fuentes que refrescan la fertilidad y la savia del término. La naturaleza ha sido especialmente generosa con esta zona al regalarle, en cantidad y calidad, uno de sus elementos más preciados: el agua. Muchos de los abundantes manantiales, por lo ocultos y los casi ignorados rincones de su nacimiento, siguen siendo pequeñas joyas desapercibidas a los ojos de las gentes comunes, conocidos tan solo por unos pocos privilegiados. Aunque es muy difícil precisar desde qué época se utilizan, en la mayoría de los casos, los archivos municipales no registran tales datos; algunos fueron conocidos por árabes o romanos, aunque nos atrevemos a suponer que muchos de estos manantiales se utilizaron y fueron motivo de veneración desde tiempos ancestrales.

El culto a las fuentes y manantiales sagrados es tan antiguo como la historia del hombre. Consideradas de origen divino, basta recordar el número de fuentes cuyo nacimiento es atribuido a los dioses o a seres inspirados por ellos: la fuente de la acrópolis en Grecia, que brotó bajo el tridente de Poseidón o la que Moisés hizo surgir de una roca en el corazón del desierto, todas ellas poseían el poder de regenerar, de sanar, permitían predecir el futuro o acceder al mundo de los dioses.

En Castellón, si bien no hemos encontrado relatos cosmogónicos que presentan la creación emergiendo a partir de las aguas primordiales, sí existen multitud de rituales y prácticas de carácter terapéutico y purificador. Todas estas aguas, tradicionalmente, han estado consideradas como portadoras de salud, como por ejemplo, eliminar la inapetencia (Sta. Bárbara de Onda) e incluso curar enfermedades graves (Mare de Déu de la Font de Castellfort). Según nos comenta Caro Baroja, antes de la romanización, cada una de estas fuentes estarían dedicadas a una divinidad, pero los romanos las unificaron a través de las ninfas y los espíritus del agua, hasta llegar a ser totalmente cristianizadas bajo la advocación de la Virgen o de algún santo protector.

Como hemos comentado, aunque la cristianización de la zona prácticamente haya borrado toda huella de pasados vestigios paganos, se sigue manteniendo una estrecha relación de estos lugares especiales con lo invisible y la divinidad. El culto a las fuentes y manantiales medicinales presenta una continuidad sorprendente, según comenta el célebre investigador Mircea Eliade: «Ninguna revolución religiosa ha podido abolirlo». Y muestra de ello es que nos encontramos con que ciertas características de los santuarios ibéricos del lugar están emparentadas con el culto a las aguas practicado en Cerdeña y en los santuarios bereberes del norte de África.

Las rústicas construcciones de piedra alrededor de las fuentes y manantiales del término de Castellón son muestra y testimonio de la antigüedad e importancia de su utilización. En la mayoría de los casos, forman pequeños recintos cuadrados o rectangulares, cubiertos por una sólida bóveda de arco de medio punto o ligeramente apuntado. Su aspecto, semejante al de una pequeña capilla, sugiere ciertas connotaciones de la época ibero-romana. Algunas de estas construcciones tienen una pequeña oquedad o nicho en la pared, como si en ella se hubiera alojado, en otros tiempos, la imagen de algún genio o divinidad de la fuente.

Por toda la geografía de la provincia encontramos que múltiples santuarios dedicados a Vírgenes —sobre todo vírgenes negras— están siempre situados en emplazamientos de antiguos lugares de cultos paganos, cerca de fuentes, pozos o manantiales sagrados. Si recurrimos a la milenaria ciencia de la alquimia, la tierra era la representación de la materia primordial y de la primera fase de la obra, que estaba regida por el color negro, y por esta asociación, algunas diosas madres de la Antigüedad aparecían con el rostro pintado de negro.

Todos los enclaves del Maestrazgo poseen manifestaciones religiosas ancestrales: cavernas prehistóricas con santuarios milenarios de pinturas rupestres, huellas remotas de ritos antiguos y otras tantas joyas más. La mayoría de estos emplazamientos han sido conservados y, de este modo, costumbres bastante anteriores a la era cristiana han sido asimiladas y perpetuadas. De hecho, en la geografía marina es difícil encontrar un santuario que no esté ubicado cerca de un manantial milagroso.

