Culturas — 21 de mayo de 2026 at 00:00

Arquitectura sagrada en el antiguo Egipto

por

Arquitectura sagrada en el antiguo Egipto

La arquitectura se ha empleado, desde los tiempos más remotos, con evidentes fines mágicos y simbólicos. Por ejemplo, el Nilo dividía el país en dos grandes orillas: la occidental y la oriental, imitando en su recorrido al Nilo Celeste o Vía Láctea. En la oriental, se construyeron las ciudades y los templos con el fin de poder saludar al dios Ra. En cambio, en la orilla occidental, se construyeron todas sus «moradas de eternidad», para acompañar al sol en su viaje por las diferentes etapas de la noche y poder continuar su existencia tras haber superado las diferentes pruebas a que eran sometidos en el reino de los muertos de Osiris, la Duat. Las tres pirámides de Gizeh formaban un triángulo rectángulo perfectamente definido.

Entonces se creía que el símbolo debía guardar relación armónica con lo simbolizado. Así que se pensó que, para representar las cosas grandes, bellas y perdurables, debían elevar símbolos de equivalentes características que reflejasen con su durabilidad, la eternidad; y con su fortaleza y altura, la voluntad y aspiraciones místicas de sus constructores.

Cuando estuvo regido por los inamovibles cánones de la sabiduría, el arte expresaba algo que estaba más allá de las formas y de la materia; intentó reflejar la eternidad de los mensajes perennes.

La arquitectura tiene la facultad de reunir todas las demás formas de arte, en cuanto que se expande en tres direcciones del espacio y se apoya sobre la tierra, completando el sagrado cuaternario de la Antigüedad. En la arquitectura entran naturalmente la escultura y la pintura, las matemáticas y la música. Podríamos tomar como ejemplo el templo, que, desde la más remota Antigüedad, ha sido considerado y quizás concebido como una caja de resonancia, un soporte material para captar y emitir las ondas vibratorias de la espiritualidad.

Elementos arquitectónicos

Egipto desarrolla sus propios elementos arquitectónicos, pero también vemos que, en la arquitectura egipcia, se plasman y utilizan una serie de elementos que son comunes a lo largo de la historia, y que tienen igual significado, entre los que aparecen:

«La plataforma o base horizontal, sobre la cual se eleva el resto del edificio, representa la materia desde donde se elevan todas las cosas ante la llamada del cielo o espíritu. Es la barca terrestre sobre la cual navegamos» (Apuntes de la materia de Simbolismo Teológico de la Escuela de Filosofía Nueva Acrópolis).

«Las murallas o paredes simbolizan el arquetipo de contención, soporte de lo elevado, límite y protección de la obra. Sus orificios o ventanas son comunicaciones entre el mundo exterior y el interno, vías de la luz y el viento, cordones umbilicales entre el micro y el macrocosmos» (Apuntes de la materia de Simbolismo Teológico de la Escuela de Filosofía Nueva Acrópolis).

«Las columnas o pilares: emblemas de las ideas que se elevan en busca de la perdida patria celeste. Observando cómo cada columna se alza desde la tierra para florecer en la altura en forma de capiteles o arquitrabes, se podría pensar que con ello se intentaba expresar que tan solo en los planos más elevados pueden acercarse y relacionarse las ideas, verticalizadas por la voluntad, así como los motivos preferentemente animalísticos que van desde el techo hasta la base podrían simbolizar la pluvial caída de los arquetipos vitalizadores de la tierra. Los conjuntos de columnas sosteniendo un mismo techo o masa podrían representar la «logia» o unión de hombres-ideas en el sostén de un ideal común que los unifica en la altura» (Apuntes de la materia de Simbolismo Teológico de la Escuela de Filosofía Nueva Acrópolis).

