Los estoicos, ¿están de moda? Desde 2012, la International Stoic Week imparte seminarios y conferencias que ponen de relieve lo útiles que son en nuestros días las enseñanzas de los filósofos estoicos. Las universidades incorporan a sus actividades charlas sobre el pensamiento estoico; a los emprendedores se les recomienda hacer caso de las máximas estoicas, para sobrellevar con entereza el miedo y las dificultades de lanzarse a crear una empresa; asimismo, juristas, empresarios, periodistas, economistas, ingenieros, médicos, lingüistas y pilotos han encontrado en las palabras de Epicteto, Séneca o Marco Aurelio una forma práctica y tremendamente accesible de enfrentarse con calma a las dificultades de la vida actual.

Pareciera que sí, que los estoicos están de moda, pero la realidad es que nunca han dejado de estarlo. Así es como llegamos a este libro:Los estoicos. Con esta 4.ª edición que ahora presentamos, Los estoicos cuenta ya con más de veinte años de publicación, pero, para esta edición, la editorial NA ha incluido algunas novedades que no estaban en las ediciones anteriores y que, sin duda, ayudarán al lector a conocer mejor, no solo a los principales protagonistas de esta corriente filosófica, sino también sus influencias, desde Zenón de Citio hasta Marco Aurelio.

El lector encontrará, en la presente edición, las Máximas de Epicteto, recopiladas por Flavio Arrio en 135 d. C. (ya que él no dejó obra escrita), De la brevedad de la vida, de Séneca, y Pensamientos, de Marco Aurelio. Previo a cada autor se ha incluido una breve biografía, muy útil para poner en contexto a cualquier lector, desde el más avezado al neófito. Se han incluido también tres esquemas sobre las etapas del estoicismo, con su corriente de transmisión, las influencias y las líneas heréticas y cismáticas.

Para completar esta 4.ª edición se ha incluido también un artículo sobre el estoicismo. El artículo fue publicado hace treinta y siete años, pero cada una de sus palabras demuestra hasta qué punto esta extraordinaria filosofía y su moral siguen tan vigentes en 2019 como en 1982. Entonces, como ahora, los estoicos siguen siendo «los filósofos más prácticos y comprensibles de la historia».

Como decía Epicteto: «Al sol no hay que suplicarle para que dé a cada uno su parte de luz y de calor. Del mismo modo, haz todo el bien que de ti dependa sin esperar a que te lo pidan».

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Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

Citas célebres

El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele.

Marco Aurelio

 

Considera las contrariedades como un ejercicio.

Séneca

 

Si hablan mal de ti con fundamento, corrígete; de lo contrario, échate a reír.

Epicteto de Frigia

 

Cuando el dolor es insoportable, nos destruye; cuando no nos destruye, es que es soportable.

Marco Aurelio

 

La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.

Séneca

 

Si no tienes ganas de ser frustrado jamás en tus deseos, no desees sino aquello que depende de ti.

Epicteto de Frigia

 

Si la fama solo llega después de la muerte, no tengo prisa en conseguirla.

Marco Aurelio

 

El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo.

Séneca

 

¿Qué ganarías con injuriar a una piedra que es incapaz de oírte? Pues bien, imita a la piedra y no oigas las injurias que te dirijan tus enemigos.

Epicteto de Frigia

 

No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad.

Marco Aurelio

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Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

Reviven los estoicos en el siglo XXI

En un pórtico pintado con colores brillantes o porche con soportales –la stoa–, el filósofo Zenón solía pasear cotidianamente arriba y abajo, dando sus enseñanzas «estoicas» a quien quisiese venir a escucharle, en la Atenas de alrededor del año 300 a. C.

Alentaba a su audiencia a no seguir las formas del mundo, que califica a algunas cosas como «buenas» y a otras como «malas», sino a mirar dentro de cada uno, siguiendo tan solo lo que es eternamente bueno –la virtud y la sabiduría– y rechazando aquello que es eternamente malo –la ignorancia y la injusticia–.

Así empezó el fenómeno del estoicismo, una filosofía que se extendió luego de Grecia a Roma, donde llegó a ser la quintaesencia ideológica de aquellas gentes tan resistentes y firmes. Más tarde inspiró a Boecio, al principio de la Edad Oscura, a escribir su Consolación por la filosofía desde la celda de una prisión, mientras aguardaba su ejecución por orden del rey ostrogodo Teodorico el Grande.

Su influencia continuó en los siguientes siglos hasta llegar a hoy en día. En la actualidad está experimentando un resurgimiento, tras revelarse que ha supuesto un factor principal en el desarrollo de la terapia cognitiva conductual (TCC).

Es interesante ver cómo una filosofía que se desarrolló hace cerca de 2000 años en la antigua Grecia aún sea altamente valorada por su eficacia práctica en la actualidad, en un mundo totalmente diferente. Miles de personas todavía reaccionan ante las categóricas pero beneficiosas enseñanzas de escritores tales como Musonio Rufo, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.

En este artículo, me gustaría tomar algunos ejemplos de las enseñanzas de Marco Aurelio, un emperador romano, y de Epicteto, un esclavo. Hombres de extracciones sociales desiguales que, sin embargo, compartieron la misma filosofía de vida.

Los pensamientos de Marco Aurelio se encuentran en las Meditaciones, el único libro que él escribió. Desprenden un maravilloso sentido de amor fraternal por la humanidad y el sentimiento de ser parte integral de la naturaleza y del universo, que es considerado como un todo inteligente y coherente. El segundo capítulo de su libro comienza con el siguiente consejo:

«Empieza cada día diciéndote: “Hoy me encontraré con interferencias, ingratitud, insolencia, deslealtad, mala voluntad y egoísmo, todo ello debido a la ignorancia de los ofensores, que no distinguen el bien del mal. Pero yo, que he percibido desde hace tiempo la naturaleza del bien y su nobleza, y la naturaleza del mal y su fealdad, y reconozco también la naturaleza del que comete la falta, que es hermano mío, no en un sentido físico, sino como criatura similarmente dotada de razón y participación en un mismo espíritu que procede de Dios, no puedo sentirme ofendido por estas cosas, ya que nadie puede implicarme en algo degradante. Tampoco puedo enfadarme con mi hermano o llegar a odiarle, puesto que él y yo hemos nacido para trabajar de común acuerdo, como las manos, los pies, los párpados, o como las hileras superior e inferior de los dientes. Obstruirnos uno a otro sería ir en contra de las leyes de la naturaleza, y ¿qué es la irritación o la aversión sino una forma de obstrucción?» (Penguin Classics, 1974).

