Naturaleza — 23 de febrero de 2026 at 00:00

El invierno y los misterios del punto

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misterios del punto

Nuestra forma de buscar la verdad y reunir conocimiento hace, según nuestro paradigma actual, que la suma de lo que sabemos (que llamamos ciencia) esté siempre en compartimentos separados y que se separan aún cada vez más. Quien estudia la vida bajo la forma de la biología poco o nada tiene que aprender ni saber de la astronomía, o de la vida en un sentido cósmico de la palabra, como no sea las bases bioquímicas del ADN, o peor aún, solo los elementos químicos que permiten su existencia. Qué tiene que ver la geología con la psicología, solo Jung quizás, en un sentido analógico, podría responder.

Así, vincular las estaciones del año a la geometría parece absurdo, como no sea por los momentos en que la órbita de la Tierra exhibe en su inclinación una faz u otra ante los rayos del Sol, el astro rey. Dividimos así la elipse (que es casi una circunferencia) en cuatro sectores que forman las estaciones.

Por User:Gothika - File:Seasons1.svg, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=163331701
Por User:Gothika – File:Seasons1.svg, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=163331701

Pero usemos la analogía, que es la llave de muchas vivencias filosóficas, y que ha permitido siempre, usando la imaginación, avanzar a la ciencia (recordemos, por ejemplo, el anillo hexagonal del benceno en el sueño de Kekulé, o la comprensión de la electricidad cósmica alterna en la relación Tierra-Sol en Tesla).

El método científico actual casi excluye totalmente el uso de la analogía, la que sabe a Edad Media; y Descartes, con el bisturí de su razón, ya se encargó de separar sin puntos de unión la res extensa de la res cogitans, dejando así sin soporte a la imaginación que permite dicha analogía, a pesar de que toda su geometría analítica es un traspaso de lo mensurable a lo imaginable en la aritmética.

Pero la verdad es que la naturaleza, en el invierno, se desnuda de sus vestidos y, en una muerte aparente, vuelve a lo esencial, a lo perenne. Y el fruto, con su volumen, se deshace para permitir que la semilla vuelva a la tierra esperando la llamada, con su luz y calor, de un despertar a la vida. Y la semilla, origen de la vida, es punto. Y el primer movimiento de este punto es un diámetro vertical, respondiendo al cielo en la búsqueda permanente de la luz y a las profundidades para en ellas abrir sus raíces, esenciales para el soporte mineral y acuático de la vida vegetal (como en las hojas se da el aéreo y el ígneo).

El invierno, en su semejanza con la muerte (que todos los pueblos antiguos tuvieron muy en cuenta en sus fiestas y misterios), es un retorno de la vida a lo invisible, a la inactividad en el reino de la materia, y es fácil pensar en la vida en este estado asociada al elemento geométrico del punto.

Esto nos lleva a reflexionar sobre los misterios del punto.

No deja de ser curioso que Platón, en su cosmogonía del Timeo se niegue a hablar de este, que en la filosofía pitagórica fue símbolo de la mónada, envuelta en la oscuridad y el misterio. Los primeros elementos geométricos en Platón no son los puntos, sino los ángulos (que no dejan de ser una forma de dualidad). La relación entre tres de los mismos permite la primera figura geométrica, que sería así el triángulo, símbolo del Logos o demiurgo.

Zen Circle by Thich Nhat Hanh
Zen Circle by Thich Nhat Hanh

El punto, como la verdad o la esencia, es siempre misterioso. Carece de dimensiones en el espacio, como el instante en el tiempo, y, por lo tanto, de atributos. Es inaccesible y sin propiedades; por consiguiente, no podríamos decir que existe, y, sin embargo, está ahí donde las cosas comienzan a gestarse. No en vano el Bhagavad Gita dice que el inicio y el fin siempre viven en el misterio, como alfa y omega de un ciclo de vida. Viven en la dimensión mental pura, en la del arjé en que nace el punto. Podemos seguir el trazo de una espiral y nunca llegaremos al punto que la gesta, es tan inaccesible como el infinito al que se abre más y más. Y sin ningún otro trazo con el que se relacione, solo nuestra voluntad puede señalar un punto, con lo que es hijo, solo de la voluntad de ser; donde ella dice que exista, ahí vive, es el «primer nacido».

En la filosofía budista, el espacio y el tiempo pueden ser divididos eterna e infinitamente. En nuestra filosofía derivada de la física cuántica hay un espacio mínimo, y un instante, determinados por la constante de Planck, o sea, que la realidad estaría pixelada. En ese sentido budista de la división inifnita para llegar a él, el punto es inaccesible. Si seguimos una línea tangente a una curva, por más que aumentemos la imagen, nunca hallaremos tal punto, y, sin embargo, geométricamente podemos determinar dónde está. Tan inaccesible, que, por lógica, no podemos determinar cuál es la parte superior o inferior de un punto, o la interior o exterior, lo que nos impide la dualidad básica de la que nacen los elementos geométricos y aun los números.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Par%C3%A1bola_y_tangente-prueba.svg

Se nos enseña que «el punto une y la línea separa», y de la unión de ambos surge el triángulo, el Tres encarnado en la geometría.

Para Proclo, en contra de Euclides, la línea no es una suma infinita de puntos, pues mal puede la suma de nadas hacer algo, sino la «fluxión» del punto. O según las tradiciones tibetanas, el rastro imaginario que deja el punto en su movimiento.

Espiral áurea
https://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_dorada#/media/Archivo:Golden_spiral_in_rectangles.svg

También se nos dice que dos líneas se cruzan en un punto, con lo que el mismo se convierte en la conciencia, en el presente vivido fruto de la relación de esas dimensiones. Ese es un punto «irreal» pues no es autogestado, depende de las entidades (en este caso líneas) que le dan nacimiento y solo permanece mientras estas se cruzan en él.

Hic et Nunc! En su inaccesibilidad, el punto está, como la vida y la conciencia, aquí y ahora.

Aristóteles enseñaba la importancia de que los discípulos hicieran la operación geométrica que permite hallar el centro de una circunferencia. Y es filosófico admirar cómo la causa y origen de una circunferencia no vive en ella misma sino en su centro.

Procedimiento para hallar el centro de una circunferencia

https://www.youtube.com/watch?v=H1VhrmCpvO4

El punto nada suma, pero sin él, como sin el cero en la matemática, nada existe. Punto como centro de fuerza, punto como semilla, punto como el misterio de la unidad simple. Y, según la Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, se dice que una de las formas de representar el misterio de Dios, o sea, lo Absoluto e Incondicionado es el punto, el «germen en la raíz». Este punto formaría una trinidad metafísica con el espacio y el movimiento: ahí está todo.

«What is it that ever is?». «Space, the eternal Anupadaka».* «What is it that ever was?» «The Germ in the Root». «What is it that is ever coming and going?». «The Great Breath». «Then, there are three Eternals?». «No, the three are one. That which ever is is one, that which ever was is one, that which is ever being and becoming is also one: and this is Space».

El invierno se convierte, así, como la muerte, en un retorno a lo esencial, a lo que no nace, ni vive, ni muere, y meditar sobre los misterios del punto nos permite comprender su íntima naturaleza.

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