Historia — 13 de junio de 2026 at 00:00

La danza en las antiguas civilizaciones

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danza en las antiguas civilizaciones

El mundo material resultó siempre insuficiente para el hombre. La aspiración por superar la realidad material le hizo buscar un camino más profundo y misterioso para encauzar sus propias actividades vitales dentro de las fuerzas de la naturaleza e infundió un valor artístico, simbólico y metafísico de la realidad. Siempre deseó expresarlo con tanta más fuerza cuanto más inexplicable resultaba para él. Es entonces cuando la danza se hace expresión y pretende interpretar las manifestaciones de esa misteriosa fuerza vital que ata al hombre con la naturaleza.

En la danza, hecha símbolo, mito, rito y arte, es donde el hombre puso mayor afán expresivo y supo extraer ricos y varios elementos de su propio ser.

La necesidad de danzar, de expresar emociones por medio del movimiento, se remonta a los primeros momentos de la existencia del hombre sobre la Tierra. Puede incluso haber sido el primer medio de comunicación entre los hombres. La danza estuvo en sus comienzos aliada al ritmo, por medio del batir de los pies y las manos, antes incluso de que fuera acompañada por la música instrumental o vocal.

La danza se inicia con los cantos tribales, que, por lo general, eran oraciones a los dioses en súplica de lluvia para las cosechas o de éxitos para las batallas, y fue evolucionando hacia las danzas populares y campesinas, que a su vez influyeron y enriquecieron el baile formal social.

La danza es un claro espejo de cada pueblo. Así como sean sus danzas, así será ese pueblo, sus necesidades y sus anhelos. El valor histórico de la danza reside en su significado oculto, y en la posibilidad de profundizar en los diversos matices que en ella pusieron todas las civilizaciones. Buscar el significado de las danzas, sus móviles (psicológicos, religiosos, artísticos, rituales), es empezar a conocer a los hombres y mujeres de otros tiempos.

Desde la Antigüedad se ha relacionado la danza con el movimiento del universo. Así, el sonido rítmico, en los mitos cosmogónicos, está en la raíz de toda la creación. La verdad, situada más allá del sonido y el ritmo, es el invisible centro divino alrededor del cual gira toda la creación. Según el poeta romano Lucano, en el s. II d. C., «con la creación del universo comenzó también la existencia de la danza, lo que significa la unión de los elementos. La danza circular de las estrellas fijas, la belleza del orden y la armonía en todos sus movimientos, es un modelo de la primera danza en el momento de la creación».

La danza ha sido siempre la manera natural del hombre de armonizarse con el poder del cosmos; el movimiento rítmico le proporciona la llave tanto para la creación como para la reintegración de las formas, y encuentra así el medio de permanecer en contacto con el Dios inmóvil como fuente de vida.

La danza, como imagen corporal de creación, es la forma más antigua de la magia, y es mitológicamente la llegada de la Luz, el principio del mundo, así como el descubrimiento de la realidad subjetiva, la habilidad del hombre para reflejar, mantener y proseguir la evolución, la capacidad de percibir sus acciones en relación con lo sagrado, la visión de su propia imagen circunscribiendo lo desconocido.

La danza, como expresión del hombre movido por un poder trascendente, es también la primera manifestación artística; antes de que el hombre expresara su experiencia de vida mediante elementos materiales, lo hizo a través de su propio cuerpo. Danzaba por alegría, tristeza, amor, miedo, al amanecer, en la muerte y en el nacimiento.

A través de ella, el hombre trasciende la fragmentación y se siente nuevamente uno consigo mismo y con el universo que le rodea. Capta la relación universal y el sentido de totalidad de la vida. La danza es, pues, el resultado de una meditada observación de la naturaleza, donde todo se mueve rítmicamente, describiendo figuras y marcando leyes.

La danza en las diferentes culturas

Egipto

En Egipto, la danza se consideraba una actividad sagrada. La danza egipcia se caracterizó por su sello místico y simbólico. Se podía clasificar en profana y sagrada.