Desde siempre se ha conocido la existencia de fuentes y manantiales con propiedades altamente benéficas para el ser humano. En muchos lugares ello se debe al rico contenido en minerales o de plantas curativas medicinales de algunas aguas, pero en otras ocasiones tales recuperaciones son atribuidas a la intervención divina. Así se explicaría que las construcciones tuvieran la forma de una cabaña circular con atrio, donde habitaría la divinidad o los espíritus del agua.

Hemos hallado esta vieja tradición en diferentes culturas y ella nos habla de la existencia de una poderosa divinidad que vive en las aguas y es capaz de sanar, realizar prodigios y de atender las peticiones de los seres humanos; según lugares y épocas se la ha llamado o representado de diferentes maneras, bien sea bajo el símbolo de un animal, de una ninfa, diosa o espíritus del agua. En la provincia, existen claros indicios de esta continuidad sagrada a través de apariciones de Vírgenes en el interior de manantiales y fuentes, como es el caso de La Mare de Déu de la Font de la Salut en Traiguera, la Virgen de la Font del Portal de Morella o la Mare de Déu de la Font de Villalonga. En líneas generales, todas las ermitas que están edificadas cerca de fuentes atribuyen a su imagen poderes curativos y reciben el nombre de Mare de Déu de la Font o Mare de Déu de la Salut.

Pero también podemos distinguir otra clase de fuentes, muy extensas por todo el término, consideradas como portadoras de fertilidad y fecundidad, ya que sus aguas, sin ser motivo de asombrosos milagros, alimentan y dan vida a los campos y a sus gentes. A ellas también se les rinde culto, y su particularidad reside en estar consagradas, en la mayoría de los casos, a los santos locales. La característica esencial del culto a estas fuentes es mantener su perdurabilidad, es decir, el fluir constante del agua y su abundante caudal, y ello se produce gracias a la intervención del santo protector.

En la localidad de San Mateo encontramos la leyenda de cómo san Vicente Ferrer anunció, refiriéndose a una fuente habida en un torrente cercano, que jamás faltaría en ella el agua. Similar tradición se mantiene para la fuente de San Vicente de Traiguera, que recuerda la predicación del santo taumaturgo en las fiestas de santa Margarita en 1413. En la actualidad, durante los meses de abril y mayo se realiza la «benedicció de termes» donde, en algunos pueblos castellonenses, se suele efectuar la bendición de estos manantiales y fuentes. En Zucaina, el 9 de mayo se peregrina hasta el «Peiró de Sant Gregori», donde se bendice la fuente pública; y en Alcudia de Veo, la bendición se realiza el día de San Pedro, colocando su imagen en la orilla del torrente de agua.

En Villavieja existen doce manantiales muy abundantes utilizados antiguamente por romanos y árabes; estos últimos nos han legado dos rústicas bañeras que todavía hoy se utilizan. Pero sin duda el manantial más preciado es la Fuente Calda que nace al pie de la montaña de Sta. Bárbara cuyas aguas son excelentes para dolencias de uso interno, aunque también posee los baños de pozos calientes, distribuidos por toda la población. El agua de estos pozos nace medio hirviendo, despidiendo vapores de ázoe, oxígeno y ácido carbónico; pero al contrario que la Fuente de Calda, el agua de los pozos se prescribe para uso externo.

En Catí encontramos la Fuente de Ntra. Sra. del Avellar, que nace en la ermita de dicho nombre. También quedan restos de unos antiquísimos baños árabes cuyas aguas son recomendadas tanto para uso interno como externo; de ahí que recibe el nombre, por parte de los especialistas que estudiaron sus propiedades, de «oro potable». Nos dicen los cronistas que los musulmanes se bañaban en esta agua para sanar la piel e incluso la utilizaban para bañar y curar a sus animales enfermos. También fue elegido este manantial por los romanos para crear sus célebres baños.

El término de Benicàssim encierra conocidos manantiales que tienen su origen en la zona del Desert de les Palmes. Fuentes como La Teula, Font Tallà, Font del Perelló, Fuente de Santa María, etc., son solo un ejemplo, pero sin duda, la fuente más apreciada y visitada es la de Sant Joseph, a la que acuden a diario sus incondicionales.

