Ciencia — 1 de mayo de 2021 at 00:00

Economía ecológica

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Economía ecológica

«Somos una de las especies biológicas de este planeta, y como tal estamos sometidos a todas las leyes que gobiernan la existencia de la vida terrestre» (Nicholas Georgescu-Roegen).

La economía convencional globalizada nos transmite una única forma de ver el mundo, a través del mercado y de la monetización creciente en todos los ámbitos. Esto ha configurado el sistema social y cultural, simplificándolo todo a las reglas del mercado. Ello nos ha alejado de la naturaleza, de la cual formamos parte y con la que compartimos el aliento de vida, llevándonos a una lisis civilizatoria. Una crisis es una «purga» momentánea; en cambio, una lisis es un proceso de descomposición lenta y que afecta a todos los órganos de un cuerpo o de una sociedad, una crisis multifactorial y multisectorial cuyas degradaciones parciales interactúan agravando la situación del conjunto; y es a lo que nos estamos enfrentando, en muchos casos sin ser del todo conscientes.

La economía es, quizá, una de las disciplinas más cerradas. La doctrina conservadora y capitalista neoliberal imperante no da opción a nada más. Evidentemente, hay «disidentes», y sus voces cada vez se oyen más y más fuertes: científicos, profesores, estudiosos… que se cuestionan la economía convencional y que ven el mundo más allá del PIB, del crecimiento económico y de los beneficios empresariales. Plantean modelos económicos más solidarios y sociales, donde las ideas de igualdad entre seres humanos, redistribución de la riqueza y sostenibilidad ambiental son los pilares de sus planteamientos. Precisamente, el prestigioso Premio Balzan de Ciencias y Artes 2020, en la categoría de Retos Ambientales, le fue otorgado a Joan Martínez Alier, catedrático de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona, fundador y expresidente de la International Society for Ecological Economics, uno de los más reputados expertos a nivel mundial de la economía ecológica.

¿Dónde estamos?

En el Antropoceno.

¿Qué es el Antropoceno? Es una nueva era geológica caracterizada por el grave impacto de los seres humanos sobre el sistema Tierra y sobre todos sus habitantes humanos y no humanos. El concepto no solo explica la influencia humana en el planeta, sino que destaca los cambios cualitativos en el sistema global.

Actualmente todos los sistemas interdependientes complejos de la Tierra están experimentando cambios dramáticos que nos han hecho entrar en esta nueva era, crecientemente hostil y cada vez más inestable e impredecible.

La fragmentación social del individualismo postmoderno demuestra ser inviable para los nuevos retos civilizatorios y planetarios que nos plantea el Antropoceno. Ante este panorama, el sistema económico no puede seguir mirando hacia otro lado. Parece claro que el actual modelo socioeconómico, insostenible ecológicamente, pone en peligro la viabilidad de la vida en la Tierra.

Economía ecológica

Desde la economía convencional siempre se ha dicho que hay dos niveles de economía: por un lado, la financiera, basada en la creación de deuda. Y, por otro, la real-productiva, que es la producción y el consumo reflejados en el PIB.

Pero existe un tercer nivel que no se contabiliza en el PIB: la economía real-real, la economía física, la de los flujos de materiales y energía y la producción inevitable de residuos, la de la apropiación humana de biomasa, el trabajo doméstico y voluntario no remunerado; la de las externalidades negativas o costes socioambientales transferidos a futuras generaciones, a otras especies o a otros seres humanos, generalmente a los más pobres. Y es en este tercer nivel donde se centra la economía ecológica.

No debemos confundir la economía ecológica con la economía ambiental, también llamada capitalismo verde. Esta última es una parte de la economía convencional que reconoce los «errores» del mercado. Simplemente busca corregir las externalidades negativas asignándoles un valor económico y proponiendo para ello soluciones basadas en la tecnología (depuradoras, tratamiento de residuos…) introduciendo indicadores ambientales para optimizar la explotación de los recursos naturales para alcanzar grados de contaminación aceptables regulados por protocolos y normativas ambientales. La economía ambiental sigue sin considerar la dependencia biofísica del sistema económico, considerándolo igualmente un sistema cerrado, y sigue apostando por la necesidad del crecimiento. Su marco es economicista. Aunque no es tan cortoplacista como la economía convencional, su mirada no va más allá del medio-plazo.

