
«La música puede cambiar el mundo porque puede cambiar a las personas» (Bono, U2)
La música ha acompañado al ser humano desde sus principios, le causa tranquilidad, emoción, penetrando en los corazones a través del sonido y del ritmo. Podemos decir, entonces, que la música es el arte de los sonidos.
El sonido nos mantiene emocionalmente conectados con nuestro entorno desde que estamos en el vientre materno. Ya desde la semana número quince percibimos los primeros sonidos y la cadencia rítmica representados por el sonido del corazón materno y su flujo sanguíneo, aunque es a partir de la semana veintiséis cuando el feto desarrolla su capacidad auditiva y puede escuchar música, especialmente la voz de su madre.
Desde la más remota Antigüedad, la música ha sido una forma de expresión que ha trascendido barreras culturales y lingüísticas. Podemos encontrarla ya en la prehistoria, en que se manifestaba con la voz humana y la percusión corporal, simulando sonidos del entorno; o en la antigua Grecia, donde se consideraba que la música tenía un valor educativo y moral y estaba profundamente entrelazada con la educación y la vida cotidiana del ser humano.
Así fueron pasando las diferentes culturas adaptando ese sonido y ese ritmo a las diversas formas de crear música e incorporando instrumentos hasta llegar a nuestros días, en los que nos encontramos con un sinfín de diversos tipos de música, así como un gran uso de la tecnología…
Por ello la música, en su esencia más pura y elevada, es un puente vibratorio entre nosotros y el mundo espiritual.
Retazos históricos
Nos gustaría, antes que nada, invitaros a hacer un ejercicio de imaginación y poder retroceder en el tiempo. Concretamente, a ese periodo que se extendió desde finales del siglo XVI hasta más o menos la primera mitad del siglo XVIII, teniendo su momento de máximo esplendor en el siglo XVII. Nos estamos refiriendo a ese periodo que conocemos como Barroco.
Etimológicamente, parece ser que deriva del vocablo griego baros, ‘pesadez’, y su principal objetivo era conmover al público. Su pretensión era que el espectador debía sentirse identificado con lo que veía plasmado ante sus ojos, y para ello se valió de la grandiosidad, tanto en la ornamentación como en la decoración.
Pero como siempre ocurre en la historia, cuando algo cambia no lo hace de repente, sino que se produjeron toda una serie de sucesos que dieron como final la aparición del Barroco. Dos de ellos fueron la Contrarreforma y la tan temida peste negra que, aunque aparece en la mitad del siglo XIV, al igual que el río Guadiana aparece y desaparece, y es en la segunda mitad del siglo XVI cuando estaba dando ya sus últimos coletazos. También se da una gran explosión demográfica, y la vuelta de los obreros del campo a las ciudades, por lo que todo ello derivó en un gran auge de la industria y la economía.
Se puede ubicar el origen del Barroco en Italia, desde donde se extendió por toda Europa, con una enorme proliferación de pintores, escultores, arquitectos o músicos, los cuales se necesitaban para vestir y adornar las grandes iglesias, catedrales y demás monumentos que empezaron a construirse en este siglo XVII.
Este es el escenario que nuestro protagonista va a encontrar a su llegada al mundo. En Alemania, en el seno de una familia de ilustres músicos va a nacer, en 1685, otro gran músico, Johann Sebastian Bach. Con más de siete generaciones de músicos en la familia, no fue ninguna sorpresa que se dedicara a la música, y empezó como organista. Muy pronto fallece su madre, y poco después su padre, quedando así huérfano no solo por la falta de sus progenitores, sino por la pérdida del gran referente musical que fue su padre.
Queda al cuidado de su hermano y emprende así una vida dedicada a la música y la composición, y a pesar de no tener demasiados problemas económicos, como todo genio sí fue un incomprendido, tachado de testarudo, arrogante y con mal genio.
El historiador H. C. Schonberg da la siguiente descripción física de Bach: «Una cabeza más bien maciza, un físico fuerte, la nariz prominente, las mejillas carnosas, el mentón saliente, los labios definidos. Tiene un rostro masculino, duro y fuerte, el rostro de un hombre que defiende sus derechos. Es un rostro inflexible, no la mirada de un fanático, pero sí la de alguien decidido a salirse con la suya».
Mucha gente conocerá su faceta musical por composiciones tan famosas como la Pasion según san Mateo, la Pasión según san Juan o Tocata y fuga en re menor. Era tal su manejo y dominio de la melodía y de la armonía que muchas veces los espectadores se veían presos del éxtasis sin saber ni dónde estaban.
