Julio 2019

El toro, un símbolo que traspasa fronteras

Escrito por  Giosef Quaglia
El toro, un símbolo que traspasa fronteras El toro, un símbolo que traspasa fronteras

El toro es un símbolo de potencia fecundante, de propagación vital. Está asociado por sus cuernos con la Luna y sus influjos. Se relaciona, además, con la figura mítica del Minotauro, con el toro egipcio Apis, con las danzas taurinas de la antigua Creta y con el culto de Mitra.

Este artículo quiere ser un recorrido por el simbolismo del toro, teniendo presente que su principal característica, común a la mayoría de las antiguas civilizaciones y culturas, es la de evocar la potencia y el poder de fecundación terrestre y celeste. Asimismo se verá brevemente su simbolismo astrológico.

La cultura india

El dios védico Indra es asimilado al toro como fuerza calurosa y fertilizante. Está ligado al complejo simbólico de la fecundidad: cuerno, cielo, agua, rayo, lluvia, etc. Se dice que romper el cuerno del toro es romper la potencia, pero sin romperse esa potencia, puede sublimarse.

Si bien el toro es emblema de Indra, lo es también de Shiva y, como tal, es blanco y noble. Representa la energía sexual; pero cabalgar al toro como lo hacía Shiva es dominar y transmutar esa energía, con vistas a su utilización yóguica y espiritualizante. El toro de Shiva, Nandi, simboliza la justicia, la fuerza y también el Drama, el órden cósmico.

También tenemos al supremo dios celeste Dyaus, un toro que, a la manera del Zeus griego, brama cuando truena. Rudra, dios de las tormentas, es otro toro.

Finalmente, el dios solar y de la lluvia entre los Vedas es Agni, toro mugiente de mil cuernos.

La cultura egipcia

Entre los egipcios, el toro que lleva entre los cuernos un disco solar es a la vez un símbolo de la fecundidad y una divinidad funeraria ligada a Osiris y a sus renacimientos: sus funerales se celebran en Menfis con un gran fausto; se traían dones de todos los lugares de Egipto, pero, apenas ha desaparecido, Apis renace con otra apariencia mortal, y se lo reconoce en medio de los rebaños por la mancha negra en la frente, en el cuello y sobre el lomo, sobre su pelaje blanco. Hay pinturas que representan un toro negro llevando sobre su lomo el cadáver de Osiris.

Osiris, como dios lunar, fue también representado como un toro.

Otros toros son Mneris, el toro blanco, Bukis y Onufis, que personificaba el alma de Osiris.

La cultura asiria

En Asiria, el toro es uno de los dioses creadores de la humanidad. En el poema de Gilgamés, este abreva a un toro con un cántaro. Es la figura omnivalente de la vida. A veces es alado, a veces no, con cabeza humana o no.

También tenemos los llamados lamassu, toros androcéfalos alados colocados a la entrada de los complejos arquitectónicos monumentales. Esas figuras, exotéricamente, tenían como misión proteger el edificio e infundir cierta sensación de respeto al visitante, y esotéricamente, guardaban relación con la protección benéfica del ser humano en los planos más sutiles.

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La cultura babilónica

En Babilonia, Ann, dios supremo, era caracterizado por cuatro pares de astas de toro, dispuestos en forma de tiara, que simbolizan su omnipotencia. A Enlil se le llama el toro poderoso; es él quien provocó el diluvio babilónico. Marduk, en cambio, es el toro negro del abismo.

La cultura china

En China, si bien la cabeza cornuda de Chen-nong, inventor de la agricultura, puede evocar el buey o el toro, la de Tch’e-yeu es manifiestamente asimilable al toro. Además, estaba Huang-ti, oponiéndose a los dos.

Tch’e-yeu, con la cabeza cornuda y los pies bovinos, se opone, gracias al viento, a Huang-ti, quine manda a los dragones acuáticos, pero también a la sequía.

Tch’e-yeu es autor de desórdenes cósmicos. Será vencido por Hunag-ti en su aspecto de búho.

La cultura iraní

Las primeras criaturas vivas fueron un hombre (Gayomart) y un toro (Goch), como referencia a antiguas épocas de confluencia entre el ser humano y el animal.

Cuenta el mito que los dos fueron muertos por el dios Ahrimán, y que de la simiente de Gayomart nació la primera pareja humana: Machya y Machyoi.

La cultura mitraica

Un mito de profundo simbolismo nos cuenta un proceso que comprende la huida del toro de la cueva-establo, la captura con un lazo por parte de Mitra, el transporte del animal a hombros a la cueva de la cual había huido, el amansamiento en la cueva y, finalmente, el acto de sacrificio del toro. Ahora bien, ese acto de muerte no es una expresión de ferocidad y prepotencia del dios, como denunciaron en su momento los padres de la Iglesia, sino un plan de salvación apto para demostrar la superioridad del hombre para el bien de todos; pues Mitra, además de ser el Salvador, es también el genial renovador del universo. El dios que domestica al toro cabalgándolo también simboliza al ser humano que vence su parte animal.

En el mito, la muerte del toro es un acto de amor por la humanidad, y por esta razón, Mitra merece todo el reconocimiento por parte del Sol.

El toro es el símbolo de la fecundidad para el mundo vegetal, animal y humano; la vida sobre la tierra nace de su muerte, cumplida con astucia y coraje. El secreto de la fertilidad estaba, pues, guardado en el sacrificio del toro.

Considero interesante señalar que el gesto del robo, que sirvió a los autores cristianos para tachar a Mitra de ser terrenal y monstruoso, se puede encontrar no solo en los acontecimientos épicos de los persas, sino también en la época helenística (Hermes, como primer gesto después del nacimiento, robó una gran manada de bovinos) y romana (Rómulo y Remo llevaban el título de latrones por haber sustraído un becerro a su vecino).

La tradición zoroástrica

Zoroastro o Zaratustra condenaría el sacrificio del toro, pero solo porque el rito había degenerado en formas horribles de sacrificio del animal. Realmente, el veto del profeta nunca se ha realizado completamente; tanto es así que, aún hoy, en Persia, pequeñas comunidades celebran la fiesta dedicada a Mitra con el sacrificio de un animal.

La cultura hitita

La tormenta es un toro que ruge cuando truena, y divinizado es Teshup. Otros toros divinos son las montañas de Hurri y Serri.

La cultura cretense

En Creta, el toro aparece en la figura del Minotauro, monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro, hijo de un toro que el dios Poseidón había enviado a Minos, y de Pasifae, esposa del rey Minos, uno de los tres hijos de la unión entre Zeus y Europa. Dice el mito que Minos, avergonzado por el nacimiento de un monstruo, mandó que el arquitecto Dédalo construyera para él el Laberinto, un palacio donde encerró al Minotauro, quien era antropófago, y que anualmente se alimentaba de siete jóvenes que se le ofrecían en sacrificio, hasta que el héroe Teseo acabó con tal brutalidad.

En un fresco de las paredes del palacio de Cnosos, en la Creta minoica, que data aproximadamente del 1500 a. C., puede apreciarse con nitidez el salto de un danzarín sobre el toro. Con esto se relaciona el afán por domar este bóvido y ponerlo al servicio del ser humano.

La cultura griega

En la tradición griega, los toros indómitos simbolizan el desencadenamiento sin freno de la violencia. Son animales consagrados a Poseidón, dios de los océanos y de las tempestades, y a Dionisos, dios de la virilidad fecunda. Hesíodo lo llama «bestia altiva, de indomable fogosidad».

Siempre en Grecia, nos cuenta el mito que, entre las jóvenes de quienes se enamoró Zeus, estaba la hermosa Europa. La joven jugaba con sus amigas en la playa de Sidón cuando Zeus la vio y se quedó enamorado por su gracia y belleza. Tanto fue su amor que, para acercársela, se transformó en un toro blanco y fue a acostarse junto a sus pies. En cuanto la joven empezó a jugar con el animal, este la sorprendió y se lanzó con ella hacia el mar y la llevó, contra su voluntad, a la isla de Creta. Fue precisamente en la fuente de Gortina, bajo la frondosa sombra de los plátanos, donde el dios se unió con Europa. Desde aquel entonces se dice que los plátanos nunca pierden sus hojas en el invierno, puesto que sirvieron para amparar el amor de un dios.

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Los hebreos

En el buey Apis egipcio están los orígenes del Becerro de Oro que adoran los hebreos a pesar de Moisés.

La cultura romana

En la cultura romana, el toro está simbólicamente presente en el rito de la fundación de las ciudades romanas. Sabemos que cualquier ciudad romana debía rememorar en su rito fundacional el acto realizado por Rómulo al trazar los límites de la Ciudad Eterna con un arado. El espacio sagrado circundado por las murallas fue, en todas las colonias, trazado según la misma ceremonia: un sacerdote guiaba el arado tirado por una vaca blanca y un toro negro; el surco marcaba la superficie elegida y sobre él se alzaban las murallas. Así se recordaba y revivía el rito instituido por Rómulo al fundar la ciudad que llevó su nombre. Dado que se trataba de un espacio sacralizado, pero situado sobre el mundo contingente, la vaca y el toro evocaban la dualidad bajo la cual se desenvuelven los acontecimientos humanos.

Pueblos tártaros

Para estos pueblos, es encarnación de la fuerza ctónica. El toro soporta el peso de la tierra sobre su lomo o sobre sus cuernos.

Entre los tártaros del Altai, el señor de los infiernos se representa tanto en una barca negra sin remos como montado al revés sobre un toro negro. Tiene en la mano una serpiente o una hacha en forma de luna. Se le sacrifican toros o vacas negras.

La cultura ibérica

En Iberia, además de la guerra, se relacionaba el toro con la Diosa Madre en sus varios aspectos y también con las deidades celestes y las aguas (ríos, fuentes y manantiales). Su culto fue muy extendido, y famosos son especialmente los «verracos» de piedra que representan toros y danzas.

También aparece el toro representado en las pinturas rupestres, tanto del arte naturalista franco-cantábrico como en el arte levantino. En este último, la forma y situaciones en que es representado nos indican claramente que se encuentra revestido de cierta sacralidad.

Cabe subrayar que las corridas de toros tradicionales de la Península Ibérica y de todo el sudoeste europeo no deben considerarse un espectáculo deportivo, sino más bien una forma ritualizada de espectáculos taurinos del Mediterráneo antiguo que terminan con un sacrificio del representante, tan respetado como temido, de la indómita fuerza de la naturaleza.

Simbolismo astrológico

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En el simbolismo astrológico del Zodiaco, el toro (Tauro) es el segundo signo, un signo de tierra, y a los nacidos bajo este signo se les atribuyen cualidades tales como pesadez, vinculación a lo terreno, firmeza y vitalidad. Este signo estelar domina el período de tiempo entre el 21 de abril y el 21 de mayo, y Venus tiene en él su «casa nocturna», lo cual hace pensar en relaciones mitológicas del dios toro con la diosa del amor. Las leyendas astrológicas de los griegos ven en el toro celeste el Minotauro, pero también aquel bóvido salvaje que, en cierta ocasión, devastaba los campos de los alrededores de Maratón y que fue abatido por el héroe Teseo. Detrás del toro celeste se encuentra el nebuloso grupo de estrellas de las Pléyades, las siete hijas de Atlas, que fueron perseguidas por el cazador Orión hasta que primero se convirtieron en palomas y luego en estrellas.

 

Bibliografía

Grandes civilizaciones: Mesopotamia. Varios autores. Ed. Electa. 2005, Milán.

Diccionario de los símbolos. Chevalier, Jean y Gheerbrant, Alain. Ed. Herder. 1988, Barcelona.

Los Mitreos en Roma. Carlo Pavía. Ed. Gangemi. 2001, Roma.

Los mitos griegos. Robert Graves. Ed, Alianza. 2006, Madrid.

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