Historia — 30 de septiembre de 2026 at 00:00

El general Custer: murieron con las botas puestas (II)

por

«Cabellos Largos»1 George Armstrong Custer

La valoración de Custer ha variado enormemente a lo largo del tiempo en Estados Unidos. Tras la derrota de Little Bighorn, Elizabeth «Libbie» Bacon Custer, su esposa, dedicó buena parte de su larga viudez a defender la memoria de su marido mediante libros, conferencias y una intensa labor pública de reivindicación (Custer, 1885; Texas State Historical Association, s. f.). Durante décadas, esa imagen contribuyó a consolidar la representación de Custer como héroe romántico y mártir de la expansión hacia el Oeste, una especie de Quijote, según se interpretan algunas fuentes («¡ja!», reivindica el viajero, qué más hubiera querido él…), mientras que la batalla de Little Bighorn fue presentada con frecuencia como una «masacre» cometida por los indígenas contra tropas supuestamente civilizadoras o pacificadoras. Ese perfil heroico aparece, por ejemplo, en la película Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On), dirigida por Raoul Walsh en 1941, con Errol Flynn en el papel de Custer y Olivia de Havilland como Libbie Custer (British Film Institute, s. f.). Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, y con especial fuerza desde los años setenta, la historiografía fue revisando esa lectura épica para situar a Custer en un contexto más amplio de expansión colonial, presión militar sobre las naciones indígenas, explotación de recursos e incumplimiento reiterado de tratados y acuerdos con las Primeras Naciones, los propietarios lícitos del territorio (Connell, 1984; Philbrick, 2010).

En la actualidad, la interpretación dominante de Little Bighorn ha dejado de presentar la muerte de Custer como una simple gesta heroica y la sitúa dentro del proceso de ocupación de territorios reconocidos a los lakota por el Tratado de Fort Laramie de 1868. Dicho tratado reservaba las Black Hills y otros espacios para el «uso y ocupación» de la nación sioux, pero la expedición exploratoria de Custer en 1874 al corazón de estas montañas abrió el camino a una entrada masiva de mineros y colonos que el propio Gobierno estadounidense terminó tolerando o favoreciendo (National Archives, 2025; United States v. Sioux Nation of Indians, 1980). La revisión simbólica de la «gesta» de Little Bighorn ha llegado incluso al Congreso de los Estados Unidos: el 10 de diciembre de 1991, la Public Law 102-201 sustituyó oficialmente el nombre de Custer Battlefield National Monument por Little Bighorn Battlefield National Monument y autorizó la creación de un memorial dedicado a los combatientes indígenas (qué menos, ¿verdad?). United States Congress, 1991; National Park Service, 2025). La batalla sigue estudiándose, pero cada vez menos como el sacrificio glorioso de un héroe nacional y más como un caso complejo de mala inteligencia, exceso de confianza, errores de mando y choque entre memoria militar, propaganda patriótica y resistencia indígena (U. S. Army University Press, 2020). En ese sentido, la campaña de Libbie Custer fue muy eficaz durante décadas, pero no logró fijar definitivamente la imagen heroica de su marido frente a la revisión historiográfica posterior.

La falta de autodisciplina y el desprecio por la autoridad ya se habían manifestado en Custer antes de que pisara por primera vez un campo de batalla. En la Academia Militar de West Point se recuerdan pocos cadetes que acumularan tal cantidad de amonestaciones de conducta, casi siempre motivadas por su inmadurez, sus bromas pesadas y su tendencia a desafiar la disciplina. Según la cifra recogida por Willey y Scott, Custer llegó a acumular 726 deméritos durante su etapa como cadete en West Point, una cantidad cercana al récord histórico de la academia (Willey & Scott, 1999). En junio de 1861 se graduó el último de su promoción, de treinta y cuatro cadetes, y, solo unos días después, tuvo que enfrentarse a un consejo de guerra por no detener una pelea mientras ejercía como oficial de día en el cuartel (Utley, 2001; Roland, 2024). A punto de ver arruinada su carrera militar antes incluso de haberla comenzado, el estallido de la Guerra Civil jugó a su favor y le salvó el futuro: el ejército de la Unión necesitaba urgentemente oficiales libres de destino para enviarlos al frente. Por sus faltas, Custer recibió solamente una reprimenda, no la expulsión (National Park Service, 2024; Roland, 2024).

Aquella temeridad, sin embargo, se transformó durante el combate en una virtud militar tan brillante como peligrosa. Sus dotes de improvisación, su agresividad táctica y su capacidad de liderazgo bajo fuego real destacaron muy pronto, aunque todas ellas estaban sostenidas por un ego colosal y por un deseo casi insaciable de notoriedad, ante el cual estaba decidido a sacrificarlo todo (Urwin, 1990; Utley, 2001). Custer comprendió también el valor teatral de la guerra en una época en la que la prensa empezaba a seguir con atención las campañas militares. Idolatrando su propia imagen pública, llegó a diseñar un uniforme no reglamentario, bastante peculiar, con chaquetas llamativas, bordados, flecos, sombrero de ala ancha y una apariencia cuidadosamente escenográfica (Mueller, 2020). No era solo vanidad: como han señalado algunos autores, esa indumentaria hacía que sus hombres pudieran identificarlo a distancia en pleno combate, del mismo modo que otros grandes caudillos militares (que Custer seguramente habría estudiado) también utilizaron elementos visuales reconocibles —Julio César con su capa roja, Alejandro Magno con su casco emplumado, Aníbal con su elefante Surus— para reforzar su presencia en el campo de batalla (Carhart, 2005; Mueller, 2020). Incluso su larga cabellera rubia, que perfumaba con aceite de canela, formaba parte de esa construcción consciente del personaje (Utley, 2001).

