
El agua es un bien imprescindible para la vida de muchos seres vivos en nuestro planeta y es muy abundante en la superficie de la Tierra; del orden del 70 % de ella está cubierta de agua. Aunque en menor cantidad, hay también agua en el aire en forma de vapor, en la humedad de la tierra y, de manera importante, en el agua subterránea.
El total de agua en nuestro planeta suma 1.386.000.000 de kilómetros cúbicos. En comparación con el volumen de la Tierra, es muy poco, apenas el 0,13 %. Eso la hace, además de importante, un bien precioso a escala planetaria.
Para nuestra vida, lo que necesitamos es el agua dulce, y ella constituye apenas el 2,53 % del agua total. El agua superficial, que es la que tenemos a nuestro alcance, es apenas el 0,3 % del agua existente en el planeta; la mayoría se encuentra en los casquetes polares y en el agua subterránea. Es muy importante su conservación, evitando polucionarla y no malgastarla.
El problema del agua no es un problema futuro, es un problema actual que se está cobrando la vida de muchas personas.
Dice UNICEF:
La escasez de agua potable y de saneamiento es la causa principal de enfermedades en el mundo. En 2002, el 42 % de los hogares carecía de retretes y una de cada seis personas no tenía acceso a agua potable.
La mortandad en la población infantil es especialmente elevada. Unos 4500 niños y niñas mueren a diario por carecer de agua potable y de instalaciones básicas de saneamiento. Otros muchos padecen mala salud, su rendimiento se ha visto disminuido y han perdido la oportunidad de recibir una educación.
En el mundo mueren 466.078 personas anualmente por homicidios y 1.200.000 por accidentes de tránsito; sin duda, son cifras alarmantes y catastróficas. Existe una percepción de ambas causas de muerte de personas como parte de la inseguridad ciudadana, y sus resultados aparecen a diario en los noticieros.
Sin embargo, la cifra mencionada por la UNICEF es que anualmente mueren 1.642.500 niños por escasez de agua potable e instalaciones básicas de saneamiento, y, sin embargo, no existe una percepción de esta catástrofe.
Todos podemos contribuir a mejorar esta situación en la medida en que no malgastemos el agua, sobre todo el agua potable, que es la que utilizamos en la mayoría de las ciudades.
En la actualidad, hay bastante trabajo en el diseño de grifería y sanitarios con el objeto de ahorrar agua, pero la relación siguiente se refiere a los aspectos más básicos que, aunque sencillos, es allí donde se produce un gran desperdicio.
* Cierra el grifo mientras te cepillas los dientes o terminas de afeitarte.
* Riega tus plantas por las mañanas o al atardecer para que no se evapore el agua.
* Escoge plantas autóctonas para tu jardín o macetero; consumen menos que las plantas exóticas.
* Cuando pongas la lavadora o el friegaplatos, espera a que esté completo.
* Repara en seguida las averías que encuentres en tu hogar para evitar fugas de agua.
* Hazte con un inodoro con cisterna de baja o de doble intensidad.
* No utilices tu inodoro como papelera o cenicero; tendrás que tirar de la cadena sin necesidad.
* Coloca difusores en tus grifos y el cabezal de la ducha para aprovechar mejor el agua.
* Reutiliza el agua que usas para los lavar alimentos para regar tus plantas.
* Remoja las ollas y sartenes para ablandar la suciedad en vez de dejar correr el agua mientras frotas.
Evitar el desperdicio de agua no es solo una necesidad material, considerando sus efectos, es también un imperativo moral.
El tema del agua es uno de los problemas más complejos que afrontará la humanidad en las próximas décadas, por lo que es indispensable implementar acciones que permitan, entre otras cosas, recuperar el caudal de los ríos, evitar la erosión de sus cuencas y elevar la calidad de sus aguas.
Para conocer más sobre el funcionamiento y la importancia de los sistemas de recarga de las cuencas hidrográficas, hemos entrevistado al ingeniero Rafael Chambers Matamoros, quien cuenta en este momento con ochenta y tres años de edad. Es ingeniero agrónomo de profesión, con un postgrado en cuencas hidrográficas, y ha dedicado gran parte de su vida a actividades relacionadas con estos ámbitos. En los últimos años lo ha hecho como funcionario del Municipio de Quito, dirigiendo, entre otros, un programa de siembra de cerca de un millón de árboles en zonas aledañas a los ríos del Cantón y con la participación de alrededor de once mil estudiantes, para posteriormente hacerlo desde la asociación privada Guayllabamba Waterkeeper, donde actualmente es su director ejecutivo.
Por ello le hemos pedido que nos explique el funcionamiento de ciertos sistemas no convencionales que ha implementado para lograr un mejoramiento de las condiciones del agua de ríos y quebradas.
P: ¿Qué le llevó a preocuparse de los ríos y sus cuencas?
Cuando conocí que en estos últimos años se había producido una reducción alarmante de caudales en nuestros ríos y a sabiendas de que esto conlleva innumerables consecuencias para la vida del planeta en general, decidí orientar mi actividad profesional hacia el cuidado de las cuencas hidrográficas.
En ese momento inicié una investigación personal sobre los métodos existentes para recuperación de caudales, de tal modo de poder experimentar con ellos directamente en el terreno.
P: Entonces, ¿es posible recuperar o elevar el caudal de los ríos? ¿Cómo?
Definitivamente, sí, y dado que los ríos y quebradas se alimentan principalmente de aguas de lluvias, podemos, a través de pequeñas obras hidráulicas, lograr un mejor aprovechamiento de las mismas, obteniendo como resultado directo un aumento de caudales y la mejor calidad de ellas.
En términos generales, consiste en utilizar métodos de trabajo de pequeñas obras hidráulicas, realizadas especialmente sobre los cauces de quebradas y ríos con la intervención directa de trabajadores, para construir las obras y proteger estos cauces, disminuyendo progresivamente la contaminación, el arrastre de sedimentos y el control de la erosión, para lo cual se tienen tres mecanismos que pueden trabajar en esta dirección: 1) zanjas de infiltración, 2) diques de recarga y 3) diques de azolve.
P: ¿Qué se entiende por pequeñas obras hidráulicas?
Son obras de ingeniería hidráulica de bajo costo construidas con mano de obra no especializada, utilizando materiales de la zona y sin la presencia de maquinaria mayor.
En general, están hechas para regular caudales de pequeños ríos y quebradas, disminuir el efecto de las crecidas, evitar la erosión y mejorar la calidad del agua, así como para crear mejores reservas del líquido elemento.
P: ¿Qué son las zanjas de infiltración?
Son grupos de canales excavados en la parte superior del suelo de las márgenes de los ríos o quebradas, a los que se conforma a manera de graderíos que acompañan el curso de los cauces. Por lo general, se los construye de sección rectangular o trapezoidal, con una longitud individual entre seis y ocho metros, de unos 0,40 m de profundidad y 0,60 m de ancho, distanciados unos tres metros entre sí.
La tierra de la excavación se ubica sobre la parte delantera del canal y puede ser compactada con el envés de las palas o bien con un mazo. El espacio entre dichos grupos varía entre los diez y cincuenta metros, dependiendo de la inclinación del terreno. En poca pendiente, la distancia es menor, mientras que en pendientes fuertes la distancia aumenta.
En el margen superior de las zanjas conviene sembrar árboles nativos a unos tres metros del borde y utilizando un sistema al tresbolillo, es decir, triangulando los puntos de siembra. Este mecanismo otorga la velocidad justa del flujo interno del agua y asegura la permeabilidad del subsuelo.
P: ¿Cómo funcionan las zanjas de infiltración?
Básicamente, las zanjas de infiltración funcionan como colectores de agua de lluvia, la cual se infiltra en la tierra y, semanas después, por capilaridad, es devuelta a los caudales de ríos o quebradas. De esta manera, se consigue que las lluvias, en lugar de que solo se escurran sobre el terreno, se adentren hacia las capas inferiores de las cuencas para humedecerlas y vivificarlas.
P: ¿Qué es un dique de recarga?
Son obras civiles menores que se construyen en forma de arco romano invertido en medio de los cauces de ríos o quebradas, permitiendo la formación río arriba de un pequeño reservorio y una cascada río abajo, que cae sobre un colchón de agua, evitando la erosión, pues deja correr el caudal sobrante.
Su estructura consiste básicamente en una canastilla de gaviones llena de piedras o rocas y cuyos espacios sobrantes son rellenados con ripio. Deben ser anclados en las dos orillas y en el fondo del cauce, incrustándose en las orillas 0,60 m, y en el fondo del cauce, 0,40 m. Es necesario reforzar las extremidades con ángulos de gaviones; sus extremos son más altos y van disminuyendo hacia el centro, donde se forma un chorro que cae sobre un colchón de agua infiltrada entre las piedras.