«El techo: barca celeste invertida para navegar en las aguas del espacio. Es la tierra celeste. Cada una de estas partes se relacionó con uno de los elementos de la naturaleza. Así, el techo lo fue con el elemento Fuego, las columnas y pilares con el Aire, las murallas con el Agua y la plataforma con la Tierra. En el caso de las pirámides egipcias, se confunden el Fuego, el Agua y el Aire, asumiendo todas formas ígneas» (Apuntes de la materia de Simbolismo Teológico de la Escuela de Filosofía Nueva Acrópolis).

Los elementos arquitectónicos utilizados por los egipcios son:

* El lago sagrado que había en los templos simbolizaba el qebbu primordial, fluido potencial contenido en el espacio infinito, del cual era emanación el mismo Nilo.

* Las puertas falsas simbolizaban lugares por los que el alma podía acceder al más allá.

* Los bajorrelieves muestran de mil y una formas los circuitos de energía que ponen en comunicación lo humano con lo divino.

* Los piramidones podían estar situados en el vértice de las pirámides construidas durante el Imperio Antiguo, o bien sobre la entrada de los hipogeos. Se ha considerado un punto de concentración de energía positiva y el lugar de unión entre el cielo y la tierra. Representaba al dios Sol, Ra-Harakte.

* El pilar djed es la columna de la estabilidad, en la que los cuatro travesaños horizontales indicaban los cuatro elementos o principios de la materia matriz. También representaba la columna vertebral de Osiris. En la ceremonia de coronación, en la cual se efectuaba la transmisión del poder al nuevo rey, que tenía lugar en la llamada «Casa de la Vida», se colocaba en la sala de las ceremonias este pilar, consagrado a su predecesor y a su resurrección en el más allá. Cada nuevo faraón mandaba erigir una columna djed a gran escala para conferir estabilidad a su reinado, conforme al modelo divino. Él mismo la enderezaba cuando esta estaba tumbada en el suelo: de este modo, recreaba la columna vertebral de su reino. Este acto también representaba la resurrección de Osiris en el nuevo gobernante y su subsiguiente triunfo sobre Set.

* El capitel egipcio adoptó distintas formas: (a) en forma de papiro, representando el universo que surgió del caos de Nun; (b) en forma de palmera o palma, simbolizando el principio de la vida renovada y fecunda; (c) hathóricos, consistentes en cuatro cabezas de la diosa Hathor coronada de un edículo con forma de sistro; (d) de flor de loto cerrada, en el que se agruparon a veces varios capullos de loto cerrados y truncados, partiendo de sendos tallos formando haz, que se apoya en el capitel y sostiene el arquitrabe, de mayor sección que el capitel; (e) de flor de loto abierta o de campana invertida, está formado a veces por un haz de palmas dobladas por arriba hacia el exterior, o por una serie de cráteras, simbolizando estas últimas el rito de las libaciones; aquí, el dado es siempre de menor sección. Los capiteles de loto simbolizaban la Iniciación o el nacimiento a la Luz Celeste, así como la recreación perpetua del mundo. En ciertos capiteles tebanos, de una serie de hojas arranca otra, destacándose cuatro principales equidistantes, que terminan graciosamente en rudimentarias volutas.

* El obelisco: sus cuatro lados representaban los cuatro puntos cardinales y sus regentes respectivos: Amset (sur), Hapi (norte), Duamutef (este) y Quebsenuf (oeste). Era símbolo del dios Amón (luz espiritual). El piramidón se recubría con una «funda» de oricalco.

Todo conjunto arquitectónico de la antigüedad debía ser materialmente útil, psicológicamente placentero y espiritualmente fecundo. Todo era concebido con un criterio mágico para percibir lo Bello, lo Justo, lo Bueno; en síntesis, lo UNO.

La mastaba

El origen más remoto de la pirámide se encuentra en la mastaba. Exteriormente posee forma de pirámide truncada con base rectangular, hecha con ladrillos y orientada en dirección norte-sur.

