Viernes, 01 Mayo 2020 00:00

Los microbios y el ser humano

 

Existen numerosos tipos de microorganismos, pero se pueden catalogar en cinco grupos principales:

1) Virus. Son tan pequeños que solo pueden observarse mediante el microscopio electrónico. Están formados por ácidos nucleicos y proteínas y necesitan una célula huésped para poder reproducirse. Existen unos seres aún más elementales que los virus; son los priones, constituidos solo por proteínas, y pueden provocar infecciones en el hombre.

2) Bacterias. Seres unicelulares que, tal vez, sean los más conocidos e importantes en relación con los hombres.

3) Arqueas. También seres unicelulares sin núcleo. Se relacionan con los humanos, pero son poco patógenos.

4) Protozoos. Unicelulares, pero con núcleo, como también lo son los hongos.

5) Hongos, entre los que se hallan los mohos, las levaduras y los productores de setas.

Los microbios se comunican con el medio ambiente en el que viven de diferentes formas, unas positivas y otras negativas para su entorno, pero aquí nos vamos a centrar en cómo lo hacen con los seres humanos.

Su relación con el hombre puede ser perniciosa, indiferente o benéfica. Vamos a dejar a un lado las dos últimas y vamos a centrarnos en la primera, es decir, cuando son capaces de provocarnos enfermedades, concretamente las que conocemos con el nombre de infecciones.

Durante mucho tiempo se creyó que las infecciones, las enfermedades en general, eran producidas por un castigo divino, o por la posesión de nuestro ser por un espíritu maligno. También, como afirmaba, entre otros, Hipócrates, por el influjo de «vapores y miasmas de las aguas y materiales en descomposición».

científico

En 1590 un fabricante de lentes holandés, Zacharias Janssen, inventó el primer microscopio, que solo tenía nueve aumentos. Fue otro holandés, Anton van Leeuwenhoek (1632-1723), el que perfeccionó el microscopio y lo utilizó para estudiar a los microbios y los tejidos humanos, motivo por el que se le tiene como el padre de la microbiología y de la histología.

Hubo que esperar hasta 1880 para que el científico francés Louis Pasteur formulara la teoría microbiana, según la cual eran las bacterias la causa de las enfermedades infecciosas. Poco después, un médico alemán, Robert Koch (1843-1910), expuso los postulados de Koch, que son los requisitos que ha de cumplir un microorganismo, un germen, para producir una infección.

A partir de entonces, el estudio y el conocimiento de las enfermedades infecciosas ha tenido un enorme desarrollo, descubriéndose que, además de las bacterias, había otros microbios que podían ser patógenos para los hombres, tales como los hongos, los protozoos, los virus o los priones.

Enfermedades infecciosas

Las enfermedades infecciosas han tenido una enorme influencia en la historia de la humanidad, condicionando la vida de los seres humanos desde sus inicios. Para no cansar, vamos a exponer solo tres ejemplos de infecciones que han producido una gran mortandad.

La peste es una enfermedad producida por la bacteria Yersinia Pestis y se considera que ha sido la causante de la muerte de más de 200 millones de personas a lo largo de la historia. Es una pandemia y ha habido varios brotes; concretamente, al que surgió en el siglo XIV en Asia Central y se propagó por el mundo entonces conocido se le denomina peste negra y acabó con la vida de más de un tercio de la población europea, y en todo el mundo con 100 millones de personas.

Cuando llegamos a América, los españoles, y después otros europeos, llevamos con nosotros infecciones que allí no eran conocidas, tales como la viruela y el sarampión. Los europeos tenían defensas contra estas enfermedades y no eran tan peligrosas para ellos, pero los indígenas no, y al contagiarse con ellas sufrieron tal mortandad que su población fue diezmada. Se considera que las infecciones acabaron con más indios que las guerras o los malos tratos que sufrieron.

Durante la Primera Guerra Mundial se produjo la llamada gripe española, que no surgió en España, sino que fue este país el que informó más libremente de ella al no ser participante en la guerra. Es considerada la peor pandemia que ha sufrido la humanidad, pues mató a gran cantidad de gente, entre 50 y 100 millones de personas, sobre todo en 1918, aunque duró hasta 1920.

Los hombres siempre han intentado defenderse contra las enfermedades, incluyendo las infecciosas. En un principio, utilizaron medios mágico-religiosos para expulsar a los espíritus productores de la enfermedad. Pero, también desde tiempos muy tempranos, recurriendo a la observación y a la experimentación, se percataron de que utilizando determinadas plantas podían, si no curar la enfermedad, al menos mejorarla. También los humanos hemos recurrido, y seguimos haciéndolo, a medidas dietéticas e higiénicas para enfrentarnos a las enfermedades. Concretamente la asepsia, es decir, la limpieza de los cirujanos y sus ayudantes, así como del material quirúrgico y del quirófano, han salvado muchas vidas durante las intervenciones quirúrgicas.

Pero han sido dos grandes descubrimientos los que más nos han ayudado a luchar contra los microbios y las infecciones que nos provocan. Se trata de las vacunas y de los antibióticos.

Las vacunas son preparados que pretenden crear defensas contra determinadas infecciones, provocando una inmunidad adquirida al introducir gérmenes atenuados o parte de ellos en el organismo y hacer que este produzca unas sustancias, llamadas anticuerpos, que nos defiendan contra esa infección. Aunque esta práctica ya era conocida en China en el siglo X, pero de un modo rudimentario y peligroso, sus inicios se sitúan en el año 1796 en Inglaterra. Edward Jenner, un médico rural, observó que aquellos que contraían la viruela bovina al ordeñar las vacas (un tipo poco patógeno de viruela), posteriormente no enfermaban ni morían al contagiarse con el virus de la viruela humana. Él, y luego otros médicos, inocularon el virus de la viruela bovina a los hombres consiguiendo protegerlos de la viruela humana. Así nació la vacunación, método que luego fue desarrollado por otros médicos al utilizarlo para vacunar contra otros microbios patógenos.

mascarilla

En estos últimos años ha surgido una gran controversia en relación con el uso de las vacunas, apoyada en las supuestas lesiones que pueden provocar a los que se vacunan, sobre todo a los niños. Los argumentos que se utilizan tienen una muy escasa base científica, pero han obtenido cierta repercusión mediática, debido a su difusión por los medios de comunicación, incluyendo Internet. Es cierto que, como toda sustancia que se introduce en el organismo, puede tener efectos secundarios más o menos nocivos, pero la vacunación es uno de los métodos terapéuticos más seguros y beneficiosos utilizados en la medicina actual; además, las vacunas siguen siendo necesarias, ya que las enfermedades que previenen, sobre todo las causadas por virus, siguen ahí y si no fuera por las vacunas, resurgirían de nuevo pudiendo causar pandemias tan graves como la de la gripe española que antes he mencionado. No es cierto que la vacunación pueda ser mortal, más bien lo son las enfermedades que evita, ni que produzca el síndrome de muerte súbita del lactante (SIDS), ni tampoco autismo, y también es falso que los aditivos que llevan, por ejemplo el mercurio, produzcan intoxicaciones graves. La campaña contra la vacunación en muchas ocasiones entra dentro del terreno de las Fake news que tanto daño están haciendo en el mundo actual. No obstante, la situación ha llegado a tal extremo que ha obligado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a emitir un comunicado al cual remito a aquellos que quieran obtener una buena información sobre este tema.

Antibióticos contra infecciones

Los antibióticos son sustancias, en un principio procedentes de la naturaleza y posteriormente sintetizados en el laboratorio, que se utilizan para eliminar los microbios patógenos para el hombre. Ya los chinos, así como los antiguos egipcios y los griegos usaban moho, un tipo de hongo que produce una sustancia antibiótica natural, para tratar las infecciones. El primer antibiótico que se usó fue una sulfamida llamada Salvarsan, que fue descubierta por Paul Ehrlich en Alemania en 1909. Se usó, y con gran éxito, contra la sífilis, sobre todo durante la Primera Guerra Mundial. Posteriormente se descubrieron antibióticos más eficaces. Solo citar al primero de ellos, descubierto accidentalmente por Alexander Fleming (1881-1945) procedente de un hongo, el Penicillium Notatum, motivo por el que se conoce con el nombre de penicilina. Desde entonces se han descubierto y utilizado muchas sustancias que atacan no solo a las bacterias, sino a otros gérmenes, como los virus, los protozoos y los hongos. Gracias a ello, el hombre ha conseguido ganar batallas contra las infecciones, pero no acabar con ellas, y no solo por incapacidad, sino también por el mal uso y abuso de los antibióticos, que ha provocado que los microbios hayan aprendido a luchar contra ellos y conseguido desarrollar resistencias que disminuyen o eliminan su efecto terapéutico. La guerra continua.

Hasta aquí hemos hablado del perjuicio que nos provocan los microbios; ocupémonos ahora de los beneficios que podemos obtener de ellos. La relación del hombre con los microorganismos se remonta a los inicios de la aparición de la humanidad en la tierra, e incluso antes. No podemos hablar de la interacción con todo tipo de gérmenes, pues excede con mucho la extensión de este trabajo. Vamos a centrarnos en nuestra convivencia con las bacterias, concretamente con las que viven en nuestro cuerpo físico.

Las bacterias son microorganismos omnipresentes en nuestro cuerpo, tanto en la piel como en las mucosas del aparato digestivo, urinario, respiratorio, genital, etc. Tanto es así que se calcula que, aproximadamente, un kilo y medio de nuestro peso corporal corresponde a las bacterias que habitan en nosotros. De ellas, no llegan ni al uno por ciento las que nos pueden producir alguna enfermedad, y para ello tienen que romper el equilibrio en que se hallan en el organismo por predominio de alguna de las que son patógenas, lo cual podemos provocar nosotros, por ejemplo cuando utilizamos los antibióticos en exceso o equivocadamente, o también, cuando seguimos una dieta desequilibrada, tal como lo es, en muchos casos, la que seguimos en los países más desarrollados.

Vamos a centrarnos en las bacterias que viven en el aparato digestivo. Se las conoce en su conjunto como flora intestinal o microbiota y viven principalmente en el colon. La componen unos cien billones de bacterias y pertenecen a entre 500 y 1000 especies distintas, si bien su proporción varía en los diferentes grupos humanos, dependiendo sustancialmente de los alimentos que compongan su dieta. Es tal su importancia que actualmente se considera que constituyen un órgano más de los que conforman nuestro cuerpo. Desarrollan funciones esenciales para nuestro organismo; de hecho, sin ellas viviríamos menos tiempo y mucho peor. Estas funciones son de tres tipos:

— Nutricional: sintetiza y produce sustancias necesarias para nuestro organismo, como vitaminas y minerales.

— Defensiva: nos protegen contra gérmenes patógenos, tal como otras bacterias o virus, procedentes del exterior.

— Inmunológica: activan y potencian nuestro sistema inmunológico, que nos defiende de las agresiones del medio ambiente e, incluso, de las enfermedades autoinmunes, como la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn o las dermatitis. Además, nos protegen de enfermedades metabólicas como la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares: es más, pueden impedir la aparición de intolerancias alimentarias, como a la fructosa, a la lactosa o al gluten.

La alteración de la microbiota se produce por muchos causas. Podemos nombrar entre las más importantes las dietas pobres en fibra y ricas en carne, grasas y azúcares; los malos hábitos de vida como el sedentarismo, el estrés y el abuso del tabaco y del alcohol; el abuso de medicamentos, los antibióticos principalmente, y tratamientos como la quimio y la radioterapia. Por esto es tan importante que cambiemos nuestros hábitos de vida y que usemos sustancias que restauran la flora intestinal, como los pre y probióticos y también esa técnica nueva que se conoce como trasplante de materia fecal.

Terminaremos diciendo que la relación del hombre con los microorganismos es básicamente dual, como todo en la vida manifestada, pudiendo producirnos enfermedades, de las que cada vez aprendemos más a defendernos, y beneficios, hasta tal punto que los hemos incorporado a nuestro organismo como un órgano más.

Publicado en Ciencia

En nuestra sociedad, la ciencia es un aspecto primordial que influye en todos los ámbitos y afecta a nuestras decisiones individuales y colectivas. La hemos constituido como guía para actuar y sabiduría para vivir, pero la ciencia no le dice a la realidad cómo debe ser, solo la estudia y la describe, ni nos puede decir cómo deberíamos vivir.