Los encantadores paisajes que ofrecen las estribaciones septentrionales de la Sierra de Espadán son uno de los principales atractivos del término municipal de Tales, donde el espectacular Montí da nombre al paraje de pinada más emblemático de la zona y a un manantial muy apreciado, la fuente del Montí.

La localidad de Fuentes de Ayodar, como su mismo nombre indica, nos ofrece un amplio mapa hidrográfico de fuentes y manantiales por doquier, como por ejemplo, Fuente del Tordo, Fuente Larga, Barranco Hoyos, Zuro, El Cañar, La Paciencia, Fuente Rita o Fuente los Chorricos; esta última, de propiedades medicinales, tiene una graciosa rima que dice: «Fuente los Chorricos, bálsamo para mayores y chicos». Pero la costumbre de ir a tomar las aguas a Ayodar procede de las propiedades curativas que tiene El Turió para tratar los problemas de piel, aunque también las aguas de su manantial son famosas por quitar la inapetencia, como la de Fuente de la Peña.

Es conocido también en el pueblo el llamado Pozo Negro, donde la gente acostumbra a bañarse en sus frías aguas de remedios magistrales. Tampoco podía faltar aquí una leyenda sobre árabes y pasadizos secretos, como la que se cuenta sobre el castillo musulmán y un camino subterráneo que bajaba por la ladera del río para conseguir agua en tiempos de asedio, y cuenta el folclore popular que este mismo pasadizo atravesaba por debajo el pueblo entero.

Sus casas colgantes sobre el barranco han motivado que el pueblo de Fuente la Reina, adquiera el sobrenombre de «la pequeña Cuenca». No se sabe muy bien si fue una reina cristiana o una mora la que bebió en la fuente de aguas medicinales y dio nombre al lugar. Unos dicen que se trataba de Leonor de Sicilia, la que fuera esposa de Pedro IV de Aragón, quien acostumbraba ir a la fuente ahora conocida como de la Reina. Otros defienden su origen musulmán y apuestan por la leyenda que habla de la princesa mora, Fátima Fernández de Abú-Zeit, que se casó con el hijo de un consejero de Jaime I, como protagonista de este relato relacionado con la famosa fuente.

En la población de Almedíjar se conserva una bella y romántica leyenda que gira en torno a su fuente, hoy conocida como la fuente de Almanzor. Cuenta el folclore popular que, durante la rebelión de los moriscos en la sierra de Espadán, se libraron duras batallas entre las tropas del duque de Segorbe y las huestes del rey Selim-Almanzor. Los días de agosto discurrían calurosos, con los aljibes vacíos y sin que el cielo vertiera una gota de agua.

Una mañana irrumpieron en el patio de la fortaleza cuatro guerreros escoltando al rey Almanzor, gravemente herido en el combate. Isabel, una cautiva cristiana profundamente enamorada del rey moro, se abrió paso entre la muchedumbre y no pudo evitar un sollozo al verle en aquel estado. Nadie podía sanarlo sin disponer de abundante agua para lavar las heridas, pero la cautiva cristiana condujo a un reducido séquito a un manantial secreto. Almanzor, lleno de gratitud le dio a elegir su recompensa, pero Isabel, por primera vez, sostuvo la mirada del rey, delatora de gratitud e infinita ternura, mientras el rumor de la fuente, que hoy aún lleva el nombre de Almanzor y abastece a Almedíjar, fluía a borbotones.

El asentamiento árabe que pobló Gaibiel tuvo en cuenta las aguas de su manantial de Las Fuentes, donde se localizan varias fuentes como la de los Caños, el Júcar, el Vicario y la del Camino de la Vall, muy alabada por sus propiedades curativas.

El agua que mana de las fuentes de Chovar forma un embalse en el barranco de Ajuez, donde existe una presa de posible origen romano. Pero de lo que realmente se enorgullecen es de la fuente del Alcornoque, cuyo grifo natural está situado en el mismo tronco del árbol, aunque también son célebres las de Fuente del Lobo, Fuente Fresca, De la Bellota, Perola o Tiritio.

