
«Es una línea espiral, no un círculo, la armonía».
Esta monja jerónima, también llamada Juana de Asbaje (1648-1695), fue uno de los personajes más asombrosos de su tiempo, hasta el punto de ser llamada la décima musa, como Safo, por su lírica, su teatro, en el contexto del Siglo de Oro en México; pero sobre todo por su erudición sin límites, que la hacía ser visitada en el convento por almas ilustres desde todos los lugares del mundo.
El poeta filósofo Amado Nervo, quien escribió un libro sobre ella, nos dice:
«Las matemáticas le eran familiares, la fisiología no tuvo secretos para ella, la física hallábase en el catálogo de sus conocimientos favoritos; sabía gramática como la que más, y lo prueba con gracejo a cada paso; versificaba en latín y hasta en azteca; entendía harto de medicina; la filosofía escolástica, la teología moral y dogmática, el derecho canónico, todo cabía en aquella sesera única. Y sobre todo, las bellas artes. Ejemplo, su aptitud singular para la música».
El mismo Amado Nervo nos refiere que, en la famosa Respuesta a Sor Philotea de la Cruz, sacerdote anónimo, que en realidad le reprochaba tanta erudición y que debía dedicarse más a la ascética, sor Juana1 escribe:
«Pues sin ser muy perito en la música, ¿cómo se entenderán aquellas proporciones musicales y sus primores que hay en tantos lugares, especialmente en aquellas peticiones que hizo a Dios Abraham, por las ciudades, de que sí perdonaría habiendo cincuenta justos?, y de este número bajó a cuarenta y cinco, que es sesquinona y es como de mi a re; de aquí a cuarenta, que es sesquioctava y es como de re a mi2; de aquí a treinta, que es sesquitercia, que es la del diatesarón; de aquí a veinte, que es la proporción sesquiáltera, que es la del diapente; de aquí a diez, que es la dupla, que es el diapasón; y como no hay más proporciones armónicas no pasó de ahí. Pues ¿cómo se podrá entender esto sin música?».
Recordemos antes el pasaje bíblico:
«En aquellos días, el Señor dijo: “La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré”. Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abraham. Entonces Abraham se acercó y dijo a Dios: “¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?”. El Señor contestó: “Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos”. Abraham respondió: “Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?”. Respondió el Señor: “No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco”. Abraham insistió: “Quizá no se encuentren más que cuarenta”. Le respondió: “En atención a los cuarenta, no lo haré”. Abraham siguió: “Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?”. Él respondió: “No lo haré, si encuentro allí treinta”. Insistió Abraham: “Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran solo veinte?”. Respondió el Señor: “En atención a los veinte, no la destruiré”. Abraham continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?”. Contestó el Señor: “En atención a los diez, no la destruiré” (Génesis 18, 20-32).
Según leemos en el siguiente trabajo3, El Regateo de Abraham, esta explicación numérico-musical de este suceso del Génesis ya la había hecho en 1613 Pietro Cerone en su Melopeo, su tratado del músico perfecto, que sor Juana conocía. E incluso la vemos en el monje benedictino Ruperto de Deutz, en 1117, en su comentario al Génesis. Según dice el artículo antes citado:
«Cuando Ruperto llega a ese pasaje del diálogo entre Dios y Abraham, entra a explicar con toda calma cómo la disminución de los números que Abraham va pronunciando responde, no al azar, sino al orden perfecto que un sabio como él debía seguir. El empezar con cincuenta —número sagrado para Ruperto— y terminar con diez fue ni más ni menos que lo que debió ser. De ningún modo puede admitirse que el patriarca, hablando con Dios, dijera sus números «sine scientia et sensu«, como voces salidas de la boca de un imbécil. Aunque al principio el sentido de la serie descendente pueda no aparecérsenos con una inmediata y total transparencia, su belleza sí resulta por lo pronto, en cierta medida, accesible al ser humano. Pero si estudiamos bien la disminución, la degradatio, advertiremos que los números se entrelazan unos con otros de tal modo que obedecen a un sistema de correspondencias no solo aritméticas, sino además musicales. Aquí, una espesa serie de tecnicismos griegos y latinos. Si comparamos cuarenta y cinco con cuarenta, obtenemos la ratio—la razón aritmética—de epogdoum, que corresponde al intervalo musical de sesquioctava, «quod musici tonum appellant.» La relación entre cuarenta y treinta se llama epitritum, el intervalo de sesquitertia, «quam symphoniam diatessaron uocant». Entre treinta y veinte, relación de hemilion: es el sesquialterum, «quam symphoniam diapente dicunt.» Y en fin, entre veinte y diez, duplum: es la máxima consonantia y la llaman diapason: «a través de todas» las notas de la escala».
La interpretación final es que no había ni diez justos para evitar la ira de Dios, y el regateo de Abraham resulta infructuoso. Otros autores explican que se trata de armonía, y esta solo la puede haber entre los diferentes, por muy tensa que sea, por ejemplo entre lo masculino y lo femenino. Estos mismos dicen que precisamente el pecado de Sodoma sería negar las diferencias armonizadoras.
De todos modos, que el «regateo» se haga en intervalos musicales no deja de ser asombroso. Nos da la pauta de la cantidad de significados profundísimos, esotéricos, que puede guardar un texto como el Génesis bíblico, y seguro con muy diferentes claves de interpretación, como decía la genial H. P. Blavatsky y las diferentes escuelas de cábala que intentan profundizar en sus misterios.


Los números naturales consecutivos generan las llamadas proporciones n+1/n = 1 + 1/n, que son llamadas «razones superparticulares» o «razones epimóricas», con propiedades muy interesantes. Algunos tienen virtudes armónico-musicales, como se ve en la tabla, y las más importantes son precisamente las cinco que aparecen en el texto del Génesis.
Una interpretación de dicha escena bíblica puede ser que el quebranto de armonía era ya tal que nada podía impedir su devastación natural, o sea, su destrucción por fuego o por agua, el retorno al caos, como en la muerte de un ser vivo, cuando se desvincula la llama vital, que es quien mantiene la armonía del conjunto.
Otra interpretación es que la compasión divina no puede quebrantar su misma justicia, y que la naturaleza de esta es pura armonía, pura música.
Otra, quizás más esotérica, es que el proceso de destrucción, la «ira de Dios» o su ley divina en acción es como un rayo, que desciende en intervalos musicales, pero que se completa cuando se llega, simbólicamente hablando, del 1 al 2. Todo el ciclo va del 1 al 2, donde el 1 es el nacimiento y el 2, como decían los pitagóricos, la muerte, la materia. La llegada al dos, en el diálogo de Abraham con Dios, se da cuando se llega al intervalo duplo, a la misma nota en una escala inferior.
Esto nos recuerda una escena con cierta semejanza. Es el leitmotiv de la lanza de Wotan (que es la ejecución de la ley de Dios), que desciende como un rayo hasta que se completa una escala musical, en un primer tramo4, aunque luego continúe5, según vemos en el artículo Meaning6 in the Motives: an Analysis of the Leitmotifs of Wagner’s Ring.

Ya estudiamos el tema de la duplicación en varios artículos, que puede ser un proceso de creación, o sea, de entrada en la materia, y en cierto modo, también de muerte y destrucción.
Y es que la filosofía pitagórica está tan enraizada en los misterios del alma del mundo que retorna una y otra vez con los mismos ciclos de la inteligencia humana y nunca muere; la vemos pasar, por ejemplo, la Edad Media como un hilo de plata, de Ariadna en el laberinto de estos tiempos oscuros y tortuosos. La veremos perpetuarse y sobrevivir como una llama en las tinieblas también en los ciclos oscuros cuyas nubes tormentosas ya se anuncian.
2 Esto debe de ser un error, y tratarse de re a do.
3 https://www.cervantesvirtual.com/obra/sor-juana-y-el-regateo-de-abraham/
5 https://www.laits.utexas.edu/wagner/selectedessays/pdf/carter.pdf
6 «Just as the Curse motive, the Spear motive is one that carries multiple intentions overlapping with one another at the end. The key of the motive is both C major and A minor. The two keys coexist easily together because they both have the same key signature, and are relative keys. As you look at Example 3, the Spear motive is in the accompaniment line, not the voice part. It is essentially a descending C major scale for the first half of the motive. The terms that apply are #14 and #5. We must account for the loud dynamic of the motive. According to Cooke, Wagner is expressing Wotan’s great confidence in himself—an attribute that he first possesses in abundance. However, as the motive progresses down the scale, our ears hear a shift to the A minor scale, which would imply term #6. In other words, Wotan along with his sense of confidence has an “acceptance of, or yielding to grief; discouragement and depression; passive suffering; despair connected with death; passive falling away from the joy in life.” Cooke gives us a description of Wotan as the Wanderer in the third opera Siegfried. We see in Wotan’s own motive the foreshadowings of his own demise».




















