Enero 2015

Jorge Lomar: "El perdón es un proceso de cambio de percepción"

Escrito por  Rubén Vázquez y Lucía Prade
Jorge Lomar: "El perdón es un proceso de cambio de percepción"

Muchas veces cuando hablamos de perdonar a alguien nos referimos a olvidar un daño causado o superar una decepción sufrida. Sin embargo, el perdón puede ser mucho más que eso si tratamos de utilizarlo para cambiar la perspectiva con que percibimos la realidad. Podemos aplicar el perdón como una herramienta práctica para vivir el ahora, liberándonos de miedos y culpas, dejando fluir la esencia de la vida.

Hemos entrevistado a Jorge Lomar, presidente de la Asociación Conciencia para el Crecimiento Humano, facilitador del perdón, conferenciante y autor de varios libros, entre ellos Vivir el perdón. La Asociación Conciencia incluye, entre otros proyectos, la Escuela del Perdón, que ayuda a aquellas personas que quieren conocer una nueva forma de vida a través de la práctica del amor y del perdón.

¿Qué es el perdón?

El perdón es un camino espiritual, una mentalidad de paz y una forma de vida. En realidad, consiste en una práctica de unidad mental con la totalidad y con el otro. La alternativa del perdón es un puente entre mi mente conflictiva y mi mente en paz; tienes la libertad de atravesarlo, y esa decisión da comienzo al proceso del perdón. A lo largo del proceso, esta decisión se va verificando, lo que implica acceder a estados de conciencia más amplia, hasta alcanzar la experiencia de la aceptación.

Estamos constantemente pensando, y quizás nos parezca normal tener ese ritmo en la actividad mental. ¿Cómo identificar que nuestra mente no está en sus condiciones naturales?

La mente en conflicto, aunque sea muy habitual, representa un estado alterado de la mente. La verdadera paz mental, aunque sea muy rara en este mundo, es la mente natural, nuestro estado de ser. Bajo el punto de vista del perdón, prácticamente toda la humanidad vive en un estado de enfermedad mental. La crisis no es algo que sucede durante unos años y luego desaparece, ni es propia de los países en desarrollo. La crisis es característica de la mente humana y ha estado ahí en todos los tiempos, culturas y lugares. Consiste en una visión separada y fragmentada de uno mismo y de la realidad. Perdonar es una decisión de conciencia, una opción interna que aparenta ser individual, pero al ser una expresión de unidad, afecta a todo y a todos.

Eso parece un poco distinto al enfoque habitual de relacionar perdón con “pecado”…

El punto de vista que yo abordo y practico con respecto al perdón no es en absoluto parecido a lo que popularmente se conoce como perdón, sino que está mucho más relacionado con la no-dualidad, y para ser exactos, con el mensaje profundo y místico que podemos recoger del libro Un curso de milagros , la enseñanza de Jesús y la filosofía vedanta advaita. En Oriente se prefiere hablar del término “aceptación”, pero para los efectos, es lo mismo. El perdón es el proceso para regresar al estado de aceptación desde una mente que está en conflicto. En general, el perdón es un camino experiencial y no tiene nada que ver con el punto de vista habitual que impera en el mundo. El cambio de conciencia del que aquí hablo es tan profundo y radical que nadie puede imaginarlo antes de recorrer las vivencias del perdón.

¿A quién debemos perdonar?

Perdonar a una persona es un aspecto instrumental o superficial del perdón. Es un medio más que un fin. En realidad, al redefinir el perdón como sanación mental, ya queda claro que lo único que se perdona –sana– es a la propia mente, al experimentador, a uno mismo. Pero es cierto que el perdón hace un uso intensivo del entendimiento de la proyección para estimular la responsabilidad mental. Por tanto, muchas veces se habla de perdonar a alguien con quien se mantiene una relación, como un padre, un hermano, un amigo o un enemigo. No obstante, el punto de vista del perdón es que estas personas son solo representaciones de conflictos subconscientes del experimentador.

