Filosofía — 3 de julio de 2026 at 00:00

Hiparquia: la filósofa de la escuela cínica

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Hiparquia

La escuela cínica

La escuela cínica fue fundada por Antístenes (443-336 a. C.). La palabra cínico deriva del latín cynicu  y este, del griego kinikós, que significa ‘perruno’. Por ese motivo eran llamados los «perros», por saber morder con las palabras, no con los dientes. Diógenes Laercio, discípulo de Sócrates, fue el filósofo más representativo de esta escuela.

Su aportación filosófica

La aportación filosófica de la escuela cínica fue: el objetivo de la vida es alcanzar la felicidad y esto se consigue si uno depende solo de sí mismo.

Lo fundamental para el cínico es la autarquía, es decir la independencia de todo condicionamiento exterior.

Predicaba una vuelta a la naturaleza como revulsivo a la domesticación social y cultural que se imponía en las ciudades.

El hombre lleva en sí mismo los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía. De ahí el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material.

Los cínicos fueron famosos por sus excentricidades y por la composición de numerosas sátiras o diatribas contra la corrupción de las costumbres y los vicios de la sociedad griega de su tiempo, practicando una actitud muchas veces irreverente, la llamada anaidea.

Uno de los filósofos más relevantes de esta escuela fue Diógenes. Este afirmaba que era ciudadano del mundo y rechazaba la existencia del Estado, ya que en el sabio no había patria, ni leyes, ni familia, ni diferencias de clases. Negaban ciertos valores de una civilización en crisis, denunciando la falta de libertad auténtica. Hostiles a todas las convicciones, utilizaban el humor satírico y la desvergüenza como armas para ejercer su crítica.

Creían que la vida feliz es aquella que se basa en la armonía con la naturaleza y eran contrarios a los convencionalismos sociales, ya que solo hacen crear necesidades superfluas; criticaban de forma desmedida todos los aspectos de la sociedad; vivían como mendigos descuidando su aseo y apariencia; dudaban de la sinceridad y bondad de los demás; daban valor al autocontrol de las pasiones y los deseos para conseguir la libertad de sí mismos y de los demás.

Considerando que la escuela cínica tenía sus extremismos, también se ha de tener muy en cuenta otros valores, como el autocontrol de las pasiones y los deseos. Hay que vivir en armonía con la naturaleza, así como el concepto de ciudadano del mundo.

Hiparquia

Es considerada una de las primeras mujeres filósofas, y pertenecía a la escuela cínica. Nace en Maronea, en la costa del mar Egeo, en el 350 a. C., actualmente situada en la periferia de Macedonia oriental y Tracia (Grecia).

De familia rica y distinguida, de sus escritos no ha llegado casi nada; sí existen sus «Cartas y tragedias». Aparte, se sabe que escribió tres libros, pero, lamentablemente, no se conserva ninguno: Hipótesis filosófica, Epiqueremas (silogismo en que una o varias premisas van acompañadas de una prueba) y Cuestiones a Teodoro el Ateo.

Defendía la kynogamia, un matrimonio informal basado en la igualdad, que practicó de mutuo acuerdo con Crates de Tebas. Es la única filósofa que registra Diógenes Laercio en su Vida de filósofos ilustres. Tenía una gran cultura filosófica y elegancia de razonamiento.

Quedó prendada de la doctrina y modo de vida de Crates de Tebas (368-288 a. C.), un discípulo de Diógenes de Sinope, amable y tranquilo, pobre y extremadamente feo. Su unión con Hiparquia tuvo circunstancias extraordinarias, causando asombro. Ella era diez años mayor que Crates, quien practicaba la autarquía y era llamado en los hogares para pedirle consejo. Se le llamaba «el abrepuertas».

