Martes, 01 Octubre 2019 00:00

Gandhi y la fuerza del espíritu

El día 2 de octubre de este año se conmemoran los ciento cincuenta años desde el nacimiento de uno de los seres humanos más extraordinarios que ha conocido el siglo XX. Nosotros, el equipo de Esfinge, nos sumamos a los homenajes que sin duda se van a extender por todo el mundo, pues tanto el personaje como su obra nos ofrecen ejemplos insólitos sobre cómo se puede transformar la realidad y poner en marcha la historia.

Gandhi nos habla desde su propia biografía sobre el poder de las ideas cuando ha llegado su momento y sobre el compromiso que los ideales de justicia despiertan en los seres humanos que se entregan con total disponibilidad a plasmarlos. No es necesaria la fuerza de la coacción para abrir nuevos caminos, tal es su propuesta arriesgada y valiente, pues una fe absoluta en el poder de la palabra y el amor o la concordia es capaz de remover conciencias hasta extremos casi inexplicables.

Pensamos en Esfinge que traer a nuestro presente a esta «gran alma», ciento cincuenta años después de su nacimiento, es una oportunidad para volver a pensar en lo que necesitamos ahora para que el mundo sea mejor y dónde buscar esas ideas inspiradoras para nuestras acciones. Una oportunidad para conocer con algo más de profundidad cuáles fueron las claves para que Gandhi llegara a cumplir con su destino, de la manera más pacífica posible. Más allá del relato o de los mitos que se han construido en torno a su condición de líder de todo un pueblo, preferimos acercarnos a su lucha interior, y aprender de él a superar las pruebas y las dificultades sin perder en ningún momento la convicción de que «la paz es el camino», como solía repetir.

Ojalá la humanidad sepa aprender la gran lección de almas grandes como la de Mohandas Karamchand Gandhi.

Publicado en Editorial
Martes, 01 Octubre 2019 00:00

Gandhi, el hombre que no quiso reinar

Parafraseando el título de la novela de Kipling, podemos hacernos una idea de lo que ha supuesto la figura de Mohandas Karamchand Gandhi para el mundo contemporáneo. En el pequeño y tímido alumno que, al acabar las clases del colegio, salía corriendo a su casa por miedo a que sus compañeros se burlasen de él, era difícil vislumbrar el personaje que llegaría a ser. En el subconsciente de millones de personas, permanece Gandhi como revolucionario y sabio. Nadie lo relaciona con la clase política ni el gobierno. Ciertamente, nunca quiso presidir, gobernar ni reinar.

Las cosas no aparecen de la nada. El hombre que se enfrentó al Imperio británico heredó de su padre, Karamchand, una inteligencia práctica. Este llegó a ser primer ministro de su ciudad, a pesar de ser prácticamente analfabeto. De su madre, Putlibai, aprendió a desarrollar la fuerza de voluntad. Inteligencia práctica y fuerza de voluntad fueron los dos pilares en la lucha personal de Mohandas.

A los diecinueve años viajó a Londres para cursar Derecho. En 1888, nos encontramos a un Gandhi estudiando leyes, vestido como un gentleman, tomando cursos de oratoria, violín, bailes de salón. Pensaba que Inglaterra era el país modelo para el resto del mundo y, en esos años, quería vivir como un aristócrata inglés. Se interesó por la filosofía oriental, que la mayoría de jóvenes indios rechazaban por completo. Un amigo le dio a conocer el Baghavad Gita, y quedó tan impresionado que lo tuvo como libro de consulta toda su vida. Este descubrimiento fue el inicio de la vida del Gandhi que conocemos. Aprendió que, si nos apegamos de manera enfermiza a algo, un estatus social, un trabajo, el reconocimiento, el dinero, el placer, viviremos infelices. Aprendió que el apego nos lleva al olvido de lo fundamental: en la vida, lo importante no es tener, sino ser. En el Baghavad Gita encontró las bases de su lucha por la paz. Y sacó la inspiración para sus campañas del «Satyagraha», término que significa «conducta verdadera», y también «esfuerzo por la verdad». Gandhi declaró en una ocasión que «una nación de 320 millones de habitantes no necesita la pistola de un asesino, no necesita lanzas ni puñales, necesita simplemente tener voluntad propia, esa es la fuerza del Satyagraha».

