Ciencia — 7 de junio de 2026 at 00:00

La invención de los huesos

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La invención de los huesos  

Los científicos atribuyen a la naturaleza un «experimento fallido» hace unos 600 millones de años. Se llamó fauna Ediacara por haber sido descubierta en la cordillera sur de Australia, 650 km al norte de Adelaida en las Ediacara Hills. El hallazgo lo realizó en 1946 el geólogo Reginald Claude Sprigg, que estudiaba las minas abandonadas. Hasta ese momento no se conocían fósiles tan antiguos.

Las improntas minerales de esas especie de medusas y helechos databan de una época en que teóricamente no existían organismos complejos, puesto que el despliegue de la vida se suponía iniciado en el Cámbrico (hace 550 millones de años, momento en que aparecieron las primeras formas móviles, con peristaltismo, estrategias de caza, órganos y esqueletos). Los seres de este extraño momento en el pre-Cámbrico, en que el planeta se puso creativo y creó organismos macroscópicos complejos, curiosamente nos recuerdan hojas, plumas, flores, cuernos y grandes discos, anémonas, cabezas de ajo, galletas, gusanos, esferas y jarrones. En su momento, Reg Sprigg publicó sus descubrimientos en distintas revistas científicas, pero no tuvo repercusión en el gremio. La gente dudaba incluso de que se tratara de fósiles. Distintos científicos clasificaron la misma muestra como un alga, un liquen, un protozoo gigantesco o como una roca natural sin relación con ser vivo alguno.

Aunque once años más tarde aparecen nuevos hallazgos en Charnwood, Inglaterra, no será hasta 1959 cuando el paleontólogo Martin Glaessner, junto a otros fósiles encontrados en Namibia en 1920 y Terranova en 1868 (los habitantes de ahí llamaban a las marcas «flores de las rocas»), establezca la relación y retribuya el justo honor a Reginald nombrando estos hallazgos como «ediacáricos» (siendo el año 2004 cuando la Unión Internacional de Ciencias Geológicas otorga oficialmente ese mismo nombre al período geológico). A día de hoy se han hallado en todos los continentes, excepto Antártida. En España, en la región de Extremadura se encontraron fósiles que datan de los primeros períodos en que los organismos empiezan ya a tener partes duras. Estos fósiles calcificados se ubican hace unos 540 millones de años.

Aunque se les atribuya la categoría de experimento evolutivo, se especula que habitaron durante un periodo entre 60 y 90 millones de años y fueron dejando espacio a nuevas formas de vida, como las esponjas o los cnidarios (medusas y peines de mar, considerados entre los organismos más antiguos). Podemos reflexionar si se puede considerar un «experimento» el hecho de que un hombre corteje a una muchacha solamente porque no continúe con ello en el futuro, sino que observamos que la relación pasa a algo diferente con el tiempo (por supuesto, depende siempre de la habilidad del sujeto).

Como se han reconocido supuestas pre-plantas (primeros fotosintetizadores) o incluso líquenes, se deja de llamarla fauna y pasa a ser conocida como biota Ediacara. Algunos organismos parecen sésiles (no se mueven), mientras que otros son claramente de vida libre; absorberían los nutrientes por la piel o los fabricarían a partir de luz. En algunos casos, y aun cuando se trate de organismos relativamente grandes, se les supone unicelulares. Antes de que se nos queden los ojos cuadrados, hemos de recordar que hoy en día existen organismos unicelulares relativamente gigantescos, como los xenofióforos de los fondos abisales, que alcanzan hasta 20 cm (están formados por una sola célula con varios núcleos), o el alga Caulerpa taxifolia, desde los años 80 invasora de los entornos mediterráneos.

Los organismos ediacáricos varían en tamaño, que va de los micrómetros al metro (del género Dickinsonia se han recopilado especímenes en distinto grado de crecimiento, siendo el mayor de todos de poco más de un metro de largo). De hábito bentónico en fondos relativamente poco profundos, formaban ecosistemas, y no parece que presenten sistema nervioso, órganos ni boca, estructuras de excreción y ni siquiera intestino, y aunque se desconoce su mecanismo de reproducción, lo más lógico es que sean asexuales. A pesar de que existen excepciones bilaterales, la mayoría tienen simetría radial; como los trozos homogéneos que podemos obtener de cortar una pizza partiendo desde cualquier parte de su borde. Destaca el grupo trilobozoa, que presenta una forma trirradial, como algunos volantes de coche.

De la biota ediacara se diferencian hasta setenta taxones, que se han clasificado en cinco grupos principales (Vendobiontes o Rangeomorfos, Arboreomorfos o Frondomorfos, Ernietomorfos, Triradioalomorfos y los Bilaterales o Proarticulata). Imaginando el idílico momento sin depredadores ni enemigos que habitaron esas extrañas criaturas, algunos autores le han llamado Jardín de Ediacara emulando el paraíso bíblico.