Tras una fructífera vida, fallece en 1750 dejándonos por herencia su enorme legado musical. Tras su muerte, gran parte de su obra fue relegada al olvido, pero este legado fue recogido posteriormente por otro gran músico, Pau Casal (1876-1973), quien redescubre en parte la obra de Bach. Concretamente, cuando tenía trece años, mientras buscaba material para sus conciertos se encontró con unas partituras. Estas hojas son el motivo por el cual no podemos hablar de la figura de Bach de una manera aislada, sino que tenemos que verlo junto a ese instrumento que lo acompañó durante toda su vida. Tan importante es este instrumento que compuso una serie de obras para ser ejecutadas por él.
«Me presento: soy un instrumento de cuerda, grande, algo rechoncho, quizá no muy elegante, pero en cambio me ofrezco a brindarte mis hermosas melodías para las que fui creado… Soy el violonchelo. Y esas obras que descubrió Casal en una tiendecita de Barcelona y con las que quedó marcado durante toda su vida, ya que estuvo estudiando durante doce años antes de atreverse a interpretar una obra entera, son las suites para violonchelo».
Simbolismo del chelo
El violonchelo es uno de los instrumentos con mayor carga simbólica en la cultura occidental, principalmente debido a su estrecha relación con la naturaleza humana y la expresión de sentimientos profundos.
Podría considerarse el alter ego de la voz humana. Es ampliamente considerado el instrumento que mejor imita la tesitura y el timbre de la voz humana.
Rango emocional: simboliza la intimidad, la seriedad y la gravedad emocional debido a su capacidad para sonar como un tenor o un barítono.
Vínculo físico: al tocarse sentado y abrazado contra el pecho, se dice que el instrumento «resuena directamente sobre el corazón» del músico, reforzando su conexión con la vulnerabilidad y el afecto.
Es símbolo de resiliencia y esperanza. En contextos históricos y literarios, el violonchelo ha pasado de ser un simple acompañante a un símbolo de coraje y resistencia.
Resistencia cultural: el caso real del «violonchelista de Sarajevo», quien tocó en medio de las ruinas de la guerra para honrar a los fallecidos, convirtió al instrumento en un emblema de la paz y la supervivencia a través del arte.
El músico Vedran Smailovic, que en esos años tocó en decenas de funerales, fue el protagonista de una foto muy difundida despidiendo con las melancólicas notas de su violonchelo a muchos de sus vecinos, muertos en los bombardeos. El escenario, la Biblioteca de Sarajevo.
El 25 de agosto de 1992 las bombas cayeron, como casi todos los días, sobre los tejados de la malhadada ciudad. Y esta vez la víctima fue Vijecnica, que es como los habitantes de la ciudad llamaban a su querida Biblioteca Nacional. Más de setecientos manuscritos e incunables, así como muchos otros tesoros históricos y artísticos fueron pasto de las llamas. La destrucción fue absoluta. Todo se perdió para siempre.
La imagen de Smailovic, sentado sobre los escombros de la biblioteca de Sarajevo tocando con su instrumento las notas del Adagio de Albinoni a despecho de los proyectiles y los francotiradores, se convirtió en un símbolo de la resistencia de una población sometida a casi tres años de asedio inhumano. Un acto de barbarie que se cobró la vida de cerca de diez mil personas.
El propio Smailovic había acudido a la biblioteca en llamas, tratando de salvar aunque fuera solamente unos cuantos volúmenes, resuelto a impedir que la memoria colectiva de los bosnios, su larga historia de tantos siglos, desapareciera en un solo día. Por desgracia, muy poco fue lo que se pudo rescatar del desastre.
Espiritualidad y misticismo: en la música religiosa, su tono profundo se utiliza para evocar temas de amor divino, compasión y misticismo, y por ello se lo asocia con estados de meditación y reflexión sobre la vida y el alma, gracias a su ritmo relajante y timbre delicado.
Representación en la cultura popular y literatura
Identidad única: en obras como la película de R. J. Cutler Si decido quedarme, el violonchelo simboliza lo que hace única a una persona y su capacidad para crear armonía frente a la disonancia de la vida.
Melancolía: tradicionalmente ha sido etiquetado como «el más triste de los instrumentos» o «el doliente principal» en ceremonias conmemorativas y funerales. Pero también aquí hay todo un simbolismo místico. Si elevamos el violonchelo al plano de lo oculto y lo místico, el instrumento deja de ser madera para convertirse en un psicopompo (un guía de almas) y un resonador del cosmos.