Por otro lado, en las sociedades actuales estamos llenos de desacuerdos: ¿se puede permitir el aborto, la eutanasia? ¿Cuál debe ser el trato a los terroristas ante un ataque inminente? ¿Cuál es la proporción de impuestos que debemos pagar para disfrutar de los beneficios de vivir en sociedad? ¿Qué hacer si el diagnóstico prenatal dictamina alguna enfermedad en el feto? ¿Se pueden preservar los embriones para la obtención de células madre para la cura de enfermedades? ¿Cuándo una célula es moralmente valiosa, depende de si está fecundada? ¿Cúales son los derechos de los animales? ¿Se les puede utilizar en los espectáculos, en investigación? ¿Y la investigación de nuevos medicamentos con pruebas en seres humanos? ¿La ética medioambiental tiene un valor intrínseco o solo porque nos afecta a nosotros? ... Parece que el progreso y la ciencia nos han generado muchas más controversias y desacuerdos, y la convivencia cordial se aleja con cada nuevo descubrimiento.

Para encontrar respuestas a esta inquietud, propongo empezar con un poco de historia. En los siglos XIX y XX, las ciencias naturales, físicas y sociales cosecharon grandes éxitos, al mismo tiempo que entró en crisis profunda la ética. Las razones son múltiples, pero se pueden centrar en los filósofos de la sospecha: Marx, Nietzsche y Freud. Cada uno de los tres critica un aspecto diferente de la realidad, guiados por su pensamiento.

• Según Marx, la ética que se nos impone socialmente está al servicio de los prejuicios de la clase que gobierna, que usa la religión y con ella la moral para adormecer las conciencias.

• Nietzsche enuncia que Dios ha muerto. Esa frase lapidaria implica, como dice en uno de sus pasajes más famosos, que hemos borrado la línea del horizonte, no hay arriba y abajo, no hay delante, no hay atrás . Para Nietzsche, la ética de origen cristiano reprime la vida, y el ser humano se vuelve débil e impotente. Por eso hay que poner fin a la moral del rebaño y crear nuestros propios valores, ser un superhombre. Solo es «bueno» lo que ensalza la vida, no lo que la sociedad presenta como moral.

Con ellos dos se diluyó la religión, pero no toda la moral. Recordemos que Kant no necesita de una dimensión trascendente para la Fundamentación metafísica de las costumbres, se apoya en la razón humana y la capacidad de ser libres. Pero llega Freud y sospecha de la razón: quizas solo hay pulsiones de la sexualidad.

• Según Freud, la moral se basa en el miedo que desde la infancia nos produce el padre, interiorizado por el inconsciente en forma de ética o represión del deseo. Por eso hay que promover la liberación del placer y de la sexualidad, como única forma de evitar la neurosis y la angustia.

A ellos le sumamos la revolución darwiniana en el siglo XIX, afirmando un origen único de la vida desde un ser unicelular y la evolución del hombre desde los animales. Con esta teoría el espíritu entra en crisis: ¿dónde está el alma? ¿Hay una identidad esencial que nos constituye?, porque si las especies evolucionan… ¿dónde está la esencia de lo humano?

A Darwin le siguen, en el siglo XX, la genética y la neuropsicología, tan brillantes que ciegan a la filosofía por momentos. Con el descubrimiento del ADN dijimos: «hemos descubierto el secreto de la vida». Se le han atribuido los poderes del alma inmortal, porque en él está escrito el programa de un ser humano, explica la conducta y el destino. Sidney Brenner, premio Nobel de Medicina en 2002, dijo que si alguien pensó que el genoma es la vida, se equivocó. Tenemos tantos datos… Hoy los datos se vuelven sustitutos del pensamiento, nadamos en un mar de datos, pero estamos sedientos de ideas.

La bioética, que se inicia en la década de los setenta del siglo pasado, es un encuentro entre las ciencias de la vida y el derecho y la filosofía. En verdad es multidisciplinaria, surgió para ayudarnos a tomar decisiones, una sabiduría de la vida, una guía. En 1974 el Congreso de los Estados Unidos crea una Comisión para identificar los principios éticos básicos que deben regir la investigación con seres humanos en la medicina. En 1978 los comisionados publican el «Informe Belmont», donde distinguen tres principios éticos básicos, por este orden: respeto por las personas (autonomía), beneficencia y justicia. Posteriormente se ha añadido la no-maleficencia.

Pero ¿cómo hacemos en un caso concreto?, ¿cómo aplicamos estos principios?, ¿cómo actuamos ante un problema difícil? Debemos hacer una reflexión moral, que consiste en buscar en qué principios se basan mis opiniones (todos tenemos opiniones, un adolescente también opina sobre la lista de temas anteriores) y discutir conmigo mismo o con otros si estoy de acuerdo con esos principios y con las objeciones que se le pueden articular.

Lo óptimo sería al revés, tener unos principios y que mis juicios deriven siempre de mis principios. Muchas veces nos hacemos la ilusión de que es así como pensamos, pero sugiero examinarse con sinceridad para localizar aquellos juicios que están desconectados de los principios, y donde no hay acuerdo, lograr la concordancia entre los juicios que hacemos y los principios a los que nos adherimos. Aún quedaría la coherencia con nuestras acciones. Lo importante es que esta reflexión puede conducirnos a la verdad moral.

En este artículo voy a esbozar brevemente las tres grandes líneas de la historia de la ética para acompañar esta reflexión moral.

pensamiento

Ética utilitarista

Unos principios muy extendidos, sobre todo entre economistas y empresarios, y en toda la ciudadanía es la ética utilitarista: «Maximizar la felicidad, el bienestar, aumentar la prosperidad, lograr la mayor felicidad para el mayor número». En la época moderna, el padre de esta teoría fue el filósofo y economista Jeremy Bentham, que llegó al principio de maximizar la felicidad con el razonamiento de que a todos nos gobiernan las sensaciones de dolor y placer, que son nuestros amos soberanos. Bentham, se burlaba de los derechos naturales que podía tener cada persona, y esta es la primera objeción a plantearse, dónde quedan los derechos individuales de cada persona. Por ejemplo: ¿se puede torturar a los hijos de corta edad de un terrorista para que confiese el lugar donde ha colocado un artefacto explosivo?

La segunda objeción se basa en que el utilitarismo es una ciencia moral basada en medir y calcular la felicidad. Necesitamos una unidad común de valor, como una moneda que diga la equivalencia, por ejemplo, entre el placer y felicidad de comerse un pastel de chocolate, disfrutar de un concierto de música, leer a Benedetti o a Lope de Vega, un orgasmo, contemplar una puesta de sol, jugar con los niños… Incluso necesitamos llegar a responder esta pregunta: ¿cuánto vale una vida humana? Las compañías de seguros tienen unos baremos para los accidentes, donde la vida de una persona se calcula en función de diversas condiciones: si tiene personas a su cargo, su edad y su sueldo. No vale lo mismo un mileurista que un ingeniero, ni una persona de sesenta años que una de cuarenta. ¿Estamos de acuerdo con esta valoración de la vida?

Ética kantiana

Otra postura ética es el liberalismo, que da a la libertad y a la autonomía de cada individuo el valor de principio primordial. La argumentación se suele basar en la tradición kantiana y, con ella, el respeto a los derechos individuales.

En el caso extremo, el Estado tiene unas funciones mínimas para no intervenir en la libertad de cada uno: debe obligar a cumplir contratos, proteger del robo, mantener la paz. Se rechazaría el paternalismo y no se legislaría, por ejemplo, sobre la obligación de llevar cinturón de seguridad, ni aspectos sociales como la homosexualidad o la prostitución; no habría redistribución de renta y patrimonio, y el mercado con la oferta y la demanda regularía los precios; cada uno se preocuparía de su futuro sin seguridad social para el desempleo ni pensiones de vejez, y tampoco habría regulaciones de salario mínimo. Además, con esta postura llevada al extremo, los empresarios podrían discriminar por raza, religión o sexo. Vamos viendo en la propia exposición algunas objeciones a esta postura libertaria.

Y, tristemente, la libertad individual como principio está en la justificación de todos los desmanes del libre mercado y nos ha llevado a una desigualdad económica brutal: el 20% de la población tiene el 80% de la riqueza, el 90% de los gastos en salud lo disfruta el 10% de la población, en el que solo tenemos el 7% de la enfermedad.

mirada

¿Me permitís dudar que el mercado, en condiciones idóneas, se autorregule? Pero, además, nosotros partimos de unas condiciones iniciales que no eran equitativas: ¿estamos seguros de que los patrimonios han sido todos adquiridos de forma legal por nuestros antepasados? ¿Acaso no es el trabajo de los esclavos el origen de las fortunas que venían de América? ¿Y las riquezas obtenidas en las guerras o la expropiación a indígenas? ¿Y los miles de abusos en fábricas de África y Asia que se siguen dando en 2020? La economía de mercado no ha regulado estas condiciones de desigualdad; lo que hemos comprobado es que se incrementan, y cada vez los pobres son más pobres y los ricos más ricos.

Hoy en día la ciencia se ejerce en este contexto competitivo de mercado, en el que los intereses particulares ponen a prueba las buenas prácticas científicas. Por ejemplo, la lucha para obtener financiación puede conllevar una tendencia a exagerar las potenciales aplicaciones de la investigación, aun cuando estas sean inexistentes o todavía muy incipientes. A veces investigaciones muy interesantes, incluso con expectativas de un buen resultado, no encuentran financiación. Un caso paradigmático es el de las enfermedades minoritarias, ya que sus fármacos no resultan rentables para la industria.

El liberalismo también genera uno de los debates más acalorados ante la pregunta: ¿hay bienes que el dinero no deba comprar? ¿Me puedo vender a mí mismo? ¿Somos nuestros propios dueños?

Si yo me pertenezco a mí mismo, yo puedo decidir sobre mi cuerpo y quedan zanjados inmediatamente temas como la eutanasia. Pero ni tan siquiera John Locke, el gran teórico de los derechos de propiedad, proclamaba un derecho tan ilimitado como ser dueño de uno mismo.

La primera objeción proviene de que las necesidades económicas, las situaciones emocionales y la falta de conocimiento influyen en las decisiones que toman las personas. Se trataría de proteger a la persona de sí misma. Es curioso comprobar las cláusulas de los seguros de vida. Hay una que aparece en todas las compañías: «No se indemniza por suicidio en el primer año de suscripción de la póliza». Parece ser que la probabilidad de mantener la decisión de suicidio un año después es tan baja que a las aseguradoras ya no les representa un riesgo comprometerse.

Personalmente creo que la objeción más interesante proviene de Rousseau: «Convertir un bien cívico en un bien de mercado no aumenta la libertad, la socava». Y podemos ejemplificarlo con uno de los temas que en bioética suscita mayores debates: la gestación por sustitución. Ni siquiera hay acuerdo en su denominación. Así, podemos hallar un arco de expresiones que oscilan entre la peyorativa «vientres de alquiler», la emocional «maternidad subrogada» y la eufemística «gestación por sustitución», expresión que finalmente se ha impuesto en el ordenamiento jurídico español.

Con independencia de la denominación utilizada, se trata de un supuesto en el que una mujer engendra un hijo por encargo de otras personas y después lo entrega, bajo precio o de forma gratuita. El primer caso sería sería un modelo neoliberal, donde una persona oferta su cuerpo como cualquier otro bien o servicio. Se ampararía en la libertad contractual propia de un sistema capitalista. El segundo abogaría por la misma posibilidad, pero de forma gratuita. Solo se compensarían los gastos que genere la operación (atención sanitaria, postparto, etc.). En ambos supuestos se abre el mercado de las vidas humanas, incluso se genera un mercado low cost bajo el cual se encubren, además, conductas ilícitas de trata y tráfico de personas.

En el modelo español, no existe expresamente una prohibición, sino una declaración de nulidad del contrato, con lo que la mujer gestante es la madre a todos los efectos legales. El problema radica en que hoy nada impide ir a países donde este tipo de contratos es lícito (o no está regulado) y volver a España con el bebé. Es una cuestión que ya mueve miles de millones de euros, con intermediarios y agencias, en un contexto de enormes desigualdades sociales y económicas, y con el problema de fondo de niños que ya están aquí y a los que hay que proteger.

La opinión de la ciudadanía y de los expertos está dividida. Desde la perspectiva del comité de bioética, no toda relación humana puede ser absorbida por la dinámica del mercado. La prioridad es siempre la protección de las personas más vulnerables en cada situación, que en este caso serían los niños nacidos a través de esta práctica y las mujeres gestantes. Históricamente, la mujer estaba apartada del espacio público para dedicarse a la función reproductora y cuidadora. A medida que la mujer ha ido adquiriendo mayor espacio en la vida pública, su identidad ya no se agota ni acaba con la reproducción. La «desacralización» de la maternidad ha supuesto una liberación para ella, pero eso no quiere decir que el embarazo carezca de importancia para la mujer gestante. Durante el mismo, se producen cambios hormonales, existen riesgos para la salud física y psíquica... Y forzar la alienación de la madre con el nacido, negando el vínculo emocional es una práctica que produce una instrumentalización o cosificación de la mujer, reducirla a la función de mera «vasija» o «incubadora»; por ello es una explotación, contraria a la dignidad.