Un Renacimiento Estoico 3

El estoicismo práctico

Esta es una técnica que bien vale la pena probar cuando tengas un problema interpersonal. Empieza poniendo una nota de realismo: «esta es la situación, así es como es». Entonces procede hacia la comprensión de que el ofensor no es deliberadamente malo, sino que sencillamente está equivocado. Pero nos dice Marco Aurelio que todo ser humano tiene una chispa de razón y comparte lo divino, y a la luz de esto es posible trabajar con otros, aceptando las diferencias como algo positivo en lugar de negativo, y aprendiendo el arte de la cooperación, tal y como la naturaleza sabiamente nos enseña.

En este sentido, uno de los principales conceptos del estoicismo era la concordia, que significa la unión de todos los corazones bajo un sentimiento de cordialidad natural; ese era uno de los grandes ideales estoicos.

En otro pasaje, Marco Aurelio escribe: «Todo aquello que está en armonía contigo, oh universo, está en armonía conmigo». Esta concepción está en la base de la doctrina estoica de la aceptación. No es una connivencia estólida con los dictados del destino, sino una convicción, fundada en la observación estoica de la naturaleza, de que la naturaleza o el universo es un todo sabia y benevolentemente coordinado. En tal complejo organismo, la finalidad de cada uno de los seres humanos en todo momento no puede ser el placer absoluto. Es el bienestar del Todo lo que se busca, bajo el principio de que «lo que es bueno para la colmena es bueno para la abeja» (otra cita de Marco Aurelio). Esto lleva a una actitud de aceptación voluntaria de aquellos aspectos de nuestras vidas que están más allá de nuestro control, lo cual nos lleva directamente a Epicteto. Él abre su Manual de vida con la siguiente inequívoca afirmación:

«La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas dependen de nosotros y otras no. No es sino después de haber enfrentado esta regla fundamental y aprendido a distinguir entre lo que podemos y lo que no podemos controlar, cuando la tranquilidad interna y la efectividad externa se hacen posibles. Bajo nuestro control están nuestras opiniones, aspiraciones, deseos y aversiones. Estas áreas están totalmente bajo nuestro cometido, porque están directamente sujetas a nuestra influencia. Siempre tenemos una elección sobre los contenidos y el carácter de nuestra vida interior. Fuera de nuestro control, sin embargo, están cosas tales como la clase de cuerpo que tenemos, el que hayamos nacido ricos o nos volvamos ricos, cómo somos considerados por otros y nuestro estatus en la sociedad. Debemos recordar que estas cosas son externas y, por lo tanto, no son de nuestra preocupación. Tratar de controlar o cambiar lo que no podemos solo se traduce en tormento. Recuerda: las cosas dentro de nuestro poder están naturalmente a nuestra disposición, libres de restricción u obstáculos; pero aquellas que están fuera de nuestro poder son débiles, dependientes o determinadas por caprichos o acciones de otros. Recuerda también que si crees que tienes cauce libre sobre las cosas que están naturalmente fuera de tu control o si intentas adoptar los asuntos de otro como si fueran los propios, tus propósitos se verán impedidos y te frustrarás, convirtiéndote en una persona ansiosa y crítica» (HarperCollins Publishers, 1994).

De nuevo, esto no significa renunciar a la responsabilidad sobre todos los asuntos externos, tales como la salud, la riqueza o el bienestar. Se trata de reconocer claramente qué es lo verdaderamente bueno y malo, en vez de las apariencias de esos atributos. «La muerte, por ejemplo –dice Epicteto en otro lugar–, no es terrible; si no, le habría parecido así a Sócrates». Pero la mayoría de la gente, hoy en día, considera la muerte como un mal que hay que evitar a toda costa, aunque obviamente no pueda ser. Para los estoicos, no es buena ni mala, sino «indiferente», y es nuestra actitud hacia ella lo que es más importante. Lo esencial no es si morimos o vivimos, sino cómo lo hacemos, con dignidad y nobleza de corazón o sin estas cualidades. Y esto, dicen tanto Marco Aurelio como Epicteto, depende enteramente de nosotros. Como Confucio dijo en un contexto similar, «¿qué tiene esto que ver con otros?».

Esperemos que este renacimiento estoico continúe floreciendo, de manera que así como el estoicismo reformó el Imperio romano con sus doctrinas, y en palabras de Ernest Renan, dio lugar al «capítulo más hermoso de la historia de la humanidad», así nosotros, los nuevos estoicos del Renacimiento, tengamos un efecto similar en el mundo del cual somos ciudadanos globales en la actualidad.

 

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Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

Séneca: la filosofía como terapia

Personaje multifacético, Lucio Anneo Séneca (4 a. C.-65 d. C) vivió una de las épocas más controvertidas del Imperio romano. Fue filósofo, político, abogado, escritor de prestigio ya en su época y preceptor del emperador Nerón. Es uno de los máximos exponentes del estoicismo romano.

Su filosofía es una auténtica terapia para el alma y un consuelo para los momentos difíciles de la vida.

Han pasado más de dos milenios y sus enseñanzas adquieren una tremenda actualidad por su profunda comprensión de los resortes psicológicos del ser humano.

Séneca pretendía que la filosofía realmente ayudara al ser humano a ser más feliz, a conocerse y a vivir más acorde con la naturaleza. Por eso, no consideraba filosofía lo que enseñaban otros personajes que se llamaban a sí mismos filósofos y que se dedicaban a hacer juegos de sofismas o silogismos cuya única finalidad era agudizar el ingenio. Cicerón llamaba a los sofismas «Cavillationes» o «cuestioncillas sutiles», que no sirven para la vida.

Séneca decía de su maestro Papirio Fabiano que era un «filósofo no de los de salón, como los de ahora, sino a la vieja usanza». Llama a los falsos filósofos Cathedrariiphilosophi, filósofos que enseñan desde la cátedra, no con el ejemplo de su vida (la cátedra era la silla de brazos desde donde enseñaban).

Ortega y Gasset, en su libro ¿Qué es la filosofía?, explica por qué la filosofía en nuestra época ha sido suplantada por otras ciencias que tienen la finalidad de «dominar la materia». En la segunda mitad del siglo XIX, con la Revolución Industrial, se dio especial importancia a lo utilitario en detrimento de las humanidades, pero como afirma el gran pensador español, una sociedad en la que la filosofía, la reflexión no tiene lugar, es una sociedad fácilmente manipulable.

La filosofía nos plantea preguntas fundamentales para el ser humano, como cuál es el sentido de la vida. Si carecemos de grandes preguntas, en lugar de acercarnos a una dimensión mayor de la vida, una más grande perspectiva, nos quedamos con la visión de un «paisaje mutilado».

Habría una diferencia entre sabiduría y filosofía.

La sabiduría es el logro del ansiado Bien, es la llegada a la cumbre, es poder vivir el arte de la vida, haber llegado a la meta. La filosofía, en cambio, es el amor o anhelo de la sabiduría. Busca lo que la sabiduría ya posee. El filósofo (filo, ‘amor’, y sofos, ‘sabiduría’) es el que «ama la sabiduría». A través del camino de la virtud que le lleva a la esencia de sí mismo, puede aproximarse a lo esencial de todas las cosas. Lo que el filósofo anhela, el sabio ya lo ha alcanzado.

Solo el sabio goza de verdadera salud. Los filósofos o aspirantes a la sabiduría se llaman también proficientes y son los que aspiran a la perfección, los que pretenden curarse de las enfermedades del alma.

«No es lo mismo recordar que saber. Recordar supone conservar en la memoria la enseñanza aprendida; por el contrario, saber es hacerla suya, sin depender de un modelo, ni volver en toda ocasión la mirada al maestro», nos dice Séneca.

También nos dice que la sabiduría, a diferencia de los conocimientos técnicos destinados a hacer más cómoda la vida del hombre, no alecciona nuestras manos, sino nuestras almas.

SENECA LA FILOSOFÍA COMO TERAPIA 3

La escuela estoica tuvo buena acogida en Roma. Su ideal de excelencia moral y de virtud daba seguridad interior en unos momentos de gran inestabilidad por las guerras civiles y, más tarde, por la conducta de algunos emperadores.

Séneca no se preocupa por transmitir los planteamientos clásicos de los fundadores del estoicismo como Zenón, Crisipo o Cleantes; resaltará principalmente el valor práctico de su pensamiento. A él no le importa tanto de quién son los preceptos sino que sean adecuados para el problema o la persona a la que se dirigen. «El filósofo no está para servir de archivo sapiencial, sino para administrar con prontitud y lucidez el remedio adecuado».

Vemos en Séneca al filósofo ecléctico que acoge en su pensamiento lo mejor de las diferentes corrientes filosóficas: estoicismo, cinismo, epicureísmo, neopitagorismo. Para Séneca, al igual que para Cicerón, todas estas escuelas persiguen la felicidad; lo que cambia es el método, el camino por el que cada una persigue el tan ansiado bien al que llaman Sumo Bien. Pero es en los filósofos del pórtico en los que encuentra mayor inspiración, tanto en sus obras como en su vida.

Séneca hará especial hincapié en la moral. Escribió un libro sobre filosofía moral que se ha perdido, pero en sus obras queda plasmada su enseñanza moral, especialmente en los diálogos y en sus Cartas morales a Lucilio. Séneca eleva la moral atemporal al lugar que le corresponde, una ética profunda que rebasa las costumbres propias de una época o lugar determinado, y su puesta en práctica nos acerca a lo más noble en nosotros y en la naturaleza, nos permite no depender de lo circunstancial en la vida. La práctica de esta filosofía moral nos conduce a la apatía (sin pasión o perturbación del alma), es decir a la serenidad, a la salud perpetua e integral.

Séneca no es simplemente un filósofo de preceptos para llevar una vida más feliz, sino que lo que pretende principalmente es que el ser humano sepa quién es y qué lugar ocupa en el mundo; solo entonces, cuando el ser humano quiere vivir de acuerdo con su naturaleza, surge el camino de la ética y la virtud.

«El estoicismo es amarga medicina. Séneca pertenece a esta estirpe de antiguos filósofos que nos trae el amargo despertar de la razón, que nos sacude de nuestros delirios y ensueños para “hacernos entrar en razón”, como el pueblo español dice todavía. Vemos en Séneca a un curandero de la filosofía, que sin ceñirse estrictamente a un sistema, burlándose un poco del rigor del pensamiento, nos trae el remedio» (María Zambrano).

Séneca recoge de la filosofía la función sanadora; el filósofo se convierte así en conductor de almas o psychagogos.

Si consideramos la enfermedad como una falta de armonía entre las partes de un todo, esta se puede dar no solo a nivel corporal, sino también a otros niveles, como el emocional o mental.

Si la virtud es armonía con uno mismo, con la naturaleza y con Dios, la enfermedad del alma se daría cuando algo ha ocupado el lugar que no le corresponde.

Para Séneca, la enfermedad estaría producida por las pasiones y los vicios que se han adherido tanto al alma que se han hecho crónicos, dando lugar a la enfermedad, al igual que un catarro que, si se cronifica, se puede convertir en una bronquitis. La enfermedad también sería la consecuencia de un error en los juicios o razonamientos sobre las cosas.

La filosofía a la manera clásica es un camino para vivir en armonía con la naturaleza y para lograr un desarrollo integral del ser humano. En este sentido, la filosofía es terapéutica.

Las antiguas filosofías desarrollaron una serie de prácticas que sirvieron de terapia para el alma. Los diferentes discursos constituían el remedio oportuno para restablecer la salud del alma: exhortación, reprimenda, consuelo o instrucción.

Estas filosofías, que desempeñaron un gran papel en la dirección espiritual de las almas dolientes, albergaron un gran conocimiento del «corazón humano», de sus motivaciones, conscientes e inconscientes, de sus intenciones profundas, etc.

Sus diálogos morales son un ejemplo del procedimiento usado por los filósofos estoicos y cínicos para llevar al alma a través del razonamiento, de un planteamiento erróneo y, por lo tanto, que tiende a la enfermedad, a un restablecimiento de la salud al aplicarse las directrices de la razón que llevan a salir de la ignorancia. A través del diálogo surgen las argumentaciones que llevarán, tras superar las oportunas objeciones, a exponer el remedio saludable para lograr las virtudes sanadoras.

El diálogo es el estilo literario escogido por Séneca para aportar los remedios para los males del alma. Para ello utilizará los recursos propios de la predicación popular: el empleo de términos propios de la medicina, los ejemplos extremos que espolean las conciencias, las preguntas oportunas, los ejemplos históricos o mitológicos, las citas de los sabios, etc. Al igual que las tragedias, parece que los tratados de Séneca pretenden impresionar al lector a través de lecciones más que a través de razonamientos lógicos.

Cuando leemos las obras de Séneca, vemos que continuamente hace alusiones a la curación. Él quiere saber para enseñar, para ser útil a los demás, para exhortarles, consolarles, para darles remedios curativos que son sus enseñanzas filosóficas. En sus obras, especialmente en sus Cartas morales a Lucilio, encontramos numerosos párrafos que demuestran sus conocimientos de medicina, y muchas alusiones a la terapia o curación del alma por medio de la filosofía. Y es que el contacto con las ideas de los grandes filósofos y pensadores produce una elevación de la conciencia que favorece la salud del alma.

SENECA LA FILOSOFÍA COMO TERAPIA 4

En una carta a Lucilio, Séneca, en lugar de comenzar como era de cortesía en las cartas, «Si tienes buena salud, me alegro, yo disfruto de buena salud», le dice: «Si cultivas la filosofía, me alegro, porque esto es en definitiva tener buena salud. Sin esto, el alma está enferma; hasta el cuerpo, por grandes energías que posea, no está igual de vigoroso. Por eso, cultiva primero esta salud; luego, la del cuerpo».

La terapia filosófica de Séneca pretende que confiemos la dirección del timón de nuestra alma a nuestra mejor parte, a la razón. Los juicios o razonamientos acertados sobre nosotros mismos y sobre las cosas nos conducen a la salud.

Para poder guiarse por la virtud, el hombre debe conocerse a sí mismo.

«¿Cómo hallarás lo que sea mejor para el hombre si no examinas la naturaleza de este? Llegarás a conocer tus deberes positivos y negativos cuando sepas qué es lo que debes a tu naturaleza».

Para cada cosa, lo mejor es aquello para lo que nació, y en esa conformidad se cumple su perfección (el Dharma de los hindúes). La libertad consiste en unificar la propia voluntad con la necesidad divina, en asentir al orden universal. «Es libre quien libremente obedece a lo que necesariamente sucede».

Para el estoico, solo se considera bueno lo bueno en sentido moral, las demás cosas no son verdaderamente bienes. Séneca, en sus escritos, quiere que no se confundan estas realidades con «lo Bueno», porque sería hacer depender al hombre de cosas exteriores: fama, riquezas, etc. Pero como esto no depende de nosotros mismos, por ese camino no es posible alcanzar la plenitud humana ni la felicidad. Séneca se refiere a esas realidades comoindiferentes. Eso no significa que algunas sean preferibles o comoda a otras, pero en sí mismas no son buenas ni malas, no hacen bueno o malo al que las posee. Igual de falso sería medir la estatura de los actores cuando están subidos a los coturnos en la escena que apreciar a los hombres junto con las cosas que poseen.

Para cada cosa, es bueno lo que está de acuerdo con su naturaleza, y cuando realiza el bien específico y es laudable, llega su razón de ser.

Lo que caracteriza al hombre en cuanto tal es la razón; por tanto, su bien propio es la razón perfecta o «recta razón».

Lo honestum se identifica con la razón perfecta, son buenas las acciones que provienen de la recta razón. La virtud es una disposición de regularidad armónica, implica la adhesión voluntaria a lo honestum, la rectitud en la intención.

Es entonces cuando se produce la eudaimonía (buen daimon ), que sería «estar en gracia», estar en dios. Es la verdadera felicidad, claritas. Surge cuando el hombre está en armonía con el orden universal. Dice Crisipo: «La eudaimonía llega cuando se ha hecho todo de acuerdo con el daimon [recordemos a Sócrates] que cada cual lleva dentro de sí, con la voluntad del Gobernador del Todo».

De entre las virtudes, Séneca da preferencia a la justicia; luego, a la moderación, el ahorro, la continencia, la serenidad, la tranquilidad de ánimo, la sinceridad, la elegancia, la nobleza de carácter, la clemencia y la sociabilidad.

Virtud viene del latín Virtus-utis, actividad o fuerza de las cosas para producir o causar efectos. Virtud es fuerza, vigor, valor.

El ser humano tiene cuerpo y alma. Debe cuidar y custodiar su cuerpo, como un tutor, pero no vive solo a su servicio. Hay que comportarse no como si debiéramos vivir para el cuerpo, sino como si la vida no nos fuera posible sin él.

Si lo específico del hombre es la razón, las acciones propiamente humanas serán las que tienen su origen en la parte superior del alma. La razón ennoblece al hombre, da sentido a su vida, le hace semejante a Dios; en cambio, la pasión es inmoderación, desequilibrio interior, pérdida de voluntad, y nos aleja de nuestra verdadera naturaleza.

Si «lo propio» del hombre es la razón, es ella la que ha de gobernar nuestra vida, y esa es la tarea de la ética.

«La virtud es el perfecto equilibrio y tónica de la vida, siempre en consonancia consigo, la cual no puede ser sin el conocimiento y experiencia de las cosas, por el que se conoce lo humano y lo divino» (Séneca).

Al igual que el Logos ordena la naturaleza, la razón debe ordenar toda la existencia del hombre. Eso es vivir acorde con la naturaleza, en armonía con ella.

De este vivir conforme a la naturaleza surge la ataraxia, que es la forma de vida del sabio, es una quietud que erradica del alma los elementos de discordia y falta de armonía. Si hay dolor, la razón lo privará de todo lo que sea en él superfluo e innecesario.

De la armonía con la naturaleza surge también la eutimia, la estabilidad de ánimo que Séneca traduce por tranquillitas.

Pero Séneca, si bien se pliega a los dictados de lo inexorable, no por eso deja de luchar contra lo evitable. En la tragedia Medea, encontramos esta frase: «La fortuna teme a los fuertes y acosa a los cobardes».

Herramientas para la salud en la filosofía de séneca

Atención: Vivir cada día como si fuera el último. Tener conciencia del presente.

Meditación : Prever problemas y dificultades para encontrar soluciones.

Reflexionar sobre las máximas o praecepta.

Rememoración : Antes de empezar el día, pensar en lo que queremos realizar y cómo. Al terminar el día, hacer un repaso de lo realizado, revisar las actitudes ante el «tribunal de la conciencia».

Revisarse: Tomar conciencia de lo que pensamos sobre las cosas, ver si podemos tener un criterio más acertado.

Conocerse para dominarse : Que nuestra mejor parte sea la que nos rija.

No añadir sufrimientos innecesarios . No atormentarnos con males que no han sucedido.

Aceptar lo que no podemos cambiar.

Acostumbrarnos a buscar el porqué de los acontecimientos. Las causas de las cosas.

Tener cada día una máxima o enseñanza de algún filósofo que nos inspire y tratar de llevarla a la práctica.

Tener una buena amistad o alguien con quien compartir nuestros sueños de crecimiento interior.

Tener criterio propio sobre las cosas, no dejarse llevar por la opinión de los demás.

Vivir como si un sabio nos estuviera observando.

Bibliografía

Séneca y los estoicos . Juan C. García-Borrén Moral.

Séneca y el estoicismo . Paul Viene.

Séneca o el poder de la cultura . Julio Mangas Manjares.

Séneca . Isabel M.ª León Sanz.

El ideal del sabio en Séneca . M.ª A. Fátima Martín Sánchez.

Séneca . María Zambrano.

Séneca. Diálogos . Matías López López.

Diálogos. Lucio Anneo Séneca . Carmen Codoñer.

Anales . Tácito.

Urbs Roma . José Guillén.

Suetonio. Los doce césares.

¿Qué es la filosofía? José Ortega y Gasset.

La sabiduría recobrada. La filosofía como terapia . Mónica Caballé.

Momentos estelares del mundo antiguo . Año uno y los orígenes del cristianismo. Antonio Piñero.

Hadot, Pierre. ¿Qué es la filosofía antigua? Fondo de Cultura Económica. 1998. Madrid.

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Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

Humor estoico para mejorar tu carácter

Una sonrisa es la distancia más corta entre dos personas. ¿No hemos esbozado alguna vez, una mínima sonrisa al leer a Epicteto o a algún otro filósofo estoico? Por eso los sentimos tan cerca, tan actuales.

A veces una imagen vale más que mil palabras. Cuando vemos alguna imagen de Séneca (Córdoba, 4 a. C., Roma, 65 d. C.), es muy probable que pensemos que el filósofo cordobés era una persona atormentada, triste, amargada, con escaso sentido del humor; y esa es precisamente la imagen que tenemos de los filósofos estoicos. Pero ¿realmente podemos resumir la filosofía estoica en la resignación por todo lo que nos acontece? ¿Podemos afirmar que los filósofos estoicos eran unos hombres, siempre con caras largas y carentes de un mínimo sentido del humor?

, y nos conformamos con una lectura superficial que nos los presentan como unas personas resignadas o amargadas. Filósofos más o menos modernos, han contribuido en cierta medida a esta visión de la filosofía estoica. Por ejemplo, Nietzsche decía de ellos: «Los estoicos comen vidrio picado, sapos y culebras, para acostumbrar el estómago frente a cualquier comida que les pueda venir en la vida». Creo que, pensando así, Nietzsche no se iría de cañas con Epicteto para hablar, por ejemplo, de cómo no ser una persona atormentada.

El sentido del humor es una actitud que nos permite afrontar con entusiasmo las diversas situaciones de la vida, sobre todo las más difíciles, sin dejarnos atrapar por un espíritu derrotista. Nos puede ayudar a relativizar lo que nosotros creemos que son barreras infranqueables, dándonos valor para superar todos los obstáculos, superar nuestros miedos y, sobre todo, ayudar a mejorar la convivencia.

Las personas con sentido del humor suelen tener un alto nivel de autoestima; son auténticos especialistas en encontrar siempre la parte positiva de todo lo que les ocurre y reinterpretar los hechos de una forma positiva. Es una actitud vital interna, que la mayor parte de las veces transforma lo que ocurre a nuestro alrededor, es una actitud vibrante frente a lo cotidiano.

En todas las lenguas nos encontramos con refranes o frases de uso coloquial que reflejan muy bien esta actitud. Sirva a modo de ejemplo una frase muy común en Galicia. Es el famoso ¡malo será!expresión optimista, casi un grito de guerra; aunque haya miles de adversidades en un momento de tu vida, siempre se puede salir adelante. Siempre. Malo será que no apruebes el examen, malo será que no mejore tu enfermedad, malo será que no encontremos aparcamiento…; esta frase fue usada hace unos años por una cadena de supermercados en Galicia, en una campaña publicitaria que tuvo mucho éxito; recomiendo ver los vídeos de esta campaña en internet. Estas dos palabras, unidas aparentemente de forma absurda, reflejan muy bien el humor estoico del que estamos hablando. No te preocupes por lo que pueda acontecerte si no depende de ti, ¡malo será!

Resulta sorprendente la capacidad que tenemos para etiquetarlo todo, personas, animales, coches, escuelas de filosofía…, y casi siempre con un desconocimiento total. Así ha ocurrido con los estoicos; nos los presentan con la etiqueta de personas tristes y resignadas con su cruel destino. Después de leer y reflexionar sobre los escritos que han llegado hasta nuestros días de los filósofos estoicos, creo que podemos encontrar en ellos el sosiego necesario para no ver oscuros nubarrones en un futuro que no depende de nosotros.

Veamos a Crisipo (281 a. C.), filósofo griego y máxima figura de la escuela estoica antigua. Se cuenta de él que murió partiéndose de risa al ver a un burro comiendo higos en su jardín; quizás venga de ahí la expresión morirse de risa.

Humor estoico para mejorar tu carácter 2

Como observa Séneca, «todas las cosas son causa para la risa o el llanto. Y como ese es el caso, es más apropiado que un hombre se ría de la vida que lamentarse por ella».

Los escritos estoicos están salpicados de un gran ingenio, aquí representado por Epicteto: «Tengo que morir. Si es ahora, bueno, entonces muero ahora; si es más tarde, entonces ahora tomaré mi almuerzo, ya que la hora para el almuerzo ha llegado, y morirme, lo atenderé más tarde». Creo que si cogiéramos la frase anterior y la pusiéramos en boca de maestros del humor como Gila o Forges, diríamos: ¡que chiste más bueno!

También nos regala este divertido consejo, muy útil para los vanidosos que persiguen honores y recompensas: «Si tanto ansías llevar una corona, ¿por qué no llevar una de rosas? Te verás aún más elegante».

Epicteto nos muestra cómo responder a la opinión de los demás sobre nosotros: «Me río de los que piensan que pueden dañarme. No saben quién soy, no saben lo que pienso, ni siquiera pueden tocar las cosas que son realmente mías y con las que vivo. Escucha a los demás, pero sigue tu propio consejo: Si se habla mal de ti y es verdad, corrígete; si es una mentira, ríete».

Séneca nos advierte sobre la vida filosófica: «Si tienes un gran deseo de alcanzar la filosofía, prepárate desde el primer momento para que se rían y burlen de ti. Debes recordar que, si te adhieres a tu propósito, esas mismas personas que al principio te ridiculizaron te admirarán después. Pero si eres conquistado por ellos, incurrirás en un doble ridículo»También nos recuerda que, en primer lugar, debemos reírnos de nosotros mismos: «Nadie es risible si se ríe de sí mismo».

El gran filósofo estoico Marco Aurelio dijo: «La alegría se encuentra en el fondo de todas las cosas, pero a cada uno le corresponde extraerla. Y la vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella».

Pero, dentro de la moderación que nos enseñan los estoicos, Epicteto nos recuerda: «No permitas que tu risa sea mucha, ni en muchas ocasiones, ni profusa. No busques la risa de los demás. Este es un signo de vanidad y se refleja mal en ti. En las partes de conversación, evita una mención frecuente y excesiva de tus propias acciones y peligros. Por muy agradable que sea para ti mencionar los riesgos que has corrido, no es del mismo agrado que otros escuchen tus aventuras. Evita, asimismo, un esfuerzo por provocar la risa. Porque este es un punto resbaladizo, que puede arrojarte a los modales vulgares y, además, puede ser capaz de disminuirte en la estima de tus conocidos». Vamos, no quieras hacerte el gracioso.

Y para concluir con esta colección de reflexiones que podría ser mucho más extensa, otra de Séneca: «Muestra una mente más grande el que no reprime su risa que el que no niega sus lágrimas».

La risa estoica no es la risa de un público que asiste a la representación teatral de una comedia; es una risa que tiene su origen en el interior del ser humano, una risa constante, sincera y vibrante como la vida. Una risa que se refleja en los ojos, y no solamente en la bella arruga que se forma en la comisura de los labios al sonreír. Cuando miramos a los ojos de una persona que refleja en su mirada esa alegría interior, percibimos algo de la condición humana que está a nuestro alcance, pero que no nos atrevemos a coger con las manos porque nos falta valor. Percibimos una profunda integridad y una invitación a ver la vida con otros ojos.

Han pasado siglos, milenios, y parece que Epicteto, Séneca o Marco Aurelio (un esclavo, un senador romano y un emperador) están a nuestro lado charlando con nosotros acerca de lo que es la vida buena; dándonos consejos para ser felices y llevar una vida digna. Con un lenguaje actual, sencillo, pero directo al corazón. Al leer a estos maestros nos damos cuenta de lo poco que ha cambiado el ser humano en miles de años. Seguimos teniendo las mismas preocupaciones.

¿Por qué nos empeñamos en inventar técnicas para mejorar nuestra vida cuanto tenemos a nuestro alcance tanta sabiduría? La filosofía estoica, la filosofía en general, es la llave que nos permite abrir una puerta que nos da acceso al conocimiento de nosotros mismos para mejorarnos, a otra forma de vivir, a la vida buena.

Bibliografía

Hadot, P. (2015). Manual para la vida feliz. Madrid, Ed. Errata Naturae.

Artículo de Arnau, j. (28 de abril de 2018). Más Séneca y menos ansiolíticos. El País.

Artículo Epicteto, el filósofo de la no preocupación. https://www.filco.es/epicteto-estoico-no-preocupacion/

Blog de Filosofía estoica: cómo la aplico (cada día) a mi ética y actitud: http://pau.ninja/estoicismo

 

Publicado en Filosofía
Miércoles, 01 Enero 2020 00:00

La filosofía estoica, actual y práctica

Aunque la filosofía estoica está dividida en varias etapas, existen una serie de elementos comunes que aportan unidad al conjunto de esta filosofía dentro de los casi seis siglos de desarrollo que experimenta.

Se debe tener en cuenta que el estoicismo es, en cierto modo, el heredero de la decadencia griega, de una época de profundos cambios sociales y políticos que coinciden con la irrupción del Imperio macedonio y, sobre todo, con la muerte de Alejandro Magno, acaecida en torno al año 323 a. C. No se trata, sin embargo, de un periodo negativo en sentido lato, sino de un gozne histórico en el que se produce el paso de una forma de entender al mundo y el ser humano, apoyada en la estructura organizativa de la ciudad-Estado y el ágora, a otra en la que las fronteras identitarias se pierden y difuminan en el complejo crisol cultural del acervo helenístico.

Ante este panorama, el espacio público, antiguo origen y acicate de la filosofía, se torna insuficiente para resolver los nuevos interrogantes que la inestabilidad y diversidad política generan en la ciudadanía. De ahí que, de la mano de las nuevas necesidades sociales, surjan otras vías de reflexión y desarrollo humano, modelos de pensamiento actualizados y acordes a las nuevas perspectivas históricas. Tal es el caso de la escuela que nos ocupa, el estoicismo, una filosofía para tiempos de crisis que, ante la pérdida de valores e identidad propia de los momentos de cambio, invita al ser humano a mirar hacia dentro y a reencontrarse con su naturaleza universal a través de sí mismo.

El panorama filosófico que acompaña al estoicismo en su alumbramiento es, por otro lado, tremendamente heterogéneo, pues, aunque en el siglo III a. C. el fértil legado socrático también se hallaba en un claro estado de debilitamiento, el amplio abanico de escuelas que surgen gracias a él (la Academia, el Liceo, la escuela megárica, la cirenaica, los cínicos…) sirven de sustrato a la filosofía estoica o «zenoniana» (primer nombre con el que se la conocerá en honor a Zenón de Citio, su primer fundador). También persisten en la época algunos vestigios de las más viejas filosofías «presocráticas», como las escuelas de Pitágoras, de Heráclito o de Parménides, y la influencia de las «nuevas» tradiciones orientales, que comienzan a abrirse camino en Occidente gracias al comercio y las migraciones. Por todo ello, la escuela estoica no solo se alimenta de la filosofía del momento, sino que bebe de tres de las grandes tradiciones de la época: la tradición semita-cananea y su concepción moral, la socrática-platónica y aristotélica con su característica lógica y dialéctica, que hacen del logos humano un reflejo del logos universal, y la física de Heráclito, de la que toma Zenón toda la cosmovisión panteísta de su filosofía y su percepción ígnea de los ciclos históricos.

Fundamentos de la filosofía estoica 4

Zenón y el estoicismo

En cualquier caso, de todas estas influencias cabe destacar la aportación que, dentro de la tradición socrática, hace la escuela cínica al estoicismo, pues es ella quien imprime ese carácter virtuoso a la filosofía de Zenón que lo lleva a buscar siempre un modelo de conducta que sea riguroso y que le permita alcanzar la autarquía o absoluta independencia de todo lo exterior. Al igual que los cínicos, los estoicos son naturalistas, es decir, buscan la frugalidad y el desapego viviendo de acuerdo con la naturaleza y despertando un profundo amor a la vida. Esta perspectiva, unida a una fuerte convicción de que todo cuanto acontece es causa, a su vez, de una causa ulterior y necesaria, lleva a los estoicos a desarrollar una absoluta confianza en «lo proveído», es decir, a pensar que solo corresponde al ser humano decidir cómo se quiere actuar ante las cosas que le han sido «dadas». Alrededor de esta concepción del mundo heredada de Heráclito y del amor fati o amor al destino propio de los cínicos, Zenón desarrolla tres de los grandes temas del estoicismo:

* Dios y el cosmos son una misma cosa (panteísmo). El espacio y el tiempo son las dimensiones mismas de la divinidad en el interior de las cuales los seres desarrollan su existencia.