La entrada a la mastaba estaba generalmente situada al este y en su interior había:

* Una capilla con una o más habitaciones, así como dos mesas de ofrendas en las cuales los parientes depositaban las ofrendas funerarias.

* El serdab, situado generalmente al sur. Era una cámara secreta separada de la capilla, donde se depositaban las ofrendas únicamente por un muro ligero de piedra, y comunicada con esta tan solo por un orificio bastante estrecho. Era en donde se guardaban las estatuillas del difunto que servirían de soporte al doble o Ka si la momia se destruyese o desapareciese.

* Un pozo de forma cuadrada o rectangular, que comunicaba la plataforma superior de la mastaba con el corredor que conducía a la cámara funeraria en donde se hallaba el sarcófago, que podía ser de piedra calcárea blanca o de basalto. Encima de esta cámara se colocaba un pequeño montículo de tierra, protegido por piedras, al que con el tiempo se le dio forma de escalera, símbolo de la ascensión celeste.

La parte interior de la mastaba ha evolucionado con el paso del tiempo. En las más antiguas, la estructura externa es maciza, únicamente atravesada desde su extremo superior por un pozo vertical que comunica con una cámara funeraria subterránea. Posteriormente, se construye en uno de sus lados una falsa puerta que, poco a poco, da lugar a una rudimentaria capilla, aplicada al edificio, para celebrar en ella los cultos del difunto. Paulatinamente, con el fin de aligerar la estructura, se abren estancias en el interior.

La pirámide escalonada

Es un eslabón entre la mastaba y las pirámides de Gizeh.

En los comienzos de la III dinastía, hacia el año 3000 a. C., se levantó bajo el reinado de Djeser la primera pirámide en Sakkarah.

Está formada por seis mastabas, superpuestas una encima de otra, disminuyendo el tamaño de la mastaba conforme sube la altura de la pirámide. La cámara de enterramiento se encuentra en el fondo de un pozo cavado en el centro del monumento. Unas galerías subterráneas rodean la pirámide por sus lados este, norte y oeste.

La muralla rectangular del complejo de Zoser o Djeser imita en su estructura de bastiones en resalte un muro fortificado. Tiene una sola entrada, pero, a intervalos, hay esculpidas catorce puertas falsas en los entrantes. El eje principal del recinto se orienta hacia el norte. El pórtico que permite el acceso a este recinto sagrado está formado por dos filas de veinte columnas de haz, que acaban en un amplio patio. En el lado sur de este patio se encuentra la tumba del sur, considerada como el lugar donde se guardaban los vasos canópicos.

Asimismo, existe un templo funerario acoplado a la cara norte de la pirámide. Del mismo, parte una galería inclinada que conduce, por un lado, a la cámara funeraria de granito y, por otro, a los departamentos subterráneos del Ka. Estos constan de habitaciones revestidas de azulejos de mayólica azules, al igual que en la tumba del sur, y tres estelas que simulan puertas. Las casas del norte y del sur simbolizan el delta (norte) y el valle (sur), el Alto Egipto y el Bajo Egipto. La serpiente Butho y el buitre Nekhebet simbolizaban el Bajo y el Alto Egipto, respectivamente. La serpiente representaba la sabiduría de la tierra, el espíritu de la tierra fecunda. El buitre era la representación de Mut, la diosa guardiana del cielo.

La pirámide propiamente dicha fue introducida a comienzos de la IV dinastía. Fue el desarrollo natural de la pirámide escalonada anterior. Los elementos principales de esta son el templo del valle y la calzada. Por lo general, el templo mortuorio está frente a la cara este de la pirámide, y hay también una pirámide de tipo subsidiario cerca de su ángulo suroriental. El eje mayor del complejo se orienta normalmente hacia el oeste.

La pirámide como reflejo del universo

«La pirámide guarda en su seno valores atemporales, a través de los cuales podríamos descubrir las claves que desvelarían los misterios del universo. El nombre de pirámide, del griego pir (‘fuego’), indica que se trata de un monumento al Fuego en su más alta acepción: el espíritu, la fuerza ígnea del sol en lo que a nuestro sistema respecta.

