Noviembre 2018

Enfermedades que matan: la crueldad

Escrito por  Patricia Cochón
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¿Qué sentimiento se despierta cuando vemos surcos húmedos en el semblante ajeno, producidos por la torpeza o la perversidad humana? Se nos dice que el ser humano es todo corazón, y si no es así, ¿aunque tenga figura humana sigue manteniendo esta cualidad?

Cuando nos vemos frente al dolor, nos hacemos preguntas que quieren indagar el porqué de ciertas actitudes, y una de ellas es la crueldad. ¿Qué se esconde detrás de la crueldad? ¿Qué motiva a las personas a encontrar placer en el dolor ajeno?

Para entenderlo, además de exponer la definición de crueldad, es importante explicar otros conceptos que nos van a ayudar a comprender mejor este tema, como la agresividad, la psicopatía, la empatía y la piedad.

Crueldad

Esta palabra viene del latín crudelitas, es decir, crudo, que se recrea en la sangre, porque divierte. Es el placer por lo crudo o descarnado, es todo acto de impiedad o de inhumanidad porque se goza haciendo daño a otros o a uno mismo.

¿La crueldad es humana, es decir, se da solo en humanos? Parece ser que sí. Esto choca bastante, pues se cree que también se da en otras especies no humanas y esto se debe a que confundimos agresividad con crueldad.

Agresividad

La agresividad es toda acción que está en relación con hacer daño a alguien o algo y que es de carácter impulsivo.

Podemos ser agresivos con una planta, con un animal, con una persona o con un objeto. Por ejemplo, estamos tratando de clavar una punta en una pared y en lugar de darle con el martillo nos damos en un dedo, algo muy típico; nos enfadamos y en un momento de impulsividad lanzamos el martillo contra la pared contraria. Hemos actuado de forma agresiva, violenta, pero no por ello hemos sido crueles. Lo que ha sucedido es una descarga emocional producida por el enfado, es el fruto de un momento de frustración. La impulsividad es un instante de descontrol emocional que anula la razón. La crueldad no es un momento de descontrol, es algo que se busca deliberadamente porque da placer.

Una persona agresiva no quiere decir que sea cruel. Puede llegar a serlo, depende de la actitud interior. Un animal puede ser agresivo pero no cruel; el sádico tiene sentido del bien y del mal y elige el mal porque disfruta haciendo daño.

Hay perjuicios físicos, psicológicos y mentales.

Físicos. Son los más conocidos por su evidencia, es la tortura física, hacer sufrir a otros maltratando su cuerpo o el propio cuerpo: golpear, romper, quemar, violar, encadenar, matar, etc.

Psicológicos. Es la tortura psíquica: intimidar, denigrar, coartar, limitar, criticar, menoscabar, ofender, racismo de todo tipo, acosar, etc.

Mentales. Entra dentro de la tortura mental difamar, calumniar, engañar, mentir, manipular, etc.

ENFERMEDADES QUE MATAN la crueldad 1

El objetivo principal de la crueldad es el placer. Para alcanzarlo, se requiere de una composición creativa donde se disfruta con la propia producción, es fantasear con la ruina de otros, buscada y elegida conscientemente. El cruel se divierte creando y recreando en su mente la tortura física, psíquica o mental, o todas a la vez, y goza llevándola a cabo. Por esta razón es por la que puede ser cruel una persona y no otra especie; el animal no crea ni recrea, actúa de forma instintiva e impulsiva.

La psiquiatría nos dice que las personas no nacemos crueles, a no ser que tengamos una tara en el cerebro desde nacimiento o por accidente. Descartando los defectos físicos, la crueldad es algo que se aprende porque se busca. También es verdad que se puede nacer con tendencia a la crueldad, como se puede nacer con tendencia a ser alcohólico, pero el que nace aún no lo es, una buena educación le llevaría a no caer.

Por la naturaleza humana se nace con tendencia altruista, a empatizar con los demás, a buscar el bien propio y ajeno, a sentir el dolor del otro, a compadecernos, a querer ser justos, buenos.

La mayor parte de las personas crueles lo son culturalmente, es decir, que nuestra cultura es propensa a formar sádicos porque, habiendo o no una afinidad, como se inculca la deshumanización podemos contraer esta enfermedad y morir como humanos. Si nuestra personalidad ya tiene la tendencia, es una opción fácil, pero aun así esa alternativa se elige, es responsable uno mismo, porque aunque la cultura inclina, no todos eligen esa opción, algo hay en la conciencia que nos persuade de escoger lo peor y ese algo se ha trabajado; uno se construye a sí mismo.

La deshumanización a la que contribuye esta cultura llamada tecnológica se debe a una escala de valores falsa. ¿Qué ideal de vida se inculca?

Lo más importante, el valor número uno que se nos enseña es lo material: todo es materia, más allá de ella no existe nada. Una vez que se toma esto como real, viene una consecuencia lógica, una escala de valores que son materiales: la economía, los bienes y el cuerpo. Lo principal es el dinero o bienes que cada uno tiene o puede conseguir. Después viene la familia, la estética, el trabajo, la salud… Por dinero se pierden amistades, se rompen familias, se pone en riesgo la salud, se vende lo que se creía más querido o lo más sagrado.

Mientras todo va bien es fácil aparentar humanidad, porque es natural querer ser humano. En las épocas de bonanza todo guarda una apariencia, pero a un marinero se lo prueba en la tempestad, ahí podemos decir que es marino, como el valor del soldado se demuestra en la guerra y no en la paz. Tendríamos que imaginarnos en situaciones difíciles para ver si actuaríamos por necesidad o por crueldad. Ojalá nunca pasemos por eso, por la de elegir mi provecho, mi bien, mi beneficio antes que el del prójimo, y además disfrutar con ello.

El mundo tiene mucho odio y rencor acumulado y esto lleva a tanto dolor y sufrimiento que hace huir a las personas hacia el otro extremo, a buscar el placer. Pero como estamos ante una escala de valores basada en lo material, lo que me va aportar dicha incluye dolencia ajena, porque el placer contiene la semilla del egoísmo, que germina desde el momento en que nos movemos para satisfacerlo.

Psicópata

Psico significa ‘alma’ y patos ‘dolencia’; se traduce por ‘muerte del alma’. Al psicópata se lo define como una persona fría, sin emociones, calculadora, sin alma. Un psicópata no tiene por qué ser cruel, puede llegar a serlo, pero no todo los psicópatas lo son. Por ejemplo, el que busca un beneficio propio, cuando eso es lo único importante; por eso anula sus emociones y emplea nada más que la mente para lograrlo. Es un psicópata, pero no tiene por qué ser cruel. El sádico sería aquel que busca placer con el dolor ajeno y se ensaña porque goza. Hay psicópatas que no son asesinos o torturadores.

Nuestra cultura ha creado al psicópata corporativo; está nombrado así por la psiquiatría. Están a la cabeza de pequeñas, medianas y grandes empresas, así como de partidos políticos, cuyo único fin son ellos mismos, su poder. Les dan igual las personas, su interés es su ambición. Podemos encontrarnos un psicópata corporativo muy educado a la cabeza de un gran banco que no tiene en cuenta a las personas sino los números; su motor es que él logre sus objetivos, sin más. No está pensando y buscando la manera de arruinar a sus clientes porque disfrute con ello, su interés es su provecho sin importar que otros se beneficien o no.

El psicópata lo es por matar su alma. Mata toda emoción en pro de su interés personal. El psicópata cruel sería aquel que disfruta sabiendo que por su culpa se sufre, porque goza teniendo poder y control sobre los demás. El sádico ha tenido que matar en su interior una parte muy importante de su esencia para anular su percepción del bien y de la justicia. Una persona así no tiene empatía ni piedad.

Empatía

La empatía es un sentimiento de identificación con el otro, es la persona que se apasiona internamente, por lo que es contraria al psicópata, que no siente nada. La empatía requiere ponerse en el lugar del otro, en sus zapatos, es sentir lo mismo que siente y así comprender por lo que está pasando, lo que nos lleva a identificarnos y apiadarnos.

La empatía es algo natural en las personas. Hoy parece que requiere de esfuerzo porque no es lo que abunda. En la empatía, lo primero es el otro y después uno. ¿Vivimos en un mundo donde se favorezca esto? No. Vivimos en un mundo donde se fomenta y se enseña que lo primero es uno mismo y después los demás: «Hijo mío, no seas tonto, no seas bueno, golpea antes de que te golpeen». ¿Dónde queda la piedad?

Piedad

Se entiende por amor al prójimo, aquello que predican todas las religiones: no hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti mismo. ¿No queremos sufrir? No hagamos sufrir a los demás. Eso es piedad.

¿Qué nos propone la filosofía?

Propone buscar la felicidad en lugar del placer. Tenemos el deber de ser piadosos, de empatizar con los demás. Es nuestro sino como seres sociales, porque eso es lo que nos hace realmente felices.

Placer y felicidad son logros diferentes. La felicidad es una conquista humana, requiere de esfuerzo, de disciplina, de voluntad; es la felicidad de la victoria que da honor. ¿Por qué subimos a las cumbres de los grandes montes? ¿Por qué luchamos con nuestra pereza física, psíquica y mental para lograr una medalla deportiva? ¿Por qué se han dedicado vidas a favorecer a otros para sacarlos de la pobreza? ¿Por qué hay idealistas que luchan por un mundo mejor para todos? Esta superación personal nos reporta gloria, realización humana, felicidad. El placer es animal, es la satisfacción del deseo por el deseo en sí; una vez complacido, se experimenta un vacío más grande que nos impulsa a buscar más placer para llenarlo.