Se dice que la mujer es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, y este «lo que quiera» incluye gestar para otros. Pero, en nuestro país, ¿dónde están las mujeres que libremente quieren ser gestantes para otros? ¿Hay voluntarias de la clase media y alta para hacer ese trabajo? Solo la posición socioeconómica determina esa elección. En la India se pagan 7000 dólares a una mujer por gestar, es el sueldo de quince años. Las decisiones que adopta una mujer concreta deben ser respetadas, pero el respeto a las decisiones de unas pocas no puede ir en detrimento de otras (muchas) que pueden ser objeto de explotación. Podemos preguntarnos si permitir negociar con la vida es facilitar la explotación de las mujeres, y si estamos abriendo la puerta otra vez a la compra y trata de personas. La siguiente pregunta que se abriría, una vez aprobada legalmente esta transacción, es: ¿cuál será la edad máxima en la que se puede comprar o regalar un bebé: una hora, un día, un mes, un año…?

Para el argumento de la libertad y la autonomía, se utiliza a Kant. Sus respuestas se alzan gigantescas sobre la filosofía moral y política desde que enunció en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785) cuál es el principio supremo de la moral, y en respuesta aborda qué es la libertad. Kant hace una crítica devastadora al utilitarismo; la moral no consiste en maximizar la felicidad, ni en perseguir ningún otro fin: consiste en respetar a las personas como fines en sí mismas.

La idea de libertad de Kant es exigente, no es la libertad de mercado, ni la elección del consumidor. La moral no puede basarse en consideraciones empíricas como son los intereses, las necesidades, los deseos. Son variables y contingentes. Si satisfacemos emociones, apetitos y deseos, no está mal pero no somos libres, no importa si el deseo me ha venido determinado por la biología o por la sociedad. Decía Kant que seguir las emociones produce acciones heterónomas y la acción moral radica en una acción autónoma, es decir, cuando me doy una ley a mí mismo.

Una objeción es si nos daremos todos la misma ley. Kant consideraba que no escogemos como tú o yo, sino como seres racionales partícipes de lo que llamaba la razón práctica pura, lo que los hindúes llaman Manas. Para los empiristas, la razón es instrumental; Hobbes la llama la exploradora de deseos; Hume, la esclava de las pasiones. Kant dice: si la razón no fuese más que eso, estaríamos mejor con el instinto, somos dignos de respeto no porque seamos nuestros propios dueños, sino porque somos seres racionales, autónomos, capaces de actuar libremente.

Otra objeción radica en estar o no motivado siempre por deseos e inclinaciones externos: ¿el libre albedrío es fantasía? Para Kant la libertad no es del tipo de cosas que la ciencia pueda refutar o probar; tampoco la moral, porque la libertad y la moral actúan en el reino inteligible, es allí donde actúo como un ser libre; la psicología y aun la neurociencia actúan en el reino de lo sensible. La moral no es empírica. La ciencia no puede, con todo su poder y penetración, llegar a cuestiones morales, porque opera en el reino de lo sensible. Kant afirma: «Imposible es a la razón humana más común expulsar a la libertad razonando».

Ética aristotélica

Los principios de la bioética, aunque citan la autonomía kantiana, han vuelto su mirada al origen, volvemos a los griegos. Vamos a explicar la posición platónico-aristotélica de la ética, porque en este tema, maestro y discípulo no discrepan.

Aristóteles preconizaba la búsqueda del bien como el fin de las acciones humanas. Hoy se le tiene miedo a esta postura, se la ve como un anatema, porque los talibanes discursan sobre la virtud, los fanáticos morales pisan cualquier derecho individual justificados por su virtud, pero también Martin Luther King, Nelson Mandela, Germaine Tillion, Martha Nussbaum, Victoria Camps, Adela Cortina…

¿Qué es una buena persona? ¿Cuál es el bien para un ser humano? La diferencia entre los griegos y nosotros estriba en esta noción. Para nosotros, la virtud es una cualidad interior, se tiene en cuenta la intención; para los griegos es areté, una excelencia, un poder que algo tiene para funcionar bien. La virtud de un martillo es su cabeza dura, porque su función es clavar un clavo. Es bueno porque cumple su función. Pero ¿cuál es la función de la vida humana? ¿Cuál es la vida buena? Con estos interrogantes inicia su indagación.

Nuestras acciones tienen un fin. Por ejemplo, vamos a clase para aprobar la materia, para aprobar la carrera, para conseguir un trabajo, para tener dinero, para comprar cosas, y así haríamos una larga lista de medios y fines. ¿Cuál es el fin final? Responde Aristóteles: la eudaimonía, traducida a veces como felicidad o prosperidad, pero estas son acepciones más materialistas de lo que pretendía el filósofo. Aristóteles habla de «buen daimon», de «buen genio o espíritu». La felicidad aristotélica no tiene nada que ver con el dinero, los honores, el placer o la satisfacción de los sentidos, sino con la actividad del alma de acuerdo al Nous. En Aristóteles, para encontrar los principios en los que basarnos, para definir los derechos humanos, hemos de determinar un telos, un fin: el bien de la vida humana, es una ética teleológica.

En la ciencia hemos prescindido de las razones teleológicas, la naturaleza no tiene una finalidad, las cosas «son» y no se aceptan explicaciones del tipo «El árbol da naranjas para que las comamos los seres humanos o los pajaritos». La ciencia solo describe la realidad que ve, este es el paradigma. Como el paradigma de la ciencia influye en nuestra visión del mundo, estamos inclinados a rechazar este tipo de pensamiento teleológico aristotélico en política o moral.

Hoy más que nunca necesitamos del concepto aristotélico de ética, porque del diálogo entre ciencia y sociedad surgen los paradigmas de lo que consideramos verdadero y, por ende, bueno. No se puede debatir sobre muchos problemas de la sociedad, de la justicia y de derechos sin abordar cuestiones morales sujetas a polémica, no es posible obviar cuál es la vida buena. Y, cuando es posible, quizás no es deseable. Los fundamentalistas vuelan donde los liberales no se atreven a pisar. Somos responsables del mundo, tanto del medio ambiente como del bienestar de las personas o de las discriminaciones que se den. Victoria Camps resume el núcleo de la ética hoy en una palabra: responsabilidad.

Cierro este artículo invitándonos a caminar con decisión hacia ese mundo mejor, en el que hay que dar todo el espacio necesario a la ciencia en su búsqueda de la verdad, pero acompañada de la ética que busca la bondad, el bien individual y el bien común. Como hace 2500 años, encontramos en el gran maestro de Occidente que fue Platón,que hay en lo profundo una unidad indisoluble entre el bien, la belleza, la verdad y la justicia. Porque hablamos de ética en la ciencia, porque en nuestra sociedad necesitamos no solo verdad, sino también bondad, y justicia, y belleza.

Referencias

Casado, M., & Navarro Michel, M. Document sobre gestació per substitució; Universitat de Barcelona (Ed.)

Kant, I. (1785). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Echegoyen Olleta, J., García-Baró M.,(Eds.); Madrid: Mare Nostrum.

Nussbaum, M. (2004). La fragilidad del bien. Fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega (2.ª ed., La Balsa de la Medusa; 77). Madrid: Visor.

Olivé, L. (2000). El bien, el mal y la razón. Facetas de la ciencia y de la tecnología (1.ª ed.). México: Paidós.

Sandel, M. J. (2018). Justicia: ¿hacemos lo que debemos? (1.ª ed. en esta presentacion, reimp. ed.). Barcelona: Debolsillo.

Publicado en Filosofía

A nadie se le escapa que vivimos en una sociedad altamente tecnificada. Nos despertamos con una aplicación en el móvil, nos afeitamos con una máquina inalámbrica, nos divertimos con imágenes y sonidos emitidos por aparatos que gestionan digitalmente la información…

Poco a poco una tecnología, como nunca ha visto la humanidad, se hace cada vez más presente y necesaria. Y ahí viene la paradoja: frente a esta sociedad tecnificada, el mundo de la ciencia que la sustenta permanece alejado, aparentemente, del contenido que una cultura amplia general supondría. Las distintas disciplinas científicas se dicen alejadas del interés de la sociedad en general. La cultura no es ciencia, en el sentido de que las cosas importantes a saber no incluyen contenido científico. No solamente se soslayan los principios científicos más elementales (¿por qué flota un barco de hierro?), sino que las explicaciones correctas se sustituyen por razones equivocadas transmitidas por un sistema educativo ineficaz en este aspecto, o que directamente evita la necesidad de una correcta capacitación en el mundo de la ciencia.

Quizás muchos de los lectores hayan oído a uno de los músicos más emblemáticos de nuestra cultura rock presumir de que él no recuerda las tablas de multiplicar. O hayan contemplado sin extrañarse el exiguo contenido científico de los concursos de cultura general que pueblan nuestras televisiones, supuesta cultura «general» que incluye historia, pintura, artes, deportes (cómo no), música y, muy, muy raramente, alguna pregunta científica. Todo un ejemplo. Pero nos convertimos en electricistas para, a continuación, disponer alegremente de cuantos más aparatos eléctricos mejor, todos enchufados en un mismo punto de luz. O ejercer como un experto dietista, aceptando sin rechistar las maravillas laxativas de la dieta del aguacate, en nuestra carrera hacia el verano, intentando eliminar esas curvas indeseadas con que la edad y la falta de ejercicio adornan nuestra silueta.

Expertos vs. «expertos»

¿Por qué ocurre esto?, ¿a qué viene esta esquizofrenia loca donde se rechaza y a la vez se venera a la ciencia? El intento por solucionar esto y dotar al pueblo de una correcta educación científica no es un problema de los últimos años, sino que podemos rastrearlo tan atrás en la historia como deseemos. Pedro el Grande no solo se inspiró en la literatura y las artes de sus vecinos, sino que se preocupó muy mucho de aprender todo lo posible de los secretos de sus astilleros, para construir barcos con los que rivalizar en el mundo, no solo en el campo de las letras.

Leibniz, cuando conoce a Newton en Gran Bretaña el tiempo suficiente como para disputar con él la autoría de los infinitesimales (o cálculo derivado), iba becado por su propio país para instruirse lo necesario y poder así organizar al regreso a casa un adecuado sistema de educación que incluyera las incipientes ramas de la física y la química recién descubiertas: óptica, cromatografía, hidrodinámica, etc. Su gobierno, el alemán, ya entonces tenía claro que la educación no era un gasto, sino una inversión a medio y largo plazo.

Así nos va.

De tal manera, se han querido identificar dos razones que provocan este aparente rechazo del público en general hacia la ciencia. Por un lado, quienes opinan que la ciencia no tiene interés. Por otro, los que la reducen a un mundo exclusivista de expertos.

Hoy en día, con mayor o menor fortuna, todos somos expertos en cambio climático, en desarrollo sostenible, en energías y combustibles alternativos, todos entendemos de fisiología y nutrición (a cuenta de la dieta del aguacate…), y las nuevas generaciones arrasan con el uso de nuevos materiales y las propiedades que estos tienen en elementos deportivos, de ocio, etc.

La ciencia despierta tanto interés que no hay show televisivo que no incluya en sus minutos de emisión un apartado para divulgar principios científicos con motivadores experimentos, que, si cumplen su misión, significan picos de audiencia. Personalmente he visitado una enorme cantidad de museos de índole científica, desde el Museo Británico de Historia Natural en Londres, al Smithsonian aeronáutico de Washington; eso sí, tras aguardar mi turno en largas colas. Ya me hubiera gustado a mí que el público asistente fuera menos entusiasta, y sobre todo numeroso, y haber podido visitar las instalaciones de manera más tranquila y en un ambiente menos abarrotado…

Por otro lado, otros piensan que la ciencia es un mundo reservado a especialistas, y que por tal motivo somos excluidos de ella. Eso no es cierto del todo tampoco, solo en parte. Faltan, es verdad, buenos divulgadores, y habría que premiar cualquier iniciativa en esta dirección (léase «proyectos de divulgación científica en las escuelas»).

Pero el mundo científico es tan natural y omnipresente que no solo nuestro propio conocimiento está impregnado de temas de origen científico, sino que también nuestro vocabulario, con mayor o menor influencia de los medios de comunicación, asimila y adopta terminología científica: caloríatsunamimutaciónplasma… son buena prueba de ello.

El ser humano, desde que es lo que sea que esto signifique, ha dado muestras de su interés por conocer y dominar lo que le rodea. El ansia de conocimiento científico ya se hizo patente la primera vez que un antepasado nuestro calentó sus huesos frente a una buena hoguera, desvió el curso de un arroyo para regar su huerta o descubrió los ciclos de la luna y las estrellas bajo un cielo que no significaba una amenaza, sino un desafío.