Con solo veintitrés años, Custer pasó directamente de capitán a general de brigada de voluntarios, convirtiéndose en uno de los generales más jóvenes del ejército de la Unión y recibiendo de la prensa el apodo de The Boy General (Urwin, 1990; National Park Service, 2024). Apenas tres días después de su ascenso, mandó la Brigada de Míchigan en Gettysburg y encabezó una carga de caballería que ayudó a frenar el avance de la caballería confederada del bien bragado J. E. B. Stuart en East Cavalry Field, una acción importante para impedir que el sureño amenazara la retaguardia unionista (Urwin, 1990; Hessler, 2022; Roland, 2024)2. Repetidas hazañas como esta hicieron que, durante la Guerra Civil, Custer desarrollara una fe casi ciega en la llamada «suerte de Custer» (Custer’s luck), expresión que recuerda inevitablemente a la baraka3 de otro personaje de memoria discutible. En numerosas ocasiones le mataron caballos en combate —el National Park Service recoge la cifra de once caballos abatidos bajo él—, mientras que the Boy General apenas sufrió una herida de consideración (National Park Service, 2025; Nelson et al., 2005). Esa sucesión de éxitos, alimentada por audacia, azar y propaganda, fue consolidando en él una mentalidad de invulnerabilidad que terminaría siendo una de sus mayores debilidades: Custer llegó a creer que, tácticamente, la iniciativa extrema y el ataque inmediato podían doblegar casi inevitablemente al enemigo.

Espada capturada por “The Boy General” en la Guerra de Secesión: en el cartel de la vitrina se explica que, según la información museográfica del Little Bighorn Battlefield National Monument, Custer capturó la espada – de fabricación española- a un oficial confederado durante la campaña de 1862, en un episodio asociado a White Oak Swamp, durante uno de sus primeros combates personales de la Guerra Civil. La inscripción grabada en la hoja dice en perfecto español: “No me saques sin razón; no me envaines sin honor”, lema que las armerías toledanas solían tallar en su buen acero. Además del arma, Custer se habría quedado con el caballo y una silla de montar particularmente lujosa del oficial vencido. La espada pasó a ser, por tanto, algo más que un arma funcional: se convirtió en un trofeo personal de guerra, que Custer conservó y utilizó posteriormente. (NPS, s. f.-a). (FA).
REFERENCIAS DEL APARTADO 05
• NPS. (s. f.-a). Museum and archival collections. Little Bighorn Battlefield National Monument. https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/museum-and-archival-collections.htm
• NPS. (s. f.-b). Little Bighorn Battlefield National Monument digital archive. NPGallery. https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

En 1865 participó activamente en el acoso final al ejército de Robert E. Lee hasta la rendición confederada en Appomattox (National Park Service, 2024; American Battlefield Trust, s. f.). Tras la guerra, perdió su rango temporal de general de voluntarios y regresó al ejército regular con el grado de capitán, aunque en 1866 fue nombrado teniente coronel del recién creado 7.º Regimiento de Caballería, destinado a las Grandes Llanuras (National Park Service, 2025; Roland, 2024). Para entonces ya se había casado, en febrero de 1864, con Elizabeth «Libbie» Bacon, de la que estuvo profundamente enamorado durante el resto de su vida (Utley, 2001; National Park Service, 2024). Hasta tal punto llegó esa dependencia afectiva que, durante una campaña en Kansas en 1867, Custer abandonó su mando y marchó sin autorización para reunirse con su esposa, episodio que contribuyó a su procesamiento militar (Utley, 2001; Roland, 2024). La corte marcial lo declaró culpable de ausencia sin permiso y de conducta perjudicial para el buen orden y la disciplina militar, además de otros cargos relacionados con el trato a desertores y el uso indebido de recursos militares; fue suspendido de empleo y sueldo durante un año (Utley, 2001; Roland, 2024; National Park Service, 2025).

Su viejo protector, el general Philip Sheridan4, lo rescató del ostracismo antes de que concluyera la suspensión, porque necesitaba oficiales agresivos para las campañas contra las naciones indígenas de las llanuras (Utley, 2001; Roland, 2024). Custer aplicó entonces una forma de guerra dura contra campamentos indígenas vulnerables, como ocurrió en la polémica batalla —o masacre— del río Washita, el 27 de noviembre de 1868, cuando el 7.º de Caballería atacó el campamento cheyenne de Black Kettle (Greene, 2004; National Park Service, 2018). Allí se combinaron varios de los rasgos que definirían su carrera posterior: ataque por sorpresa, rapidez extrema, división de fuerzas y captura de no combatientes. El National Park Service recoge que cincuenta y tres mujeres y niños fueron apresados y enviados después a Fort Hays, Kansas (National Park Service, 2018). Más que una simple operación militar, Washita mostró la lógica brutal de las campañas de las llanuras: golpear el centro doméstico y logístico de las comunidades indígenas para forzar su sometimiento, destruir su capacidad de resistencia y obligarlas a aceptar las condiciones impuestas por el ejército estadounidense (Greene, 2004; Utley, 2001).

Con esta personalidad a cuestas, Custer fue nombrado comandante de una expedición a las Black Hills (1874), sin permiso de sus legítimos propietarios, es decir, los propios indígenas. El episodio de Little Bighorn no puede entenderse sin esta expedición.

Custer en las Black Hills

Aquel territorio había quedado reconocido dentro de la Gran Reserva Sioux por el Tratado de Fort Laramie de 1868, que, como hemos visto anteriormente, garantizaba a los lakota el uso de esas tierras y obligaba al Gobierno estadounidense a protegerlas frente a las incursiones de ciudadanos blancos, incluyendo entre esos ciudadanos a los generales díscolos de cualquier pelaje (Tratado de Fort Laramie, 1868; National Archives, 2025).

A pesar de ello, la expedición militar de Custer entró alegremente en las Black Hills, acompañada por científicos, exploradores, periodistas y… buscadores de oro. Sheridan fue, cómo no, quien autorizó aquella exploración, motivada en último término por el creciente rumor de la presencia de oro en las colinas. Durante la marcha se confirmó, en efecto, la existencia de yacimientos auríferos, y la noticia se extendió con rapidez. A partir de ese momento, el problema dejó de ser estrictamente militar o diplomático: miles de mineros comenzaron a penetrar en un territorio protegido por tratado, en una invasión que el Ejército fue incapaz —o no tuvo nunca verdadera voluntad política— de detener (National Park Service, s. f.; National Archives, 2025).

Oro en las Black Hills

¡Oro! La expedición de Custer confirma los rumores sobre la existencia de oro en las Black Hills. Por William E. Curtis.