La felicidad tiene como laurel la plenitud, la riqueza humana. La felicidad lo es sin menoscabar o menospreciar a los demás, los incluye, y eso la hace auténtica.

Todo acto que incluya a la humanidad, que la potencie y nos potencie como individuos nos hace felices. Todo suceso que denigre o haga de menos a otros, aunque nos haga disfrutar, habla de una pobreza interior, de una escasez empática y de una excesiva importancia personal que está basada en una estrechez mental, en un alma deshumanizada, enferma y moribunda.

El ser verdaderamente humano no se logra por evolución sino por decisión; ahí está la diferencia entre ser animales racionales y ser individuos conscientes. Es una conquista, un trabajo lúcido, un logro por esfuerzo voluntario que aporta felicidad. El placer conlleva naturalmente el dolor, la felicidad es otro estado sin polo, está por encima de los opuestos porque es una conquista vertical.

Una escala de valores auténtica

La felicidad, para que sea un logro real, debe responder a una escala de valores auténtica: poner en primer lugar lo que es superior, que son los valores que nos agrandan o nos potencian como seres humanos. Esos valores son los que nos dan salud y vida. La crueldad mata la conciencia porque la hunde en un egoísmo vigoroso, extremado. La crueldad es síntoma de que hemos degenerado como seres humanos.

El psiquiatra Víctor Frankl cuenta que cuando quiso aprender a pilotar, descubrió algo esencial para la vida y que ya había visto antes, pero no del todo comprendido. Aprendió que si uno va en avión y quiere llegar a un lugar, tiene que tener una serie de cosas en cuenta, como el viento y las turbulencias. Por ignorancia, lo que uno piensa es en viajar en línea recta hacia su destino.

En la vida hacemos lo mismo. Uno quiere llegar a ser mejor persona y se proyecta en una línea recta hacia el futuro. Por ignorancia no tiene en cuenta las dificultades de la vida. Al pilotar, se enseña que para llegar al destino hay que dirigirse hacia un punto más elevado; solo así se llega realmente a la meta, porque si no se tienen en cuenta las dificultades, acabamos en un punto más bajo de las coordenadas establecidas. Como personas, si queremos llegar a ser mejores, completos, felices, debemos dirigirnos hacia los ideales: fraternidad, altruismo, alegría, generosidad, eclecticismo, justicia, bien, belleza, verdad, valor, etc. Solo así llegaremos a ser.

Un ideal de vida requiere de valores. La conciencia debe elegir de forma voluntaria una ética, unas costumbres de vida que desarrollen su potencial humano. Lógicamente esto requiere de cultivo. La evolución o llegar a destino no es algo que se improvisa, es algo que se trabaja. El aprender nos permite ver, el conocimiento pone luz en nuestro camino evolutivo, nos da un mapa con la ruta más corta y directa trazada, nosotros somos los que debemos caminar.

Si no elegimos forjarnos en la ética, por gravedad, por deterioro, nos anclamos en una mente egoísta, que lo es por tener deseos, que no tienen por qué ser malos, pueden ser buenos, pero son egoístas porque buscan un beneficio personal. Una conciencia cultivada en los valores despierta a la realidad de uno mismo y de la humanidad, de la vida y del destino.

A continuación, dejo un cuento sufí que nos muestra una conciencia despierta y cultivada. Es el cuento del mejor discípulo y la paloma.

Había una vez un Maestro que tenía muchos discípulos, pero que siempre alababa a uno por sus grandes cualidades humanas: por su generosidad, su piedad, su valor y su amor.

En tanta estima lo tenía que los demás discípulos se quejaban de que mostrara tan abiertamente su preferencia. Hasta que un día exigieron al Maestro que les diera la oportunidad de demostrale que se equivocaba. El Maestro aceptó. Reunió a todos sus discípulos y les dijo que el mejor sería aquel que obedeciera sus órdenes.

Les entregó a cada uno una paloma y les dijo que fueran a lugares donde nadie les pudiera ver, donde estuviesen solos, y cuando realmente estuviesen solos mataran a la paloma y volvieran a su lado con el ave muerta.

Todos se fueron corriendo en busca de un lugar solitario. Al cabo de un rato, poco a poco, fueron volviendo los discípulos, orgullosos de haber obedecido, de haber cumplido su misión. Todos volvieron menos uno.

Pasaron las horas y llegó la noche. Todos sonreían satisfechos de haber cumplido el mandato de su Maestro antes que el favorito, que aún no aparecía.

El día amaneció y todo compungido y desolado llegó aquel con la paloma aún viva entre sus manos. Con sollozos pedía perdón a su Maestro por no obedecer, pues allí donde él se escondiera siempre estaba presente su conciencia, que le miraba y le impedía cometer tal crimen.

Una conciencia así requiere de valores éticos, de costumbres que permitan vivir un ideal de realización humana. Solo así nos sentiremos sanos, vivos y felices.

 

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