Filosofía — 21 de febrero de 2026 at 00:00

Diálogo improbable entre fe y razón

por

Diálogo improbable entre fe y razón

La historia que vamos a narrar sucedió hace mucho mucho tiempo, tanto que su final quedó escondido por las brumas de los siglos.

Deambulaban por los caminos del mundo Fe y Razón en un movimiento incesante, ininterrumpido y constante, para llegar hasta todos los rincones humanos. Pasaban por los lugares habitados más diversos y se quedaban, bien aquí, bien allí, un tiempo de variada intensidad. Como tenían que pasar por inmensos lugares, viajaban ligeras, nunca a la par o al lado la una de la otra, sino una tras la otra, primero una y después la otra, y primero la otra y después la primera, nunca juntas sino siempre persiguiéndose, ora una, ora otra. Unas veces iban más cercanas y otras, alargándose los caminos, quedaban muy distanciadas. Nunca se perdían e incluso parecía que competían entre sí. ¿Quién llega primero? ¿Quién prevalece más tiempo? ¿Cuál es el camino más corto?

En algunos lugares —los de menos habitantes—, estas viajantes se mostraban con vestiduras muy humildes y eran vistas con ligereza. Aún conseguían ser reconocidas por un aspecto simple y honesto, pero no retrasaban su estancia mucho por ahí. Sus imágenes, fugaces, eran bastante para quien las veía. Y sabían que esto era suficiente para el ánimo de esos humanos, que continuaban con su trabajo para sobrevivir. Incluso para estas actividades materiales de subsistencia, sabían que les eran necesarias, pues para cazar, o cosechar, o pescar, para cuidar, tratar o curar, tanto la una como la otra eran siempre usadas. Sabían que habitaban desde siempre en el interior del ser humano, por más sincero que fuese, apareciendo, bien una, bien otra de modo alternado. Para la supervivencia en el mundo, ahí estaba en acción Razón con toda su luz solar para ayudar a esclarecer y solucionar situaciones inmediatas. Ante el enigma del otro mundo, ahí estaba Fe con toda su grandeza misteriosa, incomprensible, con su poder de abarcar, cósmica.

Diálogo improbable entre fe y razón
Escultura Alegoría de la fe, de L. S. Carmona (1752-1753). El velo simboliza la imposibilidad de conocer directamente las evidencias. Creative Commons

En los lugares más populosos, en los grandes centros en que la humanidad ardía en actividad, estas dos compañeras aparecían de modo bien diferente. Sus vestimentas eran esplendorosas, brillaban intensamente para poder ser bien vistas y contempladas. Y su tendencia era permanecer más tiempo para que sus efectos fueran más perdurables. En los centros de las ciudades, en los palacios de los poderosos, cortejaban a los humanos más ilustres, pues para ellos no era suficiente tan solo una sombra, una imagen pálida, sino el máximo resplandor que pudiera cada uno de ellos contemplar. Y así se movían a través de los siglos, siempre vigorosas y brillantes, estas dos damas animadoras de la humanidad.

Unos peregrinos se desplazan para un servicio religioso. Dominio público

En cierta ocasión, en su continua peregrinación al encuentro de los humanos, avanzando en una senda accidentada y tortuosa sucedió algo inusitado. Tales caminos eran laberínticos, mas debían ser cruzados. Como ya sabemos, andaban siempre próximas pero separadas y así continuaban sus jornadas, ora una delante, ora la otra. En esta ocasión, en estas sendas enmarañadas y sin saber cómo sucedió, ¡acabaron por encontrarse frente a frente! Quedaron aterrorizadas.

¿Qué haces aquí? —preguntó estupefacta Razón.

Fe, como miraba muy a lo lejos, ni conseguía darse cuenta de lo que estaba sucediendo y preguntó:

Disculpe, ¿pasa algo?

Amiga y hermana, ¿no me reconoces?

¿Amiga y hermana? Oh, ¿pero qué sucedió? Nunca nos encontramos cara a cara, ¿cómo sucedió esto?