Este despacho, publicado originalmente en el Chicago Inter-Ocean el 27 de agosto de 1874, fue una de las crónicas periodísticas más influyentes de la expedición de Custer a las Black Hills. Curtis convirtió unas pequeñas partículas extraídas del lecho de French Creek en la promesa de un nuevo El Dorado y transmitió a sus lectores la fiebre que se había apoderado del campamento. Su importancia histórica reside también en una contradicción que el propio periodista reconoció: aquellas riquezas se encontraban en unas tierras reservadas a los siux por el Tratado de Fort Laramie de 1868, donde los buscadores de oro no podían entrar legalmente. Pese a ello, la difusión nacional de estas noticias despertó una intensa presión popular para abrir las Black Hills a la minería y contribuyó a desencadenar la invasión que precedió a la guerra de 1876 (Curtis, 1874; United States v. Sioux Nation of Indians, 1980).

Nota: una copia fotostática del artículo se conserva en el Custer County 1881 Courthouse Museum, en Custer, Dakota del Sur. En esta traducción se ha mantenido el tono del original, incluidas algunas expresiones y concepciones características de la prensa estadounidense de su tiempo.

Lo llaman un «lavadero de diez dólares», y todo el campamento arde con la fiebre del oro. En despachos y cartas anteriores he hablado ya del descubrimiento, pero entonces el lugar aún no había alcanzado la dignidad suficiente para recibir el nombre de «diggings» —explotación minera—, y solo unas pocas partículas amarillas habían sido extraídas de un puñado de arena. Esta ha sido la primera oportunidad que han tenido nuestros mineros de someter aquel «color» a una prueba verdaderamente seria, y el resultado ha sido abundante.

Rascaron el lecho de un arroyo hasta encontrar indicios de oro. Después, con pala y pico, comenzaron a abrir junto a él un hoyo casi tan largo, ancho y profundo como una tumba humana. Desde las mismas raíces de la hierba hacia abajo, todo era «tierra de pago»5. Tras lavar una docena o más de bateas, aquellos dos hombres perseverantes —destinados a convertirse en los pioneros de un nuevo estado dorado— regresaron al campamento con un poco de polvo amarillo cuidadosamente envuelto en una hoja arrancada de un viejo libro de cuentas.

El hallazgo fue examinado con el microscopio y sometido a todas las pruebas que la imaginación de mil quinientos expedicionarios excitados fue capaz de proponer. Las superó todas. Lo lavaron con ácido, lo mezclaron con mercurio, lo cortaron, lo masticaron y hasta lo probaron, hasta que todo el mundo quedó convencido y se retiró a dormir soñando con las riquezas de Creso.

Al amanecer, una multitud rodeaba el lavadero, armada con todos los utensilios imaginables. Palas, azadas, picos, hachas, piquetas de tienda, ganchos de cocina, cuchillos Bowie, marmitas, calderos, platos, fuentes, tazas de hojalata y cualquier objeto capaz de arrancar tierra o contenerla fue puesto al servicio de los adoradores de un nuevo dios: el ORO.

Y pocos fueron los que no consiguieron una «muestra»: unas cuantas partículas amarillas adheridas a un glóbulo de mercurio que rodaba indiferentemente entre la arena. Oficiales y soldados, conductores de mulas y científicos quedaron situados de pronto en un mismo plano. El gran igualador de todos ellos era aquel insignificante polvo amarillo.

Los sueños dorados de Aunt Sally

La participante más entusiasmada en aquella carrera tras la fortuna era Tía Sally, la cocinera negra6 del proveedor del campamento: una enorme montaña de carne oscura y, como ella misma repetía con frecuencia, «la única mujer no blanca que había contemplado jamás las Black Hills».

Era una antigua fronteriza, por así decirlo. Había recorrido el Misuri arriba y abajo desde que sus aguas turbias fueron hendidas por la rueda de paletas de un barco de vapor. Después de reunir una pequeña propiedad, se había establecido en Bismarck con la intención de vivir cómodamente.

Un día me explicó sus razones para participar en la expedición:

«El dinero no ha traído a esta criatura hasta aquí, ahora te lo digo. Esta no es una negra corriente, te lo digo: no lo es. Ya he terminado de trabajar por dinero, escúchame; y no pillaríais a esta chica cargando comida por estas Black Hills a las que Custer nos ha traído. Yo había oído hablar de estas colinas mucho antes que Custer (…) Ahora hablo en serio. Cuando estaba en el Misuri —cociné en el primer barco que subió por aquel río— tampoco me fue nada mal, os lo digo. Pero quería ver estas Black Hills, y no son más negras que yo. Y yo no soy africana, podéis apostarlo; no lo soy. No soy del montón; tengo sangre blanca dentro de mí, la tengo, y tengo dinero para demostrarlo. Así es, os lo digo».

Tía Sally esperaba encontrar en las Black Hills, de una manera u otra, algo especialmente relacionado con la gente de color, y quedó terriblemente decepcionada. Sin embargo, el descubrimiento del oro compensó la ausencia de cualquier particularidad de esa naturaleza y se sumó a los acontecimientos con auténtico fervor religioso.

Hablaba de oro incesantemente, desde la mañana hasta la noche. Cuando acomodaba su enorme cuerpo en el pequeño carro preparado para ella y para sus «trastos», soñaba con buscadores de oro y con «todas las cosas buenas que hay en esta tierra; eso es lo que yo creo».

Acudió al arroyo cuando se produjo el hallazgo, «rascó grava», delimitó su propia concesión y anunció que regresaría tan pronto como cualquiera:

«Ahora me oís bien»

Instrumentos de laboratorio de ensayo (assay office) originales, utilizados para averiguar cuánto oro y plata contenía una muestra de mineral, una información decisiva para saber si una veta merecía ser explotada. Los recipientes grandes de la parte superior son crisoles (“crucibles”), en los que se calentaba mineral pulverizado mezclado con fundentes y compuestos de plomo; los pequeños recipientes alineados debajo son copelas (“cupels”), fabricadas tradicionalmente con un material muy poroso —frecuentemente ceniza de hueso— capaz de absorber el óxido de plomo durante la copelación. El oro y la plata quedaban finalmente concentrados en una diminuta perla metálica que podía pesarse y analizarse, decidiendo así si la veta merecía ser explotada o no. Estos instrumentos se encuentran en Bodie, un “pueblo fantasma” de la fiebre del oro de California, expuestos como curiosidad. Hoy en día, la mina de Bodie ha vuelto a funcionar, y se extrae oro mediante técnicas no tan diferentes de las de hace 200 años. (Haffty, Riley y Goss, 1977). (FA)
REFERENCIAS DEL APARTADO 06
• Haffty, J., Riley, L. B., y Goss, W. D. (1977). A manual on fire assaying and determination of the noble metals in geological materials (U.S. Geological Survey Bulletin 1445). U.S. Government Printing Office. https://digital.library.unt.edu/ark:/67531/metadc1115061/

Los mineros siguieron el curso del arroyo durante cierta distancia y encontraron indicios de oro a cada paso, hasta que la veta desapareció bajo una enorme montaña de cuarzo. Las investigaciones posteriores parecieron demostrar la existencia de una franja [de oro] de treinta millas de anchura, hasta donde podía determinarse, que discurría de suroeste a nordeste y comprendía todas aquellas montañas de cuarzo cuya belleza exterior habíamos contemplado con tanta admiración.