Aquí tienes las claves de su simbolismo místico más profundo:
1. El Eje del Mundo (axis mundi) El violonchelo es uno de los pocos instrumentos que se apoya directamente en el suelo a través de la pica (la vara metálica) mientras el músico lo abraza.
En la película y el libro Si decido quedarme (If I stay), la música de Johann Sebastian Bach juega un papel fundamental, simbolizando la pasión de la protagonista, Mia Hall, por el violonchelo y su conexión con la vida y la emoción profunda, contrastando con el rock de su novio Adam.
La pieza central: Mia toca intensamente la Suite para violonchelo n.º 1 en sol mayor, BWV 1007 – Preludio de Bach, una de las obras más famosas y técnicas para el instrumento. Esta música representa el mundo interior de Mia, su talento y su refugio emocional en momentos críticos.
Significado místico: representa la conexión entre el inframundo (la tierra/suelo), el mundo terrenal (el cuerpo del músico) y el mundo celestial (las notas agudas y etéreas). Es un canal de energía que «enraíza» las vibraciones celestiales en el plano físico.
2. La alquimia de los cuatro elementos. En la tradición esotérica, el violonchelo integra la transmutación de los elementos:
Tierra: la madera de arce y abeto, el cuerpo físico.
Aire: el aliento y la vibración dentro de la caja de resonancia.
Fuego: la fricción de las crines del arco contra las cuerdas que genera el sonido (energía cinética).
Agua: la naturaleza de sus sonidos graves, que fluyen y envuelven, asociados a menudo con el inconsciente y las emociones fluidas.
3. El matrimonio místico (unio mystica). A diferencia del violín, que se apoya sobre el hombro, el violonchelo se sitúa entre las piernas y contra el plexo solar.
Simbolismo: representa la unión de los opuestos (masculino y femenino). El arco (activo/masculino) penetra el espacio de las cuerdas (receptivo/femenino) para crear la vida (el sonido). Es un acto de creación mística constante que ocurre en el centro del corazón del intérprete.
4. Resonancia con el «Om» Primordial. Muchos místicos ven en las notas pedales (los bajos profundos) del violonchelo una representación del sonido primordial del universo.
Se dice que sus frecuencias bajas tienen el poder de alinear los centros energéticos o chakras inferiores, permitiendo que la conciencia ascienda hacia las notas armónicas más altas, simbolizando la ascensión espiritual.
5. El silencio sagrado. En la mística del violonchelo, las efes (las aberturas en la tapa) son las «puertas» hacia el vacío interior. El instrumento está hueco, y ese vacío es lo que permite la música.
Lección mística: simboliza que el alma humana debe vaciarse del ego y el ruido mundano para que la «música divina» pueda resonar a través de ella.
Si te interesa profundizar en obras que exploran esto, te recomendamos investigar las composiciones de Sofia Gubaidulina, quien utiliza el violonchelo específicamente para representar la intersección entre lo humano y lo divino.
El violonchelo y la voz humana
Se relaciona estrechamente con la voz humana principalmente porque su rango tonal, timbre cálido y versatilidad emulan el registro de un barítono o mezzosoprano. Su capacidad para «cantar», expresar emociones profundas, llorar o gritar lo convierte en el instrumento melódico más cercano a la expresión vocal.
Rango tonal similar: el rango del violonchelo coincide con la tesitura humana, cubriendo desde las voces graves (bajo) hasta las más agudas (soprano).
Timbre y expresividad: produce sonidos ricos y versátiles, que pueden ser intensos o melancólicos, emulando la capacidad emotiva de la voz.
Capacidad de «cantar»: debido a su estructura y rango, se utiliza a menudo para interpretar melodías líricas, comportándose como una voz cantante.
Frecuencias cercanas: la resonancia y frecuencias que produce el violonchelo se sienten naturales al oído humano, facilitando la conexión emocional.
El violonchelo se considera el instrumento más cercano a la voz humana debido a tres factores técnicos y sensoriales principales:
Rango de tesitura: es el único instrumento que abarca casi todo el espectro vocal humano. Sus cuerdas graves alcanzan la profundidad de un bajo profundo, mientras que sus registros más agudos pueden igualar la altura de una soprano de coloratura.