En cambio, la economía ecológica, para empezar, no es una rama de la economía, sino que es un campo de estudio interdisciplinar y transdisciplinario que, precisamente, nace de la crítica que economistas, físicos, biólogos, matemáticos… llevan haciendo desde el siglo XIX a la economía convencional. Reformula los fundamentos de la economía convencional centrándose en lo verdaderamente real y la viabilidad del ser humano en la Tierra. Estudia la economía humana desde un punto de vista ecológico. Entiende que el sistema económico es un subsistema dentro de un sistema más amplio como es la biosfera, y la sostenibilidad debe ser vista como una cuestión de escala o tamaño del sistema económico dentro de esa biosfera. Se centra en la necesidad de que la economía se desarrolle dentro de los límites ecológicos de la Tierra. Se enfoca dentro del metabolismo social, donde se contabiliza la materia y la energía que el proceso toma de la naturaleza, y la expulsión de residuos y la energía disipada. Teniendo en cuenta las relaciones entre la biosfera y los subsistemas social y económico que se desarrollan en su seno, la economía ecológica hace hincapié en la inviabilidad de un crecimiento económico continuo, tal y como propugna la economía convencional, ya que este desborda los límites físicos y biológicos de la biosfera. La economía ecológica mira a largo plazo.

Para la economía ecológica, los valores ecológicos, la supervivencia humana, los derechos humanos y comunitarios y la sacralidad de los lugares para determinadas comunidades son valores inconmensurables y no pueden reducirse a un único valor pecuniario.

Conceptos clave de la economía ecológica

Para entender la economía ecológica debemos entender seis de sus conceptos clave (sin entrar en detalles técnicos de indicadores y valoraciones). En ellos vemos claramente cuáles son las prioridades de la economía ecológica, que están muy alejadas de las de la economía convencional e, incluso, de las de la economía ambiental o capitalismo verde.

  1. Inconmensurabilidad de ciertos valores.

Inconmensurabilidad, para la filosofía de la ciencia, es la imposibilidad de comparar dos teorías cuando no hay un lenguaje teórico común. Por tanto, si dos formas de valoración son inconmensurables, no tenemos manera de compararlas y decir cuál es mejor y correcta.

La posición de la economía ecológica no es la de poner precio al medio ambiente, sino la de decir que hay ciertos valores que son inconmensurables, que no pueden reducirse a una única unidad de valor. Para ello deberíamos contar con diversas unidades de valor, hacer un análisis multicriterial o multivalorativo, donde aparte del valor monetario se deberían usar también valores físicos.

  1. La ley de la entropía de la termodinámica. ¿Por qué es importante en economía?

Nicholas Georgescu-Roegen (Rumanía, 1906-EUA, 1994), matemático y economista rumano, es considerado el padre de la economía ecológica. Cuestionó los principales fundamentos de la economía clásica porque simplificaba la realidad, falseándola para adecuarla a sus ecuaciones. Destacó que el proceso económico no puede entenderse aisladamente de las leyes de la naturaleza. En su libro La ley de la entropía y el proceso económico, publicado hace cincuenta años (1971), aplicó la ley de la entropía o segundo principio de la termodinámica al proceso económico. Una comunión entre economía, ecología y termodinámica que dio como resultado la bioeconomía o, como la llamamos hoy, economía ecológica.

La ley de la entropía o segundo principio de la termodinámica nos dice que, en todo cambio de estado de un sistema, la energía usada experimenta una degradación en su calidad. Por tanto, el termino entropía se refiere a la cantidad de degradación de la energía en un determinado proceso.

La ley de la entropía nos lleva a que la economía no es circular, sino entrópica. No hay forma de reciclar la energía usada en un proceso de producción, la energía se pierde, se disipa.

Para la economía ecológica, decir que la economía es circular es propaganda de la economía ambiental, para hacernos creer que la economía puede seguir creciendo porque todo se recicla y se reutiliza, pero esto es una falacia ya que no se tiene en cuenta ni la energía usada que se disipa (carbón, gas y petróleo no se reciclan en absoluto) ni que hay materiales que tampoco pueden reciclarse (por ejemplo, los residuos nucleares).

Otra cosa que demuestra que la economía no es circular es el incremento en el ritmo de extracción de materiales de la tierra, la ocupación de más espacios y la cantidad de energía usada (que a veces, incluso, crecen porcentualmente más que la propia economía). Si la economía fuera realmente circular y un sistema cerrado, esta sobrexplotación creciente no sería necesaria.

Todos estos costes de energía, de extracción, destrucción del medio ambiente… son externalidades negativas que la economía convencional no contempla en sus cálculos coste-beneficio ni en el PIB; suponiendo un crecimiento continuo de la economía, simplemente los transfiere a generaciones futuras, pero ¿podemos asegurar que la economía seguirá creciendo, teniendo en cuenta los límites físicos del planeta? La respuesta es que no, por eso es importante considerar la economía entrópica.

