Domingo, 01 Julio 2018 00:00

Reír para estar sanos

Es muy conocido el caso de un norteamericano llamado Norman Cousins, que se curó de una grave enfermedad (espondolitis anquilosante) con vitamina C, comida natural y vídeos de los hermanos Marx. Con diez minutos de risas, podía conciliar el sueño sin dolor durante dos horas.

La risoterapia es también llamada geloterapia o gelotología, pues gelos , en griego, significa «risa». Según los expertos, pudo ser Rabelais el primer médico que, en el siglo XVI, y de forma seria, aplicó la risa como terapia.

La risa provoca efectos muy concretos en lo físico. Cuando la risa es franca y abierta, origina la contracción de casi todos los músculos de la cara; produce contracciones beneficiosas del diafragma y fortalece el ritmo cardíaco; disminuye la tensión de los músculos; la ventilación respiratoria llega al máximo; el hígado y los órganos digestivos se agitan produciendo jugos gástricos, favoreciendo la digestión y eliminando el estreñimiento; baja la presión arterial, aumentando el riego sanguíneo. En casos de insomnio, la risa produce una fatiga sana que el sueño repara con naturalidad. Según los expertos, veinte segundos de ruidosas carcajadas suponen el mismo ejercicio aeróbico que tres minutos remando.

La risa contribuye al aumento de la producción de catecolaminas y endorfinas, que son neurotransmisores, y libera las endorfinas cerebrales. Las endorfinas son neurohormonas que contienen una sustancia semejante a la morfina, con poderes analgésicos, que atenúan la sensación de dolor. Tienen la misión de reforzar nuestro sistema inmunológico enviando mensajes a nuestro cerebro, a los linfocitos y a otras células encargadas de luchar contra los virus y bacterias que invaden nuestro cuerpo.

Las endorfinas, especialmente las encefalinas, tienen la capacidad de aliviar el dolor. Por ejemplo, si al cabo de unos segundos desaparece el dolor producido por un golpe, es porque el cuerpo reaccionó produciendo las endorfinas necesarias para atenuarlo.

La risa genera también adrenalina, dopamina (que mejora el estado de ánimo) y serotonina (que posee efectos calmantes). Hace descender el nivel de cortisol en la sangre e incrementa el número de linfocitos T activos, o sea, linfocitos despiertos y preparados para combatir cualquier sustancia extraña o dañina que entre en nuestro organismo. Es decir, permite una actuación más eficiente de nuestro sistema inmunológico.

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El doctor William Fry define la risa como una experiencia orgánica total, en la que participan los sistemas muscular, respiratorio, digestivo, nervioso, cardíaco y cerebral. Además, la risa es, incluso, una medicina preventiva contra enfermedades graves.

Los expertos también señalan que determinados sonidos de la risa desbloquean determinadas partes del cuerpo. Por ejemplo, reír con la «a» ( ja ja ja ) limpia las tensiones del plexo solar; con la «e» ( je je je ) actúa sobre el vientre; el ji ji ji actúa sobre la mente; el jo jo jo sobre el cuello y el ju ju ju sobre las extremidades. Parece ser también que el sonido «a» en la risa es más frecuente en los hombres, el «e» en las mujeres, y el «i» en los niños.

En lo que se refiere a la parte psíquica, Cousins creía que la risa actúa, en cierto modo, como un chaleco antibalas contra las emociones negativas que podrían dañar nuestra psique. Se reduce la angustia y la depresión, se mejora el estado de ánimo, favorece la formación de emociones positivas y genera optimismo.

Ya Kant decía que tanto la risa como el llanto son emociones con las cuales la Naturaleza mejora nuestra salud. Más aún, veía la risa como una especie de higiene mental. En la Biblia tenemos una cita que dice: «Un corazón alegre es como una buena medicina, pero un espíritu deprimido seca los huesos».

La risa es un estímulo psíquico y, por su acción sobre el sistema neurovegetativo, combate el estrés. La risa y el buen humor repelen los virus, mientras que el mal humor los atrae y provoca dolencias de todo tipo. La risa prolonga la vida y la llena de felicidad, pues el buen humor estimula el deseo de vivir.

La risa es gratuita y además no tiene efectos secundarios ni contraindicaciones. El humor y la risa reducen la ansiedad y nos hacen más creativos. En una universidad norteamericana se llevó a cabo un experimento interesante: hora y media antes de realizar un examen, la clase fue dividida en dos grupos. A los componentes del primer grupo se les pidió que dedicaran ese tiempo a repasar la materia de la cual iban a examinarse, mientras que, en un local diferente, a los estudiantes del segundo grupo les proyectaron películas cortas de contenido cómico, las cuales estimularon sus risas durante la mayor parte del tiempo. Pues bien, los resultados obtenidos en el examen por los estudiantes del segundo grupo fueron bastante mejores que los del primero. ¿Por qué?, porque sus niveles de ansiedad y de tensión eran mucho menores, mientras que su imaginación y su creatividad habían sido estimuladas.

El humor estrecha la unión entre los individuos, nos hace más comunicativos. Víctor Borge dijo: «La risa es la distancia más corta entre dos personas». El humor, en realidad, podría considerarse un verdadero lenguaje universal. Incrementa la autoestima y disminuye el miedo y la timidez.

Hoy día existen algunos centros que utilizan la risa como terapia (Hospital Niño Jesús en Madrid, y Son Dureta en Mallorca, por ejemplo), pero quizás uno de los más conocidos sea el de Patch Adams, en Estados Unidos. A raíz de los hallazgos de Norman Cousins, muchas clínicas y hospitales norteamericanos han incorporado a sus instalaciones el llamado «salón de la risa», adonde deben acudir diariamente los enfermos como parte fundamental de su rehabilitación.

Algunas empresas japonesas emiten, a través de la megafonía, quince minutos de chistes y relatos cómicos cada tres horas, con el fin de estimular el ánimo y el entusiasmo de sus empleados. Es algo parecido al hilo musical en el trabajo; la música también es beneficiosa.

Aunque no siempre el buen humor lleva a la risa, es habitualmente su principal causante. Se puede apreciar un buen chiste sin reírse, y se puede reír por causas distintas de haber captado un chiste. Por ejemplo, de los británicos se dice que saben permanecer muy serios mientras se divierten de veras. A veces, en una apariencia de seriedad hay un verdadero sentido del humor, y en alguien que se ríe mucho puede que no haya sentido del humor realmente. También hay risas que no las produce el buen humor, como las risas patológicas o risas provocativas, amenazantes, etc.

Si algo está demostrado es que reír no es contraproducente para nadie y es compatible con cualquier cosa importante que tengamos entre manos.

Publicado en Sociología
Lunes, 01 Enero 2018 00:00

Lo cómico: un asunto muy serio

Lo cómico no es necesariamente intrascendente. La importancia de reír y hacer reír a los demás tiene mucho que ver con el valor que damos a las situaciones que acontecen en nuestra propia vida y las que mostramos a los demás. Todo parece indicar que la risa y el humor son aspectos importantes que merecen ser cultivados.

Henri Bergson, filósofo francés, es el autor de un interesante ensayo sobre la risa. Dice Bergson que todo personaje cómico es un tipo o prototipo. Groucho Marx, por ejemplo, plasmó muy bien esta idea. Groucho era consciente de lo difícil que resulta ser gracioso, y consideraba que ser cómico es un asunto muy serio; llegó a decir que es más fácil hacer llorar que hacer reír. Opinaba que hacer comedias es duro, y que por eso no existen demasiados comediantes ni se hacen muchas películas cómicas . Sabía que toda comedia se nutre de personajes verosímiles, y por eso decía que no es suficiente contar chistes, porque sin personajes no hay comedia.

De hecho, el elemento más importante de una comedia es el personaje, y es de los personajes de donde nacen las mejores comedias. El propio Groucho afirmó ser él mismo un personaje de cejas pobladas, ojos saltones, anteojos, un estrafalario bigote pintado y un enorme cigarro puro colgando de sus labios. Popularizó la imagen de un caradura simpático, que cantaba, hacía juegos de palabras y decía cosas incomprensibles mientras iba de un lado a otro con el esqueleto doblado. Jamás dejó de sorprenderle el hecho de que, sin una lógica aparente, el público respondiera con una rotunda carcajada a sus comentarios más comunes. Y es que lo cómico era, en realidad, el personaje que él representaba.

También sus hermanos eran personajes. Harpo, con su peluca de pelo rojo y rizado, sombrero de copa y gabardina de enormes bolsillos –de la que salían toda suerte de objetos–, era el payaso que gustaba a los niños. Nunca llegó a hablar en ninguna película, pero encantó a todos con su mímica y sus solos de arpa.

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Harpo demuestra también la teoría de Bergson, según la cual lo cómico está en relación con lo mecánico o automático del comportamiento humano. La parodia preferida de Harpo en sus primeros tiempos, por ejemplo, era la imitación de un fabricante de puros. Este hombre trabajaba en el escaparate de un estanco, y allí enrollaba las hojas de tabaco haciendo de manera mecánica e inconsciente muecas exageradas: se le hinchaban los carrillos, se mordía la lengua, se le saltaban los ojos...

La risa en la historia

Umberto Eco, en su conocida novela El nombre de la rosa , pone de manifiesto la restricción que se hizo de la risa entre la cristiandad en algunos momentos de la historia, cuando el monje Jorge dice que Cristo no reía nunca, y que la risa es propia de personas superficiales y vacías y conduce a la perversidad moral.

Clemente de Alejandría solo admitía una risa moderada, y san Juan Crisóstomo reprobaba la hilaridad. Las reglas monásticas medievales prohíben prácticamente la risa, pues va contra las reglas de silencio y humildad que deben imperar en el monasterio. Se entiende hasta cierto punto esta actitud si pensamos que la imagen central del cristianismo es la de Jesús crucificado, una imagen que no suscita ninguna clase de risa.

Algo muy diferente sucede en otras religiones, como el budismo, donde vemos la imagen serena del Buda, que parece traslucir una suave sonrisa. Es sabido, por ejemplo, que los monjes budistas son personas muy risueñas, como el mismo Dalai Lama. Pero también dentro de la Iglesia cristiana tenemos ejemplos. El papa Juan XXIII pedía en sus oraciones tener buen humor. San Francisco de Sales, Tomás Moro o Teresa de Ávila fueron personas con un gran sentido del humor.

La misma Biblia relata cómo Abraham y Sara se ríen cuando Dios les anuncia que van a tener un hijo. Sara dice: «Dios me ha hecho reír y todos los que se enteren se reirán también». Y tienen un hijo que se llamará Isaac, que significa «risa» en hebreo (algunos lo traducen como «risa de Dios»).

La risa como manifestación social

Los antropólogos han comprobado que no existe ninguna cultura en la que el sentido del humor haya estado ausente, pero dependiendo de la sociedad y del período histórico, las actitudes hacia la risa y las formas en que se manifiesta van cambiando. La risa es una práctica social, con sus propios códigos, sus rituales y su teatralidad. Por tanto, podemos decir que la risa tiene su propia historia. El humor puede considerarse algo individual, pero el humorismo se refleja en el plano social como una expresión externa mediante la palabra escrita o hablada, el dibujo, la caricatura, etc. Hay distintos tipo de humorismo según las costumbres de cada zona geográfica. Por eso se habla de la socarronería gallega, de la tendencia a exagerar de los andaluces o del humor inglés.

El carácter social de la risa y del humor se refleja muy bien en el chiste, que es una pequeña manifestación artística de carácter verbal que pretende suscitar la risa. Forma parte de la cultura del humor en una sociedad determinada, y hasta cierto punto, indica lo que a esa sociedad le parece divertido. El objeto de los chistes y las bromas suele estar en relación con los asuntos que cada sociedad considera más importantes y con sus contradicciones.

Dicen los estudiosos que el chiste refuerza la armonía y la cohesión del grupo en el que se comparte, por todo lo que en él va sobrentendido. En general, el mero hecho de compartir las carcajadas puede ser más importante que el contenido específico del chiste. Con el humor se crea el ambiente propicio para tratar todo tipo de ideas; ya el escritor renacentista Castiglione ponía de manifiesto, en su obra El cortesano, que el arte de contar chistes era también un elemento integrante del arte de conversar.

Una de las funciones sociales de la risa es que tiende a consolidar los convencionalismos sociales, yendo contra todo aquello que se sale de ellos, y puede actuar como correctivo para modificar las irregularidades de aquellos que no los acatan. Lo extravagante, lo estrafalario, lo es en la medida en que se sale de lo convencional. Si entre un grupo de punkis uno de ellos se presentara un día con chaqueta y corbata, seguro que causaría risas.

Bergson atribuía una función socialmente terapéutica a la comedia. Creía que, en última instancia, lo que nos hace reír son las situaciones en que alguien se ha vuelto inflexible hasta el punto de perder su elasticidad social, cuando una rigidez maquinal sustituye a la respuesta vital ante la vida. La risa, institucionalizada en el trabajo de los autores cómicos, tiene la función social de dirigir nuestra atención a la conducta rígida que se puede dar en nosotros y en los demás, y corregir esa conducta antes de que pueda resultar perjudicial.

Por encima del humor sujeto a los convencionalismos sociales, que son cambiantes y sujetos a modas, tendríamos que descubrir, cuál es realmente el verdadero humor, el que podríamos decir «atemporal», el que podría percibir un ser humano en cualquier tiempo y lugar porque basta ver qué fácilmente se propaga la risa en un aula de niños para compromar que el humor es contagioso, es decir, se transmite de una manera involuntaria de unos a otros.

Así que, ya que tenemos que transitar por la vida, hagámoslo con humor del bueno.

Publicado en Psicología
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