Timbre y resonancia: su sonido se describe como cálido y con matices similares a los de un cantante. Además, posee frecuencias medias y algunas cualidades «nasales» que nuestro oído interpreta como naturales y familiares, similares al habla.
Articulación expresiva: el uso del vibrato en el chelo imita las oscilaciones naturales de las cuerdas vocales al cantar. Esta capacidad de crear frases continuas y fluidas permite que el instrumento «cante» o «hable» directamente a las emociones del oyente.
Hay varias piezas icónicas que explotan esa «voz» del chelo, ya sea imitando la respiración de un cantante, la melancolía de un lamento o la agilidad de una soprano:
Vocalise (Rachmaninoff): originalmente escrita para voz alta y piano, su versión para chelo es quizá la que mejor ejemplifica esta relación. Al no tener texto, el instrumento debe «cantar» la melodía con pura expresividad y vibrato.
El cisne (Saint-Saëns): es la pieza por excelencia para demostrar el lirismo del chelo. Su melodía fluida y larga requiere un control del arco que imita la capacidad pulmonar de un cantante.
Kol Nidrei (Max Bruch): basada en melodías hebreas de la liturgia, el chelo asume el rol de un cantor de sinagoga, con frases que parecen sollozos o declaraciones solemnes.
Sonata para Arpeggione (Schubert): aunque escrita para un instrumento ya extinto, el chelo la ha hecho suya debido a su naturaleza vocal y melódica, típica de los Lieder (canciones) de Schubert.
Suites para violonchelo solo (J. S. Bach): especialmente el Preludio de la suite n.º 1, donde el instrumento explora diferentes «voces» (bajo, tenor y soprano) simultáneamente, creando un diálogo como si fuera un coro.
Serenata (Cassadó): una obra que utiliza el registro agudo del chelo para imitar la agilidad de una voz de soprano.
¿Cómo influye la voz?
La voz es una herramienta de conexión mucho más poderosa de lo que solemos creer. No solo sirve para transmitir palabras, sino que es un canal emocional que define cómo nos perciben y cómo nos vinculamos con los demás. Así influye la voz en tus relaciones:
1. Transmisión de emociones (el «espejo» interior)
La voz es la manifestación más importante de nuestras emociones. A través del tono, el timbre y el ritmo, comunicamos alegría, tristeza, miedo o ansiedad de forma casi imposible de ocultar. El cerebro del oyente está programado para detectar sutiles cambios en el tono que indican tu estado interno, incluso si intentas decir lo contrario con palabras.
2. Credibilidad y éxito personal
El impacto de tu mensaje depende más de cómo lo dices que de lo que dices. Según estudios clásicos de comunicación no verbal, el 38 % del impacto proviene de la voz (frente al 7 % de las palabras).
Competencia: voces con una modulación correcta y tono equilibrado se perciben como más amables y confiables.
Rechazo: ciertos rasgos vocales, como el vocal fry (voz ronca al final de las frases), pueden hacer que alguien sea percibido como menos educado o competente.
3. Atracción y cercanía
La voz funciona como un mecanismo natural de atracción. Cuando sentimos cercanía con alguien, tendemos a modular nuestra voz para generar sintonía. Una voz considerada «atractiva» suele inducir un buen estado de ánimo en el interlocutor y facilita la conexión interpersonal.
4. Definición de la dinámica social
El volumen y el ritmo determinan el tipo de interacción:
Dominancia: un tono alto o agresivo puede percibirse como una señal de dominancia o enfado.
Desinterés: un tono monótono suele desconectar al cerebro del oyente por falta de estímulo emocional, lo que debilita el vínculo comunicativo.
Según la musicología
Veamos con un enfoque histórico, analítico y antropológico, la Suite nº 1 para violonchelo solo como si fuera una obra escrita para una voz humana profunda que piensa, respira y habla.
1. Marco general: Bach y la voz interior
Johann Sebastian Bach, al escribir las Suites para violonchelo solo, no concibe el violonchelo como un instrumento «virtuoso» en el sentido moderno, sino como un sustituto de la voz humana interior. Veamos esto en una de sus obras para violonchelo, su Suite no 1.
En el Barroco, la música instrumental hereda directamente los principios del canto. Se habla de cantabilità: todo instrumento debe cantar.
El violonchelo, por registro y timbre, se asocia al barítono-bajo humano, es decir, la voz del cuerpo, del peso, de la gravedad. La Suite nº1 en sol mayor es, desde esta perspectiva, un monólogo vocal sin palabras.