Enseñar ciencia para aprender a pensar

El problema en las aulas es que las explicaciones científicas deben ser expuestas, a veces incluso independientemente de que esas explicaciones respondan a un contenido científico real y contrastado. Son lo que se conoce como «hipótesis espontáneas». Por ejemplo, si nos ponemos a analizar el fenómeno de las estaciones, concluiremos, en uno de los ejemplos más claros de hipótesis espontánea, que la Tierra, al desplazarse alrededor del Sol, provoca el verano cuando se acerca a él, y el invierno cuando se aleja. O, como existe una inclinación del eje, cuando este eje se acerca al Sol es cuando más calor hace. Es la hipótesis espontánea de la correlación entre calor y distancia.

Pues no señor. Eso es una hipótesis espontánea, y aunque es verdad que el verano se produce cuando el eje se inclina hacia el Sol, ello es porque los rayos inciden de manera directa y se tienen que repartir en menos superficie que cuando el eje no apunta a nuestra estrella, provocado en este caso el reparto de calor en una mayor superficie. Coloquen ustedes una mano frente a un foco de calor e inclínenla: notarán el calor en aquella parte de la palma que esté en posición tal que sobre ella el calor incida de manera perpendicular.

Una adecuada formación científica, en este caso de maestros, evita la perpetuación de errores como este, que nos llenan la cabeza con explicaciones tan terribles como falsas, consistentes en pensar que las nubes están hechas de vapor de agua (el vapor de agua es invisible), que el agua se evapora a 100° (el agua se evapora en cuanto puede, y por eso podemos fregar un suelo) o que una buena sesión de gimnasio es útil para que nuestros futuros hijos sean más sanos (considerando que Darwin no tenía razón, y que se hereda lo que se adquiere). Urge que el Magisterio posea una mejor capacitación en este campo, el de la ciencia, para que, al menos, no perpetúe falacias de esta índole.

niño lupa

Una adecuada educación posibilita a la sociedad que la recibe para ser menos ingenua, más difícilmente engañable. Las agencias de publicidad, que lo saben, se arrojan feroces sobre este talón de Aquiles de la falta de formación científica, invistiendo muchos de sus anuncios de un supuesto halo científico. Los bioalcoholes, los extractos de jabón de Marsella o las excelencias del carbón activo en un filtro de agua ayudan a vender más y mejor que explicar que todos los alcoholes, en principio, tiene un origen biológico; que el jabón de Marsella es el jabón barato y fácil de conseguir de toda la vida; o que quien filtra el agua para meterla en una botella en el frigorífico corre el riesgo de que esta se contamine con el tiempo, dejando de ser potable. Revestir un anuncio de un supuesto conocimiento científico ayuda indudablemente a venderlo, ya sea porque se utiliza esa especie de veneración que el dominio de la naturaleza en su aspecto físico (la ciencia) siempre ha tenido o porque, en el fondo, no somos tan distintos del ser humano que se asombraba frente a la maraca con cascabeles de un chamán.

En otras ocasiones, la mala formación científica conlleva enarbolar doctrinas fanáticas de dudoso origen y peligroso recorrido. Darwin jamás dijo que la supervivencia era para el más fuerte. Pero esta idea afloró como el eco de su teoría de la selección natural frente a una sociedad victoriana y hegemónica a nivel mundial, que se pensaba dueña del mundo y que actuaba como tal. Esa sociedad manipuló la teoría de la selección natural y la usó para justificar sus desmanes, porque si el futuro es de los mejores, los que no participan de esa dotación especial y avatárica merecen, por ley natural, ser eliminados. Y así surge la eugenesia, teoría que llevó a muy buenos hombres y mujeres a abogar por la esterilización de amplios sectores de población desfavorecida (afroamericanos, por supuesto) en Norteamérica (Roosevelt, por ejemplo), de discapacitados físicos, o a las subvenciones de la Fundación Rockefeller a médicos japoneses para que experimentaran con la población china. Ni que decir tiene que el ejemplo más cruel e ignominioso de la eugenesia lo constituyen los campos de exterminio nazis.

Otras veces es el fanatismo científico el que embiste como toro desbocado contra un principio que no es ni bueno ni malo, sino solamente cierto. Galileo ya tuvo que contener la risa (entre el miedo por su propia vida) cuando los interrogadores de la Inquisición negaban que por su telescopio pudieran verse las lunas de Júpiter, porque de estas no se habla en las Sagradas Escrituras; afirmaban, de hecho, que no hacía falta ni mirar. Pero por una tradición social que ha llevado a que un espectro político enarbole como suyas las consignas medioambientales, cualquier opinador del otro extremo niega el cambio global por la simple razón de que no lo «cree», como si de un artículo de fe se tratara. Como el mito del avestruz, se ignora el hecho científico que está detrás y, de esta manera, sin que nuestro planeta tenga la más mínima culpa de ello, un extremo se mantiene al margen de un movimiento que apoya el desarrollo sostenible, porque supone una reducción a corto plazo de los beneficios de los lobbies industriales que lo representan y mantienen; mientras que el otro, también en general, preconiza una idílica y difícilmente concebible reforma revolucionaria buscando ese desarrollo sostenible, tan irreal que en poco plazo podría colapsar los sistemas sociales y económicos de la humanidad.

El peligro de las pseudociencias

El caso más peligroso de esta falta de formación científica, a mi modo de ver, lo constituye la proliferación de las pseudociencias. Aprovechando los pasos pioneros de físicos, químicos, biólogos, médicos, etc., a la hora de experimentar en ámbitos hasta ahora vedados, muchos «especialistas» (de la confusión) aprovechan estas exploraciones, cuando no directamente extrapolan conocimiento científico para retorcerlo y hacerlo encajar en sus propias creencias.

No piensen ustedes que este es un fenómeno actual, ni mucho menos. Este es otro hecho que abunda en la historia de la ciencia, y cuando apareció la radioactividad y su posibilidad de curación, se vendían todo tipo de alimentos y dispositivos para llevar encima, que supuestamente mejoraban la calidad de vida de los que lo usaban… hasta que Marie Curie murió de leucemia con un nivel de radiación tan alto que sus vestidos y diarios todavía se conservan en un baúl de plomo, y no pueden ser estudiados salvo con extremas medidas de seguridad. La moda del uso del radio recién descubierto fue tal que incluso se llegó a abrir al público un balneario, el «Radium Palace Hotel», mientras se añadía alegremente radiactividad al agua potable, a los dentífricos, al chocolate o a las cremas de manos.

Charlatanes ha habido siempre, y despabilados con habilidad para catapultarse en los medios de comunicación también, desde que el vocero de la barraca de feria fue sustituido por la tertulia en una televisión chabacana y facilona. Estos individuos de dudosa catadura moral se ganan la vida aconsejando sobre problemas personales usando velas, leyendo los astros o mezclando hojas de té. Interpretan los venerables restos de pasadas civilizaciones sin tener ninguna idea de su simbolismo, ni de su desarrollo, ni de su profundidad filosófica y técnica. Los petroglifos que adornan los hermosos cañones del oeste americano (que personalmente he visitado) son interpretados como visitantes de las estrellas por estos pseudocientíficos, mientras que cualquier nativo descendiente de esas tribus es capaz de leer su simbolismo sin recurrir a visitantes estelares, y sin que por ello se le mueva un pelo.

Son pseudocientíficos los que inventan términos como astro-arqueología, con un triunfal desprecio al conocimiento tradicional y a la historia de una cultura; o los que desgranan a su manera los últimos descubrimientos sobre el bosón de Higgs, la radiación de Hawkins o las ondas gravitacionales y lo utilizan para explicar por qué se extravía una escuadrilla de bombarderos cerca de las Bermudas (los cinco bombarderos TBM del famoso vuelo 19), o cómo una tribu de nómadas pastores fue capaz de cruzar un istmo en época faraónica durante la marea baja.

Son, en fin, pseudocientíficos los que disertan sobre medicina, mecánica cuántica, evolución, paleontología, arqueología y otras muchas disciplinas científicas que ignoran alegremente, pero sobre las cuales dogmatizan, mostrando una ignorancia total sobre los métodos de conocimiento de la ciencia en general, y sobre cómo ese conocimiento se organiza en dichas materias científicas en particular. Parafraseando a Churchill, la ciencia no será un método de conocimiento infalible, pero es el menos malo que tenemos.

El intento de una explicación científica, de una razón que haga comprensible nuestro mundo es tan fuerte que nadie se resiste nunca a dar su opinión (aunque no se tenga ni la más remota idea de aquello sobre lo que se pregunta), o a inventarse una hipótesis sobre por qué las cosas son como son. Eso es lo que se conoce como hipótesis espontánea, una explicación rápida y natural de base no científica que combina conocimientos previos, explicando un fenómeno de manera errónea. Así, el jabón lava mejor cuanta más espuma produce, se vive mejor cuanta más fruta se come, o en la Antigüedad los barcos se hacían de madera porque la madera flota.

La madera, en realidad, apenas flota (si no, no estarían tantas empresas buscando como locas los pecios españoles a la búsqueda de sus tesoros ocultos), el azúcar de la fruta sienta mal en exceso como cualquier azúcar, y lo que limpia no es el jabón, sino el agua. Ya hemos mencionado más arriba las hipótesis espontáneas, con relación a por qué hay estaciones en la Tierra. Grandes científicos han sucumbido a las hipótesis espontáneas, y quizás el más famoso de ellos fuera Aristóteles, al intentar explicar el movimiento de los cuerpos. Hasta los experimentos de Galileo, no se comprobó que los cuerpos más pesados no caen más rápido, sino que todo cae en principio a la misma velocidad. No es de extrañar, con tan ilustre precedente, que nuestros niños expliquen el mundo a su manera, si no les damos las herramientas necesarias para que vayan entendiéndolo de forma adecuada. Es decir, lo que un chico o una chica no sabe se lo inventa, sobre todo si su cuello depende de esa explicación en un examen. Divertidísimas mescolanzas de estos saberes traídos por los pelos han ayudado a llenar volúmenes y volúmenes de «antologías del disparate», y a mí personalmente todavía me fascina y entretiene encontrar una respuesta de este tipo, llena de ingenuidad y candor, entre la monótona retahíla de una corrección de ejercicios.

Responsabilidad docente

Como maestros, no podemos eludir nuestra responsabilidad de intentar dar la mejor educación posible a nuestros niños. Destrezas, actitudes y conocimientos de la mejor calidad son indispensables en una sociedad que pretende ser mejor, y nuestro nivel de exigencia, como docentes, se sitúa en intentar ofrecer lo mejor en nuestras aulas. Una correcta educación en ciencia nos lleva a la aplicación de sus métodos, que posibilita la autonomía en la búsqueda de soluciones, la cooperación y el trabajo entre iguales, y la construcción de un saber colectivo. A su vez, la capacidad de gestión por sí mismo del niño implica un aumento de la autoestima que refuerza la mencionada autonomía del educando, en un ciclo de retroalimentación que produce seres humanos más ricos, más complejos, más sólidos y mejor preparados para solucionar los problemas del mundo que les estamos dejando. Así, los niños se convierten en ciudadanos capaces de seleccionar entre distintas respuestas, generando escalas de valores propias y no impuestas, facilitando el desarrollo de la conciencia y la reflexión.

Los chicos y chicas que acuden a un colegio a educarse necesitan percibir que el conocimiento transmitido tiene consistencia, que no es una entelequia del mundo de los mayores. El aprendizaje no parte de un collage de hechos, sino que debe ser un proceso integral que se ocupe de las distintas dimensiones de la realidad y del ser humano que con ella interactúa. Yo propongo la ciencia como esta herramienta, y sé que no es la única. Simplemente, animo a que exploremos estos caminos porque descubriremos que es más fácil de lo que parece. Como el personaje de Bárbol en El Señor de los Anillos, transitar el camino de la ciencia es como ir hacia el sur, es como ir «cuesta abajo», algo muy natural y fácil. Hoy se sabe que la actividad experimental comienza ya en la etapa fetal, y que las fases más importantes de la formación de nuestra personalidad ocurren en una época en donde se aprende principalmente por ensayo y error, es decir, experimentando.

niños aula

Nuestra educación debe buscar potenciar la autoestima, la autonomía, la adecuada manipulación del medio con la mínima alteración de este; el trabajo en común, la estructura de grupos sociales consistentes, vertebrados, cooperativos y equitativos. Yo estoy convencido de que la ciencia consigue todo esto de una manera mucho más fácil de lo que en principio podemos pensar, y animo en este camino para una real formación humanista e integral.

El gran fallo de nuestra generación ha sido pensar que la naturaleza nos pertenece, cuando en realidad esa naturaleza solo era un préstamo de las generaciones futuras. Redimamos nuestro desacierto ayudándolas a construir las mejores herramientas para subsanar este error.

 

Publicado en Sociedad

El origen del universo es, probablemente, uno de los mayores enigmas a los que nos enfrentamos.