«Debajo de ellas tiene que haber oro», afirman los mineros. Los mineralogistas añaden que sería extraño que no lo hubiera, aunque seguramente se encuentra en una forma a la que no podemos llegar. Carecemos de medios para efectuar voladuras o practicar una verdadera explotación minera. No disponemos de pólvora, salvo la contenida en los pequeños casquillos de latón de nuestros cartuchos, y la tierra no entregará sus secretos ante ninguna fuerza menor.

Tampoco tenemos tiempo para intentarlo. Más de la mitad del periodo previsto para la expedición ha transcurrido, la mitad de nuestras raciones se ha consumido y todavía queda mucho territorio por explorar.

Pero la expedición ha resuelto el misterio de las Black Hills y llevará de regreso la noticia de que aquí existe oro en cantidades tan ricas como jamás habíamos soñado. La forma de llegar hasta él aún está por descubrir.

Se encuentra en pleno corazón del territorio siux, dentro de sus terrenos de caza más apreciados, y ellos conservan estas tierras con toda la reverencia sagrada que puede albergar el corazón de un «salvaje».

Nadie puede venir hasta aquí con seguridad ni con derecho legal alguno, mientras continúen vigentes los tratados actuales. La riqueza que hemos descubierto deberá permanecer todavía durante varios años bajo prohibición.

Una nube de langostas armadas de pico, pala y ambición —aunque muchos llegaran también impulsados por la necesidad acuciante de sobrevivir— comenzó a colarse en las Black Hills, no por una sola puerta, sino por varios corredores abiertos entre bulos, propaganda tendenciosa de los periódicos, promotores, caminos militares, rutas de carromatos, estaciones ferroviarias y activa condescendencia política. Una de aquellas primeras incursiones ilegales levantó el Gordon Stockade, en la actual Dakota del Sur: un fortín tan ilegal como revelador de lo que estaba por venir (Gevik, 2016; History Nebraska, s. f.; Robinson, 1966).

El Ejército logró expulsar a sus ocupantes en abril de 1875, pero el efecto propagandístico ya estaba hecho: se había demostrado que los civiles podían burlar la vigilancia militar, internarse en un territorio protegido por el Tratado de Fort Laramie y regresar contando que había oro (McDermott, 2001; Robinson, 1966). A partir de entonces, la invasión se hizo menos pintoresca y más logística. Entraron mineros, mercancías y expectativas por numerosas rutas, y muy pronto cobraron fuerza los corredores de Cheyenne y Sidney, apoyados en el ferrocarril de la Union Pacific, las diligencias, los trenes de mulas y los convoyes de abastecimiento (Hall, 1996; McDermott, 2001).

No fue, por tanto, una irrupción espontánea de aventureros, sino una presión civil, comercial y territorial cada vez mejor organizada, que el Gobierno debía contener por tratado, pero que acabó utilizando para desplazar el problema hacia los propios lakota. Piensa el viajero que Sheridan ganó esta partida con semejante estratagema, pues convirtió un problema jurídico y político en una avalancha populista de acciones destinadas a expulsar al indio de su territorio, apoyada por una población cada vez más numerosa que, además, estaba formada por votantes. Claro que había oro en las Black Hills. Los especuladores de baja ralea lo estaban fabricando para quedarse con él. El suministro a una población creciente es un buen negocio.

El Gobierno no anuló formalmente el tratado desde el principio, sino que lo fue vaciando de contenido. Sabía plantear la situación mediante un magnífico gambito de dama y rematar la partida con un jaque mate de hechos consumados. En teoría, Washington seguía obligado por el Tratado de Fort Laramie, que reconocía aquellas tierras como parte del territorio reservado a la nación sioux y garantizaba su uso y ocupación frente a la entrada de colonos, mineros y especuladores blancos. Sin embargo, la presión de la fiebre del oro alteró la lógica política: en vez de hacer cumplir el tratado y expulsar eficazmente a los intrusos, el Gobierno intentó comprar las Black Hills (Tratado de Fort Laramie, 1868; Clow, 1976; United States v. Sioux Nation of Indians, 1980).

Como los lakota rechazaron venderlas, Washington dejó de tratar el asunto como una invasión ilegal de mineros y comenzó a presentarlo como un problema de «indios hostiles» que permanecían fuera de las agencias. Al fracasar la vía de la compra, el problema fue transformado en una cuestión de obediencia indígena y de seguridad militar (Clow, 1976; National Park Service, 2025a; United States v. Sioux Nation of Indians, 1980).

El mecanismo elegido fue el ultimátum emitido en diciembre de 1875, por el cual los lakota y otros grupos que se encontraran fuera de las agencias debían presentarse en ellas antes del 31 de enero de 1876. Quienes no lo hicieran serían considerados «hostiles» y quedarían entregados al Departamento de Guerra (U. S. Senate, 1876; National Park Service, 2025a).

La orden, en la práctica, se saltaba el tratado por la vía del arco de triunfo: obligaba a encerrarse en agencias o reservas a pueblos que mantenían una movilidad estacional y unas formas de caza y ocupación territorial que no podían reducirse a un plazo administrativo dictado desde Washington. Además, muchos campamentos se encontraban dispersos en pleno invierno por la región del Powder River, en el sudeste de Montana y el noroeste de Wyoming. Algunos ni siquiera llegaron a conocer la orden a tiempo, y quienes se enteraron tenían por delante distancias enormes que recorrer durante una estación especialmente dura. La exigencia era, por tanto, arbitraria y casi imposible de cumplir (Barrett, 2011; North Dakota Studies, s. f.).