Hiparquia convivió con él sin tener en cuenta la oposición de su familia, ni a otros pretendientes, ni a sus riquezas, ni nobleza, ni hermosura, ya que Crates «lo era todo para ella». Llegó a amenazar a sus padres con quitarse la vida si no la dejaban casarse con él. Los padres de Hiparquia conversaron con Crates para que este la disuadiese; él lo intentó sin conseguirlo, incluso se despojó de sus ropas frente a ella diciéndole: «He aquí el novio, estos son mis bienes; piensa bien en ello, pues no serás mi compañera si no tomas mis mismos hábitos». Y continúa Diógenes: «Escogió Hiparquia y adoptó las mismas maneras; andaba a todas partes con su esposo. Abandonó sus propiedades y las comodidades. Iba descalza, con un bastón, sencillo vestido y tenía la tierra dura por lecho».

Según Clemente de Alejandría, en homenaje a los filósofos cínicos, se decretó en Grecia la celebración de una fiesta anual llamada Kynogamia o Boda de perros, que conmemoraba el día de la incorporación de la mujer al mundo de la filosofía cínica.

Diógenes Laercio le dedica a Hiparquia un capítulo en su libro Vidas, opiniones y sentencias de filósofos ilustres. Consideraba que la formación moral y actuar en coherencia eran fundamentales. Un día fue a un banquete en casa de Lusimaco, y rebatió allí a Teodoro, de sobrenombre «el ateo», quien la criticaba ácidamente y se reía de ella; le preguntó por qué no se dedicaba a las tareas propias de su sexo, a lo que ella alegó: «Lo que no podría considerarse una falta si lo hiciera Teodoro, tampoco podría considerarse una falta si lo hiciera Hiparquia. Ahora bien, si Teodoro se golpea a sí mismo no comete falta. En consecuencia, tampoco Hiparquia comete una falta al golpear a Teodoro». Teodoro no respondió, pero le levantó el vestido y le dijo: «¿Esta es la que dejó la lanzadera en el telar?». Sin inmutarse, Hiparquia le respondió: «Soy yo, Teodoro, pero ¿crees tú que no he tomado una buena decisión al dedicar a mi educación el tiempo que iba a perder en el telar?». El telar representaba una de las tareas propias de la mujer de aquella época. Teodoro la trataba con desprecio, rechazando claramente su forma de vida.

Un epigrama de Antípatro (siglo II a. C.) dedicado a Hiparquia —titulado «A las mujeres»—, dice lo siguiente: «Yo, Hiparquia, no seguí las costumbres del sexo femenino, sino que seguí a los fuertes perros. No me gustó el manto sujeto con la fíbula, ni el pie calzado y mi cinta se olvidó del perfume. Voy descalza, con un bastón, un vestido me cubre los miembros y tengo la dura tierra en vez de lecho. Soy dueña de mi vida para saber tanto y más que las ménades para cazar».

Antípatro destaca la autonomía y la independencia de la filósofa, así como el valor que le otorga el conocimiento y, sobre todo, que para ella la filosofía es más una forma de vida que una teoría.

Las anécdotas que se cuentan de Hiparquia deben considerarse más allá del mero relato anecdótico: la determinación, el carácter independiente y la clara afirmación de sí, da la firme visión de un alma con virtudes y fortaleza interior, integrando la filosofía tanto que fue su forma de vida, su sendero.

Los filósofos que tienen la filosofía como una forma de vida, marcan importantes iconos a lo largo de la historia de la humanidad, ya que el ejemplo de vida es fundamental. Por ejemplo, en Grecia, en homenaje a los filósofos cínicos se decretó la celebración de una fiesta anual llamada Kynogamia, o día de la incorporación de la mujer al mundo de la filosofía cínica.

Conclusión

Se cumple en esta filósofa el practicar la filosofía, aunque su entorno fuera en algunos aspectos tan hostil como para abandonar, superando los convencionalismos de su época, sin importarle lo que algunos pensaran de ella. Nos deja una lección en cuanto a mantenerse firme en sus convicciones y de amor al conocimiento.

Hiparquia es una de tantas mujeres filósofas a quienes se les debe dar visibilidad en este momento de crisis de valores.

 

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