El descubrimiento de la materia oscura permitió plantear que fue, quizá, este elemento, el ingrediente principal en la formación del universo, y se cree que, poco después de tener lugar el big bang, las partículas de materia oscura se habrían ido agrupando en «halos» gravitacionales, captando el gas circundante y atrayéndolo a sus núcleos, de manera que con el tiempo acabaron enfriándose, originando las primeras galaxias, según ha publicado el MIT.

¿Cómo sería el universo si…?

Lo cierto es que lo que se sabe acerca de la materia oscura es realmente muy poco. A pesar de que se considera actualmente como el eje sobre el que se ha construido el cosmos, su naturaleza es un absoluto misterio. Su nombre, materia oscura, se debe a que sus partículas no emiten ningún tipo de radiación electromagnética, razón por la cual estas partículas no han podido ser detectadas por el momento, y ni siquiera termina de estar del todo clara su existencia.

Ahora, según explica el artículo, científicos del MIT, la Universidad de Princeton y la Universidad de Cambridge han descubierto que el universo primitivo, así como las primeras galaxias, tendrían un aspecto muy diferente dependiendo de la naturaleza de la materia oscura.

Hasta el momento, la teoría más aceptada es la de que la materia oscura es fría, lo que ha hecho que los modelos de formación de galaxias se basen en este supuesto.

Gracias a las simulaciones, los investigadores han visto que, en el caso de que la materia oscura fuera fría, las galaxias del universo primitivo se habrían formado en halos casi esféricos, pero si, por el contrario, la materia oscura fuera cálida o difusa, su aspecto habría sido diferente, con filamentos estriados, semejante a cuerdas de arpa iluminadas por las estrellas.

Según Mark Vogelsberger, profesor asociado de física en el Instituto Kavli de Astrofísica e Investigación Espacial del MIT, si partimos del supuesto de una materia oscura fría, «hay algunas discrepancias entre las observaciones y las predicciones de la materia oscura fría». Así que si observamos galaxias muy pequeñas, la distribución inferida de la materia oscura dentro de estas galaxias no concuerda perfectamente con lo que predicen los modelos teóricos».

Dadas esas discrepancias, generaron simulaciones para ver qué habría pasado si la materia oscura hubiera sido cálida o difusa. Según Anastasia Fialkov, de la Universidad de Cambridge, «la materia oscura difusa está motivada por la física fundamental, por ejemplo, la teoría de cuerdas, y por lo tanto, es un candidato interesante para la materia oscura. Las estructuras cósmicas son la clave para validar o descartar tales modelos de materia oscura».

Fuente: MIT http://news.mit.edu/2019/early-galaxy-fuzzy-universe-simulation-1003

Imagen: Simulación de cómo sería la formación temprana de galaxias en los tres escenarios: IZDA: con un universo lleno de materia oscura fría, las primeras galaxias tendrían forma de halos brillantes. CENTRO: si es cálida, se observaría una «gestación» de galaxias primero como largos filamentos en forma de cola. DCHA: con el modelo de materia oscura difusa, los filamentos serían estriados, como las cuerdas de un arpa.

Publicado en Chispas Científicas
Viernes, 01 Noviembre 2019 00:00

Iluminando la materia oscura

Nuestro conocimiento sobre el origen y el destino del universo no está en su recta final; estamos en un momento bisagra de cambio de paradigma. Con la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad y los avances tecnológicos en la instrumentación, pensábamos que el modelo del big bang y el modelo estándar de partículas serían ya versiones definitivas. Pero a lo largo del siglo XX y en el inicio del XXI han aparecido las evidencias de la materia oscura y la energía oscura, y nuestras teorías actualmente solo explican el 4% del universo.

No hay oscuridad sino ignorancia (William Shakespeare).

En este breve artículo vamos a ver dónde se están buscando actualmente las respuestas a qué es la materia oscura, un material que absorbe luz y no la emite, pero ejerce gravedad y responde a ella.

Una propuesta era considerar la materia oscura bariónica, que es materia ordinaria que no brilla: gases no luminosos, planetas, estrellas que no llegaron a ser, enanas marrones, estrellas de neutrones o agujeros negros (MACHO, por sus siglas en inglés massive astrophysical compact halo objects). Actualmente hay consenso en que esta materia no constituye la parte importante de la materia oscura.

La materia oscura se puede denominar fría o caliente en función de la velocidad con que se mueven las partículas que la componen. Si es muy grande, cercana a la velocidad de la luz, se denomina materia oscura caliente; en caso contrario, materia oscura fría. Como la materia oscura aparece agrupada de forma «filamentosa», y concentrada donde hay galaxias y cúmulos de galaxias, se necesita que la velocidad haya sido suficientemente baja para que haya podido agruparse desde el principio por efecto de su propia gravedad. Es decir, las hipótesis señalan una materia oscura fría.

Entonces, para hallar las partículas candidatas, debemos tener en cuenta toda la información y evidencias que se han recopilado en su estudio:

– La materia oscura interacciona muy débilmente con la materia ordinaria, solo observamos la fuerza gravitatoria.

– La materia oscura no puede estar hecha de las mismas partículas que constituyen los átomos de la materia ordinaria (o bariónica): protones, electrones, neutrones. Esto es debido a que los cálculos de la nucleosíntesis primitiva serían contradictorios con la radiación de fondo.

– La materia oscura no son partículas cargadas eléctricamente y no formó parte del plasma primitivo.

– La materia oscura es muy estable; si se desintegra será a un ritmo muy lento; en el universo primitivo se calcula la misma densidad que ahora.

– La materia oscura tampoco puede interaccionar mucho consigo misma.

– La materia oscura tiene el 27% del contenido total del universo.

Alumbrando la Materia Oscura 1

Así pues, cuando los físicos teóricos trabajan sobre posibles partículas candidatas a materia oscura, escogen una de estas dos estrategias:

1. Buscar una partícula que surja de los modelos teóricos que se deben forjar para resolver los enigmas del modelo estándar.

2. Partícula hipotética que satisfaga las condiciones que apunto en el próximo párrafo. Es una estrategia sin prejuicios, intentando acorralar sus propiedades para poder detectarla.

Los cálculos actuales precisan la densidad de la materia oscura en una masa equivalente a 300 protones por litro. Usando ese valor podemos calcular cuántas partículas hay a nuestro alrededor, y calculando la rápida velocidad que necesitan para mantenerse en equilibrio gravitatorio (300 km/sg) se puede determinar el flujo de partículas en el que estamos inmersos, y aunque la interacción con la materia ordinaria es muy pequeña, si diseñamos los experimentos adecuados quizás tiene sentido la esperanza de poder detectarlas. Una condición necesaria es proteger el detector de alguna manera; de lo contrario, se registrarían tantos impactos que sería imposible identificar el que interesa. Para detener los rayos cósmicos, una miríada de partículas que nos están llegando desde el espacio exterior, los experimentos se realizan bajo tierra, y con blindajes cuyos materiales emitan la mínima radioactividad posible. El detector puede ser un gas noble como xenón o argón.

De momento, los únicos experimentos que han arrojado datos favorables son aquellos impulsados por la colaboración DAMA / LIBRA en Italia (empezó en 1998), en el Laboratorio Nacional Gran Sasso, a 1400 metros de profundidad. Se han detectado centelleos que varían periódicamente con la traslación anual de la Tierra cuando unas supuestas partículas, WIMP, impactan sobre los detectores de yoduro sódico puro.

Alumbrando la Materia Oscura 3

WIMP es el acrónimo inglés de Weakly Interacting Massive ParticleFue acuñado por Gary Steigman y Michael Turner en 1984. Originalmente abarcaba todas las partículas candidatas a ser materia oscura, incluyendo axiones o gravitinos, pero ha evolucionado y hoy se refiere a partículas con una masa entre 10 y 1000 veces la de un protón (por lo tanto, al alcance de los experimentos del Gran Colisionador de Hadrones) y que presenta solo interacciones débiles (una de las cuatro interacciones fundamentales). Los cálculos teóricos indican que la abundancia con la que se habrían producido en el universo primitivo estaría de acuerdo con la abundancia que observamos de materia oscura.

Se cree que esta variación en las detecciones varía en función de si la Tierra va a favor o en contra del propio giro de la galaxia respecto a su centro. Las primeras detecciones tuvieron lugar en 1996. No obstante, como ningún otro experimento parece haber dado resultados positivos, puede deberse a que no se trate de partículas WIMP, sino de otro tipo de partícula ocho veces más masiva que el protón.

Desde 2016, en el Gran Sasso se realiza el experimento XENON1T, con 3200 kilogramos de xenón líquido, rodeado de agua ultrapura como blindaje.

Se han utilizado otras tecnologías para detecciones directas, conocidas como CDMS (Cryogenic Dark Matter Search), EDELWEISS ( Experience pour detécter les wimps en site souterrain), XENON100 y LUX. En las últimas décadas han incrementado su sensibilidad sin datos concluyentes, pero marcando puntos de referencia para la búsqueda.

Hay otra línea abierta para detectar la materia oscura de forma indirecta y tiene que ver con la posibilidad de captar la aniquilación de pares de partículas de materia oscura en el flujo de los rayos gamma. El origen fue en 1978 en dos artículos de Physical Review Letters. Este camino ha mejorado de forma considerable. Hay diversos proyectos que confirman y miden las diferentes propuestas: AMS, PAMELA, AMANDA, IceCUBE, ANTARES. Pero ninguno de ellos ha presentado datos definitivos y revolucionarios.

La tercera gran estrategia para detectar materia oscura es producirla artificialmente, utilizando para ello colisiones muy energéticas de partículas ordinarias para que se generen partículas de materia oscura. Este tipo de colisiones son las que tienen lugar en el LCH, el gran colisionador de protones instalado en el CERN. Los protones colisionan en cuatro puntos diferentes a lo largo del anillo de 27 km de circunferencia del acelerador. Los cuatro puntos de colisión están rodeados por cuatro grandes detectores de partículas: ATLAS, ALICE, CMS y LCHb. Dos de ellos, ATLAS y CMS, son elementos optimizados para la búsqueda de nueva física, más allá del modelo estándar. Aún no se ha descubierto ninguna WIMP en el LCH, hecho que dificulta la aceptación de las teorías supersimétricas.

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La supersimetría surgió con la hipótesis de cuerdas a finales de la década de 1960, con una idea relativamente sencilla. Propone que los constituyentes esenciales de la materia y la energía no son puntos, sino extensiones unidimensionales a modo de filamentos o cabellos finísimos elásticos llamados cuerdas. La magnitud de estas cuerdas se sitúa, en la escala de Planck, en torno a 10-35 metros. El estadounidense Edward Witten propuso un modelo llamado la teoría M con once dimensiones que todavía es un rompecabezas incompleto.

Uno de los requisitos para la coherencia de la teoría de cuerdas es la existencia de una nueva familia de partículas que permita relacionar las propiedades de los fermiones y los bosones. Los planteamientos iniciales son de 1971 (Gervasi and Sakita, Golfand and Likhtman). A cada partícula del modelo estándar se le habría de asignar una compañera supersimétrica. Aparecen porque modificamos las ecuaciones de la física para que sean invariantes bajo ciertas transformaciones matemáticas. Permite entender el hecho de que las cuatro interacciones surjan del intercambio de partículas mensajeras. Las supercompañeras de los fermiones reciben el nombre de estos con una s antepuesta (selectrón, squark…); las compañeras supersimétricas de los bosones se bautizan con la desinencia –ino: fotino, gluino, gravitino

Un aspecto interesante del modelo estándar es que las partículas mensajeras de las interacciones tienen masa cero, excepto los bosones W y Z. Esto se debe al «mecanismo Higgs», cuyo bosón fue descubierto en 2012 en el CERN (Laboratorio Europeo de Partículas). Pero no explica por sí mismo por qué las masas de estos bosones no son más pesadas, como sugiere la teoría (son 90 y 100 veces más pesadas que un protón). Este problema se llama de la naturalidad o de la jerarquía. Y precisamente este problema sugiere la presencia de nuevas partículas como solución al problema.

Algunas de las partículas que surgen de esta teoría, como el neutralino, podrían explicar la materia oscura, pero de momento son una especulación y no han podido detectarse en los laboratorios ni en el universo.

Hay otras posibilidades también investigadas, como los agujeros negros primordiales. La idea es que, justo al final de la etapa de inflación o expansión acelerada, se podrían haber generado regiones muy densas, las cuales podrían haber colapsado sobre sí mismas para producir agujeros negros con masas pequeñas entre 0,01 y 10.000 masas solares. De existir, se comportarían como materia oscura.

También, los neutrinos estériles. Conocemos tres tipos de neutrinos, que tienen la propiedad de ser «zurdos». El hecho de que oscilen abre la posibilidad a un cuarto tipo, que sería «diestro». La importancia radica en que las interacciones débiles solo las sienten las partículas «zurdas», así que estos neutrinos interaccionarían con la materia bariónica solo a través de la gravedad. Pero de existir, serían muy escurridizos, más que los neutrinos.