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Otra gran idea que Gandhi recogió de la sabiduría oriental es Ahimsa. Literalmente significa «ausencia de violencia». Gandhi consideraba que había que luchar activamente, todos los días, sin descanso, pero con métodos éticos, no usando odio ni violencia. No tiene, pues, nada que ver con la «resistencia pasiva», una traducción desgraciada que él siempre rechazó, pues defendía una fuerza activa y provocativa. Gandhi enseñaba que el poder no reside en las armas. El poder residía en no ceder ante la maldad y, a la vez, no cooperar con el Gobierno británico. Comprobó que, cuando se tiene un sueño, cuando se tiene un ideal, se tiene una fuerza enorme para conseguirlo. La no violencia no es el arma de los débiles, es el arma de los corazones fuertes, de los que son capaces de luchar por aquello en lo que creen. Y esa lucha no tiene por qué ir seguida de violencia. La no violencia es lucha espiritual. Significa aguantar, responder al odio con el amor, como dijo Buda.

La independencia política no era el fin que perseguía Gandhi, sino un medio. La finalidad de su lucha era liberar a la India de la pobreza y la ignorancia. Creó la Asociación Educativa India. Se dio cuenta de que, si no se educaba a la gente, no serviría de nada la independencia política. Aunque se cambiasen las leyes, sin educación ética siempre habría explotadores y explotados, amos y esclavos.

Gandhi se pasó toda la vida defendiendo los derechos de los sin casta, poniendo en evidencia la injusticia del sistema de las castas. Le costó mucho, venció siglos de prejuicios religiosos y lo consiguió en el ashram y en miles de pueblos de la India. Decía: «Si es posible la justicia, la fraternidad, en este grupo, ¿por qué no va a ser posible en el mundo entero? Sí es posible, pero muchos no quieren».

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Tuvo que sufrir las divisiones internas entre los propios indios. Por un lado estaba Neru, quien era partidario de una independencia rápida, costase lo que costase; por otro, Jiná, líder de los musulmanes, que presionaba por un Estado nuevo solo para los musulmanes, que más tarde fue Pakistán. Gandhi les instaba a no precipitarse y a prepararse para gobernar. Instituciones, ministerios, red de comunicaciones, ¿quién haría funcionar todo eso? Al visitar los hospitales, viajando en los trenes, se daba cuenta de la situación pésima en que se encontraba la India. Muchos hacían sus necesidades en los pasillos, ¿qué pasaría si consiguieran ya la independencia?

En 1947, la India consiguió su tan ansiada independencia, pero a Gandhi no le agradó. Mientras se alzaban triunfantes las banderas de la India y del Pakistán, él permaneció en su casa, silencioso, triste, temeroso de lo peor. Se trazó un plan esperpéntico. Se desplazó a millones de familias según su religión, los musulmanes a Pakistán (¡qué estaba en dos partes extremas de la India!) y los hindúes a la India. La comunidad sij quedó entre dos bandos, sin que se les reconociera su propia identidad nacional. Los pueblos, azuzados por líderes mezquinos, siguieron enfrentándose unos contra otros. Hubo decenas de miles de muertos y una guerra fratricida que aún no ha terminado.

Gandhi se retiró de la política. Pero no detuvo su marcha, siguió caminando, hablando de paz y de sencillez. El 30 de enero de 1948 salió al patio como todas las tardes, para orar y hablar con las personas que venían a escucharlo. Un hombre se interpuso y le ofreció una reverencia, mas al levantarse le disparó tres balas que le mataron al instante. Gandhi apenas tuvo tiempo de decir «Oh, Rama» y su cuerpo cayó al suelo.

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Todo el planeta se conmovió cuando supo que el profeta de la paz había caído. La India se paralizó. Una infinita multitud silenciosa se congregó a orillas del Ganges para despedir a ese hombre, a quien llamaban «Bapu», «padre». Hasta el virrey de Inglaterra se sentó lloroso en la arena junto a la hoguera de aquel hombre que nunca tuvo posesiones, títulos ni talentos especiales. Simplemente, era un hombre que se atrevió a defender la paz en un mundo en guerra. Un corazón abierto a los ricos, a los pobres, a los brahmanes y a los intocables; a los europeos, a los hindúes y a los musulmanes.

