Culturas — 1 de enero de 2024 at 00:00

Star Trek, un viaje hacia las estrellas

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Star Trek, un viaje hacia las estrellas

En los convulsos años 60, con la cultura pop emergiendo, la guerra de Vietnam, el movimiento hippy y la proyección literaria de los viajes espaciales que nos llevarían a la Luna y ya está, surge una serie televisiva con poco impacto al principio, pero que después se extendería por todo el mundo y que aún hoy es «objeto de culto».

La pluma enriquece y embellece con el mito lo original e histórico. EE.UU. comienza a injerirse criminalmente en las políticas de países de medio mundo, Kissinger de bandera y cerebro. En la serie, por el contrario, una Federación Galáctica lleva sus misiones de exploración y trato benéfico al infinito, solo coartados por el Imperio Klingon, en el que imaginamos una especie de Soviet y Japón imperialista, que se expanden militarmente también por la galaxia.

Gene Roddenberry lideró este proyecto de ochenta capítulos (desde septiembre de 1966 hasta septiembre de 1969), al principio haciendo él mismo incluso los guiones, y luego convocando a los mejores escritores americanos de ciencia ficción.

Gene Roddenberry (1921-1991) había sido piloto americano en la Segunda Guerra Mundial, héroe condecorado por ochenta y nueve misiones, escribiendo poesía y cuentos en sus ratos libres. Vio la muerte muy de cerca al estrellarse su avión. Al finalizar la guerra, estudió Literatura en la Universidad de Columbia y trabajó como piloto comercial, y de nuevo se estrelló en el desierto de Siria, muriendo aquí catorce de los pasajeros y resultando varios más heridos. Trabajó durante un año y medio como policía, y luego en el departamento de prensa de la misma en Los Ángeles. Rastreando muchos de los conocimientos esotéricos que manifiesta en los capítulos de su serie original, resulta que tuvo como compañero y luego amigo durante toda la vida al también escritor Don G. Ingalls (Bonanza, La Isla Fantasía), que había sido discípulo directo en prácticas ocultistas de Manly P. Hall, uno de los grandes estudiosos y divulgadores de la filosofía esotérica y la Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky.

Gene Roddenberry segundo por la izquierda, enfrente de Los Lobos. (Fuente: Roddenberry Entertainment)

Los medios tecnológicos más avanzados de su época en la televisión, sus efectos especiales, hoy nos hacen sonreír. Sin embargo, los guiones son originalísimos, los dilemas y reflexiones morales de gran actualidad, el debate sobre los peligros de la inteligencia artificial, asombroso para su época. La imaginación científica es muy fértil, con sus velocidades warp, que superan n veces la velocidad de la luz (y sin lo cual no habría historias que narrar ni viajes intergalácticos posibles realistas); con sus phasers (semejantes a láseres), armas de impulsos electrónicos que pueden hacer perder el control o incluso desintegrar según la potencia; con sus motores con energía debida a la interacción1 controlada de la materia y la antimateria, y gracias a cristales de un material especial, que llaman «dilitio». La idea de los cristales como fuerza motriz de una civilización ha sido extraída seguramente de las lecturas de Edgar Cayce del pasado atlante, muy divulgadas entonces en EE.UU., y no debe ser descartada, pues no sabemos qué nos reserva la nanotecnología del futuro. También nos sorprenden los ocasionales «viajes en el tiempo» gracias al conocimiento de la textura del espacio cuatridimensional, que pulsa como un ser vivo. Y, desde luego, la teletransportación, transformando la materia en energía, reconduciéndola y luego condensándola de nuevo, sueño del futuro, y que ya estamos haciendo presente con fotones y átomos. Las narraciones sobre antiguos y modernos yoguis mencionan esa posibilidad como un hecho, y H. P. Blavatsky y aun Olcott llegan a explicar cómo es teóricamente dicho proceso. Quizás Gene Roddenberry se inspiró en ellos.

Los escudos deflectores para rechazar ataques láser y de impulsos iónicos quizás no sean ciencia de anticipación; el tricordio para hacer un análisis espectroquímico y de la vida ya es de plena actualidad; el rayo tractor es muy imaginativo y no parece de ningún modo imposible; el traductor universal de lenguas galácticas, conocidas o no, es el sueño de Google y otros; y en la robótica, muy muy despacio vamos en la dirección que la serie anuncia. Los rayos que reconstruyen huesos y fracturas quizás sea una versión muy avanzada de la actual laserterapia.