Imaginemos un poder ígneo que existiría por sí mismo, cuya energía nos llegaría en forma de luz. Esta Luz alcanzaría siete estados de evolución dentro de un mismo y único movimiento circulatorio en espiral: emanación, propagación, condensación, coagulación, liberación, sublimación y fusión. Este poder se plasma de forma triple: en su aspecto luminoso es fuego; en el lumínico, luz; y en el opaco, vida.

Por tanto, todas las formas serían la manifestación de este poder ígneo que, una vez solidificada por alejamiento y luego enfriamiento dentro del Gran Movimiento Circulatorio en espiral, generaría un despliegue organizado y piramidal. Aquí estarían representados los sistemas galácticos o nebulosos como fisión, y los sistemas solares como fusión, en cadena alrededor del núcleo (Sol).

Si se sostiene la pirámide universal en el aire por su piramidón y se la hace girar, se vería que se forma un cono. Y de cono viene la consciencia, y luego el conocimiento de su propio misterio. Como cuando la esvástica levanta sus pies curvados y los une en un solo punto, en que entra en una nueva dimensión y toma la forma de la pirámide de base cuadrangular.

Considerando los cinco puntos de la pirámide, esta se puede concebir como representación del hombre o microcosmos (n.º 5 pitagórico) y a este, como representación del universo o macrocosmos.

Sus cuatro caras se refieren a los cuatro elementos primordiales, las doce casas del Zodiaco y las cuatro vías de ascesis: religión, ciencia, poder, arte. La base cuadrada es símbolo de materia, que apoya sólidamente, mientras que los senderos de búsqueda se van afinando a medida que se acercan a la verdad. Lo que parecía diverso y separado en la base se va acercando hasta su etapa divina» (J. Á. Livraga, El sistema piramidal).

Desde la prehistoria, el hombre ha tratado de unificar las energías del cosmos con las energías telúricas de la tierra. Para ello, ha colocado menhires, obeliscos y dólmenes en los centros energéticos de la Tierra, con el fin de que hiciesen de antenas para captar y canalizar energías cósmicas. Esta unión de energías engendraba grandes beneficios para la vida de todos los seres. Con ese fin, se levantaron pirámides y templos con medidas mágicas en esos centros.

Según Jorge Ángel Livraga, las pirámides, «rampas de lanzamiento», era majestuosos templos de iniciación en los misterios, que se alineaban con la estrella polar en el norte.

Colocado en el centro de un recinto rodeado de paredes a media altura, un sacerdote anotaría la posición de una estrella cuando se alzaba por encima del muro. Luego, su posición cuando se escondía tras este. Buscando la bisectriz del ángulo formado entre el muro y los puntos por los que salía y se ponía la estrella, podría el sacerdote fijar la verdadera posición del norte.

Robert Bauval observó que las dos estrellas inferiores del cinturón de Orión, Zeta Orionis y Epsilon, forman una diagonal perfecta, pero la tercera estrella, Delta, está desviada hacia el este de dicha diagonal. Esta disposición es idéntica al plano del emplazamiento de las tres pirámides de Gizeh. La Gran Pirámide se correspondería con la posición de Zeta Orionis, la de Kefrén con la de Epsilon, y la de Micerinos con la de Delta, hacia el año 10500 a. C.

Meseta de Gizeh: la gran pirámide

Según la tradición esotérica, los atlantes construyeron el complejo iniciático de la meseta de Gizeh, antigua desembocadura del Nilo en el mar, comunicado entre sí por inmensos pasadizos subterráneos que no han sido encontrados aún. Estaba formado por la Esfinge, la Gran Pirámide, la de Kefrén, la de Micerinos y el laberinto.