En Navajas también encontramos fuentes puras y benéficas como la Fuente del Curso, la de Mossen Miquel, la Font de la Peña, la de San Rafael, Cañar, la Font del Lugar, la del Baño y la de la Virgen de la Luz; precisamente esta última se encuentra a escasos metros del santuario de la patrona de Navajas. Lo mismo ocurre con Segorbe, cuya fuente de los cincuenta caños o de las Provincias se encuentra junto a la ermita de la Esperanza. Un caño por cada provincia, cuyo escudo en bronce luce encima del chorro. Lucena del Cid posee gran cantidad de fuentes, como las del Prat, Mosquerí, Els Covarxos, el Gatell o la Fonteta de Godó. La hermosa Vistabella del Maestrazgo posee su famosa Font l´Alforí.

También existen otras pequeñas poblaciones que poseen esta riqueza de fuentes y manantiales y son célebres por sus aguas embotelladas, como FuenSanta en Viver, FuenCalien en Toga o Bejís y Benassal; esta última posee más de veinte fuentes perennes, aunque entre ellas la más notable es la de Segura o En Segures.

La capital del Maestrazgo, Morella, tiene fuentes minero-medicinales aconsejadas desde la Antigüedad. El pozo de San Lázaro contiene principios ferruginosos muy tonificantes. Pero las principales fuentes morellanas son Font Doncella y Font Boxeda. La primera es un rico manantial, excelente contra las enfermedades cutáneas y afecciones a los órganos digestivos. Tal fue la confianza de los enfermos en esta agua, que venían desde lejanos pueblos de Aragón y Cataluña, acampando en barracas y tiendas por los alrededores de la fuente. Font Boxeda es notable por la baja temperatura de sus cristalinas aguas, cuya frescura exagerada no resiste planta alguna.

Medina Alhadra (Ciudad Verde) llamaban los musulmanes a la población de Burriana por estar rodeada de bosques de naranjos. Justo al lado de la Capilla del Ecce-Homo, hallamos un pozo cuyo panel de azulejos advierte: «Has de ser hombre honrado y al pozo no molestar porque el santísimo Ecce-Homo te podrá castigar».

Albocácer, importante villa del Maestrazgo, cuenta con antiguas y destacadas ermitas. La más importante es la de Sant Pau, en medio de una fértil llanura y rodeada de antiguos restos romanos. Según cuenta un viejo texto del s. XVII, apareció el apóstol San Pablo en traje de peregrino y echó unas gotas de agua en un pantano cenagoso, quedando purificada el agua que antes era nociva, y prometió la salud a los que se lavasen en ella. El lugar se hizo famoso y las gentes acudían allí en busca de remedios. Se construyeron bañeras de piedra (en la actualidad queda una) y en ellas se lavaba a los enfermos tal como ahora ocurre en Lourdes.

Pero quizá el paraje por excelencia de los manantiales sea Montanejos, lugar de belleza extraordinaria que posee «la fuente de los baños», cuyo caudal es de 5000 litros por minuto, lo que da lugar a un río de aguas termales donde se forman numerosas piscinas naturales. Esta fuente fue muy apreciada por los árabes, siendo el rey Zeit-Abu-Zeit quien construyó un balneario para la reina Zucaina, del cual quedan algunos vestigios.

Zorita del Maestrazgo debe su nombre a Sorcitta (fuente), poblado romano que existió en el lugar de las fuentes termales que brotan en el cauce del río Bergantes. Al norte de la población se halla el santuario de la Verge de la Balma, donde nace la fuente de la Virgen. Como en casi todos los lugares, aquí también se repite el hallazgo de la imagen en una oquedad cercana donde se levanta actualmente la ermita.

La villa de Traiguera, siendo colonia fenicia se denominaba Tihar-Julia, hasta que en 1233 fue conquistada por los cristianos, los cuales la llamaron Triguera por sus abundantes cosechas de trigo. El real ermitorio de la Mare de Déu de la Font de la Salut se erige en el centro de una fresca hondonada por donde pasaba una Vía Augusta. Allí, de la roca viva, bajo los cimientos del edificio, brota un salutífero y abundante manantial de agua fresca. Las raíces socioreligiosas de este ermitorio son semejantes a las de otros de la comarca y, probablemente como ellos, tiene sus precedentes en épocas ibero-romanas ya como lugar sagrado.