A partir de aquella hostilidad fabricada administrativamente, el conflicto pasó a manos del Ejército. El general Philip Sheridan, primero se relamió los bigotes como un gato frente a un cuenco de crema; después, organizó una campaña militar de «convergencia» —pura guerra— para localizar y combatir a los grupos lakota y cheyennes que permanecían fuera de las reservas, con el objetivo oficial de obligarlos a regresar a la Gran Reserva Sioux (National Park Service, 2025a).

Sobre el papel, la idea era elegante: tres columnas debían cerrar el espacio de maniobra indígena. Sobre el terreno, como casi siempre, la geometría militar tuvo que vérselas con la geografía, la distancia, las deficientes comunicaciones y un enemigo que no estaba dispuesto a quedarse quieto para facilitar aquella fantasía de pizarra de Estado Mayor.

Las tres fuerzas quedaron, respectivamente, bajo el mando de: a) el general de brigada George William Crook (1828-1890), comandante del Departamento del Platte; b) el coronel John Oliver Gibbon (1827-1896), comandante del Distrito de Montana; y c) el general de brigada Alfred Howe Terry (1827-1890), comandante del Departamento de Dakota y responsable de la columna oriental. La dirección estratégica general de la campaña correspondía a Sheridan. Terry se reunió posteriormente con la columna de Gibbon y asumió la dirección de aquella fuerza septentrional conjunta, mientras que Crook operaba de manera independiente desde el sur. Bajo las órdenes de Terry marchaba el 7.º de Caballería, utilizado como principal fuerza de exploración y de choque (National Park Service, 2025a).

«Indios hostiles»

Movimientos de las tres columnas durante la campaña siux de 1876. Elaboración propia a partir de Collins (2006).
REFERENCIAS DEL APARTADO 07
• Collins, C. D., Jr. (2006). Atlas of the Sioux Wars (2.ª ed.). Combat Studies Institute Press. https://www.armyupress.army.mil/Portals/7/educational-services/staff-rides/atlas-of-the-sioux-wars-second-edition.pdf

El resultado fue exactamente el contrario del esperado. Al llegar la primavera, en vez de desmovilizarse e internarse en las reservas, muchos lakotas, realmente ofendidos por la situación, abandonaron para siempre las agencias durante la caza de verano y buscaron a Toro Sentado y a los otros jefes no sometidos, de modo que los campamentos de las praderas crecieron con familias y guerreros lakotas y cheyennes hasta formar la gran concentración indígena que Terry ignoraba que se encontraba junto al Little Bighorn en junio de 1876 (National Park Service, 2025b)7. Así, Little Bighorn no fue una aventura aislada ni una simple imprudencia del ejército en general, y de Custer en particular, sino el desenlace militar más desastroso de una crisis provocada por la presión minera, el incumplimiento práctico de tratados destinados a durar «mientras creciera la hierba»8, y la conversión de pueblos libres en «hostiles» por vía administrativa.

La cuestión de fondo siguió abierta más de un siglo: en 1980, el Tribunal Supremo de Estados Unidos reconoció que la toma de las Black Hills había generado una obligación de compensación, fijada sobre el valor de 1877 y sus intereses acumulados; sin embargo, la nación sioux rechazó —y sigue rechazando— una reparación puramente económica que no incluya alguna forma de devolución o reparación territorial (United States v. Sioux Nation of Indians, 1980; Pommersheim & Drapeaux, 2025). Es decir, el gobierno de Estados Unidos está obligado a pagar el precio justo por las Black Hills, más el interés generado en todos estos años. Los nativos siguen rechazando esta cifra muchimultibillonaria9… Más de un siglo después, el propio Tribunal Supremo de Estados Unidos resumiría la cuestión del acantonamiento exprés en reservas con una frase demoledora: «Dada la dureza del invierno, era imposible cumplir estas instrucciones»10 (United States v. Sioux Nation of Indians, 1980).

Desde la perspectiva lakota, aquello no era una rebelión contra Estados Unidos, sino la defensa de un territorio cuya ocupación y uso habían sido reconocidos por… Estados Unidos. Era a todas luces una actitud estatal «okupa», diríamos hoy, una especie de «es tuyo, pero me lo quedo yo». A Toro Sentado se le atribuye una respuesta que resume bien esa posición: «no estoy en guerra con ellos» (Garland, 1923). En otro pasaje del mismo relato, al discutir con el coronel Nelson A. Miles, Toro Sentado insiste en la misma idea: «No he declarado la guerra a Washington», aunque advirtió clarísimamente que pelearía de ser empujado contra la pared (Garland, 1923).

FUENTES CONSULTADAS

1. Libros, estudios históricos y obras generales

Bray, K. M. (2006). Crazy Horse: A Lakota life. University of Oklahoma Press. Ficha de la editorial. Enlace: https://www.oupress.com/9780806139869/crazy-horse/

Brown, D. (1973). Enterrad mi corazón en Wounded Knee (ed. especial Discolibro). Bruguera. Búsqueda bibliográfica en WorldCat (no se localizó una copia digital abierta de esta edición española concreta). Enlace: https://search.worldcat.org/search?q=ti%3A%22Enterrad+mi+coraz%C3%B3n+en+Wounded+Knee%22+au%3ABrown

Brown, J. E. (Ed.). (1953). The sacred pipe: Black Elk’s account of the seven rites of the Oglala Sioux. University of Oklahoma Press. Ficha de la editorial. Enlace: https://www.oupress.com/9780806186702/the-sacred-pipe/

Canary, M. J. (1896). Life and adventures of Calamity Jane, by herself. Facsímil digital en Internet Archive. Enlace: https://archive.org/details/GR_484

Cody, W. F. (1885, 14 de mayo). Letter from Buffalo Bill to the Commissioner of Indian Affairs about Sitting Bull [Carta]. Records of the Bureau of Indian Affairs, Record Group 75, National Archives. Reproducción y transcripción en DocsTeach, National Archives. Enlace: https://docsteach.org/document/letter-buffalo-bill-cody-sitting-bull/

Collins, C. D., Jr. (2006). Atlas of the Sioux Wars (2.ª ed.). Combat Studies Institute Press. PDF completo, Army University Press. Enlace: https://www.armyupress.army.mil/Portals/7/educational-services/staff-rides/atlas-of-the-sioux-wars-second-edition.pdf

Connell, E. S. (1984). Son of the morning star: Custer and the Little Bighorn. North Point Press. Registro y préstamo digital restringido en Internet Archive. Enlace: https://archive.org/details/sonofmorningstar0000conn