En los templos egipcios había un servicio de danzarinas para las danzas sagradas bajo la dirección de los sacerdotes. Los sacerdotes, con sus cantos, iniciaban un cortejo enmascarados con el simbolismo del animal sagrado de su templo. Les seguían las bailarinas acompañándose de sistros y tamboriles y llenando de perfumes la atmósfera. El papel principal de las danzas era el ofertorio: los sacerdotes y las danzarinas realizaban las ofrendas a los dioses.

Las fiestas privadas eran amenizadas también por danzarinas y acróbatas. Las danzarinas actuaban en conjunto, por parejas o individuales; algunas se acompañaban de una especie de guitarra y entonaban dulces cantos amorosos. Las instrumentistas esbozaban pasos de baile durante los banquetes, volviéndose unas hacia otras echando la cabeza hacia atrás con expresión de éxtasis. Al lado de las danzarinas se ven las directoras del baile, que, batiendo las palmas o chasqueando los dedos, dirigían el baile. En la vida familiar, la mujer danzaba con estilo suave y con cierto desenfado.

En algunas danzas egipcias se utilizaban el sistro y el collar llamado MENAT (compuesto de perlas pequeñas y con una representación de la diosa Hathor) para marcar el ritmo de las danzas.

En la fiesta del sol femenino, en MEDAMUD, en la región tebana, la diosa del oro (Hathor) colmaba de bailes el corazón de sus fieles servidoras. En la tumba del escriba Idu aparecen cuatro de ellas bailando un himno que otras tres cantan:

«Ven, diosa de oro, tú que te alimentas de cantos,

tú cuyo corazón se sacia de danzas,

tú a quien las fiestas hacen resplandecer en la hora del reposo

y a quien alegran las danzas durante la noche».

Las iniciadas en los misterios de Hathor tenían la misión de transformar una fuerza peligrosa en energía creadora con sus instrumentos, sus cantos y sus bailes.

La danza tenía una importancia ritual. En la ceremonia de coronación del faraón, este realizaba una danza sagrada, el «recorrido en torno de los muros», y además realizaba un baile en honor de la diosa Hathor.

El mismo pueblo se abandonaba a la danza en las grandes festividades expresando su emotividad, como por ejemplo para el festejo de la buena cosecha, en el que se realizaban bailes rurales.

Curiosas son las danzas astronómicas, de gran belleza plástica, que existieron en el milenario Egipto: el altar colocado en el centro del templo simbolizaba el Sol, y los danzantes, que significaban bien los signos del zodíaco, bien los siete planetas o las constelaciones, giraban en torno del altar en el sentido de evolución de los cuerpos celestes. Ante aquellos cuerpos en movimiento, sometidos a una rotación calculada, el espíritu debería elevarse hasta dar la sensación de hallarse flotando en el éter junto a los planetas y descubrir su misteriosa vida.

Más tarde, con la influencia del Próximo Oriente, las danzas se impregnaron del exotismo de las danzas negras.

Grecia

El pueblo griego fue uno de los que más cultivó la danza. Los orígenes de la danza en Grecia fueron religiosos. La religión se hallaba íntimamente ligada a la danza en los coros cíclicos y ditirámbicos en honor de los dioses.

Para los griegos, la danza era un medio de educación de gran importancia. Concede a la armonía de movimientos y al ritmo corporal un lugar destacado, no solo por la plasmación de su belleza plástica, sino por la influencia que el desarrollo armónico del cuerpo puede causar en la salud espiritual. El valor educativo de la danza hizo que los espartanos incluyesen en su pedagogía su danza guerrera favorita, la «pyrrica» y la enseñasen a los niños desde los cinco años. Esta danza era considerada una preparación para el combate. Se trataba, pues, de una danza bélica, quizá la más antigua de Grecia. Se practicaba antes de las batallas por su milenario valor mágico, y también después del combate para ahuyentar las almas errantes de los adversarios muertos en la contienda.

Una de las danzas más antiguas, la llamada «gnosiana», fue traída desde Creta por Teseo y se trataba de una danza de movimiento circular que se ejecutaba alrededor del altar.

Las más antiguas danzas corales eran interpretadas por grupos de hombres y mujeres separados entre sí. Más tarde se unieron en determinados bailes, a veces cogidos de la mano y otras unidos formando una cadena.