  1. Inviabilidad del crecimiento económico continuo.

«Quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista» (Kenneth Boulding, economista inglés, 1918-1993).

Según WWF, en 2020, a nivel global, el 21 de agosto se consumieron todos los recursos que la Tierra puede regenerar en un año. Los últimos años la fecha estaba alrededor del 31 de julio. En 2020 se retrasó debido al parón mundial por el SARS-COV 2.

El crecimiento económico continuo es inviable atendiendo a los límites del planeta y su capacidad de asimilación de residuos. Uno de los problemas más graves del PIB es que no mide los impactos del crecimiento económico en los recursos ambientales finitos del planeta.

La economía ambiental nos dice que la mejora de la tecnología favorecerá la circularidad y el crecimiento de la economía, pero el economista, filósofo y lógico inglés William Stanley Jevons (1835-1882) ya planteó en el siglo XIX, el efecto rebote, más conocido como la paradoja de Jevons, donde afirmaba que, a medida que se perfecciona la tecnología y aumenta su eficiencia usada en un recurso, es más probable que aumente el consumo del recurso que no que disminuya. Esto es debido al incremento de producción que se obtiene con la mayor eficiencia de la tecnología. Hemos demostrado fehacientemente que así es: nunca tenemos bastante, siempre queremos más.

  1. Metabolismo social.

Las sociedades metabolizan energía y flujos de materiales para mantener su operativa. Este proceso se llama metabolismo social.

El metabolismo social no solo cuantifica los flujos, también establece las relaciones entre estos y los agentes que transforman los flujos en resultados, para crear indicadores propios del sistema, como la aportación de energía por hora de trabajo o el agua consumida por hectárea de producción. Se trata de un análisis integrado que tiene en cuenta múltiples dimensiones, como factores demográficos y escalas múltiples de las economías analizadas.

Es un cálculo en términos de sostenibilidad ecológica, que permite calibrar si un territorio está viviendo más allá de sus posibilidades en términos de recursos materiales, asimilación de residuos y exportación e importación de mercancías y materiales. De esta forma se puede evaluar la interacción de las sociedades humanas con el medio físico en el que se desenvuelven y del que dependen.

Precisamente la causa indudable del aumento de los conflictos ecológicos distributivos, en la extracción, transporte o disposición de los residuos, es el aumento del metabolismo social.

  1. Conflictos ecológico-distributivos y las commodity frontiers. Justicia ambiental y ecologismo popular.

El crecimiento de la economía y de la población humana lleva a un crecimiento del consumo de recursos naturales y de generación de residuos. Esto tiene un impacto muy notable en el medio ambiente y no a todos los seres humanos nos afecta por igual, porque los recursos y los residuos no están distribuidos de forma igual por el planeta; hay comunidades que se ven muy afectadas por el uso ambiental de la economía y de aquí surgen los conflictos ecológico-distributivos.

Considerar el derecho al medio ambiente de segunda o tercera generación viene de la idea de la hipótesis de Inglehart, donde la calidad medioambiental es un bien de lujo, pero esto es una idea muy equivocada: ¡el medio ambiente es una necesidad para todos! El derecho al medio ambiente es un derecho fundamental, no podemos vivir sin tierra, sin agua limpia, sin aire respirable. En muchos países del llamado tercer mundo este derecho está amenazado, existe un conflicto entre el crecimiento económico, la supervivencia y la seguridad de las personas.

Los conflictos ecológico-distributivos son, a menudo, conflictos de acumulación por desposesión, como los llama el economista David Harvey, o de acumulación por contaminación: aumento de los daños porque no hay responsabilidad por el cambio climático, y porque las industrias extractivas no pagan los daños y los perjuicios, exceptuando casos muy flagrantes. Precisamente esta irresponsabilidad de transnacionales y Estados que pone en peligro la supervivencia e integridad de comunidades y pueblos en las commodity frontiers (fronteras de mercancías o de extracción) ha dado lugar al ecologismo popular y a la justicia ambiental.

Estos conflictos eco-distributivos, mayoritariamente, se dan en las commodity frontiers. Según Joan Martínez-Alier, las commodity frontiers son el ámbito donde la extracción se expande geográficamente, colonizando nuevas tierras en búsqueda de materias primas (petróleo, minerales, tierras raras…). Esto hace posible la demanda creciente asociada al crecimiento del metabolismo social de las economías industrializadas. Esta expansión de las commodity frontiers fomenta la degradación social y ambiental que lleva a los conflictos eco-distributivos.