Custer, E. B. (1885). “Boots and saddles”; or, Life in Dakota with General Custer. Harper & Brothers. Texto completo en Project Gutenberg. Enlace: https://www.gutenberg.org/ebooks/48972

DuFran, D. (seud. D. Dee). (1932). Low down on Calamity Jane. Publicación privada. Registro descriptivo de la primera edición (no se localizó facsímil completo abierto). Enlace: https://www.buckinghambooks.com/book/low-down-on-calamity-jane/

Eastman, C. A. (1918). Indian heroes and great chieftains. Little, Brown, and Company. Facsímil digital en Internet Archive. Enlace: https://archive.org/details/indianheroes00eastrich

Fox, R. A., Jr. (1993). Archaeology, history, and Custer’s last battle: The Little Big Horn reexamined. University of Oklahoma Press. Ficha de la editorial. Enlace: https://www.oupress.com/9780806129983/archaeology-history-and-custers-last-battle/

Garland, H. (1923). The book of the American Indian. Harper & Brothers. Texto completo en Project Gutenberg. Enlace: https://www.gutenberg.org/ebooks/75161

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Willey, P., & Scott, D. D. (1999). Who’s buried in Custer’s grave? Journal of Forensic Sciences, 44(3), 656–665. DOI: https://doi.org/10.1520/JFS14527J

2. Documentos oficiales, legislación, tratados y fuentes jurídicas

National Archives. (1868). Treaty with the Sioux—Brule, Oglala, Miniconjou, Yanktonai, Hunkpapa, Blackfeet, Cuthead, Two Kettle, San Arcs, and Santee—and Arapaho, 1868 (Tratado de Fort Laramie). General Records of the United States Government, Record Group 11. Facsímil y transcripción, National Archives. Enlace: https://www.archives.gov/milestone-documents/fort-laramie-treaty

United States v. Sioux Nation of Indians, 448 U.S. 371 (1980). Texto oficial en GovInfo; facsímil en Library of Congress. Enlaces: https://www.govinfo.gov/app/details/USREPORTS-448/USREPORTS-448-371; https://www.loc.gov/item/usrep448371/

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Graham, W. A. (Comp.). (1933). Proceedings of a court of inquiry in the case of Major Marcus A. Reno, concerning his conduct at the Battle of the Little Big Horn River, June 25–26, 1876. U.S. Government Printing Office. Registro y facsímil, Library of Congress. Aclaración bibliográfica: la obra publicada en 1933 fue compilada por W. A. Graham; no debe atribuirse sin más al War Department. Enlace: https://www.loc.gov/item/2011525466/

3. National Park Service: páginas oficiales consultadas

National Park Service. (s. f.). Black Elk. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/people/black-elk.htm

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National Park Service. (s. f.). Indian Memorial. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). Indian scouts. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-scouts.htm

National Park Service. (s. f.). Major Marcus Reno. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/major-marcus-reno.htm

National Park Service. (s. f.). People. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/people.htm

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National Park Service. (s. f.). Bigfoot Pass Overlook. Badlands National Park. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/places/bigfoot-pass-overlook.htm

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National Park Service. (s. f.). Wooden Leg. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/wooden-leg.htm

National Park Service. (s. f.). 7th Cavalry. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/7th-cavalry.htm

National Park Service. (s. f.). 7th U.S. Cavalry Memorial. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/7th-us-cavalry-memorial.htm

Aclaración de estructura: la antigua entrada conjunta «Black Elk; A chronology…; Bigfoot Pass Overlook» se ha dividido en tres documentos autónomos.

4. National Park Service: paneles, cartelas y textos interpretativos del parque

Los siguientes títulos corresponden a objetos o textos observados in situ. La colección digital oficial de Little Bighorn en NPGallery confirma el contexto institucional, pero no se ha localizado una reproducción digital independiente y estable de cada pieza; por tanto, el enlace común no debe confundirse con un facsímil del panel concreto. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). 1984 Archeological Survey [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument, Crow Agency, Montana. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). Apsáalooke: Children of the Large Beaked Bird / U.S. Crow Scouts [Inscripción conmemorativa del Indian Memorial]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian Memorial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). Arapaho / Hinono’eino’ / Blue Sky People [Inscripción conmemorativa del Indian Memorial]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian Memorial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). Calamity Jane [Folleto interpretativo distribuido en Little Bighorn Battlefield National Monument]. Contexto institucional: folletos del parque. Enlace: https://www.nps.gov/libi/planyourvisit/park-brochures.htm

National Park Service. (s. f.). Cheyenne / Tsė tsėheståhese / Sota’aeo’e: Warrior Societies [Inscripción conmemorativa del Indian Memorial]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian Memorial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). G. A. Custer [Panel de museo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). Indian Memorial: Peace through Unity [Inscripción conmemorativa]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial del monumento. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). In Remembrance of Our Fallen, Where Long Hair Was Wiped Out, June 25, 1876 [Inscripción conmemorativa cheyenne]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian Memorial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). Last Stand Hill [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: mapa y lugares del parque. Enlace: https://www.nps.gov/libi/planyourvisit/maps.htm

National Park Service. (s. f.). Lone Tipi, June 25, 1876, approximately 2:00 p.m. [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). Origins of the 7th Cavalrymen, 1876 [Panel de museo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). OYATE: We Are Allied: Dakota–Lakota–Nakota [Inscripción conmemorativa del Indian Memorial]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian Memorial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). Seventh Cavalry Horse Cemetery [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Página oficial relacionada: caballos del 7.º de Caballería. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/custer-s-cavalry-horses-at-the-little-bighorn.htm

National Park Service. (s. f.). Seven Council Fires of the Sioux [Panel de museo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). Sioux and Cheyenne Warrior, 1876 [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). Tatanka Iyotake / Sitting Bull; Ta Sunke Witko / Crazy Horse [Inscripción conmemorativa del Indian Memorial]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian Memorial. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-memorial.htm

National Park Service. (s. f.). U.S. Arikara Scouts [Inscripción conmemorativa]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Indian scouts. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/indian-scouts.htm

National Park Service. (s. f.). Voices from the Battle of the Little Bighorn [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: NPGallery. Enlace: https://npgallery.nps.gov/LIBI/About

National Park Service. (s. f.). Wooden Leg Hill, June 25, 1876 [Panel interpretativo]. Little Bighorn Battlefield National Monument. Contexto institucional: Wooden Leg. Enlace: https://www.nps.gov/libi/learn/historyculture/wooden-leg.htm