Una vieja crónica nos dice que en 1384, un pastor sordomudo encontró por casualidad este manantial y después de beber de sus aguas recobró el habla y el oído. En el fondo del agua divisó una pequeña imagen mariana, avisando a las autoridades del milagro y del hallazgo. La tradición popular sigue contando que la imagen fue extraída del agua y procesionalmente trasladada a Traiguera. Sin embargo, al día siguiente desapareció del templo parroquial y de nuevo fue hallada en el mismo lugar de su descubrimiento. Por ello se decidió no separar la imagen de culto (una talla de madera gótica) de su fuente y construir en el mismo lugar una ermita. Lo asombroso de este templo es que fue considerado sagrado por todas las culturas anteriores y el lugar está impregnado por una fuerza telúrica especial que se siente al situarse encima del manantial o debajo de la cúpula.

Se levanta el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa, a veces denominado en viejos documentos Sant Joan de la Font Coberta, en un bellísimo lugar rodeado de prado y bosque, donde impera la serenidad, la pureza, la tranquilidad y donde se alza majestuoso el pico de Penyagolosa. Aquí cabe destacar la tradicional romería de Els Pelegrins de Useres, rito medieval en el que doce peregrinos y un guía parten de Useres y, atravesando tierra inhóspita, llegan hasta el ermitorio de Sant Joan de Penyagolosa para pedir salud, paz y lluvia para su pueblo. Se ha citado que el primer nombre de la ermita fue Sant Joan de la Font Coberta; por eso se cree que debió de ser la fuente —el agua— el motivo de esta peregrinación, ya que al llegar a la ermita, lo primero que hacen los peregrinos es bendecir la fuente. La imagen del santo que allí se venera es una talla de madera, de gran valor escultórico, que, al decir de algunos eruditos, bien podría ser visigótica o bizantina, aunque también se baraja la posibilidad de que se trate de una obra de los primeros tiempos de la Reconquista, de un estilo románico muy rústico.

Entre huertos de naranjos, embriagada por el perfume de azahar, se alza la pequeña ermita de Sant Francésc en la ciudad de Castellón. Los lugares de la capilla son mitológicos para los castellonenses, ya que, según el libro Tombatossals, de José Pascual Tirado, el gigante salió del Molí de la Font a la conquista de las islas Columbretes. Delante de la ermita nace la Fuente de la Reina, identificada como la antigua fuente de Castalia. En las cercanías de la ermita se encontraron restos prehistóricos y cerámicas de las épocas ibero-romana.

Por ello, quizá lo más sorprendente que podemos encontrar en la capital castellonense sea precisamente el término «Castalia» (que, como sabemos, era la fuente sagrada del oráculo de Delfos en Grecia). Esta palabra se halla muy arraigada en la ciudad y hemos querido averiguar su procedencia. Según el historiador valenciano del siglo XV Antonio Beuter y corroborado por otros investigadores como Viciano y Escolano, el poblado primitivo de Castellón de la Plana fue construido por los griegos en el cerro llamado actualmente de La Magdalena.

Esto pudo suceder en las primeras llegadas de los griegos a la península ibérica por el siglo IX a. de C. Lo cierto es que en las ruinas del antiguo castillo de la Magdalena se encontraron sepulturas, monedas romanas y basamentos de columnas, entre otros restos antiguos. Según las investigaciones de estos historiadores, de allí surgiría la palabra «Castalia», palabra de evidente procedencia griega, no derivada de castillo ni de Castellón, sino de los baños termales que los griegos de este pequeño poblado poseían y practicaban como costumbre griega en el estanque natural de la Fuente de El Palmeral, cerca del bosquecillo de palmeras que ellos mismos plantaron para embellecimiento del lugar. Esta Fuente de El Palmeral, de abundante y clara agua, está a poca distancia del poblado primitivo de la ciudad, por lo que les abastecía de agua diaria.

En ese pequeño poblado, los griegos también tenían su templo, posiblemente dedicado al dios Apolo (casualmente estaba consagrado el oráculo de Delfos), que la Iglesia judeocristiana posteriormente dedicó a Sta. María Magdalena, aunque en tiempos de los árabes (de 718 hasta finales de 1233) fue reformada como mezquita musulmana. Ignoramos el nombre que aquellos pocos habitantes le dieron al poblado, pero es posible que a la llegada de los árabes y al construirse su castillo fuese llamado el Castellón, nombre que le pasó al nuevo poblado del llano a la llegada de los cristianos, siendo así como nació el nuevo y actual nombre de Castellón de la Plana.