Más allá de las WIMP, podemos localizar la materia oscura en forma de axiones. Los axiones son partículas muy estables, de masa muy pequeña (del orden de 10.000 millones de veces más ligeras que los electrones) y que se produjeron copiosamente en el universo primitivo. Se propusieron para resolver un problema teórico del modelo estándar relacionado con la estructura de las interacciones fuertes (llamado problema CP, paridad y carga). La propiedad que permitiría detectarlos es que al interaccionar con un campo magnético intenso se pueden transmutar en un fotón.

El experimento consiste en convertir los axiones en fotones en un fuerte y estable campo magnético. Esta posibilidad fue sugerida previamente por Sikivie en 1983. En 2003 se presentaron resultados restringiendo los axiones en un estrecho rango de masas, 1,9-3,3 microEV. Hoy en día se ha construido un detector de axiones en la Universidad de Washington, llamado ADMX (Axion Dark-Matter Experiment). Es una cavidad cilíndrica sometida a un campo magnético intensísimo. Si dentro de la cavidad un axión de materia oscura se transmuta en un fotón, entra en resonancia como una nota musical en un tubo de órgano. La señal es terriblemente débil, menos de una billonésima de vatio. Para captarlo no puede haber ruido de fondo; por eso el experimento se encuentra solo dos grados por encima del cero absoluto. Si la materia oscura está compuesta por axiones, existe una gran expectativa de detectarlos en los próximos años.

 

Bibliografía:

Bertone G., Hooper, D.; History of dark matter; Reviews of Modern Physics, 90(4),(045002); 2018.

Bertone G., Hooper, D., Silk, J; Particle dark matter, evidence, particles and constraints; ; (2018). Fermilab, Pub-04/047-A;0404175; 2008.

Casas González, Alberto; La materia oscura. El elemento más misterioso del universo; Editorial RBA. National Geografic&Yellow Border; Dirección científica, Manuel Lozano Leyva; España; 2015.

Sanabria, Juan Carlos; Búsqueda de materia oscura supersimétrica en el LHC. Rev. Academia Colombiana de Ciencias (Supl): 34-55 (2014)

Publicado en Ciencia

Frecuentemente, asumimos la visión que predomina sobre el mundo que nos rodea sin espíritu crítico, aceptando el paradigma imperante sin mayor cuestionamiento. En cambio, cualquier posición que se separa de esta concepción nos produce extrañeza, tanto en el terreno científico o externo como en el aspecto ético o interno.

¿Aceptamos lo que nos cuentan sin más?

El tierraplanismo es un concepto que se sale del paradigma dominante, y, sin embargo, está siendo valorado en la actualidad por una cantidad significativa de personas que, a priori, no pueden ser tildadas de ignorantes.

Por Internet circulan muchas noticias, vídeos y personas que piensan que la Tierra es plana y que la redondez de nuestro planeta es mentira, una teoría de la conspiración en la que estarían implicados agencias espaciales, científicos, políticos, empresas y medios de comunicación.

El tierraplanismo emerge en un momento en el que se presupone que el método científico es infalible y en el que aparecen conceptos como sociedad líquida, posverdad, teorías de las conspiraciones mundiales a gran escala, etc. Las realidades sólidas de hace dos generaciones ya no lo son en este mundo, más provisional y ansioso de novedades.

Ante esta teoría tierraplanista o cualquier otra que choque con el modelo imperante, lo primero que hacen muchos es reírse o insultar.

Sin embargo, reírse de lo que otro ser humano piensa no es ningún argumento. Esta risa oculta algo inconsciente: resentimiento, que les lleva a criticar lo que no entienden, el mismo que inspira a los nuevos inquisidores contra las medicinas naturales o energéticas; y miedo a lo desconocido, temerosos de encontrarse con que el universo no sea tan material ni tan racional como creen.

Secretamente hay angustia a pesar de la aparente seguridad científica. Los contrarios que se atacan e insultan se retroalimentan mutuamente. Cuanta más violencia expresa el agresor, más dudas inconscientes alberga sobre su bien construido mundo de creencias.

El tierraplanismo pone de manifiesto la capacidad que tiene cada uno de cuestionarse la visión del universo que predomina en su época. ¿Qué sucedería si miles de individuos se salieran del paradigma mental dominante en una sociedad moderna?

Es muy fácil dejarse llevar por las ideas aceptadas socialmente, y también es fácil dejarse arrastrar por las percepciones que muestran los sentidos. Nos dejamos mover por «corrientes de opinión» y todos, en cierta forma, aceptamos la visión común del mundo, pero también sabemos que hay modas y fake news que azotan en la red.

Quizá por esto, no sabemos hasta qué punto estamos todos contagiados o alienados por una determinada visión del mundo. Las actitudes que adoptamos ante lo que sucede dependen de nosotros.

La pregunta que sí podemos intentar responder es: ¿qué está evidenciando el hecho de que miles de personas de todas las condiciones sociales, europeos y americanos, estén convencidos de que la Tierra es plana? ¿Qué significa este movimiento colectivo?

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Terraplanistas y extraterrestres

Jung afirmaba que el hombre actual no se ha desprendido en lo más mínimo del hombre arcaico que vive en su interior. A lo sumo, se ha dado una capa de barniz intelectual, eurocéntrico y moralista.

Quizá el fenómeno de la Tierra plana tiene connotaciones análogas a lo que sucedió con el fenómeno ovni en los años 50.

Jung se aventuró a exponer que la aparición de un círculo en el cielo, o un ovni, podía explicarse simbólicamente como una expresión colectiva de la necesidad de centralización psíquica. Se percibía colectivamente una necesidad imperiosa de volver al centro, al equilibrio. La mente colectiva se estaba desestabilizando con tanta tecnología, guerras y miedo. Y los ovnis, como mandalas en el cielo (como si fueran instrumentos de observación para comprender), traían, aunque de una manera distorsionada, la cordura a la sociedad loca.

Jung estudió la realidad psicológica de lo que afirmaban ver miles de personas «normales». No podían estar todos alucinando, sino que este hecho tenía que responder a algún tipo de fenómeno del inconsciente colectivo.

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Lo moral y lo material: Tierra plana y mundo chato

Quizá el caso de hoy es análogo, pues parece que los tierraplanistas están diciendo al mundo de una manera inconsciente: «Este mundo está loco. Dejemos de ser tan planos a la hora de concebir la existencia o la Tierra se volverá plana para nuestro entendimiento».

En muchos sentidos seguimos en un mundo chato. Los descubrimientos científicos no se han traducido en logros morales. No ha mejorado la sociedad en cuanto a bondad o justicia.

Descubrir que la Tierra es esférica no cambió el paradigma interior humano, no se cambió el egocentrismo por una hipótesis más amplia y «redonda» de la sociedad y del mundo. Moralmente, seguimos actuando como si aún creyéramos que el Sol gira a nuestro alrededor.

Giordano Bruno, en realidad, fue asesinado no porque dijera que el Sol era el centro o que existían otros mundos habitados, sino porque concebía que el descubrimiento físico del sistema heliocéntrico podía dar lugar a una civilización completamente nueva al provocar un cambio de perspectiva, y eso convenía destruirlo a tiempo…

Más allá de los descubrimientos, seguimos psicológicamente planos, cuadriculados. No hemos sabido crear una sociedad mundial «redonda», equilibrada. No hay paz, sino más muros y fronteras.

La teoría de los tierraplanistas parece esconder un reproche: «el mundo sigue plano porque vuestra conciencia y vuestra ciencia son planas, no tienen altura ni profundidad moral.

Estos contestatarios descreen de todo, ponen en cuestión nuestro mundo económico, político, educativo, etc.

Jung apunta que nosotros, los hombres modernos lógicos, hemos aprendido a separar lo subjetivo-psíquico de lo objetivo-natural.

En cambio, el hombre primitivo vive en su paisaje psíquico, no en uno geográfico o político. Este humano primitivo es inconsciente de ello. Su miedo se localiza en determinados lugares: bosques tenebrosos, rocas habitadas por gnomos, árboles poseídos por espíritus, etc.

Los que creen que la Tierra es plana son tan humanos como nosotros, pero se diferencian en dónde ponen la cualidad de «plano». Están volviendo al psiquismo del hombre primitivo porque no están de acuerdo con lo que vislumbran para el futuro.

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El progreso científico ¿va acompañado de un progreso moral?

Según Ken Wilber, el hombre moderno se ha convertido en un ciudadano de un «mundo chato», en donde el único conocimiento válido se basa en la realidad física percibida por los sentidos, mientras que el mundo interior ha sido descartado.

El tierraplanismo es quizá una fuerza psíquica colectiva que compensa o expresa este descarte. Nos avisa de que este mundo chato domina la conciencia y el paradigma actual.

Se avanza en astrofísica y cosmología, pero no se concede a la realidad más que un solo plano: la materia-energía... ¿Y los otros planos?

¿Existen otros niveles mentales, causales o espirituales? No existen si cerramos la puerta: ahí detrás no hay nada porque nuestra conciencia nunca se acerca. ¿Es quizá este dogmatismo el que provoca posturas infantiles como el tierraplanismo?

Dicen las tradiciones de sabiduría (cábala, hinduismo, platonismo, gnosticismo, teosofía…) que existen, como mínimo, siete planos o dimensiones, que van desde lo físico a lo espiritual.

El tierraplanista está poniendo de manifiesto una parte inquietante pero necesaria de la mente colectiva. Es una propuesta inconsciente de equilibrio psíquico (por absurdidad y contraposición al pensamiento aceptado dominante).

El prepotente hombre moderno y la civilización materialista y plana que ha creado no quieren ver su propia «planitud» y no la soportan en otra gente.

A pesar de que el tierraplanista tiene una vida normal en la sociedad moderna, algo en su psique se rebela: es su propio hombre arcaico interior, al que le han arrebatado la magia, la profundidad o la trascendencia. Proyecta en la geografía de la Tierra su propia geografía interior. Su percepción de este mundo chato sin futuro, sin amabilidad, sin redondez, se compensa con esta creencia y así se equilibra, y nos equilibra en alguna medida a todos nosotros.

¿El fenómeno de la Tierra plana, y otros que irán surgiendo en esta sociedad que sufre una profunda crisis de sentido, es síntoma y premonición de lo que vendrá? Tal vez, como decía Jung, «lo que se combate en el otro suele ser nuestra propia inferioridad».

 

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El estudio y la entrega rigurosa de científicos y los más diversos especialistas en este campo han arrojado mucha luz a ese jeroglífico que representa la creación y el desarrollo del universo, así como del ser humano. Sin embargo, aún quedan muchas incógnitas, dudas que los parámetros de lo comprobable, en los que se basa la ciencia oficialista, no han podido despejar, y que, sumados a la búsqueda de un entendimiento espiritual sobre estas cuestiones vitales, han fortalecido la creencia de que nuestra existencia tiene un sentido más sustancial que lo que la ciencia, por sí misma, puede desvelar.

La limitación de los cinco sentidos

Las respuestas a todas esas preguntas que la ciencia materialista sigue dejando en blanco han sido los desencadenantes de una búsqueda que en realidad no es reciente. A lo largo de la historia, las convicciones de los místicos de todas las civilizaciones han buscado mostrar la existencia de una realidad que se manifiesta más allá de la materia. Sin embargo, esta certeza de que la realidad que percibimos a través de los cinco sentidos es limitante sigue sin encontrar consenso en el campo científico.

La revelación de la física cuántica a principios del siglo XIX comenzó a vulnerar este hermetismo del materialismo. Si bien los fenómenos descubiertos por esta modalidad científica propiciaron el desconcierto de la ciencia oficialista, también abrieron un canal para alcanzar respuestas que hasta ese momento no abandonaban el calificativo de ser meras suposiciones.

Las creencias orientales, hasta no hace mucho valoradas como simples hipótesis con una absoluta carencia de fundamento, han comenzado a ser vistas con otros ojos por el mundo occidental. Los hallazgos en el campo de la neurociencia avalan la existencia de una dimensión que se manifiesta con independencia del espacio biológico y que, en definitiva, apoyan lo que religiones ancestrales ya habían manifestado. El estricto, inamovible y hermético razonamiento de que la mente no es más que el resultado de impulsos físicos del cerebro y que no tiene ningún efecto sobre nuestro cuerpo y el mundo físico que nos rodea ha comenzado a tener fisuras.

El manifiesto postmaterialista

«El dominio casi absoluto del materialismo en el mundo académico ha restringido seriamente las ciencias y obstaculizado el desarrollo del estudio científico de la mente y la espiritualidad. La fe en esta ideología, como un marco explicativo exclusivo para la realidad, ha obligado a los científicos a descuidar la dimensión subjetiva de la experiencia humana. Esto ha llevado a una comprensión severamente distorsionada y empobrecida de nosotros mismos y de nuestro lugar en la naturaleza» (fragmento del manifiesto).

