Noviembre 2018

Fútbol y filosofía

Escrito por  Manuel García M.
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Probablemente muchos de ustedes se pregunten qué tiene que ver el fútbol con la filosofía, incluso puede ser que aborrezcan este juego y ni tan siquiera lo consideren un deporte. En realidad, mi propósito es tan solo usar el fútbol como herramienta para hablar de filosofía, y demostrar que esta disciplina no es propia y exclusiva de una minoría elitista, sino más bien todo lo contrario, la actitud filosófica es natural en el ser humano.

La filosofía nos sirve para descubrir paulatinamente las leyes que rigen la vida, y por tanto, las leyes que nos rigen a nosotros. Por ello, la filosofía sirve para conocernos mejor a nosotros mismos y a la naturaleza. Esta posibilidad de conocimiento que nos ofrece la filosofía es clave para evitarnos sufrimientos innecesarios y construir una auténtica fraternidad entre todos los seres humanos.

Fútbol y vida

Lo que vemos hoy en día en muchos estadios de fútbol, independientemente de la categoría del equipo, se aleja bastante de lo que entendemos por deporte, pues se ha convertido en una herramienta de manipulación de la sociedad y, sobre todo, en fuente de malos ejemplos, especialmente para los más jóvenes.

Entonces, ¿qué es el fútbol? Un famoso entrenador, que ya no está en activo, afirmó en una entrevista que el fútbol es «recibir, controlar, correr y pasar la pelota». Y esto mismo, si reflexionamos un poco -¡nos convertimos en filósofos conscientes por un instante!- es la vida. Recibimos la vida en nuestro cuerpo al nacer, se va desarrollando, vamos creciendo, corremos con la vida, y luego, llega un punto en el que tenemos que pasar la vida, la pelota, a otro compañero. Realmente la vida no deja de moverse nunca, pasa de unos a otros.

En el fútbol, a aquellos que no pasan la pelota, se les llama «amarrones». Del mismo modo, hay gente que se empeña en vivir superficialmente y no colaborar con el resto de la sociedad. Podríamos decir que les preocupa más el lucimiento personal, la sed de honores, que el bien del equipo... Platón llamaba a esto timocracia; ¡qué poco hemos avanzado!

Qué podemos aprender del fútbol

El fútbol, como deporte, es un juego de equipo; por ello, podemos aprender de él valores humanos, como el sentido del deber, la solidaridad, la responsabilidad y el compromiso moral, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos, y además podemos aprender también el valor de la fidelidad.

Hay tradiciones en otros deportes, como por ejemplo en el rugby, que ejemplifican muy bien todo lo anterior. Es costumbre en muchos equipos de rugby que, al finalizar el partido, el equipo visitante limpie su vestuario, independientemente de si ha ganado o no, como muestra de respeto al rival.

En el fútbol, todos los jugadores de cada equipo saltan al terreno de juego con una estrategia: 4-4-2, doble rombo, marcaje hombre a hombre...; en la vida ocurre igual. La filosofía nos enseña que nada ocurre por casualidad, sino que todo ocurre por necesidad, todo obedece a una ley; otra cuestión es que nosotros no conozcamos esa ley. Entonces decimos: «Ah, esto ocurre por casualidad»; o en el fútbol diríamos: «el contrario tuvo suerte».

Hace muchos siglos -algunos historiadores dicen que en el siglo VI a. C.-, en Grecia nace la filosofía. Estos sabios griegos afirmaban que todo lo que ocurre en la naturaleza obedece a una ley, y además señalaban que había acontecimientos que ocurrían con regularidad, y claro, si esto es así, ¡se pueden predecir los acontecimientos!

Permítanme aquí el apunte futbolero; cuando vemos a un futbolista ejecutar un tiro libre directo a la portería contraria, tratando de salvar la barrera colocada por el rival, y vemos cómo la pelota describe una trayectoria parabólica perfecta para introducirse en la portería contraria, ¿creen ustedes que eso es azar? No, hay mucho entrenamiento y esfuerzo detrás de ese lanzamiento. Esto es algo que podemos aprender del fútbol, la necesidad del esfuerzo para conseguir nuestros propósitos.

Sócrates dedicó gran parte de su vida a investigar sobre las esencias; oponiéndose a los sofistas, buscaba la verdad. Buscaba un denominador común en conceptos tales como la verdad, la justicia, el bien..., para poder definirlos. Por ejemplo, para llegar a la definición de la bondad, tratemos de buscar qué tienen en común todos los hombres que calificamos de bondadosos. Sócrates afirmaba que, para emprender esta búsqueda, es imprescindible reconocer nuestra ignorancia, despertar nuestra conciencia y, sobre todo, aprender a pensar por uno mismo -¡genial!-. Mi experiencia de muchos años como docente me dice que es más difícil enseñar a alguien que cree saber que a alguien que reconoce su ignorancia.

