Octubre 2018

El espíritu olímpico, fuente de valores

Escrito por  Francisco Iglesias Buendía
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Si buscamos en la historia algunos elementos que hayan sobrevivido a lo largo de miles de años, aunque sea de manera intermitente, y que hayan servido a personas que vivieron hace más de dos mil años y que todavía sirven hoy en día para nuestra sociedad, uno de estos elementos es, sin duda, los Juegos Olímpicos.

No vamos a hablar sobre la historia de los Juegos, sino sobre aquello que subsiste de forma inmanente en la celebración de los mismos y que es el espíritu olímpico, que sigue inspirando hoy en día a cada uno de los participantes de este evento.

La Escuela del Deporte con Corazón nació con el propósito de seguir alentando este espíritu. Para ello, ofrece el deporte para todos (viejo sueño de Coubertin), y para todas las edades. La educación deportiva es útil para todos: los que poseen vocación y los que se sienten atraídos por el deporte, para que todos tengan la oportunidad de vivir la experiencia del deporte como algo lúdico, agradable, provechoso, y que no produzca rechazo en personas que tienen el concepto erróneo de que el deporte es solo sacrificio y sufrimiento del cuerpo físico. El deporte produce bienestar físico y psicológico, así como salud si se practica con inteligencia.

La gimnasia no solamente posee la capacidad de formar físicamente al individuo, sino también psicológica y moralmente si utilizamos el deporte como medio para desarrollar y transmitir valores, formando seres humanos conscientes, útiles y felices. Algunos valores como la solidaridad, la cooperación, la comunicación, la participación, la tolerancia, el respeto a los demás, el trabajo en equipo, la convivencia, la perseverancia, la creatividad o la iniciativa, pueden desarrollarse con la práctica del deporte.

La Escuela del Deporte con Corazón colabora hoy en día como Centro de Estudios Olímpicos, formando parte de esa gran familia olímpica cuyo padre/madre es la Real Academia Olímpica Española, difusora y defensora del olimpismo, que es la filosofía olímpica.

El olimpismo se presenta como una filosofía de la vida, y los postulados están, entonces, dirigidos a exaltar y combinar en su conjunto armónico las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu. Al asociar el deporte con la cultura y la educación, el olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales. Es por ello por lo que el objetivo del olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armó nico del ser humano con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana.

Como homenaje a este caballero del deporte que fue Pierre de Coubertin, hemos dedicado este año 2018 a rescatar y reivindicar la vida de este hombre, a decir de D. Conrado Durántez «el más famoso desconocido de la historia». Para ello hemos realizado muchas actividades en torno a su vida y su obra: una exposición itinerante y un audiovisual cedidos por la Real Academia Olímpica Española, más de 15 conferencias, charlas y tertulias en doce ciudades de toda España y, por último, esta revista, que trata de resumir toda la labor que realizó este gigante de la pedagogía y de acercarnos un poco más a la persona.

Coubertin, pedagogo antes que deportista

Conocido como «renovador de los JJ. OO.», Pierre de Coubertin, que se considera pedagogo por encima de todas las cosas, explora todos los dominios de la actividad humana y merece el noble título de humanista. Su obra resulta de una actualidad admirable. Con esta revista pretendemos, desde la humildad, aportar nuestro granito de arena en el rescate de la titánica obra y figura de este gigante de aspecto afable y sonrisa cómplice.

Coubertin quiere imprimir en el deporte una misión educativa; este aspecto se menciona en varios de los principios fundamentales de la Carta Olímpica:

Principio Fundamental 2 : El olimpismo es una filosofía de vida que exalta y combina en un todo equilibrado las cualidades del cuerpo, la voluntad y la mente. Con esta fusión del deporte con la cultura y la educación, el olimpismo aspira a crear un modo de vida basado en el disfrute hallado en el esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios é ticos fundamentales universales.

Principio Fundamental 3 : El objetivo del olimpismo es poner el deporte al servicio del desarrollo armó nico del ser humano en todos los ámbitos, a fin de fomentar el desarrollo de una sociedad pacífica preocupada por la preservación de la dignidad humana.

El espíritu de la Escuela del Deporte es entender que lo que importa es ser mejores, más rápidos a la hora de cumplir con las responsabilidades, más altos para elevar nuestros sentimientos y pensamientos y más fuertes para vencer las debilidades: citius, altius, fortius.

Como diría Aristóteles, «En los Juegos Olímpicos no se corona a los más hermosos y a los más fuertes, sino a los que saben competir…». De esta manera recuperamos el sentido original de la competición: com petire (ir juntos hacia algo). Por lo tanto, se hace imprescindible el desarrollo del espíritu olímpico.

En nuestro logo aparece el fuego olímpico como símbolo universal de unión. Quien siente esta vocación cree, además, en las ideas de hermandad entre los pueblos, de no discriminación, de usar el deporte como correa transmisora de valores y de la búsqueda incansable de la paz.

Así pues, emprendamos el comienzo de una hermosa aventura, hija de ideas luminosas, y al decir de Coubertin:

«A vosotras, mis ideas, dedico mis memorias en señal de agradecimiento por los momentos felices que me habéis dado. No estoy seguro de si sois todas mías, ni de si antes de que llegarais a mi mente habíais vivido en la mente de otras personas. No obstante, tengo la impresión de que me pertenecéis, lo que viene a ser lo mismo que si realmente lo hicierais. Nunca nos peleamos. Tiendo a aceptaros y a obedeceros, y tengo fe en vuestra consistencia. Algunas de vosotras ya habéis tomado forma y os habéis hecho realidad. Esto le da confianza a otras ideas en las que no he tenido tiempo de trabajar… Esperarán con paciencia y no me abandonarán.

¡Oh, no me abandonéis! Sois mi felicidad. Pensar, imaginar, soñar, concebir: que placer!».

 

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