La Gran Pirámide podría tener unos 67.000 años, dice H. P. Blavatsky. Según el historiador Abu Zeid el Bajy, una de las inscripciones de la pirámide dice que su construcción se decidió en la época en que la Lira se encontraba en el signo de Cáncer.

La forma en que pudo ser construida es todavía un misterio, pero se sabe que las piedras interiores fueron selladas con yeso. Se demostró que en las ranuras se habían aplicado metales cuprosos, es decir, que se habrían cortado piedras de diorita con cortafríos de cobre. Con lo cual, o los egipcios habían dado al cobre una dureza superior al diamante, o habían ablandado la piedra hasta darle una textura de madera blanda. Se sabe que en el corazón de la pirámide se creó una zona de descarga, gracias a una inteligente alternancia de vanos y dinteles. Para evitar que la masa de piedra de la pirámide se desplomara sobre los espacios vacíos de su interior, se construyó en la galería principal una bóveda por aproximación de hiladas. El techo de la Cámara del Rey, construida totalmente en granito, es plano y formado por nueve losas, pero encima de él se montaron cinco compartimentos separados de techo plano, y el último con él a dos aguas.

Está ubicada en el punto de intersección del meridiano 30 y el mismo paralelo (29º 58’ 5”), de manera que está siempre debajo de un signo exacto del Zodiaco.

Tiene básicamente siete cámaras o siete lugares que, según las tradiciones egipcias, se relacionaban con los siete planetas capitales. Cada una de las cámaras representaría un planeta y también uno de los cuerpos del hombre. Sus pasajes y cámaras serían como un calendario.

Sus medidas están armonizadas de manera misteriosa. Multiplicadas, divididas, potenciadas o radicadas por el patrón llamado «codo egipcio» (52,39 cm) nos dan la distancia de la Tierra a la Luna, el diámetro del Sol, la distancia de la Tierra al Sol, etc. No solo eso: el perímetro de la hilada 20 reflejaría un número básico en el cálculo de los equinoccios, y la hilera 16 llevaría implícita la velocidad de la luz. La suma de los lados de la base de la pirámide es igual que el perímetro de una circunferencia que tiene como radio la altura de la pirámide, es decir, el número pi. También incorpora el número phi o número de oro.

Sus caras cóncavas, compuestas por dos planos que forman un ángulo de 27’ de arco, dan lugar al fenómeno relámpago con el cual se podían determinar de forma precisa los equinoccios. Al salir el sol, la sombra producida por la arista oeste de la cara sur deja la parte oeste de esta en penumbra y la parte este iluminada, haciendo aparecer una quinta arista ilusoria. En la puesta de sol sucede el fenómeno contrario.

Es inexplicable cómo el «efecto relámpago», al dividir en dos cada una de las caras piramidales, convierte a la pirámide en un poliedro perfecto.

La Gran Pirámide anunciaba la llegada de la primavera de la siguiente forma: al salir el primer rayo de sol, el rayo verde de primavera se proyectaba en el centro, haciendo marcar una línea del cielo a la tierra, que dividía la cara sur en dos triángulos.

En el lado norte de la pirámide se ha encontrado una gran explanada de 100 m de longitud, y a esa distancia hay excavada en la roca una zanja paralela a la base, de una profundidad próxima a los dos metros. Desde dicha zanja podían realizarse observaciones muy precisas del mediodía del solsticio de invierno, momento en el cual la sombra de la pirámide era proyectada sobre la cara norte.

Sus caras están orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Tiene una desviación de 4’ 35” con relación al polo norte.

Las galerías superior e inferior forman un ángulo de 26º 33’ 54” (inclinación del eje polar) con el plano horizontal. La galería inferior, prolongada, parece indicar en el sur un antiguo ecuador terrestre, y en el norte, un nuevo polo celeste; mientras que la gran galería indica en el sur la eclíptica (trayectoria del Sol), y en el norte, el polo norte terrestre. El monumento parece ser un recordatorio en piedra de la inclinación de los polos y de los trastornos que esta inclinación habría producido, sin dejar de señalar que aquello que una vez sucedió podría volver a repetirse.

Los canales norte y sur de la Cámara de la Reina apuntan a la Osa Menor y Sirio o Sothis, ojo derecho de Anubis (identificada con Isis), mientras la tronera sur de la Cámara del Rey lo hace hacia Zeta Orionis, del cinturón de Orión (Osiris) y la tronera norte hacia la constelación del Dragón.

Según H. P. Blavatsky, el sarcófago de granito de la Cámara del Rey sirvió como «pila bautismal» en la que el candidato a iniciado se tumbaba para despertar ya como adepto. Algo parecido ocurría con la Cámara del Caos, sala inacabada sita bajo la pirámide.

En fin, que la Gran Pirámide parece encerrar datos que la convertirían en un completo tratado de geometría, astronomía y astrología. Y en la de Kefrén, cuyo sobrenombre era templo de Thot o de Isis, se considera que se quedó plasmado un amplio compendio de biología y medicina.

Simbolismo del templo

Los templos eran una plasmación formal y matemática de la transformación que debía sufrir el hombre para alcanzar grados superiores de evolución. También era receptáculo del Dios en la Tierra, donde se mantenía su esencia divina, y cuya alma o Ba descendía de las regiones celestes para animar la estatua del dios al cual estaba dedicado el templo, lugar donde, gracias a ciertos ritos, la integridad del mundo se podía preservar. Era la representación en piedra del universo.

Las esculturas y colores, sumado a las formas arquitectónicas, hacían de estos templos, imágenes del ritmo de la naturaleza capaces de incidir sobre el hombre. Se utilizaba la sección áurea para dotar de armonía a lo creado.

Su orientación era de este a oeste, de modo que el sol «nace» a la entrada del pilón, envía sus rayos dentro del santuario, situado directamente en el eje, y sigue su curso a través del templo.

El templo y sus estancias

El templo se articulaba en torno a un eje longitudinal que simbolizaba el río Nilo y estaba rodeado por una alta muralla de ladrillo interrumpida por puertas monumentales de gres. Su estructura comprendía siete partes:

* «El camino de acceso, que a veces es una avenida ornada de esfinges, y otras, de carneros solares o de simples monolitos. Representan lo físico, las cosas inmóviles pero atentas que sugieren con su actitud cuál es el camino que conduce al templo propiamente dicho» (Tebas, J. Á. Livraga).

* El pilono: composición monumental formada por dos torres de sección trapezoidal y el portal de ingreso al templo. Estaba hueco, existiendo en su interior una escalera que permitía acceder a las diferentes estancias y a la plataforma de la cumbre. Un par de obeliscos se encontraban a un lado y otro de la puerta central. Había unos «larguísimos gallardetes que flamean en lo alto, en postes adosados a los muros exteriores, como lenguas del Verbo que expresan la vida y el movimiento incesante» (Tebas, J. Á. Livraga). Representaba el pórtico que unía y separaba el mundo humano del divino.

* «El patio abierto al aire libre, rodeado por numerosas columnas que llevan en sus tallas y colores las diferentes escenas de la vida con sus emociones, sus triunfos y sus derrotas» (Tebas, J. Á. Livraga).

* «La sala hipóstila, generalmente pequeña y recogida, con juegos de luz y de sombras que expresan la duplicidad de un puente entre lo exterior y lo interior. La cierra al fondo un muro con una puerta comparativamente estrecha. Más allá está el mundo del misterio» (Tebas, J. Á. Livraga).

* «La sala de la barca, donde efectivamente se guardaba una barca ritual, a veces dentro de un brillante templete de piedras muy pulidas. Es el vehículo para el cambio de dimensión, pues ya no aparecen las grandezas pesadas y voluminosas de la vida manifestada. Decorada con figuras de dioses, permite navegar en el Nilo Azul del cielo estrellado. Estaba frecuentemente velada por cortinas semitransparentes, y a su alrededor ardía incienso y diferentes resinas en los pebeteros, para dar la sensación de aguas volátiles impregnadas de magia y misterio. En realidad, en un lugar subterráneo del templo se guardaba otra barca» (Tebas, J. Á. Livraga).

* El que podríamos llamar santuario, lugar posterior, escondido, como una cripta iniciática bañada por la luz solar. Es el lugar santo donde se realizaban los recónditos ritos. Como complemento, al fondo y a los costados, tenía capillas que correspondían a diferentes ceremonias, a la sacralización de los objetos consagrados y a los compromisos de servir a Dios. Desde allí el alma, aunque estuviese encerrada en un cuerpo, o mejor, encadenada a él, se elevaba libre y poderosa, en la plenitud de su inmortalidad consciente (Tebas, J. Á. Livraga).

* «Las aberturas en el techo, generalmente tronco-cónicas negativas, dejaban pasar los rayos del sol en determinados momentos, y tenían el poder, dada su ubicación, de iluminar en distintas horas las imágenes de diferentes dioses o lugares específicos en el suelo» (Tebas, J. Á. Livraga).

Había un «pasadizo misterioso» alrededor del templo que daba acceso a las capillas de los diferentes dioses. Desde esas salas se abrían los estrechos pasadizos que conducían a las criptas.

«El templo, en general, cuando respondía a esta disposición típicamente tebana, presentaba sus techos cada vez más bajos a medida que se avanzaba, a semejanza de la Caverna Primordial (…) «Los mismos muros y techos de los templos suelen guardar enormes cantidades de datos astronómicos, históricos, teológicos, mágicos, etc(Tebas, J. Á. Livraga).

En uno de los lados del muro exterior de ladrillo, se encontraba un lago, generalmente cuadrado, con unas escalinatas que descendían hasta el nivel del agua. Igualmente, en este muro se hallaba la «Casa de la Vida», donde se conservaban todos los textos tradicionales.

Correspondencias entre el templo y el hombre

HOMBRE

TEMPLO

KHAT

Cuerpo y vitalidad.

Prefigura una realidad paraformal a la del espíritu.

Avenida de esfinges.

Seres que guardan y guían hacia el templo.

KHAIBIT

Sombra del alma.

Lo que vitaliza el KHAT y le hace salir de la inmovilidad.

El pilono.

Canaliza el sol y extiende su energía.

KA

Fuerza vital Intermediaria.

Sede de los sentimientos. Donde el hombre tiene la porción de cielo que le corresponde.

Patio abierto al aire libre.

Rodeado de columnas, donde se desarrollan las escenas de la vida.

AB

Corazón, sede de las pasiones, mente humana inferior.

La parte de complejas estructuras de donde surgen las ideas-deseos, sede de la astucia y el egoísmo especulador.

Sala hipóstila.

Intermediaria entre la profundidad del templo y el mundo exterior.

BA

Mente superior.

Yo-mental. Conciencia de la existencia individual.

Sede de las ideas puras, las que pueden elevarse por encima de las cosas del mundo terrenal. El lugar escondido. La cámara desde donde se espera la resurrección espiritual.

Sala de la barca.

Puerta de la chispa de fuego,
el misterio.

AKHU

Intuición de las cosas sagradas. Resurrección espiritual.

El alma, la parte espiritual luminosa que puede posarse sobre el techo de las cosas concretas; remontarse y volar hacia las alturas de la Otra Tierra, el Amen-Ti.

Santuario.

Lugar que comunica con lo invisible.

SAHU

Espíritu osirificado.

Capacidad del hombre de transformarse a sí mismo en rayo solar, en Osiris-Ani, en dios-hombre. Es quien permanece invariable a través de las reencarnaciones.

Las aberturas del techo.