Si eran tan distintos entre sí, ¿qué característica común comparten? La asombrosa respuesta es: su cuerpo blando. Estos organismos, pre-plantas, pre-moluscos, pre-crustáceos o como se les quiera llamar, compartían una textura suave, mucho antes de que se inventaran los huesos, los exoesqueletos o las conchas. A pesar de lo cual, se han conservado sus fósiles como si su propio período geológico hubiera cooperado en la preservación. El término Pompeya ediacárica describe la formación de moldes fósiles gracias a una gran acumulación de cenizas volcánicas que habría presentes en el ambiente en ese entonces; así, al menos, en la formación de los fósiles de Terranova.

De todo esto que podemos encontrar fácilmente en la web, hay algo de lo que se habla poco, y es que, casi cien años antes de descubrirse la biota Ediacara, Helena Blavastky, describiendo el mundo prehistórico, escribió: «El crustáceo de duro caparazón fue en un tiempo un punto gelatinoso, una partícula de albúmina completamente homogénea en un firme estado adhesivo». «Hubo un tiempo en que (los dinosaurios y otros) aparecieron como infusorios (organismos ciliados) filamentosos, sin conchas ni cortezas, sin nervios, músculos, órganos ni sexo». Está claro que el uso de la Doctrina Secreta en teorías de la física moderna y como texto de inspiración a científicos teóricos está mucho más documentado que el acierto de sus afirmaciones biológicas, pero no podemos negar que, en este caso, fue premonitoria, habló de una forma de vida blanda previa a la existencia de organismos con mayor consistencia.

¿Cómo se forma un hueso?

Un hueso es tejido conjuntivo mineralizado. Se forma a partir de un molde cartilaginoso que posteriormente se endurece. La matriz ósea está formada por colágeno (90 %) y otras proteínas, como la albúmina. De hecho, esta última facilita la fijación del calcio que terminará fortaleciendo la estructura. El saber qué partes deben osificarse en un organismo y en qué medida proviene de las instrucciones de unos genes conocidos como Hedhehog (llamados así en los años 90 en honor al erizo de videojuegos, Sonic), una familia de genes comunes a todos los organismos no vegetales.

Bajo la dirección de estos genes y a partir de la matriz de elementos coloidales o casi líquidos, se crea un patrón que se endurecerá cuando empiecen a desfilar los minerales: carbonatos, calcio (en mayor cantidad) y fosfato, en forma de pequeños cristales de hidroxiapatita (Ca10 (PO4)6(OH)2). En menor proporción: magnesio, sodio, potasio, manganeso y flúor. Aunque nos imaginamos el hueso como una estructura rígida, hemos de recordar que jamás deja de ser un tejido vivo que se regenera y se destruye constantemente. De hecho, puede donar sales para alcalinizar al organismo en casos de emergencia. También el propio calcio puede ser sustituido por elementos tóxicos como plomo, estroncio o radio, entre otros. Ciertamente, estos metales tienen un parecido con el calcio y, por eso, pueden ocupar su sitio en el hueso (aunque este será quebradizo y de peor calidad), pero también es importante reconocer la inteligencia del cuerpo humano capaz de capturar y apresar en el hueso estas sustancias en caso de intoxicación para evitar que vayan libremente por la sangre y dañen órganos importantes como el hígado o los riñones. Aunque el hueso nos parezca totalmente sólido, sigue manteniendo una parte fluida para nutrirse y crecer, es el único tejido adulto que mantiene la capacidad de regenerarse por completo tras una lesión.

A medio camino entre la formación de los huesos y el jardín del paraíso ediacárico, donde no existía el dolor ni la muerte porque no había todavía enemigos ni se luchaba por el alimento; los sumerios cuentan aquella vez en que el dios Enki comió unas plantas que le enfermaron. Para curarlo, su hermana hará nacer dioses relacionados con cada una de las partes de su cuerpo afectadas. Como si aparecieran los sistemas nutritivos y locomotores, como si ese día aparecieran por fin los huesos, ahora existen de otra manera: su boca, sus extremidades, su cadera, su garganta y su costilla:

—Hermano mío, ¿dónde te duele?

—Mi costilla me duele…

Su hermana, Ninhursag, crea entonces una doncella:

—A la diosa Nin-Ti he creado para ti.

Literalmente, «dama de la costilla o dama de la vida», porque los huesos se regeneran y porque, a partir de ahora, junto a esta dama existirá la vida. En una clave simbólica, ha surgido también la reproducción… pero eso dependerá, sin duda, de las habilidades del sujeto.

Bibliografía

Blavastky, Helena P. Doctrina Secreta Vol 3. Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina, 1977.

Narbonne, Guy M. The Ediacara Biota: Neoproterozoic Origin of Animals and Their Ecosystems. Annual Review of Earth and Planetary Sciences, vol. 33, 2005..

Rubio Berna, S. (2019). La Fauna de Ediacara y sus principales características. Revisión bibliográfica [Trabajo de fin de grado, Universidad de Alicante]. Repositorio Institucional de la Universidad de Alicante (RUA). handle.net

https://infogeologia.wordpress.com/2017/01/05/el-jardin-secreto-de-ediacara-y-el-origen-de-la-vida-compleja/

https://laescaleradeiakob.blogspot.com/2011/11/la-fauna-de-ediacara.html

https://www.uv.es/marpla8/la_biota_de_edicara.html

https://www.agenciasinc.es/Noticias/Nuevos-fosiles-esqueleticos-aparecen-en-Extremadura

https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1698-69462006000100011

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