La biología y la antropología han sufrido en los últimos cincuenta años una gran transformación. La biología ha ido incorporando avances en distintos campos, como la genética, la biología molecular, la biotecnología… generando un cuerpo de descubrimientos novedosos que, por inercia, han seguido incluyéndose dentro de los modelos teóricos existentes. La antropología ha sufrido un incremento espectacular de hallazgos y fósiles, que hacen difícil sostener las teorías que nacieron a finales del siglo XIX sobre el origen del hombre, englobadas posteriormente dentro del neodarwinismo.

A Máximo Sandín tenemos que agradecerle su fina inteligencia, que le ha permitido juntar todas las piezas de un gran puzle, que afortunadamente ya estaban a nuestra disposición pero que, aturdidos por tanta novedad e información, no hemos sabido ver. Como diría la tradición budista, los árboles nos estaban impidiendo ver el bosque. El exceso de especialización ha provocado una falta de capacidad para asimilar los avances e integrarlos en una visión global.

Por más revolucionaria que pueda parecer la propuesta de Máximo Sandín, tiene una lógica abrumadora, y es difícil concebir que haya pasado desapercibida hasta ahora.

Por tanto, a Máximo Sandín debemos aplaudirle por haber sabido reconocer el momento de madurez de la ciencia para esta nueva teoría que ahora presenta, y que viene avalada por muchos científicos de reconocido prestigio ( www.thethirdwayofevolution.com/people ).

Tal vez al público profano le cueste darse cuenta de las implicaciones que esta teoría ofrece, pero para los que tenemos una formación científica y hemos trabajado en laboratorios y en biología molecular lo que Máximo Sandín tiene que decir es francamente revelador, viene a resolver un vacío intelectual que sentíamos, y ata todos los cabos sueltos de esta rama de la ciencia con una gran maestría. Arroja mucha luz y pone orden y lógica en un cuerpo de conocimientos que estaba inconexo, cuando no era que incurría en francas contradicciones.

Para una comprensión más científica del estancamiento e inercia de la biología a la luz de los nuevos descubrimientos que se han ido sucediendo, recomendamos leer el artículo La transformación de la evolución, que escribió Máximo Sandín en 2005 en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Sección Biológica, Tomo 100 (1-4), 139-167.

Qué dice esta teoría

Hasta ahora la ciencia ‒fundamentalmente fue en los Estados Unidos donde la controversia salió fuera del ámbito científico y saltó a la arena pública‒ nos planteaba una disyuntiva entre dos únicas posiciones respecto al origen del hombre y a la evolución: una, el creacionismo, que no se sustenta en un método científico, sino que requiere de la intervención divina para su fundamentación, y que, por tanto, se aleja totalmente de las tesis de la ciencia; y la otra, que queda como teoría en exclusiva, el darwinismo, que tiene ya más de 150 años de antigüedad, y que, curiosamente, también se fundamenta en otro elemento misterioso, el azar, que funciona arbitrariamente, y que como dice Máximo Sandín, es totalmente anticientífico. El azar es la forma eufemística de esconder nuestra ignorancia sobre cómo funcionan las leyes de la naturaleza. La remodelación posterior del darwinismo, es decir, el neodarwinismo ‒que con un siglo de antigüedad tampoco es una teoría muy moderna que se diga, y refleja el inmovilismo que ha sufrido la biología durante tanto tiempo‒ ignora importantes procesos evolutivos rápidos como la simbiosis, la transferencia horizontal del ADN, la acción del ADN móvil y las modificaciones epigenéticas. El neodarwinismo otorga a la selección natural una fuerza creativa única, y no explica convenientemente la naturaleza accidental de la variación hereditaria.

Sin embargo, muchos científicos creemos que no tiene por qué estar todo reducido a dos proposiciones que, después de todo, ni siquiera están bien afirmadas en pruebas. ¿No podría ser que hubiese muchas otras maneras de explicar la realidad? El reduccionismo está en franca contradicción con el pensamiento científico, que tiene que ser por definición un pensamiento crítico, donde debe haber muchas hipótesis en consideración.

Muchas voces críticas y científicos con sus aportaciones han ido cuestionando o desmontando sin querer este modelo único del neodarwinismo a lo largo de más de cincuenta años, pero en aspectos aislados. Stephen Gould, ya en los años 70, estableció la teoría del equilibrio puntuado para diferenciar entre los cambios bruscos que han dado origen a las especies, que él englobó bajo el término de macroevolución, y los cambios graduales que solo explicaría la microevolución. Como dice Máximo Sandín, si considerásemos, por ejemplo, la evolución desde una pata hasta un ala por medio de transformaciones sucesivas, graduales y minúsculas de las que habla la selección natural, se habrían dado como resultado miles de especímenes con muñones que no podrían haber representado ninguna ventaja evolutiva y que habrían desaparecido. Algunos de los cambios evolutivos tienen, por fuerza, que haber sido bruscos, como intuyeron inicialmente y sin pruebas concluyentes por la época en que vivieron, naturalistas de la talla de George Cuvier.

ciclo de replicación de los virus

Máximo Sandín se ha empeñado en recuperar la figura de Jean-Baptiste Lamark, tan vituperado por el darwinismo, y que, sin embargo, fue un científico brillante y predijo ideas que la epigenética hoy en día ha demostrado, como la influencia del ambiente y la transmisión de los caracteres adquiridos.

Lynn Margulis hizo otra aportación fundamental a la biología al colocar la simbiosis como uno de los mecanismos iniciales de la evolución, con su teoría de la aparición de las células eucarióticas por incorporación simbiótica de células procarioticas, hoy totalmente aceptada por la comunidad científica, y que está en franco contraste con la idea darwinista de competencia feroz entre toda la naturaleza. Lynn Margulis, incluso, ha postulado que la simbiogénesis sería la principal herramienta de diversidad biológica.

Máximo Sandín explica que el darwinismo nació incorporando mucha de la ideología sociológica de libre mercado de la época, lo cual la ha convertido en una teoría que se apoya en la lucha de especies y la competencia como una realidad natural, cuando tan solo fue la peculiaridad cultural de su época, y una forma de justificar el status quo de las clases poderosas del momento. No conviene olvidar que Darwin y su entorno dieron nacimiento a la eugenesia, que además de todo el daño que hizo en América y Europa, luego sería uno de los fundamentos ideológicos del nazismo. Es difícil comprender en nuestro momento histórico, que hace gala de promover la igualdad como un valor fundamental e inalienable de los seres humanos, cómo Darwin sigue siendo considerado uno de los grandes científicos de la historia cuando explícitamente se consideraba racista y consideraba inferior a la mujer. Sus escritos son francamente cuestionables, porque además justifica con argumentaciones de apariencia científica, pero falaces, unas ideas que van en contra de los ideales de las sociedades democráticas.

Por eso, Máximo Sandín ha llegado a la conclusión de que detrás de esta teoría darwinista hay muchos intereses sociológicos que nada tienen que ver con la ciencia, y que siguen contribuyendo a su prevalencia aun cuando todas las pruebas estén en su contra. En palabras suyas, «la concepción darwinista de la vida va más allá de una teoría o hipótesis científica, porque forma parte de toda una visión de la naturaleza y de la sociedad con unas profundas raíces culturales en el mundo anglosajón, claramente hegemónico en la actualidad en el campo científico y en el económico (M. Sandín. 2002. Una nueva biología para una nueva sociedad. Política y Sociedad, Vol. 39 (3), 537-573).

e Coli

La idea más innovadora de Máximo Sandín, dentro de este postulado de la tercera vía, ha sido la de considerar bacterias y virus como los constituyentes esenciales de la vida, en vez de considerarlos nuestros enemigos, como plantea el neodarwinismo. No solo constituyentes esenciales de la vida en la Tierra, sino constituyentes previos, preexistentes en el universo. El doctor Sandín afirma que la vida llegó desde el espacio, y aquí en la Tierra lo que hizo es desarrollarse hasta alcanzar niveles de gran complejidad a partir de esos «ladrillos» iniciales.

Un artículo aparecido en la revista Nature en 2016 ya demuestra que había bacterias tan atrás como hace 3700 millones de años, muy al principio de la vida de nuestro planeta, que está fechada en unos 4500 millones de años. Y otros astrofísicos hablan también de la presencia de vida extraterrestre en el sistema solar en forma de bacterias.

La visión darwinista de los virus y bacterias nos los presenta como pequeñas vidas en clara competencia y oposición a nosotros, a los cuales tenemos que controlar y combatir. La visión del profesor Sandín es muy distinta. Cada elemento de la naturaleza cumple un papel esencial, y todos trabajan en conjunto. Desaparece el concepto de «los buenos» y «los malos». De hecho, los virus y bacterias serían los que contribuyeron al desarrollo de las características de la vida en la Tierra tal y como la conocemos. Los virus proporcionaron a las bacterias los genes relacionados con la fotosíntesis, las cianobacterias crearon el oxígeno de la atmósfera, otras bacterias del suelo están relacionadas con el mantenimiento de los niveles de carbono, las plantas aparecieron hace 1500 millones de años de forma repentina, por unión de cianobacterias, y en conjunto, virus y bacterias serían responsables de los equilibrios que observamos en los ciclos de la naturaleza.

Sandín cuestiona también el modelo del big bang como un universo que surgió de la nada, y apoya en su lugar las teorías de grandes científicos como Fred Hoyle que hablan de un universo estacionario, es decir, eterno y preexistente, sin principio ni fin, donde, por ejemplo, la radiación de fondo de microondas sería un reflejo de las propias pulsaciones del universo.

También muestra asombro ante las explicaciones con cierto barniz de seriedad de que en esos momentos iniciales del universo las proteínas aparecieron por azar, por choques de moléculas, y lo mismo los ácidos nucleicos, el ARN y, posteriormente, el ADN. Recuerda un poco a las teorías de la generación espontánea de Aristóteles, que hoy en día nos resultan tan infantiles. Para Máximo Sandín, la vida nace de la vida.

La explosión de la vida multicelular, en el Cámbrico, tan repentina y de tan gran magnitud (con la aparición de las grandes líneas animales, moluscos, artrópodos, equinodermos, hemicordados, cordados), puede explicarse como respuesta de los genomas a grandes disturbios ambientales. Unos cambios que afectaron a los ecosistemas en su conjunto. Porque, como hemos dicho, otra de las ideas centrales de Máximo es que la evolución es grupal, no individual, solo se puede comprender desde una visión de conjunto. No es un fenómeno individual y al azar sino un proceso de cambios colectivos donde los organismos responden de un modo sincronizado a los estímulos del entorno.

Precisamente los genomas de los organismos están llenos de elementos móviles, llamados trasposones, que tienen un claro pasado vírico, es decir, son virus integrados en los organismos superiores. A este tipo de información genética, en los albores de la secuenciación del genoma humano se le llamó «ADN basura», atendiendo a la idea darwinista y simplista de la evolución, alimentada por Richard Dawkins, de «un gen, una proteína», que consideraba que nuestros genomas incluían los residuos o basuras de un largo y depurado proceso de la evolución.

Hoy en día se ha visto que en los genomas no sobra nada, que estos elementos de origen viral tienen funciones estructurales y regulatorias que son cruciales, y que promueven una gran versatilidad, donde desde las secuencias codificantes de un único gen, por splicing alternativo y otros mecanismos, pueden combinarse trozos diferentes de información para crear proteínas muy distintas. Por eso la manipulación genética de los organismos a que ha dado lugar el desarrollo comercial de la ciencia puede tener consecuencias de alcance desconocido dada la interrelación que muestran los genomas. Cambiando una parte se puede estar afectando a otras. Máximo Sandín, como muchos otros investigadores y científicos, intuimos que detrás de las resistencias a antibióticos de muchas bacterias y las enfermedades nosocomiales de los hospitales está la mano humana, con esa forma tan ingenua y simplista de entender la ciencia que hemos tenido hasta ahora.

Staphylococcus aureus

De hecho, nuestro sistema inmunitario es la maquina biológica más perfecta para evitar enfermedades, incluido el cáncer, y la epigenética demuestra que está condicionada por nuestra alimentación y el ambiente donde vivimos, de modo que nuestro estilo de vida actual, tan profuso en sustancias químicas y agentes polucionantes, puede estar en la raíz de la mayoría de nuestras enfermedades. Tal vez es la conclusión más dramática de todas las que este investigador plantea: que este siglo ha descubierto muchos avances en medicina, pero que ha creado gran parte de las enfermedades que sufrimos actualmente.

Máximo Sandín incluye en esta tercera vía de la evolución la idea de que los grandes cambios de organización animal y vegetal que se han producido a lo largo de la evolución de la vida estarían relacionados con grandes cataclismos ambientales. Algo que la ciencia ya recoge es la asociación entre la caída de meteoritos o el vulcanismo con la desaparición masiva de especies, lo cual, según el profesor Sandín, provocaría al mismo tiempo la movilización de los elementos móviles de los genomas y la aparición de nuevos cambios súbitos. Conocemos, por ejemplo, que la aparición de los mamíferos, entre los que estamos incluidos los humanos, fue repentina y de todas las especies al mismo tiempo, tras la desaparición de los dinosaurios. El hecho de que algunas catástrofes hayan coincidido con momentos de inversión de los polos magnéticos ofrece una hipótesis muy sólida para estos cambios. Se conoce en los laboratorios que una de las formas de movilizar los trasposones de un genoma es proporcionándoles una radiación de tipo ultravioleta, y precisamente en momentos de inversión de los polos de la Tierra, el campo magnético terrestre, la magnetopausa, no está operativa y no puede proteger la vida de este tipo de radiaciones, lo que supone que muchos elementos móviles de muchos organismos al mismo tiempo estarían sometidos a estas radiaciones solares y cósmicas.

Actualmente se reconoce que los virus están implicados en distintos procesos embrionarios. Y cabría, por tanto, considerar la «aparición» de todos los tipos de organización animal existentes en la actualidad debida a programas embrionarios aportados por virus que pasaron a formar parte de los genomas de los seres vivos.

James Lovelock nos regaló en los años 70 una visión más humana de la ciencia al hablarnos de su hipótesis Gaia, en donde identificaba a la Tierra como un gran ser vivo, con capacidad para regular conjuntamente la vida, tal y como había sido recogido en los postulados de muchos filósofos de la Antigüedad griega. Máximo Sandín incorpora a su teoría este espíritu de una Tierra que está viva, que conforma una verdadera matriz de vida, asumiendo la forma de un gran ecosistema, donde todos los elementos están unidos e interconectados entre sí, produciendo un flujo de información e interrelación entre el mundo orgánico y el inorgánico, entre animales y plantas, entre el nivel molecular y el ecosistémico. Y como él dice, si el ser humano se vuelve loco y camina hacia su autodestrucción, no es el fin de todo, solo significaría su propio fin, la vida seguirá, después de todo.

Máximo Sandín hace honor a su profesión: biólogo, «estudiante, amante de la vida». Profesa ese amor, ese interés casi místico por una Vida que se descubre tan solo a los ojos de aquellos que se acercan con respeto hasta ella.

 

Enlaces de interés:

www.somosbacteriasyvirus.com del Dr. en Biología Máximo Sandín.

www.youtube.com/watch?v=RBdUQcSE5Vw Conferencia. Venimos del universo.

www.thethirdwayofevolution.com

Bibliografía recomendada del Dr. Sandín:

Pensando la evolución, pensando la vida

Lamark y los mensajeros: la función de los virus en la evolución

Créditos de las imágenes:

Ciclo de replicación de los virus: Jmarchn

https://commons.wikimedia.org/wiki/User:Jmarchn )

E-Coli: imagen de dominio público

Staphylococcus aureus: imagen de dominio público

Fotos del Dr. Sandín: facilitadas por el Dr. Sandín

Publicado en Ciencia

Teilhard de Chardin es una figura destacada en la historia del pensamiento del siglo XX. Jesuita, paleontólogo y filósofo francés, su personalidad es multifacética. Fue erudito en teología, paleontología, zoología, botánica y geología. Con una mente brillantísima y un gran misticismo, planteó una original versión de la evolución, que le valió ser criticado religiosa, científica y filosóficamente.

Nunca he entendido muy bien el abismo entre ciencia y mística. Cuando descubrí el pensamiento de Pierre Teilhard de Chardin, me fascinó cómo borraba ese abismo.
 Concilió ciencia, religión y filosofía, pero no fue comprendido por sus contemporáneos. Fiel a sus principios, mostró gran entereza ante los ataques de sus adversarios, sobre todo la Iglesia, que nunca entendió la profundidad de su pensamiento.
 Actualmente hay un resurgimiento y reivindicación de sus postulados. Muchas teorías en boga, como la teoría del caos, la complejidad, la sincronía, la información cuántica…, tienen sus antecedentes en la obra de Teilhard.


 Su vida
 Nació en mayo de 1881 en Francia y murió el Domingo de Resurrección de 1955 en Nueva York; curiosamente, siempre había comentado con sus amigos que le gustaría morir un Domingo de Resurrección, deseo que le fue concedido.
 De su padre le vino su amor hacia la observación de la naturaleza, y de su madre, el gran misticismo que, como él decía,«alumbró y encendió mi alma de niño».
 A los diecisiete años ingresó en los jesuitas. Según explicaría, esta decisión se debió al deseo de irse perfeccionando.
 En 1918 tomó sus votos solemnes; vale la pena ver la profunda sinceridad con la que los pronunció:

«Estoy haciendo voto de pobreza, aunque nunca he tenido más claro hasta qué punto el dinero puede ser un medio poderoso para el servicio y glorificación de Dios. Estoy haciendo voto de castidad, aunque nunca he entendido mejor cómo marido y esposa se complementan uno al otro para avanzar hacia Dios. Estoy haciendo voto de obediencia, aunque nunca he entendido mejor que la libertad está al servicio de Dios. Pero no los hago de manera equivocada, pongo mi confianza en Dios, ya que Él me dará la gracia para hacer su voluntad en mi vida religiosa y ser leal a mis votos».

Parece claro que los tomó sabedor de las potencialidades del amor humano, el dinero y la libre investigación.
 La figura de Teilhard como científico y pensador surge en medio del fervoroso debate sobre la teoría de la evolución de Darwin y el origen del ser humano, quizá uno de los momentos históricos donde ciencia y religión han estado más separadas. En su caso, la lectura de la La evolución creadora , de H. Bergson, le hizo ver las coincidencias de su convicción con la necesidad de entender los datos de la ciencia, que solo la evolución podía tornar inteligibles. Su visión difería de la de Bergson, para él la cosmología estaba indisolublemente ligada a una evolución cósmica. Materia y mente no parecían ser dos cosas diferentes, sino dos estados, dos aspectos del mismo material cósmico.

Teilhard de Chardin 1
 En 1920 obtuvo una cátedra de teología en el Instituto Católico y fueron sus conferencias las que le dieron a conocer como un activo promotor del pensamiento evolucionista. Esto no gustó nada a la Iglesia, que precisamente había renovado sus ataques a la evolución y a las nuevas teologías, consideradas una amenaza. Así que el Vaticano pidió a los jesuitas que lo apartaran de los círculos intelectuales de París, «ofreciéndole la posibilidad» de ir a China a hacer estudios paleontológicos.
 En 1923 desembarcó en China. Poco podía pensar que ese destierro daría los frutos que dio y que a ese viaje le seguirían muchos más.
 Su fama y reputación, ganadas por su trabajo al lado de científicos americanos, suecos y chinos de renombre, crecieron. Esto seguía perturbando al Vaticano; y en 1925 le ordenaron firmar una declaración repudiando sus controvertidas teorías. Pese a algunas recomendaciones de colegas de dejar los jesuitas, firmó el documento.
 De 1951 hasta su muerte en 1955, es su periodo estadounidense. Aceptó un puesto en la Wenner Gren Foundation, para colaborar en una investigación a nivel mundial sobre los orígenes humanos.
 Entonces, se dio cuenta de que el Vaticano nunca permitiría la publicación de sus obras, y nombró a Jeanne Mortier, la que fue su secretaria voluntaria, su albacea. Ella fue la encargada de publicar a título póstumo las obras de Teilhard para que no cayeran en el olvido.


 Su pensamiento
 Teilhard fue un físico en la antigua acepción griega de la palabra. Su método consistió en ver lo que aparece, describir y analizar el «fenómeno». No entra en el análisis ontológico de los hechos, solo en su descripción, pero teniendo en cuenta todo el fenómeno.
 Para comprenderlo bien se ha de entender que en su pensamiento cosmológico convergen ciencia, filosofía y religión necesariamente en la visión del todo. Esto no significa la confusión de esos planos; son distintos ángulos de la realidad.
 De no comprender esta convergencia han surgido las malas interpretaciones de su pensamiento.
 Su punto de partida es el ser humano, que no se contempla fuera de la humanidad, ni fuera de la vida, ni la vida fuera del universo.
 La pregunta central a la que responde todo su sistema es: ¿cómo se ha ido organizando el universo para producir al hombre?, ¿qué vendrá cuando se consume la hominización? El universo es un fenómeno dentro de la temporalidad, que sigue evolucionando.

Teilhard de Chardin 3
 Para Teilhard, la evolución no es creadora, sino que es la manifestación de la creación a nuestra experiencia, condicionada por el espacio-tiempo: «una luz que esclarece todos los hechos, una curvatura que debe abrazar todos los trazos: he aquí lo que es la evolución».
 La evolución responde a la ley de la complejidad-conciencia: existe una tendencia en la evolución de la materia a lo largo del tiempo a adquirir formas de organización más complejas, aumentando al mismo tiempo el nivel de conciencia.
 Partiendo de esta ley, la evolución en sus inicios actúa por tanteos, pero una vez ha alcanzado cierto grado de complejidad, se encamina hacia la vida con paso firme. La vida no surge por casualidad sino por necesidad. La vida es un efecto de la materia en creciente «complejidad conciencial».
 Todo tiene una parte externa, la materia, y una parte interna. La eterna disputa entre materialistas y espiritualistas es porque permanecen en planos cerrados de espalda unos con otros. Para armonizarlos debemos recurrir a una fenomenología donde la parte interna de las cosas sea considerada igual que la externa; por ahora, la física solo ha considerado la externa.

«Todo descansa en la intuición fundamental de que la materia y el espíritu no son dos sustancias, dos especies de naturalezas distintas, sino dos caras de la misma realidad».

La energía de la parte interna es la conciencia. Y él entiende por conciencia toda especie de psiquismo, desde las formas más rudimentarias concebibles de percepción interior hasta el fenómeno humano de conciencia refleja. El universo ha pasado de un estado en el que dominaba un gran número de elementos simples materiales y en el que el psiquismo era muy pobre, a un estado donde hay un número más pequeño de grupos muy complejos y el psiquismo ha logrado la perfección con la conciencia refleja del ser humano.
 La vida, con su marcha de creciente complejidad conciencial, crea la noosfera, la esfera del pensamiento; aquí aparece el ser humano.
 La historia de la vida es el desarrollo de la conciencia velado por la morfología. Si solo tomamos en cuenta la morfología prescindiendo de la conciencia, no podremos comprender lo específicamente humano; pero si, como dice el filósofo Teodoro Olarte, reparamos en que el animal «sabe» pero «no sabe que sabe», y en que el ser humano «sabe» y «sabe que sabe», tendremos un criterio para medir la diferencia abismal entre lo uno y lo otro. Porque se trata de un cambio de naturaleza como resultado de un cambio de estado.

La hominización
 La hominización aparece por la cerebralización. La evolución psíquica se produce por la complejidad del sistema nervioso, no por la manera de las formas externas. El pensamiento es una superación del instinto.
 Para Teilhard, el ser humano no es el último estadio de la evolución; la evolución todavía no ha terminado, sigue avanzando inexorable.
 Para poder entender esto, él nos dice que debemos ser conscientes de la imperfección de nuestra retina para ver. Nuestro «ver» no llega a percibir el ritmo de la evolución, y esto se debe a nuestra percepción. En nuestros ojos no cabe ni lo muy pequeño ni lo muy grande; carecemos de perspectiva para el gran espacio-tiempo. Según Teilhard, contra tal fijeza, debida a nuestra naturaleza y experiencia habitual, debemos luchar, y sobre todo, contra aquellos que acomodan a ella sus especulaciones metafísicas. Incluso nos dice que el ser humano, visto desde toda su trayectoria cósmica, está todavía en un estadio embrionario de su evolución, más allá del cual se perfila lo ultra-humano.
 ¿Qué es lo ultra-humano? El ser humano, que es capaz de reflexionar, ya es persona. Pero no es suficiente, porque por sí solo no es capaz de alcanzar la meta de su naturaleza humana. ¿Por qué no? Porque la humanidad no es la simple suma de individuos, sino un organismo por sí mismo coherente, que se está haciendo mediante la creciente conciencia de solidaridad entre los individuos.
 Lo ultra-humano, para Teilhard, llegará porque la creciente solidaridad entre los seres humanos causa un crecimiento en la cerebralización, poniendo a funcionar zonas del encéfalo todavía no usadas.
 Del universo personal a la personalización del todo, a través de la convergencia e interiorización, la evolución termina en el Punto Omega. Este punto equivale a la unidad real de todos los seres. La convergencia es la coincidencia de materia y espíritu (¿el nirvana budista?), la trascendencia integradora de todo el universo en su principio y fin.
 La persona crece inversamente al egoísmo. Para lograr este ascenso, el universo está dotado del poder Amor-Energía: «El amor es una reserva sagrada de energía; es la sangre de la evolución espiritual».
 El amor, considerado en su plena realidad biológica, no es algo exclusivo del ser humano; es una propiedad general de la vida, propiedad que aparece en distinta forma según los grados de la realidad evolucionada. Es lo que mantiene unidos a todos los seres en Omega y, en última instancia, es trascendente.
 El Punto Omega es el estadio último de la serie evolutiva, pero se halla fuera de la serie; si por su naturaleza no estuviera fuera del tiempo-espacio, no sería Omega. Sus atributos son: autonomía, irreversibilidad y trascendencia.
 El Punto Omega satisface la íntima aspiración de supervivencia por acercamiento. La fe en el progreso, tan propagada por el positivismo, no puede eliminar la muerte; y es precisamente hacia esa eliminación hacia donde va la evolución interna del mundo. El ser humano se afana en encontrar un sujeto cada vez más vasto y permanente que sea el principio mantenedor de los resultados adquiridos por la acción humana: civilización y humanidad.
 Para Teilhard, la humanidad es un cuerpo espiritual que evoluciona por los caminos que llevan a la coherencia total mediante lo que él llama socialización, que no es otra cosa que la personalización de la humanidad. No es suficiente con la aparición de la esfera del pensamiento, se trata de llegar a la hominización colectiva. Por tanto, el fenómeno social es la pista principal para «ver» el ritmo y el sentido de la evolución.

«No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual. Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana».

Actualmente se habla de un cambio de paradigma, de la era post-abundacia , que tiende a una mayor socialización de los seres humanos. La reflexión del individuo sobre sí mismo va cambiando y extendiéndose a la reflexión de individuos que se buscan, se comprenden y se refuerzan.

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