Los impactos sociales y ambientales de la extracción de recursos aumentan a medida que la calidad y la disponibilidad de los recursos disminuyen.

Las commodity frontiers nos recuerdan que el crecimiento económico tiene un elevado coste para las personas y ecosistemas que están lejos de los lugares donde se «disfruta» del crecimiento económico.

Es precisamente en los países del tercer mundo donde más se lucha por la integridad medioambiental contra grandes transnacionales o incluso los propios Estados. El ecologismo popular es la defensa de la naturaleza y los bienes comunes y la lucha contra la injusticia social, motivada, no lo olvidemos, por la necesidad de poder sobrevivir. Por ejemplo, si una petrolera contamina el agua, como pasó en Ecuador entre 1964 y 1992 por la petrolera americana Texaco, la resistencia a estos hechos es ecologismo popular. En muchos conflictos ambientales, los más pobres se ponen del lado de la preservación de recursos no por ideología sino por supervivencia, su vida depende de esos recursos.

La justicia social trata sobre el derecho a permanecer en el lugar y el entorno natural que uno siente como propio y estar protegido de las inversiones incontroladas para la expoliación, de la contaminación, de la especulación, de la desinversión, de la decadencia y del abandono.

Uno de los proyectos del ICTA-UAB (Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona) es el EJATLAS (Environmental Justice Atlas), impulsado por Joan Martínez-Alier y financiado por el ERC (European Research Council).

En él se han documentado más de 3300 conflictos ecológico-distributivos en todo el mundo.

 

Actualmente el ecologismo popular y la justicia ambiental son las mayores fuerzas a favor de una verdadera economía sostenible.

  1. Deuda ecológica.

Según Joan Martínez Alier, la deuda ecológica es el resultado del intercambio ecológicamente desigual entre los países más desarrollados —norte—, y los menos desarrollados —sur—, saliendo beneficiados los del norte. Este intercambio ecológico desigual se ha fundamentado en la incapacidad de los países del sur de imponer el pago de externalidades; en que el tiempo ecológico de producción de bienes en el norte es mucho más rápido (bienes de producción industrial) que en el sur, donde las materias primas tienen un tiempo de producción de años, décadas o siglos; y por último, los del norte se han apropiado de la información de los del sur para aumentar su productividad hundiendo las economías locales del sur.

La deuda ecológica, tradicionalmente, se divide en cuatro partes:

  • Deuda del carbono: se refiere a la responsabilidad de los países del norte por ser y haber sido los principales generadores de gases de efecto invernadero.
  • Biopiratería: es la apropiación intelectual de material genético y conocimientos ancestrales sobre la tierra y los organismos vivos por parte de laboratorios y la agroindustria, básicamente. La palabra puede darnos a entender que la biopiratería es una actividad nueva, pero nada más lejos de ello. La apropiación de material genético lleva siglos instaurada en el comercio mundial; empezó con los Imperios coloniales del siglo XV. Fue entonces cuando comenzó un auténtico tráfico mundial de germoplasma y la lucha por el control de variedades vegetales de valor comercial implicó una serie de políticas de control colonial, recolección de material genético y uso del suelo. En las últimas décadas se ha visto agravado por la aparición de los transgénicos y la posibilidad de patentar materia viva.
  • Pasivos ambientales: son las externalidades negativas de gran impacto ambiental provocadas en los ecosistemas, ya sea por la extracción de recursos, por la reordenación del territorio, por la introducción de nuevas especies, etc.
  • Transporte de residuos tóxicos: es la actividad por la cual los países ricos depositan sus residuos tóxicos en los países pobres. Por ejemplo, en el caso del plástico, se ha comprobado que muchas empresas falsean la documentación y se envían los plásticos a otros países como reciclables cuando no lo son. En 2019 Filipinas devolvió un barco cargado con cinco contenedores españoles de plástico que se habían enviado ilegalmente.

La deuda ecológica consta de dos elementos clave que engloban todas sus facetas: «daño ecológico» y «equidad de derechos».