En las crecidas el agua, se desborda sobre toda la superficie del dique. La altura de un dique de recarga varía desde un metro a 2,5 metros; en este último caso, la base debe ser de tres metros, un segundo nivel de dos metros y el tercer nivel de 0,50 m.
El espaciamiento entre diques consecutivos se establece de acuerdo a la pendiente del cauce: si la zona es plana, la distancia debe estar entre diez y veinte metros; si la pendiente es pequeña, será de cinco a ocho metros; en cambio, si la pendiente es fuerte, será de tres a cinco metros.
P: ¿Cuál es el origen y la función de un dique de recarga?
La historia cuenta que los antiguos romanos, como buenos constructores que eran, colocaban grandes rocas en medio de los cauces de los ríos con el propósito de controlar derrubios y avalanchas. Desde entonces, con modificaciones, se las ha venido utilizando para diversos propósitos.
Este tipo de obras básicamente cumplen con tres funciones: 1) conformar pequeñas reservas del líquido vital; 2) oxigenar y filtrar el agua al retener desechos orgánicos, ramas, etc., cuyo material, al pudrirse, produce millones de bacterias que devoran los desperdicios; y 3) regular caudales.
Se usan para rehabilitar quebradas y pequeños ríos que se han secado durante dos o tres años.
P: ¿Qué es un dique de azolve?
Un dique de azolve es una obra relevante para el control de la erosión en el cauce de ríos y quebradas, pues retiene los sedimentos transportados por las aguas.
P: ¿Cómo se construyen?
La idea es lograr que se forme un dique para retener los sedimentos de un río o quebrada, para lo cual se empieza colocando en la sección del cauce postes verticales de madera, generalmente en un número de cuatro a cinco unidades y con una profundidad entre 0,50 y 0,60 m, distanciados un metro entre sí. Normalmente, son de pino o eucalipto y deben ser tratados previamente impregnándolos de asfalto o aceite quemado (en este último caso debe protegerse el extremo inferior del poste envolviéndolo con plástico negro para evitar su pudrición).
Una vez hincados los postes, se los recubre con tiras de caña guadua (también tratadas con asfalto o aceite quemado), las cuales se amarran horizontalmente con alambre y se las clava a los postes. Postes adicionales deben ser enterrados en las paredes laterales de la quebrada por lo menos tres metros a cada lado; en este caso, se recomienda que la altura útil sea mayor a 1,50 m, en consideración a la flexión de los postes.
Para disminuir las filtraciones se recomienda colocar en la parte posterior de los postes una barrera de sacos de malla de sombra y rellenos de tierra. El disipador tiene una superficie de 1 m2 y puede ser diseñado con madera de pino, eucalipto o caña guadua impregnada.
Los diques pueden ser simples o dobles dependiendo del caudal y la pendiente. A mayor inclinación, menor distancia entre diques, es decir, entre diez y quince metros, en tanto que para pendientes menores estaría entre los veinticinco y treinta metros.
P: ¿Cuál es la función de un dique de azolve?
Podríamos sintetizarla en cuatro aspectos básicos: 1) regular el flujo hídrico; 2) fijar el lecho de ríos y quebradas; 3) estabilizar las pendientes de tales lechos; y 4) permitir la plantación y siembra de vegetación en los bordes.
P: ¿Qué otro tipo de acciones son necesarias para preservar las cuencas de los ríos?
Lo que mejor podemos hacer en este sentido es trabajar en la protección y mantenimiento de bosques, así como en la siembra de árboles. Esto se debe a que un bosque es un medio estructurado mixto de árboles y diferentes especies que conviven en un ecosistema completo e integrado.
La incorporación de especies arbustivas mejora la protección del suelo, incrementa el tiempo de concentración de agua y reduce la formación de cursos externos, disminuyendo así las descargas máximas y aumentando las mínimas.
La intercepción y transpiración de las áreas boscosas evapora más agua que las superficies con menor vegetación, generando a su vez un ambiente ecológico con mejores condiciones para el desarrollo de la flora y la fauna en las zonas aledañas a los ríos.




















