Septiembre 2018

Qué sabemos sobre la risa

Escrito por  Miguel Ángel Antolínez
risa risa

Aunque no se han realizado demasiadas investigaciones sobre el tema que nos ocupa, contamos con las opiniones de grandes filósofos. Así por ejemplo, Kant sostenía que todo lo risible presupone un contrasentido. Schopenhauer opina de forma parecida; cree que la risa procede del descubrimiento de una incongruencia. Y Spencer también opina que la risa procede de un contraste que se presenta bajo la forma de una incongruencia. Freud afirmaba que la risa se produce como necesidad de liberar alguna tensión o sentimiento acumulado; es la denominada teoría del alivio. 

Henri Bergson, premio Nobel de literatura en 1927, en su ensayo sobre la risa, aportará una idea nueva y original en su momento. Parte de la base de que la risa es algo netamente humano. Dice que un paisaje puede ser bello, sublime, insignificante o feo, pero nunca es risible, porque es lo que podríamos llamar una «cosa». Añade Bergson que las actitudes, los gestos y los movimientos del cuerpo humano son risibles en la medida en que ese cuerpo nos hace pensar en un simple mecanismo. La rigidez mecánica es la que produce la impresión de objeto o cosa en un ser humano. Podríamos señalar la manera de andar de Charlot, que da la impresión de un mecanismo. Se refleja también en las marionetas o el guiñol, cuando es representado el ser humano. Lo risible es el automatismo y la distracción que producen un comportamiento mecánico, por oposición a lo vivo, que es dúctil, cambiante, atento y se mueve libremente.

La idea de Bergson se resumiría en una frase: la risa nace de lo mecánico que se halla incrustado en lo vivo. Por tanto, podemos decir que todo aquello en lo cual el ser humano no pone conciencia, no pone atención, es objeto de risa. Es el ser humano comportándose como un robot, o como si una máquina o un ordenador mostrase rasgos humanos y hablase.

La primera vez que un avión automatizado despegó, los pasajeros estaban algo preocupados. Al momento, la voz arrulladora y tranquilizante del ordenador se oyó por los altavoces: «Señoras y caballeros, tienen ustedes el privilegio de estar volando en el primer avión totalmente automático. Nada de pilotos con sus fallos humanos; están siendo conducidos por ordenadores infalibles. Atenderemos todas sus necesidades. No tienen que preocuparse de nada... preocuparse de nada... preocuparse de nada... preocuparse de nada...» ).

Qué sabemos sobre la risa 1

Ese aspecto mecánico lo vemos incluso en conductas completamente naturales, como el hecho de comer. Se han hecho números cómicos simplemente saliendo al escenario a comer algo.

Las imitaciones o parodias son posibles en la medida en que el imitado tiene movimientos y gestos mecánicos o automáticos, que son precisamente los que pueden imitarse y causan risa. (Por cierto, se cuenta que en cierta ocasión se organizó un concurso de imitadores de Charlot, y Charles Chaplin quedó tercero).

Dice Bergson que todo personaje cómico es un tipo o prototipo, y a la inversa, toda semejanza con un prototipo tiene algo de cómico. A veces, el objeto de la comedia es mostrar esos tipos o caracteres: «el avaro», «el jugador», «el misántropo», «el distraído», etc.

Sin embargo, la idea de Bergson sobre la risa no es completa, pues no incluye la risa que sale de la alegría natural, la del entusiasmo o la de la simpatía. Pero pone el acento en algo importante: en la conciencia del ser humano. Somos cómicos o ridículos en aquel aspecto de nuestra persona que escapa a nuestra conciencia, pues el comportamiento mecánico sin conciencia implica una falta de control. Por otra parte, cuando se dice que hay que saber reírse de nosotros mismos, la dificultad está en que no tenemos conciencia de nuestro aspecto cómico. Este es el sentido de la fiesta de los Santos Inocentes, es decir, de los que no se enteran, y es el día en que se celebran las bromas aprovechando la circunstancia de que el burlado no se da cuenta.

Otra teoría sobre la risa es la llamada «teoría de los valores». Esta teoría complementa la de Bergson, pues dice que un ser humano que se comporta mecánicamente no actúa sometido a valores humanos, sino a leyes mecánicas. O, como mínimo, habría una degradación de esos valores humanos, que sería la causa de la risa. Una persona realiza una tontería y produce risa porque momentáneamente se ha visto reducido al estado de tonto, con la degradación de valores intelectuales que ello supone. Una persona tropieza en la calle y se cae; la gente se ríe porque momentáneamente esa persona ha degradado bruscamente los valores humanos de sustentación y equilibrio normales y se convierte en víctima de la ley de gravedad como si fuera una cosa.

Un capitán bizco pasa revista a una compañía, y ante el primer soldado de la primera fila pregunta: «¿Cómo se llama usted?». Entonces, el segundo soldado de la fila responde: «Sánchez, mi capitán». Furioso, el capitán se coloca ante el segundo soldado de la fila que acaba de contestar, y grita: «Pero ¿es que yo le he hablado a usted?». Entonces, el tercer hombre de la fila contesta: «Pero si yo no he dicho nada, mi capitán» ).

En esta situación la risa es inevitable, y la causa sería una disminución de los valores estéticos y visuales del ser humano.

Otro ejemplo: un hombre se cae en un charco de barro y sale rebozado como si fuera una croqueta. Todos se ríen por la degradación momentánea de valores que se ha producido, pero su madre, que está presente, no se ríe. Y aquí se pone de manifiesto algo evidente, que en general todos los autores admiten: el dolor, por pequeño que sea, excluye la risa. El dolor y el sufrimiento producen exactamente lo contrario de la risa: el llanto.

Aquí se muestra nuevamente la paradoja. Evidentemente, cuando todo sale bien en la vida, ¡qué fácil es tener buen humor! Lo duro es mantenerlo cuando hay dificultades. Sin embargo, las situaciones difíciles de la vida son fuente de humor cuando se superan. Se produce, por tanto, una especie de pugna entre humor y dolor, pudiendo llegar a ser el humor una especie de antídoto contra los males.

En las bromas, esa degradación de valores a la que se refiere esta teoría se provoca de una manera deliberada. Lo difícil es ser conscientes del límite hasta el cual no se causa daño o sufrimiento con esa degradación, porque, si no, estaríamos hablando de la burla. Según algunos, la burla es una forma cruel de afirmar la superioridad del que ríe por comparación con aquel que es objeto de burla. Sin embargo, esta burla suele proceder generalmente de las personas menos capaces, que utilizan este medio sobre otros para sentirse superiores, ocultando así su propia inferioridad.

Como dicen los que saben, la risa sana no es «reírse de», sino «reírse con». De esta manera, la risa es una forma de comunicarse, de coger confianza e incluso de entablar amistad. Un ejemplo de humor de calidad lo vemos en Shakespeare. Su humor incluye bromas, pero muestra bondad, humanidad y compasión, sin crueldad.

La burla fue utilizada de forma excepcional como prueba en algunas ocasiones, como en las procesiones a las Escuelas de Misterios de Eleusis; cuando la procesión cruzaba el río Kefisos, en las afueras de Atenas, los aspirantes a entrar en la escuela eran objeto de burla e insultos, para comprobar si aún continuaban con su propósito.

La burla puede ser incluso un arma. Los esquimales disputaban los llamados «duelos de ridículo», no con pistolas, sino mediante las risas. En medio de la tribu, los dos contendientes se insultaban y ridiculizaban. Las carcajadas de los asistentes señalaban al vencedor.

La burla también ha sido utilizada como arma política. En la Asamblea Constitucional francesa de 1789, se utilizaron los abucheos y las risas burlonas contra determinados políticos cuando intervenían. Algo así como una especie de batalla de risas.

En la antigua Grecia, existía una divinidad inferior, Momo, dios de la risa burlona y de las bromas. Era hijo del Sueño y de la Noche, aunque también se le relaciona con Eris, la diosa de la discordia. Momo se rió de Poseidón porque había creado al toro con los cuernos mal colocados; se mofó de Hefesto porque a su obra, que era el hombre, le faltaba una ventanilla en el corazón para poder conocer sus intenciones y pensamientos secretos; y criticó a Atenea porque la casa que había construido era demasiado pesada si el propietario quería trasladarse. Fueron las últimas mofas que toleraron a Momo antes de expulsarle del Olimpo.

Cicerón, que se ocupa del humor en su obra De oratore, ya recomendaba no hacer bromas los unos a costa de los otros, y que el humor debía mantenerse siempre dentro de los límites de lo adecuado. El humor aceptado debe ser elegante, fino (urbanum), ingenioso y gracioso; y es inaceptable el humor descarado, obsceno o ignominioso. En realidad, los límites del humor vienen dados por las exigencias de la seriedad ( gravitas) y de la inteligencia (prudentia). Hay que entender que la seriedad y la respetabilidad son un límite, pero no excluyen el humor; por ejemplo, los senadores romanos tenían que hacer gala tanto de seriedad como de sentido del humor (gravitas yurbanitas). Vemos aquí de nuevo la paradoja.

Algunos estudiosos actuales dicen que el humor adecuado debe cumplir el principio ECO: elegante, conveniente y oportuno. Por tanto, todo tiene su momento y su lugar, y lo importante es descubrir ese orden.

«Se cuenta que un filósofo del siglo XVIII llamado Moses Mendelssohn iba caminando por la calle cuando se tropezó sin querer con un robusto oficial prusiano. “¡Cerdo!”, bramó el oficial. El filósofo sabía que si devolvía el insulto podía salir muy mal parado físicamente, así que optó por una táctica diferente. Se quitó el sombrero, hizo una reverencia al oficial, y replicó: “Encantado. Yo, Mendelssohn”» .

Nunca está de más un poco de buen humor para capear las situaciones difíciles. Eso es tomarse la vida con filosofía.

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