* * *

Muchas otras fuentes y manantiales, centros vitales de pequeñas alquerías, aldeas o pueblos de la provincia han quedado fuera de este trabajo, ya que sería una labor extensísima describir todas y cada una ellas. Pero más allá de nuestra posible selección, para sus habitantes, la pequeña fuente de su pueblo es la más importante de todas, porque en sus aguas se refleja su propia vida y la de su tierra. De igual modo que podemos identificar la casa como símbolo de hogar en cuanto núcleo de integración familiar, podemos afirmar que la fuente viene a constituir la condición de centro en cuanto núcleo de convivencia y comunicación ciudadanas.

La fuente y también el pozo siempre fueron un lugar de encuentro, de reunión y concentración. Es muy común, incluso en la actualidad, que en el centro de cualquier población se halle una fuente, y hasta tal punto es así que para aquellos pueblos que carecen de ciudades, como los nómadas del desierto, el núcleo urbano está constituido en el oasis, es decir, alrededor de las fuentes. Por tales circunstancias, en una de sus claves, las fuentes y pozos representaron desde siempre ese punto de unión, de conjunción, de fusión y comunión del ser humano consigo mismo y con la armonía del universo.

Fuentes y manantiales son lugares especiales sobre los cuales gravita desde tiempos ancestrales la fuerza de lo sagrado. Los cambios culturales han transformado sus formas y sus nombres, pero no su esencia más profunda, ya que todavía emanan el perfume de antiguos efluvios perdidos. Ellas aguardan, como una novia de agua, a que nuevamente los seres humanos volvamos a redescubrir la puerta mágica que conduce hacia lo divino. A través del camino de la fuente, la magia del agua debe volver a estar presente en nosotros, pues simplemente somos como una fuente nacida y atada a la tierra, pero que sus aguas, su energía y su vida, se dirigen hacia el mar para volver nuevamente al cielo.

Bibliografía

Castelló Poble a Poble. Diputació de Castelló.

Diccionario de iconografía. Federico Revilla. Ed. Cátedra.

Diccionario de mitología griega y romana. Pierre Grimal. Ed. Paidós.

Diccionario de símbolos. Chevalier. Ed. Herder.

Diccionario Espasa de mitología universal. Jaime Alvar. Espasa Editorial.

Doctrina Secreta. H. P. Blavatsky.

Dragones, dioses y espíritus de la mitología China. Tao Tao Liu. Ed. Anaya.

El libro celta de la vida y la muerte. Juliette Wood. Círculo de Lectores.

El Maestrat para andar y ver. Juan B. Simó Castillo. Ed. Generalitat Valenciana.

En busca de los dioses. Jacques Lacarriere. Ed. Edaf.

Ermitas de la Comunidad Valenciana. Matilde Pepín. Carena Editors.

Festes, rituals y creencies. Temes d´etnografía valenciana. Joan F. Mirá. Ed. Alfons el Magnánim.

Geografía general del reino de Valencia. Carlos Sarthou. Caja Ahorros Castellón.

Grecia clásica. Manual simbolismo y arqueología. Ed. NA.

Historia de las religiones de la Europa antigua. Ed. Cátedra.

Huellas del espíritu en la prehistoria castellonense. Joan Llidó. Diputació de Castelló.

La alquimia en Notre-Dame. Dep. arqueológico. Ed. NA.

La Plana de Castellón. José Quereda y Vicente Ortells. Diputació de Castelló.

Leyendas y tradiciones valencianas. Fernanda Zabala. Ed. Carena.

Los espíritus elementales de la naturaleza. Jorge Á. Livraga. Ed. NA.

Los misterios del antiguo Egipto. Lewis Spence. Ed. Ariel Esotérica.

Mitos, enigmas y leyendas contemporáneas. Gustavo Frías. Ed. Nueva Lente.

Paisajes y leyendas de Castellón y su comarca. Álvaro Monferrer. Diputació de Castelló.

Viajando por Castellón y su provincia. E. Díaz y E. Olucha. Diputació de Castelló.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish