
Una vez más, José Carlos Fernández, fiel colaborador de nuestra revista, ha dado en la diana, trayendo a las páginas de Esfinge la elegancia, como «el modo de ser, sentir, pensar y actuar de los seres humanos que deja entrever, a través de las rendijas de lo cotidiano, una luz que trasciende este mundo, una nobleza que lo verticaliza, una virtud que atrae el alma —que siempre es bella— como un imán».
Nuestro colaborador se basa, entre otros, en la profesora francesa Catherine Ternynck, autora de un trabajo que tiene por título El espíritu de la elegancia, pues considera la elegancia como un poder que transforma, sublima o inspira a los seres y las cosas, les confiere un honor y una nobleza singular.
Realmente, la elegancia es la presencia de la diosa del amor y la belleza, de la diosa Venus en nuestras vidas, y no podemos sino rendirnos a ella, sentir nuestra alma vinculada ante su presencia, en la bella acción, en el bello discurso, en el gesto bello, en la elegancia en el vestir, en la belleza del mirar, en la bella cortesía, en la bella gratitud, en la luz del alma.
Podemos decir que este es un ejemplo de las muchas otras ofertas en este número de Esfinge, que podrían sintetizarse en la búsqueda de la belleza por medio de la elegancia.




