El crecimiento de una parte del mundo se ha producido a costa del empobrecimiento de otras. Esta situación se ha ocultado bajo la afirmación de que, de forma natural, algún día estos países llegarán a las cotas de crecimiento de los países del norte, olvidando que, precisamente, las cotas de crecimiento son posibles por la existencia de la pobreza (esto ya lo demostró Jenkins en 1996, en sus estudios sobre la pobreza). Esto se basa en la teoría de las ventajas competitivas de David Ricardo, economista inglés que vivió entre finales del s. XVIII y principios del XIX, que dice que, si cada país o región se especializa en uno o pocos productos, todos ganarían con el comercio. Pero en la práctica, la teoría (como muchas otras teorías de la economía convencional) adolece de mucha falta de realismo. Aparte de no tener en cuenta las externalidades negativas del transporte, supone la equidad en el trato entre las diferentes zonas de intercambio. Pero la realidad es que, cuando los países menos desarrollados se encuentran en una situación de deuda externa asfixiante con población pobre, sin tecnología, su única forma de competir es reducir sus pretensiones ambientales y sociales. Por tanto, esta teoría se traduce en lo que se llama economía del saqueo o dummping sur-norte, por la cual, los países del sur venden sus productos a menor precio que el del mercado porque no incorporan los costes sociales y ambientales.

Precisamente el pasado mes de abril el papa Francisco envió una misiva a los participantes en las Reuniones de Primavera 2021 del grupo Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, donde insta a la industria financiera a calcular la «deuda ecológica» acumulada por los países más industrializados y ricos con aquellos menos desarrollados:

«(…) Tampoco podemos pasar por alto otro tipo de deuda: la «deuda ecológica» que existe especialmente entre el norte y el sur mundial. De hecho, estamos en deuda con la propia naturaleza, así como con las personas y los países afectados por la degradación ecológica y la pérdida de biodiversidad inducidas por el ser humano (…)».

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Olvidamos que nosotros mismos somos tierra

Un sistema económico basado en la economía ecológica implica un cambio global con actuaciones muy locales adaptadas a cada territorio. Es un cambio de paradigma, un cambio social y cultural, que replantea las relaciones mercantiles y el papel de los Estados.

Este cambio requiere consenso entre poderes políticos, económicos y ciudadanía, además de sacrificios del actual modo de vida.

El individualismo postmoderno debe ser superado por la solidaridad y el bien común, el corto plazo debe sustituirse por el largo plazo para llegar al bienestar común para todos y para el planeta.

Existen en muchos sitios del mundo iniciativas comunitarias asertivas que funcionan dando respuestas positivas a necesidades básicas humanas y planetarias donde el mercado y los Estados son incapaces de hacerlo. Es hora de poner en valor estas experiencias. La economía ecológica puede ser un punto de encuentro porque propone un modelo que no desliga al ser humano de la naturaleza, sino que nos devuelve a ella.

En la Encíclica de mayo del 2015, Laudate si, el papa Francisco llama a la Tierra «nuestra casa común». En ella nos recuerda, como ya le dijo en 1854 Noah Sealth, jefe de los nativos norteamericanos Duwamish-Suquamish, en su carta al presidente Franklin Price, que nosotros mismos somos tierra.

«Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. Olvidamos que nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura».

Mientras escribía este artículo, nos dejó Arcadi Oliveras, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Barcelona, experto en las relaciones norte-sur, comercio exterior, deuda externa y economía de defensa. Uno de los máximos referentes de los movimientos sociales y pacifistas de nuestro país. Incansable luchador y optimista nato, hasta su último aliento, nunca perdió ni la sonrisa ni la esperanza por mejorar el mundo y devolver al ser humano los verdaderos valores humanos.

A sus muchas clases en cursos de cooperación internacional, seminarios de deuda externa y finanzas éticas, a sus charlas de economía social y a sus libros, que atesoro con gran interés, debo, entre otras cosas, haber escrito este artículo. Él me abrió los ojos y me hizo creer en otra economía distinta de la que nos enseñan en las facultades, una economía realmente humana, armónica con su entorno y respetuosa con el medio ambiente y el resto de especies con las que compartimos nuestra «casa común».

Como él decía, «nunca es tan oscuro como antes de salir el sol. Estamos obligados a no perder la esperanza». Descansa en paz, querido Arcadi.

Cinta Barreno Jardí

Economista

Bibliografía

Demà serà un altre dia (2019). Joan Martínez Alier. Editorial: Icaria. ISBN: 978-84-9888-934-5.

Decreixement. Vocabulari per una nova era (2015). Varios autores. Editorial: Icaria. ISBN: 978-89-9888-663-4.

Revista de Ecología Política:  https://www.ecologiapolitica.info/

https://www.ecologistasenaccion.org/

https://www.wwf.es/informate/actualidad/?55221/Dia-de-la-sobrecapacidad-de-la-Tierra-necesitamos-un-modelo-mas-sostenible

Atlas de Justicia Ambiental. ICTA-UAB: https://ejatlas.org/?translate=es

https://www.elmundo.es/cronica/2019/06/03/5cf1742ffc6c83a90b8b46b4.html

https://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2021/documents/papa-francesco_20210404_lettera-banca-mondiale.html

http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html)

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