
El color del norte y los paisajes bucólicos de los recónditos bosques entre valles y montañas, acompañados siempre por el sonido cristalino de corrientes fluviales, provocan el recuerdo de las historias narradas durante generaciones sobre los pequeños e invisibles seres que habitan en la naturaleza. De entre los trasgus, ayalgas, nuberos, cuélebres y demás personajes de la mitología astur, son especialmente apreciadas las xanas.
El término «xanas» o «xanes» es predominante en el centro y oriente de Asturias, por lo que se ha creído que la leyenda entró por el oriente. En otras zonas, aunque no exista el término como tal, sí existen las leyendas de este personaje tan característico de la mitología astur y que encontramos en todas las mitologías de la Europa atlántica. Son espíritus de la naturaleza con forma de mujer, a veces ninfa de las aguas, otras pequeñas diosa acuática, y habita en los lugares cercanos a las aguas: fuentes, manantiales, estanques, ríos, pozos y lagos. En cuanto al origen del término xana hay opiniones y diversidad de criterios. Un posible origen es el término celta «gan», que se traduce como ‘blancura’, por lo que se interpretaría xana como similar a ‘blanca’. También hay hadas que se llaman jas o jans, y la diosa romana Diana fue mencionada en algunas ocasiones como Jana, por lo que la palabra xana se relaciona también con las mencionadas jans, jana y Diana por la similitud de algunas cualidades entre todos estos seres.
Otra procedencia del término Jana lo hace emparentarse con la voz sánscrita «devas», por la gran cantidad de hidrónimos y topónimos que conservan el nombre de Deva en toda Asturias, o directamente se relaciona con el culto a Deva, divinidad acuática similar a la diosa Divonna gala. Devas es el nombre que reciben en el hinduismo los espíritus elementales de la naturaleza, formas de vida que habitan en los cuatro elementos de la naturaleza.
Los mitos relacionados con divinidades menores de carácter acuático en determinados lugares con un origen prerromano, posteriormente asimiladas por las divinidades romanas, apoyan esta última interpretación. En relación con esta última investigación, se buscan los orígenes en la Ana o Anu céltica, la Diosa Madre; de hecho, en algunas leyendas hay xanas que se llaman Ana o son madres de linajes.
La toponimia regional y el folclore enseñan que la población protohistórica había divinizado los ríos, las fuentes, así como otros elementos o accidentes naturales. En las Islas Británicas, en Francia y en la península ibérica, hay varios ríos que llevan el nombre de Deva, divinizando muchas corrientes fluviales que concebían como femeninas. La existencia de los mencionados hidrónimos que conservan el nombre Deva puede ser el fruto de la divinización de fuentes y ríos o de la creencia de que constituían la morada de alguna divinidad.
No existen testimonios escritos antiguos acerca de la divinización prerromana de las fuentes en Asturias, pero sí en Galicia y Portugal, donde han sido localizadas varias aras dedicadas a la diosa Navia o Nabía; en Asturias, además del río Navia, existen algunos hidrónimos de esta especie, por lo que se supone que todas las fuentes, en general, contarían con sus divinidades o serían divinizadas y que con la romanización fueron asimiladas por la diosa Diana y por las ninfas. Las leyendas que se atribuyen a las xanas se corresponden con las lamias de la mitología vasca y con las Dianae, las ninfas compañeras de Diana. También hay similitud léxica entre la xana y ciertos restos prehistóricos de la isla de Cerdeña que llaman «domus de gianas».
El nombre de ninfa proviene del latín lynpha, ‘agua’, y del griego nymphe en relación con las fuentes y los manantiales. Son elementales de apariencia femenina, muy bellas, que habitan en lagos y aguas tranquilas. Son guardianas de los manantiales escondidos en la foresta. Se les atribuye un aspecto totalmente humano, hasta el extremo de no diferenciarse de las mujeres. En la Antigüedad se les atribuía el ser guardianas de los remolinos y ser tanto maléficas como benéficas, mostrando un carácter caprichoso y delicioso a la vez, que podía tentar a los mismos dioses.
Emblemas de belleza venusíaca, las ninfas están relacionadas con el amor sublimado y celoso, y contrario al amor carnal. Sus venganzas contra los caballeros que les son infieles suelen ser terribles. Son eternamente hermosas y jóvenes, poseen el secreto de la continua juventud, a la que están condenadas, y pueden otorgar la inmortalidad. Es la suya una inmortalidad no espiritual y consciente sino deshumanizada, y la tradición quiere que sus intentos amorosos tengan por fin el humanizarse y adquirir un sentido humano de la vida y de la muerte. Son criaturas enigmáticas, expertas en encantamientos, en metales mágicos y piedras preciosas en las cuales pueden ver el pasado y el futuro.
Las tradiciones y leyendas de las xanas guardan similitudes con las de las ninfas, además de presentar otras particularidades. Describen a la xana como una mujer pequeña, de encantadoras proporciones, bellísima, sus cabellos son de oro, abundantes, largos y muy brillantes. Los peinan con peines de oro y los sujetan con cintas de flores o perlas. Sus ojos son verdes o azules, de mirar fascinador. Llevan túnicas blancas o vestidos plateados, luminosos. Danzan en las noches de luna, y las danzas más largas son las de la noche de San Juan. Son de naturaleza apacible y generosa con los humanos, no son temidas pero sí respetadas.
Pueden proporcionar riqueza, salud y regalar su amor. Las xanas viven en los manantiales, en las fuentes, en las aguas limpias y cristalinas o de verdor profundo, donde tienen o custodian grandes tesoros de oro que pueden llegar a regalar. También tienen calderos de oro que están llenos de polvo de oro,y gallinas con pollos de oro. Hilan madejas de oro que tienden a la luz de la luna para que los primeros rayos del sol los vuelvan de oro. Sobre las aguas a veces se ven los hilos de oro, y tienen husos, ruecas y tijeras de oro. Se suelen dejar ver al amanecer, lavando o tendiendo la colada cerca de los ríos o en las fuentes y se puede escuchar el sonido de sus cantos. La espuma que crean las corrientes o que se forma en el fondo de las fuentes es el jabón que utilizan.
No todas las xanas habitan en fuentes y manantiales, las hay que viven en cuevas de las que se escuchan sonidos acordes; a veces están protegidas por cuélebres (especie de serpientes o dragones con alas). Estas son aún mucho más difíciles de ver. Guardan riquísimos tesoros de oro y hay que esperar a determinados días del solsticio de verano donde los rayos de la luna cerca de la noche de San Juan iluminan directamente sus cuevas. La boca de la cueva se abre más y entonces se puede ver a una xana o varias hilando con hilos de oro y rodeadas de tesoros.
Son muy corrientes las leyendas que hablan de xanas que sustituyen los bebés humanos por los suyos propios para que las mujeres amamanten a los xaninos. Aprovechaban los descuidos de las madres cuando lavaban la ropa en el río; la madre observaba que el pequeño languidecía, la piel se le volvía oscura y además tenía la dentición completa con pocos meses de edad o eran muy peludos. Cuando se daba cuenta del cambio, la madre volvía al río o fuente para que la xana le devolviera a su verdadero hijo, lo cual siempre hacían, a veces con caprichosos enfados.
«Había xanas en muchos pueblos. Cambiaban a sus hijos por los de las aldeanas para que estas les dieran de mamar. Entonces había que dejar que el xanín pasara hambre y que llorara y la xana venía enseguida a buscarlo y decía: “Toma el tu mocosín y dame el mío pelusín”» (Aurelio del Llano, Folklore).
«Una mujer en el Concejo de Grado encontró en una fuente un xanín pequeño temblando de frío. Lo llevó para casa, lo envolvió en un trapo cualquiera y lo puso al lado del hogar para que se calentara. Cuando estaba haciendo unes fariñes para la cena, oyó a la puerta a la xana que venía a buscarlo: “¡Anda xanín que to madre te llama! Y tu muyer, si en vez de envolverlo en ese trapo le hubieras puesto un paño blanco y limpio, te hubieras hecho rica para toda la vida!”» (Aurelio del Llano, Folklore).
Aseguran en Villanueva (Teverga) haber visto en la Peña del Cueto, el día de San Juan, una xana que se peinaba y vigilaba una gallina de oro, así como sus polluelos, también de oro. En Tapia de Casariego las xanas salían a peinar sus cabellos a los lagos de Silva. En Sobrefoz (Ponga) se cree en las xanas, hay allí una «fuente de las Xanas», y a principios del siglo XX aún iban los niños, al amanecer, por si lograban ver las prendas que ellas habían lavado durante la noche y luego puesto a secar a la luz de la luna.
A las xanas se les atribuyen toda una serie de cualidades protectoras o mágicas: protegen los amores y castigan la infidelidad de los amantes. Cuidan el ganado, toros y vacas preferentemente. Pueden llegar a transformarse. Crean encantamientos y también los pueden deshacer. Pueden conocer el futuro o predecirlo de aquellos que tratan con ellas. En los manantiales y fuentes donde habitan, hacen sus coladas, pero también pueden provocar corrientes, aguas revueltas e inundaciones sobre aquellos que las miran con malos ojos.
La noche más propicia para romper los encantamientos —o la única— es la noche de San Juan, es la noche mágica por excelencia donde todo puede ser posible. Es la llegada del solsticio, que se festeja con celebraciones y ritos cuyas raíces se pierden en los tiempos, hogueras, danzas y el «enrame de las fuentes». Se recogen flores y olorosos sanjuanes que se enlazan en ramos y coronas; a media noche se adornan las fuentes y el agua adquiere propiedades curativas y proporciona la felicidad.
En esta noche las xanas salen a bailar, se peinan con sus peines de oro, salen a lavar sus ropas, a tenderlas, a exhibir sus labores y a devanar las madejas de oro. Se puede desencantar a las xanas de varias formas: tocando su cuerpo con una prenda de lino que haya estado en una iglesia, consiguiendo uno de los polluelos que aparecen en las fuentes con su gallina en esa noche, prefiriéndolas a ellas antes que a las alhajas que muestran, echando una prenda al dar las doce de la noche, tirando del hilo de oro que se devana, aunque en este caso lo que suele suceder es que el hombre se canse, tire fuerte y el hilo se rompa, quedando la xana sin desencantar y el hombre sin las riquezas.
Parecen desear ser desencantadas, pero los obstáculos y las condiciones requieren audacia e intenciones desinteresadas y no se sabe de nadie que lo consiguiera. Algunos se acercan a ellas y, tras numerosas dificultades, logran llegar a la fuente y ruegan a la xana que les dé sus tesoros. En otras leyendas es la xana la que intenta seducir al joven ofreciéndole desposorio y las riquezas que le permite ver, pero si se prefieren las riquezas a la xana, el encanto continuará.
En algunas leyendas, la xana seduce al joven en forma de culebra y pide ser besada tres veces en la boca sin tener miedo, ni nombrar a Dios ni a los santos. Si se hace, colmará de riquezas a su esposo y tendrán hijos, por lo que también se la relaciona con la diosa gaélica de la fertilidad Brigit, que se aparecía con una culebra ciñendo su frente o enroscada en sus pechos. A veces, la xana puede castigar de manera cruel, transformando al hombre o atrayéndolo hasta el fondo de las aguas para siempre. También pueden regalar madejas de hilo de lino para las mujeres que van a por agua a sus fuentes, o lavar las prendas a las mujeres que hacen la colada en ellas.
Para expresar que una mujer era hermosa y hacendosa, se la comparaba con una xana, y las jóvenes elegidas como reinas de las fiestas llevan el título de Xana de la celebración que corresponda, tradición que aún se realiza en algunas de las festividades de la región.
Los mitos y leyendas de las xanas también nos hablan de la bondad de la naturaleza, que otorga sus riquezas a aquellos que, con esfuerzo, trabajo, astucia e inteligencia superan las dificultades. Y por el contrario, niega sus frutos o atrae desgracias sobre aquellos que no respetan las leyes de la naturaleza o se acercan con intenciones avariciosas.
El autor Aurelio de Llano Roza (1922) recogió numerosas tradiciones y lugares asociados a las xanas, con datos específicos en todos los Concejos de la región que aún se conservan y se pueden visitar en fantásticas rutas, disfrutando de ambientes naturales y de entornos rurales.
Aún es frecuente encontrar a mayores en las aldeas y pequeños pueblos de Asturias que cuentan muchas historias sobre las xanas y las sitúan en aquella fuente o en aquel otro manantial, o en la cueva de algún monte cercano a la aldea. Los ahora «güelos», los abuelos, eran niños cuando las escucharon por primera vez. y como tal las cuentan a los que nos acercamos a indagar, maravillados por los paisajes que rodean estos pueblos.
Nos cuentan que se las puede ver peinándose entre los árboles cerca del manantial y que su cabello es largo y dorado; por aquel camino o bosque hay que ir con cuidado, no hay que hacer mucho ruido para no molestar a las xanas.
Queremos averiguar con nuestra percepción urbana si alguna vez las han observado o si saben de alguien que lo consiguiera. La respuesta generalmente es que ellos no, pero sus propios abuelos les dijeron verlas o sabían de alguien del lugar que también lo logró. La curiosidad insistente nos hace preguntar: ¿es una leyenda, un cuento para niños narrado al calor del hogar en las noches de invierno, producto de la fantasía de las gentes de las aldeas? Algunos se sonríen y otros hasta se muestran ofendidos por nuestra desconfiada inquietud al conocer la leyenda. Más allá de sus creencias religiosas, afirman que es verdad: las xanas, aunque no las podamos ver, existen, y así como a ellos se lo transmitieron nos lo tratan de relatar.
Las sutiles tonalidades del amanecer dibujan perfiles de mundos invisibles, y desde las húmedas nieblas matinales, quizás las xanas, eternas y jóvenes, observen tras el inaccesible follaje vegetal, nuestros pasos de humanos alejarse por los senderos, recorridos durante cientos de años en otros tiempos.
Bibliografía
Antiguos pobladores de Asturias, José Manuel González.
Folklore de Asturias: leyendas, cuentos y tradiciones, Aurelio de Llano Roza.
La mitología asturiana, Constantino Cabal.
Los castros en Asturias, José Luis Maya González.
Los Espíritus Elementales de la Naturaleza, Jorge Ángel Livraga.
Supersticiones y creencias de Asturias, Luciano Castañón.
