Entonces, ¿tenemos que perdonarnos a nosotros mismos?

A menudo hablamos de perdonar al propio personaje, pues la mayor parte de las veces el proceso del perdón implica deshacer la culpa que inconscientemente se proyecta contra la persona que uno cree ser.

En otras ocasiones hablamos de perdonar una situación, o perdonar un conflicto, o incluso, de perdonar el momento presente. Por eso he dicho que el uso popular de “perdonar a alguien”, en el verdadero camino del perdón, es solo una cuestión instrumental. En general, perdonamos conflictos subconscientes que afloran a la conciencia en forma de sufrimiento.

También podríamos decir que el perdón es un proceso de cambio de percepción, que te permite “ver” –refiriéndome a “darme cuenta” o “sentir”– unido lo que antes uno “veía” separado. De tal modo, el experimentador descubre que toda enfermedad es la separación que la mente percibe. Finalmente, ese es el gran perdón que constituye nuestro gran viaje: estamos perdonando la separación percibida.

¿Se puede decir que somos los responsables de las vivencias compartidas y la realidad en que nos encontramos?

Entrevista JORGE LOMAR 1Nuestro subconsciente crea un montaje que hace parecer que todo eso es una realidad que se nos impone y que tiene poder sobre nosotros, que somos los autores de todo eso; es nuestro trabajo descubrir ese montaje. Todo lo que vivimos es compartido, de modo que toda vivencia es compartida. Es precisamente la idea de separación, o concepto ego, el que nos hace creer que las vivencias son personales o separadas, en lugar de compartidas. El perdón te ayuda a vivenciar, a conocer, que lo que crees que es un “yo” y un “tú” es, en realidad, una relación que está en tu mente. Desde tal perspectiva, comienzas a entender la mente, qué es y qué está haciendo para hacerte parecer una persona. Más adelante comprendes cómo está programado el ego, y puedes ver el mismo programa en todas las convenciones y estructuras sociales: competitividad, carencia, heroísmo, lucha, mérito, victimismo, salvación...

El proceso del perdón te lleva a perdonar al mundo y todas sus luchas, sus miserias, al entender el juego de la mente subyacente, basado en la aparente separación. El sueño de la mente.

¿Cómo influyen nuestras creencias en nuestras circunstancias personales?

Nuestras circunstancias personales son creencias. No hay circunstancias personales sino como el resultado, producto o efecto de nuestras creencias subconscientes.

El proceso de observación profunda, una vez que entendemos el programa ego, nos lleva a reconocer creencias subconscientes que no podíamos ver desde el prisma “personal”. Al entenderte como mente, el proceso de observación se hace más profundo y abstracto. Comienza de modo similar al proceso psicológico de autoobservación, pero luego se sale del molde personal para una observación del programa mental, que unifica fuera y dentro.

Entonces, puede llegar a ver sin ninguna dificultad que toda experiencia es el producto de una creencia profunda e inconsciente, que es proyectada a un “afuera”, y luego percibida desde un “adentro”. Mediante tal proceso, la mente consigue que nos veamos separados.

¿Por qué nos cuesta perdonar?

El perdón es el trabajo directo con la resistencia de la mente a ser. Y este no es un tipo de resistencia, sino toda la resistencia que existe, y por tanto, todo el sufrimiento que se percibe. Cuando decimos que nos cuesta perdonar, estamos afrontando la resistencia en sí, es decir, nos estamos sensibilizando, entendiendo desde el corazón qué es la resistencia.

La resistencia a ser es la resistencia a amar o la resistencia a la unidad. En otras palabras, nos cuesta perdonar porque hay un poderoso y oculto deseo de mantener, sostener, defender y luchar por mi falsa identidad personal, por una identidad separada, por una identificación con unas memorias y unas experiencias históricas, con un personaje de la obra de teatro.

Este es el único motivo por el que nos resistimos a amar, es decir, este es el motivo por el que sufrimos. Tenemos miedo a la unidad –libertad, amor, inteligencia, ser–.