 

Publicado en Filósofos

¿Quién es Gandhi? ¿Es un maestro, un asceta, un político, un filósofo?... Vamos a acercarnos a él e interpretarlo sobre la trama de los valores éticos, filosóficos y espirituales de la tradición indostánica.

Por nacimiento (2 de octubre de 1869), es un bania, dentro de la casta vaysha, la tercera casta después de brahmanes y chatryas, la que interpretamos en Occidente como comerciantes o empresarios, aunque en su familia ya llevaban tres generaciones dedicados a la política, con rango de primeros ministros en varios Estados. Lo casan a los trece años con Kasturbai; van a convivir sesenta y dos años.

Tengamos en cuenta la influencia de Occidente en aquella India en dos aspectos: 1.º los británicos son considerados la raza superior y el gentleman es el modelo de referencia; 2.º los sacerdotes cristianos han extendido la creencia de que el hinduismo es un conjunto de supersticiones e idolatrías.

De esta manera, a los dieciocho años se apresta a marchar a Inglaterra, la metrópoli, donde estudiará Derecho y se formará como un verdadero ciudadano del Imperio. A pesar de todo, su madre le obliga a comprometerse y hacer votos de «no tocar vino, mujer, ni carne».

El destino tiene sus propios designios y, en Londres, conoce a dos teósofos que le presentan a Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica mundial, y de paso a Annie Besant, que se ha convertido a la teosofía recientemente.

Este es su primer contacto con el principio y el trabajo de creación de núcleos de fraternidad universal, más allá de razas, credos, sexos, nacionalidad, o condición social; y, por otra parte, va a oír decir que «no hay religión superior a la verdad». Leerá La luz de Asia, del inglés Edwin Arnold, y, sobre todo, el Bhagavad Gita, tratado filosófico integral en el que encontrará la guía que necesita, y sobre el que más tarde escribirá su propia versión.

Esta formación le hace ver el valor de las tradiciones indostánicas y que él ha nacido en una cultura espiritual multimilenaria, que es la madre de todas las religiones occidentales (expresadas en las lenguas indoeuropeas).

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En aquella cultura no existe la palabra filo-sofía o amor a la sabiduría; por ello, muchos estudiosos creen que no existe la filosofía en la India. No ocurre tal, sino que la filosofía se expresa en el concepto «darsana» que significa «punto de vista». Los tratados filosóficos se llaman Upanishads, que normalmente estarían integrados en los Vedas.

Hay seis darsanas vinculadas a los Vedas u ortodoxas, y hay otras independientes de los Vedas, heterodoxas, como por ejemplo, el budismo.

En el Bhagavad Gita se expresan fundamentalmente dos darsanas: el Sankhya y el Yoga. Es, sobre todo, el yoga el que se desarrolla en sus cuatro niveles de:

- Karma yoga o yoga de la acción.

- Bakthi yoga o yoga de la devoción.

- Gnani yoga o yoga del conocimiento.

- Raja yoga o yoga de la liberación.

Hay cinco virtudes que son el fundamento ético de ese camino de realización espiritual, imprescindibles en todos los niveles:

1. Ahimsa, que significa «no daño».

2. Satya, que significa «veracidad».

3. Brahmacarya, que significa «continencia en pensamiento, palabra y obra».

4. Asteya, que significa «no robar».

5. Aparigraha, que significa «no apropiación».

Gandhi fue incorporando paulatinamente a su vida estas virtudes y convirtiéndose en un modelo público, en un yogui popular.

En 1891, cuando volvió de Inglaterra y comenzó a ejercer de abogado, su opción fue ayudar a los tribunales a conocer la verdad en cada caso. Había clientes que tenían dos abogados, a él para decir la verdad o no mentir, y otro para ocultarla y mentir. Así, su futuro como abogado no estaba claro.

En 1893, marchó a Sudáfrica como representante de los intereses de una compañía india; allí se encontró, abruptamente, el trato que daba «la raza superior» a sus paisanos. En cuanto a él; le echaron a patadas de un tren por atreverse a viajar en primera clase, se tenía que bajar de la acera cuando se cruzaba con un blanco, y le pusieron una tarjeta de identidad con diez dígitos, exactamente como a los criminales.

Comenzó a practicar la no colaboración y la desobediencia civil quemando públicamente el documento de identidad; a esto le llamarían más tarde sus comentaristas «no violencia» o resistencia pasiva; pero esto no es muy acertado, más bien se trataría de «no daño».