5. Fuentes sobre Black Hills, la expedición de 1874 y la Gordon Party

Black Hills Visitor Magazine. (2015, 12 de octubre). Native American culture and the Black Hills, 1874–1876. Artículo completo. Enlace: https://blackhillsvisitor.com/learn/native-american-culture-and-the-black-hills-1874-1876/

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North Dakota Studies. (2021). Supporting Question 3: Challenges in becoming a state [Incluye «Map of Custer’s Reconnaissance of the Black Hills (1874)»]. State Historical Society of North Dakota. Recurso educativo oficial. Aclaración bibliográfica: «Custer’s map: Mapping the land and its people» no era el título oficial de la página. Enlace: https://www.ndstudies.gov/hs/geography-unit/territory-statehood-map-set-1840s-1889/should-north-dakota-be-state/supporting-1

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Smithsonian Institution Archives. (s. f.). Black Hills Expedition, 1874. Registro oficial de la expedición. Enlace: https://siarchives.si.edu/collections/auth_exp_fbr_eace0102

6. Facsímiles, prensa histórica y textos divulgativos de época

Cody, W. F. (1885, 3 de julio). Sitting Bull talks. Philadelphia Inquirer. Facsímil y transcripción, William F. Cody Archive. Enlace: https://codyarchive.org/item/wfc.nsp00550

Wheeling Register. (1885, 28 de junio). The Wild West visits the War Department in war paint. Facsímil y transcripción, William F. Cody Archive. Enlace: https://codyarchive.org/item/wfc.nsp00546

Curtis, W. E. (1874, 27 de agosto). Gold! Chicago Inter Ocean. Contexto documental de la reproducción: Custer County 1881 Courthouse Museum. Aclaración bibliográfica: se elimina la variante duplicada «J. R. Curtis, Gold discovered in Dakota Territory!». No se ha localizado en línea una reproducción independiente que permita confirmar esa segunda atribución o título. Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Custer County 1881 Courthouse Museum. (s. f.). Gold discovered in Dakota Territory! [Reproducción facsimilar y folleto interpretativo]. Custer, Dakota del Sur. Sitio oficial del museo (la pieza concreta no está digitalizada de forma independiente). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Crawford, J. W. «Captain Jack». (s. f.). A chapter for boys: Advice from Capt. Jack Crawford [Facsímil de prensa histórica]. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (no se localizó una copia digital ni datos de publicación suficientes para completar la referencia). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Dakota Territory Times. (2005, verano). Annie Tallent: First white woman in the Black Hills. Número especial reproducido en el Custer County 1881 Courthouse Museum. Aclaración bibliográfica: la fecha 2017 corresponde a la consulta o a la fotografía, no a la publicación; el número se identifica como una publicación especial de verano de 2005 de Custer Chronicle. Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Dakota Territory Times. (2005, verano). Calamity Jane: Crass, colorful Calamity Jane. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (sin copia digital independiente localizada). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Dakota Territory Times. (2005, verano). Custer leads expedition into Black Hills. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (sin copia digital independiente localizada). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Dakota Territory Times. (2005, verano). Gordon Party sneaks into Black Hills despite orders. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (sin copia digital independiente localizada). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Dakota Territory Times. (2005, verano). Hand-to-hand combat with a silver tip bear. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (sin copia digital independiente localizada). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Dakota Territory Times. (2005, verano). Young man looks for fortune in Black Hills. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (sin copia digital independiente localizada). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

Townsend, E. L. (1878, 21 de mayo). Carta desde Custer, Dakota Territory [Carta reproducida en facsímil]. Contexto institucional: Custer County 1881 Courthouse Museum (no se localizó un registro digital individual que permita comprobar signatura y transcripción). Enlace: https://www.1881courthousemuseum.org/

7. Cine, memoria popular e interpretación cultural de Custer

American Film Institute. (s. f.). They died with their boots on. AFI Catalog of Feature Films. Ficha oficial. Aclaración bibliográfica: AFI cataloga la película por su estreno de 1942; la producción y otras filmografías la datan en 1941. Enlace: https://catalog.afi.com/Film/27057-THEY-DIED-WITH-THEIR-BOOTS-ON?cxt=filmography

Museum of Modern Art. (s. f.). They died with their boots on. Ficha del MoMA. Enlace: https://www.moma.org/calendar/events/8524

Penn, A. (Director). (1970). Little Big Man [Película]. Cinema Center Films; Stockbridge-Hiller Productions. Ficha oficial en AFI Catalog. Enlace: https://catalog.afi.com/Film/23522-LITTLE-BIG-MAN?cxt=filmography

Walsh, R. (Director). (1941). They died with their boots on [Película]. Warner Bros. Ficha del MoMA; ficha de AFI. Enlaces: https://www.moma.org/calendar/events/8524; https://catalog.afi.com/Film/27057-THEY-DIED-WITH-THEIR-BOOTS-ON?cxt=filmography

8. Fuentes biográficas y de apoyo puntual

Alexander, K. (s. f.). Marcus Reno: Indian fighter at the Battle of the Little Bighorn. Legends of America. Artículo. Aclaración bibliográfica: no se consigna «2025» como fecha de publicación, dado que la página no ofrece una fecha editorial inequívoca. Enlace: https://www.legendsofamerica.com/marcus-reno/

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Porter, J. C. (2011). Crazy Horse (ca. 1840–1877). En D. J. Wishart (Ed.), Encyclopedia of the Great Plains. University of Nebraska–Lincoln. Entrada enciclopédica. Enlace: https://plainshumanities.unl.edu/encyclopedia/doc/egp.war.014.html

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Sitting Bull College. (s. f.). Sitting Bull. Sitting Bull College Visitor Center. Página oficial. Enlace: https://www.sittingbull.edu/about/community/visitor-center/sitting-bull/

Texas State Historical Association. (s. f.). Custer, Elizabeth Bacon. Handbook of Texas. Entrada biográfica. Enlace: https://www.tshaonline.org/handbook/entries/custer-elizabeth-bacon

WGBH Educational Foundation. (s. f.). Biography: Sitting Bull. American Experience. Página de PBS. Enlace: https://www.pbs.org/wgbh/americanexperience/features/oakley-sitting-bull/