¿Cuál es la función de los “facilitadores de perdón”?

Toda persona que practica con honestidad o de corazón el perdón, ya es un facilitador del perdón, pues está ayudando a la mente al ampliar su conciencia de la unidad cada día. No obstante, cuando esta labor toma además un carácter social, es decir, la persona ofrece sus servicios a otras personas, entonces se convierte en un facilitador del perdón. Es una especie de consultor o terapeuta, pero que no tiene nada que ver con las ciencias del mundo, tales como la psicología o el coaching, sino que se parece más a un profesor espiritual o un guía en el trabajo interno. Ayuda a su cliente a comprender, a practicar y a soltar las resistencias al proceso de sanación mental que está ya disponible en su interior. A la vez, el facilitador es consciente de que la sanación sucede a través de las relaciones, y por tanto, sana junto a su cliente. Por eso, el lema de la escuela es “Vamos juntos”. En realidad, no hay una diferencia esencial entre el facilitador y el cliente, solamente que temporalmente y en la forma, uno dispone de la experiencia y la información que el otro desea. El proceso de facilitación es una ayuda al profundo cambio de conciencia que conlleva la no dualidad.

En nuestra Escuela del Perdón (escueladelperdon.org) hemos desarrollado un lenguaje, unas prácticas, una estructura y una técnica de apoyo didáctico para hacer este proceso lo más sencillo posible, tanto a nivel presencial como desde cualquier lugar del mundo, en la modalidad on-line. A muchas personas les puede sorprender al principio que para nosotros todo es distinto: no entendemos lo mismo por didáctica que todo el mundo, ni por consulta personal. Todo es, desde la no dualidad, muy distinto a como se ven las cosas en el mundo. Sin embargo, el agradecimiento que recibimos de los alumnos cuando comienzan a experimentar el proceso resulta inolvidable.

Preguntarnos quiénes somos, ¿es un camino que nos puede llevar hacia la verdad?

La pregunta en sí solo muestra la evidencia de que hemos perdido la conciencia de nuestro ser. La pregunta, en sí misma, nada más es un primer paso, un reconocimiento humilde de que no sé quién soy. Tiene valor, pues implica reconocer que quien creo ser es un espejismo lleno de contrariedad, algo que no es nada por sí mismo. Es la respuesta vivencial a esta pregunta, la respuesta hecha experiencia, la respuesta de corazón en cada momento cotidiano de la vida, lo que nos puede llevar hacia la verdad. Es decir, es la disposición a saber, la apertura a la verdad más allá de mis propias creencias, lo que me lleva primero a la humildad y luego a la verdad.

Usted transmite mucho entusiasmo en sus ponencias; díganos, ¿a qué se debe ese entusiasmo?

A que soy feliz; de hecho, este es mi único aspecto curricular que merece mostrarse. La experiencia del perdón me ha traído a un dulce estado de feliz aceptación. Eso no significa que esté iluminado, sino que mi camino es firme.

¿En qué proyectos está trabajando actualmente o cuáles tiene para el futuro próximo?

Ahora mismo estoy a punto de iniciar una serie de mini-giras por México, Colombia y Argentina, en donde me esperan muchísimos practicantes de la mentalidad del perdón desde la no dualidad. A mi regreso, continuaré con las labores habituales de la escuela, los laboratorios de no dualidad que se ofrecen cada mes, terminaré el libro en el que estoy trabajando y seguiré viajando por España para reunirme con practicantes de este camino y ayudarnos a recordar juntos. Básicamente, mi proyecto consiste en recorrer el camino que la vida me pone delante. Esto me hace muy feliz, pues es un camino de unidad en donde descubro el amor en todas partes. Vivo en la gratitud.

http://www.asociacionconciencia.org/

http://www.youtube.com/watch?v=Q4cMll7DOXI : Jorge Lomar: Vivir el Perdón

Compartir

Deja un comentario

Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra página web. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.