* La presencia de Dios se traduce en armonía y simpatía universal. La presencia temporal de Dios se expresa mediante el Destino y la Providencia, al igual que su presencia espacial se traduce en una interrelación simpática entre todos los seres.

Ante esta interpretación del destino, el estoicismo reivindica un modelo vital y moral que busca el acuerdo con la naturaleza en dos etapas: en primer lugar, tendiendo a la indiferencia respecto a lo que nos da la causa exterior, que hay que aceptar sin desear que sea diferente; en segundo lugar, subordinando las acciones y las tendencias a la actividad de la naturaleza con nuestra voluntad, es decir, queriendo que las cosas sean como son. Para ello, su filosofía se divide en tres campos armónicos e interrelacionados:

1. La física (o lo que concierne a la relación del ser humano con la naturaleza): el campo de los deseos y las aversiones, aprender a desear lo que depende de nosotros y ser indiferentes a lo que no depende de nosotros. Rechazar todo intento por pretender que las cosas sean como a nosotros nos gustaría que fuesen. Comprender que todas las partes que conforman la naturaleza están interconectadas.

2. La ética (la relación del ser humano con los demás): el campo de los impulsos o de la acción. Solo actuar en función de lo que depende de nosotros o es bueno para el conjunto. Sentirse ciudadanos universales.

3. La lógica (la relación del ser humano consigo mismo): el campo del asentimiento como la facultad de criticar y juzgar cada representación para poder dar nuestro asentimiento conforme a un juicio verdadero u objetivo. Buscar la armonización interior con la armonía inherente a la naturaleza.

Desde este prisma, la lógica nos enseña a descubrir los nexos causales; la física, a tomar conciencia de la armonía y simpatía del mundo; y la ética, que la ataraxia o imperturbabilidad del ánimo nacen de un consentimiento del alma al curso de todas las cosas. Las tres tienen un único fin, hacernos conocedores de la naturaleza divina como un todo simpático a sí mismo, organizado y libre con el cual tenemos que vivir en un acuerdo constante.

El deber social

El deber social está, por lo tanto, íntimamente vinculado con la naturaleza social del ser humano, porque cada individuo está unido a los demás por medio de la inteligencia universal de la que todos participan, es decir, está conectado por arriba, primero por la ciudad de la humanidad y después por la ciudad física a la que pertenece. Por ello, para los estoicos existe un tipo de solidaridad cósmica que une fraternalmente a todos los seres que participan del logos universal, y por eso existen unos deberes éticos y sociales de los unos respecto de los otros y de todos respecto de la naturaleza de la que forman parte (el hombre es apenas una parte más del todo). En consecuencia, mediante el estudio de la física, el ser humano toma conciencia de su papel en el mundo.

Sin embargo, este conocimiento epistemológico de la naturaleza conlleva, para el estoico, un proceso previo de ascesis y entrenamiento, pues solo el sabio sabe realizar este proceso de forma adecuada y llegar así a una correcta comprensión del mundo. De esta suerte, distinguen tres grados posibles de conocimiento: el estado de ignorancia, el conocimiento básico de la muchedumbre (la opinión y la creencia) y la ciencia propia de los sabios, los únicos capaces de hacer coincidir su propia razón con la razón universal. A mitad de camino entre la no sabiduría inconsciente del insensato y la sabiduría del sabio, se encuentra la no sabiduría consciente del filósofo.

De hecho, el proceso epistemológico del estoicismo se apoya sobre este reconocimiento socrático de la propia ignorancia, a través de un itinerario cognitivo que es, al mismo tiempo, empirista e idealista y que parte de la premisa de que el primer contacto con la realidad del sujeto viene siempre de la mano de sus sentidos (cuya información es siempre verdadera por cuanto transmiten y reproducen siempre algo real). En efecto, para los estoicos, la primera información que el ser humano recibe del mundo es por medio de una representación (visum o fantasía), una impresión sensitiva que generalmente produce una reacción emotiva en el alma y ante la que el sujeto puede reaccionar aceptando sus efectos o rechazándolos. De ahí que el estoico considere que las cosas tienen una naturaleza propia distinta a la que cada uno percibe, pues una vez que el sujeto recibe la impresión representativa, esta puede ser aprehendida de manera desapasionada (que es lo que hace el sabio) o puede dejarse arrobar por la impresión que de manera falseada se ha hecho de la misma.

En cualquier caso, para el estoico, la impresión anímica que producen las representaciones es igual tanto en el sabio como en el ignorante, por lo que la diferencia estriba únicamente en el juicio que cada uno realiza en el momento del contacto. Por esta razón, una vez que el alma recibe imágenes que proceden de las sensaciones del cuerpo, se debe desarrollar un discurso interior comprensivo. En este discurso o juicio, el ser humano debe comprender que no son las cosas las que lo conmueven, sino la idea preconcebida que tiene de ellas, es decir, la representación que se ha hecho de las mismas, y que de no realizar el juicio correctamente se verá arrastrado por las circunstancias sin poder determinar qué son ni de dónde provienen.

De este juicio surge, además, un impulso de deseo o de rechazo, por lo que, dado que el ser humano se siente naturalmente inclinado hacia el bien y repelido por el mal, debe tratar de alcanzar una conclusión comprensiva que le permita determinar si lo que se le ha representado es verdaderamente bueno o malo. De ahí que, para los estoicos, la representación sea como una impresión que el objeto o el acontecimiento produce en el alma y que es modificada en función de la calidad y consistencia de esta última. Así, en la medida en que el alma es fuerte e independiente, la modificación que produce el afecto o la aversión es menor, por lo que la representación es cada vez más acorde con la realidad.

Fundamentos de la filosofía estoica 5

Dolor y deseo

En este sentido, el estoicismo diferencia cuatro géneros de afecciones anímicas o pasiones en función de su ámbito temporal de proyección. En el presente, el dolor como contracción irracional del ánimo ante lo que se juzga como malo, y la concupiscencia como consecuencia de un apetito irracional descontrolado hacia lo que consideramos bueno. En el futuro, el temor a lo que es considerado como malo que aún no ha sucedido y el deseo respecto de lo que parece apetecible.