La «Emalia» era una danza órfica hecha para sostener el diálogo con los dioses y ejecutada principalmente por las doncellas, que, cogidas de la mano, girando en círculo alrededor del altar y al compás de los signos, formaban una cadena que se movía armoniosamente. Las danzas alrededor del altar eran de gran ritmo, simbolizaban el movimiento del Sol y de los astros y eran acompañadas al ritmo de los platillos y con el canto de la flauta.

En las danzas imitativas y cómicas, se imitaban las actitudes de ciertos animales, como la danza de «paso de grulla», que conserva un simbolismo de floración o resurrección. Más tarde se imitaron actitudes humanas.

La danza adquiere un significado misterioso que sirve de vínculo entre el hombre y sus dioses. Es como una oración rítmica.

Se pueden distinguir dos tipos de danzas claramente diferenciados:

a) La danza teatral, que no era, en principio, sino la plasmación mediante el movimiento del contenido del texto representado. Era la precursora del texto.

b) Las danzas dionisíacas, originadas por el desenfreno y libertinaje de las orgías bacanales. Se caracterizaban por sus movimientos violentos e improvisados.

Estos dos tipos de danzas se fundirían y darían como resultado las primeras manifestaciones del teatro griego.

Creta

Creta, a diferencia de los demás países, permitía que las mujeres asistiesen a los espectáculos; en algunas pinturas de Cnosos se representan inmensas concurrencias de espectadoras que observan danzas femeninas, probablemente rituales. Estas celebran la llegada de la primavera, la ayudan y la fortifican. En otras pinturas se ven imágenes de mujeres danzando y soldados blandiendo bastones o espadas.

Un cretense introdujo en Esparta una danza relacionada con el culto de Cronos, de los titanes, de Leto y del joven Zeus.

Existía una cofradía de cantores y danzantes sagrados llamados «Tiasos», que originariamente consagraron el culto a Baco y las ménades. Los cretenses fueron célebres por sus extraordinarios cantos y danzas, de una extrema riqueza y vivacidad rítmica. Celebraban sus ritos en el bosque, danzando alrededor de los árboles o en cuevas.

La mujer-sacerdotisa de la Gran Madre era llamada «abeja» y tenía un papel muy importante en las danzas cretenses, donde se cantaba a la luna llena y a la gran madre Tierra. Los hombres realizaban una danza en el ocaso del cuarto creciente de la luna. Soltaban toros y entre ellos ejecutaban una danza llena de acrobacias.

En algunas pinturas de Cnosos se observan algunas danzarinas con los brazos extendidos y los cabellos desplegados alrededor de la cabeza, que se arremolinan para recrear el movimiento del universo. En Palecastro se ven tres mujeres sosteniéndose por los hombros que danzan con gravedad en círculo alrededor de una tocadora de lira acompañada de una paloma.

En Creta es fácil observar danzas frenéticas, moderadas, alegres, fúnebres, esclavizantes y liberadoras.

Roma

El culto más famoso en la antigua Roma fue el de Marte, al cual estaban adscritos los más antiguos cuerpos sacerdotales, de los cuales había una representación en cada ciudad. Se le llamaba Flamen Martialis al sacerdote encargado de encender el fuego en el altar de Marte, y además en cada templo había un cuerpo de sacerdotes llamados salios o saltadores, que realizaban la danza de las armas en el primer mes del calendario romano, marzo. En esta danza, los sacerdotes arrancaban sonoros tañidos a sus escudos, golpeándolos con sus espadas al tiempo que realizaban su baile alrededor del altar del dios. Al mismo tiempo, golpeaban el suelo con los pies, de manera rítmica y en sucesiones de tres golpes y un breve silencio. Esta danza, la más solemne de las realizadas en Roma, se llamó Tripudium.

Los sacerdotes iban vestidos de guerreros, coronados con cascos de penacho y empuñando el escudo en su mano izquierda y una espada corta en su mano derecha, mientras cantaban sus himnos al compás de la danza. Se puede deducir, por tanto, que se trata de una danza guerrera cuyo origen estaba vinculado a una magia expresiva de floración.

El Imperio romano heredó mucho de la cultura griega. En el caso de la danza, y aparte de las formas etruscas autóctonas, la similitud con la griega es bastante significativa.