Dejan penetrar la luz en el templo para que llegue hasta el santuario.

Templo de Luxor

El esoterista Schwaller descubrió que en el templo de Luxor había una desviación de su eje nada más atravesar los pilonos, debida a la existencia de tres ejes trazados desde el principio por los arquitectos del recinto, y en torno a los cuales estaban orientados todos los muros del mismo. Un primer eje dividía la cara sur en dos mitades equivalentes; otro, era un eje longitudinal que atravesaba toda la construcción; y el tercero dividía la anchura de la naos de Amón (en el sanctasanctórum) en dos mitades idénticas. Pero descubrió, además, que cada eje estaba dedicado a un «tema», y que a lo largo de cada eje los muros orientados sobre él se dedicaban a un determinado contenido, transmitiendo así al visitante la impresión de estar caminando por un recinto dotado de vida propia.

Según él, este monumento representaba una figura humana perfecta. En la caótica disposición de las losas del suelo que rodean el conjunto detrás del sanctasanctórum, hay una sala con doce columnas que se corresponden con los centros de percepción del cerebro; las seis del este terminan en canalones de forma semicircular, y las seis del oeste lo hacen en forma ojival; el recinto dedicado a Amón coincide con la cavidad oral, mientras que las clavículas están marcadas por paredes, las costillas se corresponden con columnas de su sala hipóstila, el abdomen queda a la altura del peristilo y las rodillas coinciden matemáticamente con los dos colosos de Amenofis III que flanquean la entrada; una hilera de columnas actúa de sendos fémures. No solo eso: en el lugar que debía ocupar la boca, pueden contemplarse relieves que reflejan la gran enéada de Luxor, creada por la palabra; en la zona que corresponde a la glándula tiroides, se admiran en sus muros escenas de la infancia del faraón; y donde deberían estar las cuerdas vocales, se lee cómo se da un nombre al rey.

Este templo incorpora en sus muros todo el saber egipcio sobre ciencia, matemáticas, geodesia, geografía, medicina, astronomía, astrología, magia y simbolismo. Unos saberes que, según él, aún están latentes en Luxor, y que pueden «resucitarse» si se conocen las claves para su reanimación.

Conclusión

Toda la arquitectura egipcia nos habla del sentido mágico de la vida, de su equilibrio dinámico y a la vez inmutable. Nos enseña que la vida se renueva perpetuamente en el seno del abismo primordial que rodea el mundo visible, recuperando su energía y vitalidad. Que uno ha de morir un poco o un mucho cada día para poder renovarse y purificarse con el fin de permitir que, una vez limpia su alma de impurezas, esta pueda traspasar las puertas invisibles de un mundo mágico y sagrado para ella.

Gracias a ella, se abre la comunicación entre los niveles cósmicos (la tierra y el cielo) y hace posible pasar de una dimensión a otra más mágica, en la que es posible comunicarse con los dioses, adquirir una nueva visión de las cosas más espiritual y concienciarse cada vez más de que lo realmente importante es llevar una vida cada vez más sana, regida por una ley moral.

En síntesis, hay un solo patrón en el universo, una sola idea, y todos los seres y todas las construcciones la reproducimos.

Bibliografía

Atlas culturales del mundo. Egipto. Volumen 1 y 2. Ediciones Folio. Del Prado.

El lenguaje secreto de las estrellas y los planetas. Ed. Debate.

Enciclopedia Rialp. Tomo 15.

Glosario teosófico. H. P. Blavatsky.

Las pirámides de Saqqarah y Gizeh. Colección Viajes al Arte. Egipto. Ed. Atlantis.

Magia, religión y ciencia para el tercer milenio. J. Á. Livraga. Ed. NA.

Manual de Egipto. Ed. NA.

Más allá de la Ciencia. Revista Monográfico n.º 22. Misterios de Egipto.

Tebas. J. Á. Livraga. Ed. NA.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish