Entrevistas — 31 de diciembre de 2016 at 23:00

Jordi Pigem: «Entre los extremos del neodarwinismo y el creacionismo está emergiendo una tercera vía»

por
Jordi Pigem

Entrevistamos en exclusiva para Esfinge al doctor Jordi Pigem (Barcelona, 1964). Fue profesor del Máster en Ciencias Holísticas del Schumacher College de Dartington y la Universidad de Plymouth (Inglaterra). Ha sido profesor invitado en la Universidad de Barcelona y ponente en otras universidades (Columbia, Oxford y Venecia). Es autor de varios libros: La odisea de Occidente , Buena crisis , GPS , Espiritualidad y política y La nueva realidad , publicados por Editorial Kairós. Coordinó la publicación catalana de la obra del filósofo Raimon Panikkar, de quien fue asistente. Recibió el Premio de Filosofía del Institut d’Estudis Catalans y el Premio de Ensayo de Resurgence y la Scientific and Medical Network. Como periodista especializado en el paradigma ecológico, ha sido coordinador de la revista Integral y editor de la obra colectiva Nueva Conciencia: plenitud personal y equilibrio planetario para el siglo XXI. Ha escrito textos sobre las principales figuras del pensamiento sistémico: Leonardo da Vinci, Ernst Friedrich Schumacher, Fritjof Capra o Iván Illich. Colabora habitualmente en varios medios de comunicación, destacando por su estilo fresco, directo y comprometido con la Nueva Conciencia que está surgiendo en este convulso principio del siglo XXI.

¿Quién es el doctor Jordi Pigem?
Si nos preguntamos «¿Quién soy yo?» con honestidad y rigor, no hay respuesta sencilla. En algunas tradiciones filosóficas, sobre todo en Oriente, se te invita a que te hagas esta pregunta una y otra vez, dándote cuenta de que no eres lo que posees, ni nada que pueda reducirse a etiquetas o a términos burocráticos. Tampoco eres tu cuerpo, porque tu cuerpo cambia con los años mientras que tu sensación de ser «yo» se mantiene idéntica. Basta con preguntarse «¿Quién soy yo?», de manera coherente y continuada, para embarcarte en una aventura de autoexploración que puede llevarte al núcleo del misterio de la conciencia y de la existencia. ¿Quién soy yo tras años de hacerme esa pregunta? No es algo que pueda explicarse con la claridad con que se puede explicar un experimento científico. Aquí estamos en un terreno en el que la paradoja es inevitable. La respuesta que prefiero es la de Nisargadatta: «Cuando miro mi interior y veo que no soy nada, eso es sabiduría. Cuando miro fuera y veo que lo soy todo, eso es amor. Entre ambos gira mi vida».

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¿Qué es exactamente la vida?
He aquí otra pregunta sin respuesta sencilla. ¿Qué es la vida? ¿Qué es lo que distingue a una rosa de una roca, a una hoja de roble de una hoja de papel? Desde la filosofía griega a la ciencia contemporánea, se han multiplicado los intentos de explicar qué es la vida, pero todos saben a poco. Si buscas la definición de «vida» en un diccionario, seguramente te parecerá insuficiente, árida, carente de vida. La incesante renovación de la vida desborda lo que la mente puede concebir: incontables variedades de formas y estructuras, de hojas y ojos, de órganos y organismos, incontables maneras de estar en el mundo, de expresarse y de relacionarse. Si preguntamos qué es la vida, las palabras «belleza» y «prodigio» vendrían a la mente de muchas personas, incluidos los más eminentes biólogos, como Darwin, que culmina El origen de las especies con un elogio de cómo la vida genera una y otra vez las «formas más bellas y maravillosas». Pero no quiero escabullir la pregunta. Vivir es nacer a cada instante. Nuestras células se renuevan continuamente, y eso deberíamos hacer también nosotros. En Inteligencia vital , a partir de lo que está descubriendo la ciencia del siglo XXI, llego a la conclusión de que donde hay vida, hay inteligencia, y donde hay inteligencia, hay vida.

¿Es la vida ingeniera, artista o ambas cosas?
La vida, bien observada, es a la vez un modelo para el ingeniero y para el artista. Lo sabía Leonardo da Vinci, lo sabía Gaudí, y hoy lo explora la disciplina conocida como biomimética (del griego bíos , «vida», y mímesis , «imitación»). La biomimética es el estudio de la inteligencia y creatividad de la naturaleza a fin de diseñar materiales, procesos y estructuras más eficientes y más llenos de vida. Muchos de los problemas que se plantean en el diseño contemporáneo han sido resueltos por los organismos y ecosistemas a lo largo de su evolución, con soluciones que integran eficacia, elegancia y sostenibilidad. Por ejemplo, el hilo de la tela que teje la araña es, en relación con su peso, cinco veces más resistente que el acero y mucho más flexible. Y los mejillones generan una sustancia que funciona perfectamente como adhesivo en el agua. Son materiales extraordinarios, hechos en silencio, a temperatura ambiente, con la energía del metabolismo y sin generar residuos tóxicos.

¿Cómo será la biología posdarwinista? ¿Qué es la tercera vía?
Entre los extremos del neodarwinismo y del creacionismo está emergiendo una tercera vía, plenamente científica y a la vez abierta a la insondable complejidad de la vida. Tanto el neodarwinismo como el creacionismo reducen la vida a la no-vida: a fuerzas ciegas y mecánicas (neodarwinismo) o trascendentes y sobrenaturales (creacionismo), totalmente ajenas, en ambos casos, a lo que la vida tiene de orgánico e inmanente. La visión posdarwinista, o, como yo prefiero llamarla, postmaterialista, pone énfasis en las relaciones más que en los individuos, en la coevolución y no en la selección, en la autonomía y no en la adaptación, y en la cooperación y la simbiogénesis más que en la competición.

¿Cómo es posible la inteligencia en organismos que no tienen cerebro ni sistema nervioso?
En Inteligencia vital recojo ejemplos de las mejores revistas científicas sobre inteligencia en plantas y en organismos unicelulares, que naturalmente no tienen cerebro. En la visión materialista, la inteligencia, la mente y la conciencia son producidas por el cerebro. En la visión postmaterialista, la conciencia es más amplia y más primordial que el cerebro. Dos de los más grandes físicos del siglo XX, Erwin Schrödinger y Eugene Wigner, ambos galardonados con el Premio Nobel, propusieron independientemente, a partir de los descubrimientos de la física del pasado siglo, que el fundamento de la realidad no es la materia (o la materia y la energía) sino la conciencia. Darse cuenta del carácter primordial de la conciencia conlleva un asombroso cambio de perspectiva, que viniendo de la ciencia confluye con las grandes tradiciones de sabiduría.

¿Hasta qué punto necesitamos una nueva ciencia de la vida? ¿Cómo influye esto en la vida cotidiana de la gente?
Hoy está muy extendida la creencia de que somos máquinas programadas y dirigidas por nuestros genes, simples robots, como insiste Richard Dawkins. Eso se basa en especulaciones que han quedado completamente superadas por la evolución de la biología. Pero esta creencia sigue impregnando nuestro imaginario colectivo, asaltando la dignidad de la condición humana, ignorando el misterio de la conciencia. Hay una enorme diferencia entre sentirse robot y sentirse lleno de vida, entre sentirse un individuo mecánico y aislado o bien sentirse participante de un universo lleno de sentido. Ello tiene enormes repercusiones en nuestra vida personal y colectiva, y en nuestra actitud respecto a las otras formas de vida con las que compartimos la existencia en la Tierra.

¿A qué se refiere cuando expone que «el mundo no está hecho de objetos sino de relaciones»?
En mi libro anterior, La nueva realidad , muestro cómo la evolución de la física ha abolido el mundo clásico de objetos separados, pasivos e inertes, que se daban la espalda y no se hablaban. Hoy podemos leer en Nature , la más prestigiosa de las revistas científicas, que el comportamiento de un electrón depende de lo que hacen todos los demás, hasta el punto de que el electrón como entidad individual se convierte en una ficción. Las cosas aisladas son espejismos, todo está mucho más interrelacionado de lo que pensábamos. Ello nos invita a pasar de un mundo centrado en las cosas a un mundo centrado en la vida y en la conciencia.
Se está demostrando que es un error científico percibir la «lucha por la supervivencia» como rasgo de la naturaleza ¿Qué quiere decir con que «la autorrealización es la clave de la evolución»?
En sus estudios de fisiología y biología, el psiquiatra Kurt Goldstein vio que lo que impulsa a todo organismo es la tendencia a realizar sus propias capacidades, su propia naturaleza. El impulso a la mera conservación, a la supervivencia, es un medio al servicio de la autorrealización, y solo pasa a primer plano en situaciones de emergencia. En circunstancias sanas y normales, lo que busca el organismo es realizarse en nuevas actividades, de acuerdo con su naturaleza. La autorrealización es la clave de la evolución biológica y de la evolución de la conciencia. También debería ser la clave de nuestra vida personal y colectiva.

¿Qué son la Vieja Realidad y la Nueva Realidad?
Es una manera de referirme al mundo obsoleto centrado en las cosas y el dinero, que todavía hoy prevalece, y la nueva conciencia, holística y relacional, que lentamente va emergiendo.

¿Qué conclusiones éticas y políticas se derivan de esa nueva cosmovisión?
Dar prioridad a la personas por delante de las cosas, y a la vida por delante del dinero, implica toda una nueva serie de valores, que incluyen la responsabilidad social y ecológica y mucho más. Por ejemplo, una educación que no esté centrada en el rendimiento y en lo cuantitativo, como hoy sucede, sino en las personas y en lo cualitativo.
La nueva biología es también una invitación a valores como la cooperación y la autorrealización. Hay competición en la naturaleza, pero es un fenómeno mucho menos preponderante de lo que se había pensado, y no tiende hacia el monopolio o el genocidio sino hacia un mayor florecimiento de la diversidad. Algo semejante debería suceder en la sociedad humana: que cada uno busque la excelencia en lo que hace, pero sin pisar a los demás. La competición sin una orientación básica hacia el bien común lleva al deterioro global, social y personal. En un ecosistema sano, que no esté sometido a impactos muy perturbadores, la autorrealización de una especie no se hace a costa de las demás, sino que contribuye a la autorrealización de todas las especies del ecosistema que con ella coevolucionan. En un sociedad sana, libre y vital, la genuina autorrealización de una persona no se hace a expensas de los otros, sino que contribuye a la autorrealización de todos. En la medida en que cada uno encuentra su camino, contribuye a que otros y otras encuentren el suyo. Podemos ver la historia, como hacía Erich Fromm, como un camino de autorrealización, de empoderamiento, diversidad y libertad crecientes.

Si adoptamos esta visión postmaterialista de la vida, ¿qué vemos?
Que no somos espectadores pasivos en un mundo de objetos, sino coautores y cocreadores de un universo de relaciones. Que no hemos venido al mundo a competir y controlar, sino a participar en la gran aventura de la evolución de la conciencia. Que no somos seres materiales que tienen experiencias espirituales, ni máquinas genéticas que tienen sensaciones psicológicas, sino conciencia envuelta en los velos de la materia, el espacio, el tiempo y la limitación. Que el núcleo de la realidad habla el lenguaje de la imaginación, la creatividad y la intuición más que el de las leyes, fórmulas y conceptos. Que cada momento es un regalo. Que entre tú y el resto del mundo nunca hay, nunca hubo, ninguna separación.

En su libro Buena crisis (ed. Kairós) afirma que la crisis del actual modelo de civilización es terapéutica y una oportunidad. ¿Cree realmente que saldremos de esta crisis y cómo?
Krisis es la palabra que usaba Hipócrates para señalar el momento decisivo en el curso de una enfermedad, cuando la situación súbitamente mejora o empeora. Esta acepción médica es el único sentido que crisis tuvo en latín y en la mayoría de lenguas europeas hasta principios del siglo XVII, y sigue siendo el primero que da el Diccionario de la Real Academia. En su sentido original, una crisis es una oportunidad de curación, y durante siglos se ha hablado con toda naturalidad de la buena crisis o la happy crisis que conduce a la curación del enfermo. En nuestro caso, el enfermo es el sistema: nuestra crisis global es, por tanto, una oportunidad de sanar un sistema obsoleto, cuyas patologías hasta hace unos años quedaban enmascaradas por los espejismos del consumo. Si saldremos, y cómo saldremos, depende de lo que se manifieste a través de cada uno de nosotros.

Jordi Pigem GPSHaciendo referencia a su otro libro GPS Valores para un mundo en transformación (ed.Kairós) , ¿quiénes o qué instituciones pueden fomentar o inculcar esos nuevos valores?
La mayoría de las instituciones que hoy tenemos son obsoletas. La evolución emerge a través de quienes están despiertos para abrazar nuevas formas de conciencia y nuevas formas de ser. En GPS muestro que necesitamos un replanteamiento radical de nuestro modo de vivir y de los valores que nos guían. Y ese cambio ya está en marcha. Pero es un cambio silencioso, y los medios de comunicación tienden a centrarse en lo estridente.

¿Cómo se vive este nuevo paradigma en los ámbitos académicos?
Durante años fui profesor, en Inglaterra, del primer programa de Masters a nivel mundial centrado en el nuevo paradigma científico. Muy lentamente, con avances y retrocesos, el nuevo paradigma va entrando en el mundo académico. Pero las instituciones tienen una gran inercia que las lastra, y por eso todos los grandes cambios de paradigma se han iniciado siempre en los márgenes y las periferias. Por otra parte, en esos márgenes también proliferan iluminados con ideas totalmente faltas de rigor y coherencia. Entre ambos extremos, hay que navegar con apertura a las nuevas perspectivas pero sin renunciar al rigor científico. Las instituciones acabarán incorporándolo, porque no se puede vivir mucho tiempo de espaldas a la realidad.

¿Qué opina de la asignatura de Filosofía y de su paulatina exclusión de los planes de estudios para los jóvenes?
Un mínimo de filosofía es esencial para aprender a pensar con claridad, para formar personas con criterio, capaces de labrar su propio camino, y para ser conscientes de los prejuicios y anteojeras que a menudo limitan nuestra percepción. En un mundo que pone las cosas y el dinero delante de las personas, naturalmente esto no es proritario. Pero lo ha de ser si queremos una sociadad sana, en que la vida humana tenga pleno sentido.

¿Cuáles son sus próximos libros y proyectos?
Las semillas de proyectos, antes de salir a la luz, hacen su camino en la intimidad del espacio interior. Tengo un proyecto de libro sobre las formas de autoengaño que veo tras algunas de las actuales utopías tecnológicas. Lo que hoy necesitamos desarrollar, sobre todo, no es lo tecnológico y tangible sino lo intangible, la conciencia y la plena presencia en el aquí y ahora.

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