Ante ello, el estoico debe tener siempre presente tres cosas: qué es el bien para él, que su libertad depende de las opiniones y que tan solo existe el instante presente. Dentro de este marco existencial, determina una diferencia fundamental entre aquellas cosas que dependen de nosotros y aquellas que no dependen de nosotros y comprende que tan solo las primeras pertenecen al ámbito de la voluntad humana, siendo las demás indiferentes. De este modo, considera que no son los acontecimientos lo que causan perjuicios y dolor a los seres humanos, sino la forma en la que actuamos frente a ellos, por lo que admirar lo exterior tan solo puede arrastrarnos al miedo y al desconcierto propio del deseo desmedido. Estas vibraciones del alma tienen la capacidad de convertirnos en esclavos de las circunstancias y de aquellos que tienen poder sobre lo que tememos o deseamos. Por ello, el ideal de sabiduría del estoico es la ataraxia o imperturbabilidad del ánimo, un estado de equilibrio y serenidad interior al que solo se puede llegar prestando más atención a lo que nos sucede internamente que a lo que acontece en el exterior.

Cabe aclarar que, aunque para los estoicos todo está contenido en cuerpos o corpúsculos de manera que todo está en todo, admiten la existencia de cuatro entidades incorpóreas, inteligibles, inactivas e impasibles: el expresable (el ser de las cosas), el vacío, el lugar y el tiempo. No obstante, cada una de ellas se expresa, a su vez, en un mismo cuerpo: el expresable, como el verdadero ser de las cosas que hay que alcanzar; el vacío, como la contraposición a lo finito más allá de los límites del mundo en lo infinito; el lugar, como el espacio ocupado por los cuerpos; y el tiempo, como la manifestación tácita del destino y la Providencia a través del movimiento.

El acceso a estos incorporales se lleva a cabo mediante un buen uso de las representaciones, para cuyo juicio y valoración el ser humano debe siempre tener en cuenta que tan solo hay tres actos que dependen del alma y que, por lo tanto, son libres y no están sujetos a impedimentos, a saber, el deseo de adquirir lo que es bueno y la aversión sobre lo que se considera malo, el impulso para actuar y el poder realizar un juicio apropiado sobre el verdadero valor de las cosas. El resto de las cosas, como realmente no depende de uno, son también ajenas, inconsistentes, serviles y sujetas a impedimento. Así, por ejemplo, el cuerpo, las riquezas, las honras y los reconocimientos o el poder exterior son elementos todos ellos sobre los que no es posible ejercer un control absoluto.

Ejercicios de virtud

Algunos ejercicios estoicos para alcanzar estos ideales de virtud y comportamiento son:

1. No opinar, describir las cosas y los acontecimientos desapasionadamente, tal como son realmente y no como nos las representamos (las cosas no nos afectan por lo que son, sino por la opinión que nos hacemos de ellas).

2. Ser un atleta del acontecimiento, vivir la vida como una prueba.

3. Disponer de un equipamiento sencillo de reglas a aplicar en caso de dificultad o duda.

4. Escuchar y no intentar demostrar nada. Hablar solo de lo que se conoce.

5. Leer y reflexionar por escrito. Examen al final del día de lo ocurrido y de cómo se ha reaccionado. Recordar todos los días cuál es el bien para nosotros.

6. Gimnasia y abstinencia. Aprender a guardar silencio.

7. Diferenciar lo que depende de nosotros y lo que no, mostrar indiferencia ante esto último.

8. Esperar antes de reaccionar, examinar las representaciones.

9. Praemeditatio malorum. Anteponerse a lo que nos preocupa y decidir cómo queremos actuar.

10. Observar y ponerse en el lugar de los demás, tratar de comprenderlos desapasionadamente.

11. Ver el mal como un error de juicio.

12. Acompañarse de seres buenos y nobles.

13. No asentir la crítica ni el insulto, mostrar buen humor.

14. No hablar de nosotros mismos, pensar en plural.

15. No culpar a los demás, buscar nuestra propia responsabilidad.

16. Resignarse ante los acontecimientos, pues más fuerte que la ley es la necesidad.

17. Matar la ambición de lo exterior, buscar solo la libertad interior (ataraxia).

18. No dejarse llevar por el miedo.

19. Desconfiar de los elogios.

20. Comprometernos y ser fieles a nuestra palabra.

Como podemos ver, el estoicismo se presenta como una sana alternativa filosófica para interpretar el mundo que, a través de la libertad y la autarquía interior, hace del ser humano un sujeto independiente, pero al mismo tiempo responsable de la sociedad de la que forma parte indisoluble. Así, con sus postulados y su hermenéutica, esta filosofía nos invita a tener una vivencia más plena de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza, liberándonos con ello de los miedos, las frustraciones y los complejos que se nos adhieren por una mala comprensión de la vida en comunidad y que nos hacen vivir en una especie de conflicto permanente de todos contra todos. De este modo, con su ideal del ciudadano del mundo y su arquetipo del sabio, el estoicismo derriba las viejas murallas del egocentrismo cultural y nos impulsa a elevar nuestra mirada más allá de los desgastados baluartes de las diferencias raciales, religiosas o culturales. Una ascensión hasta la cima de nosotros mismos donde se intuye un origen común para todos los caminos.

Bibliografía consultada y recomendada

Bréhier, É.: La teoría de los incorporales en el estoicismo antiguo. Editorial Leviatán. 2011.

Crisipo de Solos: Testimonios y fragmentos. Editorial Gredos. Madrid, 2006.

Zenón et alii: Los estoicos antiguos. Editorial Gredos. Madrid, 1996.

Elorduy, E.: El estoicismo. Tomos I y II. Editorial Gredos. Madrid, 1972.

Gagin, F.: ¿Una ética en tiempos de crisis?: ensayos sobre estoicismo. Universidad del Valle. Santiago de Cali, 2003.

Hadot, P.: Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Editorial Siruela. Madrid, 2006.

Musonio Rufo: Disertaciones y fragmentos menores. Editorial Gredos. Madrid, 1995.

Epicteto: Disertaciones por Arriano. Editorial Gredos. Madrid, 1993.

Pigliucci, M.: Cómo ser un estoico. Editorial Ariel. Barcelona, 2018.

Rist, J.M.: La filosofía estoica. Editorial Ariel. Barcelona, 2017.

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