Habiendo sido el pueblo romano menos amante de la cultura que el griego, la danza comenzó a perder su seriedad y categoría social hasta ir a parar al pueblo, que la deformó, impidiendo con ello su progresivo desarrollo. Roma consideraba al danzante como un artista circense, por lo que la danza de la época está cuajada de pasos y figuras acrobáticas. Perdió con ello mucho de su carácter mímico, pero ganó bastante en virtuosismo formal, aunque en detrimento de la calidad artística.

India

La danza es la creación del universo; danza es la ronda de las estrellas, de las constelaciones, el orden y la armonía de todo lo creado. El ser humano —microcosmos— imita al macrocosmos, imita en sus danzas los caracteres de la divinidad, e imitándolos busca transformarse, aprehender los fenómenos, igualarse al dios.

Danza ritual o simbólica. Se transmitía secretamente entre los sacerdotes guardianes de la tradición. Se ejecutan en grupo y evocan por sus figuras los movimientos de los astros y los ritmos de la creación. Se formaba un círculo ordenado alrededor de un centro ocupado por el dios; todo se mueve y eleva su canto a la perfección. Era estar en relación constante con la fuente del ser.

Una pequeña variante de las danzas circulares son las danzas en espiral. La espiral es la imagen esquemática del universo en evolución, queriendo simbolizar, generalmente, la peregrinación del alma, su trayectoria y evolución aun después de la muerte, el llamado «viaje de los muertos».

Danza estática o Kirtana. Utiliza movimientos destinados a provocar cierto estado de trance, producido también por los especiales ritmos de la música que la acompaña. La música se acelera gradualmente y se producen cambios frecuentes en la fórmula rítmica, lo que propicia, en las danzarinas estáticas inspiradas por el dios, poderes oraculares y mágicos, percepciones del mundo invisible. Quedan como aisladas participando de otros estados de conciencia.

La danza de las fiestas y cortejos. El Holly es la fiesta de la primavera hindú (marzo-abril). Con ocasión de esta fiesta, un hombre desnudo (que representa a Shiva), embadurnado de escayola blanca y llevando un tridente, se pasea montado en un asno y es precedido por gran cantidad de gente. Se canta y se danza tirándose agua y los fieles se sienten purificados. Esta es la fiesta del pueblo, de los sudras, artesanos y sirvientes.

América

En tribus americanas realizaban ritos de iniciación que consistían en danzas con las que imitaban la actitud del espíritu de la sociedad, como si ellos mismos lo encarnaran. Cuando los muchachos llegaban a la edad de diez u once años, eran iniciados en los grados inferiores mediante una de estas danzas.

Dentro del ceremonial de iniciación del indio americano está la invocación al Sol. Bajo la dirección de un sacerdote o chamán, el aspirante se aísla para sumergirse en el ritual y esperar la visión que le señalará el camino a seguir. El apogeo de la ceremonia es la danza en honor al Sol, al que hay que mirar fijamente y de modo constante.

Existían unas sociedades secretas llamadas «sociedades de danza». En la sociedad de danza «Kwakinti» —durante el invierno—, reproducen con danzas y pantomimas los mitos del origen. Los hombres encarnarían los personajes sagrados, regenerando así la sociedad y el cosmos.

La danza «hamatsa» era una ceremonia iniciática que solo realizaban los jefes del clan.

En algunos pueblos norteamericanos se reunían alrededor de un árbol, donde realizaban danzas y rituales con el fin de hacer ofrendas e invocaciones.

La danza como rito y como arte

En la danza ritual hay una gran parte de la tragedia interior humana. Es el problema de la fertilidad, la vejez y la muerte. La danza ritual concentró en sí misma todos los problemas del hombre, como la grandiosidad de la naturaleza, la vida y la muerte, los fenómenos celestes, etc.

Las danzas rituales constituyeron la parte más atractiva de las grandes fiestas de la fertilidad; y en ellas danzaron dioses, hombres y mujeres sin ese serio ceremonial de las danzas puramente religiosas, pero con alegría y frenesí, cuyo motivo religioso dio el fondo necesario para que todo ello no constituyera únicamente un desbordamiento sexual. A veces lo sexual fue tan importante en estas danzas que los sacerdotes temieron que se llegase a anular el verdadero sentido de ellas. En los colegios romanos de sacerdotes, algunos bailarines veneraban a todos los dioses con excepción de Venus, y sus danzas derivaban hacia la exaltación bélica y no sexual.