En lo social, fueron también revolucionarios y vemos a capitanas de navíos interestelares, y a las mujeres en idéntico trato que los hombres; en el Enterprise, además, se conjugan las razas sin ninguna distinción ni preferencia. Y la sociedad americana quedó conmovida con el beso de la teniente de comunicaciones afroamericana Yuhura y el capitán James Kirk, aunque deba decirse que, en verdad, era impuesto telepáticamente y contra la voluntad de ambos en el capítulo «Los hijastros de Platón». Los universos paralelos de la teoría cuántica de Everett están asimismo muy bien tratados, y uno de los capítulos mejores de la serie original es «Mirror, mirror», donde, por una interacción o avería en el teletransportador, el capitán Kirk y Spock aparecen en la misma nave Enterprise, pero en ella todo está invertido moralmente y el liderazgo, en vez de ser ejercido por la voluntad y la inteligencia bondadosa, lo es de forma malvada, manipuladora y egoísta, todos en guardia contra todos, pues el espacio que uno ocupa le es arrebatado a otro y se sube en la pirámide pisando las cabezas de los demás, sumando horrores y restando vidas.

Es admirable, en algunos capítulos, la conjugación entre la ciencia espacial y el hermetismo; por ejemplo:

En el capítulo 1, «Un lugar nunca visitado por el hombre», los rayos cósmicos que sufre la nave al llegar casi a los confines de la galaxia despiertan en dos pasajeros un poder mental semejante al de un dios (poder que en la India llaman kriyashakti), pero al no ser uno de los mismos de corazón puro, se convierte en enemigo de todo el equilibrio vital y debe ser destruido, al más puro estilo de las encarnaciones de Vishnu contra los asuras en los Puranas.

En el capítulo 31, «Metamorfosis», un ser celeste que parece eterno y de luz, como si fuera el Yo Superior o Divino Augoeides de las tradiciones teosóficas, interactúa en puro amor con un mortal solitario en un planeta, otorgándole juventud permanente.

En el capítulo 48, «Síndrome de Inmunidad», una especie de gigantesca ameba cósmica se alimenta de la energía de soles y planetas, y la nave, como un «virus», debe introducirse en el núcleo de la misma y romperla desde dentro con una explosión que rompa su «código genético».

En el capítulo 66, «El día de la paloma», un ser de plasma invisible, semejante a un ave, llegada del espacio, entra en la nave y promueve discordias y luchas, para así alimentarse de ellas, y la Federación y los Klingon son obligados a entenderse en armonía para no destruirse mutuamente.

En el capítulo 68, «El parpadeo de un ojo», una sustancia hace que los que la beban entren en una dimensión del tiempo tan acelerada que origina fenómenos prodigiosos, y la relación con los humanos de la Enterprise es como la que se narra de los espíritus de la naturaleza, que en los mitos, construyen un castillo en solo una noche.

Star Strek

La lógica —más allá de las emociones— de Spock, o la pasión del médico Mac Koy, médico por vocación hasta el tuétano de los huesos, o el amor por las máquinas del Enterprise de Scotty, como si fueran sus hijas, generan situaciones muy divertidas y aun pedagógicas, todas ellas conducidas por la fuerza imbatible de liderazgo del capitán James Kirk, «casado» con la nave y su misión, que asume el perfil del perfecto gobernante de Platón, con los valores al máximo que le son propios. El jefe perfecto, una especie de encarnación del 1.er rayo de la teosofía, con su voluntad indómita, su mente activísima y su perfecto sentido de bondad y sacrificio, esclavo del deber, de la ley y… del espíritu de aventura, que le otorga su misma misión de explorar nuevas tierras y gentes.

Dedicaremos dos artículos más al ejemplo de liderazgo ejecutivo y moral del capitán Kirk, y otro a cómo la ciencia ficción se adelantó en esta serie medio siglo a los actuales debates de la inteligencia artificial.

1 «La mezcla de materia y antimateria como fuente de energía de naves espaciales, utilizando antihidrógeno congelado que se maneja con campos magnéticos sin que roce siquiera la materia para evitar explosiones, le encanta a la NASA por lo razonablemente correcto que es», leemos en el artículo «La ciencia de Star Trek según la NASA» https://hipertextual.com/2016/09/ciencia-star-trek-nasa

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