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«La violencia es inevitable cuando estás vivo, tienes cuerpo y ocupas un lugar en el mundo; desde la gestación a la muerte, siempre hay algo o mucho de violencia». Por otra parte, esta actividad no es pasiva, es una actividad moral, una lucha ética que utiliza la fuerza del alma y no la corporal.

El objetivo es no hacer daño al otro, aunque te lo hagan a ti; la fuerza del alma se manifiesta en la capacidad de sufrir… ¿Se le puede llamar amor? Paralelamente acuña el término «satyagraha», que traducimos por «mantener la verdad». Así, amor y verdad son los dos pies sobre los que camina su acción social, su lucha por la dignidad de sus compratiotas.

Crea una granja, comunidad o asram, donde admite a una familia de intocables (los sin casta o parias), y todos los trabajos se hacen en común, incluida la limpieza de las letrinas. Esto le trae problemas con sus más allegados y él les responde: «No tratéis a nadie como los ingleses nos tratan a nosotros».

En 1906, con treinta y cuatro años, pronuncia el voto de brahmacarin. No volverá a tener vínculos sexuales con nadie. Realiza los dos primeros ayunos de una y dos semanas por faltas cometidas en la granja. No castiga al culpable, sino que se hace responsable de su falta y de la expiación.

En 1907, renuncia a su profesión y entrega todos sus bienes.

Cuando vuelve a la India, en 1915, Tagore le llama Mahatma o gran alma, que es el título que se da a los grandes maestros espirituales; él no lo acepta y sí que le llamen Bapu o padre.

A la huelgas pacíficas o actos de no colaboración con las autoridades, las va a inscribir en el concepto de satyagraha, pues no son períodos de inactividad, sino días de ayuno y oración.

Comienza a predicar la artesanía en todos los sentidos y utiliza como símbolo la rueca para hilar tejidos manuales, llamados khadi. Lanza una campaña contra los tejidos ingleses producidos en Manchester; es una de las formas de no colaboración que culmina años después con la quema de telas inglesas y extranjeras en general.

A estas alturas, ha abandonado totalmente la vestimenta occidental y viste con un dhoti como prenda inferior y un khadi como prenda superior.

Recorre la India y asume que la clave de la vida de su país no está en las ciudades, sino en las más de quinientas mil aldeas en las que vive la mayor parte de la población sumida en la pobreza y el abandono, y él se pone a la cabeza de esa forma de vida promulgando que la solución para ese pueblo es la artesanía local.

Para ese entonces ya no es un ciudadano del Imperio británico y decide que el domino inglés sobre la India no es un bien sino un mal.

Considerado un peligro para la Corona, le condenan a seis años de cárcel, lo cual no es nuevo para él, pues había estado detenido unas cuantas veces. Cumple algo más de dos años y aprovecha para darle a la rueca y escribir La historia de mis experiencias con la verdad , que luego se llamaría Autobiografía.

Ha ido fraguando la segunda arma de su lucha no violenta, que es la desobediencia civil. El acto más representativo y simbólico de esta etapa es «la marcha de la sal», contra la ley que prohíbe producirla y los impuestos sobre ella. Recorrió más de cuatrocientos kilómetros hasta llegar al mar, a través de cientos aldeas y explicando a la gente los motivos de esta marcha… lo cual le supuso seis meses más de prisión en 1930.

En 1931 viaja a Londres y les dice a las autoridades británicas en su cara que abandonen la India.

Entre 1934 y 1936 sufre varios atentados, alguno con bomba, para intentar asesinarle, pero él continua con sus viajes y mítines para educar al pueblo. Se va quedando solo frente a la violencia y emprende ayunos a muerte.

En 1947 se produce la independencia de la India, con la ruptura del país. Él no considera que la India se ha liberado, sino que ha cambiado de dueños. En 1948 un brahmán fanático le asesina.

El legado de Gandhi

Es un asceta o yogui que pasa de la ética individual a la colectiva; no interviene en política, sino más bien en mejorar el destino de su país.

Enseña cuáles son las armas para combatir por la verdad-justicia, y son armas que no dañan.

Es un ejemplo y un modelo para nuestro presente y nuestro futuro inmediato, pues las armas dañinas son un camino sin salida.

Enseñó una sola religión: la verdad, y que no hay más que un pueblo: la humanidad.

 

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