En muchas culturas, la danza ha formado parte de los ritos de iniciación, bien para realizar invocaciones, para mostrar al neófito ciertas enseñanzas o también como finalización de la iniciación. En algunos pueblos del norte de Australia, el rito de iniciación femenino, cuando la mujer llega a la pubertad, termina con una danza colectiva festejando el nacimiento de la «nueva mujer».

Como arte, la danza tiene un valor universal y simbólico, porque expresa un sentimiento, un estado del alma. Colabora con la expresión de los mitos. Es una interpretación poética de lo misterioso, vital y eterno, que unen al hombre y sus problemas con el concierto universal de la naturaleza.

La primera expresión del ritmo fue el chocar de bastones, el batir de palmas, etc. Más tarde se agregó la cadencia acompasada con el cuerpo, los movimientos de brazos y piernas y también la voz.

Todas las artes pueden reducirse a una danza, ya que el movimiento es el prototipo de las fuerzas vitales, y no hay duda de que todo arte que no lleva en sí la idea de movimiento carece de función vital. Es por ello por lo que la danza es la expresión artística más antigua que conocemos.

Diferentes tipos de danzas en la Antigüedad

La historia nos ha dejado abundantes testimonios de la importancia que tuvo la danza en las culturas antiguas, y así, existen hermosas representaciones con danzas de todo tipo en Egipto, Grecia, Roma, etc., y es que las más profundas emociones de la humanidad se han traducido siempre en movimiento. En todos los pueblos primitivos las danzas tribales sirven o han servido para expresar todos los sentimientos: el amor, la alegría, la adoración, la guerra, la muerte, el nacimiento… y en general cualquier aspecto de la vida. Y así nos encontramos diferentes tipos de danzas.

Danza del primer día de mayo. Es una danza romana. En dicho día salían de la ciudad los jóvenes y, danzando al son de instrumentos, se dirigían al campo; de allí cogían ramas con las cuales adornaban después las puertas de las casas donde habitaban sus parientes y amigos. En ellas se les servía delicados manjares. Los danzantes también iban adornados con ramas verdes. En su origen eran danzas inocentes que poco a poco degeneraron hasta que Tiberio las prohibió. Posteriormente, se rescataron en Europa, dando origen a la costumbre de plantar grandes árboles el día primero de mayo.

Danza nupcial. Danza romana en la cual se ejecutaban descaradamente los actos más secretos de la vida del matrimonio.

Danzas báquicas. Instituidas por Baco y bailadas por las bacantes, ménades y sátiros de su cortejo.

Danzas campestres. Instituidas en honor del dios Pan. Se ejecutaban en el verano, entre las frondas de los bosques, coronándose hombres y mujeres con ramas de encina y adornándose con guirnaldas de flores.

Danza del himeneo. La bailaban en la celebración de las bodas jóvenes y doncellas coronados de flores, con tal alegría y algazara que en ocasiones terminaba en desenfreno.

Danza de la inocencia. Formaba parte del culto a Diana en Lacedemonia. Doncellas espartanas completamente desnudas la bailaban ante el altar de la diosa. Los pasos de la danza eran lentos y graves, y las actitudes correctas. Se cuenta que fue en una de estas danzas cuando Teseo vio a Helena y, habiéndose enamorado de ella, la raptó.

Danza de los curetes y los coribantes. Fue inventada por estos sacerdotes cretenses y se ejecutaba al son de pífanos y címbalos, haciendo chocar las espadas contra los escudos.

Danza macabra. Las danzas macabras mostraban lo efímero de la vida del hombre. Se trata de una pantomima religiosa sobre la danza de los muertos. Es por ello por lo que también recibe el nombre de danza de los muertos.

Danza de los festines. Instituidas por Baco al regresar de Egipto. Eran una especie de valses ejecutados después de los suntuosos festines con los que se pretendía dar prueba de agilidad.