2. El violonchelo se expresa como una «voz corporal»; por ello, comparte con la voz humana profunda varias características esenciales:
Produce sonido desde el cuerpo entero / vibra desde una caja resonante orgánica.
El aire sostiene la frase / el arco sostiene la frase.
La respiración marca el discurso / el arco marca el discurso.
Relacion de obras de chelo con magia y misticismo
Para producir esa sensación de «magia» y misticismo con el violonchelo, existen autores clave que han sabido explotar su capacidad de conectar con lo invisible y lo trascendental:
1. Johann Sebastian Bach: la magia de la estructura Bach es el pilar absoluto. Sus seis Suites para violonchelo solo son consideradas la biblia del instrumento.
El efecto: crea una polifonía imaginaria donde una sola línea melódica parece llenar todo el espacio, generando un estado de meditación y orden cósmico.
2. Pau (Pablo) Casals: el mago de la intención. Casals no solo redescubrió a Bach, sino que su interpretación estaba cargada de un humanismo casi místico.
El efecto: se decía que Casals no tocaba notas, sino que «insuflaba vida» al instrumento. Su obra El Cant dels Ocells es el ejemplo máximo de cómo una melodía sencilla puede convertirse en un himno de paz y espiritualidad universal.
La compositora Sofia Gubaidulina utiliza el violonchelo para explorar el dolor, la redención y la fe.
Obra mágica: En Sieben Worte (Siete palabras), el violonchelo interactúa con el bayán (acordeón ruso) creando sonidos que imitan el sufrimiento y la ascensión espiritual, utilizando técnicas que parecen extraer sonidos «fuera de este mundo».
4. Claude Debussy: magia impresionista
Su Sonata para violonchelo y piano es una obra de belleza etérea y atmósferas cambiantes.
El efecto: utiliza armonías «shimmering» (centelleantes) y melodías de ensueño que transportan al oyente a un mundo de fantasía e irrealidad.
5. Arvo Pärt: la magia del silencio (tintinnabuli)
Aunque no es violonchelista, sus piezas para el instrumento (como Fratres o Spiegel im Spiegel) son cumbres del misticismo minimalista.
El efecto: logra que el tiempo parezca detenerse, utilizando la resonancia natural del violonchelo para crear un espacio de oración y quietud absoluta.
6. Ernest Bloch: la magia de la identidad sagrada. Su Rapsodia Schelomo está inspirada en la figura del rey Salomón.
El efecto: el violonchelo asume el rol de una voz profética, profunda y dramática, que clama sobre la vanidad del espíritu y la búsqueda de la sabiduría divina.
Epílogo
Tal vez este trabajo sea un poco difícil de entender a los que como yo somos un poco o muy ignorantes en este mundo de la música.
Nuevamente nos encontramos ante un gran personaje de la historia. Un gran músico, una gran persona, eso que comúnmente llamamos «un genio». Un ser humano, que poseía un maravilloso don, el de la música. Pero más allá de que seamos entendidos o profanos en lo que a música se refiere, sí que tenemos que darnos cuenta de que fue una persona que, más allá de los problemas que tuvo, siempre trató de vivir sus sueños. Aquellos sueños que llevaba en su alma y que, como los «grandes» siempre luchó por ofrecerlos a la humanidad, para que también fueran partícipes de la belleza y de la armonía.
Pero a mí me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre algo, y que me gustaría compartir.
Os habéis fijado alguna vez en la postura que usa el músico para tocar el chelo. Primero lo apoya contra su hombro y luego parece que lo abraza. Ese abrazo sin el cual no sería posible expresar su armonía, su música, todo aquello que lleva dentro…
Tratemos de ser igual que ese abrazo, de ser madres, pero Madres con mayúsculas, de abrazar a todos, pero de abrazarnos igual que al chelo, tratando de sacar de adentro nuestras más bellas melodías. Abracemos con el alma y no por el qué dirán, no por compromiso. ¿Qué significa abrazar con el alma? Con corazón, con generosidad, con alegría, pensando en el otro y no solamente en mí, tratar de darle a los demás lo mejor mí.
El violonchelo, además de otros instrumentos de cuerda tienen una pieza interior llamada alma. Qué curioso que esa pieza, esa alma, este en el interior y no en el exterior.
Tratemos de abrazar a todos de la misma manera que los músicos abrazan a la guitarra, al chelo… de corazón a corazón, porque es un abrazo que va del alma para el alma…




