En febrero de 2014, más de un centenar de científicos, reconocidos a nivel internacional, decidieron respaldar con su firma la existencia de una realidad más allá de la materia. Con el Dr. Gary Swartz, el Dr. Mario Beauregard, ambos de la Universidad de Arizona, y la Dra. Lisa Miller, de la Universidad de Columbia, a la cabeza, se llevó a cabo un encuentro con el fin de reconocer la importancia de ir más allá de la materia para lograr evolucionar como humanidad. Las investigaciones de este sector científico instan a vincular los aportes de la neurociencia con la tradición mística milenaria.

La falta de respuesta ante los fenómenos no físicos ha abierto un diálogo entre este campo de la ciencia y los testimonios místicos. Estos últimos establecen que nuestra realidad se expande más allá del cerebro humano y que solo basta dar un paso hacia la espiritualidad para rebasar los límites físicos condicionados por los cinco sentidos. Es necesario superar estas fronteras para comprender nuestra naturaleza y alcanzar ese estado de realización permanente que no se puede alcanzar a través de comprensiones racionales.

conciencia

La necesidad de profundizar en la consciencia así como en las experiencias espirituales, de dar respuesta a los fenómenos no físicos, ha sido el motor para superar las barreras de la ciencia materialista. Diversos estudios psicológicos y psiconeuroinmunológicos han desafiado la certidumbre de que la mente no es más que el resultado de impulsos eléctricos y de que los pensamientos no tienen ninguna repercusión sobre el cuerpo o el entorno físico. Dichas investigaciones han revelado que los pensamientos y las emociones repercuten en el sistema fisiológico. La mente, aseguran, tiene una profunda interconexión con el mundo físico. Y dada su aparente ilimitación, además de influir en el estado físico, puede intervenir sin regirse por ese valor espacio-tiempo tan relacionado con la materia.

Asimismo, mediante el estudio de la actividad cerebral durante experiencias místicas se demostró que la consciencia y el cerebro son dos cosas distintas. El neurólogo Baeudegard y Vincent Paquette presentaron una evidencia científica que asegura que la consciencia no es creada por el cerebro, experiencia que fue publicada en el libro The Spiritual Brain (El cerebro espiritual) y que desbarató la versión de que estas experiencias eran producidas por un área del cerebro.

El escepticismo de la ciencia oficialista

La premisa de que aquello que no se puede verificar no se puede afirmar es la base de la ciencia tradicional, una idea que respalda el escepticismo de la ciencia oficialista con todo lo relacionado con las experiencias místicas o con toda aquella interpretación que sostenga que la consciencia es independiente del cerebro.

Francis Crick, premio nobel de Fisiología y Medicina en 1962 y uno de los descubridores de la estructura del ADN, fue uno de los primeros en afirmar que el comportamiento de nuestro cerebro podía ser íntegramente explicado por la interacción de las células cerebrales. Las investigaciones del neurocientífico y otros físicos sustentaron la evidencia de que la consciencia nace de reacciones químicas del cerebro.

Para esta vertiente científica, nuestro cerebro tiene la capacidad de producir experiencias espirituales y místicas gracias a una hiperactividad en el sistema límbico, que se encuentra en las profundidades del lóbulo temporal. La espiritualidad –sostiene– es algo inherente al ser humano, condición que justifica esas experiencias, que no son más que producciones de la actividad cerebral.

La bruma de sobrenaturalidad con la que tratan de envolver estos sucesos no se pueden –manifiestan– someter a comprobaciones empíricas, motivo más que suficiente para descartar todas aquellas suposiciones que no se pueden comprobar, verificar y contrastar.

Las fronteras de la comprensión racional

Y sin embargo, más allá del enfrentamiento –si se quiere, ideológico– de estas dos vertientes, una realidad irrefutable es la de que sigue habiendo dudas por despejar. Si bien es cierto que el ser humano tiene una naturaleza espiritual y que la ciencia oficialista ha dado respuesta a muchas incógnitas, también lo es que sería absurdo establecer los límites del conocimiento en el materialismo empírico. Es decir, que permitir que prevalezca como única verdad que el mundo real es tan solo un mundo de percepciones llevaría a truncar ese desafío al sentido común que ha permitido la evolución de la humanidad.

Las revelaciones que han aportado las investigaciones de la ciencia postmaterialista, así como en su momento comenzó a hacerlo la física cuántica, tal vez aún no superen las fronteras de la comprensión racional, pero eso no significa que no sean verdaderas. Solo basta recordar el experimento de la doble rendija que aún hoy sigue asombrando.

La certeza de que la mente influye en el cuerpo ya no es solo una suposición. Una investigación profunda llevada a cabo durante años por parte del campo neurocientífico mostró (ya había sido demostrado por místicos ancestrales) el poder de la meditación para transformar la arquitectura del cerebro. Pero además de los efectos de la atención plena en el bienestar general, en la salud y en el rendimiento mental, estos resultados arrojan la certeza de que hay algo más allá de la materia.

El modelo postmaterialista ha abierto la posibilidad de llegar al conocimiento por otra vía. La reflexión de Niels Bohr, uno de los padres de la física cuántica, de que no somos meros observadores de lo que medimos sino también actores, cobra fuerza con las revelaciones de esta vertiente científica. Las experiencias en los diferentes estados de la consciencia, de que esta trasciende los límites materiales y que aporta asimismo experiencias espirituales, comienzan a ser demostrables.

Solo hay que aventurarse a cruzar determinados umbrales, a superar los paradigmas racionalistas y seguir investigando la espiritualidad, que es, como sostienen los científicos postmaterialistas, un aspecto central de la existencia humana. Y tener presente, por más que el miedo disfrace esa búsqueda del entendimiento espiritual de falsas creencias o dogmas, supersticiones e incluso reacciones químicas del cerebro, aquella frase del físico Nikola Tesla que decía que el día que la ciencia empiece a estudiar los fenómenos no físicos, hará más progresos en una década que en todos los siglos anteriores de su existencia.

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Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

El Kybalión y la ciencia

Antes de mostrar algunas confluencias entre teorías y experimentos del nuevo paradigma científico y los principios herméticos declarados en el Kybalión, sería interesante hacer una primera aproximación a la misteriosa obra del Kybalión. Su nombre es ya un poco extraño, pues no tiene traducción, o tiene las más variadas etimologías.

Parece ser que la sabiduría o enseñanzas del Kybalión fueron transmitidas inicialmente de forma oral, y que se trasladaron de Egipto a Grecia, donde comenzaron a escribirse. No es extraño suponer, por tanto, que la palabra en sí fuese adaptada al griego. Y en esta lengua, Kybernêtes significa «piloto», el que dirige una nave, por lo que podríamos entender que Kybalión significa «guía» (en el camino de la iluminación, de la sabiduría).

El origen de este libro está envuelto en la leyenda, pues se atribuye tradicionalmente a Hermes Trimegisto (el tres veces grande), originariamente una simple transfiguración del dios egipcio Thot, pero que luego fue tenido como un sabio egipcio de hace muchos miles de años a quien se considera contemporáneo de Abraham.

De Hermes Trimegisto surgió el hermetismo, una tradición filosófica y religiosa de largo recorrido basada principalmente en textos atribuidos a este sabio, y que se ha caracterizado por ser una corriente de pensamiento muy secreta. El llamado Corpus Hermeticum es una colección de 24 textos escritos en lengua griega que contienen los principales axiomas y creencias de las tendencias herméticas.

El Kybalión presenta las siete leyes que, según la filosofía hermética, fundamentan la naturaleza. Este libro apareció en 1908 publicado por tres personajes anónimos que se autonombraron «Los tres iniciados», que no se sabe quiénes son, aunque se sospecha que fueron un personaje inglés llamado William Atkinson, un teósofo, que es más conocido por su pseudónimo cuando escribe como Yogui Ramacharaka, siendo los otros dos personajes, Paul Foster Case y Michael Whitty, afines a círculos masónicos.

¿Qué teorías dentro del mundo de la ciencia actual se aproximan a conclusiones enunciadas en el Kybalión?

Principio del mentalismo

En muchas religiones se ha hablado de Dios como el arquitecto divino, como la mente divina que está detrás de todo lo manifestado, y a nivel de filosofía este principio coincide con lo que decía Platón en su teoría de las ideas, ya que Platón va a decir que existe un mundo arquetípico en donde están las ideas principales. Un mundo real y eterno, mientras que este mundo sensible sería ilusorio, no sería real porque aquí las cosas cambian, tienen poco tiempo de vida, van pasando muy rápido.

¿Cómo conecta este principio mental con algunas teorías científicas actuales?

En psicologíapodemos mencionar la teoría del inconsciente colectivo de Jung, o el concepto de noosfera desarrollado por Teilhard de Chardin.

Jung plantea que el ser humano tiene una especie de experiencias de arquetipos, de símbolos, que hacen que nosotros actuemos de una manera inconsciente, no por nuestra propia experiencia individual sino por la experiencia de conjunto. Estos comportamientos vendrían del inconsciente colectivo, que sería algo compartido por la humanidad.

Teilhard de Chardin, con su concepto de noosfera, dice que además de la biosfera de la Tierra y de la atmósfera de la Tierra, existiría una noosfera donde el pensamiento y la inteligencia de los seres humanos sería como un espacio común.

En biologíaRupert Sheldrake propone su teoría de los campos morfogenéticos.

Así como existe un campo energético, un campo magnético, habría otros campos dentro del aprendizaje de las especies que haría que, cuando se llega a una masa crítica, a un número determinado de individuos que aprenden una técnica, eso pasa a formar parte de la colectividad y se convierte en un conocimiento integrado por la especie.

En medicina, respecto a que todo es mental, la ciencia ha descubierto y demostrado el tema de las enfermedades psicosomáticas, en donde la mente es capaz de afectar al cuerpo y se puede enfermar según lo que pensamos.

En mecánica cuántica, con la llegada del siglo XX apareció Einstein y la física cuántica, que introdujeron con experimentos y teorías la idea de indeterminación, así como una realidad que es modificada por la intervención del investigador al observar los fenómenos.

La paradoja del gato de Schrödinger

paradoja gato shrodinger

Esta paradoja supone que, si nosotros tenemos un átomo radioactivo, este tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse. Si se desintegra, activa una palanca que hace bajar un martillo y rompe un frasco de veneno, de manera que el gato que está dentro de la caja muere. Si no se desintegra el átomo, entonces el gato vive y el martillo no rompe el frasco de veneno.

Shrödinger decía que el comportamiento en el mundo de lo muy pequeño es paradójico porque en este micromundo, el gato está vivo y muerto a la vez. Hasta que nosotros no destapamos la caja el gato no se decanta entre lo vivo y lo muerto.

Al observar el fenómeno, el investigador está provocando que se decante una de las soluciones.

2 Principio de correspondencia

En biología, la hipótesis Gaia, de James Lovelock y Lynn Margulis (1970-1980), considera a la Tierra como un ser vivo. Observaron que la Tierra tiene sistemas de homeostasis, es decir, es capaz de autorregularse, como lo hace un ser vivo. Un sistema que mantenga condiciones de temperatura, de salinidad, de gases en la atmósfera, indica que tiene que haber una cierta homeostasis, y eso evidencia que la Tierra es un ser vivo.

En matemáticas, la geometría fractal. Hasta hace poco se pensaba que una forma irregular no respondía a un criterio armónico, hasta que se descubrió la geometría fractal. Fractal significa trozo. Las formas de la naturaleza, las flores, los árboles, los copos de nieve, las montañas, funcionan sobre la base de fractales, pequeños fragmentos que se van repitiendo innúmeras veces.

En medicina, esta idea de correspondencia de la parte con el todo es la base de terapias como la reflexología podal, la auriculoterapia o la iridología, donde el pie, el oído o el iris del ojo se relacionan con los distintos órganos del cuerpo.

Principio de vibración

Este principio de vibración lo ha ido descubriendo la ciencia física progresivamente. Cuando empezaron los primeros modelos de átomos con Rutherford, estos eran algo compacto, como una tarta hecha de bolitas de protones, neutrones y electrones. Pero luego empezó a descubrirse que los electrones están en movimiento, no están pegados al núcleo, el cual tampoco está estático.

En cosmología, más allá de que nosotros no percibamos el movimiento, la Tierra se mueve a 1600 Km/h en su movimiento de rotación, y a 108.000 km/h en su movimiento de traslación. El Sol se mueve y nosotros nos movemos con él a 800.000 km/h, y la Vía Láctea se mueve alrededor de otras galaxias a 300 km/s. El movimiento al que está sujeto el universo es increíble.

Y según la teoría de la radiación de fondo, el universo continúa moviéndoseUna de las cosas que se dijo es que si el big bang se ha producido, tendría que haber todavía como un eco de esa explosión, una vibración que nos hiciese notar que el universo está expansionándose. Esa radiación cósmica de fondo se descubrió, y es otra prueba de que el universo está en movimiento.

En mecánica cuántica se habla de la teoría de cuerdas. Esta teoría todavía no está constatada. Están las leyes matemáticas, las ecuaciones que demuestran la posibilidad, pero no se puede demostrar directamente. Para la teoría de cuerdas existe solo un tipo de materia, una cuerda, y en función de la velocidad a la que vibra la cuerda puede parecer un quark, un electrón, un positrón, pero sería una única forma de materia.

En medicina, la musicoterapia o la cromoterapia se basan en que las ondas sonoras o los colores tienen distintas frecuencias y producen una vibración que nos pone en consonancia con esa música o esos colores.

En psicología, la ley de resonancia haría que, según el nivel en el que está vibrando una persona, atraería pensamientos o sentimientos afines.

Principio de polaridad

En física, todos los opuestos dados en el plano físico, luz/oscuridad, alto/bajo, rápido/lento, lleno/vacío… son semejantes en naturaleza y difieren en grado. Esta ley de polaridad permite transmutar uno en otro siguiendo las líneas de polarización. Se puede pasar de frío a caliente pero no de frío a lleno.

el kybalión y la ciencia sin desarrollo enunciados 2

En psicología, este principio también es aplicable. Así, se puede pasar del odio al amor, del miedo al valor… La clave está en desarrollar la virtud opuesta al defecto con el que se quiere trabajar.

En mecánica cuántica, la ecuación formulada por Einstein, E = m.c 2, expresa que la energía y la materia son intercambiables. Según la velocidad que lleve esa masa, será energía o materia.

La teoría del caos plantea que detrás del aparente caos de la naturaleza hay un orden estricto, pero se trata de un orden tan complejo, con tantas variables que escapan a nuestro control, que nos parece caos.

La teoría de la relatividad. Einstein nos da otras contradicciones a nivel de los opuestos, espacio/tiempo, inmovilidad/movimiento, que parecen cosas completamente irreconciliables. Y nos muestra que es imposible conocer el movimiento y la inmovilidad.

En su ejemplo del ascensor en caída libre, nos describe lo que ocurre en el espacio. Si estuviéramos dentro de un ascensor y ese ascensor entra en caída libre, estaríamos ingrávidos, como si estuviésemos en una nave espacial. La nave espacial está en un sistema sin gravedad, pero está siendo acelerada. De la misma manera, nosotros en la Tierra nos sentimos inmóviles, pero estamos viajando.

En medicina, la homeopatía se hace eco de este principio de que los extremos se tocan. Aquello que te enferma también te puede curar. Y entonces utiliza los venenos, los diluye en dosis; en pequeñas cantidades curan, en grandes cantidades matan.

5 Principio del ritmo

En cosmología, la teoría del bing bounce, «el gran rebote», nos diría que no estamos en un universo que tiene nacimiento, sino en un universo de muchos universos, donde los universos son cíclicos y también aparecen y desaparecen.

En medicina, los biorritmos son otra expresión de la ley cíclica.

En biología, hay una teoría llamada «el equilibrio puntuado», de Gould. A diferencia de lo planteado por Darwin, para el que la evolución de las especies sería continuada y constante, esta teoría expone que la evolución tiene marchas y contramarchas. Hay un momento en que todo cambia muy rápido y hay un momento donde se estabiliza, siguiendo como ciclos.

6 Principio de causa y efecto

En física, la 3.ª ley de Newton de la termodinámica, llamada también ley de acción y reacción, establece que, cuando se ejerce una fuerza en un sentido sobre un objeto, se produce una reacción, una fuerza de igual intensidad, pero en sentido contrario.

A modo de inciso, esta misma idea se ha explicado a través del concepto de karma en las filosofías orientales, ampliando la ley de acción y reacción a planos psicológicos, mentales y espirituales.

En biología, la teoría de la epigenética nos diría que lo que hacemos y el resultado de nuestras acciones tienen un efecto sobre nuestros genes y puede modificarlos.

En mecánica cuántica, en la teoría del «orden implicado», de David Bohm, se descubrió que hay electrones que están emparejados. De manera que un electrón a gran distancia del otro sufre las mismas modificaciones que el electrón emparejado, y lo hace aparentemente a la velocidad de la luz.

Para entender esta idea, podemos imaginar que si tuviéramos una pecera con un pez y a su lado pusiéramos dos cámaras, al proyectar las imágenes de las cámaras tomadas desde distintos ángulos en una pantalla, parecería que hay dos peces, pero solo hay uno.

Bohm diría que habría un orden implicado, un orden explicado, que es lo que vemos en nuestro mundo, y un orden implicado. Y ese orden implicado haría que todas las partes estuviesen conectadas entre ellas. Eso explicaría lo que aparentemente no tiene explicación.

7 Principio de generación

En cosmología, además de los agujeros negros de los que habló Stephen Hawking, se han descubierto las llamadas fontanas blancas. Así, un agujero negro es un lugar donde la materia se ha condensado en un espacio tan reducido que la gravedad que emite es tan fuerte que ni la luz puede salir de ahí. Los agujeros negros serían como los «comedores de materia», destructores del universo, mientras que las fontanas blancas son lugares donde la luz es repelida y toda la materia es sacada hacia afuera como si fuese una fuente de luz, son los lugares de creación del universo. Estos agujeros negros y fontanas blancas se cree que están conectados por agujeros de gusano, pero esto todavía no ha sido evidenciado.

En psicología, se habla de los dos hemisferios cerebrales. El hemisferio izquierdo es el racional y potencia las matemáticas, la lógica, el habla, mientras que el hemisferio derecho es creativo, se desarrolla con el arte, la música, con las actividades intuitivas.

En química, la formación de los enlaces químicos se produce porque los átomos no son estables. Tienen más electrones que protones, o más protones que electrones, lo que hace que busquen emparejarse con otros átomos formando moléculas.

¿Cómo llegaron a formularse estas leyes del Kybalión? ¿Qué métodos utilizaron para descubrirlas? No lo sabemos, es un enigma. Y un enigma es una pregunta sin respuesta o con una respuesta controvertida. Sea como fuere, parece que estos axiomas, si los demuestran los científicos actuales, fueran más verdad que si los exponen los filósofos místicos y herméticos de la Antigüedad.

 

Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

El alma es una realidad

Kami es una palabra japonesa que puede traducirse como «tener duende». Cuando una cosa o una persona rozan la perfección, cuando su alma se expresa en todo su esplendor, se dice que tiene kami. Así, cuando el maestro forjador consigue la catana perfecta y esta adquiere personalidad propia, la catana posee kami. Todo en la naturaleza tiene su kami, su alma o espíritu, su duende.

¿Qué hay de realidad en todo esto? Toda esa realidad inapresable que escapa a los sentidos. Vivimos en un universo del que apenas podemos percibir una ínfima parte. Los astrofísicos nos dicen que el 96% de la materia que compone el universo es materia oscura y el restante 4% está conformado por la materia ordinaria que podemos tocar, ver y medir. Podemos tocar, ver y medir nuestros cuerpos y todos los órganos que en él trabajan a diario, pero no podemos tocar, ver ni medir nuestras experiencias más íntimas, el porqué de las decisiones que tomamos, el origen de las preguntas que nos hacemos sobre quiénes somos, etc.

Cada vez se levantan más voces de científicos, pensadores, educadores y artistas a favor de la concepción del universo como un ser vivo, dejando atrás la visión mecanicista. «Ha llegado el momento de darse cuenta de que toda interpretación, incluso positivista, del universo debe, para ser satisfactoria, abarcar tanto el interior como el exterior de las cosas –lo mismo el espíritu que la materia– [...]; coextensiva a su Exterior, existe un Interior de las cosas»1 .

EL ALMA ES UNA REALIDAD 3

Existen varias realidades que no son perceptibles por medio de los sentidos. Pero si no las podemos percibir, ¿cómo sabemos que existen? Por sus efectos. Como la ley de la gravedad, la constatamos por sus efectos, porque la ley en sí misma es invisible. Aprendimos en el colegio que la ciencia no inventa la realidad, sino que la descubre. La medicina descubrió las bacterias miles de millones de años después de que se formaran en la Tierra. Antes de su descubrimiento ya existían, pero los médicos no lo sabían. Por lo tanto, que la ciencia no haya descubierto el alma no es argumento que permita negar su existencia. Es parte de esas realidades que existen y que no podemos percibir con los medios ordinarios como el tacto, la vista, el olfato, el oído y el gusto. El alma es intangible para las manos físicas, inodora para las narices físicas, inaudible para las orejas físicas e insípida para las papilas gustativas. Pero es tangible para el artista, visible es para el profeta, la olfatea el filósofo, la oye el místico y la saborea el amante. Así como sabemos que la materia oscura existe por las «distorsiones» que causa en las dimensiones perceptibles, sabemos que el alma existe por la enorme cantidad de fenómenos que detectamos en el cuerpo y sobre los que no tenemos explicación. El origen de esos fenómenos se halla en otras dimensiones a las que no podemos llegar si no es con los atributos propios del alma.

Muchos investigadores están llamando la atención sobre la caducidad del paradigma sostenido hasta el momento. Por ejemplo, el bioquímico y filósofo Rupert Sheldrake, en su libro El espejismo de la ciencia, enumera las diez creencias principales que la mayoría de científicos dan por supuestas y que, sin embargo, no están debidamente demostradas:

«1. Todo es esencialmente mecánico.

2. Toda la materia es inconsciente.

3. La cantidad total de materia y energía es siempre la misma.

4. Las leyes de la naturaleza son fijas.

5. La naturaleza carece de propósito, y la evolución no tiene objetivo o dirección.

6. Toda la herencia biológica es material y se transmite en el material genético, ADN y otras estructuras materiales.

7. Las mentes están dentro de los cráneos y no son más que actividades de los cerebros.

8. Los recuerdos se almacenan como huellas materiales en el cerebro y se borran con la muerte.

9. Los fenómenos no explicados, como la telepatía, son ilusorios.

10. La medicina mecanicista es la única que funciona»2

El campo cuántico de Laszlo, el universo implicado de David Bohm o los campos morfogenéticos de Sheldrake son algunas de las propuestas mejor fundamentadas para explicar la naturaleza, el universo y el hombre, integrando todos los hechos no explicados por el materialismo. Realidades como la mente y la conciencia, la memoria, la causalidad no local, las experiencias cercanas a la muerte, la génesis de la forma, la materia y la energía oscuras, etc., están desvelando un universo y una naturaleza con materia y algo más que no es materia ni energía.

EL ALMA ES UNA REALIDAD 2

La existencia del alma y su redescubrimiento puede conducir a la humanidad a una revalorización de lo individual y ayudar a que los seres humanos logremos respetar a todo ser vivo en cuanto que individuo que posee un destino y un camino evolutivo por hacer. El alma tiene una cualidad que ya destacaron los neoplatónicos como Plotino. Posee individualidad y, a la vez, sin que ello le produzca ninguna merma o minoración de sí misma, forma parte de un ser mayor.

 

Viernes, 01 Febrero 2019 00:00

Ciencia y Filosofía

Uno de los signos que nos hacen pensar que a pesar de todo vamos avanzando viene a ser la abundancia de debates sobre ciencia y filosofía, dos ámbitos del conocimiento que estuvieron unidos y relacionados hasta el siglo XIX. La necesidad de postulados éticos sólidos para que las ciencias avancen en sentido favorable a la evolución de la humanidad podría ser una de las causas de un cierto movimiento de regreso a la fructífera colaboración entre científicos y filósofos, conscientes de que tienen mucho que aprender los unos de los otros. Este regreso tiene un cierto aroma de vuelta a los inicios, cuando en las ciudades griegas de Jonia se pusieron las bases para hallar el método de conocimiento que era necesario en una nueva época que se iniciaba.

En Esfinge nos congratulamos de que tenga lugar ese diálogo tan necesario, al que nos gustaría pensar que estamos contribuyendo. Nuestros colaboradores habituales, que nos ofrecen sus trabajos con tanta generosidad, nos tienen acostumbrados a establecer relaciones y comparaciones entre diferentes disciplinas y, con frecuencia, presentan ejemplos de coincidencia de materias artificialmente opuestas.

Una de estas relaciones es la que se encuentra entre los paradigmas propios de civilizaciones antiguas, como la egipcia, por ejemplo, que nos siguen admirando por sus logros y su sentido de la justicia y los postulados científicos más innovadores, como es el caso de los postulados del Kybalion y los de las ciencias avanzadas. Un extraño nexo entre lo muy antiguo y lo muy nuevo parece existir, haciéndonos percibir el devenir cíclico del tiempo.

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