Antón, J. (2009, 23 de agosto). No murió con las botas puestas. El País. Artículo completo. Aclaración bibliográfica: el autor es Jacinto Antón, no I. Zaldua. Enlace: https://elpais.com/diario/2009/08/23/domingo/1250999558_850215.html

9. Material cartográfico y visual utilizado o mencionado

Custer, E. B. (1897). General Custer at the Battle of the Little Big Horn, June 25, 1876. Impreso, no publicado. Facsímil completo, Library of Congress. Aclaración bibliográfica: no es una obra anónima ni una referencia de fecha desconocida; el catálogo de la Library of Congress la atribuye a Elizabeth Bacon Custer y la fecha en 1897. Enlace: https://www.loc.gov/item/07021488/

Library of Congress. (s. f.). Custer’s Last Stand: Aftermath. Material educativo digital. Enlace: https://www.loc.gov/classroom-materials/immigration/native-american/custers-last-stand-aftermath/

Tennessee State Library & Archives. (ca. 1876). Battle on Little (Big) Horn, June 25, 1876 [Mapa; atribución consignada en la documentación de partida]. Colección cartográfica digital de Tennessee Virtual Archive. Estado de verificación: no se ha localizado en el catálogo actual un registro individual con ese título exacto; no debe citarse como pieza plenamente verificada sin recuperar la signatura o la imagen original. Enlace: https://teva.contentdm.oclc.org/customizations/global/pages/collections/maps/maps.html

National Park Service. (s. f.). Little Bighorn Battlefield National Monument map. U.S. Department of the Interior. Mapas oficiales del parque. Enlace: https://www.nps.gov/libi/planyourvisit/maps.htm

10. Fuentes sobre Crazy Horse Memorial y memoria indígena contemporánea

Crazy Horse Memorial Foundation. (s. f.). Crazy Horse Memorial. Sitio web oficial. Enlace: https://crazyhorsememorial.org/

Travel South Dakota. (s. f.). Crazy Horse. Página turística oficial del Estado de Dakota del Sur. Enlace: https://www.travelsouthdakota.com/iconic-landmarks/crazy-horse

1 En idioma lakota, «Pahuska / Pahaska», con ese mismo sentido: ‘el de la larga cabellera’ (National Park Service, 2025).

2 La idea era hacer coincidir la carga de Stuart contra la retaguardia unionista con una carga frontal de infantería, rompiendo las líneas de suministro norteñas y aislando la posición hasta su rendición total. Custer cargó en una muy heterodoxa maniobra contra un contingente mayor y mejor capitaneado, y resultó vencedor a la postre…

3 El término proviene del árabe marroquí bārāka, que significa ‘bendición’ o ‘gracia especial divina’. En el contexto histórico hispano-marroquí, se traduce popularmente como una suerte providencial o inmunidad ante la muerte. El mito de la «baraka» de Franco nació durante las Campañas de Marruecos (Guerra del Rif) entre 1912 y 1926. Los soldados autóctonos pertenecientes a los Regulares y los propios enemigos rifeños comenzaron a esparcir el rumor de que el entonces joven oficial poseía una protección mística. Por supuesto, ni el uno ni el otro general hicieron nada para desmentir esta opinión, usando el fenómeno como estrategia para el combate.

4 ¿Reconocen ustedes la frase «el único indio bueno es el indio muerto»? Este simpático general es su creador. Según el historiador Dee Brown, en su célebre libro Enterrad mi corazón en Wounded Knee, el jefe comanche Tosahwi se rindió ante Sheridan en Fort Cobb (1869). Al presentarse, el líder indígena le dijo en inglés macarrónico: «Tosahwi, indio bueno». A lo que el general supuestamente respondió: «Los únicos indios buenos que he visto en mi vida estaban muertos». Y se quedó tan pancho. Ambos compartían métodos sumamente brutales en la frontera. Custer aplicó rigurosamente las órdenes de guerra total de Sheridan de «destruir campamentos, ejecutar guerreros y capturar mujeres y niños» en enfrentamientos como la batalla del río Washita (Hoig, 1979).

5 Esta frase, mal leída y con el ansia de querer saber más del oro de las Black Hills, es la que degeneró en la idea de que había tanto, que si arrancabas la hierba, ésta traía engarzadas en sus raíces abundantes pepitas de oro, por lo que no hacía falta ni cavar.

6 Perdonen el lenguaje, pero el viajero prefiere conservar el texto lo más fiel al original, a pesar de las incorrecciones.

7 Según estas mismas fuentes, allí podrían haberse reunido 10.000 nativos, de los cuales hasta 2500 guerreros estaban listos para dar la bienvenida al ejército estadounidense. Todos juntos, recordémoslo, juntaron un rebaño de 15.000 ponis indios, fácilmente visibles en la lejanía, e igualmente fáciles de seguir el rastro, algo que de hecho sucedió.

8 La célebre promesa de que los tratados durarían «mientras creciera la hierba y corrieran las aguas» no procede del Tratado de Fort Laramie, sino de una fórmula diplomática muy extendida en las relaciones entre los pueblos indígenas y las potencias coloniales, después heredada por Estados Unidos. Andrew Jackson la utilizó de forma explícita el 23 de marzo de 1829, cuando aseguró a los creek que, si aceptaban trasladarse al oeste del Misisipi, ellos y sus hijos podrían vivir allí «as long as the grass grows or the water runs», una promesa de permanencia que la política posterior de remoción indígena desmentiría cruelmente (Jackson, 1829). También hay antecedentes anteriores: en el Tratado de Fort Stanwix de 1768, todavía bajo autoridad británica, aparece una fórmula muy parecida: «so long as Grass shall grow or waters run» («mientras crezca la hierba o corran las aguas»). Y en un tratado estadounidense posterior con los creek, de 1863, la fórmula aparece de nuevo: «so long as grass grows and water runs». Para acceder a todos los tratados firmados por los Estados Unidos y las Primeras Naciones, se puede acceder a la página web «Tribal Treaties Database» de la Oklahoma State University (https://treaties.okstate.edu/ y https://treaties.okstate.edu/treaties). Como complemento, accedan a https://www.archives.gov/research/native-americans/treaties, y su índice de tratados digitalizados:

https://www.archives.gov/research/native-americans/treaties/catalog-links

9 Si se le pide a la IA el ejercicio de calcular ese precio, y los intereses compuestos, se superan con facilidad los 1500 millones de dólares.

10 «Given the severity of the winter, compliance with these instructions was impossible».

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