Bien, quien suele preguntar soy yo, pero ¡sé bienvenida a mi campo! —dijo Razón. De hecho, yo misma estoy confusa con lo que sucedió y no encuentro explicación…

Ah, entonces, bienvenida a mi terreno, dijo con gracia Fe.

Este encuentro entre las dos caras de la Imaginación, que nunca antes había sucedido, pues una estaba siempre de un lado y la otra del otro haciendo así imposible estar cara a cara, provocó un auténtico asombro cósmico y toda la naturaleza quedó paralizada. El viento no sopló, las plantas detuvieron su crecimiento, los animales quedaron inmóviles…

Aquella senda era muy estrecha e imposible de poder pasar a la vez. Ninguna podía ceder la prioridad del paso a la otra, pues ambas son dos caras equivalentes. Ninguna podía volverse para atrás e invertir la marcha, el camino era siempre hacia adelante y hacia arriba. En este ínfimo tiempo infinito, algo tenía que suceder…

Querida hermana, ahora que el asombro ya se fue de estos parajes, podemos solucionar esta situación.

¿Y buscar una solución razonable? —bromeó Razón.

Bien, algo tendremos que hacer. No podemos dejar al mundo en este impasse y espero que aportes algo en contribución. No me es suficiente poseerme a mí misma, estando imposibilitada de caminar.

Y yo, que soy camino ¡no puedo quedar aquí parada en contemplación! Así, si me fuera permitido pasar, todo volvería a lo normal.

Ah —expresó Fe—, parece que esa convicción de tener el camino abierto para pasar está bien enraizada. ¿Tienes argumentos que exponer en relación con eso?

Y entonces quedó establecido que la única solución sería confrontar los puntos de vista. Ciertamente, una argumentación justa, honesta, correcta conseguiría terminar con tal situación embarazosa.

Entrando en la liza llena de vigor, y tal vez con algún convencimiento, Razón comenzó por esgrimir el primer argumento.

Pues bien, queridísima amiga, respecto a la persecución del mayor intento de esclarecer a los seres humanos, yo estoy en primer lugar. Cuando se quiere caminar, lo primero que hay que hacer es mirar dónde colocar el primer paso. La realidad fuera de nosotros tiene que estar bien definida, diseñada, recortada para que mis pies puedan ser colocados en un lugar concreto y no correr el riesgo, por distracción o por tan solo mirar hacia las estrellas, de caer inadvertidamente en un agujero delante.

Espera un poco —dijo Fe—. Si entendí bien, afirmas que lo más importante es esa visión clara de lo que está delante de nosotros, la percepción de la realidad concreta y física que nos otorga lo inmediato de la realidad, lo próximo de lo circunstancial… Pero según mi entendimiento, eso sucede porque ya se está en el camino, el peregrino está en movimiento. Por eso pregunto: ¿cuándo comienza o es el inicio de este movimiento, de esa marcha a la conquista de lo desconocido, de esa búsqueda para contactar el misterio de todas las cosas? ¿No habrá un momento interno, oculto, invisible que determina todo el movimiento posterior? ¿Esa decisión es asumida con la visión clara y objetiva de todos los pormenores de lo que ocurrirá en la caminata? ¿O será más bien un paso en dirección a lo desconocido, movido por mí misma, Fe? Y no quieras crear una niebla basada en un contenido no siempre amplio puesto en este, mi nombre; bien sabes que los humanos son propensos a la confusión y a quedar limitados con los significados menores de los términos que usan, especialmente los términos relacionados con objetos profundos y metafísicos, pues los términos de objetos físicos son menos propicios a estas nieblas. Para dar un paso, tendrás que creer en aquello que aún no es tuyo, y solo podrá ser tuyo si te decidieras a dar ese primer paso. De este modo, ¡yo voy primero y soy la principal!