Danza de los lapitas. Era una danza agitada y violenta, en la que se representaba el combate de los lapitas y los centauros, celebrando con ella las victorias marciales. Se bailaba al son de la flauta, al final de los festines, y se atribuye su invención a Piritoo.

Danzas funerarias. Era uno de los honores rendidos a héroes y reyes en sus funerales. La bailaban ante el féretro los sacerdotes, vestidos con largos ropajes y coronados con ramas de ciprés, al son de una música lenta y triste.

Danza del Sol. Es danza de los indios americanos. Tenía lugar en una cabaña de ceremonias construida de forma que representaba una imagen del universo. Era circular, el poste central representaba al Gran Espíritu; el número de varas empleadas, su colocación y cada objeto de la cabaña tenía un significado mágico. Antes de comenzar la ceremonia, los guerreros debían purificarse y pintarse dibujos mágicos en el rostro.

La danza se realizaba de la siguiente forma: se engancha a uno de los guerreros por la piel con cuatro estacas, representando los tirones de la ignorancia que deben estar siempre detrás dando la cara a la luz de la verdad. Otro danzante, enganchado también por su piel, debía bailar alrededor hasta soltarse y otros dejaban que se les arrancasen pedazos de carne que dejaban al pie del pilar central como ofrenda. Al amanecer, la ceremonia terminaba con oraciones. Esta danza se realizaba para ganarse un nombre, así como la cercanía y la protección del Gran Espíritu.

Danza del leopardo. Es una danza africana. Una danzarina llamada «maestra» encarna a la fiera; otra, la «madre», tiene que defender a sus «hijas» del ataque del leopardo. La danza es larga y agitada. Cuando, por fin, el leopardo ha capturado a todas las neófitas, la «madre» lo mata con un palo con forma de espada, devolviendo la libertad a las neófitas.

Conclusión

La danza es una manifestación artística que coordina estéticamente el movimiento. Como el resto de las artes, nace de la necesidad espiritual de expresar algo. El hombre es, por naturaleza, expresivo y tiene necesidad de expresar sus inquietudes y sus movimientos. En el principio de los tiempos esta necesidad expresiva no va dirigida al hombre mismo, sino a algo que él cree superior. De aquí que la danza surja como un mensaje del hombre al ser considerado superior. Por lo tanto, se convierte inmediatamente en un rito revestido de caracteres mágicos.

Desde el principio, la música y la danza van unidas, pero ¿cuál engendró a cuál?, ¿acaso la música provocó el movimiento?, ¿o, por el contrario, fue la danza la que, con sus cadencias, sugirió el ritmo? Probablemente nunca lo sepamos, y tampoco nos interesa especialmente. Lo único que debemos tener presente es que estas dos artes se han complementado desde siempre.

¿Qué nos queda pensar de la danza? Que es una necesidad del alma, que con ella se puede viajar a los sentimientos más profundos. La danza es algo natural en el hombre, es innato, al igual que el movimiento, pero cuando este movimiento es acompañado no solo por una técnica —pues sabemos que todo arte tiene una técnica—, sino cuando este movimiento va acompañado del sentimiento, de esa fe o emoción profunda propia del ser humano, cuando su finalidad no es el lucimiento personal, no es el reconocimiento sino que persigue la transmisión de los valores eternos, la comunicación de los anhelos y deseos, cuando el hombre busca acercarse a Dios y manifestarle de esta manera su devoción, su agradecimiento, entonces está haciendo verdadero arte. Es un puente que une el cielo y la tierra.

Si logramos que nuestros pasos, nuestros actos, sean armónicos y rítmicos, si somos capaces de transmitir nuestro sentir en nuestro quehacer cotidiano, si lo acompañamos de movimientos decididos y bellos, seremos danzarinas transmisoras de la mejor de las artes, del buen hacer.

Seremos puente de unión entre la belleza y ese gran público que es la humanidad toda.

Bibliografía

El libro de la música. Instituto Parramón Ediciones.

Fastos. Plubio Ovidio Nerón.

Fundamentos de la apreciación musical. Pedro Machado de Castro.

Iniciaciones místicas. Mircea Eliade.

La danza y el ballet. Adolfo Salazar.

Los antiguos egipcios. Boris de Rachewiltz.

Vida cotidiana en la Grecia minoica. Paul Faure.

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