Fidelidad a unos colores

Si preguntamos ¿qué es el bien?, es probable que mucha gente nos diga que el bien es un sentimiento. Del mismo modo, si preguntamos, por ejemplo, a muchos seguidores del Deportivo de la Coruña por qué son del «Depor», nos van a decir que lo son por una cuestión de sentimientos, que no se pueden explicar con lo que comúnmente llamamos razón. Bueno, pero vamos a profundizar un poco; si nos reunimos a charlar con ese seguidor del «Depor», con un café de por medio, y mejor después de una victoria del equipo herculino, quizás lleguemos a la conclusión de que muchos seguidores del «Depor» lo son por una cuestión de fidelidad; sí, por fidelidad a una ciudad, a unos padres que siempre fueron de ese equipo; fidelidad, un valor universal que hoy en día hasta es criticado. Por eso ya no se dice «soy fiel a los valores de tal equipo». Sin embargo, escuchamos: «soy fan de... ». Fijémonos en la palabra fan. Se trata de una abreviatura de fanático , persona que defiende una creencia o una opinión con pasión exagerada y sin respetar las creencias y opiniones de los demás. Quizás ahora comprendamos un poco más lo que ocurre en muchos estadios. Vemos cómo el lenguaje retrata a una sociedad.

Pero volvamos a las esencias que buscaba Sócrates. Las esencias, para nosotros, son muy difíciles de definir, pero sí que las podemos sentir: podemos sentir la belleza, por ejemplo. Cuando ante una obra «artística» nos preguntamos: ¿esto qué es?, sin sentir nada, lo más probable es que esa obra, de artística tenga muy poco. Lo mismo ocurre cuando decimos que nuestro equipo jugó bien. No sabemos decir por qué jugó bien, pero sentimos en nuestro interior un convencimiento que nos permite hacer tal afirmación.

Caos, orden y fútbol

Hay futbolistas que, con su sola presencia en el terreno de juego, ponen orden en su equipo. Casos como el de Xavi Hernández son ejemplo de jugadores que canalizan el «logos», la idea que propone el entrenador. Se dice de ellos que «hacen jugar al equipo»; si me permiten ahora el apunte filosófico, diría de estos jugadores que son los que señalan el camino, ponen orden en el caos, pues no se trata solo de marcar goles, se trata de cómo se juega. La alegría de un gol es momentánea, pero disfrutar del juego de un equipo puede durar los noventa minutos del partido. No se trata de vivir más o vivir menos, se trata de cómo se vive.

Todos los filósofos nos han enseñado que es imprescindible buscar en la vida ese orden para llegar a la felicidad. Volviendo a la fidelidad, podríamos hablar de fidelidad como coherencia entre pensamiento, sentimiento y acción, fidelidad a un ideal. Es curioso cómo muchos equipos de fútbol son fieles a un sistema de juego, no lo alteran, juegan en esencia, siempre igual; recordemos el Barcelona de Guardiola; y cuando rompen esa fidelidad, suelen perder. Hacer lo que debemos, ser fieles a nuestros valores humanos, tiene mucha más trascendencia de lo que nos podemos imaginar; elegir entre un comportamiento moral y otro inmoral va a definir la solidez de nuestro edificio interior, de nuestra esencia.

Al principio de este artículo decía que lo que vemos hoy en día en muchos estadios de fútbol se aleja bastante de lo que entendemos por deporte. Una nube de intereses económicos, poco claros muchas veces, invade prácticamente todo el deporte. Y lo peor es que el mercantilismo abarca también a las personas; se habla de comprar o vender a tal futbolista, o este futbolista vale tantos millones...; da la sensación de que estamos en un mercado de esclavos. En el fútbol de hoy en día ha irrumpido el dinero de tal forma que ha hecho saltar por los aires las esencias, los valores clásicos de este deporte.

Del mismo modo, el positivismo del siglo XIX llevó al ser humano a enfocar la vida desde un punto de vista utilitarista, provocando el desinterés por la búsqueda de las esencias; ¡pobre Sócrates¡; es decir, solo nos preocupan los hechos, el resultado del partido; y esto es ciertamente un problema, pues los acontecimientos cambian, y si no buscamos las causas de esos acontecimientos, nunca avanzaremos.

Quiero finalizar esta breve reflexión con un hecho que ocurrió hace unos años en un partido de una liga de futbol de aficionados en Galicia: un jugador tiene la pelota en su área; de repente, escucha el pitido de un silbato y cree que el árbitro ha parado el partido. Entonces se para y coge la pelota con la mano, el árbitro se dirige a él y pita penalti; el pitido había venido de la grada. La pena máxima no se puede revocar. Entonces ocurrió algo increíble, el delantero encargado de lanzar el penalti habla aparte con el portero rival y le dice hacia dónde va a tirar la pelota para que pueda pararla. El portero no le cree, pero así ocurrió. Tuve la suerte de charlar con este portero, un joven de veinte años. Me comentaba que no era capaz de comprender los motivos de ese comportamiento en el delantero rival; en aquel momento yo no tuve respuesta, a veces el silencio es la mejor respuesta. Pero hoy le diría, como señalaba anteriormente, que lo importante no es ganar o perder, lo importante es cómo se juega. Lo importante es elegir una forma de vida que nos permita construir un sólido edificio interior, con una profunda base moral.

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