Es evidente que no puedo dejar de concordar en este punto. Como Razón, lo importante es aproximarse a la verdad y no encontrar artificiosos raciocinios para contrariar argumentos verdaderos. ¡Pero no creas que te dejo el camino ya abierto! En todo el proceso de la caminata, dices entonces que estás en el comienzo y abres esa puerta del futuro. Ese es un momento íntimo. La decisión de iniciar algo parte de lo más profundo y misterioso de cada ser humano, algo empuja para ejecutar, realizar, mas esa vivencia profunda e impulsora está carente de visión, es tan solo la potencia, el ímpetu y fulgor de una flecha dispuesta a ser disparada con el arco. ¿Pero quién la dirige? Retira la vista del arquero y el poder de esa flecha será inútil. Después del primer paso, soy yo quien guío por sendas seguras a aquellos que se ponen en movimiento. Soy su mirada, visión, comprensión, entendimiento, pues cada pie colocado en la escalera exige seguridad y fijeza. Los peldaños frágiles están llenos de peligros y soy yo quien permite fortalecer estos peldaños. En cada momento de avance, con mi luz, que irradia hacia el exterior, permito que el peregrino avance con confianza y firmeza. Sin mí, ningún paso es dado, pues solo resta una buena intención sin la decisión de colocar un pie firme en el camino. Esta firmeza soy yo quien la otorgo.

Pero entonces —pregunta Fe—, ¿piensas que estoy solo en el punto de partida y que después quedo en reposo?

No llego a tanto… Pero es evidente que soy yo quien acompaño lado a lado al peregrino. En cada pequeño momento ahí estoy, ayudando en la distinción entre lo falso y lo verdadero, permitiendo que la dirección sea la correcta y huyendo de las ilusiones fugaces y atrayentes de la mentira, siempre dispuesta y queriendo ser vestida de verdad.

Creo que me estás dando descanso en exceso —ironizó la Fe—. Afirmas que, contigo, el peregrino puede y consigue estabilizar y construir el peldaño hacia donde acabo de ascender. Mas, pregunto: ¿para qué pretende él realizar esto? ¿Por qué aplica tanto esfuerzo en esa construcción externa y simultáneamente interna? Primero, creo que el impulso inicial no se esfumó, no desapareció y aún continúa impulsando; segundo: ¿la atracción por el peldaño desconocido superior no está también desempeñando su papel de polo magnético? ¿No sabes que esa atracción por lo desconocido tiene mi nombre?

Dialogo fe y razon
Peregrinos jacobinos, grabado alemán de 1568. Dominio público

Por momentos, Razón quedó meditabunda… ¿Mantendrá la fe en sí misma? Y continuó con sus reflexiones.

Así es, de hecho. No me puedo oponer solo por querer contrariar, y no puedo huir de la verdad. Pero si tu naturaleza profunda tiene esa característica, creo que los efectos que produce en la gran mayoría de los seres humanos pueden no ser siempre útiles, o mejor, que puede tener efectos secundarios menos positivos. Tú estás, y muy bien, en el impulso inicial hacia la Gran Peregrinación, das el disparo de salida a lo más íntimo de cada ser humano. Esa primera captación o intuición de que la Verdad existe eres tú, precisamente, quien la otorga. Pero infelizmente, la mayoría ahí queda, tan solo con ese sentimiento de lo verdadero. Es un querer que nace… pero que rápidamente se convierte apenas en creer… El agua fresca que baja de la sempiterna fuente de lo alto de la montaña corre bien al principio, pero pronto, al ser dirigida por los seres humanos hacia canales cada vez más estrechos, se lentifica hasta quedar estancada en rígidos moldes doctrinarios.

Fe no perdió su oportunidad de intervenir:

Sigo tu razonamiento, que me parece claro. Pero aún no entiendo bien la causa de esos efectos perniciosos con los que se entretienen los humanos. ¿Es que me atribuyes a mí el acto de crear dogmas inamovibles?

¡Claro que no, sería un error grosero prohibido a la Razón! Hablaba de los efectos secundarios provocados por ese impacto fulminante que generas. Ese impacto es tan intenso, tan profundo, tan pleno de voluntad para quien lo vive que, fácilmente, dicho sujeto cae en la ilusión de que ya está allí, de que ya llegó al final del camino. Bien sé que si no provocases ese impacto con tal intensidad, tampoco sucedería nada y el futuro humano sería mucho más trágico.

Te entiendo —continuó Fe— y ya he visto bien los efectos generados en los seres humanos… pero no me pueden ser atribuidos los mares de dolores y horrores en las luchas en mi nombre. Mas volvamos a nuestra cuestión: hay una gran confusión y mezcla entre el hecho y el acto. La visión de un hecho no puede ser considerada como acto de esa visión. El ver un hecho no implica su realización en un acto. Me explico: la percepción de lo verdadero, la visión del faro a lo lejos, la luz al fondo del túnel, no implica que ya se esté en la Verdad, en el farol, o que ya se salió del túnel. Una distancia enorme hay que recorrer para que sea una realización. Cualquier creencia es útil para dar la señal de salida, pero si no hay camino recorrido es porque no se salió de ese punto inicial.

Pues bien, ¿cómo recorrer tal camino si no es dándome la mano? —preguntó Razón—. ¿Cómo pasar de la potencia al acto, de lo posible a lo necesario, del hecho al acto? Estás de acuerdo en que es conmigo como avanzan los humanos. Sabes bien que todo el camino es hecho de movimiento y que este solo es posible cuando hay desequilibrio, pues si todo estuviese equilibrado en una balanza colosal, nada se movería. Este balanceo hacia un lado o hacia otro que el movimiento permite, es el que yo hago en mi proceso de esclarecimiento, de hacer evidente. Voy oscilando, relacionando cosas, imágenes, pensamientos, haciendo un movimiento oscilatorio por el cual lo falso se desprende como una hoja seca. Este juego excelso que realizo es un bello ejercicio en el camino de las ilusiones y estas son tantas que me obligan a este constante oscilar entre lo verdadero y lo falso, la realidad y la ilusión, la verdad y la mentira. ¡Soy el gran agente que posibilita extirpar el error!

Los tres mosqueteros, de Alexandre Dumas, una historia arquetípica sobre la amistad. Dominio público

Tanta oscilación que me llegas a parecer bipolar —ironizó Fe. Es cierto que necesitas esa línea geométrica cuya dimensión única permite poner en juego dos puntos en oposición. ¡Tu especialidad es relacionar! Sin la dualidad, ¿qué serías? Vales también por la existencia de lo falso y contra ello pretendes combatir, lo que es meritorio, pero reconoce que estás metida en la multiplicidad y de ella intentas escapar. Por el contrario, yo vivo inmersa en la unidad, nunca se me aproxima el monstruo de la duda, y la plena vivencia de la certeza es el fundamento que no se conmueve.

Pues bien, considero esa unidad como estatismo del inicio del camino que aún no se comenzó y no como meta alcanzada. ¿No consideras perjudicial que la inmensa mayoría humana te venere en una unicidad de comienzo y que de ahí no salga? ¿Qué sería de los humanos si no estuviese yo para que salieran de ese estatismo en que aparentan ser peregrinos pero tan solo vegetan en una inmovilidad perezosa? No te resto los méritos que otorgas al darles la posibilidad de que lleguen a creer, a confiar, a que se abran a posibilidades de algo más que no solo el mundo material y objetivo. Mas tienes que reconocer que ese impulso o motivación inicial, del que hablabas hace poco, puede tener su opuesto en un inmovilismo atroz. ¿Crees que está bien que porque hayan sido convencidos y unidos a una idea de verdad, con ella pasen toda la vida como si fuera algo que hubieran ya realizado? Es el desequilibrio del movimiento el que los va a impulsar al camino de ese descubrimiento.

No te olvides que estoy en el comienzo y en el fin —dijo Fe—. ¡No me coloques tan solo en esa posición! Ese fin, que es también bañado por la unidad, está impregnado con mi savia, pues, ya que todo final es el comienzo de algo, ahí habitará el misterio, pero ahora en otro grado de intensidad más consciente. Yo estoy en las dos puntas, tú estás solo en el medio… Yo soy una en esencia y dual en existencia; tú eres dual en esencia y una en la existencia.

Así continuaba el diálogo entre estas dos famosas dialogantes en ese interregno del tiempo. Y nosotros, metidos en el tiempo ininterrumpido, no conseguimos ya acompañar el diálogo fructífero. Invitamos al lector a que juzgue quién debe pasar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish